201. La ciudadanía judía: ¿Se recibe por la madre, por el padre o por otra cosa?

Está escrito en Kiddushin 3:12: Para ser judío, uno debe ser hijo de una madre judía o haberse convertido al judaísmo. Por esta regla, los académicos dicen que el judaísmo es “matrilineal”.

Sin embargo, esto no fue siempre así. El profesor Shaye J. D. Cohen de la Universidad de Harvard afirma: “Numerosos héroes y reyes israelitas se casaron con mujeres extranjeras: por ejemplo, Judá se casó con una cananea, José con una egipcia, Moisés con una madianita y con una etíope, David con una filistea y Salomón con mujeres de todo tipo. Por estar casada con un hombre israelita, una mujer extranjera se unía al clan, al pueblo y a la religión de su esposo. Nunca se le ocurrió a nadie en tiempos antes del exilio romano, argumentar que esos matrimonios eran nulos y sin valor, que las mujeres extranjeras debían “convertirse” al judaísmo, o que los hijos de esos matrimonios no eran israelitas si las mujeres no se convertían”. En la época bíblica el judaísmo era “patrilineal”, se pasaba del padre al hijo y no había ningún proceso de “conversión” al judaísmo.

Algunos expertos atribuyen el inicio del paso de patrilineal a matrilineal, a Ezra el escribano. El libro de Ezra nos narra como él, después de haber retornado a la Tierra de Israel del exilio babilónico, ordena que todos los hombres israelitas debían divorciarse de sus esposas extranjeras, por el posible riesgo que esto implicaba para la identidad judía (siglos VI y V AEC). Otros explican el cambio a matrilineal, por la influencia del código romano entre los sabios de la academia de Yavne, establecida después de la destrucción de Jerusalem por los romanos, en el siglo I EC. Finalmente, cuando la Mishná fue codificada por Rabi Yehuda Hanasi en el siglo II EC, el concepto de matrilinealidad quedó establecido como la norma que define quién es judío.

Pero nuevos cambios empezaron a darse en 1970 cuando se modificó en Israel la Ley del Retorno, misma que reconoce como judío a aquellos que descienden de una madre, un padre, una abuela o un abuelo judío y no practican otra religión y también a los que se convirtieron al judaísmo. Años más tarde, en 1983, el movimiento reformista rompe con la definición halájica tradicional y declara que un niño es un niño judío si por lo menos uno de sus padres, ya sea el padre o la madre, es judío y lo han criado como tal. Por su parte, el movimiento reconstruccionista también adopta la misma postura, siendo fiel a sus principios de completa igualdad religiosa para todos.

En contraste, el judaísmo ortodoxo considera hoy en día como judío sólo a aquel que es hijo de madre judía y esta condición, para ellos, no se pierde nunca, inclusive en el caso de que la persona practique otra religión. También aceptan a los conversos al judaísmo de manera ortodoxa. Por otro lado, la Rabbinical Assembly, la asociación de rabinos conservadores, ha reiterado su compromiso con la norma halájica vigente, aunque cada vez hay más integrantes de este movimiento que opinan que se debería de aceptar la descendencia patrilineal.

La regla de quien es judío se ha centrado desde hace siglos en el paradigma de la descendencia. Nuestras autoridades religiosas, de cualquier denominación, sólo ponen atención en quienes fueron los padres. Olvidan que el ser judío es mucho más que el ser hijo de alguien.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Varias fuentes.

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