3. Nathan Lopes Cardozo: Los cambios vienen de la gente no de los rabinos.

El rabino Nathan Lopes Cardozo (1946) es el fundador y decano de la Academia “David Cardozo” en Jerusalem. Originario de los Países Bajos, Rabí Cardozo estudió en varias yeshivot ultraortodoxas, como la Yeshivah Gateshead en Inglaterra, la Mirrer Yeshiva en Jerusalem y otros kollelim. Es autor de 13 libros y de numerosos artículos. En uno de sus artículos, “Ten Questions for Rabbi Cardozo by Rav Ari Ze’ev Schwartz”, Rabi Cardozo comenta:

“A lo largo de muchos siglos, el pueblo judío hizo cambios en su forma de observar la halajá, como respuesta a las nuevas circunstancias que surgían en la sociedad judía. Muy a menudo esto no fue hecho o sugerido por los rabinos, sino iniciado por la comunidad misma. Los rabinos simplemente seguían su ejemplo. Y lo hicieron de buena voluntad, porque se dieron cuenta de que eran los laicos y no ellos, quienes tenían una mejor percepción de las condiciones de los tiempos.” Cardozo continúa: “Hay una cantidad casi infinita de literatura sobre las respuestas halájicas al cambio social. Respuestas que han continuado hasta nuestro tiempo. El hecho de que los rabinos estuvieran dispuestos a hacer los cambios mostró su valentía y, al mismo tiempo, demostró la enorme flexibilidad de la halajá, lo que le permitió a esta mantenerse orgánica, viva y relevante.”

Dice Cardozo: “Tosafot, texto redactado entre los siglos XII y XIV, es el principal y más amplio comentario clásico sobre el Talmud, escrito por cientos de sabios que justificaron constantemente estos cambios mediante innovadores argumentos halájicos, pero casi siempre “post facto”, después de que la gente los había promovido. No tenían más remedio que tomar esa posición, de lo contrario, el judaísmo se hubiera vuelto cada vez menos práctico, inaceptable o simplemente irrelevante. Un famoso ejemplo es el caso del movimiento “Beit Yaakov”, los numerosos seminarios para mujeres jóvenes ortodoxas, que fue fuertemente atacado por los rabinos en el siglo XIX y principios del XX. Sarah Schenirer (1883-1935), una costurera y la iniciadora de este movimiento, se dio cuenta de que las niñas judías recibían una deficiente educación judía en el hogar, lo que hacía que muchas buscaran esa educación afuera. Hoy en día, este movimiento ha sido aceptado por casi todas las comunidades ultraortodoxas y nadie cuestiona su validez o justificación halájica. Aun así, esta no era en absoluto la posición halájica aceptada en esa época. De hecho, estaba totalmente prohibido enseñar a las mujeres ese nivel de Torá.”

“Otro caso fue el famoso fallo de Rav Yosef Ber Soloveitchik (1903-1993) sobre si las mujeres pueden (y hasta deben) estudiar la Guemará. Aquí el caso fue aún más sintomático. Muchas mujeres ya habían comenzado a estudiar la Guemará por su cuenta, sin el permiso de nadie. Así que ni siquiera fue una innovación o “jidush” de Rav Soloveitchik, sino una capitulación ante nuevas circunstancias. Lo novedoso de esto fue que Rav Soloveitchik se dio cuenta de que cualquier oposición a este hecho, sería contraproducente.”

“Esto nos lleva a nuestros tiempos. Todos los argumentos halájicos de por qué mujeres y hombres no pueden formar minyanim, y por qué las mujeres no pueden convertirse en rabinas, probablemente sean correctos si uno mira las fuentes primarias. Pero a estas alturas ya son completamente irrelevantes. La razón es obvia. Las mujeres ortodoxas modernas y, a veces, incluso las jareidim han avanzado en este campo sin preguntarle a los rabinos.” Yo añado: los movimientos liberales judíos ya han aceptado estos cambios desde hace mucho tiempo. Como dice el rabino Cardozo: los cambios vienen de la gente, no de los rabinos.

Recopilado por Marcos Gojman.

Bibliografía: “Ten Questions for Rabbi Cardozo by Rav Ari Ze’ev Schwartz”, Por Rabi Nathan Lopes Cardozo.

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2. Amos Oz: El fanático es, de hecho, una persona que sólo sabe contar hasta el uno.

Amos Oz dijo: “En la medida que los problemas se hacen más difíciles y más complicados, más personas buscan una respuesta simple, una respuesta que quepa en una sola frase, una respuesta que señale, sin titubear, a un culpable que pueda ser acusado de ser el causante de todo nuestro sufrimiento, una respuesta que prometa que, si sólo erradicáramos al villano, todos nuestros problemas desaparecerían. Todo lo que la gente quiere saber es ¿Quién es el malo? (Yo añado: ¿O quién es el bueno?). Todo lo que quieren es una idea sencilla que resuelva todas sus inquietudes.”

Y Oz continuó: “En los cimientos del fanatismo hay una idea, una amarga, desesperada y distorsionada idea. Y vale la pena recordar que casi nunca se puede derrotar una idea por la fuerza, por más retorcida que esta sea. Para derrotarla, debe haber una respuesta, debe haber una idea opuesta, una creencia más atractiva, una promesa más convincente. Si esa idea está ausente, los fanáticos de cualquier tipo se adelantan y llenan ese vacío.”

Oz siguió: “Los fanáticos tienden a vivir en un mundo en blanco y negro, con una visión simplista de lo bueno y de lo malo. Conformismo, comportarse sin salirse de la raya, obedecer sin pensar o cuestionar, el deseo común de pertenecer a un grupo humano estrechamente unificado, así es el espíritu fanático. La urgencia de seguir a la muchedumbre y la pasión de pertenecer a la mayoría. Idealizar a líderes de todo tipo, religiosos, políticos, celebridades del espectáculo y el deporte. El fanático no quiere que haya diferencias entre las personas. Quiere que todas sean iguales.”

Dijo Oz: “Para los fanáticos religiosos la única medicina que sirve para curar todas las enfermedades humanas son las leyes religiosas en su versión más estricta”. Para el judío ultra religioso sólo hay un camino para ser judío: ser extremadamente observante.

Y pareciera que cada vez hay más personas que están convencidas que ese es el único camino. Pero por más que traten, no van a lograr que una idea simple resuelva un problema complejo. La idea sencilla de construir un muro, no resuelve el complejo problema de los migrantes. De la misma manera, el volverte ultra religioso no va a resolver el complejo problema de qué es el ser judío. Porque definir qué es ser judío no es fácil, por la sencilla razón que hay muchas formas de serlo. Yo diría que tantas formas diferentes como judíos hay en el mundo y quizás más.

Si hiciéramos una lista de las características que conforman la identidad judía, la lista de los fanáticos tendría una única cualidad: judío es sólo aquel que observa estrictamente la halajá. Para los otros, la lista sería tan larga como sean sus conocimientos sobre judaísmo. Raphael Patai sostiene que la identidad judía es totalmente proporcional al conocimiento que tienes sobre judaísmo: entre más conozcas, más “judío” eres. Y la identidad judía incluye mucho más que sólo lo religioso. Incluye también lo ético, lo social, lo político, lo cultural y muchas otras cosas.

Hay quienes ven su judaísmo en blanco y negro. Hay otros que lo ven multicolor. Hay los que sólo saben contar hasta el uno. Hay también los que cuentan mucho más.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Amos Oz “Dear Zealots”, Raphael Patai “The Jewish Mind”

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1. Mucha gente reprueba su examen de judaísmo porque tratan de copiarle al otro, sin darse cuenta que a cada uno le tocó un examen diferente.

Rabí Aharon Yaakov Greenberg, en su colección de ensayos sobre la Torá “Itturei Torah”, cita a “Beit Aharon”:” Cada judío (y cada persona) debe saber y pensar que es único en el mundo, y que nunca hubo nadie exactamente igual a él. Si hubiera habido alguien como él, no habría habido necesidad de que venga al mundo. Cada persona es alguien nuevo en el mundo y su deber es mejorar todos sus caminos, hasta que todo Israel (y todo el mundo) haya alcanzado la perfección.”

Rabí Dovid Rosenfeld dice: “Dios en su infinita sabiduría se ocupó de que no haya dos personas iguales. Y por lo mismo, Dios no quiere que todos nosotros le sirvamos de la misma manera. Él no está interesado en 7 mil millones de personas idénticas una con otra. Él nos hizo, a cada uno de nosotros, único. Debemos descubrir nuestra propia individualidad, dirigirla hacia el Dios que nos formó y transformar el mundo en un lugar de belleza, armonía y diversidad.”

Dice el rabino David Golinkin sobre el pueblo judío: “Se supone que debemos estar unidos, pero eso no significa que todos tengamos que pensar y actuar de la misma manera. Es la unidad contra la uniformidad, y la uniformidad nunca ha sido el punto “, dice Golinkin. “La idea de que existe una “talla única” de judaísmo que nos queda a todos y que por lo tanto todos deberíamos hacer lo mismo y actuar de la misma manera, se opone a todo lo que la historia judía nos enseña”.

Rabí Sacks escribe: “No hubo un solo asentamiento judío en la Edad Media, que no tuviera sus propios minhagim y piyutim (costumbres y poemas litúrgicos). En los siglos XVIII y XIX, cada grupo hasídico y yeshivá tenían su propio estilo, sus propias nigunim (melodías), su propio derej ha-limud (forma de estudiar), sus propios modelos a seguir, su propia tonalidad espiritual. El camino de Ger no era el de Jabad; el de Volozhyn no era el de Mir”.

Rabi Yehuda haNasi dijo: “¿Cuál es el camino correcto que una persona debe elegir para sí misma? Cualquier cosa que le traiga gloria a sí mismo [ante Dios], y le otorgue gloria ante los otros.”

Soren Kierkegaard, pensador danés y padre del existencialismo religioso, al hablar acerca de las grandes religiones, dice: “La mayor prueba de la decadencia de esas grandes religiones, es el número prodigiosamente grande de seguidores que tienen la misma mentalidad”. Rabí Nathan Lopes Cardozo añade: “Cuanto más judíos se comporten de la misma manera y tengan creencias idénticas, mayor es la prueba del deterioro de su judaísmo.”

Si cada quien decide su manera de comer, de vestir, de pensar, de hablar, de amar, ¿Por qué tenemos que ser iguales, por no decir idénticos, en materia de identidad y religión? Al Shtei Raglaim busca darte las herramientas para que tú puedas encontrar tu propio judaísmo y puedas contestar las preguntas de tú examen sobre tu identidad judía, sin que tengas que copiarle a otro.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Artículos de los autores citados.

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253. Sarah Schenirer, una costurera tradicional y revolucionaria a la vez.

Sarah Schenirer (1883-1935) nació y murió en Cracovia, Polonia, donde creció en el seno de una familia jasídica. Asistió a la escuela hasta los trece años, pero no pudo continuar porque su familia no tenía los medios económicos. Schenirer aprendió a ser costurera y continuó su educación secular con lecturas y pláticas. También fue autodidacta en el tema judío, especialmente leyendo el Tze’na Urena, una traducción en idish del Jumash y el compendio Jok L’Yisrael.

El profesor Shaul Stampfer dice: “En aquellos tiempos, en las comunidades ortodoxas en Europa del Este, se consideraba que la educación judía formal para las niñas era innecesaria, inapropiada e incluso prohibida por la ley judía. Para la mayoría de las niñas, la educación judía tenía lugar en el hogar. Enseñadas por miembros de la familia o tutores privados, su educación consistía en alfabetización básica en idish y suficiente hebreo para poder leer un sidur. Cualquier otra cosa que una niña necesitara saber, podría aprenderlo observando a su madre en el hogar.”

Con una educación obligatoria, cada vez más niños judíos comenzaron a asistir a escuelas públicas seculares. Y eran más las niñas que los niños los que asistían a esas escuelas. Como resultado de su exposición al aprendizaje secular, las niñas experimentaron una gran disparidad entre sus estudios seculares y su entrenamiento informal en las leyes y tradiciones judías. Como nunca se les enseñó formalmente su herencia judía, veían la religión como algo arcaico y un obstáculo para crecer en lo intelectual. La asimilación, los matrimonios mixtos y la conversión se hicieron rampantes.

Algunos rabinos culparon de esto a la falta de una educación judía significativa para las niñas, pero el liderazgo de la comunidad se mantuvo firme en su postura. Sarah Schenirer estaba consciente del problema y de su posible solución, pero fue hasta años después, al huir a Viena durante la Primera Guerra Mundial, que se vio expuesta e impactada por el pensamiento neo-ortodoxo del rabino Samson Raphael Hirsch. Las obras de Hirsch no estaban disponibles en Polonia. Ella pensó que, si solo pudiera transmitirles esas ideas, las mujeres judías se reconectarían con su religión.

Al regresar a Polonia, decidió enseñar lo que había aprendido. Después de fracasar en su primer intento de formar una escuela para mujeres y niñas mayores, Schenirer decidió que mejor sería comenzar con niñas pequeñas. Logró que el Belzer Rebbe respondiera a su propuesta con una frase: “berajá be hatzlajá” (bendición y éxito). Otros prominentes rabinos también la apoyaron, especialmente el Jofetz Jaim. Sarah Schenirer vio chicas desconectadas y alienadas. Y su solución fue: educar y empoderar. En 1917, con 25 niñas de nivel primario, fundó el primer “Bais Yaakov”. Para 1935, Bais Yaakov tenía 35,000 alumnas y 248 escuelas.

Para el judaísmo de hoy, una de las lecciones más importantes que podemos aprender de Sarah Schenirer es cómo equilibrar con éxito la tradición y la innovación. Por un lado, Sarah Schenirer reconectó a las mujeres con el pasado y la tradición. Por el otro, Sara Schenirer se dedicó a reestablecer la tradición de una manera muy moderna y creativa. Ella desafió costumbre tras costumbre en una sociedad altamente conservadora. Ella llamó al cambio a una cultura que estaba contra el cambio. Sarah Schenirer fue una costurera tradicional y revolucionaria a la vez.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Artículos de Leslie Ginsparg Klein, Asaf Kaniel y otras fuentes.

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252. El óstracon de Khirbet Qeiyafa, el pequeño guijarro con el corazón del judaísmo inscrita en él.

Khirbet Qeiyafa es un lugar donde existió una antigua ciudad fortificada que miraba al valle de Elah. Las ruinas del fuerte fueron descubiertas en 2007, a 30 kilómetros al oeste de Jerusalem. Algunos arqueólogos creen que se trata de la ciudad bíblica de Shaarayim, pero esto no está comprobado. Con base en los estilos de la cerámica encontrada en el lugar y dos pozos de olivo quemados a los que se les hicieron la prueba del carbono 14, los arqueólogos han fechado el sitio entre los años 1050 y 915 AEC, esto es, hace más de tres mil años. Al publicar los informes preliminares de las excavaciones realizadas en 2010 y 2011, la Autoridad de Antigüedades de Israel declaró: “Las excavaciones en Khirbat Qeiyafa revelan claramente una sociedad urbana que existía en Judá a finales del siglo XI AEC.

En dicho sitio se encontraron, además de las ruinas de murallas y fortificaciones, muchos trozos de cerámica. También se encontró un equipo para hornear pan sin levadura y cientos de huesos de cabras, vacas, ovejas y peces. Significativamente, no se han descubierto huesos de cerdo, lo que sugiere que la ciudad no era filistea ni cananea, sino más bien hebrea.

Entre los pedazos de cerámica se encontró un “óstracon”, que es una pieza rota de cerámica, por lo general un pedazo de un jarrón u otro recipiente de barro, rayados con una inscripción. Era común en esa época, que la gente utilizara pedazos de cerámica rota para escribir algún texto, rayándolo en la superficie del guijarro. Era una forma fácil y económica de escribir una nota.

Este óstracon en particular, que mide 15 por 16.5 centímetros, contiene cinco líneas de texto. El arqueólogo Gershon Galil de la Universidad de Haifa, propone la siguiente interpretación de dicho texto: “No lo harás, sino adorarás a Dios [El]. Juzga al esclavo y a la viuda, juzga al huérfano y al extranjero. Aboga por el infante, aboga por los pobres y la viuda. Rehabilita a los pobres a manos del rey. Protege a los pobres y al esclavo, apoya al extranjero.”  De acuerdo con los expertos, el texto usó palabras y verbos característicos del hebreo, más que de otros idiomas de la región.

Amos Oz dijo: “Escrito en hebreo hace más de tres mil años, este guijarro está inscrito con un imperativo moral y legal que nace de una cultura que exige justicia para los débiles y los necesitados. El meollo de la cuestión es el esclavo, la viuda, el huérfano, el extranjero, el infante y el pobre. Un inventario meticuloso que incluye a todas las figuras oprimidas en la sociedad antigua. Se las arreglaron para apretarlo en este diminuto fragmento, de unas seis pulgadas de ancho, y para que lo descubramos especialmente ahora en nuestro tiempo. Quizás para mostrarnos que una protesta social surgió en ese lugar hace tres milenios. Hace más de tres mil años hubo una cultura que consideraba conveniente exigir a los fuertes el respeto a los débiles.”

En 2010, el óstracon se puso en exhibición permanente en la galería correspondiente a la edad de hierro del Museo de Israel en Jerusalem.

Amos Oz se preguntó: “¿Cuál es para mí el corazón del judaísmo?” Y respondió: “Lo que está escrito en ese pequeño guijarro.”

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Amos Oz “Shalom lakanaim”, Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

 

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251. Rabi Louis Jacobs: La Torá puede hablar el lenguaje de nuestra época.

Louis Jacobs (1920-2006) nació en Manchester, Inglaterra, en el seno de una familia judía lituana de clase trabajadora. Su padre hacia que Louis fuera a la sinagoga, a pesar de que él mismo no iba. Louis estudió en escuelas seculares y después ingresó a la Yeshiva de Manchester. De ahí pasó al Kolel de Gateshead, donde realizó estudios avanzados de Talmud. Finalmente, Jacobs regresó a Manchester, donde obtuvo la “smija”, la ordenación rabínica.

En esa época era costumbre que los rabinos ingleses tuvieran, además de la formación religiosa, una académica, por lo que Jacobs se matriculó en la Universidad de Londres, donde estudió lengua y literatura semítica. Su tutor, el doctor Siegfried Stein, le advirtió que, como judío observante, podría molestarle los postulados de lo que se conocía como la crítica bíblica, la cual decía que el Pentateuco es un documento humano, no divino, escrito y editado durante un extenso período de tiempo. Esta postura era considerada herética, ya que contradice la doctrina de que la Torá fue revelada en su totalidad a Moisés en el Sinai, lo que socava la autoridad de la halaja. Con todo, Jacobs continuó sus estudios de semítica. Él tenía fe de que la integridad intelectual y el judaísmo observante podían reconciliarse, postura que se convirtió en el eje de su vida religiosa.

En 1948, Jacobs fue nombrado rabino de la sinagoga central de Manchester y en 1954 pasó a la sinagoga New West End en Londres. Ahí continuó con su búsqueda y en 1957 publicó el libro “We have reason to believe” (Tenemos razón para creer), donde resumió las discusiones que se dieron en el curso que impartió en la sinagoga con ese tema. En él, Jacobs dice que no se disminuye el valor de los mandamientos divinos por el hecho de que fueran los hombres los que transmitieron Su mensaje al escribir la Torá, en contraposición con la postura tradicional. Él decía que “Dios no sólo reveló su voluntad al hombre, sino que reveló su voluntad a través de los hombres”. Jacobs reinterpretó la idea de “Torá min hashamayim”, “Torá del cielo”, utilizando la analogía de la música grabada: “A pesar de la distorsión que resulta al grabar una canción, al escuchar un disco aún podemos escuchar claramente la voz del artista”. Para Jacobs, este enfoque, que más tarde denominó “El no-fundamentalismo halajico”, hizo posible que los judíos modernos permanezcan comprometidos con la tradición y la observancia religiosa, sin sacrificar su honestidad intelectual.

Su postura no fue bien recibida por las autoridades ortodoxas inglesas. El gran rabino del Reino Unido, Israel Brodie, impidió que Jacobs asumiera la dirección del Jews´ College, el seminario rabínico ortodoxo, a pesar de la recomendación que el consejo directivo de esa institución había hecho. Además, todo el incidente fue reportado por la prensa judía, lo que lo convirtió en un “caso célebre”. Jacobs quisó regresar a su puesto en la sinagoga New West End y Brodie también lo impidió. Esto ocasionó que miembros de esa sinagoga la abandonaran y formaran la sinagoga New England, con Jacobs como rabino. La nueva sinagoga generó un nuevo movimiento, el Masorti, lo que representó una afrenta al poder central del gran rabino ortodoxo. En el 2005, una encuesta del Jewish Chronicle entre sus suscriptores, nombró a Louis Jacobs como el judío más distinguido en los 350 años de historia del judaísmo inglés. Jacobs, en los más de 50 libros que escribió y sin dejar de ser observante, logró que la Torá hablara el lenguaje de nuestra época.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Artículos de Matt Plen, David Newman, Richard Simon y otras fuentes.

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250. Los diferentes movimientos religiosos no llegaron al judaísmo sefaradí.

En el judaísmo ashkenazi existen una gran variedad de movimientos religiosos: los ultraortodoxos, los jasidim, los ortodoxos modernos, los open orthodox, los tradicionalistas, los conservadores, los reconstruccionistas, los reformistas, las javurot, los humanistas, etc. La lista podría ampliarse aún más, si mencionáramos los subgrupos que hay dentro de cada uno de ellos. En cambio, en el judaísmo sefaradí, prácticamente casi todos se consideran, de alguna forma, ortodoxos.

Daniel J. Elazar nos dice: “Una de las mayores, si no es que la más grande contribución de los judíos sefaradíes, fue su particular enfoque sobre la teoría y la práctica del judaísmo. Los judíos ibéricos reformularon el judaísmo que heredaron de los judíos de Eretz Israel, Babilonia y el norte de África y lo plasmaron en formas clásicas, pensadas y organizadas sistemáticamente, y ofrecieron una teología equilibrada y práctica, sin excesos, seriamente judía, pero sin perder lo mundano y lo cosmopolita. El judaísmo sefaradí clásico fue diseñado por hombres que vivían en el mundo exterior y participaban activamente en sus asuntos. La mayoría de ellos deseaba un judaísmo, en sus aspectos esenciales, no menos riguroso que el de los judíos ashkenazím, pero flexible en sus interpretaciones y aplicaciones. Su judaísmo se aislaría del mundo exterior, sólo donde fuera críticamente necesario y no impediría que los judíos desempeñaran su papel en lo que era la España de antes de la revuelta antijudía de 1391: una sociedad multirreligiosa.”

Elazar continúa: “El judaísmo sefaradí, tal como se desarrolló en España, no rompió con la tradición, como lo hizo el judaísmo reformista, pero tampoco convirtió la tradición en algo congelado, o peor aún, en una ideología rígida, como lo hizo la ultraortodoxia. La cultura del mundo mediterráneo era diferente de la del norte de Europa. Como regla general, los pueblos mediterráneos creen que deben ser formalmente fieles a las tradiciones de sus padres, aunque se reservan el derecho a determinar cómo mantendrán individualmente esas tradiciones”.

Los judíos sefaradim no desarrollaron diferentes corrientes dentro de su judaísmo, a diferencia de los ashkenazim que no solo lo hicieron, sino que, además, para promover sus movimientos, fundaron grandes instituciones, como las yeshivot lituanas y jasídicas o los seminarios rabínicos americanos, que dominan la escena religiosa judía, especialmente desde el siglo XX. Ese dominio penetró en el judaísmo sefaradí donde, al no tener instituciones similares, empezaron a integrarse al mundo religioso, especialmente ortodoxo, de los ashkenazim. Es curioso como ahora muchos de los rabinos de las comunidades sefaradim provienen de yeshivot ashkenazim.

El mundo sefaradí continua siendo mayoritariamente ortodoxo. Las diferentes denominaciones religiosas no han penetrado su cultura. Todavía conserva ese carácter de cobijar bajo un mismo techo las diferentes tradiciones religiosas. Para ellos la tradición pesa más que la modernidad.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Daniel J. Elazar: “Can Sephardic Judaism be reconstructed?”, Elliot Jagger: “Sephardi Judaism straining to stay non-denominational”

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