43 Es mala suerte ser supersticioso.

Superstición es la creencia contraria a la razón que atribuye a todo una explicación mágica. Esencialmente, la superstición es engendrada, mantenida y fomentada por el miedo. Cuando la gente no entiende un fenómeno específico, siente que necesita una explicación sobrenatural para llenar esa falta de conocimiento. Efectivamente, falsos profetas o brujos se aprovechan cuando la gente está más temerosa. La masa escuchará a aquellos hombres y mujeres disque sagrados que presumen tener conocimientos sobrenaturales  y que llevan a cabo rituales que pretenden salvarlos de las cosas que los atemoriza.

No es solamente miedo lo que engendra la superstición. Es también el deseo de encontrar aprobación a los ojos de Dios. La gente quiere sentirse amada, favorecida y bendecida por Dios. Por lo tanto, la gente hace todo lo posible por ganarse el favor de Dios. Buscan algún tipo de relación recíproca, en donde ellos le dan algo a Dios, como sacrificios o rituales, y buscan recibir algo a cambio. Es un medio para negociar favores personales.

Pero ¿dónde termina la superstición y empieza la religión? Maimónides enfatizaba que en vista de que tanto la superstición como la religión trascienden el dominio de la razón, es importante no confundir sus límites. El Judaísmo busca acercarnos a Dios a través del pensamiento y las mitzvot. La superstición busca esquivar los poderes de Dios usando fórmulas o rituales mágicos. La Torá es muy clara en su prohibición de la brujería y la magia. (Deuteronomio 18, 10:12). El Rambam reprobaba el uso de amuletos, práctica muy común hasta nuestros días y que la gente lo justifica diciendo “¿Y qué tal si sí sirven? No se pierde nada con probarlos”

Algunos rabinos como el Gaon de Vilna no estaban de acuerdo con Maimónides. Él argumentaba que en el Talmud, algunos de nuestros sabios hablan de amuletos que sí funcionan, de brujas y demonios que sí existen y de encantamientos mágicos que sí dan resultados. Pero en nuestros tiempos modernos, las palabras del Gaon de Vilna son ejemplo de una visión del mundo deficiente  y supersticiosa. Rambam nos enseña que los seres humanos debemos ser seres pensantes. No porque algunos rabinos de la antigüedad creían en demonios, nosotros tenemos que hacer lo mismo. Por el contrario, tenemos que considerar todos los desarrollos intelectuales y científicos de la humanidad, para entender lo que sucede en nuestro alrededor.

La separación entre la religión y la superstición a veces se torna borrosa en los casos de enfermedades terminales o problemas graves. Gente normalmente racional se acercan para pedir ayuda a “hacedores de milagros” y a pseudo kabalistas  pensando que eso les puede ayudar a resolver su problema. Podemos entender que en la desesperación, alguien acuda a esas instancias, pero no debemos olvidar que  ser supersticioso no es el camino del Judaísmo. Porque si a pesar de todo lo sigues, no creo que la suerte te cambie. O quien sabe, a lo mejor sí ¿!!!?

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: Maimónides, Spinoza and Us, del rabino Marc D, Angel.

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