3.1. Hillel nos lo enseñó mientras estábamos parados sobre un pie, al reguel ajat.

El capítulo 31ª del tratado Shabat del Talmud nos da varios ejemplos de cómo Hillel se relacionaba con los gentiles, sus vecinos no judíos. Una primera historia nos habla de dos gentiles que habían apostado 400 zuz para ver quién podía hacer enojar a Hillel. Uno de ellos se metió gritando a casa de Hillel y le preguntó: ¿Por qué las cabezas de los babilonios tienen forma oval? Esto se lo dijo buscando insultarlo, pues Hillel era babilonio. Magnífica pregunta, le contestó Hillel. La respuesta es que no tienen buenas parteras que sepan cómo darle forma a la cabeza del niño al nacer. El hombre regresó una hora después y le preguntó a Hillel: ¿Por qué los residentes de Tadmor tienen ojos llorosos? Hillel le dijo: has hecho una pregunta importante. La razón es porque viven entre las arenas y la arena les entra en los ojos. Nuevamente, el hombre se fue, esperó una hora, regresó y preguntó: ¿Por qué los africanos tienen los pies anchos? Hillel le dijo: Has hecho otra pregunta importante. La razón es porque viven en pantanos y sus pies se ensancharon para permitirles caminar en esas áreas húmedas. El hombre enojado le dijo: Por tu culpa perdí 400 zuz. Hillel le dijo: escucha a tu espíritu, puedes apostar otros 400 zuz y Hillel no se enojará.

Pero la más conocida es la historia de la cual este semanario toma su nombre. Está escrito: “Hubo otro incidente que involucró a un gentil que se presentó ante Shammai y le dijo a Shammai: Conviérteme con la condición de que me enseñes toda la Torá mientras estoy parado sobre un solo pie. Shammai lo empujó con su regla de constructor que tenía en la mano. Esta era una regla usual para medir, ya que Shammai era un constructor de oficio. El mismo gentil vino ante Hillel. Él lo convirtió y le dijo: “Lo que es odioso para ti no le hagas a otro; esa es toda la Torá, y el resto es su interpretación. Ve a estudiar”. Hillel simplemente siguió lo que está escrito en Levítico 19:34: “Como el nativo entre vosotros, seréis para el extranjero que mora con vosotros y lo amaréis como a vosotros, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo soy el Señor tu Dios”.

Esta máxima del judaísmo, la famosa “regla de oro”, la encontramos también en el versículo 19:18 de Levítico: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. ¿Por qué escogió Hillel esta máxima y no otra? El judaísmo tiene dos importantes versículos y ambos reclaman el ser cumplidos por igual. Uno está en Deuteronomio 6:5:” Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza”. El segundo es el de amarás a tu prójimo como a ti mismo. ¿Por qué Hillel no le mencionó al gentil el precepto de amar a Dios? Quizás Hillel pensó, que, si sólo tuviera la posibilidad de enseñar uno de los dos, Dios estaría más interesado en que la gente se lleve bien entre sí, que el dedicarse a adorarlo a Él.

Las palabras de Hillel tienen más que una sola enseñanza. La apertura para recibir al otro, la ética como el valor central de lo religioso, la interpretación como antídoto a lo dogmático y el estudio constante como forma de vida. Hillel nos enseñó todo esto mientras estábamos parados en un pie.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “Understanding Judaism”, del Rabino Benjamin Blech.

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