146. Una Agadah del Talmud: Discutir o no discutir, esa es la pregunta.

Nuestros sabios nos cuentan en el tratado de Bava Metzia, capítulo 84ª: “Un día Rabi Yohanan nadaba en el rio Jordán. Reish Lakish [un delincuente] lo vio y pensó que era una mujer. Brincó al Jordán, tiró su lanza en el agua y nadó hacia él. Cuando Rabí Yohanan lo vio le dijo: ¡Tu fuerza debe ser para la Torá! Reish Lakish le contestó: ¡Tu belleza debe ser para las mujeres! Rabi Yohanan le dijo: si te arrepientes [de la vida que llevas], te voy a dar [como esposa] a mi hermana, que es más bella que yo. Reish Lakish aceptó el trato. Con todo, trató de recuperar su arma, pero no pudo.

Rabi Yohanan le enseñó Torá y Mishnah e hizo de él un gran hombre. Un día, [los dos] debatían en la casa de estudio [con relación a] la espada, el cuchillo, la lanza y la hoz. ¿En qué etapa [de su manufactura] se convierten en impuros? Ambos contestaron: en el momento en que están terminados. ¿Y cuándo se les considera terminados? Rabí Yohanan dijo: cuando los han templado en el horno. Reish Lakish dijo: cuando los han pulido con agua. Rabí Yohanan dijo: Un ladrón conoce las herramientas de su oficio. Raish Lakish le contestó: ¿Y en qué me ha beneficiado lo que has hecho por mí? Allá [como ladrón] me llamaban Maestro y aquí [también] me llaman Maestro. Rabi Yohanan dijo: Te ayudé al traerte bajo las alas de la Shejinah (la presencia de Dios).

Rabi Yohanan se sintió profundamente lastimado, [lo que hizo que] Reish Lakish se enfermara. La hermana de Rabi Yohanan vino y lloró ante su hermano. Ella le dijo: [perdónalo y] mira a mi hijo que va a quedar huérfano. Él le dijo: Deja tus huérfanos, yo los mantendré. Ella le dijo: Por el bien de mi viudez. Él le dijo: Y deja que tus viudas confíen en mí. Rabi Shimon ben Lakish murió. Rabi Yohanan se acongojó profundamente. Los rabinos dijeron: ¿Que podemos hacer para consolarlo? Enviemos a rabí Elazar ben Pedat, que es un erudito, a sentarse frente a él… En respuesta a todo lo que rabí Yohanan decía, rabí Elazar ben Pedat le contestaba: aquí hay un texto que apoya [lo que dices]. Rabi Yohanan dijo: ¿Tú crees que yo necesito esto? Cuando yo argumentaba [a favor de] un mandamiento, Reish Lakish ponía veinticuatro objeciones y yo le daba veinticuatro contestaciones. Esto llevaba a entender mejor la ley. Y tú me dices: aquí hay un texto que concuerda con lo que dices. ¿Acaso yo no sé qué lo que dije era correcto? Rabi Yohanan se razgó las vestiduras y lloró: ¡Reish Lakish, donde estás, hijo de Lakisha, donde estás! Y lloró hasta que perdió la cabeza. Por lo que los rabinos rezaron por él y finalmente murió.”

Muchas enseñanzas se pueden desprender de esta Agadah. En la época del Talmud, nuestros sabios discutían sobre el significado de los mandamientos de la Torá y llegaban muchas veces a interpretaciones diferentes. Pues no siempre había una sola respuesta a la misma pregunta. Más aún cuando el sentido de la pregunta y de su correspondiente respuesta cambiaba con el tiempo y con el lugar. Aunque tarde, Rabi Yohanan se dio cuenta que lo importante no era tener la respuesta correcta, sino recorrer el camino en su búsqueda junto a su compañero de estudio, con el que discutía felizmente. Lo bello estaba en el discutir con el otro, más que en el coincidir.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: Ruth Calderon “A bridge for one night, Talmud tales”

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