189. La causa judía vale la pena.

A la muerte del rey Salomón, las diez tribus del norte no aceptaron como rey a su hijo Rehoboam, se separaron de las tribus del sur para formar el reino de Israel y eligieron a Jeroboam como su rey. Por su parte, las dos tribus del sur formaron el reino de Judah.

En el año 722 AEC, los asirios conquistaron el reino de Israel, exiliaron a sus habitantes, los diseminaron en otras partes de su imperio y los forzaron a asimilarse con la población local, al tiempo que traían asirios para colonizar su nuevo territorio. Después de siglo y medio, lo único que quedó de ellos fue la leyenda de “las 10 tribus perdidas de Israel”. Por otro lado, el reino de Judah logró salvarse de la amenaza asiria, pero fueron conquistados sucesivamente por los caldeos, los egipcios y finalmente por los babilonios, quienes en el año 588 tomaron Jerusalem, destruyeron el Templo y se llevaron a Babilonia a la élite.

Afortunadamente, el exilio babilónico no duró mucho, pues en 539 AEC, Ciro, el rey de Persia, conquistó Babilonia y permitió que los judíos regresaran a la tierra de Israel. Entre 520 y 515 se construyó el segundo Templo de Jerusalem y para el año 450 empezó la canonización de la Torá y de la mitad de los libros de la Biblia que conforman lo que Yoram Hazony llama la “Historia de Israel”, que va desde el Génesis hasta los libros de Reyes.

Hazony nos explica: la “Historia de Israel”, la primera mitad de la Biblia, fue concebida para parar la pérdida de las comunidades de exiliados y construir una nación en medio del exilio. Temían que, si no hacían nada, podrían correr con la misma suerte que sus hermanos del norte. El texto serviría como un depósito para la memoria, para recordar lo que había sido y lo que se había perdido. Al leerlo, los judíos tendrían una fuente de orgullo nacional. También sería un reporte de regresos de otros exilios y una preparación para algún día finalmente volver a su tierra. El Éxodo de Egipto es el mejor ejemplo de la narrativa de un regreso exitoso y de ahí se deriva su constante presencia en la Biblia.

Pero el punto central que nos enseña la “Historia de Israel”, dice Hazony, era que el Dios de Israel no sólo era el benefactor de ese pueblo, sino que era el Creador de toda la humanidad, por lo que se preocupaba por toda su creación. La Biblia hebrea cuestionaba la naturaleza del orden moral y político de toda la humanidad y no sólo del pueblo judío. Ese cuestionamiento los griegos lo llamaron “filosofía” y los judíos Torá, la filosofía del judaísmo. Hazony se pregunta: ¿Por qué el pueblo judío, a quien Moisés llamaba el más pequeño de los pueblos, se rehusaba a desaparecer entre los pueblos donde vivía y buscaba siempre restaurarse como nación? La respuesta es un poco atrevida pero sencilla: La causa judía vale la pena, porque finalmente es la causa de toda la humanidad.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Yoram Hazony “The Philosophy of the Hebrew Bible” y otras fuentes.

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