57 Halajah y Agadah: ¿Quién gana?

La Encyclopaedia Judaica nos dice que la Agadah, que se traduce como “la narrativa”, usualmente se define de manera negativa, como aquella parte de las enseñanzas de los rabinos que no son ni leyes ni regulaciones religiosas. Por lo mismo y aunque es parte del Talmud, la Torah Oral, la Agadah no tiene la calidad normativa que tiene la Halajah, cuyos preceptos son obligatorios.

Sin embargo, tenemos que entender que las Agadot son enseñanzas morales y éticas que tratan asuntos de fe y del arte de vivir. Es por lo tanto didáctica. La verdad de sus enseñanzas sobrepasa a la realidad histórica. El valor de una Agadah es por un lado sus principios éticos que nos enseñan el arte de vivir y por el otro su forma poética de trasmitirlo.

Las Agadot son principalmente la creación de los judíos de Eretz Israel que las plasmaron en el Talmud Jerusalmi, a diferencia del Talmud Babli que, aunque las tiene, no son en su mayoría de Babilonia sino de Jerusalem. La forma que toma son narraciones, leyendas, doctrinas, advertencias sobre la buena conducta, palabras de aliento o de consuelo, expresiones de esperanza por un mejor futuro.

Abraham Joshua Heschel en su libro Between God and Man nos dice: la Halajah trata de las leyes, la Agadah del significado de las leyes. La Halajah nos da normas para actuar, la Agadah nos da la visión del propósito de nuestras vidas. La Halajah prescribe, la Agadah sugiere. La Halajah decreta, la Agadah inspira.

Heschell continúa: la Agadah trata de la relación del hombre con Dios, con los otros hombres y con el mundo. Trata de la vida y de la religión como un gran todo.  La Agadah es la que nos recuerda que el propósito de las mitzvoth es transformar al que las observa para llegar a conseguir un fin espiritual.

Por ejemplo, la Agadah es la que nos dice que aquel que salva una sola vida es como si hubiera salvado al mundo entero. La Halajah es la que diría que salvar a dos es más que salvar a uno, porque matemáticamente dos es más que uno.

No hay Halajah sin Agadah y no hay Agadah sin Halajah. No debemos ni menospreciar el cuerpo ni sacrificar el espíritu. El cuerpo es la disciplina, el orden, la ley. El espíritu es la devoción interna, la espontaneidad, la libertad. Por lo tanto, cumplir una mitzvah implica disciplina e inspiración, obediencia y felicidad, es a la vez un yugo y una prerrogativa. El sostener que la esencia del Judaismo es sólo la Halaja es tan equivocado como decir lo mismo de la Agadah. La interrelación de ambas es el verdadero espíritu del Judaísmo. Nuestra tarea es mantener el equilibrio. Ninguna de las dos debe ganar.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: obras citadas.

 

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