8.1 La Creación: el terreno donde la religión y la ciencia convergen.

Está escrito en los primeros versículos del libro de Génesis: “1. En el principio (en hebreo: “Breishit”) creó Dios los cielos y la tierra. 2. Y la tierra estaba no formada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y un viento de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 3. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 4. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.”

El hombre siempre se cuestionó sobre el origen del universo. Hasta la mitad del siglo XX, la teoría científica se aferraba firmemente a la idea de que el universo era eterno, que no tuvo principio ni tendrá fin. La idea de que el universo si tuvo un principio, como lo plantea la Torá en sus primeros versículos, era considerada imposible. La ciencia y la religión parecían estar enfrascadas en un duelo. Por esa razón, los rabinos optaron por prohibir el cuestionar el origen del universo, con este Midrash que dice: “¿Porqué el mundo fue creado con la letra B (“bet” en hebreo)? Así como la forma de la letra “bet” está cerrada por tres lados y abierta sólo por el frente, así tu no tienes permiso de investigar lo que está por encima (los cielos), lo que está por debajo (lo profundo), lo que fue antes (de los seis días de la creación). Tu sólo tienes permiso de investigar a partir del momento que el mundo fue creado.”

En 1946 George Gamow sorprendió a la comunidad científica con una nueva teoría que afirmaba que el universo empezó en un momento preciso, hace como 15 billones de años y que además salió de la nada. Gamow no trató de explicar el origen de ese enorme estallido de energía y luz, popularmente conocido como el Big Bang. Pero sí explicó que cuando algo o Alguien dijo: “Hágase la luz”, la tremenda energía que se creó fue la base de toda la materia que existe en el universo. En 1960, fue posible técnicamente detectar la radiación electromagnética predicha por la teoría del Big Bang y así validar sus conclusiones.

El rabino Bradley Shavit Artson nos presenta una postura diferente: “En lugar de pensar en la creación como si nada hubiera existido previamente y después, en un instante, todo de repente existió, el Pensamiento en Proceso toma un punto de vista más de desarrollo”. El versículo 1:2 del Génesis, dice Artson, nos lleva a reconocer que esa obscuridad “no formada y vacía”, el “tohu va-vohu” en hebreo, ya existía cuando Dios “empezó a crear” el cielo y la tierra, usando los términos con los que el New Jewish Publication Society traduce el concepto de Breishit Bara. Dios empieza a hablar para ordenar y diversificar cada vez más al mundo. Por eso Artson dice que la creación es un proceso continuo que no termina nunca.

Científicos como George Gamow y teólogos como el rabino Artson han tomado conceptos uno del otro para explicar de dónde salió todo. Ninguno ha podido responder la gran pregunta sin apoyarse en el otro. La creación sigue siendo el terreno donde la ciencia y la religión convergen.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Benjamin Blech “Understanding Judaism”, Bradley Shavit Artson “Ba derej, en el camino, una presentación de la Teología en Proceso”.

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