1.2. Mucha gente reprueba su examen de judaísmo porque tratan de copiarle al otro, sin darse cuenta que a cada uno le tocó un examen diferente.

Rabí Aharon Yaakov Greenberg, en su colección de ensayos sobre la Torá “Itturei Torah”, cita a “Beit Aharon”:” Cada judío (y cada persona) debe saber y pensar que es único en el mundo, y que nunca hubo nadie exactamente igual a él. Si hubiera habido alguien como él, no habría habido necesidad de que venga al mundo. Cada persona es alguien nuevo en el mundo y su deber es mejorar todos sus caminos, hasta que todo Israel (y todo el mundo) haya alcanzado la perfección.”

Rabí Dovid Rosenfeld dice: “Dios en su infinita sabiduría se ocupó de que no haya dos personas iguales. Y por lo mismo, Dios no quiere que todos nosotros le sirvamos de la misma manera. Él no está interesado en 7 mil millones de personas idénticas una con otra. Él nos hizo, a cada uno de nosotros, único. Debemos descubrir nuestra propia individualidad, dirigirla hacia el Dios que nos formó y transformar el mundo en un lugar de belleza, armonía y diversidad.”

Dice el rabino David Golinkin sobre el pueblo judío: “Se supone que debemos estar unidos, pero eso no significa que todos tengamos que pensar y actuar de la misma manera. Es la unidad contra la uniformidad, y la uniformidad nunca ha sido el punto “, dice Golinkin. “La idea de que existe una “talla única” de judaísmo que nos queda a todos y que por lo tanto todos deberíamos hacer lo mismo y actuar de la misma manera, se opone a todo lo que la historia judía nos enseña”.

Rabí Sacks escribe: “No hubo un solo asentamiento judío en la Edad Media, que no tuviera sus propios minhagim y piyutim (costumbres y poemas litúrgicos). En los siglos XVIII y XIX, cada grupo hasídico y yeshivá tenían su propio estilo, sus propias nigunim (melodías), su propio derej ha-limud (forma de estudiar), sus propios modelos a seguir, su propia tonalidad espiritual. El camino de Ger no era el de Jabad; el de Volozhyn no era el de Mir”.

Rabi Yehuda haNasi dijo: “¿Cuál es el camino correcto que una persona debe elegir para sí misma? Cualquier cosa que le traiga gloria a sí mismo [ante Dios], y le otorgue gloria ante los otros.”

Soren Kierkegaard, pensador danés y padre del existencialismo religioso, al hablar acerca de las grandes religiones, dice: “La mayor prueba de la decadencia de esas grandes religiones, es el número prodigiosamente grande de seguidores que tienen la misma mentalidad”. Rabí Nathan Lopes Cardozo añade: “Cuanto más judíos se comporten de la misma manera y tengan creencias idénticas, mayor es la prueba del deterioro de su judaísmo.”

Si cada quien decide su manera de comer, de vestir, de pensar, de hablar, de amar, ¿Por qué tenemos que ser iguales, por no decir idénticos, en materia de identidad y religión? Al Shtei Raglaim busca darte las herramientas para que tú puedas encontrar tu propio judaísmo y puedas contestar las preguntas de tú examen sobre tu identidad judía, sin que tengas que copiarle a otro.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Artículos de los autores citados.

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253. Sarah Schenirer, una costurera tradicional y revolucionaria a la vez.

Sarah Schenirer (1883-1935) nació y murió en Cracovia, Polonia, donde creció en el seno de una familia jasídica. Asistió a la escuela hasta los trece años, pero no pudo continuar porque su familia no tenía los medios económicos. Schenirer aprendió a ser costurera y continuó su educación secular con lecturas y pláticas. También fue autodidacta en el tema judío, especialmente leyendo el Tze’na Urena, una traducción en idish del Jumash y el compendio Jok L’Yisrael.

El profesor Shaul Stampfer dice: “En aquellos tiempos, en las comunidades ortodoxas en Europa del Este, se consideraba que la educación judía formal para las niñas era innecesaria, inapropiada e incluso prohibida por la ley judía. Para la mayoría de las niñas, la educación judía tenía lugar en el hogar. Enseñadas por miembros de la familia o tutores privados, su educación consistía en alfabetización básica en idish y suficiente hebreo para poder leer un sidur. Cualquier otra cosa que una niña necesitara saber, podría aprenderlo observando a su madre en el hogar.”

Con una educación obligatoria, cada vez más niños judíos comenzaron a asistir a escuelas públicas seculares. Y eran más las niñas que los niños los que asistían a esas escuelas. Como resultado de su exposición al aprendizaje secular, las niñas experimentaron una gran disparidad entre sus estudios seculares y su entrenamiento informal en las leyes y tradiciones judías. Como nunca se les enseñó formalmente su herencia judía, veían la religión como algo arcaico y un obstáculo para crecer en lo intelectual. La asimilación, los matrimonios mixtos y la conversión se hicieron rampantes.

Algunos rabinos culparon de esto a la falta de una educación judía significativa para las niñas, pero el liderazgo de la comunidad se mantuvo firme en su postura. Sarah Schenirer estaba consciente del problema y de su posible solución, pero fue hasta años después, al huir a Viena durante la Primera Guerra Mundial, que se vio expuesta e impactada por el pensamiento neo-ortodoxo del rabino Samson Raphael Hirsch. Las obras de Hirsch no estaban disponibles en Polonia. Ella pensó que, si solo pudiera transmitirles esas ideas, las mujeres judías se reconectarían con su religión.

Al regresar a Polonia, decidió enseñar lo que había aprendido. Después de fracasar en su primer intento de formar una escuela para mujeres y niñas mayores, Schenirer decidió que mejor sería comenzar con niñas pequeñas. Logró que el Belzer Rebbe respondiera a su propuesta con una frase: “berajá be hatzlajá” (bendición y éxito). Otros prominentes rabinos también la apoyaron, especialmente el Jofetz Jaim. Sarah Schenirer vio chicas desconectadas y alienadas. Y su solución fue: educar y empoderar. En 1917, con 25 niñas de nivel primario, fundó el primer “Bais Yaakov”. Para 1935, Bais Yaakov tenía 35,000 alumnas y 248 escuelas.

Para el judaísmo de hoy, una de las lecciones más importantes que podemos aprender de Sarah Schenirer es cómo equilibrar con éxito la tradición y la innovación. Por un lado, Sarah Schenirer reconectó a las mujeres con el pasado y la tradición. Por el otro, Sara Schenirer se dedicó a reestablecer la tradición de una manera muy moderna y creativa. Ella desafió costumbre tras costumbre en una sociedad altamente conservadora. Ella llamó al cambio a una cultura que estaba contra el cambio. Sarah Schenirer fue una costurera tradicional y revolucionaria a la vez.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Artículos de Leslie Ginsparg Klein, Asaf Kaniel y otras fuentes.

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252. El óstracon de Khirbet Qeiyafa, el pequeño guijarro con el corazón del judaísmo inscrita en él.

Khirbet Qeiyafa es un lugar donde existió una antigua ciudad fortificada que miraba al valle de Elah. Las ruinas del fuerte fueron descubiertas en 2007, a 30 kilómetros al oeste de Jerusalem. Algunos arqueólogos creen que se trata de la ciudad bíblica de Shaarayim, pero esto no está comprobado. Con base en los estilos de la cerámica encontrada en el lugar y dos pozos de olivo quemados a los que se les hicieron la prueba del carbono 14, los arqueólogos han fechado el sitio entre los años 1050 y 915 AEC, esto es, hace más de tres mil años. Al publicar los informes preliminares de las excavaciones realizadas en 2010 y 2011, la Autoridad de Antigüedades de Israel declaró: “Las excavaciones en Khirbat Qeiyafa revelan claramente una sociedad urbana que existía en Judá a finales del siglo XI AEC.

En dicho sitio se encontraron, además de las ruinas de murallas y fortificaciones, muchos trozos de cerámica. También se encontró un equipo para hornear pan sin levadura y cientos de huesos de cabras, vacas, ovejas y peces. Significativamente, no se han descubierto huesos de cerdo, lo que sugiere que la ciudad no era filistea ni cananea, sino más bien hebrea.

Entre los pedazos de cerámica se encontró un “óstracon”, que es una pieza rota de cerámica, por lo general un pedazo de un jarrón u otro recipiente de barro, rayados con una inscripción. Era común en esa época, que la gente utilizara pedazos de cerámica rota para escribir algún texto, rayándolo en la superficie del guijarro. Era una forma fácil y económica de escribir una nota.

Este óstracon en particular, que mide 15 por 16.5 centímetros, contiene cinco líneas de texto. El arqueólogo Gershon Galil de la Universidad de Haifa, propone la siguiente interpretación de dicho texto: “No lo harás, sino adorarás a Dios [El]. Juzga al esclavo y a la viuda, juzga al huérfano y al extranjero. Aboga por el infante, aboga por los pobres y la viuda. Rehabilita a los pobres a manos del rey. Protege a los pobres y al esclavo, apoya al extranjero.”  De acuerdo con los expertos, el texto usó palabras y verbos característicos del hebreo, más que de otros idiomas de la región.

Amos Oz dijo: “Escrito en hebreo hace más de tres mil años, este guijarro está inscrito con un imperativo moral y legal que nace de una cultura que exige justicia para los débiles y los necesitados. El meollo de la cuestión es el esclavo, la viuda, el huérfano, el extranjero, el infante y el pobre. Un inventario meticuloso que incluye a todas las figuras oprimidas en la sociedad antigua. Se las arreglaron para apretarlo en este diminuto fragmento, de unas seis pulgadas de ancho, y para que lo descubramos especialmente ahora en nuestro tiempo. Quizás para mostrarnos que una protesta social surgió en ese lugar hace tres milenios. Hace más de tres mil años hubo una cultura que consideraba conveniente exigir a los fuertes el respeto a los débiles.”

En 2010, el óstracon se puso en exhibición permanente en la galería correspondiente a la edad de hierro del Museo de Israel en Jerusalem.

Amos Oz se preguntó: “¿Cuál es para mí el corazón del judaísmo?” Y respondió: “Lo que está escrito en ese pequeño guijarro.”

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Amos Oz “Shalom lakanaim”, Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

 

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251. Rabi Louis Jacobs: La Torá puede hablar el lenguaje de nuestra época.

Louis Jacobs (1920-2006) nació en Manchester, Inglaterra, en el seno de una familia judía lituana de clase trabajadora. Su padre hacia que Louis fuera a la sinagoga, a pesar de que él mismo no iba. Louis estudió en escuelas seculares y después ingresó a la Yeshiva de Manchester. De ahí pasó al Kolel de Gateshead, donde realizó estudios avanzados de Talmud. Finalmente, Jacobs regresó a Manchester, donde obtuvo la “smija”, la ordenación rabínica.

En esa época era costumbre que los rabinos ingleses tuvieran, además de la formación religiosa, una académica, por lo que Jacobs se matriculó en la Universidad de Londres, donde estudió lengua y literatura semítica. Su tutor, el doctor Siegfried Stein, le advirtió que, como judío observante, podría molestarle los postulados de lo que se conocía como la crítica bíblica, la cual decía que el Pentateuco es un documento humano, no divino, escrito y editado durante un extenso período de tiempo. Esta postura era considerada herética, ya que contradice la doctrina de que la Torá fue revelada en su totalidad a Moisés en el Sinai, lo que socava la autoridad de la halaja. Con todo, Jacobs continuó sus estudios de semítica. Él tenía fe de que la integridad intelectual y el judaísmo observante podían reconciliarse, postura que se convirtió en el eje de su vida religiosa.

En 1948, Jacobs fue nombrado rabino de la sinagoga central de Manchester y en 1954 pasó a la sinagoga New West End en Londres. Ahí continuó con su búsqueda y en 1957 publicó el libro “We have reason to believe” (Tenemos razón para creer), donde resumió las discusiones que se dieron en el curso que impartió en la sinagoga con ese tema. En él, Jacobs dice que no se disminuye el valor de los mandamientos divinos por el hecho de que fueran los hombres los que transmitieron Su mensaje al escribir la Torá, en contraposición con la postura tradicional. Él decía que “Dios no sólo reveló su voluntad al hombre, sino que reveló su voluntad a través de los hombres”. Jacobs reinterpretó la idea de “Torá min hashamayim”, “Torá del cielo”, utilizando la analogía de la música grabada: “A pesar de la distorsión que resulta al grabar una canción, al escuchar un disco aún podemos escuchar claramente la voz del artista”. Para Jacobs, este enfoque, que más tarde denominó “El no-fundamentalismo halajico”, hizo posible que los judíos modernos permanezcan comprometidos con la tradición y la observancia religiosa, sin sacrificar su honestidad intelectual.

Su postura no fue bien recibida por las autoridades ortodoxas inglesas. El gran rabino del Reino Unido, Israel Brodie, impidió que Jacobs asumiera la dirección del Jews´ College, el seminario rabínico ortodoxo, a pesar de la recomendación que el consejo directivo de esa institución había hecho. Además, todo el incidente fue reportado por la prensa judía, lo que lo convirtió en un “caso célebre”. Jacobs quisó regresar a su puesto en la sinagoga New West End y Brodie también lo impidió. Esto ocasionó que miembros de esa sinagoga la abandonaran y formaran la sinagoga New England, con Jacobs como rabino. La nueva sinagoga generó un nuevo movimiento, el Masorti, lo que representó una afrenta al poder central del gran rabino ortodoxo. En el 2005, una encuesta del Jewish Chronicle entre sus suscriptores, nombró a Louis Jacobs como el judío más distinguido en los 350 años de historia del judaísmo inglés. Jacobs, en los más de 50 libros que escribió y sin dejar de ser observante, logró que la Torá hablara el lenguaje de nuestra época.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Artículos de Matt Plen, David Newman, Richard Simon y otras fuentes.

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250. Los diferentes movimientos religiosos no llegaron al judaísmo sefaradí.

En el judaísmo ashkenazi existen una gran variedad de movimientos religiosos: los ultraortodoxos, los jasidim, los ortodoxos modernos, los open orthodox, los tradicionalistas, los conservadores, los reconstruccionistas, los reformistas, las javurot, los humanistas, etc. La lista podría ampliarse aún más, si mencionáramos los subgrupos que hay dentro de cada uno de ellos. En cambio, en el judaísmo sefaradí, prácticamente casi todos se consideran, de alguna forma, ortodoxos.

Daniel J. Elazar nos dice: “Una de las mayores, si no es que la más grande contribución de los judíos sefaradíes, fue su particular enfoque sobre la teoría y la práctica del judaísmo. Los judíos ibéricos reformularon el judaísmo que heredaron de los judíos de Eretz Israel, Babilonia y el norte de África y lo plasmaron en formas clásicas, pensadas y organizadas sistemáticamente, y ofrecieron una teología equilibrada y práctica, sin excesos, seriamente judía, pero sin perder lo mundano y lo cosmopolita. El judaísmo sefaradí clásico fue diseñado por hombres que vivían en el mundo exterior y participaban activamente en sus asuntos. La mayoría de ellos deseaba un judaísmo, en sus aspectos esenciales, no menos riguroso que el de los judíos ashkenazím, pero flexible en sus interpretaciones y aplicaciones. Su judaísmo se aislaría del mundo exterior, sólo donde fuera críticamente necesario y no impediría que los judíos desempeñaran su papel en lo que era la España de antes de la revuelta antijudía de 1391: una sociedad multirreligiosa.”

Elazar continúa: “El judaísmo sefaradí, tal como se desarrolló en España, no rompió con la tradición, como lo hizo el judaísmo reformista, pero tampoco convirtió la tradición en algo congelado, o peor aún, en una ideología rígida, como lo hizo la ultraortodoxia. La cultura del mundo mediterráneo era diferente de la del norte de Europa. Como regla general, los pueblos mediterráneos creen que deben ser formalmente fieles a las tradiciones de sus padres, aunque se reservan el derecho a determinar cómo mantendrán individualmente esas tradiciones”.

Los judíos sefaradim no desarrollaron diferentes corrientes dentro de su judaísmo, a diferencia de los ashkenazim que no solo lo hicieron, sino que, además, para promover sus movimientos, fundaron grandes instituciones, como las yeshivot lituanas y jasídicas o los seminarios rabínicos americanos, que dominan la escena religiosa judía, especialmente desde el siglo XX. Ese dominio penetró en el judaísmo sefaradí donde, al no tener instituciones similares, empezaron a integrarse al mundo religioso, especialmente ortodoxo, de los ashkenazim. Es curioso como ahora muchos de los rabinos de las comunidades sefaradim provienen de yeshivot ashkenazim.

El mundo sefaradí continua siendo mayoritariamente ortodoxo. Las diferentes denominaciones religiosas no han penetrado su cultura. Todavía conserva ese carácter de cobijar bajo un mismo techo las diferentes tradiciones religiosas. Para ellos la tradición pesa más que la modernidad.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Daniel J. Elazar: “Can Sephardic Judaism be reconstructed?”, Elliot Jagger: “Sephardi Judaism straining to stay non-denominational”

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249. Rabi Benzion Uziel: ni asimilarse ni aislarse.

Benzion Meir Hai Uziel (1880-1953) nació en Jerusalem en el seno de la comunidad sefardí de esa ciudad. A los veinte años ya era maestro en una yeshivá. En 1911, Uziel fue nombrado Jajam Bashi, rabino principal de Jaffa. Desde allí colaboró con el rabino Abraham Isaac Kook, líder espiritual de la comunidad ashkenazi. Ambos rabinos coincidían en espíritu e ideas, lo que ayudó a lograr relaciones más armoniosas entre las dos comunidades. Después de una serie de nombramientos, en 1939 fue nombrado Gran Rabino de la Tierra de Israel, puesto que conservó hasta su muerte. Él siempre hizo hincapié en la necesidad de que todos sus habitantes trabajasen juntos en armonía. En un discurso en árabe dijo: “la tierra se extiende ante nosotros y con las manos unidas la trabajaremos, descubriremos sus tesoros, y viviremos de ella como hermanos que viven juntos.”

El rabino Uziel decía que el judaísmo exige que sus seguidores vivan vidas morales y rectas. Los judíos religiosos deben sentirse preocupados por cualquier injusticia en la sociedad y requieren esforzarse por defender y proteger a los oprimidos, pues es un mandato religioso. Durante la Guerra de Independencia en 1948, se negó a apoyar a un grupo de estudiantes de yeshiva que le pidieron que consiguiera que los exentaran del servicio militar. El rabino Uziel reprendió a los estudiantes bruscamente. Les dijo que los judíos religiosos, incluidos los estudiantes de yeshiva, estaban obligados a compartir la defensa de la nación. Si iban a influir en la sociedad para que vivan de acuerdo con la Torá, ellos mismos tenían que dar el ejemplo. También decía que los estudiantes de yeshivá deberían vivir del fruto de su trabajo y no de dádivas.

Uziel criticó lo que él consideraba falsas ideologías que distraen al pueblo judío de su auténtica vocación nacional. Él rechazó a los judíos asimilacionistas, pues decía que su estrategia, en última instancia, socavaría el verdadero mensaje del judaísmo. Tampoco estaba de acuerdo con los aislacionistas, aquellos judíos que quieren restringir el judaísmo a los estrechos confines de sus hogares, sinagogas y salones de estudio, pues enterrarían al judaísmo en un pequeño mundo interior, cortando su impacto en la sociedad como un todo.

El rabino Uziel estaba preocupado por la división entre los judíos en Israel. Decía que un grupo hacía hincapié en el estudio de la Torá, pero excluía el construir el país y organizar a la gente, mientras que el otro grupo enfatizaba la acción, pero negaba el estudio de la Torá. Decía que ambos estaban equivocados: “Acción sin estudio es como un árbol con ramas, pero sin raíces. Y estudio sin acción es un árbol con raices, pero sin ramas.” Decía que la influencia de los rabinos se lograba por su propia rectitud, devoción y erudición, pues la coerción y las amenazas no eran las formas adecuadas de ganar adeptos. Más bien, las personas religiosas deben ganar los corazones de otros judíos con amor y amabilidad. Se oponía a la coacción religiosa, especialmente si provenía de instituciones del estado. Era un defensor del conocimiento secular y especialmente científico.

Uziel siempre se opuso a los extremos. Buscó el justo medio entre la acción y el estudio, entre lo secular y lo religioso. Sabía que el asimilarse o el aislarse no eran la solución.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Rabbi Marc D. Angel: “The Grand Religious Worldview of Rabbi Benzion Uziel” y otras fuentes.

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248. Erich Fromm: La lucha contra los ídolos no terminó en la Biblia.

Erich Seligmann Fromm (1900-1980) nació en Fráncfort, Alemania, en el seno de una familia ortodoxa descendiente de rabinos. De joven estudió Talmud con varios maestros, entre ellos Rabi Salman Baruch Rabinkow, miembro del grupo jasídico de Jabad Lubavitch. Estudió derecho en su ciudad natal y después se mudó a Heidelberg para estudiar sociología, donde obtuvo su doctorado en esa especialidad con un trabajo sobre “La Ley Judía”. Más tarde ingresó al Instituto Psicoanalítico de Berlín, donde conoció a su primera esposa, Frieda Reichmann. Ya casado, la pareja abandonó la vida religiosa ortodoxa. En 1931 se divorciaron y en mayo de 1934 Fromm emigró a los Estados Unidos. En 1944 se casó con Henny Gurland y en 1950 se mudaron a México donde enseñó en la Universidad Nacional Autónoma de México y fomentó la práctica del Psicoanálisis. En 1974 emigró a Suiza donde falleció en 1980.

Para Fromm, la Biblia, el Talmud y las enseñanzas de los maestros jasídicos, ocuparon siempre un lugar central en su forma de entender al hombre. Él consideraba importantísima la historia de la expulsión del paraíso de Adam y Eva, después de haber comido del árbol del conocimiento, acción que Fromm veía como una virtud más que como un pecado. Lo valioso para Fromm es que el hombre se había atrevido a desobedecer las órdenes de una autoridad superior, y ahora él tenía que decidir, usando su razón, su intuición, su sensibilidad, lo que era bueno y lo que era malo. Fromm decía que, al haberlo hecho, Adam y Eva evolucionaron y se convirtieron en verdaderos seres humanos. Él decía que el hombre fue creado para crecer y desarrollarse.

Fromm añade: el tema central de la Biblia es la lucha constante contra la idolatría, y hoy en día, la historia de la humanidad es la historia de la adoración de ídolos, desde los primitivos de madera y arcilla, hasta los modernos, como el Estado, el líder religioso, el político y el consumismo. Fromm continúa: antes a los ídolos se les llamaba Baal o Astarté, hoy se les llama honor, bandera, fama, artista. Fromm distingue dos sistemas de ética: la ética autoritaria, donde los principios emanan de una autoridad externa y la ética humanista que sale de nuestra propia conciencia. Para Fromm, la ética autoritaria está teñida de idolatría. La persona actúa bajo las órdenes de una autoridad que él cree es poseedora de la verdad absoluta. No es una ética verdadera. Cuando actuamos obedeciendo las instrucciones de un líder religioso o de un político populista, porque creemos que él lo sabe todo, en vez de oír nuestra voz interior, estamos adorando a un ídolo.

Fromm, en su libro “Y seréis como dioses”, dice que, en la Biblia, el mismo Dios es un Dios que evolucionó. Al inicio es un soberano absoluto, que hace con su creación, el hombre, lo que quiere, hasta casi destruirlo (el diluvio). Después hace un pacto con la humanidad (con Noe) y voluntariamente limita su poder.  Finalmente, al revelársele a Moisés, se presenta como un Dios que no tiene nombre y que es difícil describirlo, algo totalmente opuesto al concepto de un ídolo, que sí tiene nombre y atributos (el dios de la lluvia).

Fromm decía que “la Biblia es un libro extraordinario con normas y principios que han conservado su validez durante miles de años”. Uno de esos principios es la lucha contra la idolatría, donde hay avances, pero la batalla no ha concluido todavía.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Erich Fromm “Y seréis como Dioses” y otras fuentes.

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247. Los judíos culturales: “Soy culturalmente judío, pero no soy religioso.”

Es frecuente leer en los medios de comunicación, los resultados de encuestas que instituciones de prestigio como el PEW, el PRRI, la Universidad de Brandeis y otras más, realizan para averiguar la forma de identificarse como judíos que tienen los miembros de alguna comunidad en particular. Estos estudios se hacen habitualmente en los Estados Unidos y en Israel, y esporádicamente en comunidades judías de otros países.

Al revisar algunos que se han hecho recientemente, encontramos que hay un grupo importante de encuestados que al preguntárseles que religión practican, “nos dicen que son ateos, agnósticos o que no practican ninguna religión”. Esto lo comenta Greg Smith, director de encuestas religiosas en Estados Unidos del Centro PEW. Pero, esos judíos que no respondieron con la palabra “judía” a la pregunta: ¿Cuál es su religión?, en una pregunta posterior afirman que son judíos de otra manera. El Centro PEW los llama “judíos sin religión”, judíos seculares o culturales.

Y esos judíos culturales van en aumento. PEW dice que entre los judíos americanos que nacieron antes de 1927, la llamada “Generación más Grande”, al preguntársele por su religión, sólo el 7% no contestaron “judía”. Por el contrario, entre los millennials judíos estadounidenses, aquellos nacidos después de 1980, 32% no se describen a sí mismos como judíos por religión. Por el contrario, se identifican como judíos sólo sobre la base de ascendencia, etnia o cultura.

El “Centro para el Judaísmo Cultural”, establecido en la ciudad de Nueva York en el año 2003, sostiene que los judíos culturales tienen una gran pasión por su identidad judía, sin embargo, luchan por expresarla de una manera coherente con sus creencias. Estos judíos no encuentran sentido en el judaísmo como religión, pero si en el judaísmo como cultura, que para ellos es muy significativo. Están lejos de estar solos. De hecho, un número cada vez mayor de judíos en todo el mundo se identifican como judíos culturales y no religiosos.

Dice el Centro: “Los judíos culturales entienden el judaísmo como la historia, la cultura, la civilización, los valores éticos y las experiencias compartidas del pueblo judío. Su conexión con su herencia se encuentra en los idiomas, como el hebreo, el idish y el ladino, la literatura, la filosofía, el arte, la danza, la música, la comida y las celebraciones del pueblo judío. No son las creencias religiosas las que los conectan entre sí, sino la civilización completa de su familia judía extendida.”

En Jerusalem, el “College of Judaism as Culture”, establecido en esta ciudad a raíz de los resultados que arrojó la Comisión Shenhar en 1994, dice que el judaísmo es una cultura en movimiento. Su director, Martin Ben Moreh dice: “El judaísmo es una cultura, no solo una religión. Hay una religión dentro de esa cultura, pero no viceversa “.

Estemos de acuerdo o no con la postura de los judíos culturales o seculares, el hecho es que representan una parte importante del pueblo judío en la actualidad. En Estados Unidos y especialmente en Israel, son más del 50%. Se requiere implementar programas que nutran el judaísmo de este grupo, antes de que contesten que no son judíos ni cultural ni religiosamente.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Material del PEW, The Center for Cultural Judaism y el College of Judaism as Culture.

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246. Peretz Smolenskin, un sionista ilustrado.

Peretz Smolenskin (1842-1885) nació en Monstriczena, Bielorrusia, en el seno de una familia de escasos recursos. Quedó huérfano de padre y además vivió el secuestro de su hermano mayor por parte del ejército del Zar Nicolás I, hechos que marcaron su infancia. A los 14 años, ingresó a la Yeshivah de Shklov, donde estuvo cuatro años y posteriormente pasó unos meses en la corte de Rabi Menahem Mendel Shneerson, en el pueblo de Lubavitch. Decepcionado, tanto de la vida en la yeshivah como en la corte jasídica, pasó los siguientes años recorriendo la zona donde vivían los judíos, hasta que se estableció primero en Odessa y finalmente en Viena.

En 1868 fundó el periódico en hebreo “Ha Shajar” y convirtió su casa en un centro de reunión de escritores jóvenes. Gracias a su trabajo como editor de “Ha Shajar”, fue seleccionado para encabezar la delegación de la Alliance Israelite Universelle a Rumania, misma que tenía el objetivo de investigar la difícil situación de la comunidad judía del lugar, quienes sufrían por el antisemitismo y los pogroms, además de ayudarlos a establecer escuelas judías.

En sus novelas, Smolenskin criticó la realidad social de donde él provenía y propuso cambios progresistas. Sus personajes eran filántropos acaudalados, mendigos, rabinos, sabios, jasidim, jóvenes buscando encontrar su futuro, judíos asimilados, judíos tradicionales y mujeres modernas. Smolenskin era un maskil, un seguidor de la Haskala, la corriente que buscaba preservar a los judíos como una colectividad única y separada, pero enmarcada en una renovación moral y cultural, donde se reviviría el hebreo como idioma secular, a través de un periodismo moderno y una nueva literatura. La Haskala buscaba la integración del grupo judío en las sociedades que los rodeaban, a base de hablar el idioma del lugar y adoptar sus valores, cultura y apariencia.

Fue crítico de los jasidim y en general de los judíos religiosos, pero también de la nueva generación que buscaba deshacerse de su identidad y cultura judía. Luchó contra los “guardianes de la tradición” que se oponían a la modernización, pero también buscó detener a los judíos que abogaban por la asimilación y quienes, según él, eran un peligro para la unidad del pueblo judío y su cultura. Al ver el deterioro de la identidad judía en las comunidades de Europa occidental y central, resultado de la reforma religiosa, la emancipación social y económica, el abandono del hebreo y la integración a la cultura del país, Smolenskin concluyó que los maskilim tenían que cambiar sus prioridades.

Los motines anti judíos en Odessa en 1871, lo convencieron que la Haskala, la Ilustración, había fallado en su intento de introducir valores humanistas en la sociedad moderna y que, para el pueblo judío, el único camino era el nacionalismo cultural, basado en el hebreo moderno, las cualidades espirituales y no ritualistas de la Torá y la esperanza de lograr la redención nacional en un territorio secular y no en lo religioso. Smolenskin se afilió al movimiento nacionalista Hovevei Zion y en sus artículos siguió atacando al mismo tiempo a las corrientes asimilasionistas y a las religiosas, al tiempo que abogaba por la inmigración a la tierra de Israel. Smolenskin pudo sintetizar su judaísmo en una frase: fue un sionista ilustrado.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Artículos de Shmuel Feiner, The Jewish Encyclopedia y otras fuentes.

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245. “Bendito eres Tú, Señor, nuestro Dios, Rey del Universo, por no haberme hecho mujer”.

Todas las mañanas, en el rezo de Shajarit se rezan 14 bendiciones conocidas como Birkot Hashajar, las bendiciones de la mañana. En la versión que rezan los judíos ortodoxos se encuentra una bendición donde los hombres agradecen a Dios por no haberlos hecho mujer. Por su parte, las mujeres ortodoxas, en su lugar, rezan: “Bendito eres Tú, Señor, nuestro Dios, Rey del universo, por haberme hecho de acuerdo con Tu voluntad”, fórmula que data del siglo XIV EC. Melissa Scholten-Gutierrez se pregunta: ¿Cómo puedo agradecerle a Dios por haberme creado de acuerdo a su voluntad, cuando no puedo pretender entender las intenciones de porqué o cómo, Dios actúa?

La obligación de decir estas bendiciones está estipulada en el Talmud, algunas en el tratado Berajot 60b y otras en Berajot 6.23, donde dice: “Rabi Yehuda solía decir: El hombre está obligado a recitar tres bendiciones cada día… (una de ellas) por no haberme hecho mujer…”. Los ortodoxos explican que los hombres recitan esta bendición, no porque sean intrínsecamente superiores a las mujeres, sino porque están obligados a cumplir una mayor cantidad de mandamientos, por lo que están agradecidos con Dios por este sagrado deber. Desde posturas como ésta, ellos argumentan que la tradición de recitar esta bendición debe ser respetada y mantenida en su lugar.

Pero no todos opinan igual. Yoel H. Kahn dice que, en el sur de Europa, en los siglos XIV-XV, las mujeres adoptaron una postura más asertiva y en lugar de la frase original, decían: “quién no me hizo hombre” o “quién me hizo mujer”. En 1872, la bendición original, junto con otras, se habían eliminado de los libros de rezos del judaísmo reformista y en la edición de 1895 del Union Prayer Book, ya no aparecía. En el judaísmo conservador, en el Sidur Avodat Yisrael de 1873, los hombres decían “quien me ha impuesto las obligaciones de un hombre” y las mujeres decían “quien me permite ganar corazones por Ti, mediante la maternidad o la devoción de mujer”.

En 1946 el movimiento conservador publicó su libro de rezos para Shabat y las Fiestas, donde se cambió la redacción por: “que me has hecho a Tu imagen”. El comité que redactó el nuevo sidur estaba encabezado por el rabino Robert Gordis, quien explicó en un artículo, que el comité originalmente pensaba eliminar esa bendición (junto con otras dos), pero que “el borrar las tres bendiciones preliminares era insatisfactorio, porque contenían valores religiosos significativos que debían preservarse”. La nueva frase, que Gordis le atribuye al rabino Max Gelb, se convirtió en el nuevo texto que los movimientos no ortodoxos utilizan desde mediados del siglo XX.

La frase “por no haberme hecho mujer”, es un texto que muchos consideran misógino en su contenido y además asume que el que sostiene el libro es un hombre. Elana Sztokman nos cuenta que un sidur de 1471, que se encuentra en la biblioteca del Jewish Theological Seminary, contiene un texto alternativo. En este sidur del siglo XV, la bendición dice: “Gracias Dios por haberme hecho mujer y no hombre”. Según el profesor David Kramer del JTS, el sidur fue producido por el escribano y rabino Abraham Farissol para que un novio se lo diera a su novia. Parece que el tema de igualdad para la mujer judía todavía no está resuelto. Y pensando en nuestras mujeres, mejor sería decir: “Bendito eres Tú, Señor, nuestro Dios, Rey del Universo, por haber hecho a la mujer.”

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Capítulo de Yoel H. Kahn en “My people´s prayer book: Birkhot Hashachar”, artículos de Elana Sztokman, Melissa Scholten-Gutierrez y otras fuentes.

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