216. Los valores éticos del judaísmo son inmunes al paso del tiempo.

Las bases éticas del judaísmo, las mitzvot entre el hombre y su prójimo, “ben adam lejavero”, son sin duda uno de los pilares del judaísmo. Estos valores quedaron plasmados en la Torá, fueron reforzados por los profetas y los escritos bíblicos, comentados por los sabios en la Mishná y discutidos por los rabinos en el Talmud. Un ejemplo es el siguiente:

La mishna 1, capítulo 9, del tratado Bava Batra del Talmud dice: “Si un hombre muere y deja hijos e hijas, si la herencia es de gran valor, entonces los hijos heredan, pero las hijas deben ser mantenidas. Y si la herencia es modesta, las hijas deben ser mantenidas y los hijos pueden ir a mendigar.”

Rabi Shlomo Ben Abraham HaCohen, conocido como el Maharshaj (1520-1602), oriundo de Monastir, Macedonia, explica el alcance de esta mishna mil años después. En su libro She’eilot U’teshuvot  (Preguntas y Respuestas) el Maharshaj trata el siguiente caso: Reuven y su esposa murieron en una plaga. Dejaron a dos hijas huérfanas. Los líderes de la comunidad donde Reuven y su esposa habían vivido, enviaron a las huérfanas a otra ciudad donde vivían sus tíos, quienes acogieron con benevolencia a sus desafortunadas parientes. Los tíos enviaron un mensaje a los líderes de la comunidad, pidiendo los bienes de Reuven y su esposa para invertir los fondos y obtener algún beneficio para apoyar a las niñas. Señalaron que las menores tenían necesidad y que nadie más estaba dispuesto a ayudarlas.

Los líderes de la comunidad respondieron que no estaban de acuerdo en enviar los bienes a los tíos, ya que Reuven había pedido ser enterrado en Tierra Santa, lo que era considerado una gran mitzva, por lo que ellos planeaban usar los bienes para pagar los costos de traslado de sus restos a Eretz Israel. Los tíos argumentaron que la mishnah en Bava Batra claramente enseña que, si un hombre muere y deja pocas propiedades, esos bienes deben utilizarse para mantener a las hijas. En este caso, el padre y la madre habían muerto dejando pocos bienes. Por lo tanto, estos bienes deben proporcionar sustento a las hijas. Nadie tenía el derecho de tomar los bienes y usarlos para otro propósito. Como las dos partes no se ponían de acuerdo, la disputa fue llevada ante el Maharshaj.

El Maharshach dictaminó que, ya que sólo quedaban activos mínimos, esos bienes debían ir a las hijas para su sustento. Señaló que, aunque el padre hubiera dicho explícitamente: “No quiero que mis bienes sean utilizados para sostener a mis hijas después de morir”, de todos modos, no acataríamos sus instrucciones, pues los sabios legislaron que los bienes de una persona deben ser usados para proveer a sus hijas después de su muerte. A pesar de que quieran utilizar sus bienes para cumplir una mitzvá, esta no tiene precedencia sobre las leyes de los sabios. Por lo tanto, el Maharshaj decidió que los bienes deberían ser enviados a los tíos. El sustento de las hijas tiene prioridad a la mitzvah de ser enterrado en la Tierra de Israel.

Tanto en la época cuando fue redactada la Mishnah, como mil años después, el cuidar de las mujeres, es uno más de los principios éticos que sigue vigente, a diferencia de las costumbres que cambian. Los valores éticos en el judaísmo son inmunes al paso del tiempo.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Varias fuentes.

 

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