105. Los jasidim, una nueva forma de entender y practicar el judaísmo.

En el siglo XVIII, los judíos de Europa oriental, principalmente en Polonia, Lituania, Ucrania y otras áreas circunvecinas, se encontraban en un estado de enorme depresión como resultado de las masacres del cosaco Bohdan Jmielnicki, la persecución de la Iglesia, el desencanto con los falsos mesías como Shabetai Zvi y el trato negativo que recibían de la oligarquía que presidía la comunidad, integrada por los rabinos, los estudiosos y los ricos.

Como respuesta a esto, surgieron grupos, especialmente entre los artesanos, que se separaron de las Kehilot dominadas por los rabinos y constituyeron comunidades con sus propias sinagogas y nuevas formas de prácticas religiosas, como la meditación y las melodías sin texto, nigunim, para rezar. También surgieron predicadores que iban de pueblo en pueblo, que no enseñaban Torá o Talmud, sino una especie de Kabalah popular, utilizando relatos jasídicos, para transmitir con historias simples mensajes profundos.

Uno de ellos fue Israel ben Eliezer, el Baal Shem Tov (Besht) el “Señor del Buen Nombre” (1698-1760), quien pronto atrajo a esas masas de judíos poco instruidas. Él sostenía que todos los hombres eran iguales ante Dios, tanto los ignorantes como los grandes estudiosos, que la pureza del corazón era más importante que el estudio y que la devoción al rezar y cumplir las mitzvoth era más importante que las prácticas formales y frías. Decía que la Energía Divina estaba en todo.

El “Besht” debe haber sido un personaje muy carismático, porque logró unir a los grupos que se oponían a los rabinos e integrarlos en el movimiento que ahora conocemos como Jasidismo. El profesor Abraham Rubinstein lo llamó: “la primera gran revolución en el judaísmo desde la época del Segundo Templo”. El Besht no escribió ningún libro y lo que conocemos de él se lo debemos a sus discípulos, que pusieron por escrito sus enseñanzas, a pesar de la oposición del maestro. A su muerte, su alumno Dov Ber de Mezhirich, sistematizó sus enseñanzas jasídicas, alineándolas con la mística del gran kabalista Isaac Luria y atrayendo una gran cantidad de adeptos.

Los discípulos del Besht se diseminaron por las comunidades judías de la Europa Oriental y establecieron grupos jasídicos que eran dirigidos por un “Tzadik”, el líder espiritual. Los integrantes de estos grupos seguían fielmente a su Tzadik. A la muerte del Tzadik, normalmente era el hijo el que lo sucedía, dando lugar así a las grandes dinastías jasídicas, las que existen hasta nuestros días, como los Satmer, Jabad Lubavich, Gur, Beltz y otros más.

Los rabinos y los líderes respondieron formando un movimiento opositor, los Mitnagdim, contrario a las ideas y las prácticas de los jasidim. Por mucho tiempo ambas corrientes convivieron simultáneamente en los mismos lugares, cada uno practicando su propio estilo de judaísmo. El jasidismo se había consolidado como una nueva forma de entender y
practicar el judaísmo.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: “Yiddish Civilisation” de Paul Kriwaczek, “The Jewish Religion” de Louis Jacobs, The New Standard Jewish Encyclopedia y otras fuentes.

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