133. América es América.

Unos de los primeros judíos que llegaron a lo que hoy es los Estados Unidos, fue un grupo de 23 hombres, mujeres y niños que huían de Recife, Brasil y que en 1654 desembarcaron en Nueva Ámsterdam, lo que hoy es Nueva York. Posteriormente, comerciantes ashkenazim y sefaradim llegaron a las colonias americanas. Para 1730 la mayoría ya era ashkenazi, aunque las sinagogas se regían por el ritual y las costumbres sefaradim, las que combinaban aspectos estéticos modernos con las tradiciones antiguas. En ellas imperaba el orden, el decoro, lo racional y lo refinado.

La siguiente ola importante de inmigrantes fueron los judíos alemanes que empezaron a llegar en la década de 1840. Dejaban Alemania por sus leyes restrictivas, la mala situación económica y el fracaso de los movimientos políticos que buscaban un cambio en la sociedad alemana. Se establecieron en el medio oeste, el oeste y el sur de la Unión Americana. Especialmente en Cincinnati, hogar del primer líder del movimiento reformista judío americano, Isaac Mayer Wise. Además de promover el judaísmo reformista, los judíos alemanes crearon instituciones como la B´nai B´rith (1843) y el American Jewish Comittee (1906).

Para 1880, los judíos de Europa del este empezaron a emigrar a los Estados Unidos en grandes números. Huían de la sobrepoblación, las leyes opresivas, el antisemitismo y la pobreza. Entre 1880 y 1924, más de dos millones de judíos de Rusia, Polonia, Lituania, Austria, Hungría y Rumania llegaron a los Estados Unidos. Se establecieron en los barrios populares de Nueva York, Filadelfia, Boston, Baltimore y Chicago. Trabajaban como obreros, especialmente en la industria de la confección. Por lo mismo, apoyaron movimientos sindicales para mejorar sus condiciones de trabajo. La cultura Yidish, expresada en obras de teatro, periodismo y literatura, floreció en los barrios de los inmigrantes. Ellos traían consigo principios ideológicos que influyeron al judaísmo americano, como las ideas socialistas, la política liberal y el nacionalismo judío.

Por lo general, los judíos provenientes de Europa del este no se sentían cómodos con el judaísmo reformista. Insistían en mantener sus tradiciones pero en un contexto moderno, lo que contribuyó al establecimiento del judaísmo conservador y a la continuidad del judaísmo ortodoxo. Con todo, muchos de ellos relajaron la estricta disciplina religiosa que habían tenido en Europa, para adaptarse a las condiciones de una nueva cultura. El judaísmo en América se conformó plural y su observancia ahora dependía del individuo. No había un rabino en jefe ni una organización religiosa central. Por el contrario, surgió un gran espectro de movimientos religiosos, los que competían por conseguir adherentes, ya que cada uno insistía que sus ideas eran las mejores para la sobrevivencia del judaísmo. De todos modos, América no era Europa, América era América.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: The American Jewish Experience through the XIX Century, de Jonathan D, Sarna y Jonathan Golden. History of the American Jews, de Joellyn Zollman.

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132. Amarás a tu prójimo como a ti mismo; ¿a todos?

En la época bíblica, Dios era concebido como una deidad nacional, que protegía a los israelitas en su tierra, les ayudaba en sus peleas, los liberaba del hambre y en general era el proveedor de su sustento. La mala fortuna, las malas cosechas, las enfermedades, podían superarse ofreciendo sacrificios a Dios. Dios era visto como el Señor exclusivo de los israelitas, ellos no podían adorar a otra deidad y Dios no podía proteger a otro pueblo.

El concepto empezó a cambiar en el siglo VIII AEC. Los asirios, que querían tener la hegemonía sobre el mundo, manejaban la idea de un mundo único y unificado, una idea que tuvo eco en Israel,pero no para aplicarla en lo material sino en lo espiritual. El profeta Amos (751 AEC) la planteó cuando afirmó que Dios no sólo era el Dios de Israel, sino de todos los pueblos del mundo, pues el libro de Amos comienza con el anuncio del castigo que van a sufrir las naciones y ciudades vecinas a Israel, a causa de la crueldad de su conducta en la guerra. Dios esperaba buena conducta de todos, no sólo de Israel. Amos también decía que si los judíos dejaban de tener fe, Dios podía dar por terminado el pacto y buscar otro pueblo que si quisiera aceptar Sus mandamientos.

Amos predicaba que los judíos debían ser fieles al pacto para asegurarse que seguirían recibiendo los favores de Dios. Los sorprendidos fueron los israelitas al escuchar de este profeta que su Dios era un Dios universal, que existía por si solo y que todos, no nada más ellos, debían cumplir Su Ley. Aun así, el profeta Amos, el primer universalista, pensaba que Dios sólo podía entrar en un pacto con un sólo pueblo y que el pueblo judío sólo podía adorara a Dios en la tierra de Israel.

Isaías, el discípulo de Amos (740-700AEC), decía que tanto los asirios como los israelitas, tenían que cumplir los mandamientos éticos de Dios. Este fue un paso fundamental para que el judaísmo adquiriera un carácter universal, porque se había hecho una conexión crítica: Isaías dijo que Dios era el Dios de todo el mundo y no sólo de Israel y que Sus leyes iban dirigidas a todos los hombres.

La salida de los judíos de la tierra de Israel a Babilonia en 586 AEC, hizo que al perder la independencia nacional,fueran los preceptos religiosos el elemento que más definiría su identidad. El rabinato basado en erudición sustituyó al sacerdocio basado en linaje; las sinagogas y las academias sustituyeron el Templo y el estudio de la Torá y los rezos sustituyeron a los sacrificios. Y lo más importante, como lo intuyó el profeta Jeremías, Dios podía ser adorado fuera de la tierra de Israel. Antes, para integrarte al pueblo judío, tenías que ir a vivir con ellos en su tierra, ahora podías convertirte a la religión de los judíos, en cualquier lugar donde estuvieran. El judaísmo y sus mandamientos, incluidos sus principios éticos,estaban abiertos para todo el mundo. Ahora amar a tu prójimo como a ti mismo incluía a todos los hombres.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: The Theory and Practice of Welcoming Converts to Judaism de Lawrence J. Epstein y otras fuentes.

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131. Ziporah, la esposa de Moshe Rabeinu, no nació israelita.

En los tiempos bíblicos, los israelitas eran más una nación que un grupo religioso. Ellos no tenían el concepto de conversión religiosa, porque era una idea incoherente el considerar la religión como algo separado de la nacionalidad. Por eso a Abraham Avinu lo llamaban “el hebreo” (ha ivri) y a sus descendientes “los hebreos”. Estos son términos que denotan una nacionalidad y como todas las naciones en esa época, incluía el adorar a su propia deidad particular, el Dios de Abraham.

En esa época no había una conversión religiosa formal, sino una integración cultural al grupo, pues muchos no israelitas se unieron a los hebreos, a través del matrimonio o por la aceptación de sus costumbres y de su Dios. El mismo Abraham y sus descendientes absorbieron a muchos paganos y a sus propios sirvientes, con lo que aumentaron el tamaño de su grupo étnico. En la época del Éxodo, según el midrash Tanhuma, los que salieron de Egipto no eran sólo hebreos, sino que una parte, el midrash habla de 40000, era gente no israelita que se les unió y que además estuvo presente en la recepción de la Torá en Monte Sinai. Ya instalados en la tierra de Israel, los hebreos aumentaron su número integrando a miembros de los pueblos vecinos que vivían en Canaán.

La Torá utiliza los términos “ezraj” cuando habla de alguien que es israelita por nacimiento, “nojri” cuando es un extranjero que vive entre ellos pero que mantiene lazos políticos, culturales y religiosos con el pueblo del cual es originario y “guer”, que quiere decir residente o prosélito, para aquellos que no habiendo nacido hebreos, se han integrado a su cultura, costumbres y creencias.

Los “guerim” muchas veces se incorporaban al grupo israelita por la vía de los matrimonios mixtos. Mujeres paganas se casaban con hombres hebreos y automáticamente aceptaban pertenecer a su clan y practicar su religión. Los matrimonios resultantes eran vistos positivamente, porque al casarse, los paganos cambiaban una práctica idólatra por el Dios de Abraham.

Los guerim eran residentes permanentes y gozaban de muchos de los privilegios de los israelitas nativos. A todos los no israelitas que se unían a una familia o una tribu se les daba igualdad de derechos y de responsabilidades, aunque su participación en rituales religiosos se desarrollaba en etapas. La Torá ordenaba amar al extranjero porque el pueblo de Israel había sido extranjero en Egipto. Está escrito en Números 15:16: “Una misma ley (Torá) y un mismo derecho tendréis, vosotros y el extranjero que mora con vosotros.”

La integración cultural se da cuando alguien se une a un grupo mayoritario y adquiere sus mismas características o costumbres, perdiendo o relegando lo que lo distinguía. El caso bíblico más conocido es el de Ruth. Está escrito: (Ruth 1:16) “Y Ruth respondió: No me ruegues que te deje y que me aparte de ti; porque a donde quiera que tú vayas, iré yo; y donde quiera que vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios”. Así como Ruth, la moabita, de quien desciende el Rey David, también Ziporah, la midianita, la esposa de Moisés, se integró al pueblo de Israel al aceptar sus costumbres y su Dios.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: The Theory and Practice of Welcoming Converts to Judaism de Lawrence J. Epstein y otras fuentes.

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130. Israel Jacobson, el principal reformador de los reformadores.

Las comunidades judías en Europa en el siglo XIX, no podían ser indiferentes a los efectos que la emancipación y la ilustración tenían en la vida cotidiana de sus miembros. Algunos optaron por rechazarlos y otros por aceptarlos. Estos últimos estaban convencidos que se necesitaba “reformar” el judaísmo del gueto, para que encajara con una sociedad libre y moderna.

Los primeros reformadores no fueron rabinos sino gente de negocios. Ellos sentían la necesidad de cambiar al judaísmo, pues al tener contacto con los gentiles, veían el mundo que se abría ante sus ojos. Un banquero, Israel Jacobson, destacó entre estos reformadores. Criticaba que las escuelas judías no enseñaban materias seculares y no preparaban para ejercer una profesión que no fuera el ser rabino. Decía que los judíos alemanes debían integrarse al país como ciudadanos.

Jacobson (1768-1828) se educó en escuelas religiosas judías y por su cuenta estudió literatura alemana y leyó a Moisés Mendelssohn. Llegó a dominar a tal grado la literatura rabínica, que en la Universidad de Helmstedt lo reconocieron como un erudito en judaísmo. En 1801, con sus propios recursos, fundó una escuela judía en Seesen, el pueblo donde él vivía. Por primera vez estudiaban juntos niños y niñas judíos. En ese tiempo, la mayoría de las niñas no recibían una educación formal. Para Jacobson, la idea de igualdad entre hombres y mujeres era muy importante. No sólo empezó a enseñar materias seculares como aritmética, ciencias y alemán, sino que lo hizo con una altísima calidad, al grado que padres cristianos pidieron que se admitieran a sus hijos en la escuela de Jacobson. Él los aceptó, pues quería que los judíos convivieran con sus vecinos cristianos y viceversa. En la escuela también se enseñaba la religión judía, de una manera lógica y ordenada.

Pero a la larga, lo más importante fue el efecto que el templo de la escuela, inaugurado en 1810, tuvo en el judaísmo, pues el servicio que Jacobson diseñó era diferente. Estaba bien organizado, ordenado y decoroso. Además era bello y solemne. Jacobson criticaba el desorden, la larga duración, las repeticiones y la informalidad que había en la sinagoga tradicional. Jacobson hizo más corto el servicio, principalmente eliminando las repeticiones. Muchas plegarias fueron traducidas al alemán para que la gente pudiera entender lo que rezaban. Incluyó el uso del órgano y de un coro mixto de hombres y mujeres cantando juntos. Se esperaba que la gente llegara puntual, participara al unísono y se comportara de una manera solemne y respetuosa.

Además implementó el sermón. Hasta ese tiempo, solo algunos sermones en yiddish y en hebreo se predicaban antes de las grandes fiestas, para recordarles a los feligreses sobre algún ritual en particular. En los nuevos templos reformistas los sermones eran semanales y discutían los problemas de cada día. Como los sermones eran en alemán, toda la congregación podía entender lo que se decía. Este nuevo formato de servicio atrajo a muchos adultos. Jacobson lo que hizo fue darle una forma nueva a la práctica del judaísmo. Fue el gran reformador de los reformadores.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Explaining Reform Judaism de Eugene N. Borowitz y Naomi Patz, y otras fuentes.

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129. El gran gueto: la “Zona de Residencia” en Rusia.

Desde los siglos VII hasta el XIV hay evidencia de la presencia de judíos en lo que hoy es Bielorrusia, Ucrania y la Rusia europea. Eran pocos comparados con los de los países vecinos de Rusia. Los países de Europa central y oriental, ya tenían una creciente población judía que llegó a Polonia por invitación del rey Casimiro III, después de haber sido expulsados de Inglaterra, Francia, España y haber sufrido persecuciones en Alemania en el siglo XIV. Los judíos se asentaron en la Mancomunidad de Polonia-Lituania, en Hungría y en regiones poco pobladas de Ucrania.

Durante el reinado de la zarina Caterina II la Grande, el imperio ruso tomó posesión de grandes territorios de Polonia y de Lituania que incluían una gran población judía. Esto sucedió durante la segunda (1793) y tercera (1795) partición de la mancomunidad polaco lituana. Caterina estableció que los judíos solo podían vivir en la llamada “Zona de Residencia,” en hebreo “Tjum Hamoshav”, una zona que incluía partes de Lituania, Polonia, Ucrania, Bielorrusia, Moldavia y Rusia Occidental.

El sucesor de Caterina, Alejandro I (1801-1825) amplió las fronteras del imperio hasta Alaska. Después de la derrota de Napoleón, encabezó la delegación rusa en el congreso de Viena que definió el nuevo mapa de Europa. En 1827 Nicolás I sucedió a Alejandro I y decretó el servicio militar para los judíos. Entre ese año y 1854, 70,000 judíos fueron reclutados, lo que provocó indirectamente que el aislamiento cultural y social de los judíos se fuera erosionando poco a poco. Un número importante de judíos adoptaron las costumbres, la educación y el idioma ruso.

Alejandro II lo sucedió, pero fue asesinado en 1881. Su sucesor, Alejandro III, fue un reaccionario y un antisemita. Una ola de pogroms se dio en Ucrania en 1881, con el pretexto de que los judíos habían asesinado a Alejandro II. Los hubo en 166 poblaciones ucranianas, donde miles de casas fueron destruidas y muchas familias reducidas a la pobreza extrema. Hubo muchos judíos heridos y asesinados. La ola de pogroms continuó hasta 1884, incitados inclusive por las mismas fuerzas del orden. En 1886 expulsaron a los judíos de Kiev y en 1891, de Moscú. En 1892 se les prohibió ser candidatos a elección para la Duma, el parlamento. Otra ola de pogroms se dio entre 1903 y 1905 dejando 1,000 judíos muertos y 7,000 heridos.

La respuesta judía a esta situación fue la emigración, principalmente a Estados Unidos. Entre 1881 y 1924 más de 2 millones de judíos llegaron a Estados Unidos, aunque no fue el único lugar. También emigraron a Australia, Canadá, Europa Occidental, Sudamérica, Sudáfrica y a Palestina con la primera aliyá de Bilu y de Hovevei Zion en 1882. Al final del siglo XIX y principios del XX, Rusia tenía la comunidad judía más grande del mundo. En el censo de 1897 habían 5,189,401 judíos, el 4.13% de la población total. Los que vivían dentro de la “Zona de Residencia” representaban el 11.5% de la población de esa área. La “Zona de Residencia” duró más de 100 años y terminó con la revolución rusa de 1917. Fue sin duda el “gueto” más grande que ha habido.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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128. Si no sabes, mejor pregunta.

Desde la época de la Mishnah (siglo II, EC), cuando algún judío tenía una duda o un problema importante, ya sea religioso o de cualquier otra índole, éste solía escribirle a un rabino de su elección quien a su vez le respondía por escrito, basando su respuesta en citas tomadas de la Biblia, el Talmud, comentarios de los sabios o códigos de leyes judías. A estas preguntas y respuestas se les llama “Responsas”. Hoy en día se conocen más de 9,000 volúmenes con más de 300,000 responsas. No se conocen responsas de épocas anteriores a la Mishnah, ya que era costumbre en esos tiempos no poner por escrito comentarios sobre los mandamientos de la Torá.

Esencialmente las responsas se referían a problemas surgidos de nuevas condiciones, para las cuales no se podía encontrar una respuesta directa en el Talmud, la autoridad final en ley judía. Para contestarlas, los rabinos cuestionados trataban de descubrir analogías en el Talmud o en códigos legales y de vez en cuando hasta en las mismas respuestas de otras responsas.

Los rabinos que contestaban las preguntas no habían sido nombrados por algún organismo oficial. Se consideraba que estaban calificados para responder, simplemente cuando sus colegas los consideraban una autoridad confiable. Obviamente muchos de los temas ocasionaron debates entre los mismos rabinos.

En las yeshivot había un procedimiento para contestar las preguntas. Primero se leían y se discutían en el pleno de la yeshivah y al concluir el debate, el escribano ponía por escrito lo que el director de la yeshiva le dictaba y la firmaban sus miembros más antiguos. Las preguntas urgentes las decidía directamente el jefe de la yeshiva.
Como el judaísmo no tiene una estructura jerárquica, pues no tiene una autoridad suprema reconocida por todos, en el mundo ortodoxo una responsa tiene más o menos peso dependiendo del prestigio del rabino que la escribe. El judaísmo conservador sí tiene un comité especial que se dedica a estudiar estos problemas y a definir una postura unificada mediante un edicto o takanah.

Las responsas indirectamente nos dan un retrato de lo que era el judaísmo en cada época y los problemas que les preocupaba. En la antigüedad no solo eran preguntas de carácter religioso, sino también cuestiones médicas y científicas. En el siglo XV se preguntaban si un get, acta de divorcio, tenía la misma validez impreso que escrito a mano. En el siglo XIX las dudas estaban relacionadas a la ley civil y a asuntos financieros. En el siglo XX las preguntas eran sobre el Sionismo, el Estado de Israel y cuestiones derivadas de las nuevas tecnologías como el encender una luz eléctrica en shabat. En este siglo XXI las dudas son sobre trasplantes de órganos, inseminación artificial, etc.

Las responsas es el mecanismo que le permite al judaísmo actualizarse, dando respuestas a las nuevas situaciones. Esto lo mantiene joven. Así que si no sabes, es muy bueno que preguntes.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Artículos de Jay M. Harris, Rabbi Louis Jacobs y otras fuentes.

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127. La Torá tiene setenta caras.

Está escrito en Midrash Tanhuma (ed. Buber, Nitzavim, pp.48-49): “Si uno toma un haz de varas, acaso vas a poder romperlas todas de un golpe? Pero si las tomas una por una, hasta un niño pequeño las puede romper. De la misma forma encontrarás que Israel no va a ser redimido hasta que se convierta en un solo haz.” Isaac Abravanel decía: “Todo lo bueno de Israel y su misma sobrevivencia depende de que estén juntos y unidos.”

Hay muchos ejemplos en la Biblia de calamidades que le han ocurrido al pueblo judío y que se han atribuido a la falta de unidad. Por ejemplo, la historia de José y sus hermanos, la de las diez tribus del reino de Israel que se perdieron y hasta la destrucción del Segundo Templo, donde el Talmud (Yoma 9b) lo atribuye al pecado de “sinat hinam”, odio sin sentido.

Es claro que la tradición judía lo que busca es la unidad en el pueblo judío. Y uno podría concluir fácilmente que la mejor manera de lograr la unidad es con la uniformidad. Si todos pensamos y actuamos igual entonces estaremos unidos. Pero nuestros sabios enseñaron que la pluralidad es esencial al estudiar la Torá, en las relaciones con otras personas y en la misma Ley Judía.

Nuestros sabios dicen que “la Torá tiene setenta caras” (Bemidbar Rabbah 13:15-16) y “así como el martillo rompe la piedra en pedazos, así un versículo de la Biblia puede tener muchas explicaciones” (Sanhedrín 34ª.) De igual manera la casa de Rabi Yannai decía: “Aquel que aprende Torá de un solo rabino, nunca va a ver una señal de bendiciones” (Avodah Zarah 34ª.).

Por ejemplo: ¿Qué tipo de árbol era el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal que estaba en el paraíso? La gente se imagina que era un árbol de manzanas, pero los rabinos ofrecieron otras interpretaciones. Rabi Yose decía que era una higuera, pues después de haber comido de su fruta, Adam y Eva se cubrieron con hojas de una higuera. Rabi Judah bar Ilai decía que comieron uvas, Rabi Meir decía que era trigo y Rabi Abba decía que era un árbol de etrog.
El tratado Berajot (58a.) del Talmud dice: “Nuestros rabinos enseñaron: si uno ve una multitud de judíos, dice: Bendito aquel que descifra secretos, porque la mente de cada uno es diferente a la del otro y la cara de cada uno es diferente a la del otro”.

Después de la desaparición en el año 425 EC del Sanhedrin, la asamblea de rabinos que tomaba las decisiones halajicas, ya no hubo nunca más un grupo de sabios que aprobaran algo por mayoría de votos, por lo que la Ley Judía se volvió más plural. Rabí Isaac Abraham Kook, el gran rabino de Eretz Israel decía: “La multiplicidad de opiniones, que se originan de la variedad de almas y educaciones, esa es la verdadera cosa que enriquece la sabiduría y la hace que se expanda”. Los sabios dicen que la Torá tiene setenta caras, pero yo creo que tiene más, una cara por cada judío.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Artículos de David Golinkin, Allen S. Maller y Elliot Dorff

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126. El movimiento se demuestra andando: “Naase venishmah, primero hacer y después escuchar”.

Se dice que el judaísmo es más una religión de acciones que de intenciones. Esta afirmación refleja la centralidad de las mitzvoth en la vida judía y lo resume la Torá en una frase: “Naase venishmah”. Éxodo 24:7 relata que el pueblo de Israel, al pie del Monte Sinai y después de que Moisés les leyó las palabras que Dios le había dictado, contestaron: “haremos y escucharemos”.

A los 613 mandamientos que están en la Torá se les llama “mitzvoth d´oraita” y son la base de la Halajá, la rama de la literatura rabínica que define las reglas de cómo conducirse tanto ética como religiosamente en el judaísmo. Los podemos clasificar de varias maneras. Por ejemplo, tenemos mandamientos positivos y negativos, como el ayudar a los pobres o el no trabajar en shabat, respectivamente. También se pueden agrupar en mandamientos que son entre Dios y el hombre, como el de amarás a Dios y los que son entre el hombre y su prójimo, como el de amarás a tu prójimo como a ti mismo. Tenemos mandamientos que llamamos mishpatim, que son los que podemos entender racionalmente, como el no matarás o no robarás y los llamados jukim, que no tienen una explicación clara, como el usar tzitzit. También hay mitzvoth que están ligadas al tiempo, como la celebración del shabat y otras que no, como la de honrar a tus padres.

Además los rabinos dividieron las mitzvoth d´oraita en tres tipos: primero, las que vienen de un versículo de significado directo, como la prohibición de no comer cerdo; segundo, las que vienen de un versículo que interpretaron los rabinos, como la prohibición de cocinar al cabrito en la leche de su madre, de donde derivaron la regla de separar la carne de la leche y el tercero, al que llaman “Halaja le Moshe mi Sinai”, halajá de Moisés en el Sinai, que son un grupo de mitzvoth que los rabinos sostienen que se originaron en la época de la Torá, pero que no están escritas en ella.

Aparte de las mitzvoth que se originaron en la Torá, hay mandamientos cuyo origen es el Talmud y se desprenden de los comentarios de los rabinos. A estos se les llama “mitzvoth d´rabanan”, los mandamientos de los rabinos y son por ejemplo: lavarse las manos antes de comer, prender velas en Shabat y en Janucá, leer la Meguila de Esther en Purim, o decir una “braja” antes de experimentar un placer material, como comer. Y finalmente, otro tipo de mandamientos son las “takanot”, edictos rabínicos, como el prohibir la poligamia, mismos que se dan hasta hoy en día.

George Robinson nos dice: “Las raíces de la Halajá están en la Torá, pero las ramas de este árbol frondoso se extienden desde el período Talmúdico, pasando por la Edad Media, hasta llegar a los titulares de los periódicos del día de hoy.” Aun así, la pregunta queda: ¿Cómo es que «Naasé» precede a «Nishmá»? ¿Cómo pudo Israel aceptar la Torá sin conocer qué es lo que estaban aceptando? Quizá porque sabían que el movimiento, el hacer, había que demostrarlo andando.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Essential Judaism de George Robinson, artículo de Rabbi Jill Jacobs y otras fuentes.

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125. Hatam Sofer: “Lo nuevo está prohibido por la Torá”

“Hejadash asur min haTorá, bjol makom” quiere decir: “Lo nuevo está prohibido por la Torá en todos los lugares”. Esta regla, que se encuentra en mishnayot Masejet Orlah (3:9), se refiere al “nuevo” grano que fue cosechado de plantas que echaron raíces después del 16 de Nissan, el 2º día de Pesaj y que se pueden comer hasta un año después. Uno de los grandes rabinos del siglo XIX, el Hatam Sofer, jugó con las palabras de esta regla de la Mishnah para expresar su oposición a la Ilustración judía y a los movimientos reformistas. En lugar de traducir “jadash” como “grano nuevo”, optó por darle el significado de “innovación”. Así, el Hatam Sofer declaró categóricamente que “la innovación estaba prohibida por la Torá”, que las reglas y los principios del judaísmo nunca antes habían cambiado y que jamás cambiarán en el futuro. Su lema de «hadash asur min haTorá” se convirtió en el grito de guerra de aquellos judíos que se oponían a lo moderno y lo innovador.

El Hatam Sofer (1762-1839), cuyo nombre era Moisés Schreiber, nació en Frankfurt y murió en Presburgo. A los 19 años salió de su ciudad natal siguiendo a su maestro Nathan Adler. En 1806, Sofer fue nombrado rabino de Presburgo, donde permaneció por el resto de su vida. Obtuvo el puesto por su gran reputación, adquirida por su erudición y su gran capacidad de liderazgo.

Durante los 33 años que duró en el puesto, Sofer fundó su famosa Yeshivah y la hizo el centro de su lucha en contra del movimiento reformista. Sus grandes cualidades le permitieron convertirse en la autoridad religiosa tradicional más importante del momento. Escribió 1200 responsas que se publicaron después de su muerte en seis tomos. Desde entonces y hasta nuestros días, su obra se volvió fundamental en las decisiones halájicas. Se le considera el padre del judaísmo ortodoxo.

Declaró una guerra total en contra de la modernidad. Logró que sus mejores alumnos fueran nombrados para ocupar puestos rabínicos importantes y en general fortaleció el estatus del rabinato ortodoxo. Formó un frente común con los hasidim y se ganó la confianza del gobierno hacia el judaísmo ortodoxo. Utilizó métodos propagandísticos e inclusive demagógicos para conseguir sus objetivos. Sus acciones aumentaron la división y crearon una brecha irreparable entre los ortodoxos y los no ortodoxos, especialmente en el centro de Europa.

Aunque se dio cuenta de las consecuencias que iba a traer esa división, aun así adoptó esa política. Estaba convencido que la forma de vivir de antaño era superior a la de su época. Se opuso a integrar materias seculares en su Yeshivah, aunque permitió el estudio de aquellas necesarias para aprender un oficio. Se desligó de la lucha por la emancipación, pues el hecho de buscar la igualdad con los no judíos, para él implicaba el estar insatisfecho con la vida tradicional. Logró la completa aceptación del Shuljan Aruj como la doctrina fundamental de la ortodoxia. Se convirtió en el líder indiscutido de los rabinos ortodoxos de Europa. Lo irónico es que el Hatam Sofer, con sus propias responsas, él mismo innovó en la forma de practicar el judaísmo ortodoxo. Él violó su propia regla.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Artículos de Michael K. Silber, Danny Geretz, Encyclopaedia Judaica y otros.

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124. Zejariah Frankel: Abraham Avinu no tenía tefilin.

Zejariah Frankel nació en Praga en 1801. Recibió una educación religiosa y secular en su juventud y se graduó de doctor en lenguas clásicas en la universidad de Budapest, para finalmente ordenarse como rabino. Ejerció el rabinato en varias comunidades alemanas hasta que fue electo presidente del Seminario Teológico Judío de Breslau. Fue el primer rabino en Bohemia que tenía una educación moderna. En 1845 se separó de la conferencia de rabinos reformistas que sesionaba en Frankfurt, porque habían declarado que el hebreo no era necesario en los rezos públicos.

La Escuela de Breslau, nombre que le daban a Frankel y su grupo, abogaba por tener toda la libertad para investigar y estudiar los orígenes de las creencias y las instituciones del judaísmo, sin que eso implicara el modificar la observancia estricta de sus preceptos. Él acuñó el término “Judaísmo Positivo Histórico”, donde el aspecto positivo era la forma de estudiar el judaísmo con el método científico, lo más objetivo y desapasionado posible y lo histórico porque reconocía que el judaísmo tenía su historia y que no había sido simplemente recibido del cielo listo para usarse.

Frankel decía que si queremos entender el judaísmo de una manera correcta, tenemos que estudiar su historia. Al leer un texto judío debemos preguntarnos quien lo escribió, cuando, para quien, porque lo escribió, etc. Más aun, al hacerlo, debemos utilizar las herramientas que usan los historiadores, incluyendo textos de otros grupos étnicos, descubrimientos arqueológicos y estudios lingüísticos. También tenemos que distinguir entre lo que el autor quiso decir (Peshat en hebreo) y el significado que adquirió posteriormente con el tiempo (Derash o midrash en hebreo).

Al estudiar el judaísmo de esa manera descubres que ha sido un fenómeno histórico, influido y modificado por las condiciones políticas, sociales, económicas y culturales bajo las cuales vivían los judíos y por el contacto con otros pueblos. En otras palabras, el judaísmo no ha sido el mismo durante todos los años de su existencia. Esto no quiere decir que el judaísmo haya cambiado tanto que no haya ninguna conexión entre nuestro judaísmo actual y el de Moshe Rabeinu. Lo que ha pasado es que el judaísmo ha evolucionado de una manera orgánica a través de los años.

No solo eso, el judaísmo va a seguir cambiando. El mundo no se está quieto y los organismos vivos deben aprender a vivir bajo nuevas circunstancias, si quieren sobrevivir. Pero esto no justificaba, decía Frankel, el introducir cambios artificiales que no concordaban con el verdadero espíritu del judaísmo, como lo hicieron los reformistas al cambiar radicalmente tradiciones sagradas para el pueblo judío. Tampoco coincidía con la postura ortodoxa de Samson Raphael Hirsch, que se oponía al método histórico positivo. Frankel decía que los tefilim eran de color negro no por un mandamiento recibido en Sinai, como lo afirmaba Hirsch, sino porque pintarlos de negro era una costumbre muy antigua que los judíos habían conservado a lo largo del tiempo. Además los tefilim sólo se usan desde hace poco más de 20 siglos. Es más, Abraham Avinu ni siquiera tenía tefilin.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Artículos de Louis Jacobs, Elliot N. Dorf y otras fuentes.

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