79. La clase no ha terminado.

El rabino David Hartman en su libro “From Defender to Critic”, comenta que, desde un punto de vista religioso, la creación del Universo y la entrega de la Torá en el Monte Sinai, son sin duda, los dos momento más significativos descritos en la Torá. Ambos implican el hecho que Dios habló. Su Palabra creó el Universo de la nada y también Su Palabra, al darnos la Torá, constituyó el Pacto de Sinai. Sin embargo, estos dos eventos son muy diferentes entre sí: el primero lo podemos representar como el discurso de un artista y el segundo como el discurso de un maestro. Tenemos por un lado al Dios Creador y por el otro al Dios Maestro.

El artista, al crear algo, no está preocupado de que otros entiendan lo que está haciendo. Él lo que necesita es darle salida a su ímpetu creativo. Picasso, Van Gogh o Mondrian, cuando pintaban, no estaban pensando si la gente iba a entender su obra, lo que querían era sacarse eso que traían adentro. Su discurso es un monólogo.

En cambio, el discurso de un maestro lo que busca es comunicarse con el otro, lo que busca es que su alumno lo entienda. Y al hablar piensa en el otro, para que su mensaje cumpla el objetivo de guiar y persuadir. El buen maestro toma en cuenta quien es su “alumno” y su capacidad de entender. No es un monólogo, sino un diálogo.

Usando estos dos modelos podemos ver que la Creación refleja el modelo del artista, donde el discurso divino es un monólogo. En cambio el Pacto en Sinai refleja un discurso que va dirigido a una audiencia con el fin de influirla y de guiarla. En la Creación, la humanidad no juega ningún papel, en el Sinai juega el papel del que escucha, del que recibe el mensaje. El discurso de Sinai tiene el objetivo de que el otro participe en el diálogo.

Y el discurso del Creador en el Sinai toma en cuenta a quien le está hablando. No le está hablando a seres platónicamente perfectos. La Torá acepta que el diálogo se da entre la aspiración divina y la imperfección humana. La Torá no es una ley celestial dirigida a seres perfectos. La Torá es una respuesta a lo que el hombre es, un ser que tiene pasiones y celos, que le roba al otro o que desea la esposa del vecino.

Nuestros sabios lo entendieron y lo reflejaron en el Talmud. La primera Mishnah que mucha gente estudia trata del problema de dos personas que tienen una prenda en sus manos y los dos dicen: “¡Es mía!” Quizá la Mishnah debiera de reescribirse y que los dos personajes dijeran: “no, por favor, quédatela tu”. Pero los sabios sabían que ese mundo ideal no existe. El que existe es el mundo del conflicto y la escasez.

Por un lado podemos contemplar la belleza del universo. El Dios artista consiguió su objetivo. Pero por el otro debemos seguir aprendiendo del Dios Maestro. Porque su clase no ha terminado todavía.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: From Defender to Critic del Dr. David Hartman

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