32 Un Yom Kipur diferente.

El mármol blanco del Bet Hamikdash brillaba de una manera muy especial. Cuando llegamos al monte Moria, nos percatamos que el Templo estaba rodeado de una muralla como si fuera una fortaleza. Entramos por una de sus puertas y pasamos por varios patios con columnas. Ascendimos por unas escalinatas y llegamos a la puerta de Nicanor, una enorme puerta de bronce que requería de veinte hombres para abrirla. Esa puerta nos condujo al patio de las mujeres y de ahí pasamos al patio de los hombres, donde la mitad estaba reservada para nosotros los laicos y la otra mitad para los cohanim. A la derecha del Patio de los Sacerdotes estaba el altar y el lugar para sacrificar a los animales. Alrededor del patio habían varios salones: uno donde se reunía el Sanhedrin, otro donde el Cohen Gadol vivía durante la semana antes de Yom Kipur y otros más donde los cohanim se bañaban y se arreglaban. Más arriba se encontraba el Hejal, un cuarto grande y oscuro donde sólo la luz de la Menorah lo iluminaba. De ese salón se pasaba al lugar más sagrado, el Kodesh Hakodashim, a donde únicamente en Yom Kipur el Sumo Sacerdote, el Cohen Gadol, podía entrar.

Todos nos preparamos para el Gran Día. Pedimos perdón los unos a los otros y ayunamos por nuestras transgresiones. Pero el que más se preparó fué el Cohen Gadol. Le tomó siete días hacerlo. Repasó todos los rituales y las lecturas de la Torá que haría en Yom Kipur. Tenía que hacerlo perfecto. Si se equivocaba, otro sacerdote estaba listo para sustituirlo.

Llegado el Gran Día, el Cohen Gadol se bañó varias veces. Después se vistió con ropas doradas. Verlo era un todo espectáculo: parecía como un sol brillante. Prendió el incienso y arregló las luces de la Menorah. Después se lavó y se cambió de ropa nuevamente. Su ropa ahora era de lino blanco de gran sencillez. Un toro joven estaba listo para el primer sacrificio. El Cohen Gadol procedió a sacrificarlo y a decir las bendiciones correspondientes.

Luego se dirigió a donde estaban los dos chivos. Sacó dos tabletas de oro, una decía “Para Dios” y la otra decía “Para Azazel”. Las volteó y la suerte de los chivos quedó marcada: uno sería sacrificado para Dios y el otro sería el chivo expiatorio. La gente esperaba el ritual por el cual todos sus pecados se le cargarían al animal. Después se lo llevaban para que se perdiera en el desierto.

Terminados los sacrificios, el Cohen Gadol preparó el incienso, se quitó sus sandalias y entró al Kodesh Hakodashim,  donde rezó por largo tiempo pidiendo un buen año para su pueblo. La gente se sintió aliviada cuando lo vio salir. Temían por su vida. El servicio terminó cuando el Cohen Gadol sacó los rollos de la Torá y leyó las partes que hablan de Yom Kipur (Vaykra 16). Luego recitó de memoria otros versículos de la Torá y terminó con las ocho bendiciones tradicionales.

Así era el ritual de Yom Kipur en la época del Bet Hamikdash, sin duda, diferente en la forma a lo que hoy hacemos, pero con el mismo fondo de nuestros valores milenarios.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Jewish Festivals, History and Tradition de Hayyim Schauss y The Torah, A Modern Commentary editado por W. Gunther Plaut.

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