163. Rosh Jodesh: Un “shabat” exclusivo para mujeres.

El inicio de un nuevo mes, Rosh Jodesh en hebreo, en la antigüedad se determinaba por observación. El comienzo de un nuevo mes estaba marcado por la aparición de la luna nueva o luna creciente y era cuando observadores reportaban al Sanhedrin el haberla visto y éste, después de verificar con dos testigos, proclamaba el inicio del nuevo mes. Esto era muy importante, pues servía de base para celebrar las otras festividades del calendario hebreo. El Sanhedrin mandaba mensajeros para avisar cuando había empezado el mes. La aparición de la luna se anunciaba al día siguiente con el sonido del shofar y se celebraba con fiestas familiares.

Está escrito en Exodo 12:1-2: “Habló Dios a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo:  Este mes será el principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año.” En este versículo se señala, por primera vez, que el año está dividido en meses. Y en Números 10:10 dice: “En las grandes ocasiones, en las fiestas y en los días de luna nueva, tocarán las trompetas sobre sus ofrendas y sus sacrificios de comunión; y este será para ustedes como un recordatorio delante de su Dios.” Aparte del toque de las trompetas y el sacrificio, la Torá no marca ningún otro ritual ni mandamiento para celebrar Rosh Jodesh, que fue la respuesta judía a la festividad pagana del dios de la Luna, celebración muy común en aquella época antigua.

Hoy en día el “Birkat HaJodesh”, «la bendición de la luna nueva,» es un ritual ampliamente observado en las sinagogas en todo el mundo. En el último Shabat del mes hebreo, el cantor alza el rollo de la Torá y anuncia el día de la semana en el que la luna nueva, Rosh Jodesh, caerá. Otro ritual, «Birkat Halevanah,» consiste en salir al aire libre, contemplar la luna creciente en el comienzo del mes y bendecir y alabar a Dios por la luna nueva (Sanhedrín 41b).

En el Talmud (Hagigah 18ª) se menciona a Rosh Jodesh como una festividad en la que está permitido trabajar, a diferencia de otras fiestas, como Shabat. Pero en otra parte del Talmud (Megilah 22b) comentan que Rosh Jodesh es una fiesta en la que la gente no trabaja y que por lo tanto podían permanecer en la sinagoga más tiempo. Esta contradicción la resolvieron los comentaristas medievales del Talmud, como Rashi y los Tosafot, explicando que los hombres podían trabajar, pero las mujeres no. El Shuljan Aruj, en sus leyes de Rosh Jodesh, sección 1, dice que sí está permitido trabajar, pero que es una “buena” costumbre que las mujeres no trabajen.

Hay una leyenda que cuenta que cuando los israelitas iban a crear el becerro de oro, los hombres les pidieron a las mujeres todas sus joyas y su oro para fundirlas. Las mujeres se negaron a darles sus joyas y Dios les dio como premio una fiesta especial para ellas: la fiesta de Rosh Jodesh.

Hoy en día las mujeres que no trabajan en Rosh Jodesh forman grupos que se reúnen para celebrar la festividad a través del rezo, el ritual, el estudio, el canto y la discusión de temas relevantes para la mujer. Es como un Shabat exclusivo para mujeres.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Material del Schechter Institute of Jewish Studies, Women of the Wall y otras fuentes.

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162. El fanatismo: cuando se pone el culto a Dios por delante de nuestros semejantes.

Donniel Hartman en su libro: “Poniendo a Dios en segundo lugar, como salvar a la religión de sí misma”, nos cuenta la historia de un famoso maestro jasídico que, cuando caminaba por una calle, escuchó el llanto de un bebé que venía de la casa de uno de sus alumnos, un llanto que perforaba la noche. Se apresuró a entrar a la casa y vio a su alumno extasiado en su rezo, balanceándose en piadosa devoción. El rabino se dirigió hacia el bebé, la tomó en sus brazos, se sentó y la meció hasta que quedó dormida. Cuando el alumno salió de sus plegarias, quedó sorprendido y apenado al ver a su maestro en su casa, cargando a su bebé. “Maestro” le dijo, “¿qué estás haciendo?, ¿Por qué estás aquí?”. “Estaba caminando cuando escuché un llanto”, le respondió, “así que lo seguí y la encontré sola”. “Maestro”, respondió el alumno, “estaba tan absorto en mis plegarias que no la oí.” El maestro le contestó: “Mi querido alumno, si rezar vuelve a uno sordo al llanto de un niño, hay algo defectuoso en ese rezo”.

Hartman nos explica que el deseo del hombre de vivir intensamente una relación con Dios, muchas veces nos distrae de los principios morales fundamentales de la tradición y eso, de manera inadvertida, nos vuelve moralmente ciegos. Una vida de fe, aunque presupone una sensibilidad moral, también desata impulsos inmorales que florecen bajo el manto de una pretendida piedad religiosa. La decencia hacia nuestro vecino siempre tiene que tener prioridad sobre los actos de devoción religiosa. La fe en Dios no se debe de entender como una inspiración para rendirle culto, sino para cambiar la conducta de aquellos que le rinden culto.

Hartman analiza el fenómeno y le llama “intoxicación divina”, que es cuando la obsesión de poner mayor atención a lo divino le resta espacio al estar consciente de la condición humana. Le llama “manipulación divina” cuando Dios es usado para servir el egoísmo humano. Hartman sostiene que los creyentes deben a la vez inspirarse y juzgar la palabra divina y que el poner primero a nuestros semejantes es el verdadero camino para cumplir el mandato divino.

En el mismo Talmud hay agadoth que critican el darle prioridad a lo divino antes de atender la relación con nuestros semejantes. En Ketubot 62b se cuenta la historia de Rab Rehumi, un alumno en la academia de Raba en Mahuza. Rab Rahumi permanecía en la academia todo el año y sólo regresaba a casa a estar con su esposa en la víspera de Yom Kipur. En una ocasión Rab Rahumi estaba tan concentrado en lo que estaba estudiando, que olvidó regresar a casa. Su esposa lo esperaba en cualquier momento, diciendo: él va a venir pronto, él va a venir pronto. Como no llegó, ella se deprimió tanto que lágrimas empezaron a brotar de sus ojos. Y en ese momento, en la academia, el techo se colapsó y mató a Rab Rahumi. El mensaje de nuestros sabios no podía ser más claro y contundente. Hartman concluye: Los creyentes deben exigir que sus tradiciones religiosas cumplan con los más altos valores morales. La decencia hacia tu vecino debe siempre preceder a los actos de devoción religiosa. La devoción a Dios debe ser después de la responsabilidad hacia nuestros semejantes.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Donniel Hartman: “Putting God second, how to save religión from itself”.

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161. El Midrash, una manera de contestar preguntas sin respuesta.

El Midrash es un método de interpretación de historias bíblicas que va más allá de su simple significado. Llena los vacíos que sólo quedan insinuados en el texto bíblico. Fueron escritos por rabinos en el período posterior al Segundo Templo, con el propósito de analizar y entender pasajes difíciles, como el Sacrificio de Isaac, cuya lectura deja muchas dudas. Un Midrash así lo explica:

“Dios le dijo a Abraham: Toma ahora a tu hijo. Contesta Abraham: Tengo dos hijos, ¿a cuál te refieres? Dice Dios: A tu único hijo. Contesta Abraham: Los dos son hijos únicos, Isaac es el único hijo que tengo con su mamá e Ismael es el único hijo que tengo de aquella que es su madre. Dice Dios: El hijo a quien amas. Contesta Abraham: Los amo a los dos. Dice Dios: Muy bien, entonces a Isaac. ¿Para qué tanto argumento? Para que la mente de Abraham no estuviera aturdida por lo que le iba a pedir: Y ofrécelo allí en sacrificio sobre uno de los montes.

Y Abraham se levantó muy de mañana. ¿Por qué temprano en la mañana? Porqué pudiera ser que Sarah se rehúse dejar ir a Isaac. Nos iremos mientras ella sigue dormida. Y él ensilló su asno y tomó consigo dos siervos suyos… Al tercer día alzó Abraham sus ojos y vio el lugar de lejos. Y Abraham le preguntó a Isaac: ¿Ves lo que yo veo? Isaac le contestó: Veo una montaña, radiante y majestuosa, con una nube misteriosa suspendida sobre ella. Y tomó Abraham la leña del sacrificio y la puso sobre Isaac su hijo. Y fueron ambos juntos: uno para atar, el otro para ser atado, uno para sacrificar y el otro para se sacrificado. Y miedo y terror cayeron sobre Isaac, cuando no vio nada adecuado para un sacrificio. Entonces habló Isaac … y dijo: He aquí el fuego y la leña, más ¿dónde está el cordero para el sacrificio? Abraham dijo: Dios te ha escogido a ti. Isaac dijo: Si Él me ha escogido, mi vida es de Él, pero me aflijo por mi madre.

Y lo puso en el altar. Y los ojos de Abraham veían a los de Isaac, quien veía el cielo. Lágrimas salían de los ojos de Abraham. Tomó el cuchillo para cortarle el cuello lo más profundo posible. En eso, Dios abrió el firmamento y le dijo al ángel: ¿porqué estas parado? Ve y detén a Abraham. Entonces el ángel del señor lo llamó desde el cielo y dijo: Abraham, Abraham: ¿Que espantoso acto vas a cometer? Abraham le preguntó ¿Quién eres? Él le respondió: un ángel. Abraham le dijo: Cuando Dios me dijo que sacrificara a mi hijo, Él Mismo habló conmigo. Si ahora quiere otra cosa, Él Mismo debe hablar conmigo. Entonces Dios abrió el firmamento y dijo: Por Mi lo juro. Y Abraham dijo: Acaso no me dijiste: Cuenta las estrellas y así será tu semilla. Y ¿de dónde saldrán? Dios: Saldrán de Isaac. Abraham: Cuando me ordenaste sacrificar a Isaac, debería de haberte contestado: Ayer me dijiste: En Isaac tu semilla será llamada y ahora me dices: Ofrécelo ahora como un sacrificio. Ahora te digo: Cuando los hijos de Isaac pequen y caigan en desgracia, ten compasión de ellos.”

Este no es el único Midrash que trata de explicar por qué Dios le pide a Abraham que sacrifique a su hijo. Algunos lo explican como una prueba para ver si Abraham realmente lo haría. Otros como una declaración de Dios en contra de los sacrificios humanos. Unos más como una prueba de Abraham para ver si Dios cumpliría su promesa de hacerlo una gran nación. El Midrash es la manera de nuestros sabios de contestar preguntas que no tienen respuesta en el texto de la Torá.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Sefer Ha Agadah, editado por Jaim Najman Bialik y Yehoshua Hana Ravnitzky.

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160. Judaísmo Masortí: La diferencia no es el qué, sino el cómo.

Tanto el judaísmo conservador o masortí como el ortodoxo, consideran la observancia de la halajá, como algo fundamental. Ambos sostienen que la ley judía, la halajá, está definida por la Torá, la Mishnah, el Talmud, los códigos y la responsa rabínica. Los dos creen que los mandamientos o mitzvoth reflejan la voluntad divina y derivan del pacto entre Dios y el pueblo de Israel.

¿Cuál es entonces la diferencia? La diferencia no está en que mitzvoth cumplimos, (son las mismas para ambos), sino cómo las aplicamos. Un rabino masortí entiende el mundo de manera diferente que un rabino ortodoxo. Por principio, el judaísmo masortí reconoce el valor de los avances de la ciencia, por lo que trata de interpretar la tradición judía a la luz de esos postulados. Sostiene que la razón para seguir una tradición, es porque esa tradición está basada en la verdad.

Otra diferencia es la postura al cambio. Nuestra sociedad se caracteriza por constantes cambios sociales. Una sociedad que no se adapta a los cambios de su entorno se vuelve irrelevante. Para el judaísmo masortí, el cambio sólo se da cuando es definitivamente necesario. La historia de la halajá está llena de ejemplos de cambios que se han hecho en cada generación. Hoy uno de esos cambios es el papel de la mujer en el judaísmo. Las mujeres hoy en día, están integradas completamente a la sociedad, están educadas, ocupan puestos importantes en la política, en las instituciones sociales y económicas y gozan de igualdad de derechos con los hombres. Entendemos que la halajá se desarrolló en una época donde esto no era así, pero eso ha cambiado. El judaísmo masortí otorga igualdad de derechos a ambos sexos.

El movimiento masortí considera que el judaísmo está en constante evolución. El mismo Talmud revela la pasión de los rabinos por las discusiones abiertas y la voluntad de presentar varias opiniones sobre un tema, con la condición de que tengan sus raíces en las mitzvoth, el amor a Dios, el aprendizaje y la razón. La ley judía se presta a más de una interpretación. Nuestros sabios combinaban su compromiso con la tradición, con el valor de adecuarla a un nuevo entorno. No dudaron en presentar nuevas visiones o reglas que contrastaron con prácticas establecidas.

Salomón Schechter, uno de los grandes ideólogos del judaísmo conservador, decía que finalmente la máxima autoridad en el judaísmo reside en el consenso del pueblo judío, quien con su práctica es el que verdaderamente decide que es válido o no. Los estudiosos de la Biblia han demostrado que la Torá tiene una historia, por lo que es difícil aceptar el que literalmente nos fue entregada completa en un momento determinado. El movimiento masortí entiende la entrega de la Torá de forma metafórica y ve al pueblo judío no como un simple recipiente pasivo de sus mitzvoth, sino creador de ellas bajo la guía e inspiración de Dios.

Es muy satisfactorio saber que observamos la tradición de la misma manera que lo hicieron nuestros padres y abuelos. Una postura demasiado abierta al cambio, corre el riesgo de perder toda esa herencia histórica. Pero una postura cerrada, corre el riesgo de volverse anacrónica. El judaísmo masortí es el balance entre ambas. La diferencia no está en el qué, sino en el cómo.

Por: Marcos Gojman.
Bibliografía: Artículos de Masorti Olami y otras fuentes.

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159. Desenmascarando a Purim.

Celebrar Purim, al igual que Janucá, no deriva de un mandamiento divino, a diferencia de las fiestas mencionadas en la Torá, por lo que es una festividad cuyo origen es más reciente. Algunos estudiosos de la Biblia, como Hayyim Schauss, sostienen que Purim inicialmente apareció entre los judíos persas, quienes habían adoptado esa costumbre de sus vecinos que celebraban anualmente el final del invierno con un festival lleno de risas, juegos y bromas. De Persia, se extendió a Babilonia y después a la Tierra de Israel. También se basan en el hecho que tanto en la traducción al griego de la Biblia, el Septuaginta, como en las obras del historiador Flavio Josefo, se refieren a Purim con el nombre de Furdaia, una distorsión de una antigua fiesta persa llamada Farwadigan. En cualquier caso, sea cual sea la verdadera historia de Purim, para el siglo II EC, un tratado de la Mishnah, llamado Meguilá, se había dedicado a los detalles de su observancia.

El Libro de Esther, Meguilat Esther, no menciona en ninguna parte el nombre de Dios, ni se habla del Templo de Jerusalem, ni de ninguna práctica religiosa, como rezar o comer kosher. Podría considerarse como el más secular de los libros de la Biblia judía. Su único mérito dentro del ámbito religioso, es que fue el origen de la fiesta de Purim. Su capítulo 9 dice: “Por lo tanto, llamaron a estos días Purim, del nombre de Pur… Así que estos días debían ser recordados y celebrados a lo largo de cada generación, cada familia, cada provincia y cada ciudad”.

Los orígenes del Libro de Esther siguen siendo oscuros. Por el estilo del texto en hebreo y la falta de una corroboración de los hechos y personajes ahí narrados con la historia de la antigua Persia, los estudiosos piensan que fue creado mucho después, a finales de la época del Segundo Templo. También algunos consideran que la historia tiene paralelos con varios mitos del Medio Oriente, especialmente con los dioses babilónicos Marduk e Ishtar, nombres que se transformaron en Mordejai y en Esther y cuyas historias se adaptaron a las circunstancias de los judíos en el exilio babilónico. Theodore Gaster cree que Purim se originó con el año nuevo babilónico, cuando los dioses determinaban el destino de los hombres con una lotería, en babilonio “puru”.

El tratado Meguilá de la Mishnah establece que debemos celebrar Purim con: un banquete donde debe uno beber de más, regalando comida, los “mishloaj manot”, leyendo Meguilat Esther en la sinagoga e incluir el párrafo “al hanisim”, en los rezos del diario. Sorprende que la práctica de usar máscaras y disfraces en Purim no se menciona en el Talmud o en el Midrash. El primero en mencionarla es R. Yehuda ben Eliezer ha-Levi Minz, en el siglo XV, en Teshuvot Mahari Minz; sin embargo, él no explica el origen o las razones para disfrazarse. Algunos rabinos e historiadores creen que esta costumbre fue copiada de los carnavales cristianos europeos que se celebran en la misma época del año, aunque ahora se busca dar una explicación simbólica, diciendo que Esther ocultó (disfrazó) su judaísmo o que Mordejai fue paseado vestido como un príncipe.

La fiesta de Purim es una de las celebraciones más queridas dentro de la tradición judía. Pero la época cuando ocurrió y su verdadero significado aún sigue sin desenmascararse completamente.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Artículos de Rabbi Ronald H. Isaacs Theodore Gaster y Adele Berlin.

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158. Flavio Josefo: ¿Un traidor o un historiador?

Yosef ben Matitiahu nació en Jerusalem en el año 37 EC, en la época de la ocupación romana de la Tierra de Israel y murió en Roma a finales del siglo I EC. De joven fue enviado a esa ciudad a negociar la liberación de algunos sacerdotes que el Emperador Nerón tenía como rehenes y cuando regresó se encontró con una nación sumida en una rebelión en contra de sus ocupantes.

A pesar de su presentimiento de que la lucha era en vano, aceptó ser el comandante de las fuerzas rebeldes judías en la Galilea. Durante la caída de la ciudad de Yodfat (Jotapata) ante el ejército de Vespasiano, Josefo y sus hombres se refugiaron en una cueva donde acordaron suicidarse antes que entregarse. Josefo, sin embargo, fue uno de los dos que no se suicidaron.

Al ser tomado prisionero por Vespasiano, recordó un oráculo que decía que el general sería el próximo emperador de Roma y se lo dijo. Al cumplirse la “profecía”, éste le perdonó la vida y lo recompensó ampliamente. El emperador Vespasiano fue el iniciador de la dinastía Flavia, por lo que Josefo cambió su nombre a Flavio Josefo, como agradecimiento a su protector. Durante el resto de la guerra, Josefo ayudó al comandante Tito, hijo de Vespasiano, en su lucha en contra de los rebeldes judíos, tratando de negociar una paz con ellos, pero no lo logró. Josefo fue testigo de la destrucción de Jerusalem y del Templo, por lo que fue considerado un traidor a la causa.

Emigró a Roma con la comitiva de Tito y se dedicó a escribir la historia de la guerra que había presenciado, primero en arameo y después en griego. Posteriormente, escribió un largo tratado sobre la historia de los judíos. Ambas obras, “La Guerra de los Judíos” y “Antigüedades de los Judíos”, junto con su autobiografía, son una de las fuentes más importantes que tenemos para poder entender los últimos dos siglos de la época del Segundo Templo (530 AEC hasta 70 EC).

Louis H. Feldman, profesor de Yeshiva University y experto en la obra de Flavio Josefo, lo considera uno de los primeros comentaristas sistemáticos de la Biblia y uno de los principales historiadores de los principios de la Era Común (Siglo I). Lo describe como pro romano y opuesto al nacionalismo extremo judío, pero también como un celoso defensor de la religión y cultura judía.

El profesor Magen Broshi, del Museo Israel de Jerusalem, se ha dedicado a corroborar la exactitud de las fuentes que Josefo utilizó al escribir sus obras y concluye que, en cuestión de pruebas arqueológicas, los escritos son bastante exactos. También sus cifras sobre el número de habitantes parecen ser bastante confiables. Pareciera que obtuvo su información de los reportes de los comandantes del ejército romano, ya que todo lo escribió cuando ya vivía en Roma. Pero en otros campos, Josefo llegó a ser un poco vago y hasta exagerado.

Josefo interpretó la revuelta judía como el enfrentamiento entre la corrupción de los gobernadores romanos enviados por el Emperador Nerón y el nacionalismo religioso judío, de por sí dividido en facciones, como los fariseos, los saduceos y los esenios. ¿Fue Flavio Josefo un traidor al pueblo judío? Por muchos años así fue considerado, aunque últimamente se ha revalorado su aporte como historiador, lo que le ha dado otro lugar en la historia judía. ¿Qué hubiera pasado si le hubieran hecho caso durante la revuelta? Nadie sabe.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Artículos de Louis H. Feldman, Magen Broshi, G. Goldberg y otros.

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157. Los ortodoxos: ¿Abiertos como la tienda de Abraham y Sarah o cerrados como el arca de Noe?

Desde el inicio del judaísmo rabínico hasta mediados del siglo XX, todos los rabinos habían sido hombres. Esto cambió con la llegada de los movimientos liberales, quienes empezaron a ordenar mujeres rabinos de manera institucional desde 1972, cuando fue ordenada la primera mujer rabino reformista. El judaísmo reconstruccionista y el conservador lo hicieron pocos años después.

La corriente ortodoxa se ha opuesto completamente a aceptar que una mujer puede ser rabino. Pero desde hace algunos años se empiezan a dar cambios en esta rama del judaísmo. Aunque el término ortodoxo significa: “el que sigue fielmente los principios de una doctrina”, en nuestros días han surgido voces de cambio dentro del ámbito ortodoxo. Una de esas voces es la de Abraham “Avi” Weiss, un rabino ortodoxo moderno que recibió su título de Yeshivah University.

Weiss acuñó el término “Ortodoxia Abierta” en 1997, para describir una forma de la ortodoxia que, manteniendo su completa adherencia a la Halaja, se abre intelectualmente al mundo secular, se preocupa por todos los judíos sin importar su afiliación u observancia religiosa y busca darle a la mujer un papel más preponderante en la práctica religiosa. En 1999, después de renunciar como maestro en Yeshivah University, Avi Weiss funda la Yeshivah Jovevei Torá para formar rabinos ortodoxos con este nuevo enfoque. En 2006 Weiss busca el reconocimiento del Rabbinical Council of America, la institución que agrupa a los rabinos ortodoxos modernos, pero no lo consigue.

En 2009 funda la Yeshivat Maharat para entrenar a mujeres para ser “maharat”, las iniciales de “Manhigah Halajtit Rujanit Toranit”, que en hebreo quiere decir “Líder en Torá, Halajá y Espiritualidad”, un término ideado para referirse a mujeres entrenadas como rabinos. Sara Hurwitz fue la primera mujer en ser ordenada “maharat” y en 2010 cambió su título a “Rabba”. Este movimiento también se ha dado en Israel. En 2015, Jennie Rosenfeld se convirtió en la primera mujer ortodoxa en dirigir la comunidad de Efrat como “manhiga rujanit”, líder espiritual.

Otro cambio promovido por la ortodoxia abierta es el del “minyan en sociedad”, un grupo de rezo que maximiza la participación de las mujeres. En estos grupos, el tener minyan implica tanto tener diez hombres como tener diez mujeres para poder rezar. Esto empezó en 2002, en los Estados Unidos y en Israel. El “minyan en sociedad” es un grupo comprometido a observar la halaja, por lo que tiene una mejitzah que separa a hombres y mujeres y rezan de acuerdo a las reglas ortodoxas, pero permiten que las mujeres lean la Torá, reciban una aliyah y rezen los Psukei D´zimrah.

Avi Weiss nos dice: “El judaísmo ortodoxo abierto busca incluir más a las mujeres en los rituales y en el liderazgo espiritual, incluir más a aquellos con preferencias sexuales diferentes, incluir y facilitar más a aquellos que quieren convertirse al judaísmo. Buscan encontrarse en un diálogo con judíos de otras denominaciones e inclusive con gente de otras religiones”. El rabino David Hartman decía: “Crecí en un hogar donde para ser piadoso no necesitaba de alguien a quien odiar, donde me sentía cerca de Dios sin la necesidad de decir: él no me gusta, yo no voy a su shul” [sinagoga en Yidish]. Es la diferencia entre el arca de Noe, cerrada y aislada, y la tienda de nuestros patriarcas Abraham y Sarah, abierta de los cuatro lados.

Por: Marcos Gojman
Bibliografía: Artículos de Avi Weiss, David Suissa, Moshe Averick y otras fuentes.

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156. Por fin: ¿Puedo comer arroz en Pesaj?

La Torá es muy clara en su prohibición de: no comer jametz o mezclas que contengan jametz, de no poseer jametz en nuestra casa y de remover el jametz de nuestra casa, durante la celebración de la fiesta de Pesaj. Lo dicen varios versículos de la Torá en Éxodo y Deuteronomio.

Comer jametz quiere decir comer un alimento leudado. Leudar es hacer que una mezcla hecha de harina de ciertos granos, se aligere y se suavice como resultado de incorporar burbujas dentro de la masa. Esto se logra mezclándole sustancias químicas como el almidón, el bicarbonato y otras, llamadas levadura, pero también se logra agregando agua a la harina y esperando que sus almidones naturalmente produzcan burbujas de dióxido de carbono que hacen que la masa se “levante”. Al secarse el pan o lo que se esté preparando, los huecos formados por las burbujas permanecen, creando esa consistencia esponjosa. Nuestros sabios especifican que una mezcla de harina con agua empieza a leudar después de 18 minutos. Por eso la fabricación de matza, que se hace mezclando agua con harina de trigo, requiere que se meta al horno inmediatamente.

Los rabinos en la Mishnah describen cinco tipos de granos que, cuando se les agrega agua, pueden leudar. Originalmente eran granos autóctonos de la tierra de Israel. Pero cuando los judíos fueron exiliados a tierras europeas, la lista se integró con granos que había en Europa: trigo, cebada, centeno, avena y espelta (un tipo de trigo). De acuerdo al Talmud, cualquier otro grano no incluido en esta lista, cuando se le agrega agua y se deja, la mezcla se pudre en lugar de “levantarse”.

Entre los judíos ashkenazim se acostumbra que en Pesaj no solo se evita comer productos de los cinco granos, sino también otros granos o leguminosas que en hebreo llamamos kitniyot, literalmente “pequeñas cosas”. Dependiendo de cada comunidad, la lista de kitniyot incluye arroz, maíz, lentejas, mijo, frijoles y hasta cacahuates. Rabi David Golinkin, en una responsa, nos dice que esta costumbre la mencionan por primera vez en Francia y Provence en el siglo XIII, los rabinos Asher de Lunel, Samuel de Falaise y Peretz de Corebeil. De ahí la costumbre se extiende a otros países y la lista de kitniyot, alimentos no permitidos, se aumenta. De todos modos, no se conocía la razón para prohibir comer kitniyot, por lo que los rabinos empezaron a inventar explicaciones del porqué. Se conocen hasta doce diferentes explicaciones que se pueden resumir en una: los granos y la harina de kitniyot pudiera confundirse y o mezclarse con los cinco granos prohibidos. Reb Samuel de Falasia se refiere a ella como una costumbre equivocada y Reb Yeruham la llamó una costumbre tonta. Los judíos sefaradim no observan la costumbre de no comer kitniyot.

Realmente hay una sola razón para observar esta costumbre: el deseo de preservar una vieja costumbre. Los rabinos ortodoxos ashkenazim insisten en preservarla y los conservadores y reformistas la han desechado. La insistencia de conservar la costumbre ha complicado aún más la observancia de la kashrut en Pesaj, pues ahora hay productos kosher para pesaj para personas que si comen kitniyot y otros para los que no las comen.

No comer kitniyot es un ejemplo de como una costumbre inexplicable, con el tiempo se convierte en ley. Y además nos divide. Entonces, ¿Puedo comer arroz en Pesaj? Tu decide.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Rabbi David Golinkin: Rice, beans and kitniyot on Pesah – are they really forbidden?

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155. Rabí Regina Jonas, oriunda de Berlín.

Regina Jonas nació en Berlín en 1902. Su padre, un comerciante, fue probablemente su primer maestro. Su pasión por la historia judía, la Biblia y el hebreo era notoria desde la preparatoria, donde sus compañeros la recuerdan hablar de convertirse en rabino. En esto la apoyó especialmente el rabino ortodoxo Max Weil, con quien se reunía una vez por semana para estudiar literatura rabínica. En 1923 pasó su examen de bachillerato e ingresó a un seminario de maestros, lo que le permitió enseñar la religión judía en escuelas de niñas en Berlín.

En 1924 se inscribió en la Escuela Superior de la Ciencia del Judaísmo. Jonas era la única alumna que aspiraba ser ordenada como rabino. Sus compañeras sólo buscaban convertirse en maestras. Eduardo Baneth, profesor de Talmud en la Escuela Superior, fue el supervisor de su tesis. El tema fue: “¿Puede una mujer tener la posición de rabino?”. Su trabajo (1930) fue el primer intento de encontrar una base halájica para poder ordenar mujeres como rabino.

En su tesis, Jonas combinó la argumentación halájica con una actitud moderna. No siguió la postura reformista que había abandonado la halaja. Prefirió buscar la igualdad de género en las fuentes tradicionales judías. El rabinato femenino debería entenderse como una continuación de la tradición. Con esto, Jonas se separó tanto de la postura ortodoxa, que no aceptaba la igualdad de sexos en este tema, como de la postura reformista que pretendía ser el único defensor de los derechos de la mujer. En la última página escribió: Nada halájico, sólo el prejuicio y la falta de familiaridad, se oponen a que una mujer pueda ejercer como rabino”.

Su tesis recibió la calificación de “Bueno”. Su maestro Eduardo Baneth falleció poco tiempo después y su sucesor Hanokh Albeck no tuvo la voluntad de ordenarla, por lo que Regina se graduó como maestra de religión. Trabajó en varias escuelas de niñas. Con todo no cesó en su intento de ser ordenada como rabino. Finalmente, en 1935, el rabino Max Dienemann, director ejecutivo de la Conferencia de Rabinos Liberales aceptó ordenarla. Su diploma decía: “En vista de que he visto que su corazón está con Dios y con Israel y de que dedica su alma a ese fin y que respeta a Dios y que ha pasado el examen en materia de leyes religiosas, por lo tanto yo certifico que está calificada para contestar preguntas de leyes religiosas y tiene el derecho de ostentar el título de rabino y que Dios la proteja y la guíe en todo su camino”.

Pocos años pudo Regina ejercer como rabino. Fue empleada como consejero pastoral rabínico en 1937 por la comunidad judía de Berlín. Empezó a predicar en sinagogas liberales hasta que en 1942 fue deportada junto con su mamá al campo de concentración de Theresiendstat. El 12 de octubre de 1944 fueron deportadas a Auschwitz donde murieron asesinadas ese mismo día. En los archivos de Terezin se conserva un documento escrito a mano intitulado “Sermones por la única mujer rabino Regina Jonas. Lo firmó: “Rabi Regina Jonas, oriunda de Berlín”.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Fräulein Rabbiner Jonas, por Elisa Klapheck y otras fuentes.

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154. Parasha Beshalaj: ¿Y los milagros sirven para algo?

En la parasha Beshalaj la Torá nos dice que, cuando finalmente los israelitas llegaron hasta el mar Rojo, se dieron cuenta de que el Faraón y su ejército los perseguían. Estaban atrapados entre el ejército del Faraón y el mar. Pero Dios le dijo a Moisés que elevara su bastón por sobre el agua y entonces el mar se abrió para dejar pasar a los hijos de Israel y luego se cerró sobre los egipcios, ahogándolos. Tan pronto como los israelitas cruzaron el mar, se olvidaron rápidamente de su buena fortuna y empezaron a quejarse de la falta de agua y de comida. Decían que la esclavitud en Egipto era preferible a su nueva situación. Dios, a través de Moisés, sacó agua de una roca y desde el cielo hizo caer el maná. El midrash Shmot Rabah cuestiona los reclamos de los hijos de Israel y les pregunta: ¿Acaso se han olvidado de todos los milagros que Dios realizó para ustedes?

Al respecto el rabino Bradley Shavit Artson nos dice: “Claramente pareciera que los milagros no fueron una manera efectiva de inculcar la conciencia de Dios. De hecho, toda la Biblia puede leerse como un libro que narra lo difícil que era poder enseñarle al hombre a comportarse correctamente.” Consideren lo siguiente, nos dice Rab Artson: “Primero Dios trató el problema con un jardín paradisiaco. Adam y Eva lo desobedecieron de todos modos. Después mandó el diluvio. Esto también falló. La gente continuó actuando de forma violenta. Entonces Dios esclavizó a los hebreos, les mandó un libertador y los redimió de Egipto. Aun así, después de las diez plagas y la partición del mar, los hebreos siguieron siendo un pueblo testarudo. En el Sinai les da instrucciones de cómo comportarse con los mandamientos de la Torá y los israelitas los ignoran. Dios manda a profetas con su visión y los judíos se revelan en contra de ellos. Pareciera que los milagros no funcionan. Inicialmente la gente se maravilla con ellos y después los olvidan.”

El rabino Bradley continúa: “El reformar el carácter del hombre requiere mucho más que “efectos especiales”, como en las películas, aunque sean milagros de origen divino. El transformar la conducta humana requiere de una educación constante y gradual, con refuerzos, disciplina y una comunidad.” El cambio se logra con pequeñas acciones. No son los milagros externos los que hacen el cambio. Si fuera así, con una palabra de Dios la gente cambiaría. Dios no busca hacer grandes milagros por el hecho de hacerlos, lo que quiere es que el hombre cambie por sí mismo.

Ahad Ha-am nos lo explica diferente: “En esta hora de felicidad, el corazón de Moisés se desborda con emoción y se vierte en una canción. Él no sabe que todavía está en el inicio de su viaje, él no sabe que la verdadera tarea, la tarea más difícil, aun no se ha iniciado. El Faraón se ha ido, pero su obra permanece, el amo ha dejado de ser el amo, pero los esclavos no han cesado de ser esclavos. Un pueblo formado por generaciones en la casa de la esclavitud, no puede desechar en un instante los efectos de esa formación y volverse verdaderamente libre, aun cuando las cadenas hayan sido arrancadas.” Lo importante no fue el milagro de haber partido el mar, sino iniciar el cambio interior dentro de cada persona que salió de Egipto.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: “The Bedside Torah” de Rabi Bradley Shavit Artson y otras fuentes.

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