180. El judaísmo, de lo absoluto a lo relativo. De cambiar nada a cambiar todo.

Un factor que distingue a los diferentes movimientos religiosos dentro del judaísmo, es el carácter absoluto o relativo que le dan cada uno a los mandamientos de la Torá. Hay quienes, por un lado, se resisten totalmente a hacer ningún cambio, en contraposición a los que han modificado todo.

Shai Landesman nos cuenta que cuando las paredes del gueto empezaron a desmoronarse en el siglo 18, el judaísmo ultra ortodoxo lo vio como una amenaza a su existencia. El aspecto de la modernidad que más asustaba a los rabinos de esa época, era la postura moderna que decía que todo era relativo. Vieron al mundo moverse hacia una sociedad donde todo se vale, donde no hay una medida absoluta para definir qué es lo bueno, donde no hay un significado y un propósito ulterior para la vida. Shai nos explica que, para ello, diseñaron una estructura donde todos los aspectos de la vida, desde las obligaciones religiosas más importantes hasta las trivialidades más mundanas, tienen una única manera correcta de hacerse. Su oposición al cambio es total.

La ortodoxia moderna plantea otra postura. El rabino Norman Lamm dice: “La Torá, la fe y el estudio de lo religioso, por un lado y Madda, la ciencia y el conocimiento del mundo por el otro, juntos nos ofrecen una visión más global y verdadera, que cada uno por sí solo.” La ortodoxia moderna, sin dejar de ser absolutamente fiel a la halajá, acepta que algunos principios que encontramos en la Torá, no pueden ser tomados de manera literal. Empecinarse en pensar que el mundo fue creado en seis días de 24 horas, es totalmente insostenible. El buscar la congruencia entre los principios religiosos y los de la ciencia, es el camino de los ortodoxos modernos.

El judaísmo conservador o masorti, también basa la práctica del judaísmo en los mandamientos de la Torá, pero acepta que su validez no es totalmente absoluta, pues la historia del pueblo judío nos enseña cómo nuestros sabios los fueron adaptando a las necesidades del momento. Ellos sostienen que algunos preceptos pueden modificarse para funcionar en las nuevas circunstancias, pero esto sólo lo puede hacer un grupo colegiado de rabinos escogidos exprofeso.

El movimiento reconstruccionista va un poco más lejos. Rechaza el origen divino de los mandamientos halájicos, pero reconoce que éstos, al ser un producto de la evolución del judaísmo como civilización, tienen un cierto carácter absoluto, lo que alienta el cumplirlos. Por su parte, los reformistas dan un paso más al eliminar completamente lo obligatorio de observar la halajá y es el rabino quien decide en cada comunidad cómo practicar su judaísmo. Y el judaísmo humanista, al eliminar a Dios de su visión del judaísmo, deja abierta la posibilidad de un cambio total.

¿En qué basa cada movimiento su postura sobre el cambio? La clave está en qué tanto consideran el que las mitzvoth tienen su origen divino o fueron creadas en parte o completamente por el hombre. Parafraseando a Hamlet: “Cambiar o no Cambiar, esa es la pregunta.”

Por: Marcos Gojman.

Bibliografía: Shai Landesman “Sobre el supuesto colapso del Haredismo” y otras fuentes.

 

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