128. Si no sabes, mejor pregunta.

Desde la época de la Mishnah (siglo II, EC), cuando algún judío tenía una duda o un problema importante, ya sea religioso o de cualquier otra índole, éste solía escribirle a un rabino de su elección quien a su vez le respondía por escrito, basando su respuesta en citas tomadas de la Biblia, el Talmud, comentarios de los sabios o códigos de leyes judías. A estas preguntas y respuestas se les llama “Responsas”. Hoy en día se conocen más de 9,000 volúmenes con más de 300,000 responsas. No se conocen responsas de épocas anteriores a la Mishnah, ya que era costumbre en esos tiempos no poner por escrito comentarios sobre los mandamientos de la Torá.

Esencialmente las responsas se referían a problemas surgidos de nuevas condiciones, para las cuales no se podía encontrar una respuesta directa en el Talmud, la autoridad final en ley judía. Para contestarlas, los rabinos cuestionados trataban de descubrir analogías en el Talmud o en códigos legales y de vez en cuando hasta en las mismas respuestas de otras responsas.

Los rabinos que contestaban las preguntas no habían sido nombrados por algún organismo oficial. Se consideraba que estaban calificados para responder, simplemente cuando sus colegas los consideraban una autoridad confiable. Obviamente muchos de los temas ocasionaron debates entre los mismos rabinos.

En las yeshivot había un procedimiento para contestar las preguntas. Primero se leían y se discutían en el pleno de la yeshivah y al concluir el debate, el escribano ponía por escrito lo que el director de la yeshiva le dictaba y la firmaban sus miembros más antiguos. Las preguntas urgentes las decidía directamente el jefe de la yeshiva.
Como el judaísmo no tiene una estructura jerárquica, pues no tiene una autoridad suprema reconocida por todos, en el mundo ortodoxo una responsa tiene más o menos peso dependiendo del prestigio del rabino que la escribe. El judaísmo conservador sí tiene un comité especial que se dedica a estudiar estos problemas y a definir una postura unificada mediante un edicto o takanah.

Las responsas indirectamente nos dan un retrato de lo que era el judaísmo en cada época y los problemas que les preocupaba. En la antigüedad no solo eran preguntas de carácter religioso, sino también cuestiones médicas y científicas. En el siglo XV se preguntaban si un get, acta de divorcio, tenía la misma validez impreso que escrito a mano. En el siglo XIX las dudas estaban relacionadas a la ley civil y a asuntos financieros. En el siglo XX las preguntas eran sobre el Sionismo, el Estado de Israel y cuestiones derivadas de las nuevas tecnologías como el encender una luz eléctrica en shabat. En este siglo XXI las dudas son sobre trasplantes de órganos, inseminación artificial, etc.

Las responsas es el mecanismo que le permite al judaísmo actualizarse, dando respuestas a las nuevas situaciones. Esto lo mantiene joven. Así que si no sabes, es muy bueno que preguntes.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Artículos de Jay M. Harris, Rabbi Louis Jacobs y otras fuentes.

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127. La Torá tiene setenta caras.

Está escrito en Midrash Tanhuma (ed. Buber, Nitzavim, pp.48-49): “Si uno toma un haz de varas, acaso vas a poder romperlas todas de un golpe? Pero si las tomas una por una, hasta un niño pequeño las puede romper. De la misma forma encontrarás que Israel no va a ser redimido hasta que se convierta en un solo haz.” Isaac Abravanel decía: “Todo lo bueno de Israel y su misma sobrevivencia depende de que estén juntos y unidos.”

Hay muchos ejemplos en la Biblia de calamidades que le han ocurrido al pueblo judío y que se han atribuido a la falta de unidad. Por ejemplo, la historia de José y sus hermanos, la de las diez tribus del reino de Israel que se perdieron y hasta la destrucción del Segundo Templo, donde el Talmud (Yoma 9b) lo atribuye al pecado de “sinat hinam”, odio sin sentido.

Es claro que la tradición judía lo que busca es la unidad en el pueblo judío. Y uno podría concluir fácilmente que la mejor manera de lograr la unidad es con la uniformidad. Si todos pensamos y actuamos igual entonces estaremos unidos. Pero nuestros sabios enseñaron que la pluralidad es esencial al estudiar la Torá, en las relaciones con otras personas y en la misma Ley Judía.

Nuestros sabios dicen que “la Torá tiene setenta caras” (Bemidbar Rabbah 13:15-16) y “así como el martillo rompe la piedra en pedazos, así un versículo de la Biblia puede tener muchas explicaciones” (Sanhedrín 34ª.) De igual manera la casa de Rabi Yannai decía: “Aquel que aprende Torá de un solo rabino, nunca va a ver una señal de bendiciones” (Avodah Zarah 34ª.).

Por ejemplo: ¿Qué tipo de árbol era el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal que estaba en el paraíso? La gente se imagina que era un árbol de manzanas, pero los rabinos ofrecieron otras interpretaciones. Rabi Yose decía que era una higuera, pues después de haber comido de su fruta, Adam y Eva se cubrieron con hojas de una higuera. Rabi Judah bar Ilai decía que comieron uvas, Rabi Meir decía que era trigo y Rabi Abba decía que era un árbol de etrog.
El tratado Berajot (58a.) del Talmud dice: “Nuestros rabinos enseñaron: si uno ve una multitud de judíos, dice: Bendito aquel que descifra secretos, porque la mente de cada uno es diferente a la del otro y la cara de cada uno es diferente a la del otro”.

Después de la desaparición en el año 425 EC del Sanhedrin, la asamblea de rabinos que tomaba las decisiones halajicas, ya no hubo nunca más un grupo de sabios que aprobaran algo por mayoría de votos, por lo que la Ley Judía se volvió más plural. Rabí Isaac Abraham Kook, el gran rabino de Eretz Israel decía: “La multiplicidad de opiniones, que se originan de la variedad de almas y educaciones, esa es la verdadera cosa que enriquece la sabiduría y la hace que se expanda”. Los sabios dicen que la Torá tiene setenta caras, pero yo creo que tiene más, una cara por cada judío.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Artículos de David Golinkin, Allen S. Maller y Elliot Dorff

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126. El movimiento se demuestra andando: “Naase venishmah, primero hacer y después escuchar”.

Se dice que el judaísmo es más una religión de acciones que de intenciones. Esta afirmación refleja la centralidad de las mitzvoth en la vida judía y lo resume la Torá en una frase: “Naase venishmah”. Éxodo 24:7 relata que el pueblo de Israel, al pie del Monte Sinai y después de que Moisés les leyó las palabras que Dios le había dictado, contestaron: “haremos y escucharemos”.

A los 613 mandamientos que están en la Torá se les llama “mitzvoth d´oraita” y son la base de la Halajá, la rama de la literatura rabínica que define las reglas de cómo conducirse tanto ética como religiosamente en el judaísmo. Los podemos clasificar de varias maneras. Por ejemplo, tenemos mandamientos positivos y negativos, como el ayudar a los pobres o el no trabajar en shabat, respectivamente. También se pueden agrupar en mandamientos que son entre Dios y el hombre, como el de amarás a Dios y los que son entre el hombre y su prójimo, como el de amarás a tu prójimo como a ti mismo. Tenemos mandamientos que llamamos mishpatim, que son los que podemos entender racionalmente, como el no matarás o no robarás y los llamados jukim, que no tienen una explicación clara, como el usar tzitzit. También hay mitzvoth que están ligadas al tiempo, como la celebración del shabat y otras que no, como la de honrar a tus padres.

Además los rabinos dividieron las mitzvoth d´oraita en tres tipos: primero, las que vienen de un versículo de significado directo, como la prohibición de no comer cerdo; segundo, las que vienen de un versículo que interpretaron los rabinos, como la prohibición de cocinar al cabrito en la leche de su madre, de donde derivaron la regla de separar la carne de la leche y el tercero, al que llaman “Halaja le Moshe mi Sinai”, halajá de Moisés en el Sinai, que son un grupo de mitzvoth que los rabinos sostienen que se originaron en la época de la Torá, pero que no están escritas en ella.

Aparte de las mitzvoth que se originaron en la Torá, hay mandamientos cuyo origen es el Talmud y se desprenden de los comentarios de los rabinos. A estos se les llama “mitzvoth d´rabanan”, los mandamientos de los rabinos y son por ejemplo: lavarse las manos antes de comer, prender velas en Shabat y en Janucá, leer la Meguila de Esther en Purim, o decir una “braja” antes de experimentar un placer material, como comer. Y finalmente, otro tipo de mandamientos son las “takanot”, edictos rabínicos, como el prohibir la poligamia, mismos que se dan hasta hoy en día.

George Robinson nos dice: “Las raíces de la Halajá están en la Torá, pero las ramas de este árbol frondoso se extienden desde el período Talmúdico, pasando por la Edad Media, hasta llegar a los titulares de los periódicos del día de hoy.” Aun así, la pregunta queda: ¿Cómo es que «Naasé» precede a «Nishmá»? ¿Cómo pudo Israel aceptar la Torá sin conocer qué es lo que estaban aceptando? Quizá porque sabían que el movimiento, el hacer, había que demostrarlo andando.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Essential Judaism de George Robinson, artículo de Rabbi Jill Jacobs y otras fuentes.

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125. Hatam Sofer: “Lo nuevo está prohibido por la Torá”

“Hejadash asur min haTorá, bjol makom” quiere decir: “Lo nuevo está prohibido por la Torá en todos los lugares”. Esta regla, que se encuentra en mishnayot Masejet Orlah (3:9), se refiere al “nuevo” grano que fue cosechado de plantas que echaron raíces después del 16 de Nissan, el 2º día de Pesaj y que se pueden comer hasta un año después. Uno de los grandes rabinos del siglo XIX, el Hatam Sofer, jugó con las palabras de esta regla de la Mishnah para expresar su oposición a la Ilustración judía y a los movimientos reformistas. En lugar de traducir “jadash” como “grano nuevo”, optó por darle el significado de “innovación”. Así, el Hatam Sofer declaró categóricamente que “la innovación estaba prohibida por la Torá”, que las reglas y los principios del judaísmo nunca antes habían cambiado y que jamás cambiarán en el futuro. Su lema de «hadash asur min haTorá” se convirtió en el grito de guerra de aquellos judíos que se oponían a lo moderno y lo innovador.

El Hatam Sofer (1762-1839), cuyo nombre era Moisés Schreiber, nació en Frankfurt y murió en Presburgo. A los 19 años salió de su ciudad natal siguiendo a su maestro Nathan Adler. En 1806, Sofer fue nombrado rabino de Presburgo, donde permaneció por el resto de su vida. Obtuvo el puesto por su gran reputación, adquirida por su erudición y su gran capacidad de liderazgo.

Durante los 33 años que duró en el puesto, Sofer fundó su famosa Yeshivah y la hizo el centro de su lucha en contra del movimiento reformista. Sus grandes cualidades le permitieron convertirse en la autoridad religiosa tradicional más importante del momento. Escribió 1200 responsas que se publicaron después de su muerte en seis tomos. Desde entonces y hasta nuestros días, su obra se volvió fundamental en las decisiones halájicas. Se le considera el padre del judaísmo ortodoxo.

Declaró una guerra total en contra de la modernidad. Logró que sus mejores alumnos fueran nombrados para ocupar puestos rabínicos importantes y en general fortaleció el estatus del rabinato ortodoxo. Formó un frente común con los hasidim y se ganó la confianza del gobierno hacia el judaísmo ortodoxo. Utilizó métodos propagandísticos e inclusive demagógicos para conseguir sus objetivos. Sus acciones aumentaron la división y crearon una brecha irreparable entre los ortodoxos y los no ortodoxos, especialmente en el centro de Europa.

Aunque se dio cuenta de las consecuencias que iba a traer esa división, aun así adoptó esa política. Estaba convencido que la forma de vivir de antaño era superior a la de su época. Se opuso a integrar materias seculares en su Yeshivah, aunque permitió el estudio de aquellas necesarias para aprender un oficio. Se desligó de la lucha por la emancipación, pues el hecho de buscar la igualdad con los no judíos, para él implicaba el estar insatisfecho con la vida tradicional. Logró la completa aceptación del Shuljan Aruj como la doctrina fundamental de la ortodoxia. Se convirtió en el líder indiscutido de los rabinos ortodoxos de Europa. Lo irónico es que el Hatam Sofer, con sus propias responsas, él mismo innovó en la forma de practicar el judaísmo ortodoxo. Él violó su propia regla.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Artículos de Michael K. Silber, Danny Geretz, Encyclopaedia Judaica y otros.

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124. Zejariah Frankel: Abraham Avinu no tenía tefilin.

Zejariah Frankel nació en Praga en 1801. Recibió una educación religiosa y secular en su juventud y se graduó de doctor en lenguas clásicas en la universidad de Budapest, para finalmente ordenarse como rabino. Ejerció el rabinato en varias comunidades alemanas hasta que fue electo presidente del Seminario Teológico Judío de Breslau. Fue el primer rabino en Bohemia que tenía una educación moderna. En 1845 se separó de la conferencia de rabinos reformistas que sesionaba en Frankfurt, porque habían declarado que el hebreo no era necesario en los rezos públicos.

La Escuela de Breslau, nombre que le daban a Frankel y su grupo, abogaba por tener toda la libertad para investigar y estudiar los orígenes de las creencias y las instituciones del judaísmo, sin que eso implicara el modificar la observancia estricta de sus preceptos. Él acuñó el término “Judaísmo Positivo Histórico”, donde el aspecto positivo era la forma de estudiar el judaísmo con el método científico, lo más objetivo y desapasionado posible y lo histórico porque reconocía que el judaísmo tenía su historia y que no había sido simplemente recibido del cielo listo para usarse.

Frankel decía que si queremos entender el judaísmo de una manera correcta, tenemos que estudiar su historia. Al leer un texto judío debemos preguntarnos quien lo escribió, cuando, para quien, porque lo escribió, etc. Más aun, al hacerlo, debemos utilizar las herramientas que usan los historiadores, incluyendo textos de otros grupos étnicos, descubrimientos arqueológicos y estudios lingüísticos. También tenemos que distinguir entre lo que el autor quiso decir (Peshat en hebreo) y el significado que adquirió posteriormente con el tiempo (Derash o midrash en hebreo).

Al estudiar el judaísmo de esa manera descubres que ha sido un fenómeno histórico, influido y modificado por las condiciones políticas, sociales, económicas y culturales bajo las cuales vivían los judíos y por el contacto con otros pueblos. En otras palabras, el judaísmo no ha sido el mismo durante todos los años de su existencia. Esto no quiere decir que el judaísmo haya cambiado tanto que no haya ninguna conexión entre nuestro judaísmo actual y el de Moshe Rabeinu. Lo que ha pasado es que el judaísmo ha evolucionado de una manera orgánica a través de los años.

No solo eso, el judaísmo va a seguir cambiando. El mundo no se está quieto y los organismos vivos deben aprender a vivir bajo nuevas circunstancias, si quieren sobrevivir. Pero esto no justificaba, decía Frankel, el introducir cambios artificiales que no concordaban con el verdadero espíritu del judaísmo, como lo hicieron los reformistas al cambiar radicalmente tradiciones sagradas para el pueblo judío. Tampoco coincidía con la postura ortodoxa de Samson Raphael Hirsch, que se oponía al método histórico positivo. Frankel decía que los tefilim eran de color negro no por un mandamiento recibido en Sinai, como lo afirmaba Hirsch, sino porque pintarlos de negro era una costumbre muy antigua que los judíos habían conservado a lo largo del tiempo. Además los tefilim sólo se usan desde hace poco más de 20 siglos. Es más, Abraham Avinu ni siquiera tenía tefilin.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Artículos de Louis Jacobs, Elliot N. Dorf y otras fuentes.

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123. Samson Raphael Hirsch: lo ortodoxo también puede ser moderno.

Como reacción al judaísmo reformista, un grupo de judíos alemanes tradicionalistas iniciaron un movimiento que buscaba el balance entre la observancia estricta de la halaja y la modernidad. Ellos aceptaban algunos de los nuevos valores de la modernidad, pero querían preservar la interpretación clásica de la ley y la tradición judía.

La figura más destacada de este grupo fue Samson Raphael Hirsch (1808-1888), un rabino alemán nacido en Hamburgo, quien estudió los textos sagrados con su padre y con su abuelo Mendel Frankfurter, fundador del Talmud Torá de esa ciudad. Hirsch, desde 1851 hasta su muerte, fue el líder espiritual de una comunidad observante de la ciudad de Frankfurt, misma que se había separado de la corriente reformista que imperaba en la mayoría de los hogares judíos del lugar.

El utilizó la frase “Torá im Derej Eretz”, la Torá con los caminos de la tierra, una metáfora que significa la plena participación en la cultura secular occidental al mismo tiempo que se mantiene una completa adhesión a la Ley Judía. Él pensaba en un “Israel-Mentch”, un judío completamente observante e ilustrado a la vez. El creía que algunas costumbres no halájicas podían cambiarse, pero la esencia de la Ley Judía era intocable. Su comunidad se convirtió en el modelo de una comunidad estrictamente apegada a la halaja, al mismo tiempo que era “moderna”.

Hirsch tomó parte activa en la revolución de 1848 para obtener la emancipación de los judíos de Moravia y de Austria. Fundó tres escuelas, una primaria, una secundaria y una preparatoria para niñas. En ellas se enseñaba hebreo, materias judaicas, alemán, matemáticas, ciencias naturales y geografía. El rechazaba los cambios que afectaban los principios de la fe judía. Según él, los judíos no necesitaban “progresar” como decían los reformistas, sino “elevar” los ideales eternos del judaísmo y no “bajarlos” para adaptarlos a los que buscaban una vida más confortable. Aun así, introdujo cambios en la liturgia, como el incluir un coro con un director profesional y el dar dos veces al mes sus prédicas en alemán. Defendió al hebreo como la única lengua para los rezos.

Trató de no marcar una división con los reformistas hasta que ellos, en un sínodo de rabinos en 1844, anularon las reglas dietéticas y de matrimonio. De ahí en adelante buscó la separación, en la práctica y en lo legal, de la ortodoxia y la reforma. Se opuso también a la filosofía del desarrollo histórico del judaísmo que proponían Zejaria Frankel y H. Graetz. Creó la “Libre sociedad para el avance de los intereses del judaísmo ortodoxo”. Se oponía a la idea reformista de considerar al judaísmo como una secta religiosa ya que para él era un pueblo y el amor a Sion era fundamental.

El término “ortodoxo” se aplica a los movimientos tradicionales judíos que conscientemente se opusieron a la modernización del judaísmo como resultado de la emancipación y la ilustración europea. Ortodoxo significa el que sigue fielmente los principios de una doctrina. Pero el ortodoxo moderno, el movimiento que encabezó Samson Raphael Hirsch logró combinar ambas posturas.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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122. ¿Qué tan kosher es tu negocio?

Algo interesante que podemos aprender de los efectos que la emancipación tuvo en el pueblo judío, fue la cantidad de respuestas que la mente judía ideó para encarar el problema. Una de esas respuestas fue el movimiento Musar, que quiere decir “conducta moral con disciplina”.

El movimiento Musar buscó el desarrollo de una conducta ética basada en los valores de la Torá. Fue fundado en Lituania por Rabi Israel Salanter (1810-1883), quien enseñaba que la conducta ética basada en los mandamientos de la Torá, era uno de los objetivos fundamentales del pueblo judío. Su trabajo se concentró especialmente en enseñar ética judía en los negocios. Decía que así como verificamos que un alimento sea kosher, del mismo modo uno debe verificar con igual cuidado que el dinero que uno gana haya sido de manera kosher, o sea éticamente.

El Rabino Isaiah Horowitz nos dice en “Shaar Haotiyot”: “La mezuzah que hemos colocado en el marco de la entrada de nuestra casa, está conectada a las cosas que metemos y sacamos de nuestros hogares. Reunimos en nuestra casa la riqueza que Dios nos ha conferido y ésta debe haberse obtenido con honestidad y buena fe, como corresponde a una casa donde la ley de Dios está inscrita en su entrada. Ese es el secreto para conducir nuestros negocios éticamente. En otras palabras, lo que uno trae a la casa, el sustento que uno gana, debe conseguirse de forma ética y lo que sacamos, en lo que gastamos nuestro dinero, también debe ser de forma ética.”

La palabra “kosher o kashrut” viene de la raíz hebrea “kaf-shin-reish” que significa propio, permitido o correcto. En la Torá hay más de 100 mandamientos relacionados con la kashrut de nuestro dinero, muchos más que los relacionados con la kashrut de la comida.

Por ejemplo, nuestros sabios nos enseñan que el octavo mandamiento, “no robarás”, no sólo se refiere al acto de robarle un bien material a alguien, sino que extienden su significado a la prohibición de actuar falsa o fraudulentamente en asuntos de comercio y de negocios. En Levítico hay varios versículos que norman la conducta ética en los negocios: El 19:35-36 dice: «No haréis injusticia en los juicios, ni en las medidas de tierra, de peso ni de capacidad. Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis.” El 25:14 dice: “Y cuando vendan algo a vuestro prójimo o compren de mano de vuestro prójimo, no engañe ninguno a su hermano.” El 25:17 dice: “Y no engañe ninguno a su prójimo” y el 19:14 dice: “No maldecirás al sordo y delante del ciego no pondrás tropiezo”, lo que interpretamos como el no abusar de alguien que está en una posición de desventaja comparado a la nuestra.

El movimiento Musar llevó nuevos aires al judaísmo tradicional, combinando el estudio intelectual de las yeshivot lituanas con la espiritualidad de los hasidim. Fue como un lazo de unión entre los dos grupos ante la emancipación. Su mensaje ético continúa vigente hasta nuestros días, no solo en los negocios sino también en la vida diaria. Así que ¿Qué tan kosher es tu negocio?

Por Marcos Gojman
Bibliografía: The Jewish Religion de Louis Jacobs, Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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121. Tefilim: ¿un adorno en el rezo o un llamado a la acción?

El ponernos tefilim cada mañana en el rezo de Shajarit está basado en cuatro versículos de la Torá: Éxodo 13:9 y 13:16 y Deuteronomio 6:8 y 11:18. Los cuatro tienen el mismo mensaje: «Graben estas mis palabras en su corazón y en su alma y te será como una señal en tu mano y como un recordatorio en tu frente (o entre tus ojos), para que la ley del Señor esté en tu boca”. Algunos grupos en la época del Segundo Templo, como los sacerdotes, explicaban este mandamiento de manera figurativa, diciendo que tenemos que pensar en las palabras de la Torá como si las tuviéramos frente a nuestros ojos. Pero los rabinos de esa época lo tomaron literalmente y dijeron que las palabras de la Torá debían escribirse y ponerse físicamente entre los ojos y en el brazo.

Al menos dos docenas de fragmentos de pergaminos de tefilim se encontraron en las cuevas de Qumran junto con sus cajas y correas de cuero. Se calcula que datan del siglo II AEC hasta el siglo I EC, período crucial en el desarrollo del judaísmo rabínico. No se tienen evidencias del uso de tefilim en épocas anteriores, como en la época bíblica. En la Genizah de El Cairo se encontraron tefilim de forma cónica, algunos recubiertos de oro y que incluían el decálogo entre los textos de los pergaminos, además de los pasajes tradicionales que son cuatro: Éxodo 13:1-10 y 13:11-16, Deuteronomio 6:4-9 y 11:13-21.

El uso de los tefilim o filacterias (del griego phylakterion = amuleto) se empezó a popularizar entre los hebreos como una práctica para contrarrestar el uso de amuletos que hacían los pueblos idólatras. Lo usaban todo el día y no solo en el rezo como ahora.

El proceso de manufactura de las cajas de piel de los tefilim es bastante complejo, especialmente el de la cabeza que tiene cuatro compartimentos, a diferencia del de la mano que solo tiene uno. El proceso implica el curtido especial de la piel, el troquelado con prensas hidráulicas hasta formar los compartimentos, el repujado de la letra Shin en las caras exteriores, el pintado de negro del exterior y la colocación de los pergaminos. En el de la cabeza se colocan cuatro pergaminos en rollos separados y en el de la mano los cuatro pasajes van en un solo rollo. Después de cerradas las cajitas, se les coloca las correas con nudos que simulan la letra Yud en el de la mano y la letra Dalet en el de la cabeza. El proceso de fabricación de un par puede tomar hasta un año.

Pero con todo, el verdadero significado de los versículos que dieron origen a lo tefilim no era el de crear un ritual más en los rezos. Poner los mandamientos de Dios entre tus ojos significa el pensar constantemente en ellos y atarlos a tu brazo significa el llevarlos a la acción. Los tefilim son más que un adorno en el rezo, son un llamado a pensar y a actuar.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Jewish Encyclopedia y otras fuentes.

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120. La oposición a la reforma: los nuevos movimientos.

El movimiento reformista fue el pionero en intentar modernizar y al mismo tiempo mantener la esencia del judaísmo, dentro de una cultura de la ilustración y la emancipación. Eran personas profundamente dedicadas y les preocupaba muchísimo el futuro del judaísmo. Estaban convencidos de que lo que hacían era la mejor manera de preservar al judaísmo. Las otras respuestas a la modernidad, como el movimiento conservador, el ortodoxo moderno y hasta el sionismo político, fueron una respuesta al trabajo de los reformistas.

Los reformistas se enfocaron a dos grandes interrogantes: ¿qué aspectos del judaísmo habría que cambiar? y ¿cómo se harían esos cambios? El qué cambiar, abarcaba desde aspectos superficiales, como por ejemplo el idioma de los sermones (alemán o yiddish) o la duración del servicio, hasta temas que tocaban la esencia del judaísmo, como el mantener la kashrut, el rezar con tefilim y kipah, o el rezar a Sion. Y la pregunta de quién iba a decidir, tenía su propia problemática: ¿Quiénes decidirían, cada rabino, los líderes, o los miembros de la congregación? Estos y otros temas tuvieron defensores y detractores, desde liberales hasta tradicionalistas.

Uno de los disidentes fue Zejariah Frankel, el rabino principal de Dresden, quien en 1845 rompió con los reformistas, ya que él sostenía que el hebreo debía seguir siendo el lenguaje principal en los rezos y que las leyes de kashrut debían mantenerse. Él decía que la ley judía no era algo estático, sino que evolucionaba de acuerdo a las nuevas condiciones. A esto lo llamaba “Judaísmo Histórico Positivo”, que es el tener una actitud positiva hacia las normas pero con la mente abierta para aceptar nuevas leyes y costumbres, como había sucedido a lo largo de la historia. Decía que los cambios de los reformistas no estaban basados en la historia y en las tradiciones.

Frankel no fue el único opositor. En 1854 el rabino Samson Raphael Hirsch veía al judaísmo como “un santuario intocable que no debe ser sujeto al juicio del hombre o subordinado a sus consideraciones humanas” y que “el progreso es válido sólo en la medida que no interfiere con la religión”. Su lema “Torá y Derej Eretz”, significa observar las mitzvoth al mismo tiempo que conocemos e interactuamos con la sociedad y la cultura en la que estamos inmersos.

Otra postura fue la del sionismo político. Aunque no tiene estrictamente un contenido religioso sino más bien político y nacional, el sionismo también se puede considerar una respuesta a la modernidad. Leon Pinsker en 1882 hablaba de la auto emancipación, el aceptar que el pueblo judío sería emancipado solamente cuando tuviera su propio país y no mientras siguiera viviendo entre otras naciones.

A Frankel se le considera el iniciador del movimiento conservador, a Hirsch el de la ortodoxia moderna y a Herzl, Pinsker y otros pensadores el sionismo político. Pero con todo, el catalizador de estas corrientes fue sin duda el movimiento reformista.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Conservative Judaism de Neil Gillman y otras fuentes.

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119. Harry Heine

Harry Heine nació en 1797 en Dusseldorf, Alemania. Fue hijo de Samson Heine y de Betty von Geldern, quienes educaron a su hijo en escuelas dirigidas por jesuitas y por refugiados franceses. Harry creció en un judaísmo culinario: cenas de Shabat y seders de Pesaj. Aprendió hebreo solo para poder decir las bendiciones en las fiestas. La época de su juventud había sido la más benévola para los judíos alemanes, gracias a la emancipación que Napoleón había llevado a Alemania.

En 1815 viajó a Hamburgo a visitar a su tío Salomón Heine, el banquero más importante de la ciudad. Este lo mandó a estudiar leyes, primero a Bonn y después a Berlín. Ahí empezó a frecuentar la casa de Rahel Varnahagen, lugar de reunión para muchos intelectuales, como Alexander von Humboldt y también del grupo de Leopold Zunz, quienes fundaron la Sociedad para el Estudio Científico del Judaísmo, con la idea de unir la cultura moderna con el judaísmo. En los salones de Rahel, Harry afrontaba por un lado sus anhelos de una Alemania unificada, como cualquier joven alemán y por el otro los efectos de la discriminación por ser judío.

Con la derrota de Napoleón, los derechos que la emancipación les dio se revertieron y los judíos perdieron muchas de las prerrogativas que habían alcanzado. La Sociedad para el Estudio del Judaísmo fracasó, lo que llevó a varios de sus miembros a convertirse al cristianismo, el único camino para tener una carrera profesional en la Prusia de esos años. El efecto que esto tuvo en Heine hizo que dejara de atender el tema judío y se dedicara a la literatura alemana. De 1822 a 1827 produjo una serie de poemas que prácticamente lo puso en la cima de la literatura alemana, culminando con su “Buch der Lieder”, una de las colecciones de versos líricos de los más bellos producidos por un poeta alemán. Su ingenio era en el fondo esencialmente judío, derivado de los círculos intelectuales donde se movía en Berlín. Empezó a escribir una novela romántica “Rabbi von Bacharach”, con el tema de la persecución de los judíos por los cruzados, pero no la concluyó.

Como para ganarse el sustento tenía que pertenecer a la barra de abogados, Harry Heine aceptó que lo bautizaran, “el boleto para entrar a la cultura Europea”. Fue cuando le escribió a su amigo Moses Moser: “Por lo que ves, puedes imaginarte que el bautismo para mí me es indiferente. No lo considero importante ni siquiera como algo simbólico y por eso me dedicaré aún más a lograr la emancipación de los infelices miembros de nuestro pueblo. Con todo, lo considero una desgracia y una mancha en mi honor el que para tener un oficio en Prusia, tuve que dejar que me bautizaran”.

Harry, ahora Christian Johann Heinrich Heine, pronto vio que su sacrificio no le sirvió de mucho. En 1827 escribió “Buch Le Grand”, una apología de las ideas napoleónicas. Esto le cerró aún más las puertas, por lo que emigró a Francia, donde murió en 1856. En su obra “Almansor” escribió: “Esto es solo el preludio: donde queman libros, finalmente acabarán quemando personas.” Heinrich Heine, el gran poeta alemán, fue bautizado pero no convertido y nunca dejó de ser Harry el judío.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: The Jewish Encyclopedia y Emancipation de Michael Goldfarb.

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