183. De un judaísmo hecho en casa a un judaísmo copiado de un texto impreso.

Rab Haym Soloveitchik nació en Boston en 1937. Es hijo de Rab Joseph Ber Soloveitchik (1903-1993), el “Rob”, quien fuera director del seminario rabínico de Yeshivah University por más de 50 años, tiempo en el que ordenó a más de 2,000 rabinos ortodoxos modernos. Haym es en la actualidad profesor investigador en esa universidad, con especialidad en historia y literatura judía.

En su ensayo: “Ruptura y reconstrucción, la transformación de la ortodoxia contemporánea”, Haym Soloveichik distingue entre la práctica tradicional del judaísmo aprendido por imitación y la práctica textual aprendida en los libros. El sostiene que, en Europa, hasta antes del Holocausto, el judaísmo se aprendía en la casa, de la misma manera que se aprendía el lenguaje materno: observando e imitando lo que hacían los mayores, especialmente los padres y abuelos. Los padres celebraban Pesaj de la misma manera como vieron que lo celebraban sus abuelos. La “receta” de cómo hacer un seder la aprendieron de ver como los mayores lo hacían y entendían que no era ciencia exacta, que se adaptaba a cada situación en particular. Por supuesto que había un “libro de recetas” que se leía y se estudiaba, pero la forma de rezar, de comer, de beber, de vestir, de tener relaciones sexuales, de trabajar y hasta de descansar, en general la forma de vivir, no se aprendía estudiando un manual, sino se absorbía en la casa, en la calle, en la sinagoga y en la escuela.

Pero ahora la manera de hacer un seder de Pesaj se aprende de un manual que cada vez está más detallado.  El “lenguaje materno” se aprende ahora estudiando libros de gramática y no escuchando hablar a nuestra mamá. Y esto fue un cambio total. Inclusive, ahora resulta que nuestra mamá, ya no habla tan correctamente su propio lenguaje, comparado con la forma que marca el manual de gramática. Los manuales dictan ahora como hacerlo todo, inclusive el vivir. El texto religioso se impuso sobre la práctica tradicional del judaísmo. La tragedia del Holocausto, al perderse la continuidad de la vida judía, fue el punto de quiebre en ese proceso que impuso la práctica de un judaísmo textual sobre la práctica de un judaísmo tradicional. El cambio lo provocaron obras como la Mishnah Brurah del Jofetz Jaim, misma que su autor escribió basado en una enorme cantidad de literatura rabínica, más no en referencias a la práctica diaria.

Los más afectados con esta ruptura fueron los mismos haredim, los judíos ultra ortodoxos. Especialmente los que se acaban de volver observantes, cuando antes no lo eran, los “jozer vetshuvah”, pues practican un judaísmo que no vivieron en su casa y que lo tuvieron que aprender de un manual. Por ejemplo, Haym Soloveitchik nos lo explica así: “la cocina kosher de hoy, con su rígida separación entre leche y carne, con sus dos juegos de platos, con sus dos lavaderos, dos escurridores, dos repisas, dos juegos de trapos de cocina y de manteles, hasta dos alacenas, no tiene ningún fundamento en la Halajá y menos en la forma como lo hacían nuestros padres. El simple hecho es que la cocina judía tradicional, transmitida de madre a hija por generaciones, está ahora irreconocible y ha sido inmensamente amplificada por encima de los requisitos halájicos.”  Pasamos de un judaísmo hecho en casa a uno basado solamente en un texto impreso.

Por: Marcos Gojman.

Bibliografía: Haym Soloveichik: “Rupture and reconstruction: the transformation of contemporary orthodoxy”

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