243. Abraham Joshua Heschel: Celebrar Shabat, ¿un ritual mecánico o un arte?

Abraham Joshua Heschel (1907-1972) nació en Varsovia, en el seno de una distinguida familia de rabinos jasídicos. Recibió su primera smija (título) de rabino de una yeshivah ortodoxa en Polonia y la segunda del seminario rabínico liberal en Alemania. Escapó de Europa al inicio de la Segunda Guerra Mundial y llegó a los Estados Unidos para enseñar, primero en el seminario rabínico reformista y después en el Jewish Theological Seminary del judaísmo conservador, donde tuvo como compañero a Mordejai Kaplan, el fundador del judaísmo reconstruccionista. Acompañó a Martin Luther King en la famosa marcha de Selma, y dijo que al hacerlo, parecía que sus piernas rezaban por él. Pocos rabinos han estado expuestos, a lo largo de sus vidas, a una variedad tan grande de enfoques y experiencias sobre el judaísmo como Heschel.

El profesor David Biale dice que la teología de Heschel está basada en la interpretación de la espiritualidad de los Hasidim vista a la luz de la modernidad. Para Biale, sus obras más importantes son: “Dios en busca del hombre” (1955), “La Tierra es de Dios”, su elegía sobre los judíos fallecidos en el Holocausto (1949), y “El Sábado” (1951), una obra que pasa por encima de las numerosísimas reglas que norman la observancia del Shabat y nos lleva a meditar sobre el verdadero significado espiritual que tiene esta fiesta. En “El Sábado” Heschel escribió:

“La Biblia está más preocupada con el tiempo que con el espacio. Ve al mundo en la dimensión del tiempo. Les pone más atención a las generaciones, a los eventos, que, a países, a cosas; está más preocupada con la historia que con la geografía. Para entender las enseñanzas de la Biblia, uno debe aceptar la premisa de que el tiempo tiene un significado para la vida tan importante como el espacio. El judaísmo es una religión del tiempo que apunta hacia la santificación del tiempo. La Biblia siente el carácter diverso del tiempo. No hay dos horas iguales. Cada hora es única.”

En relación al Shabat, Heschel dice: el trabajo es un oficio, pero el descanso perfecto es un arte. El arte de guardar el séptimo día es el arte de pintar en el lienzo del tiempo, la misteriosa grandeza del momento cuando Dios terminó su creación. Es el resultado de un acuerdo entre el cuerpo, la mente y la imaginación. El Shabat es deleite: deleite para el alma y deleite para el cuerpo. Puedes observar el Shabat cumpliendo mecánicamente sus reglas. Pero observar el séptimo día es más que simplemente obedecer los mandamientos divinos. Santificar el séptimo día no significa que te mortificarás a ti mismo, sino por el contrario, lo santificarás con todo tu corazón, con toda tu alma y con todos tus sentidos. Santificamos el Shabat con cosas tan mundanas como comidas especiales o con hermosas prendas de vestir y no sólo con rezos.

Heschel dice: A diferencia del día del perdón, el sábado no está dedicado exclusivamente a fines espirituales. Es un día donde el alma y también el cuerpo, el confort y el placer son partes integrales de la observancia del Shabat. Debe ser el hombre en su totalidad, con todas sus facultades compartiendo la bendición del sábado. El celebrar Shabat debe ser más que un simple ritual mecánico, el celebrar Shabat debe ser un arte.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “The Sabbath” de Abraham Joshua Heschel y “Judaismo” de David Biale.

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