51 La pena capital. Qué pena, pero no se aplica.

La Torá estableció la pena de muerte como castigo para aquellos que cometieran las siguientes transgresiones: Para los adúlteros, tanto al hombre como a la mujer; para los que tienen relaciones sexuales con un animal; para los que blasfeman usando el nombre de Dios; para los que no cuidan el Shabat; para los hijos que hieren o maldicen a sus padres;  para los hijos rebeldes incorregibles; para los homosexuales; para los que tienen relaciones incestuosas; para los asesinos con premeditación; para los violadores; para los que roban esclavos;  para las que no llegan virgen a la noche de bodas; para los secuestradores; para los falsos profetas;  para los que realicen sacrificios humanos; para los que practiquen brujería y adivinación; para los que adoren ídolos.

Es una lista muy larga para que en la práctica esta pena casi nunca se haya aplicado a lo largo de la historia del pueblo judío. Los sabios en la época rabínica establecieron condiciones tan difíciles de cumplir, que prácticamente impidieron el que alguna corte judía pudiera decretarla. Los dos testigos que se requieren, tenían que presentar  testimonios completamente coincidentes y muy exactos (a qué hora sucedió, en qué lugar exactamente, como estaba vestida la persona, etc.).  También tenía que quedar establecido que el culpable estaba completamente consciente de que lo que iba a realizar tenía como castigo el perder la vida. Y era responsabilidad de los testigos el advertirle de su transgresión y sus consecuencias y el transgresor además tenía que reconocer que fue debidamente advertido. Además, el Sanhedrin que tendría que ver estos casos debía estar integrado por 23 sabios de altísima reputación y honorabilidad (Masejet Sanhedrin 1.4).

Está escrito en el Talmud, Mishnah Makkot 1:10: “Un Sanhedrin que ejecuta a una persona en siete años es una corte sanguinaria. Rabi Eleazar ben Azariah dijo: “Uno en setenta años”. Rabi Tarfon y Rabi Akiba dijeron que si ellos fueran miembros de un Sanhedrin, no se le aplicaría la pena de muerte a nadie. Pero Rabban Shimon ben Gamliel advirtió: Esto multiplicaría a los asesinos en Israel”. Rabban Shimon solo cuestionaba esta postura en caso de asesinato, pero no en los otros casos.

En la actualidad, todas las denominaciones dentro del Judaísmo se han pronunciado en contra de la pena capital y en Israel está prohibida excepto por traición en época de guerra y para criminales nazis convictos.

¿Qué nos enseña todo esto? ¿Cómo es posible que los rabinos establezcan tantos obstáculos para que no se pueda cumplir un mandamiento bíblico? ¿Se habrá equivocado la Torá? La Torá consideraba en esos tiempos que el cometer esas acciones era algo reprobable y quería enfatizarlo de la manera más clara y contundente. Pero los rabinos se dieron cuenta que por un lado, no todas las transgresiones eran igual de graves (algunas en nuestros días no las vemos como transgresiones al espíritu del judaísmo) y por la otra, el castigo era demasiado duro e irreversible. Todo esto nos habla de que la interpretación de la Torah es un proceso continuo de adaptación y adecuación de las mitzvoth a cada tiempo y lugar. Por eso, no me da pena que la pena capital no se aplique.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Death Penalty in Rabbinic Teachings by Rachel Biale

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