99. Son por costumbre.

Costumbres son rituales, ceremonias y prácticas adoptadas por un grupo en particular o por todo el pueblo en general. Cuando se observa que la gente sigue una forma específica de conducta, esa práctica adquiere una especie de estatus legal en el judaísmo. Como está escrito en el tratado Berahot del Talmud (45ª) “Sal y observa lo que la gente está realmente haciendo”.

Minhag, que en hebreo quiere decir costumbre, viene de la raíz N-H-G que quiere decir seguir o conducir y por extensión se refiere a la conducta personal. Hay costumbres, minhagim, que datan de la época talmúdica, como el agitar las ramas de sauce en Hoshana Rabah, el séptimo día de Sucot. En la literatura rabínica se habla de la importancia de mantener esas costumbres que han durado mucho tiempo. En Tosafot o Menahot 20b se dice que “el minhag de nuestros padres es equivalente a la Torá”. El rabino Moises Isserles, quien adaptó el Shuljan Aruj de Yosef Caro a las costumbres ashkenazim, decía que se debían conservar las costumbres mantenidas de antaño.

Por ejemplo, en Alemania en la Edad Media, los judíos seguían algunas prácticas copiadas de sus vecinos no judíos. Un ejemplo es la costumbre de romper una copa de vidrio en la ceremonia de matrimonio. Los alemanes cristianos lo hacían buscando con eso “engañar” a los demonios, haciéndoles creer que la ceremonia era una catástrofe y no a una celebración, para que dejaran tranquilos a los novios. Esta costumbre fue adoptada por los judíos alemanes y se convirtió en una práctica común, la cual fue eventualmente aceptada por los rabinos, aunque le dieron un significado diferente, el de recordar, en el día de la boda, la destrucción del Templo de Jerusalem.

Otro ejemplo es la ceremonia de Kaparot, expiación, en Yom Kipur. Los judíos ashkenazim la practicaban sacrificando un gallo joven para expiar sus pecados. Yosef Caro escribió en el Shuljan Aruj que eso era una práctica supersticiosa y que había que abolirla, pero Moises Isserles la presentó en su glosa como una costumbre con toda la fuerza de ley.

Siempre había un clima de tensión a la hora de aceptar nuevas costumbres. Por un lado estaba la necesidad de entender la cultura del grupo y mantenerlo fiel al judaísmo, pero por el otro lado estaba el origen pagano de muchas de ellas. En general, costumbres muy arraigadas eran mayormente aceptadas por los rabinos más que rechazadas. Es obvio que a muchas de estas costumbres se les daba después una explicación para darles algún sentido judío.

Las diferencias de costumbres no solo se dan entre judíos ashkenazim y sefaradim. También las tenemos entre las diferentes denominaciones. Los judíos reformistas consideran que la mayoría son supersticiones y por lo tanto las desechan, mientras que los judíos ortodoxos, aunque reconocen que su origen puede ser no muy judío, las mantienen como un aspecto folclórico del judaísmo y como una barrera a la asimilación. Se mantienen, pues, por costumbre.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Artículos de Abraham Chill y William Rosenau citados por Louis Jacobs en “The Jewish Religion, a Companion” y otras fuentes.

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