168. Midrash Agadah: Un viaje a las profundidades del judaísmo.

El gran logro de los rabinos después de la destrucción del Segundo Templo (70 EC) y la fallida rebelión de Bar Kojva (132 EC), fue haber adaptado el judaísmo para que dejara de estar ligado al Templo y ahora basara su existencia en elementos portátiles, como la Torá, el rezo y la halajá, entre otras cosas. Los rabinos buscaron que, en cualquier lugar, la gente aprendiera sobre judaísmo de una manera sencilla, para lo cual escribieron midrashim, pequeños escritos que buscaban explicar reglas religiosas (midrash halaja), o temas no normativos (midrash agadah).

La Agadah, que en hebreo significa relatar, abarca una amplia gama de temas. Van desde interpretaciones de textos bíblicos, leyendas que no aparecen en la Biblia, historias desarrolladas sobre personajes bíblicos y sus logros, sermones que se dieron en antiguas sinagogas, fragmentos del folklore popular, anécdotas sobre la vida de los sabios y de su época, y todo el pensamiento rabínico en general, como sus ideas sobre Dios, la creación, el porqué de los mandamientos, etc., además de temas populares sobre magia, ángeles, demonios, medicina popular, astrología y otros.

Los rabinos escribieron estos midrashim desde finales de la época del segundo Templo hasta después del siglo XI EC., y los podemos encontrar en una gran cantidad de textos, como el Midrash Tanhuma, escrito entre el sigo VII y X EC., y que en su sección Pekudei 3 nos cuenta:

“Antes de que un ser humano se empiece a formar en el vientre de su madre, Dios decreta que es lo que va a ser finalmente: hombre o mujer, débil o fuerte, pobre o rico, bajo o alto, desgarbado o guapo, flaco o gordo, humilde o atrevido…… Pero Dios no decide si va a ser una persona justa o malvada, asunto que Él deja en manos del hombre. Después Él le ordena al ángel encargado de las almas en el Paraíso, que le traiga un alma en particular y a la cual le pide entrar en la gota de semen que tiene el ángel en su mano. El alma se resiste diciendo… ¿Por qué deseas que yo, que soy pura y sagrada, entre en esa gota fétida? Dios le contesta: El mundo al que voy a hacerte entrar va a ser más bello que aquel en el cual has vivido. El alma entra en la gota y el ángel la introduce al vientre materno. Ya dentro, el ángel le enciende una lámpara para que el nuevo ser pueda ver el mundo de un extremo al otro. En seguida el ángel la conduce al Jardín del Edén, donde le muestra a los justos sentados en la gloria con coronas en su cabeza. ¿Sabes quiénes son, le pregunta el ángel? No, mi señor. En un principio, todos estos que ves fueron formados como tú en el vientre materno. Luego salieron al mundo y cumplieron con los preceptos de la Torá, por lo que por eso se ganaron el mérito de estar aquí. Que sepas, dijo el ángel, al final tú también dejarás este mundo”.

Sólo en esta pequeña parte (el midrash es mucho más extenso) encontramos una gran cantidad de conceptos y valores a los cuales, como decía Maimónides, hay que acercarse de forma metafórica y no literal. Esta narración no se encuentra en la Biblia. Proviene de la creatividad de uno de nuestros sabios. Ellos estaban interesados en entender todas las facetas del mundo y de explicar, en el caso de este midrash, lo que se necesita para ser un hombre justo. Estudiar midrashim es emprender un viaje extraordinario que nos lleva a los valores profundos del judaísmo.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Sefer Ha Aggadah, de Jaim Najman Bialik y Yehoshua Hana Ravnitzky y otras fuentes.

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