55 El silencio de Dios.

El período bíblico se conoce como la época de la historia del pueblo judío donde Dios estaba siempre  próximo y presente y lo moral estaba ligado a lo natural. El hombre de la Biblia entendía que si observaba los mandamientos de la Torá, podía esperar buenas lluvias para sus cosechas, tener muchos hijos y lograr victorias sobre sus enemigos. El mismo Dios manejaba tanto lo natural como lo moral. Así, el castigo que Caín recibió por derramar la sangre de su hermano, los egipcios que se ahogaron al abrirse el mar Rojo, son ejemplos de esa doble función del Creador: usar Su poder sobre la naturaleza, para darnos una lección. Las bendiciones y las maldiciones bíblicas ilustraban como la naturaleza y los eventos históricos reflejaban el Pacto que el pueblo de Israel tenía con Dios.

Pero en el libro de Job, las cosas empiezan a cambiar. Hay una división entre el Dios de la Naturaleza  y el Dios de lo Moral. La naturaleza castiga fuertemente a Job, a pesar de que era una persona piadosa y observante de los mandamientos divinos. Y Job no entiende como el Dios de la Biblia, que utiliza a la naturaleza para darnos lecciones éticas, ahora actúa con él de esta forma.

El período Talmúdico, por el contrario, ya no tiene a un Dios próximo y presente. Es el período de las derrotas, la destrucción del Templo y del exilio. Eventos históricos duros y difíciles empezaron a resquebrajar la promesa bíblica de una gratificación inmediata si observabas las mitzvoth. El Talmud cuenta la historia de un niño que, obedeciendo las instrucciones de su padre de alejar a la mamá pájaro del nido para poder tomar sus crías, cae del árbol y se mata. Las mitzvoth de respetar a tus padres (Shmot 20:12) y de alejar a la mamá pájaro (Devarim 22:6-7) la Torá estipula que llevan como premio una larga vida. Sin embargo, este caso nos presenta un conflicto con esa promesa bíblica. El maestro talmúdico concluye: “No hay premio por cumplir los mandamientos en este mundo”.

Y los rabinos se cuestionan en el Talmud: Si Dios odia a los idólatras, ¿por qué no los destruye? Si alguien se robó semillas y las siembra ¿por qué no hace que no germinen? Y nuestros sabios contestan: Olam qui minhago noheg, el mundo funciona bajo sus propias leyes naturales. El punto crucial de este texto talmúdico es el admitir que las fuerzas y los eventos naturales no reflejan la relación moral entre los hombres y Dios. Los tsunamis que han matado miles de gentes, no son un castigo divino. En la época bíblica Dios hablaba claramente. Ahora, está silencioso.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía : Conflicting Visions, del rabino David Hartman.

 

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