108. La Emancipación: de Virginia a Ancona.

La Declaración de Derechos del Estado de Virginia (Estados Unidos) es un documento que fue redactado en 1776 y que proclamaba los derechos inherentes del hombre. Su contenido no sólo influyó la Declaración de Independencia de Estados Unidos y su Carta de los Derechos (1789) sino también la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, promulgados por la Asamblea Nacional de Francia en 1789. Su importancia estriba en que fue la primera vez que se protegían los derechos individuales dentro de un marco constitucional, lo que los convertía en un precepto universal con carácter de ley.

La Asamblea francesa declaró en el artículo X de la Declaración de los Derechos del Hombre: “Nadie debe ser molestado por sus creencias o su religión, ni acosado al ejercer su forma de culto, previendo que las formas de culto no alteren el orden público como lo establece la ley”. Además, el 28 de septiembre de 1791, la Asamblea decretó que todos los judíos de Francia tenían los mismos derechos que todos los ciudadanos activos. Los judíos franceses habían sido emancipados.

La emancipación es el reconocimiento de una sociedad de que los judíos tienen los mismos derechos que todos los demás ciudadanos de un país. La revolución francesa se los había otorgado, pero fue Napoleón quien los hizo una realidad. En sus campañas militares, el ejército francés llevaba los principios de la revolución francesa, al tiempo que abría las puertas del gueto.

Michael Goldfarb, en su libro “Emancipation”, nos cuenta: “En Ancona, había una comunidad judía de buen tamaño. Los hombres eran obligados a usar una insignia amarilla en sus sombreros, para distinguirlos aún más de sus vecinos. Para finales de febrero de 1797, las tropas de Napoleón habían tomado la ciudad. Un pelotón compuesto en su mayoría por soldados judíos, fue enviado a la Via Astagna y se pusieron a trabajar en la demolición de las puertas del gueto. Cuando las puertas ya no estaban más, marcharon por las calles vacías. Lentamente la gente empezó a salir y a observar a los soldados. Un soldado gritó en hebreo a uno de los curiosos, “Ven para acá”. Un suspiro de sorpresa se dejó sentir entre el grupo de gente que crecía. “¿Eres judío?” “Si”.

¿Soldados judíos portando el uniforme de Francia, un país cristiano? Sí, una de las obligaciones de un “ciudadano activo” de un país es el servicio militar. Hubo más conversación en hebreo, cuando de repente, un soldado desprendió la insignia amarilla del sombrero de uno de los habitantes del gueto, se quitó su listón revolucionario rojo, blanco y azul y se lo puso donde antes estuvo la insignia. Otro soldado repitió el mismo gesto y luego otro más. Los judíos de Ancona habían sido emancipados. “

Napoleón no sólo abrió las puertas del gueto de Ancona. También lo hizo en Turín, Milán, Roma y Venecia. Las ideas de Virginia habían llegado hasta Ancona.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: Emancipation de Michael Goldfarb, the Jewish Religion de Louis Jacobs y otras fuentes.

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107. El reto de Moisés ben Mendel.

Moisés ben Mendel nació en 1729 en Dessau, Alemania. Su infancia en el ghetto fue la misma que la de muchos jóvenes de escasos recursos, dedicados al estudio del Talmud, con la esperanza de convertirse en rabino, tal como fueron algunos de sus antepasados. Estudiaba en hebreo y en la casa hablaba en yiddish. En 1743, su maestro, el rabino David Frankel, fue nombrado rabino principal de Berlín y Moisés decidió seguirlo a esa ciudad.

Con la ayuda de su maestro, Moisés pudo quedarse en Berlín. Después de algunos años de vivir en la pobreza y dedicado al estudio, finalmente consiguió ser el tutor de los hijos de Isaac Bernhard, un acaudalado fabricante de telas de seda. Esto le permitió comer de forma regular y lo más importante, el poder desarrollar nuevos círculos de amistades fuera de la comunidad judía. En cinco años, Moisés ben Mendel había aprendido alemán, francés, griego y latín. Al romper la barrera del lenguaje, también había roto la mentalidad del ghetto.

Empezó a escribir sobre filosofía y pronto destacó en los círculos intelectuales de Berlín. Fue entonces cuando cambió su nombre a Moisés Mendelssohn. En ese tiempo participó en un certamen filosófico organizado por la Academia Real de Berlín, donde ganó el primer lugar. En el segundo lugar había quedado Immanuel Kant.

Cualquiera que llegase a Berlín, el reunirse con Mendelssohn era un requisito indispensable para ser aceptado en los círculos intelectuales. Uno de esos recién llegados fue Johann Kaspar Lavater, un suizo de habla alemana. En 1769, Lavater tradujo al alemán el libro “Palingenesis”, de Charles Bonnet. Lavater dedicó su traducción a Mendelssohn, pero más que una dedicatoria, fue un reto. Le pedía a Mendelssohn que leyera el libro y que refutara públicamente los argumentos del autor, que básicamente sostenía que el cristianismo era la única religión válida, y si no lo podía refutar, que hiciera lo que debería ser lo correcto, convertirse al cristianismo.

Para Mendelssohn el reto fue un acontecimiento terrible. Rompía uno de los paradigmas de su vida. Para él, la manera que cada persona se acerca a Dios era un asunto privado y que además implicaba el respeto por la religión del otro. Ahora estaba expuesto a los ojos y comentarios de todos. Mendelssohn le contestó: “Llega un momento en la vida de una persona cuando tiene que decidir sobre algunos temas fundamentales. Esto me pasó a mí hace algunos años en relación a la religión. He leído, he comparado, he reflexionado y he tomado una decisión: no hay nada que me haga cambiar mi creencia en el judaísmo. Tengo amigos extraordinarios que no profesan mi fe y en ningún momento los he oído decir que es una lástima que mi alma se vaya a perder por no pertenecer a su iglesia.” Sin ofender a los cristianos, Mendelssohn fue fiel a sus convicciones.

Mendelssohn no solo enfrentó con sabiduría el reto de Lavater, sino también el reto mayor de salir del ghetto e integrarse a la sociedad civil y lo hizo sin perder para nada sus raíces judías.

Preparado por Marcos Gojman .
Bibliografía: Emancipation de Michael Goldfarb, Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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106. La oposición a los jasidim: El Gaon de Vilna y los mitnagdim.

Al tiempo que el jasidismo se extendía por Europa oriental, sus seguidores se encontraron con un movimiento opositor muy fuerte de parte de la mayoría de los rabinos más tradicionales. Se les llamaba los mitnagdim (contrarios). El líder de los mitnagdim era sin duda Rabi Elijah ben Shlomo Zalman, conocido como el Gaon de Vilna (1720-1797), un brillante erudito. Escribió alrededor de 70 obras sobre diferentes temas tanto religiosos como seculares. Nacido en Vilna, la capital de Lituania, el Gaon demostró tener un extraordinario talento desde la infancia. A los veinte años, los rabinos lo consultaban para resolver problemas halájicos de gran dificultad. Aunque él no lo pudo hacer, logró que un grupo de sus alumnos hicieran “aliyah” y se establecieran en la Tierra de Israel.

Cuando el jasidismo llegó a Vilna, el Gaon, junto con otros rabinos, lo enfrentaron promulgando un decreto de excomunión, “jerem”, en contra de los jasidim (1777). La amargura y la animosidad se daban profundamente en los dos campos. Cada grupo asistía a su propia sinagoga, tenía sus propios maestros y por lo general sólo se casaban entre ellos.

Al Gaon le preocupaba que la parte kabalista del jasidismo, provocara el advenimiento de otro falso mesías como Shabetai Zvi. También le molestaba el concepto jasídico de que Dios está en todo, con lo que todo era igualmente sagrado. Consideraba como idolatría, la exagerada veneración al Rebe o al Tzadik. Y le preocupaba el que no se dedicaran al estudio profundo de la Torá. El jasidismo estaba integrado mayormente por judíos poco educados y temía que la erudición fuera reemplazada por el baile y el canto. Una religión que para él era la síntesis del corazón y la mente, podría convertirse en puro corazón sin nada de mente.

Estas diferencias duraron más de 30 años. Visto con una perspectiva histórica, la batalla contra los jasidim fue un completo fracaso. No sólo no desapareció el jasidismo, sino que se extendió aún más por Europa. El rabino Jaim de Volozhin, el discípulo más destacado del Gaon, admitió finalmente que los jasidim no eran herejes y que las diferencias eran en lo conceptual y en la forma de educar. El mismo Rab Jaim fundó la Yeshiva de Volozhin en su pueblo natal, misma que revolucionó la manera de estudiar la Torá. Se alejó de la forma informal tradicional de estudiar, creando un sistema estructurado de aprendizaje, con maestros bien preparados. Lo que empezó como movimientos encontrados, terminó compartiendo los mismos valores.

Por: Marcos Gojman.
Bibliografía: The Jewish Encyclopedia y otras fuentes.

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105. Los jasidim, una nueva forma de entender y practicar el judaísmo.

En el siglo XVIII, los judíos de Europa oriental, principalmente en Polonia, Lituania, Ucrania y otras áreas circunvecinas, se encontraban en un estado de enorme depresión como resultado de las masacres del cosaco Bohdan Jmielnicki, la persecución de la Iglesia, el desencanto con los falsos mesías como Shabetai Zvi y el trato negativo que recibían de la oligarquía que presidía la comunidad, integrada por los rabinos, los estudiosos y los ricos.

Como respuesta a esto, surgieron grupos, especialmente entre los artesanos, que se separaron de las Kehilot dominadas por los rabinos y constituyeron comunidades con sus propias sinagogas y nuevas formas de prácticas religiosas, como la meditación y las melodías sin texto, nigunim, para rezar. También surgieron predicadores que iban de pueblo en pueblo, que no enseñaban Torá o Talmud, sino una especie de Kabalah popular, utilizando relatos jasídicos, para transmitir con historias simples mensajes profundos.

Uno de ellos fue Israel ben Eliezer, el Baal Shem Tov (Besht) el “Señor del Buen Nombre” (1698-1760), quien pronto atrajo a esas masas de judíos poco instruidas. Él sostenía que todos los hombres eran iguales ante Dios, tanto los ignorantes como los grandes estudiosos, que la pureza del corazón era más importante que el estudio y que la devoción al rezar y cumplir las mitzvoth era más importante que las prácticas formales y frías. Decía que la Energía Divina estaba en todo.

El “Besht” debe haber sido un personaje muy carismático, porque logró unir a los grupos que se oponían a los rabinos e integrarlos en el movimiento que ahora conocemos como Jasidismo. El profesor Abraham Rubinstein lo llamó: “la primera gran revolución en el judaísmo desde la época del Segundo Templo”. El Besht no escribió ningún libro y lo que conocemos de él se lo debemos a sus discípulos, que pusieron por escrito sus enseñanzas, a pesar de la oposición del maestro. A su muerte, su alumno Dov Ber de Mezhirich, sistematizó sus enseñanzas jasídicas, alineándolas con la mística del gran kabalista Isaac Luria y atrayendo una gran cantidad de adeptos.

Los discípulos del Besht se diseminaron por las comunidades judías de la Europa Oriental y establecieron grupos jasídicos que eran dirigidos por un “Tzadik”, el líder espiritual. Los integrantes de estos grupos seguían fielmente a su Tzadik. A la muerte del Tzadik, normalmente era el hijo el que lo sucedía, dando lugar así a las grandes dinastías jasídicas, las que existen hasta nuestros días, como los Satmer, Jabad Lubavich, Gur, Beltz y otros más.

Los rabinos y los líderes respondieron formando un movimiento opositor, los Mitnagdim, contrario a las ideas y las prácticas de los jasidim. Por mucho tiempo ambas corrientes convivieron simultáneamente en los mismos lugares, cada uno practicando su propio estilo de judaísmo. El jasidismo se había consolidado como una nueva forma de entender y
practicar el judaísmo.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: “Yiddish Civilisation” de Paul Kriwaczek, “The Jewish Religion” de Louis Jacobs, The New Standard Jewish Encyclopedia y otras fuentes.

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104. Polonia, el cuarto gran centro del judaísmo.

La historia de los judíos en Polonia se remonta a más de un milenio. Por siglos, Polonia fue la sede de la más grande y significativa comunidad judía del mundo. Polonia fue el centro de la cultura judía, gracias a un largo período de tolerancia religiosa y autonomía social. Desde su fundación en 1025 hasta los años de la mancomunidad polaco-lituana, en el siglo XVI, Polonia era el país más tolerante de Europa. Se había convertido en un refugio para los judíos perseguidos y expulsados de Europa. A mediados del siglo XVI, tres cuartas partes de los judíos del mundo vivían en Polonia.

La primera gran emigración de judíos de Europa occidental ocurrió en la época de la primera cruzada en 1098. En el siglo XIII el gobierno polaco propició la inmigración judía para colonizar el país. Llegaron inmigrantes de Bohemia-Moravia, Alemania, Italia, España y hasta de Crimea. Los refugiados de Alemania trajeron un dialecto mezcla de alemán y hebreo que eventualmente se convirtió en el Yiddish, lengua que por siglos hablaron los judíos polacos.

Un factor que fomentó la llegada de inmigrantes judíos a Polonia fue una serie de edictos, como la ley Magdeburg, que les otorgaba ciertos derechos y privilegios. Por ejemplo, podían definir sus propios barrios, marcar su competencia económica y hasta establecer monopolios. Otro fue el Estatuto de Kalisz, que les daba a los judíos libertad de culto, comercio y movimiento. En 1332 el rey Casimiro II el grande, amplió aún más el estatuto. Entre otras cosas, estableció la pena de muerte para aquellos que secuestraran niños judíos con el objeto de convertirlos al cristianismo.

En 1388-89, Lituania se fusionó al reino polaco, extendiendo los mismos privilegios a los judíos lituanos. En 1492, a raíz de la expulsión de los judíos de España, Polonia se convirtió en el refugio para los exiliados de la Europa occidental. Este flujo de nuevos inmigrantes aunado a la población judía local, convirtieron a Polonia en el centro cultural y espiritual del pueblo judío. Se considera el período del rey Zygmunt I (1506-1548), como el período más próspero del judaísmo polaco. Una gran cantidad de grandes figuras intelectuales surgieron al final del siglo XVI y principios del XVII. Academias judías se establecieron en muchas ciudades polacas como Lublin y Cracovia. Aunque antes no, para 1551 la comunidad judía podía escoger su propio rabino principal. Este podía designar a funcionarios y jueces. Después de la fusión de Polonia con Lituania, Polonia anexo Ucrania y muchos judíos fueron enviados a colonizar los nuevos territorios.

Los judíos llegaron a ser la columna vertebral de la economía polaca. Formaron la clase media en un país donde la población general estaba mayormente compuesta de terratenientes y campesinos. Del siglo XVI al XVII los judíos gozaron de una forma de auto gobierno, el Consejo de las Cuatro Tierras, “Vaad Arva Artzot”, una especie de parlamento judío. Sus decretos reflejaban el espíritu de la Torá y sus valores. Después de la Tierra de Israel, Babilonia y España, Polonia se había convertido en el cuarto gran centro del judaísmo mundial.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Jewish Encyclopedia, Encyclopedia Judaica y otras fuentes.

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103. Lo haces porque estas convencido.

La idea que Dios premia a los que cumplen Sus mandamientos y castiga a los que no, se menciona continuamente en la Biblia. Estas menciones se dan a pesar de lo difícil que es probarlo, ya que en muchas ocasiones los justos sufren y a los malvados les va bien. Esta pregunta se plantea abiertamente en el libro de Salmos, en el Eclesiastés y especialmente en el de Job, que trata el tema a profundidad. A pesar de lo difícil que es encontrar una respuesta, la creencia básica en el concepto de premio y castigo no afectó para que en muchos pasajes bíblicos se mencione que la mala conducta afecta no sólo a todo el pueblo, sino también a los individuos. En todos los casos se habla de premio y castigo aquí en la Tierra y en esta vida.

Esto cambia en la época Macabea, cuando hombres y mujeres eran asesinados por ser leales a la fe judía. En vista de esta clara contradicción, los sabios empiezan a manejar el concepto de que el premio y el castigo no sólo es aquí y ahora, sino que primordialmente se va a dar en el Mundo Venidero, el Olam Hava, a donde se supone que llega el alma de la persona al morir. Maimónides enfatiza en sus escritos este punto y lo incorpora como uno de los principios básicos del judaísmo. A este cambio se le añade el concepto rabínico de que lo que hacemos en este mundo es acumular puntos para que a nuestra alma le vaya bien en el mundo venidero (Pirkei Avot 4:22).

Muchos pensadores de la Edad Media trataron el tema. Algunos entendían que lo ideal es que las personas cumplan los mandamientos por convencimiento propio y por amor a Dios, más que por el premio o el castigo, aunque esto último seguía siendo el concepto más aceptado por la gente.

El creer en el principio de premio y castigo fue duramente cuestionado por el Holocausto. La frase “después de Auschwitz” se convirtió en el código de la postura que duda si Dios realmente premia y castiga. Richard L. Rubinstein, en su obra “Después de Auschwitz”, es categórico al decir que ya no puede creer en el principio de premio y castigo. Pero por otro lado, Elie Wiesel mantiene una postura como la de Job, la de mantener la fe en Dios. Los sectores más conservadores sostienen que no tenemos la capacidad para entender la Justicia Divina, que Dios si premia y castiga, a pesar de que muchas veces no lo entendamos así.

Algunos pensadores como Kohler, Kaplan y Buber dicen que no hay que tomar el principio de premio y castigo de manera literal y que más que pensar que se aplica al individuo, debemos de pensar que se aplica a todo el grupo social. El concepto de premio y castigo debe verse a largo plazo, donde las buenas acciones nos llevan a una sociedad más justa, mientras que lo contrario nos lleva a un mundo lleno de maldad.

Cumplir los mandamientos por su valor intrínseco, más que por la expectativa de recibir un premio o un castigo, es más loable y atestigua el compromiso de una persona con sus valores. Los cumples porque estás convencido. Así de simple.

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografía: “The Jewish Religion, a Companion”, de Louis Jacobs y otras fuentes.

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102. Yizkor: ¿Qué Él recuerde o que tu no olvides?

El servicio de Yizkor se conmemora cuatro veces al año: en Yom Kipur, en Shemini Atzeret, el penúltimo día de Sucot, en el último día de Pesaj y en el segundo día de Shavuot. El propósito principal es recordar a nuestros difuntos dando tzedaka. La teoría es que las buenas acciones de los vivos elevan las almas de los muertos. Yizkor quiere decir “que Él recuerde”.

En el libro de los Macabeos II (12:43-46) se cuenta que Yehuda HaMacabi envió un donativo al Templo de Jerusalem, como un sacrificio expiatorio para que el alma de los combatientes fallecidos sea absuelta de sus pecados. La fuente más antigua que habla de Yizkor es el Midrash Tanjuma, que menciona la costumbre en Yom Kipur de recordar a los difuntos con un donativo.

La costumbre ashkenazi de también conmemorarlo en las otras fiestas posiblemente empezó en la época de las cruzadas, cuando a raíz de las matanzas perpetradas por los cruzados, muchas comunidades judías fueron borradas del mapa. Los sobrevivientes anotaban en un libro, el “Sefer Hazikaron”, los nombres de los fallecidos. El más antiguo que se conoce es de una comunidad de Nuremberg e inicia en el año de 1296. Esos libros también se les llamó “Sefer Hazkarat Neshama”, el libro del recuerdo de las almas. En él los nombres de los fallecidos se escribían iniciando con la frase «Yizkor Elohim nishmat . . .», que Dios recuerde el alma de …..

Existe la superstición en muchas comunidades que si los padres de alguien están vivos, esta persona debe de salirse del templo durante Yizkor, algunos dicen para no tentar al “mal de ojo” si te quedas sentado mientras los dolientes están de pie. No hay ninguna regla que diga que deban abandonar el servicio los que sus padres están vivos. Inclusive muchos rabinos sugieren que todos se queden en Yizkor para que así toda la congregación recuerde a los mártires del pueblo judío, como los fallecidos en el Holcausto y en las guerras libradas por el Estado de Israel. Además para dar consuelo a aquellos que han perdido familiares y que el servicio de Yizkor los conmueve de manera especial.

El conmemorar Yizkor presupone el concepto judío de que el alma es inmortal y aunque el difunto ya no puede realizar buenas acciones, si se puede beneficiar de las plegarias, los donativos y otras buenas acciones que los que los sobreviven pueden realizar en su nombre. El fondo de Yizkor es el pedirle a Dios que recuerde a nuestros parientes y que los incluya en el vínculo de vida en el paraíso, al lado de nuestros patriarcas, nuestras matriarcas y otros grandes personajes. A cambio prometemos hacer tzedaka a su nombre.

Yizkor es ese momento especial que nos ayuda a recordar a ese ser querido que ya no está con nosotros. Es ese momento en que, en comunidad, nos consolamos unos a los otros. Más que necesitar que Él los recuerde, nosotros necesitamos no olvidarlos.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Artículos de Dr. Ron Wolfson, Rabbi Jack Abramowitz y otras fuentes.

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101. Otro personaje del salón de la fama judía: Isaac Abravanel.

Isaac Abravanel nació en Lisboa en 1437. Fue hijo de Yehuda Abravanel, tesorero de la corte del rey Alfonso V de Portugal. Fue alumno de Yosef Hayim, rabino principal de Portugal. Estudió en su juventud Talmud y materias seculares y a los veinte años ya escribía sobre filosofía judía. Entró al servicio del rey a esa edad y se ganó su confianza. Usó su posición para ayudar a judíos en problemas, como en Arzilla, Marruecos, cuando los moros secuestraron a un grupo de judíos y los vendieron como esclavos. Abravanel, con su propio dinero y con apoyo de otros, ayudo a rescatar a muchos cautivos. A la muerte de Alfonso V, tuvo que dejar su puesto por presión del nuevo rey Juan II y finalmente tuvo que huir a Castilla, en España, para salvarse de una falsa acusación de conspiración que el nuevo rey le había imputado.

En Toledo, su nuevo hogar, se dedicó a comentar la Biblia y en pocos meses escribió comentarios sobre los libros de la Torá y de los profetas. Pronto entró al servicio de la casa real de Castilla, al servicio personal de la reina Isabel. Ayudó económicamente en esa época al ejército real en su lucha contra los moros. A pesar de su ayuda para ganar la guerra, se encontró con la triste sorpresa del edicto real que expulsaba a los judíos de España. Hizo todo lo posible por que se revocara, inclusive llegó a ofrecerle 30,000 ducados al rey, pero todo fue en vano. Abravanel fue presionado por los reyes católicos para que se convirtiera al catolicismo y así pudiera conservar su puesto en la corte. Pero él se rehusó a hacerlo.

Salió de España hacia Nápoles, donde también muy pronto entró al servicio del rey. Su tranquilidad duró poco, ya que los franceses tomaron la ciudad y en 1495 huyó con el joven rey Ferdinand y se establecieron en Venecia en 1503. Su gran capacidad diplomática y financiera ayudó para negociar un tratado comercial entre Portugal y la república veneciana. Murió en Venecia en 1508.

La importancia de Isaac Abravanel, además de sus acciones en el campo de la diplomacia y las finanzas, está en sus comentarios sobre la Biblia, que aunque no eran completamente originales, estaban escritos de una forma muy didáctica, por lo que fueron muy populares, no solo entre los estudiosos judíos sino también entre algunos académicos cristianos. En sus introducciones a cada libro de la Biblia explicaba su carácter, comparaba la época en que se había escrito con la suya y explicaba la intención de su autor. También escribió sobre filosofía de la religión y fue en especial un defensor de la doctrina de la llegada del Mesías. Sentía profundamente la desesperanza y la desesperación de sus hermanos judíos por la expulsión de España y pensaba que el creer que estaba próxima su llegada, mitigaba su dolor.

Isaac Abravanel fue una combinación de erudito, diplomático, financiero, pero en especial de guardián del bienestar de su pueblo. Por eso está en el salón de la fama del judaísmo.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: The Jewish Encyclopedia, Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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100. El triángulo de la identidad judía.

1. El lado formal. Los judíos ortodoxos y los conservadores definen el ser judío si se es hijo de madre judía. Los reformistas aceptan como judío a quien sea hijo de una madre o de un padre judío. Las tres aceptan como judío a cualquier persona convertida al judaísmo de acuerdo a las reglas de cada una, aunque los ortodoxos no aceptan las conversiones de las otras dos. En 1950, la Knesset, el parlamento israelí, promulgó la Ley del Retorno, que le da a todo judío el derecho a vivir en Israel y convertirse en ciudadano. En 1970, para efectos de esa misma ley, definió como judío a quien tiene una madre o una abuela materna judía, a quien tiene ascendencia judía, como un padre o un abuelo judío o a quien se convirtió al judaísmo de acuerdo a las reglas de alguna de las tres denominaciones, la ortodoxa, la conservadora o la reformista. El proceso de conversión de estas dos últimas solo es aceptado si se hizo fuera de Israel.

2. El lado de la práctica. La práctica del judaísmo tiene infinidad de facetas que se expresan en el quehacer cotidiano, en hacer algo con contenido judío en un lugar y en un momento dado. Observar los mandamientos y las costumbres religiosas, es lo más obvio. Pero la observancia religiosa no es el único camino en la práctica del judaísmo. El trabajo en instituciones judías es otro camino. El estudio de la filosofía, la historia, la religión y el arte judío es también una faceta de su práctica. El leer, escuchar música, apreciar obras de arte judías también lo es. Hablar en hebreo, en idish o en ladino también lo es. Estar al tanto de las noticias de lo que sucede en Israel y en el mundo judío también lo es. Participar en actividades con contenido judío, como ser parte de un coro, de un conjunto de bailes, de un grupo de estudio, también lo es. Cocinar platillos típicos judíos también lo es. El llevar una conducta ética, de acuerdo a los principios que nos marca la Torá y realizar acciones de Tikun Olam, también es practicar el judaísmo. En fin, la lista es muy larga. Y cada uno puede escoger el tipo y la frecuencia de su práctica judía.

3. El lado sentimental. El sentirse judío es el tercer lado del triángulo de identidad. Se expresa en nuestro sentimiento por todo lo judío. Es la felicidad que nos da el celebrar eventos como un brith mila, una boda, una bat mitzvah, un seder de pesaj en familia, un kabalat shabat en comunidad, etc. Es el dolor que sentimos cuando hay un conflicto bélico en Israel, un incidente terrorista, una condena a Israel en los foros internacionales, una discriminación a lo judío de cualquier tipo. También es ese sentimiento de orgullo que nos dan los logros tecnológicos de Israel, los de científicos y académicos judíos en todo el mundo, la creatividad de escritores, artistas y músicos judíos, la actuación de judíos en todas las esferas del quehacer humano. Y también es el sentimiento de vergüenza cuando algún judío se comporta de manera reprobable. En resumen, es cuando el sentirse judío se convierte en ese camino espiritual que te llena el alma.

El triángulo es la figura geométrica más sólida. Bien integrado es difícil romperlo. Igual sucede con el judaísmo. Ser judío por definición, por acción y por sentimiento es el triángulo de una identidad judía sólida. Si te falta un lado, tu judaísmo no es estable. Tu identidad se pierde.

Por Marcos Gojman, basado en la teoría de la Axiología Formal de Robert S. Hartman.

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99. Son por costumbre.

Costumbres son rituales, ceremonias y prácticas adoptadas por un grupo en particular o por todo el pueblo en general. Cuando se observa que la gente sigue una forma específica de conducta, esa práctica adquiere una especie de estatus legal en el judaísmo. Como está escrito en el tratado Berahot del Talmud (45ª) “Sal y observa lo que la gente está realmente haciendo”.

Minhag, que en hebreo quiere decir costumbre, viene de la raíz N-H-G que quiere decir seguir o conducir y por extensión se refiere a la conducta personal. Hay costumbres, minhagim, que datan de la época talmúdica, como el agitar las ramas de sauce en Hoshana Rabah, el séptimo día de Sucot. En la literatura rabínica se habla de la importancia de mantener esas costumbres que han durado mucho tiempo. En Tosafot o Menahot 20b se dice que “el minhag de nuestros padres es equivalente a la Torá”. El rabino Moises Isserles, quien adaptó el Shuljan Aruj de Yosef Caro a las costumbres ashkenazim, decía que se debían conservar las costumbres mantenidas de antaño.

Por ejemplo, en Alemania en la Edad Media, los judíos seguían algunas prácticas copiadas de sus vecinos no judíos. Un ejemplo es la costumbre de romper una copa de vidrio en la ceremonia de matrimonio. Los alemanes cristianos lo hacían buscando con eso “engañar” a los demonios, haciéndoles creer que la ceremonia era una catástrofe y no a una celebración, para que dejaran tranquilos a los novios. Esta costumbre fue adoptada por los judíos alemanes y se convirtió en una práctica común, la cual fue eventualmente aceptada por los rabinos, aunque le dieron un significado diferente, el de recordar, en el día de la boda, la destrucción del Templo de Jerusalem.

Otro ejemplo es la ceremonia de Kaparot, expiación, en Yom Kipur. Los judíos ashkenazim la practicaban sacrificando un gallo joven para expiar sus pecados. Yosef Caro escribió en el Shuljan Aruj que eso era una práctica supersticiosa y que había que abolirla, pero Moises Isserles la presentó en su glosa como una costumbre con toda la fuerza de ley.

Siempre había un clima de tensión a la hora de aceptar nuevas costumbres. Por un lado estaba la necesidad de entender la cultura del grupo y mantenerlo fiel al judaísmo, pero por el otro lado estaba el origen pagano de muchas de ellas. En general, costumbres muy arraigadas eran mayormente aceptadas por los rabinos más que rechazadas. Es obvio que a muchas de estas costumbres se les daba después una explicación para darles algún sentido judío.

Las diferencias de costumbres no solo se dan entre judíos ashkenazim y sefaradim. También las tenemos entre las diferentes denominaciones. Los judíos reformistas consideran que la mayoría son supersticiones y por lo tanto las desechan, mientras que los judíos ortodoxos, aunque reconocen que su origen puede ser no muy judío, las mantienen como un aspecto folclórico del judaísmo y como una barrera a la asimilación. Se mantienen, pues, por costumbre.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Artículos de Abraham Chill y William Rosenau citados por Louis Jacobs en “The Jewish Religion, a Companion” y otras fuentes.

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