244. El minyan, una costumbre milenaria conservada por todos.

El minyan es el quórum de diez adultos judíos requeridos para poder cumplir con ciertas obligaciones religiosas. El requerimiento de tener un minyan no está estipulado como tal en la Torá. Es una regla halájica establecida por los rabinos, quienes lo dedujeron después de interpretar varios versículos bíblicos. Uno de ellos es Levítico 22:32 que dice: “Y seré santificado en medio de los hijos de Israel.” Otro es Levítico 19:2 que dice: “Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Seréis santos.” Un tercer versículo es Números 14:27 que dice: “¿Hasta cuándo podré soportar a esta congregación malvada que murmura contra mí?”, refiriendose a diez de los doce espias que regresaron con noticias negativas sobre lo que vieron en la Tierra de Israel. De esos y otros versículos de la Torá, los rabinos en la Mishnah concluyeron que para santificar a Dios se requiere una congregación con un mínimo de 10 miembros.

Rabi Abraham P. Bloch nos explica que la primera vez que se menciona que se requieren 10 para cumplir con ciertos ritos religiosos, es en la Mishnah, en el siglo II E.C. Pero se sabe que en la secta de Qumran, varios siglos antes de la Mishnah, sus códigos hablaban de “que en cualquier lugar donde hubieran 10, un sacerdote versado en el Libro de Estudio no debería estar ausente”. Es claro que la regla de tener 10 hombres estaba firmemente establecida, aun antes de Qumran.

En el tratado Meguilá 4:3 de la Mishnah, los rabinos establecieron qué obligaciones religiosas requieren tener un minyan. Estas son: cuando se dice el “Shema”, en la bendición de los cohanim, para leer la Torá y la Haftará, al decir el Kadish, el Bareju, la Kedushah y la repetición de la Amidah, al consolar a los enlutados, al bendecir a los novios y cuando se da gracias después de la comida.

Bloch continúa: El requerimiento de diez hombres para tener quorum en los servicios religiosos es más que un tecnicismo. En efecto, esta regla ha tenido un efecto de largo alcance en la organización de la vida comunitaria judía. Este requisito forzó a que por lo menos hubieran diez familias cuando se establecían comunidades judías en nuevos lugares.

El Talmud mismo no aborda directamente la cuestión de si las mujeres pueden contar como parte de un minyan para “devarim shebkdusha”, los ritos religiosos que requieren minyan. En el judaísmo ortodoxo, sólo los hombres pueden constituir un minyan. En las corrientes liberales, las mujeres también se cuentan. Los judíos reformistas fueron los primeros en la vida judía en incluir mujeres al contar un minyan. En la Conferencia Rabínica de Frankfort de 1845, el rabino Samuel Adler propuso una resolución que declaraba que la mujer “tiene la misma obligación que el hombre de participar desde la juventud en la enseñanza del judaísmo y en los servicios públicos religiosos y que la costumbre de no incluir mujeres en el número de personas necesarias para la realización de un servicio, es sólo una costumbre y no tiene ninguna base religiosa “. En 1973, el Comité sobre Leyes Judías y Estándares del Judaísmo Conservador votaron que hombres y mujeres cuentan por igual en un minyan. En 2002, el Comité adoptó un responsum del rabino David Fine, que da la base oficial en el derecho religioso para que las mujeres cuenten en un minyan. Con todo, cada comunidad conservadora puede decidir si incluye o no a las mujeres en el minyan.

La palabra minyan en hebreo se traduce como el sustantivo “cuenta” o “número” (la cuenta o el número) y no quiere decir “diez”, aunque todos pensamos en “10” al decir minyan. Por los textos encontrados en las cuevas de Qumran, se sabe que la necesidad de tener por lo menos 10 personas en un rito religioso, es una costumbre milenaria que, con algunos cambios, especialmente la inclusión de las mujeres, todos los movimientos religiosos han conservado.

Por Marcos Gojman.

Biografía: Artículos escritos por Abraham P. Bloch, Cyrus AdlerLewis N. Dembitz, Michael Leo Samuels, Leon Morris y otras fuentes.

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243. Abraham Joshua Heschel: Celebrar Shabat, ¿un ritual mecánico o un arte?

Abraham Joshua Heschel (1907-1972) nació en Varsovia, en el seno de una distinguida familia de rabinos jasídicos. Recibió su primera smija (título) de rabino de una yeshivah ortodoxa en Polonia y la segunda del seminario rabínico liberal en Alemania. Escapó de Europa al inicio de la Segunda Guerra Mundial y llegó a los Estados Unidos para enseñar, primero en el seminario rabínico reformista y después en el Jewish Theological Seminary del judaísmo conservador, donde tuvo como compañero a Mordejai Kaplan, el fundador del judaísmo reconstruccionista. Acompañó a Martin Luther King en la famosa marcha de Selma, y dijo que al hacerlo, parecía que sus piernas rezaban por él. Pocos rabinos han estado expuestos, a lo largo de sus vidas, a una variedad tan grande de enfoques y experiencias sobre el judaísmo como Heschel.

El profesor David Biale dice que la teología de Heschel está basada en la interpretación de la espiritualidad de los Hasidim vista a la luz de la modernidad. Para Biale, sus obras más importantes son: “Dios en busca del hombre” (1955), “La Tierra es de Dios”, su elegía sobre los judíos fallecidos en el Holocausto (1949), y “El Sábado” (1951), una obra que pasa por encima de las numerosísimas reglas que norman la observancia del Shabat y nos lleva a meditar sobre el verdadero significado espiritual que tiene esta fiesta. En “El Sábado” Heschel escribió:

“La Biblia está más preocupada con el tiempo que con el espacio. Ve al mundo en la dimensión del tiempo. Les pone más atención a las generaciones, a los eventos, que, a países, a cosas; está más preocupada con la historia que con la geografía. Para entender las enseñanzas de la Biblia, uno debe aceptar la premisa de que el tiempo tiene un significado para la vida tan importante como el espacio. El judaísmo es una religión del tiempo que apunta hacia la santificación del tiempo. La Biblia siente el carácter diverso del tiempo. No hay dos horas iguales. Cada hora es única.”

En relación al Shabat, Heschel dice: el trabajo es un oficio, pero el descanso perfecto es un arte. El arte de guardar el séptimo día es el arte de pintar en el lienzo del tiempo, la misteriosa grandeza del momento cuando Dios terminó su creación. Es el resultado de un acuerdo entre el cuerpo, la mente y la imaginación. El Shabat es deleite: deleite para el alma y deleite para el cuerpo. Puedes observar el Shabat cumpliendo mecánicamente sus reglas. Pero observar el séptimo día es más que simplemente obedecer los mandamientos divinos. Santificar el séptimo día no significa que te mortificarás a ti mismo, sino por el contrario, lo santificarás con todo tu corazón, con toda tu alma y con todos tus sentidos. Santificamos el Shabat con cosas tan mundanas como comidas especiales o con hermosas prendas de vestir y no sólo con rezos.

Heschel dice: A diferencia del día del perdón, el sábado no está dedicado exclusivamente a fines espirituales. Es un día donde el alma y también el cuerpo, el confort y el placer son partes integrales de la observancia del Shabat. Debe ser el hombre en su totalidad, con todas sus facultades compartiendo la bendición del sábado. El celebrar Shabat debe ser más que un simple ritual mecánico, el celebrar Shabat debe ser un arte.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “The Sabbath” de Abraham Joshua Heschel y “Judaismo” de David Biale.

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242. Cumplir los mandamientos de la Torá: A fuerzas ni los zapatos entran.

Está escrito en Exodo 19:17: “Y Moisés sacó a la gente del campamento para encontrarse con Dios; y se pararon al pie del Monte (Sinai)”. Pero en la Guemará, en Shabat 88ª los rabinos lo explican así: “Rabi Avdimi bar Ḥama bar Ḥasa dijo: el pueblo judío en realidad estaba parado debajo de la montaña, y el versículo enseña que el Santo Bendito Sea volcó la montaña sobre los judíos como una tina y les dijo: Si aceptan la Torá, excelente, y si no, ahí será su entierro”.

La explicación de los rabinos en la Guemará fue muy diferente de lo que leímos en la Torá. Por eso, los rabinos se cuestionaron: “Si a partir de aquí hay una advertencia que es obligatorio cumplir con la Torá, ¿cómo se explica el momento de Na’aseh V’Nishma (lo haremos y lo escucharemos), en Exodo 24:7, cuando Bnei Israel aceptó la Torá incondicionalmente? Rabi Mois Navon lo explica diciendo que los judíos en el desierto eran como niños con respecto a su relación con Dios y con su Torá. Cuando los niños se están desarrollando, necesitan definiciones para tener una conducta apropiada, límites, en resumen: un sistema de moralidad. Por el contrario, otros como Rashi y la Mejiltá, lo explicaron diciendo que la entrega de la Torá fue como una boda entre Dios y el pueblo judío, donde la montaña era la Jupá que los unía en amor, tal como dice la bendición Ahava Rabah en el rezo de la mañana, que habla de integrar el amor de Dios con sus mandamientos.

Rabi Joseph B. Soloveitchik decía: “La coacción religiosa es un oxímoron.” (oxímoron se refiere a algo absurdo o incoherente, como decir “luminosa oscuridad”). Cuando un acto ritual es coaccionado por una fuerza externa, deja de tener valor religioso o significado espiritual y, de hecho, sólo aumenta los antagonismos antirreligiosos y empuja a la persona hacia el lado opuesto.

Rabi Shlomo Riskin dice: En una sociedad secular, en el ámbito de las leyes que rigen las relaciones entre las personas, las autoridades que procuran la justicia pueden y deben utilizar la coacción y hasta la fuerza, para establecer una sociedad justa. Las personas entienden que esas leyes existen para ayudarlas a cumplir con las regulaciones que saben que son para el bien de todos. Sin embargo, con respecto a las leyes entre las personas y Dios, la adherencia forzosa tendrá exactamente el efecto opuesto y sólo conducirá al resentimiento y a sentimientos antirreligiosos.

Riskin cuestiona aquellas leyes promulgadas en el Estado de Israel que obligan a una sociedad secular a cumplir mandamientos religiosos, por la fuerza, con “la montaña” encima, en vez de con amor. Él sugiere un enfoque diferente. No es la promulgación de leyes que los israelíes seculares ni entienden ni aceptan, lo que aumentará el respeto y la observancia del sábado. Más bien, es a través de lograr que la comunidad religiosa los ame y los respete, y buscar que los religiosos hagan todo lo posible, no tanto para obligar a cumplir los mandamientos, sino para inspirar. Con creatividad halájica, habría una manera en la que, por ejemplo, la santidad del sábado podría mantenerse, y la belleza de nuestras tradiciones, con canciones, música y comida, podrían ser llevadas a una gran audiencia secular. Porque a fuerzas, ni los zapatos entran.

Por Marcos Gojman:

Bibliografía: Artículos de Shlomo Riskin, Mois Navon, Hannah Cowen y otras fuentes.

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241. Gershom Scholem: el misticismo es lo que verdaderamente le da vida al judaísmo.

Gerhard Scholem (1897-1982) nació en Berlín, en el seno de una familia judía asimilada a la cultura alemana. Su padre, Arthur Scholem se opuso a los deseos de su hijo de estudiar materias judaicas, pero gracias al apoyo de su madre, Betty Hirsch Scholem, pudo estudiar hebreo y Talmud con un rabino ortodoxo. En 1915, Gerhard ingresó a la Universidad Frederick William donde estudió matemáticas, filosofía y hebreo. Ese año conoció a Walter Benjamin, con quien tuvo una entrañable amistad que desafortunadamente terminó con la muerte de éste durante el Holocausto. En la universidad, Scholem conoció a Martin Buber, Shmuel Yosef Agnon, Jaim Najman Bialik, Ahad Ha´am y a Zalman Shazar. Gerhard terminó especializándose en lenguas semíticas, título que obtuvo en la Universidad Ludwig Maximilians en Munich. Su tesis doctoral fue sobre Sefer ha Bahir, probablemente el libro más antiguo que se conoce sobre Kabalá.

Atraído por el sionismo e influido por Martin Buber, Scholem emigró en 1923 a la Tierra de Israel, donde cambió su nombre a Guershom. Ahí se dedicó al estudio del misticismo judío, trabajó como bibliotecario en la Biblioteca Nacional y llegó a ser el jefe del Departamento de Hebreo y Judaica. Posteriormente ingresó como maestro a la Universidad Hebrea de Jerusalém, donde enseñó Kabalá y misticismo judío, labor a la que dedicó el resto de su vida.

Guershom buscó enseñar esas materias con un enfoque diferente a como se hacía antes. No estaba de acuerdo de cómo lo habían hecho los seguidores del movimiento “Wissenschaft des Judentums”, la Ciencia del Judaísmo, quienes, según él, presentaban al judaísmo desde un punto de vista estrictamente racional, muy al estilo de las universidades alemanas. Guershom les criticaba el hecho de que estudiaban al judaísmo más como algo muerto que como un organismo vivo, además de olvidar que las bases del judaísmo tenían una parte que no se podía explicar racionalmente y eso era lo que hacían de él algo vivo.  Él decía que los aspectos míticos y místicos del judaísmo eran el núcleo verdaderamente viviente del mismo y eran tan importantes como la parte racional, inclusive más que las minucias de la halajá.

Guershom Scholem es conocido como el fundador del estudio moderno de la Kabalá, la rama del pensamiento judío que busca la verdad última sobre la naturaleza de Dios, del bien y del mal, y del papel de la humanidad en el cosmos. George Prochnik dice que para Scholem, la Kabalá preserva el marco del monoteísmo, al tiempo que derrumba el ídolo de que hay una sola verdad monolítica. Scholem solía citar a Isaac Luria, un místico del siglo XVI que decía: “Cada palabra de la Torá tiene seiscientas mil caras, es decir, significados, uno por cada uno de los hijos de Israel que estuvieron al pie del Monte Sinaí. Cada cara, cada significado, se dirige hacia sólo uno de ellos; sólo ese hijo puede verlo y descifrarlo. Cada uno tiene su propia manera de entender la Revelación Divina”.

Guershom Scholem estaba convencido, nos dice David Biale, que la modernidad, al ver todo a través del cristal de la razón, había logrado que el misticismo judío prácticamente dejara de existir. Así como en la época premoderna, la Kabalah había sido una fuerza vital dentro del judaísmo, especialmente con los jasidim, hoy en día, con contadas excepciones, su presencia en el espíritu judío se ha visto disminuida. Y en contra de eso Guershom Scholem luchó toda su vida, pues para él, el misticismo es lo que verdaderamente le da vida al judaísmo.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Artículos de George Prochnik, David Biale y otras fuentes.

 

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240. Neil Gillman: cada quien debe definir su propio judaísmo.

Mordejai Kaplan, una de las grandes personalidades judías del siglo XX, decía que cada judío podía expresar su judaísmo en lo que, en inglés, eran las tres “B”: belong, behave and believe, pertenecer, practicar y creer. El pertenecer es la forma más común de identificarse como judío, al ser parte, como miembro, de organizaciones comunitarias. El practicar se demuestra especialmente en el observar los mandamientos y las costumbres, como lo es el celebrar las fiestas judías o comer kosher. Pero el creer es para muchos la forma más difícil de expresar su judaísmo, porque implica definir en qué cosas creemos y qué conceptos nos definen como judíos.

El asunto de definir de forma sistemática las creencias religiosas de un grupo, es lo que los estudiosos llaman teología. El rabino Neil Gillman (1933-2017) dedicó toda su vida al estudio de la teología del judaísmo, especialmente el judaísmo masorti o conservador. Gillman nació en Quebec City, Canadá. Estudió filosofía en la Universidad de McGill, para después ordenarse como rabino en el Jewish Theological Seminary en Nueva York. En 1975 obtuvo su doctorado en la Universidad de Columbia. Fue maestro de filosofía judía en el JTS desde su ordenación como rabino hasta su retiro. También fue parte del comité que redactó “Emet Ve Emunah”, “La verdad y la fe”, la declaración oficial de los principios que rigen al judaísmo conservador. En 1990 escribió “Fragmentos sagrados, recuperando la teología para el judío moderno”, libro con el que ganó el National Jewish Book Award de ese año.

Gillman fue alumno de Mordejai Kaplan en el JTS. En alguna de sus clases escuchó a su maestro decir que “El judaísmo es lo que sea que el pueblo judío dice que es”. Esta frase fue el detonador de un ensayo que provocó una larga conversación entre Kaplan y él. Y esa conversación llevó a Gillman a buscar su propia definición de lo que él creía como judío. Gillman decía: “cómo puedo enseñar teología judía si yo mismo no lo tengo claro”. Todos los años, al iniciar su curso, les pedía a sus alumnos que escribieran un ensayo sobre sus creencias judías personales y al final del curso les solicitaba volver hacer lo mismo. Algunos lo siguieron haciendo inclusive después de graduarse.

Gillman decía que había que entender los textos sagrados más allá de su interpretación literal e inclusive histórica. La Biblia había que verla desde un punto de vista más bien poético y metafórico. Hablaba de hasta ser un poco “naive”, no como un niño o como su abuelo que creía que todo lo que estaba escrito en la Torá había sucedido tal cual, sino como alguien que entiende que esos mitos tienen un significado mucho más profundo. Por ejemplo, decía que no se puede creer que los muertos van a resucitar, pero a la vez no puedes dejar de creer en un Dios que tiene el poder de hacerlo, pues de otra forma sería un Dios impotente en cuestiones que tienen que ver con la vida y la muerte. Igual sucede con la salida de Egipto, decía Gillman, leyenda que no se ha podido probar históricamente, pero cuyo significado en la teología judía es enorme.

Con ese enfoque, Gillman buscó en cada una de sus clases, el tratar de despertar en sus alumnos esa necesidad de definir su propio judaísmo, tarea a la que dedicó toda su vida.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Video conferencias de Neil Gillman en el JTS.

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239. Kalonymus Kalman Szapiro: Solo recuerden, lo mejor en este mundo es hacerle un favor a alguien.

Kalonymus Kalman Szapiro (1889-1943) nació en Grodzisk, Polonia, en el seno de una familia de grandes rabinos. Quedó huérfano a la edad de 3 años y fue su madre, Hannah Berkhaha, la que le inculcó el amor por sus raíces jasídicas. Se casó a los 15 años y tuvo dos hijos. En 1909, tras la muerte de su suegro, se convirtió en el gran rabino de Piaseczno. En 1923 fundó la Yeshiva Daas Moshe, una de las más grandes yeshivot jasídicas de antes de la Segunda Guerra Mundial.

Como cabeza de la yeshivá, Kalonymus se preocupó por la deserción de los jóvenes de la educación tradicional, de su asimilación a la cultura polaca o su afiliación a movimientos seculares judíos como el sionismo y el socialismo. En esos años, las casas de estudio jasídicas habían perdido su espíritu creativo y habían asimilado el formato de estudio rígido de las yeshivot lituanas.

El rabino Polen comenta: Kalonymus, en su libro Jovas haTalmidim (La responsabilidad de los estudiantes), decía que un niño debía estar imbuido “de una visión de su potencial grandeza” y de ser “un participante activo en su propio desarrollo” y que los profesores “deben aprender a hablar el idioma del estudiante y expresar gráficamente las delicias de una vida cercana a Dios”.

En septiembre de 1939, después de la invasión de Polonia, el Rabino Szapiro fue internado en el gueto de Varsovia, donde dirigió una sinagoga secreta. Después del levantamiento del gueto en 1943, el rabino Szapiro fue llevado al campo de Trawniki cerca de Lublin, donde el 3 de noviembre de ese año, los judíos que ahí quedaban, incluido el rabino Szapiro, fueron asesinados.

Los sermones que Szapiro escribió durante su estancia en el gueto de Varsovia, sobrevivieron gracias a Emmanuel Ringelblum y su grupo, quienes comenzaron a reunir tanta documentación como pudieron. La escondieron en botes de leche metálicos y los enterraron para que el mundo supiera de primera mano lo que ahí había sucedido. La colección de sermones fue encontrada y publicada baja el título Esh Kodesh, Fuego Sagrado.

Shaul Magid, en el Esh Kodesh, distingue tres grupos de sermones de Kalonymus: el primero, donde Szapiro es el rabino que ofrece palabras de aliento a sus feligreses, diciéndoles que lo que estaba pasando no era categóricamente diferente a otras épocas de sufrimiento del pueblo judío. En el segundo grupo, Kalonymus tiene el difícil trabajo de enseñar a su gente a morir con dignidad y que a pesar de lo incomprensible de la situación, eran parte de ese drama divino. El grupo final nos muestra a un teólogo radical, especialmente al leer una nota insertada en un sermón, donde escribe que lo que él y su comunidad estaban viviendo era algo sin paralelo y sin precedentes.

Un alumno de Szapiro que sobrevivió a la masacre, decía que Kalonymus les había enseñado que lo mejor en este mundo era hacerle un favor a alguien. Así, cada vez que él pensaba en suicidarse o en dejar de luchar por sobrevivir, se acordaba que le faltaba hacerle un favor a alguien y seguía adelante. Kalonymus no entendía que había pasado con Dios, pero sabía que algo que podía salvar a una persona era dejar de tratar de explicar la conducta divina y hacerle un favor a alguien.

Por: Marcos Gojman.

Bibliografía: The Holy Fire por Nehemiah Polen, artículo de Shaul Magid y otras fuentes.

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238. Tevilat kelim, cuando se olvida el verdadero sentido de una regla halájica.

Tevilat Kelim es la halajá que regula la inmersión de utensilios culinarios en una mikveh. Se origina en la Torá, en Números 31, cuando Dios le ordena a Moisés acabar con los madianitas, un pueblo pagano que estaba contagiando su idolatría a los hebreos. Después de la batalla, Moisés instruye a los guerreros a purificarse y a hacer lo mismo con “todas las prendas de vestir, artículos de cuero, productos de cabra y recipientes de madera.” Y dicen los versículos 21-23: “Entonces el sacerdote Eleazar dijo a los hombres de guerra que habían ido a la batalla: “Este es el estatuto de la ley que Dios ha ordenado a Moisés (refiriéndose al botín de guerra): el oro, la plata, el bronce, el hierro, el estaño y el plomo, todo lo que resiste el fuego, pasarán por el fuego y será limpio, pero será purificado con el agua para la impureza. Pero todo lo que no resiste el fuego lo pasarán por agua”.

La Mishneh, en el tratado Masejet Avodah Zarah, interpreta este pasaje así: El que compra un utensilio a un pagano (“haoved cojavim”, el que adora a las estrellas), el que normalmente está sumergido en agua, debe sumergirse; el que normalmente se hierve, debe sumergirse en agua hirviendo; el que normalmente se calienta en fuego hasta que esté al rojo vivo, se debe calentar al fuego. Y la Guemará dice: Y todos requieren inmersión en cuarenta “seah” (la cantidad de agua).

El Shuljan Aruj, en el tratado Oraj Jaim, en el capítulo 37, enumera las reglas relativas a Tevilat Kelim, incluyendo la bendición que debe pronunciarse al hacerlo. Y esas reglas profundizan en el detalle: por ejemplo, distinguen lo que debe hacerse dependiendo del material de que están elaborados, pues los de vidrio y metal se sumergen, pero los de madera no. También si se compraron y/o fueron elaborados por paganos (se sumergen) o por judíos (no se sumergen), o si se compraron (se sumergen) o sólo se pidieron prestados (no se sumergen). Y explican que no todos los utensilios culinarios deben sumergirse, entre otras cosas.

Y las reglas del Shuljan Aruj a su vez fueron posteriormente expandidas aún más por autoridades religiosas ortodoxas. El sitio de internet Halachipedia enumera más de 40 normas para Tevilat Kelim: específica al detalle el procedimiento para la inmersión, cuando decir o no la bendición, que utensilios requieren sumergirse, que hacer con utensilios desechables o con eléctricos como un tostador o una cafetera, o cuando compramos un alimento envasado en vidrio y que se consume directamente del envase, como los refrescos o los jugos de fruta. Además, en estos sitios ya no se habla de utensilios fabricados por idólatras, sino simplemente por cualquiera que no sea judío.

El comité de leyes y estándares de los rabinos conservadores, después de una deliberación aprobada por unanimidad, concluyó que no se requiere hacer Tevilat Keilim, al menos que se sospeche que el objeto fue elaborado por un idólatra, como sería el caso de una vasija proveniente de la antigua Roma. Ellos concluyen que es prácticamente imposible saber quién fabricó el utensilio, que ahora se hacen mezclando materiales que requieren o no inmersión y que la regla fue para los guerreros y no para todo el pueblo. En cambio, el judaísmo ortodoxo va agregando nuevas normas cada vez más minuciosas. El resultado es una complejísima maraña de reglas difíciles de cumplir. Y eso pasa cuando olvidamos el verdadero sentido del mandamiento.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Resolución del comité de leyes y estándares judíos de los rabinos conservadores, el Kitzur Shuljan Aruj, artículo sobre Tevilat Kelim de Halachipedia y otras fuentes.

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237. Nathan Lopes Cardozo: El error de presentar al judaísmo con una sola cara.

Está escrito en el Talmud, en el tratado Eruvin 13B: “El Rabino Abba dijo que Shmuel dijo: Durante tres años, Beit Shamai y Beit Hilel no se ponían de acuerdo. Estos (Beit Shamai) decían: La halajá está de acuerdo con nuestra opinión, y esos (Beit Hilel) decían: La halajá está de acuerdo con nuestra opinión. Finalmente, una voz divina surgió y proclamó: Tanto estas (las de Shamai), como esas (las de Hilel), son las palabras del Dios viviente.”

Rabi Shlomo Luria, conocido como el Maharshal (1510–1574), explicaba así su forma de estudiar y enseñar: “Siempre me esforcé por buscar, hasta la última fuente, el origen de alguna halajá, búsqueda que solía discutir con mis colegas y mis alumnos. Me pasaba a veces hasta una semana investigando y razonando profundamente hasta que encontraba la raíz del asunto, para finalmente escribirla en mi libro. Y siempre tuve la costumbre de citar todas las opiniones de los sabios que me precedieron, de acuerdo con su rango de autoridad, además de las decisiones y resoluciones de quienes recopilaron las responsas, con el fin de evitar la sospecha de plagio o el reproche de que había pasado por alto la opinión de alguna gran autoridad.”

Y Luria decía, sin temor, públicamente: “No le presten atención a las decisiones de aquellos que se atreven a definir las leyes, cuando la mayoría de ellos únicamente han leído el Tur Oraḥ Hayyim del rabino Jacob ben Asher, como si la opinión de este rabino le hubiera sido transmitida directamente de la boca de Moisés en el Monte Sinai.” En ese sentido, Luria llegó hasta cuestionar las opiniones de su propio padre, el rabino Jehiel Luria.  Y de sus críticas no se salvó el mismo Joseph Caro, el creador del Shuljan Aruj, a quien acusó de haber expresado ocasionalmente opiniones superficiales, en su esfuerzo por armonizar leyes conflictivas, así como de haber basado a veces sus decisiones, en la lectura de textos que no eran fieles a su original.

El Rabino Nathan Lopes Cardozo nos dice: “Una de las mayores contribuciones del Talmud al judaísmo es su indeterminación, su frecuente negativa a establecer una sola ley. Las discusiones talmúdicas consisten principalmente en posiciones encontradas, a menudo sin una decisión clara sobre qué punto de vista es el correcto.” Y Luria decía que los cabalistas explicaron el origen de estas diferencias de opinión, en el hecho de que cada alma judía estuvo presente en el Sinaí y que cada una entendió la Torá desde su propia perspectiva, de acuerdo con su capacidad intelectual, su naturaleza y la singularidad de cada una.

Lopes Cardozo comenta: “Durante los últimos quinientos años, grandes rabinos han cuestionado la abrumadora autoridad del Shuljan Aruj de Yosef Karo y el Mishne Torah del Rambam. Ellos sintieron que estas obras no reflejan el judaísmo auténtico y su tradición halájica. La razón es obvia: Estos grandes códigos de la ley judía van en contra del espíritu del judaísmo. Presentan la Halajá en formas que se oponen al corazón y al alma del Talmud y del judaísmo mismo. Privaron al judaísmo de su tradición halájica de ser multifacético. No son las obras mismas el problema, sino ese afán de codificar y tratar de finalizar la ley judía, para presentar un judaísmo con una sola cara.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Jewish Encyclopedia, Nathan Lopes Cardozo: “The In-Authenticity of Codifying Jewish Law.”

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236. Shabetai Tzvi: el falso líder al que muchos creyeron.

Shabetai Tzvi ben Mordejai nació en Smyrna el 23 de julio de 1626, 9 de Av en el calendario judío. Fue alumno de Talmud en la Yeshivá del Rabino Joseph Escapa. El estudio del Talmud no le atraía, pero sí el misticismo y la Cabalá práctica. En ese tiempo se creía que la época mesiánica estaba cerca, idea promovida por grupos de ingleses cristianos, con los que su padre tenía contacto, al ser el representante de una compañía inglesa. Estas ideas, aunadas a cálculos basados en el Zohar, influyeron en la mente inquieta de Shabetai y a los 22 años de edad se proclamó como el mesías ante un grupo de seguidores, a los cuales había convencido con sus conocimientos de cabalá, su personalidad y su conducta extraña. Los rabinos de Smyrna lo expulsaron de la comunidad.

Llegó a Constantinopla donde conoció a Abraham Ha Yakini, un predicador que le ayudó a confirmar sus ilusiones mesiánicas. Para ello, Ha Yakini preparó un manuscrito, imitando el estilo de la escritura antigua, en el que decía que en el año 5386 (1626), un hijo le nacería a Mordejai Tzvi, sería llamado Shabetai y sería el verdadero mesías. Con ese documento falso, Shabetai se dirigió a Salónica, donde volvió a proclamarse como mesías ante nuevos simpatizantes, impresionados con sus malabarismos místicos, como el “casarse con la Torá”. Los rabinos de Salónica lo expulsaron y después de andar por varias ciudades, llegó a El Cairo, donde conoció a Raphael Joseph Halavi, un judío adinerado proveniente de Alepo, quien, a pesar de su riqueza, llevaba una vida ascética. Halavi usaba su fortuna para ayudar a jóvenes estudiosos del Talmud y la Cabalá y pronto se convirtió en uno de los promotores más entusiastas de los planes mesiánicos de Shabetai.

Shabetai decidió ir a Jerusalem. Ahí reclutó nuevos adeptos a base de todo un montaje teatral: cantando salmos durante toda la noche, rezando en las tumbas de sabios piadosos, mortificando su cuerpo con ayunos y otras penitencias, incluso llorando a cántaros. Shabetai regresó a El Cairo, donde conoció la historia de Sarah, una muchacha judía víctima de los pogroms de Chmelnitsky en Polonia. Sarah fue rescatada por monjas y recluida en un convento, de donde escapó para terminar viviendo en Amsterdam, donde llevó una vida bastante excéntrica, hasta que se le ocurrió la idea de que ella estaba destinada a ser la novia del mesías. Y Shabetai decidió mandarla traer para casarse con ella. Ya como su esposa, el encanto de Sarah le ayudó a conseguir más adeptos. Camino a Jerusalem y al pasar por la ciudad de Gaza, conoció a Nathan Ghazzati, quien se convirtió en su hombre de confianza y asumió el papel del profeta Elijah.

Con el dinero de Halavi, una esposa encantadora, y muchos seguidores, llegó a Smyrna en el otoño de 1665, donde se declaró públicamente a sí mismo como el esperado mesías. Esto fue en la sinagoga, con el sonido del shofar y una multitud que gritaba “¡Larga vida a nuestro rey, nuestro mesías!” Su popularidad creció con increíble rapidez y su fama se extendió por muchos países.

Se dirigió a Constantinopla donde esperaba coronarse como el mesías, pero fue encarcelado por las autoridades turcas. Aun estando en la cárcel, su movimiento tomaba cada vez más fuerza, lo que preocupó a los turcos, quienes finalmente lo llevaron a juicio. Alguien le aconsejó que lo único que podía salvar su vida era convertirse al islam. Y Shabetai así lo hizo. La decepción de sus seguidores fue enorme. Shabetai fue otro más de esos líderes falsos a los que la gente les cree.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Articulo de Kaufmann Kohler y Henry Malter y otras fuentes.

 

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235. Midrash Eijá Rabah 24R: Confrontando a Dios.

El midrash es la manera como los sabios explican los textos bíblicos que son difíciles de entender. Uno de los más conocidos es el midrash Rabah, compuesto por 10 colecciones, una de las cuales es el midrash Eijá o Lamentaciones. El poema 24R de este midrash, basado en Jeremías 31:15, y que lo narra Rev Shmuel ben Nahman, parece estar escrito como el guion de una obra de teatro:

La escena: La corte celestial después de la destrucción del Templo. Los personajes, por orden de aparición: Abraham Avinu, los Ángeles, Dios, la Torá, Isaac, Jacob, Moisés y Rajel. La trama inicia cuando Abraham se presenta ante Dios, con sus vestiduras desgarradas y con ceniza en la cabeza, caminando por las ruinas del Templo, lamentándose y llorando. Abraham: “¿Por qué hemos sido tratados diferente que todos los demás pueblos, que hemos llegado a esta vergüenza y desprecio? Los Ángeles: “Rey del Universo, está roto el pacto hecho con el patriarca Abraham, a través del cual el hombre reconoce que Tú eres Dios, el Creador del cielo y la tierra. Tu has despreciado a Jerusalem y a Sion, a pesar de haberlos escogido. ¿Acaso has rechazado a Judá?” Dios: “¿Por qué estos cantos fúnebres?” Los Ángeles: “Por Abraham, Tu amigo que vino a Tu casa y se lamentó y lloró, ¿Por qué te es indiferente?” Dios: “Porque el día que él salió a su casa eterna, no llegó a Mi casa”.  Abraham: “¿Por qué has exiliado a mis hijos y los entregaste a las naciones paganas que los han expuesto a todo tipo de muertes no naturales y has destruido el Templo, el lugar donde iba a sacrificar a mi hijo Isaac?” Dios: “Tus hijos han pecado y han violado toda la Torá y las veintidós letras que la componen”. Abraham: “¿Quién es el que atestigua que Israel ha transgredido Tu ley?” Dios: “Deja que venga la Torá y testifique en contra de Israel”. La Torá aparece. Abraham a la Torá: “¿Te acuerdas el día que Dios te quiso dar a muchas naciones y ninguna te quiso aceptar, hasta que mis hijos llegaron al Monte Sinai y te aceptaron y te honraron? ¿Y ahora vienes a atestiguar en su contra?” Cuando la Torá oyó esto, no dio testimonio en su contra. Abraham a Dios: Cuando tenía 137 años, ¿no me pediste que sacrificara a mi hijo Isaac? Isaac: “Cuando mi padre me llevó, ¿acaso no estuve dispuesto a dejarme atar y hasta estiré el cuello bajo el cuchillo?” Jacob: “¿Acaso no trabajé veinte años en casa de Labán, y cuando regresé, Esaú estaba dispuesto a matarme a mi y a mis hijos y yo arriesgué mi vida por ellos? Moisés: “¿No fui yo un fiel pastor de Israel por 40 años?, y corrí detrás de ellos como un caballo en el desierto. Pero al llegar mi hora de poder entrar a la Tierra de Israel, Tu decidiste que mis huesos quedaran dispersos en el desierto”. Moisés: “Tu escribiste en Tu Torá: “ya sea una vaca o una oveja, no matarás a ella y a su hijo el mismo día”, pues ellos han matado a muchas madres y a sus hijos el mismo día y Tú has permanecido en silencio. Todos a Dios: ¿Acaso no recuerdas todo esto a nuestro favor, para que te apiades de nuestros hijos?” Rajel: Dios, ¿recuerdas que Jacob me amaba, pero mi padre eligió darle a Lea en mi lugar? Yo tuve compasión de mi hermana y le enseñé las señales para que Jacob no se diera cuenta de que era ella. Incluso me acosté debajo de su cama, y cuando él le habló, yo respondí en su lugar. Si yo pude vencer mis celos para no avergonzar a mi hermana, ¿por qué eres Tú celoso de los dioses falsos que ni siquiera son reales? ¿Cómo puedes permitir que Tus celos causen que tus hijos sean asesinados y exiliados? Y Dios se conmovió con el argumento de Rajel y dijo: “Por ti, Rajel, restauraré la casa de Israel a su lugar. El exilio un día llegará a su fin.”

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Poema 24r del Midrash Eijá Rabah, basado en Jeremías 31:15.

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