113. La Ketubah: el papelito habla.

En la época bíblica, el “mohar” era la compensación económica que el novio le pagaba al padre de la novia para poderse casar con ella y se acostumbraba que el padre de la novia le diera este dinero a su hija. El mohar, más que un acuerdo entre individuos, era un convenio entre familias.

Pero en la época talmúdica, dadas las difíciles condiciones económicas de ese tiempo, muchos de los novios potenciales no tenían los medios para pagar el mohar , por lo que esta costumbre empezó a declinar y se llegó inclusive al punto de que el padre de la novia ofreciera una dote al novio, para que así su hija se pudiera casar. Más aun, el mohar dejó de ser esa suma de dinero que se le daba directamente al papá de la novia, para convertirse en una especie de hipoteca que se le pagaría a la esposa en caso de divorcio o de fallecimiento del esposo. Dicha suma saldría de las propiedades de éste. Esto se ponía por escrito, en lo que hoy conocemos como la Ketubah, el contrato matrimonial donde se certificaba el convenio y se le aseguraba a la mujer sus derechos.

Hasta finales de la Edad Media, el matrimonio se celebraba con dos ceremonias, separadas por un intervalo de tiempo, a veces hasta de un año. La primera eran los esponsales, “erusin”, donde los novios se comprometían a casarse en una fecha determinada y que implicaba legalmente considerar a la novia como una mujer casada, aunque todavía viviera en la casa de sus padres. Romper este compromiso requería de un proceso de divorcio. La segunda ceremonia, “nisuim”, era la boda en sí, cuando la novia era llevada a la casa del novio, para consumar el matrimonio.

En la época bíblica, una pareja consumaba su matrimonio en un cuarto especial. En la época talmúdica, a esa habitación se le llamaba “jupah”. En la Edad Media, las dos ceremonias matrimoniales se empezaron a hacer al mismo tiempo y se suspendió el uso de la jupah, como aposento nupcial. Simbólicamente, el término jupah se empezó a aplicar a diferentes objetos en diferentes comunidades. En algunas, en el siglo XVI, se le llamaba así a un velo que llevaba la novia, mientras que en otras a un pedazo de tela que se ponía sobre los hombros de los novios. Muchas ilustraciones de bodas judías en la Europa de la Edad Media, no muestran evidencia del uso de la jupah como la conocemos hoy en día, un palio sostenido por cuatro postes.

En la actualidad las reglas para celebrar un matrimonio, implican que en la misma ceremonia, se hacen primero los esponsales, “erusin”, donde el novio le da el anillo a la novia como “pago” del mohar, seguido de la lectura de la ketubah y se concluye con la parte de “nisuim”, todo esto con los novios colocados bajo la jupah, misma que simboliza su futuro hogar.

La ketubah más antigua que se conoce data del año 440 AEC, se encontró en Egipto, está escrita en papiro y describe, en arameo, la cantidad que un novio le pagó a su futuro suegro, lo que cada familia contribuyó a la dote de la pareja y el nombramiento de la esposa como beneficiaria en caso de muerte del esposo. Trescientos años después, el texto de la ketubah fue definido por Rabi Simeon ben Shetaj y también se escribió en arameo. El texto actual es muy similar al de hace dos mil años. El Talmud tiene todo un tratado, Ketubot, dedicado a sistematizar todos los detalles relativos a este documento.

Hoy en día, en la ketubah se registra la fecha de la boda, los nombres de los novios y las obligaciones de cada uno hacia el otro. La firman, entre otros, dos testigos que verificaron que el novio cumplió con lo que se comprometió. El objetivo fundamental de la Ketubah es que sea la base para un matrimonio feliz, pero en el caso de que esto no resulte así, entonces es cuando el papelito habla.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Ancient jewish Marriage de Hayyim Schauss y otras fuentes.

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112. Bar y Bat Mitzvah: la igualdad de género.

Desde la época de la Biblia hasta la época del Talmud, el pueblo judío no celebraba la ceremonia de Bar Mitzvah. La Torá sólo menciona que se tiene que tener 20 años para entrar al ejército. El término “Bar Mitzvah” aparece por primera vez en el Talmud, en el tratado de Pirkei Avot (5:24), donde dice: “A los cinco años una persona debe estudiar las Escrituras, a los 10 años la Mishnah y a los trece años empezar el cumplimiento de los mandamientos, ben shalosh esrei le mitzvoth.”

Durante la época talmúdica y hasta los principios de la Edad Media, a los menores de edad se les permitía participar en las ceremonias religiosas sin restricciones. Fue al final de la Edad Media que se limitó su participación en el culto religioso. Ya no podían ser llamados a la Torá ni ponerse tefilim. En el siglo XVI, en las comunidades judías de Alemania y Polonia, se empezó la costumbre de celebrar el Bar Mitzvah. Para ello, el varón necesitaba tener 13 años para poder ponerse tefilim y ser llamado a la Torá, las dos partes esenciales de la ceremonia.

La ceremonia de Bar Mitzvah también se celebraba en la casa con un banquete y con un discurso con tema religioso, “drasha”, que preparaba el festejado. Éste además cantaba las bendiciones, leía una parte de la Torá además de la Haftarah correspondiente a ese día. También se estableció que al finalizar la ceremonia, el padre decía la braja: “Baruj shepatrani meionsho shel aze” (Bendito el que me liberó de ser responsable de los actos de este joven).

Aunque la ceremonia de Bar Mitzvah es un evento significativo en el ciclo de vida judío de hoy, vemos que solo tiene una antigüedad de alrededor de 600 años. La ceremonia de Bat Mitzvah para las mujeres es aún más reciente. En 1902 una Bat Mitzvah fue oficiada por el rabino Yejezkel Karo, en Lvov, Ucrania. En Estados Unidos, la primera ceremonia de Bat Mitzvah fue la de Judith, la hija mayor del rabino Mordejai Kaplan, el 18 de marzo de 1922. El objetivo primordial de Kaplan, aparte de celebrar a la mayor de sus cuatro hijas, era el de darle a las mujeres judías la oportunidad de educarse en temas judíos, tal como ya lo hacían los varones. Inicialmente, su contenido se desarrolló dentro del marco del judaísmo conservador, en una ceremonia donde las mujeres no leían directamente del rollo de la Torá sino de un tomo del Jumash. Con el tiempo, la ceremonia fue adoptada por el movimiento reformista y el reconstruccionista.

Sin embargo, no sucedió así con el movimiento ortodoxo. El rabino Moshe Fainstein y otros rabinos ortodoxos dijeron: “En relación a aquellos que quieren celebrar una Bat Mitzvah, de ninguna manera se puede hacer en una sinagoga. Esta ceremonia es algo opcional y hasta trivial. Si quieren, lo pueden hacer en su casa, aunque no equivale a una celebración como la bar mitzvah”.

Aun así, la ceremonia de Bat Mitzvah se ha extendido por todo el mundo judío. Su celebración, junto con la Bar Mitzvah, es un paso más, dentro del judaísmo, hacia la igualdad de género.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: Textos de Hayyim Schauss y otras fuentes.

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111. Los tres pilares del judaísmo.

El judaísmo lo podemos entender de una mejor manera si pensamos, figurativamente, que es una gran estructura integrada por tres grandes pilares. Estos pilares son: Dios, la Torá y el Pueblo de Israel. Ninguno sobresale más que el otro, los tres son interdependientes y el énfasis que se le ha dado a cada uno ha variado con el tiempo. Dios es el Creador, el que es sólo Uno, el que nos dio la regla de oro. Por su parte, la Torá representa la creación intelectual del judaísmo, enfocada en estudiar, entender e interpretar los textos sagrados. Por último, Israel es la historia de la cultura y la civilización del pueblo judío.

El concebir al judaísmo como un sistema monoteísta, una tradición literaria y una cultura histórica, nos presenta tres conceptos llenos de significado y abiertos a una gama muy amplia de interpretaciones, lo que provoca inevitablemente que algunos judíos enfaticen más un concepto que otro.

El concepto de Dios como el origen de la ética universal, es interpretado como la fuerza que mueve a las personas a actuar y que le da sentido a la vida de cada uno. Es lo que los impulsa a buscar el bien de la familia, de la comunidad, de la humanidad, de los desposeídos y los lleva a buscar un mundo mejor. Son aquellos que admiran lo maravilloso de la Creación. Es en el judaísmo reformista donde más se enfatiza este pilar.

Otros dedican sus esfuerzos a estudiar la Torá y a observar sus mandamientos, ya que consideran un privilegio el poderlo hacer. Aceptan que finalmente es difícil entender los caminos de Dios y lo único que queda es obedecer Su ley y las interpretaciones que de ella han hecho los sabios, sin cuestionar Sus motivos. Su espíritu se regocija al cumplir lo mejor posible Sus preceptos. Son los grupos ortodoxos los que dan mayor importancia a este segundo pilar.

Un tercer grupo llena su corazón de amor por el pueblo judío, por Israel. Admiran sus logros y aprenden de sus problemas y dificultades. Sufren con sus penurias y gozan con sus bendiciones. Cumplen sus anhelos trabajando por el bien de su pueblo y entienden que el judaísmo no es algo estático sino algo que ha evolucionado y seguirá evolucionando a lo largo de la historia. Es el movimiento conservador dentro del judaísmo, el que se apega más a este pilar.

Louis Jacobs nos dice: “los rabinos en el Talmud nos enseñan que así como no hay dos seres humanos con las mismas características físicas, también así las personas son diferentes en cuanto a lo que piensan y lo que sienten. Por eso no nos deben sorprender las diferencias y el énfasis que pone cada judío en su judaísmo. Cada persona, decía un sabio jasídico, debe descubrir su propio camino en el judaísmo y vivirlo con sinceridad”.

Puede uno inclinarse especialmente por uno de los pilares del judaísmo, pero lo que no se puede aceptar es que se excluya total o parcialmente a los otros dos. Un judaísmo sin Dios no es judaísmo, un judaísmo sin la Torá no es judaísmo, un judaísmo sin el Pueblo de Israel, no es judaísmo. Son los tres pilares juntos los que le dan valor a su estructura.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: The Book of Jewish Belief, de Louis Jacobs; God, Torah, and Israel, de Abraham Joshua Heschel y otras fuentes.

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110. La emancipación: un proceso de más de 100 años.

La emancipación fue reconocer que los judíos tenían iguales derechos que los demás ciudadanos de un país. Llegó primero a las comunidades judías de Europa occidental entre 1760 y 1860.

Antes de la emancipación, los derechos políticos, económicos, sociales y culturales de los judíos estaban muy limitados. Por principio, eran considerados extranjeros, inclusive aquellos nacidos en el país en cuestión. Vivían tolerados por las autoridades, pues no se les daba el derecho de residir donde quisieran, ya que dentro de un mismo país, muchas veces influidos por la opinión pública, había gobiernos locales que no permitían que los judíos vivieran en sus ciudades, como pasó en Holanda, donde los judíos no podían vivir en Utrecht, Gouda y Deventer. Aparte de restringir su residencia, las autoridades también les cobraban un impuesto especial para tener la protección del rey. En general los judíos solo podían trabajar en cuestiones financieras y en el comercio, donde eran los únicos agentes que tenían los contactos con el exterior para el intercambio comercial.

Socialmente, los judíos vivían en comunidades cerradas, donde los asuntos legales como matrimonios, divorcios, herencias y disputas entre particulares, eran manejados internamente y sancionados de acuerdo a los preceptos de la ley judía. La vida familiar, la educación y los servicios religiosos también se desarrollaban internamente. Los judíos vivían aislados y el contacto con no judíos era mínimo, resultado de convicciones y restricciones tanto propias como de sus vecinos.

La emancipación no se dio de golpe sino de forma paulatina. Hubo varios factores que ayudaron a que se diera. El primero fue la presencia de judíos en la corte. Eran judíos adinerados que lograron colocarse en puestos importantes. Muchos aprovecharon su posición para ayudar a sus comunidades, como el caso de Moisés Mendelsshon y los judíos de Dresden. La presencia de judíos en la corte también sirvió para que se aprobaran leyes que ayudaron a su emancipación.

Otro factor de cambio se dio en la organización de las comunidades judías. Hasta alrededor del año 1650, las comunidades gozaban de una cierta autonomía, ya que las autoridades sólo buscaban que los judíos se comportaran bien y que se cobraran los impuestos correspondientes. Pero surgieron nuevas reglas que implicaron mayor injerencia del gobierno en sus asuntos, como lo fue la disposición de llevar la contabilidad en alemán y poder revisarla, el nombrar autoridades comunitarias y el dar permisos para bodas, con el objeto de limitar su crecimiento.

El afectar la autonomía de la comunidad judía les ocasionó a las autoridades nuevos problemas. Y su única solución fue el darle a los judíos derechos ciudadanos. Las ideas racionalistas, la separación de la iglesia del estado y el hecho de que judíos empezaran a adoptar hábitos culturales del ambiente externo, fueron factores que también llevaron a lograr su emancipación.

Aunque los cristianos seguían evitando el contacto con judíos, pronto empezaron a cambiar de actitud, impulsados por el impacto que estos tenían en la economía. Algunos lo justificaban diciendo que era el camino para convertirlos al cristianismo. Pero finalmente la tolerancia religiosa y el aceptar sistemas e instituciones diferentes, pavimentaron el camino para emancipar a los judíos de Europa. Pero esto no se dio de golpe, tardó más de 100 años.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: Out of the Ghetto, de Jacob Katz.

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109. La mikveh: El spa espiritual.

La mikveh es una pequeña alberca que se llena con aguas recolectadas de origen natural, como el agua de lluvia, de un río o de un manantial. A estas aguas, que se les llama “otzar”, se les puede agregar agua limpia y templada. Según nuestros sabios, la mikveh es el edificio institucional más importante de una comunidad. Si los judíos de una ciudad necesitan construir una sinagoga y una mikveh, la ley judía establece que primero se debe construir la mikveh.

La Biblia, nos dice en Levítico 15:19-22, que una mujer debe mantenerse separada (nidah), por siete días, durante su período de menstruación, mientras que si alguien está en contacto con ella o con algún objeto de ella, debe purificarse ritualmente, sumergiéndose en aguas vivas (mayim hayim). Aunque otros rituales de purificación, cuya práctica estaba relacionada con el Templo de Jerusalem, fueron cancelados por los rabinos después de la destrucción del Bet Hamikdash, la práctica de Nidah se ha mantenido hasta nuestros días, con la variación de que ahora es la mujer misma, la que debe sumergirse en la mikveh.

Durante el período del Segundo Templo, del año 100 AEC al año 70 EC, la población judía en Eretz Israel practicaba el ritual de purificación, sumergiéndose en mikvaot (plural de mikveh). Muchas se han encontrado en excavaciones arqueológicas que datan de ese período. Sin embargo, no se tiene constancia de que en períodos anteriores, se realizara esta práctica. El término mikveh se usó en sentido general en la Biblia para referirse a un cuerpo de agua de tamaño indeterminado, a aguas provenientes de un manantial o a una reserva de agua en Jerusalem. Pero en ningún caso se menciona el que se hayan usado para rituales de purificación.

Todas las reglas relacionadas con la mikveh fueron definidas por los rabinos en la Mishnah, en un tratado especial llamado “Mikvaot”. Es interesante mencionar que este tratado no fue comentado por nuestros sabios ni en el Talmud Jerusalmi ni en el Babli.

En la actualidad la mikveh está destinada primordialmente para uso de las mujeres, que van a la mikveh antes de casarse, después de su período de Nidah y después de haber tenido un hijo. También es obligatorio su uso por aquellas personas que se están convirtiendo al judaísmo. Algunos grupos muy religiosos acostumbran sumergirse en la mikveh en la víspera del Shabat y de las fiestas, especialmente Yom Kipur. También se utiliza la mikveh para sumergir utensilios de cocina que fueron comprados a gente no judía. (Números 31: 22-23).

Actualmente la ceremonia de Tevilah (inmersión) de una futura novia, de haber sido una ceremonia donde solo asistía la novia acompañada de su mamá y a veces de la suegra, se ha convertido en todo un evento social, donde la novia recibe regalos de los asistentes, especialmente de su suegra. Por lo mismo, el espacio arquitectónico de la mikveh cada vez parece más un spa. Pero no hay que olvidar que el propósito de sumergirse en ella, no es con el objeto de limpiarse físicamente sino espiritualmente. Puede ser un spa, pero un spa para el espíritu.

Por Marcos Gojman.
Bibliogrfía: Encyclopaedia Judaica, Jewish Standard Encyclopedia y otras fuentes.

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108. La Emancipación: de Virginia a Ancona.

La Declaración de Derechos del Estado de Virginia (Estados Unidos) es un documento que fue redactado en 1776 y que proclamaba los derechos inherentes del hombre. Su contenido no sólo influyó la Declaración de Independencia de Estados Unidos y su Carta de los Derechos (1789) sino también la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, promulgados por la Asamblea Nacional de Francia en 1789. Su importancia estriba en que fue la primera vez que se protegían los derechos individuales dentro de un marco constitucional, lo que los convertía en un precepto universal con carácter de ley.

La Asamblea francesa declaró en el artículo X de la Declaración de los Derechos del Hombre: “Nadie debe ser molestado por sus creencias o su religión, ni acosado al ejercer su forma de culto, previendo que las formas de culto no alteren el orden público como lo establece la ley”. Además, el 28 de septiembre de 1791, la Asamblea decretó que todos los judíos de Francia tenían los mismos derechos que todos los ciudadanos activos. Los judíos franceses habían sido emancipados.

La emancipación es el reconocimiento de una sociedad de que los judíos tienen los mismos derechos que todos los demás ciudadanos de un país. La revolución francesa se los había otorgado, pero fue Napoleón quien los hizo una realidad. En sus campañas militares, el ejército francés llevaba los principios de la revolución francesa, al tiempo que abría las puertas del gueto.

Michael Goldfarb, en su libro “Emancipation”, nos cuenta: “En Ancona, había una comunidad judía de buen tamaño. Los hombres eran obligados a usar una insignia amarilla en sus sombreros, para distinguirlos aún más de sus vecinos. Para finales de febrero de 1797, las tropas de Napoleón habían tomado la ciudad. Un pelotón compuesto en su mayoría por soldados judíos, fue enviado a la Via Astagna y se pusieron a trabajar en la demolición de las puertas del gueto. Cuando las puertas ya no estaban más, marcharon por las calles vacías. Lentamente la gente empezó a salir y a observar a los soldados. Un soldado gritó en hebreo a uno de los curiosos, “Ven para acá”. Un suspiro de sorpresa se dejó sentir entre el grupo de gente que crecía. “¿Eres judío?” “Si”.

¿Soldados judíos portando el uniforme de Francia, un país cristiano? Sí, una de las obligaciones de un “ciudadano activo” de un país es el servicio militar. Hubo más conversación en hebreo, cuando de repente, un soldado desprendió la insignia amarilla del sombrero de uno de los habitantes del gueto, se quitó su listón revolucionario rojo, blanco y azul y se lo puso donde antes estuvo la insignia. Otro soldado repitió el mismo gesto y luego otro más. Los judíos de Ancona habían sido emancipados. “

Napoleón no sólo abrió las puertas del gueto de Ancona. También lo hizo en Turín, Milán, Roma y Venecia. Las ideas de Virginia habían llegado hasta Ancona.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: Emancipation de Michael Goldfarb, the Jewish Religion de Louis Jacobs y otras fuentes.

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107. El reto de Moisés ben Mendel.

Moisés ben Mendel nació en 1729 en Dessau, Alemania. Su infancia en el ghetto fue la misma que la de muchos jóvenes de escasos recursos, dedicados al estudio del Talmud, con la esperanza de convertirse en rabino, tal como fueron algunos de sus antepasados. Estudiaba en hebreo y en la casa hablaba en yiddish. En 1743, su maestro, el rabino David Frankel, fue nombrado rabino principal de Berlín y Moisés decidió seguirlo a esa ciudad.

Con la ayuda de su maestro, Moisés pudo quedarse en Berlín. Después de algunos años de vivir en la pobreza y dedicado al estudio, finalmente consiguió ser el tutor de los hijos de Isaac Bernhard, un acaudalado fabricante de telas de seda. Esto le permitió comer de forma regular y lo más importante, el poder desarrollar nuevos círculos de amistades fuera de la comunidad judía. En cinco años, Moisés ben Mendel había aprendido alemán, francés, griego y latín. Al romper la barrera del lenguaje, también había roto la mentalidad del ghetto.

Empezó a escribir sobre filosofía y pronto destacó en los círculos intelectuales de Berlín. Fue entonces cuando cambió su nombre a Moisés Mendelssohn. En ese tiempo participó en un certamen filosófico organizado por la Academia Real de Berlín, donde ganó el primer lugar. En el segundo lugar había quedado Immanuel Kant.

Cualquiera que llegase a Berlín, el reunirse con Mendelssohn era un requisito indispensable para ser aceptado en los círculos intelectuales. Uno de esos recién llegados fue Johann Kaspar Lavater, un suizo de habla alemana. En 1769, Lavater tradujo al alemán el libro “Palingenesis”, de Charles Bonnet. Lavater dedicó su traducción a Mendelssohn, pero más que una dedicatoria, fue un reto. Le pedía a Mendelssohn que leyera el libro y que refutara públicamente los argumentos del autor, que básicamente sostenía que el cristianismo era la única religión válida, y si no lo podía refutar, que hiciera lo que debería ser lo correcto, convertirse al cristianismo.

Para Mendelssohn el reto fue un acontecimiento terrible. Rompía uno de los paradigmas de su vida. Para él, la manera que cada persona se acerca a Dios era un asunto privado y que además implicaba el respeto por la religión del otro. Ahora estaba expuesto a los ojos y comentarios de todos. Mendelssohn le contestó: “Llega un momento en la vida de una persona cuando tiene que decidir sobre algunos temas fundamentales. Esto me pasó a mí hace algunos años en relación a la religión. He leído, he comparado, he reflexionado y he tomado una decisión: no hay nada que me haga cambiar mi creencia en el judaísmo. Tengo amigos extraordinarios que no profesan mi fe y en ningún momento los he oído decir que es una lástima que mi alma se vaya a perder por no pertenecer a su iglesia.” Sin ofender a los cristianos, Mendelssohn fue fiel a sus convicciones.

Mendelssohn no solo enfrentó con sabiduría el reto de Lavater, sino también el reto mayor de salir del ghetto e integrarse a la sociedad civil y lo hizo sin perder para nada sus raíces judías.

Preparado por Marcos Gojman .
Bibliografía: Emancipation de Michael Goldfarb, Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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106. La oposición a los jasidim: El Gaon de Vilna y los mitnagdim.

Al tiempo que el jasidismo se extendía por Europa oriental, sus seguidores se encontraron con un movimiento opositor muy fuerte de parte de la mayoría de los rabinos más tradicionales. Se les llamaba los mitnagdim (contrarios). El líder de los mitnagdim era sin duda Rabi Elijah ben Shlomo Zalman, conocido como el Gaon de Vilna (1720-1797), un brillante erudito. Escribió alrededor de 70 obras sobre diferentes temas tanto religiosos como seculares. Nacido en Vilna, la capital de Lituania, el Gaon demostró tener un extraordinario talento desde la infancia. A los veinte años, los rabinos lo consultaban para resolver problemas halájicos de gran dificultad. Aunque él no lo pudo hacer, logró que un grupo de sus alumnos hicieran “aliyah” y se establecieran en la Tierra de Israel.

Cuando el jasidismo llegó a Vilna, el Gaon, junto con otros rabinos, lo enfrentaron promulgando un decreto de excomunión, “jerem”, en contra de los jasidim (1777). La amargura y la animosidad se daban profundamente en los dos campos. Cada grupo asistía a su propia sinagoga, tenía sus propios maestros y por lo general sólo se casaban entre ellos.

Al Gaon le preocupaba que la parte kabalista del jasidismo, provocara el advenimiento de otro falso mesías como Shabetai Zvi. También le molestaba el concepto jasídico de que Dios está en todo, con lo que todo era igualmente sagrado. Consideraba como idolatría, la exagerada veneración al Rebe o al Tzadik. Y le preocupaba el que no se dedicaran al estudio profundo de la Torá. El jasidismo estaba integrado mayormente por judíos poco educados y temía que la erudición fuera reemplazada por el baile y el canto. Una religión que para él era la síntesis del corazón y la mente, podría convertirse en puro corazón sin nada de mente.

Estas diferencias duraron más de 30 años. Visto con una perspectiva histórica, la batalla contra los jasidim fue un completo fracaso. No sólo no desapareció el jasidismo, sino que se extendió aún más por Europa. El rabino Jaim de Volozhin, el discípulo más destacado del Gaon, admitió finalmente que los jasidim no eran herejes y que las diferencias eran en lo conceptual y en la forma de educar. El mismo Rab Jaim fundó la Yeshiva de Volozhin en su pueblo natal, misma que revolucionó la manera de estudiar la Torá. Se alejó de la forma informal tradicional de estudiar, creando un sistema estructurado de aprendizaje, con maestros bien preparados. Lo que empezó como movimientos encontrados, terminó compartiendo los mismos valores.

Por: Marcos Gojman.
Bibliografía: The Jewish Encyclopedia y otras fuentes.

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105. Los jasidim, una nueva forma de entender y practicar el judaísmo.

En el siglo XVIII, los judíos de Europa oriental, principalmente en Polonia, Lituania, Ucrania y otras áreas circunvecinas, se encontraban en un estado de enorme depresión como resultado de las masacres del cosaco Bohdan Jmielnicki, la persecución de la Iglesia, el desencanto con los falsos mesías como Shabetai Zvi y el trato negativo que recibían de la oligarquía que presidía la comunidad, integrada por los rabinos, los estudiosos y los ricos.

Como respuesta a esto, surgieron grupos, especialmente entre los artesanos, que se separaron de las Kehilot dominadas por los rabinos y constituyeron comunidades con sus propias sinagogas y nuevas formas de prácticas religiosas, como la meditación y las melodías sin texto, nigunim, para rezar. También surgieron predicadores que iban de pueblo en pueblo, que no enseñaban Torá o Talmud, sino una especie de Kabalah popular, utilizando relatos jasídicos, para transmitir con historias simples mensajes profundos.

Uno de ellos fue Israel ben Eliezer, el Baal Shem Tov (Besht) el “Señor del Buen Nombre” (1698-1760), quien pronto atrajo a esas masas de judíos poco instruidas. Él sostenía que todos los hombres eran iguales ante Dios, tanto los ignorantes como los grandes estudiosos, que la pureza del corazón era más importante que el estudio y que la devoción al rezar y cumplir las mitzvoth era más importante que las prácticas formales y frías. Decía que la Energía Divina estaba en todo.

El “Besht” debe haber sido un personaje muy carismático, porque logró unir a los grupos que se oponían a los rabinos e integrarlos en el movimiento que ahora conocemos como Jasidismo. El profesor Abraham Rubinstein lo llamó: “la primera gran revolución en el judaísmo desde la época del Segundo Templo”. El Besht no escribió ningún libro y lo que conocemos de él se lo debemos a sus discípulos, que pusieron por escrito sus enseñanzas, a pesar de la oposición del maestro. A su muerte, su alumno Dov Ber de Mezhirich, sistematizó sus enseñanzas jasídicas, alineándolas con la mística del gran kabalista Isaac Luria y atrayendo una gran cantidad de adeptos.

Los discípulos del Besht se diseminaron por las comunidades judías de la Europa Oriental y establecieron grupos jasídicos que eran dirigidos por un “Tzadik”, el líder espiritual. Los integrantes de estos grupos seguían fielmente a su Tzadik. A la muerte del Tzadik, normalmente era el hijo el que lo sucedía, dando lugar así a las grandes dinastías jasídicas, las que existen hasta nuestros días, como los Satmer, Jabad Lubavich, Gur, Beltz y otros más.

Los rabinos y los líderes respondieron formando un movimiento opositor, los Mitnagdim, contrario a las ideas y las prácticas de los jasidim. Por mucho tiempo ambas corrientes convivieron simultáneamente en los mismos lugares, cada uno practicando su propio estilo de judaísmo. El jasidismo se había consolidado como una nueva forma de entender y
practicar el judaísmo.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: “Yiddish Civilisation” de Paul Kriwaczek, “The Jewish Religion” de Louis Jacobs, The New Standard Jewish Encyclopedia y otras fuentes.

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104. Polonia, el cuarto gran centro del judaísmo.

La historia de los judíos en Polonia se remonta a más de un milenio. Por siglos, Polonia fue la sede de la más grande y significativa comunidad judía del mundo. Polonia fue el centro de la cultura judía, gracias a un largo período de tolerancia religiosa y autonomía social. Desde su fundación en 1025 hasta los años de la mancomunidad polaco-lituana, en el siglo XVI, Polonia era el país más tolerante de Europa. Se había convertido en un refugio para los judíos perseguidos y expulsados de Europa. A mediados del siglo XVI, tres cuartas partes de los judíos del mundo vivían en Polonia.

La primera gran emigración de judíos de Europa occidental ocurrió en la época de la primera cruzada en 1098. En el siglo XIII el gobierno polaco propició la inmigración judía para colonizar el país. Llegaron inmigrantes de Bohemia-Moravia, Alemania, Italia, España y hasta de Crimea. Los refugiados de Alemania trajeron un dialecto mezcla de alemán y hebreo que eventualmente se convirtió en el Yiddish, lengua que por siglos hablaron los judíos polacos.

Un factor que fomentó la llegada de inmigrantes judíos a Polonia fue una serie de edictos, como la ley Magdeburg, que les otorgaba ciertos derechos y privilegios. Por ejemplo, podían definir sus propios barrios, marcar su competencia económica y hasta establecer monopolios. Otro fue el Estatuto de Kalisz, que les daba a los judíos libertad de culto, comercio y movimiento. En 1332 el rey Casimiro II el grande, amplió aún más el estatuto. Entre otras cosas, estableció la pena de muerte para aquellos que secuestraran niños judíos con el objeto de convertirlos al cristianismo.

En 1388-89, Lituania se fusionó al reino polaco, extendiendo los mismos privilegios a los judíos lituanos. En 1492, a raíz de la expulsión de los judíos de España, Polonia se convirtió en el refugio para los exiliados de la Europa occidental. Este flujo de nuevos inmigrantes aunado a la población judía local, convirtieron a Polonia en el centro cultural y espiritual del pueblo judío. Se considera el período del rey Zygmunt I (1506-1548), como el período más próspero del judaísmo polaco. Una gran cantidad de grandes figuras intelectuales surgieron al final del siglo XVI y principios del XVII. Academias judías se establecieron en muchas ciudades polacas como Lublin y Cracovia. Aunque antes no, para 1551 la comunidad judía podía escoger su propio rabino principal. Este podía designar a funcionarios y jueces. Después de la fusión de Polonia con Lituania, Polonia anexo Ucrania y muchos judíos fueron enviados a colonizar los nuevos territorios.

Los judíos llegaron a ser la columna vertebral de la economía polaca. Formaron la clase media en un país donde la población general estaba mayormente compuesta de terratenientes y campesinos. Del siglo XVI al XVII los judíos gozaron de una forma de auto gobierno, el Consejo de las Cuatro Tierras, “Vaad Arva Artzot”, una especie de parlamento judío. Sus decretos reflejaban el espíritu de la Torá y sus valores. Después de la Tierra de Israel, Babilonia y España, Polonia se había convertido en el cuarto gran centro del judaísmo mundial.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Jewish Encyclopedia, Encyclopedia Judaica y otras fuentes.

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