37 El hombre: ¿Un animal social?

En su libro Studying the Jewish Future  (Estudiando el Futuro del Judaísmo) Calvin Goldscheider nos relata la historia de Shmuel Braw, un sobreviviente del Holocausto  que regresa a Tarnow, su pueblo natal en Polonia para comprobar que: “Dos Idishkait, Lo Judío”, no existía más. ¿A qué se refería Shmuel Braw? No se refería al aspecto religioso o cultural. La religión y la cultura judía seguían vivas a pesar de todo lo sucedido. Entonces ¿a qué se refería? Se refería a su comunidad y a sus instituciones. Ser parte de ello, era lo que para él significaba el ser judío. Lo demás era accesorio.

Cuesta trabajo entenderlo. ¿Cómo que la esencia del Judaísmo es su gente y sus instituciones, en otras palabras “Una Kehila”? ¿Qué acaso el Judaísmo no es la Torá, la Biblia, el Talmud, la Halajá, la filosofía judía, la historia, la literatura, el arte, el idioma, la gastronomía y todo lo demás que nos hace identificarnos como judíos? Podemos imaginarnos discutiendo con Shmuel y seguramente nos dejaría hablar para volvernos a decir: “Puede que tengan razón, pero aquí en mi pueblo lo judío, “dos idishkait”  desapareció”.

La lección que nos quiere transmitir Goldscheider es que lo importante en el fondo es lo social. Podemos disfrazarlo con lo religioso, o con lo cultural, o con las costumbres, pero en esencia, todo nuestro actuar tiene un trasfondo social. Y no importa si somos ortodoxos o completamente liberales, ateos o creyentes y al menos que seamos unos ermitaños, si vivimos integrados a un grupo social, nuestra conducta finalmente nos dice: “Yo sigo las reglas o las costumbres de mi grupo, porque quiero ser parte de él”. Y los judíos religiosos actúan según las reglas de su grupo y los tradicionalistas según las suyas. Y los sionistas y los liberales también siguen las propias.

Los eventos que marcan los ciclos de la vida judía son en el fondo un acontecimiento social quizá más que religioso. Cuando celebramos un Brit Mila, un Bar Mitzvah, una boda y hasta cuando desafortunadamente nos sentamos en Shive, el mensaje que damos es que queremos compartir  con nuestro grupo el hecho que algo bueno (o malo) nos ha pasado. Y ese compartir se hace en la forma aceptada por el grupo. Pareciera que lo hacemos para decirles: “Aquí estoy, mi familia y yo somos parte de ustedes”.

Todo esto no es nuevo. Pertenecer y participar de la vida comunitaria está inmerso en el espíritu judío. El Judaísmo está hecho para practicarse en grupo. Todas nuestras fiestas las celebramos en comunidad y la necesidad de un minian para rezar es el mejor ejemplo. Como dijo Baruj Spinoza, el gran filósofo del siglo XVII, el hombre (y en especial el judío), es definitivamente un animal social.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: Understanding  The Jewish Future del Prof. Calvin Goldscheider.

 

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