158. Flavio Josefo: ¿Un traidor o un historiador?

Yosef ben Matitiahu nació en Jerusalem en el año 37 EC, en la época de la ocupación romana de la Tierra de Israel y murió en Roma a finales del siglo I EC. De joven fue enviado a esa ciudad a negociar la liberación de algunos sacerdotes que el Emperador Nerón tenía como rehenes y cuando regresó se encontró con una nación sumida en una rebelión en contra de sus ocupantes.

A pesar de su presentimiento de que la lucha era en vano, aceptó ser el comandante de las fuerzas rebeldes judías en la Galilea. Durante la caída de la ciudad de Yodfat (Jotapata) ante el ejército de Vespasiano, Josefo y sus hombres se refugiaron en una cueva donde acordaron suicidarse antes que entregarse. Josefo, sin embargo, fue uno de los dos que no se suicidaron.

Al ser tomado prisionero por Vespasiano, recordó un oráculo que decía que el general sería el próximo emperador de Roma y se lo dijo. Al cumplirse la “profecía”, éste le perdonó la vida y lo recompensó ampliamente. El emperador Vespasiano fue el iniciador de la dinastía Flavia, por lo que Josefo cambió su nombre a Flavio Josefo, como agradecimiento a su protector. Durante el resto de la guerra, Josefo ayudó al comandante Tito, hijo de Vespasiano, en su lucha en contra de los rebeldes judíos, tratando de negociar una paz con ellos, pero no lo logró. Josefo fue testigo de la destrucción de Jerusalem y del Templo, por lo que fue considerado un traidor a la causa.

Emigró a Roma con la comitiva de Tito y se dedicó a escribir la historia de la guerra que había presenciado, primero en arameo y después en griego. Posteriormente, escribió un largo tratado sobre la historia de los judíos. Ambas obras, “La Guerra de los Judíos” y “Antigüedades de los Judíos”, junto con su autobiografía, son una de las fuentes más importantes que tenemos para poder entender los últimos dos siglos de la época del Segundo Templo (530 AEC hasta 70 EC).

Louis H. Feldman, profesor de Yeshiva University y experto en la obra de Flavio Josefo, lo considera uno de los primeros comentaristas sistemáticos de la Biblia y uno de los principales historiadores de los principios de la Era Común (Siglo I). Lo describe como pro romano y opuesto al nacionalismo extremo judío, pero también como un celoso defensor de la religión y cultura judía.

El profesor Magen Broshi, del Museo Israel de Jerusalem, se ha dedicado a corroborar la exactitud de las fuentes que Josefo utilizó al escribir sus obras y concluye que, en cuestión de pruebas arqueológicas, los escritos son bastante exactos. También sus cifras sobre el número de habitantes parecen ser bastante confiables. Pareciera que obtuvo su información de los reportes de los comandantes del ejército romano, ya que todo lo escribió cuando ya vivía en Roma. Pero en otros campos, Josefo llegó a ser un poco vago y hasta exagerado.

Josefo interpretó la revuelta judía como el enfrentamiento entre la corrupción de los gobernadores romanos enviados por el Emperador Nerón y el nacionalismo religioso judío, de por sí dividido en facciones, como los fariseos, los saduceos y los esenios. ¿Fue Flavio Josefo un traidor al pueblo judío? Por muchos años así fue considerado, aunque últimamente se ha revalorado su aporte como historiador, lo que le ha dado otro lugar en la historia judía. ¿Qué hubiera pasado si le hubieran hecho caso durante la revuelta? Nadie sabe.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Artículos de Louis H. Feldman, Magen Broshi, G. Goldberg y otros.

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157. Los ortodoxos: ¿Abiertos como la tienda de Abraham y Sarah o cerrados como el arca de Noe?

Desde el inicio del judaísmo rabínico hasta mediados del siglo XX, todos los rabinos habían sido hombres. Esto cambió con la llegada de los movimientos liberales, quienes empezaron a ordenar mujeres rabinos de manera institucional desde 1972, cuando fue ordenada la primera mujer rabino reformista. El judaísmo reconstruccionista y el conservador lo hicieron pocos años después.

La corriente ortodoxa se ha opuesto completamente a aceptar que una mujer puede ser rabino. Pero desde hace algunos años se empiezan a dar cambios en esta rama del judaísmo. Aunque el término ortodoxo significa: “el que sigue fielmente los principios de una doctrina”, en nuestros días han surgido voces de cambio dentro del ámbito ortodoxo. Una de esas voces es la de Abraham “Avi” Weiss, un rabino ortodoxo moderno que recibió su título de Yeshivah University.

Weiss acuñó el término “Ortodoxia Abierta” en 1997, para describir una forma de la ortodoxia que, manteniendo su completa adherencia a la Halaja, se abre intelectualmente al mundo secular, se preocupa por todos los judíos sin importar su afiliación u observancia religiosa y busca darle a la mujer un papel más preponderante en la práctica religiosa. En 1999, después de renunciar como maestro en Yeshivah University, Avi Weiss funda la Yeshivah Jovevei Torá para formar rabinos ortodoxos con este nuevo enfoque. En 2006 Weiss busca el reconocimiento del Rabbinical Council of America, la institución que agrupa a los rabinos ortodoxos modernos, pero no lo consigue.

En 2009 funda la Yeshivat Maharat para entrenar a mujeres para ser “maharat”, las iniciales de “Manhigah Halajtit Rujanit Toranit”, que en hebreo quiere decir “Líder en Torá, Halajá y Espiritualidad”, un término ideado para referirse a mujeres entrenadas como rabinos. Sara Hurwitz fue la primera mujer en ser ordenada “maharat” y en 2010 cambió su título a “Rabba”. Este movimiento también se ha dado en Israel. En 2015, Jennie Rosenfeld se convirtió en la primera mujer ortodoxa en dirigir la comunidad de Efrat como “manhiga rujanit”, líder espiritual.

Otro cambio promovido por la ortodoxia abierta es el del “minyan en sociedad”, un grupo de rezo que maximiza la participación de las mujeres. En estos grupos, el tener minyan implica tanto tener diez hombres como tener diez mujeres para poder rezar. Esto empezó en 2002, en los Estados Unidos y en Israel. El “minyan en sociedad” es un grupo comprometido a observar la halaja, por lo que tiene una mejitzah que separa a hombres y mujeres y rezan de acuerdo a las reglas ortodoxas, pero permiten que las mujeres lean la Torá, reciban una aliyah y rezen los Psukei D´zimrah.

Avi Weiss nos dice: “El judaísmo ortodoxo abierto busca incluir más a las mujeres en los rituales y en el liderazgo espiritual, incluir más a aquellos con preferencias sexuales diferentes, incluir y facilitar más a aquellos que quieren convertirse al judaísmo. Buscan encontrarse en un diálogo con judíos de otras denominaciones e inclusive con gente de otras religiones”. El rabino David Hartman decía: “Crecí en un hogar donde para ser piadoso no necesitaba de alguien a quien odiar, donde me sentía cerca de Dios sin la necesidad de decir: él no me gusta, yo no voy a su shul” [sinagoga en Yidish]. Es la diferencia entre el arca de Noe, cerrada y aislada, y la tienda de nuestros patriarcas Abraham y Sarah, abierta de los cuatro lados.

Por: Marcos Gojman
Bibliografía: Artículos de Avi Weiss, David Suissa, Moshe Averick y otras fuentes.

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156. Por fin: ¿Puedo comer arroz en Pesaj?

La Torá es muy clara en su prohibición de: no comer jametz o mezclas que contengan jametz, de no poseer jametz en nuestra casa y de remover el jametz de nuestra casa, durante la celebración de la fiesta de Pesaj. Lo dicen varios versículos de la Torá en Éxodo y Deuteronomio.

Comer jametz quiere decir comer un alimento leudado. Leudar es hacer que una mezcla hecha de harina de ciertos granos, se aligere y se suavice como resultado de incorporar burbujas dentro de la masa. Esto se logra mezclándole sustancias químicas como el almidón, el bicarbonato y otras, llamadas levadura, pero también se logra agregando agua a la harina y esperando que sus almidones naturalmente produzcan burbujas de dióxido de carbono que hacen que la masa se “levante”. Al secarse el pan o lo que se esté preparando, los huecos formados por las burbujas permanecen, creando esa consistencia esponjosa. Nuestros sabios especifican que una mezcla de harina con agua empieza a leudar después de 18 minutos. Por eso la fabricación de matza, que se hace mezclando agua con harina de trigo, requiere que se meta al horno inmediatamente.

Los rabinos en la Mishnah describen cinco tipos de granos que, cuando se les agrega agua, pueden leudar. Originalmente eran granos autóctonos de la tierra de Israel. Pero cuando los judíos fueron exiliados a tierras europeas, la lista se integró con granos que había en Europa: trigo, cebada, centeno, avena y espelta (un tipo de trigo). De acuerdo al Talmud, cualquier otro grano no incluido en esta lista, cuando se le agrega agua y se deja, la mezcla se pudre en lugar de “levantarse”.

Entre los judíos ashkenazim se acostumbra que en Pesaj no solo se evita comer productos de los cinco granos, sino también otros granos o leguminosas que en hebreo llamamos kitniyot, literalmente “pequeñas cosas”. Dependiendo de cada comunidad, la lista de kitniyot incluye arroz, maíz, lentejas, mijo, frijoles y hasta cacahuates. Rabi David Golinkin, en una responsa, nos dice que esta costumbre la mencionan por primera vez en Francia y Provence en el siglo XIII, los rabinos Asher de Lunel, Samuel de Falaise y Peretz de Corebeil. De ahí la costumbre se extiende a otros países y la lista de kitniyot, alimentos no permitidos, se aumenta. De todos modos, no se conocía la razón para prohibir comer kitniyot, por lo que los rabinos empezaron a inventar explicaciones del porqué. Se conocen hasta doce diferentes explicaciones que se pueden resumir en una: los granos y la harina de kitniyot pudiera confundirse y o mezclarse con los cinco granos prohibidos. Reb Samuel de Falasia se refiere a ella como una costumbre equivocada y Reb Yeruham la llamó una costumbre tonta. Los judíos sefaradim no observan la costumbre de no comer kitniyot.

Realmente hay una sola razón para observar esta costumbre: el deseo de preservar una vieja costumbre. Los rabinos ortodoxos ashkenazim insisten en preservarla y los conservadores y reformistas la han desechado. La insistencia de conservar la costumbre ha complicado aún más la observancia de la kashrut en Pesaj, pues ahora hay productos kosher para pesaj para personas que si comen kitniyot y otros para los que no las comen.

No comer kitniyot es un ejemplo de como una costumbre inexplicable, con el tiempo se convierte en ley. Y además nos divide. Entonces, ¿Puedo comer arroz en Pesaj? Tu decide.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Rabbi David Golinkin: Rice, beans and kitniyot on Pesah – are they really forbidden?

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155. Rabí Regina Jonas, oriunda de Berlín.

Regina Jonas nació en Berlín en 1902. Su padre, un comerciante, fue probablemente su primer maestro. Su pasión por la historia judía, la Biblia y el hebreo era notoria desde la preparatoria, donde sus compañeros la recuerdan hablar de convertirse en rabino. En esto la apoyó especialmente el rabino ortodoxo Max Weil, con quien se reunía una vez por semana para estudiar literatura rabínica. En 1923 pasó su examen de bachillerato e ingresó a un seminario de maestros, lo que le permitió enseñar la religión judía en escuelas de niñas en Berlín.

En 1924 se inscribió en la Escuela Superior de la Ciencia del Judaísmo. Jonas era la única alumna que aspiraba ser ordenada como rabino. Sus compañeras sólo buscaban convertirse en maestras. Eduardo Baneth, profesor de Talmud en la Escuela Superior, fue el supervisor de su tesis. El tema fue: “¿Puede una mujer tener la posición de rabino?”. Su trabajo (1930) fue el primer intento de encontrar una base halájica para poder ordenar mujeres como rabino.

En su tesis, Jonas combinó la argumentación halájica con una actitud moderna. No siguió la postura reformista que había abandonado la halaja. Prefirió buscar la igualdad de género en las fuentes tradicionales judías. El rabinato femenino debería entenderse como una continuación de la tradición. Con esto, Jonas se separó tanto de la postura ortodoxa, que no aceptaba la igualdad de sexos en este tema, como de la postura reformista que pretendía ser el único defensor de los derechos de la mujer. En la última página escribió: Nada halájico, sólo el prejuicio y la falta de familiaridad, se oponen a que una mujer pueda ejercer como rabino”.

Su tesis recibió la calificación de “Bueno”. Su maestro Eduardo Baneth falleció poco tiempo después y su sucesor Hanokh Albeck no tuvo la voluntad de ordenarla, por lo que Regina se graduó como maestra de religión. Trabajó en varias escuelas de niñas. Con todo no cesó en su intento de ser ordenada como rabino. Finalmente, en 1935, el rabino Max Dienemann, director ejecutivo de la Conferencia de Rabinos Liberales aceptó ordenarla. Su diploma decía: “En vista de que he visto que su corazón está con Dios y con Israel y de que dedica su alma a ese fin y que respeta a Dios y que ha pasado el examen en materia de leyes religiosas, por lo tanto yo certifico que está calificada para contestar preguntas de leyes religiosas y tiene el derecho de ostentar el título de rabino y que Dios la proteja y la guíe en todo su camino”.

Pocos años pudo Regina ejercer como rabino. Fue empleada como consejero pastoral rabínico en 1937 por la comunidad judía de Berlín. Empezó a predicar en sinagogas liberales hasta que en 1942 fue deportada junto con su mamá al campo de concentración de Theresiendstat. El 12 de octubre de 1944 fueron deportadas a Auschwitz donde murieron asesinadas ese mismo día. En los archivos de Terezin se conserva un documento escrito a mano intitulado “Sermones por la única mujer rabino Regina Jonas. Lo firmó: “Rabi Regina Jonas, oriunda de Berlín”.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Fräulein Rabbiner Jonas, por Elisa Klapheck y otras fuentes.

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154. Parasha Beshalaj: ¿Y los milagros sirven para algo?

En la parasha Beshalaj la Torá nos dice que, cuando finalmente los israelitas llegaron hasta el mar Rojo, se dieron cuenta de que el Faraón y su ejército los perseguían. Estaban atrapados entre el ejército del Faraón y el mar. Pero Dios le dijo a Moisés que elevara su bastón por sobre el agua y entonces el mar se abrió para dejar pasar a los hijos de Israel y luego se cerró sobre los egipcios, ahogándolos. Tan pronto como los israelitas cruzaron el mar, se olvidaron rápidamente de su buena fortuna y empezaron a quejarse de la falta de agua y de comida. Decían que la esclavitud en Egipto era preferible a su nueva situación. Dios, a través de Moisés, sacó agua de una roca y desde el cielo hizo caer el maná. El midrash Shmot Rabah cuestiona los reclamos de los hijos de Israel y les pregunta: ¿Acaso se han olvidado de todos los milagros que Dios realizó para ustedes?

Al respecto el rabino Bradley Shavit Artson nos dice: “Claramente pareciera que los milagros no fueron una manera efectiva de inculcar la conciencia de Dios. De hecho, toda la Biblia puede leerse como un libro que narra lo difícil que era poder enseñarle al hombre a comportarse correctamente.” Consideren lo siguiente, nos dice Rab Artson: “Primero Dios trató el problema con un jardín paradisiaco. Adam y Eva lo desobedecieron de todos modos. Después mandó el diluvio. Esto también falló. La gente continuó actuando de forma violenta. Entonces Dios esclavizó a los hebreos, les mandó un libertador y los redimió de Egipto. Aun así, después de las diez plagas y la partición del mar, los hebreos siguieron siendo un pueblo testarudo. En el Sinai les da instrucciones de cómo comportarse con los mandamientos de la Torá y los israelitas los ignoran. Dios manda a profetas con su visión y los judíos se revelan en contra de ellos. Pareciera que los milagros no funcionan. Inicialmente la gente se maravilla con ellos y después los olvidan.”

El rabino Bradley continúa: “El reformar el carácter del hombre requiere mucho más que “efectos especiales”, como en las películas, aunque sean milagros de origen divino. El transformar la conducta humana requiere de una educación constante y gradual, con refuerzos, disciplina y una comunidad.” El cambio se logra con pequeñas acciones. No son los milagros externos los que hacen el cambio. Si fuera así, con una palabra de Dios la gente cambiaría. Dios no busca hacer grandes milagros por el hecho de hacerlos, lo que quiere es que el hombre cambie por sí mismo.

Ahad Ha-am nos lo explica diferente: “En esta hora de felicidad, el corazón de Moisés se desborda con emoción y se vierte en una canción. Él no sabe que todavía está en el inicio de su viaje, él no sabe que la verdadera tarea, la tarea más difícil, aun no se ha iniciado. El Faraón se ha ido, pero su obra permanece, el amo ha dejado de ser el amo, pero los esclavos no han cesado de ser esclavos. Un pueblo formado por generaciones en la casa de la esclavitud, no puede desechar en un instante los efectos de esa formación y volverse verdaderamente libre, aun cuando las cadenas hayan sido arrancadas.” Lo importante no fue el milagro de haber partido el mar, sino iniciar el cambio interior dentro de cada persona que salió de Egipto.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: “The Bedside Torah” de Rabi Bradley Shavit Artson y otras fuentes.

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153. La batalla de Janucá no ha terminado.

Janucá es la fiesta judía que originalmente conmemoraba la rededicación del Templo de Jerusalem en el año 165 AEC, durante la revuelta de los macabeos en contra del imperio seléucida griego. El capítulo 4º del primer libro de Los Macabeos, que no fue incluido en la Biblia judía, nos narra como Judah y sus hermanos, después de derrotar a los griegos, entran al Templo, reconstruyen el altar y encienden las luminarias. Decretan que la reinauguración del Templo debía celebrarse durante ocho días, cada 25 del mes de Kislev. Janucá en hebreo quiere decir inaugurar.

Al principio la celebración se hacía con sacrificios en el Templo y con banquetes. Pero en el siglo I AEC, de manera espontánea, la gente lo empezó a conmemorar encendiendo luminarias. Casi cinco siglos después, en el tratado Shabbath del Talmud, (21b), nuestros sabios explican que los griegos habían profanado el aceite usado en las luminarias del templo y que los macabeos sólo encontraron un recipiente con aceite con el sello del Gran Sacerdote, pero sólo suficiente para un día. Prendieron la luminaria y el milagro consistió en que el aceite duró ocho días. Con esto los rabinos cambiaron el énfasis de la fiesta, de ser una celebración de una victoria militar a conmemorar un milagro de Dios. Algunos estudiosos lo explican como una respuesta al nuevo dominio romano, que veía con recelo el festejar una revuelta en contra de un imperio extranjero.

En vista de que el prender velas en Janucá se había popularizado, los rabinos en la Guemará, (Talmud) empezaron a definir el ritual básico de la fiesta: cuándo, cuántas y qué días se encienden las luminarias, dónde se colocan y qué significan. Al principio se encendía una sola luminaria cada noche. Los sabios consideraron que eso era suficiente para cumplir con la mitzvah. Buscaban que todos participaran en la fiesta y la gente pobre no podía prender muchas velas cada día. Después algunos empezaron a prender más que una, primero por cada miembro de la familia y luego de acuerdo a los días de la festividad. También definieron dónde colocar el candelabro, las bendiciones que había que decir y la prohibición de usar la luz de las luminarias para realizar actividades cotidianas. Para no violar ese precepto, recomendaban el encender otra luminaria adicional. Este fue el inicio del uso del shamash, que se popularizó en la época medieval.

En el siglo IV, Rava, uno de los sabios del Talmud, insistió que el candelabro de Janucá tenía que ser algo diferente. Usualmente hasta esa época se usaban luminarias de la casa, que se ponían en fila para ir prendiéndolas cada día. Rava decretó que la menorah para Janucá debía ser un objeto claramente identificable en una casa judía. En la Edad Media quedó establecido que el shamash tenía que estar a una altura diferente que el resto de las luminarias.

Janucá es más que la conmemoración de una victoria militar o de un milagro. Es recordar el enfrentamiento que hubo entre los judíos que habían copiado las costumbres helénicas, con los que se oponían a ello. Janucá no es la festividad más importante en el calendario judío. Las festividades bíblicas como Shabat o Pesaj, son mucho más significativas. Sin embargo, hoy en día Janucá es quizá la fiesta judía más reconocida en el mundo. Lo triste es que su fama no se debe a su contenido original, sino a cuanto se asemeja a la fiesta que el mundo celebra en esa época. Pareciera que ahora, a través de Janucá, algunos quieren seguir copiando a los griegos.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: “The Biblical and Historical Background of the Jewish Holydays” de Abraham P. Bloch.

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152. El judaísmo ortodoxo moderno es definitivamente algo moderno.

El origen del judaísmo ortodoxo moderno se ubica al final del siglo XVIII y principios del XIX, en Alemania, donde un grupo de judíos tradicionales, que aceptaban algunos de los nuevos valores de la Ilustración, defendían la interpretación clásica del judaísmo. Sus líderes se habían opuesto al establecimiento de un nuevo templo en Hamburgo en 1819, promovido por judíos reformistas, quienes no consideraban obligatorio cumplir con los mandamientos de la ley judía, la halajá. En ese año, Rabi Jacobo Ettinger publicó un manifiesto firmado por 177 rabinos, que condenaba los cambios hechos por los reformistas. Uno de sus alumnos, Rabi Samson Raphael Hisrch, opinaba que el judaísmo tenía que aplicar los principios de la Torá a todo el campo de la experiencia humana, incluyendo las disciplinas seculares. A esto le llamaba “Torá im Derej Eretz”, “Torá y los caminos (costumbres) de la tierra”. Aunque insistía en la estricta adhesión a las creencias y prácticas judías, decía que los judíos debían incorporarse e influir en el mundo moderno y fomentar aquellos estudios seculares que son compatibles con la Torá. Esto no era algo nuevo, ya había sucedido antes con los judíos en Babilonia y en la España medieval.

Su desarrollo en los Estados Unidos está ligado a la creación del Jewish Theological Seminary, institución inicialmente ortodoxa, creada como una opción tradicional a la propuesta reformista. Pero en 1898, el rabino Henry Pereira Mendes y un grupo de rabinos se separan del JTS y formaron la Union of Orthodox Jewish Congregations of America, la “OU”. Pronto la OU fue reconocida en la comunidad judía americana como el portavoz principal de la corriente ortodoxa moderna. En la convención de 1919, 150 congregaciones, con 50,000 miembros, formaban la OU.

En 1915 se fundó Yeshivah College, hoy Yeshivah University y desde entonces la OU la ha apoyado fuertemente. Yeshiva University es una institución educativa que produce rabinos de habla inglesa, con educación universitaria, que atienden las necesidades de las congregaciones ortodoxas modernas. La OU es una organización pro Sionista, que mantiene relación con organizaciones judías no ortodoxas y que extiende sus trabajos a los ámbitos no judíos. En 1920 la OU inició la supervisión de kashrut, como una actividad comunitaria sin fines de lucro.

El término ortodoxo significa: “el que sigue fielmente los principios de una doctrina” y se empezó a utilizar en el judaísmo en el siglo XIX. Los ortodoxos sostienen que ellos sí practican el judaísmo original que ha existido desde sus inicios, mientras que las otras denominaciones se han apartado de ese camino. Alegan que el judaísmo ortodoxo se extiende desde la época de Moisés hasta el presente. Esta afirmación ha sido refutada por académicos que han demostrado que inclusive el judaísmo que se practicaba en la Edad Media, tiene poca similitud con lo que practican los ortodoxos en la actualidad. Estos, como una reacción a los movimientos liberales, han hecho más rigurosa la práctica halajica, comparado con lo que se hacía antes, inclusive en casos donde los sabios del Talmud y las generaciones anteriores, tenían una postura más indulgente. Aún más, hay prácticas ortodoxas que no tienen antecedentes en el pasado. La ortodoxia, es sin duda, moderna.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Artículo de Michael Kress y otras fuentes.

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151. Los haredim: el regreso a la vida en el gueto medieval.

El judaísmo haredí es una rama del judaísmo ortodoxo que se desligó de la cultura secular moderna. Surge como una de las respuestas a los cambios que la era moderna impuso a los judíos. Los haredim han mantenido una estricta adhesión a las leyes religiosas judías, segregándose de la sociedad moderna. Haredi quiere decir en hebreo “el que tiembla” ante la palabra de Dios.

Antes de la emancipación judía, la mayoría de los judíos vivían segregados en guetos, a donde la cultura y la observancia religiosa clásica eran su única opción. Rabinos como Moisés Shraiber, el Jatam Sofer, se opusieron a cualquier cambio en la práctica del judaísmo. En 1912, poco después del X congreso sionista, donde se votó en contra de apoyar con fondos a las escuelas religiosas, se fundó la organización Agudath Israel, como una opción diferente al movimiento religioso sionista “Mizrahi”. Agudath Israel estaba dirigida por rabinos jasídicos y jefes de yeshivot lituanas. Su objetivo era fortalecer las instituciones religiosas ortodoxas e independizarlas del sionismo.

En 1919, los rabinos Yosef Jaim Sonnenefeld y Yitzjok Yerujam Diskin fundan en la tierra de Israel la organización “Edah Hahareidis”, como parte de Agudat Israel. A pesar de ser una minoría en el comité que representaba a los judíos ante el mandato británico, Sonnenfeld consiguió que los haredim tuvieran una representación separada ante el alto comisionado británico. Alegaban que cooperarían en asunto municipales con la representación judía general, pero que buscaban proteger sus convicciones religiosas de una manera independiente. Este simple hecho se considera como el punto de ruptura de la comunidad haredi con el resto de la comunidad judía.

En la década que se iniciaba en 1945, al terminar la segunda guerra mundial, hubo un fuerte impulso para reconstruir el estilo de vida religioso haredí, destruido en el Holocausto. En el naciente Estado de Israel lo hizo el Jazon Ish y en los Estados Unidos el rabino Aharon Kotler, quien estableció muchas de las escuelas y yeshivoth americanas. Rabi Joel Teitelbaum tuvo un papel importante en la revitalización de los jasidim, especialmente la dinastía Satmar. En Israel, la formación y propagación del estilo de vida haredi entre los judíos sefaradim empezó en los años 1980, dirigida por el rabino Ovadia Yosef y el partido político Shas. Los judíos sefaradim adoptaron la cultura de los haredim lituanos, sin ninguna base histórica ni cultural para hacerlo.

El judaísmo haredi no es un grupo institucionalmente cohesivo ni homogéneo. Está compuesto de una gran diversidad de grupos con orientaciones culturales y espirituales particulares, tanto en su ideología, su estilo de vida, en su práctica religiosa y en su grado de asilamiento. Hombres y mujeres estudian en escuelas separadas y esa separación por sexos la han llevado hasta el ámbito público. Muchos de los varones continúan estudiando después de casarse. Las familias haredim son muy numerosas. No ven televisión ni cine, ni usan el internet ni la computadora en la casa.

Los haredim se opusieron al establecimiento del Estado de Israel y no celebran el día de su independencia. Algunos grupos participan en la política israelí, integrando partidos políticos, pero sólo para conseguir ventajas y beneficios para sus agremiados. Otros son anti sionistas, como los Neturei Karta. Como sea, la vida haredi es como regresar a la vida en el gueto medieval.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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150. El menú de identidad judía.

La ilustración judía, la Haskala, desde finales del siglo XVIII hasta principios del siglo XX, fue el detonador de una amplia gama de movimientos religiosos, culturales y políticos, que en un inicio se desarrollaron en Europa, después migraron a los Estados Unidos y después se propagaron al resto de las comunidades judías, incluyendo el Estado de Israel. Las principales corrientes son:

Los ortodoxos: Sostienen que la Torá Escrita y la Torá Oral (el Talmud) fueron reveladas por Dios directamente a Moisés, por lo que los mandamientos que ambas contienen son obligatorios e inmutables. Consideran el Shuljan Aruj de Josef Caro como la codificación definitiva de la ley judía (halaja). Están a su vez divididos en dos grupos: el primero son los Haredim, quienes rechazan la modernidad y viven segregados de la sociedad que los rodea. El segundo son los ortodoxos modernos, quienes aceptan la modernidad sin dejar de cumplir con la halajá.

Los conservadores: (Movimiento Masorti). Sostienen que la Torá es una creación del hombre con inspiración divina. Aceptan que los mandamientos de la halajá son obligatorios, pero que estos pueden modificarse por un cuerpo colegiado de rabinos, para adaptarse a las nuevas circunstancias, sin dejar de ser congruentes con los valores originales del judaísmo. Enfatizan que el judaísmo está en evolución constante, como lo demuestra su propia historia. El movimiento acepta que tanto hombres y mujeres tienen los mismos derechos en el ámbito religioso.

Los reformistas. También llamados liberales o progresistas, consideran que es optativo el cumplir con los mandamientos de la halaja, pero enfatizan el cumplimiento de los preceptos éticos de la Torá y de los profetas bíblicos. Consideran a todos como iguales para efectos religiosos y en sus rezos utilizan más el lenguaje del país que el hebreo. Para ellos, la Torá fue escrita por el hombre.

Los reconstruccionistas. Surgido en Estados Unidos, consideran el judaísmo como una civilización en evolución progresiva. Para ellos, la razón de cumplir con la halaja es más por su valor histórico que por obligación. Los cambios en leyes y costumbres son decididos por cada comunidad. La Torá no fue inspirada por Dios, sino que es el producto del desarrollo histórico y social del pueblo judío, a quien le corresponde el tomar un papel activo y participativo en su evolución.

Pero estos no son la única opción. En Estados Unidos han surgido otros movimientos. Uno es el de Renovación (Jewish Renewal) que enfatiza conceptos cabalísticos y jasídicos, junto con un extenso uso de la música. Otro es el judaísmo Humanista, que ofrece una visión no teista (sin Dios) y consideran el judaísmo como la experiencia histórica y cultural del pueblo judío. Uno más es el judaísmo Tradicionalista, que surge de un grupo de sinagogas y rabinos conservadores que se desligan de ese movimiento cuando otorga igualdad de derechos a las mujeres, incluyendo el poder estudiar para ser rabinos. Un cuarto es el judaísmo ortodoxo abierto (Open Orthodox), que aspiran a que la mujer tenga un papel más predominante, inclusive hasta el ejercer como rabinos.

Aparte de la opción religiosa tenemos: el judaísmo secular, que se aparta por completo del ámbito religioso, el sionismo, la expresión nacional de la identidad judía, especialmente presente en Israel y que tiene muchas facetas (inclusive religiosas) y por último el judaísmo cultural, que se expresa en las creaciones culturales del pueblo judío.

El menú judío es muy rico en opciones. Puedes ser: haredi, ortodoxo moderno, conservador, reformista, reconstruccionista, renovador, humanista, tradicionalistas, ortodoxo abierto, secular, sionista o cultural. Algunos sólo escogen un plato, pero a otros les gusta de todo un poco.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: Jewish Encyclopaedia y otras fuentes.

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149. Las velas de Shabat: ¿se prenden por una mitzvah o para no estar a oscuras?

No hay ningún mandamiento en la Torá que nos ordene prender velas en Shabat, a pesar de que la bendición claramente dice: “vetzivanu lehadlik ner shel shabat”, “y nos ordenaste prender velas de Shabat”. El primer documento con la bendición de las velas de Shabat es el “Sidur de Rav Amram”, escrito por Amram Gaon en el siglo IX EC.

A falta de fuentes más antiguas, se cree que las mujeres prendían velas antes de Shabat sin decir ninguna bendición. La mayoría de los rabinos, antes del año 1000 EC, decían que el prender alguna luz en Shabat era una ocupación de las mujeres, por el simple hecho de que ellas se encontraban en la casa, mientras que el hombre estaba en la sinagoga. El prender esa luz no tenía ningún propósito ritual, simplemente buscaba evitar que la familia se sentara a oscuras durante la cena.

En el siglo XI, al prender una luz en Shabat, se empezó a decir una bendición, copiada de la que se decía al prender las velas de Januka. La mención más antigua del ritual se le atribuye a Hannah, la nieta de Rashi, quien describe a su mamá prendiendo las velas y bendiciéndolas. Algunos explican que con la braja se enfatizaba el hecho de tener prendida una llama en Shabat, en contraposición con los postura de los karaitas, que decían que no se podía tener ninguno fuego encendido.

Con el paso de los años, el prender velas en Shabat y en las fiestas, se convirtió en responsabilidad de las mujeres, aunque los hombres lo pueden hacer si no hay ninguna mujer en la casa. Hay Ilustraciones antiguas que enseñan a mujeres realizando el ritual de encendido de velas. También se han encontrado tumbas de mujeres en Europa del Este que tienen grabado imágenes de velas de Shabat y de manos bendiciéndolas.

Lo más común es que se prendan dos velas. Los sabios nos explican que representan las dos versiones del mandamiento bíblico relativo al Shabat: el que ordena “zajor,” el recordar el Shabat y el que ordena “shamor,” el cuidar el Shabat. Hay quienes prenden más: una vela por cada miembro de la familia, o seis velas que representan los seis días de la semana que anteceden al Shabat, o siete que corresponden a los días de la semana, o diez velas que recuerdan los diez mandamientos, o hasta 12 por las doce tribus.

La Guemará comenta en Masejet Shabat (23b), que si uno no tiene para comprar velas para Shabat o velas para Januca, las de Shabat tienen prioridad, por shalom bait, por la paz en el hogar. Rashi lo explica diciendo que los miembros de la familia se sentirían incomodos al estar sentados en la oscuridad, ya que podría tropezarse y caer, lo que afectaría la paz en el hogar.

Al principio, el prender velas en Shabat era un acto menos simbólico y más práctico. Pero con el tiempo, el objetivo cambió y prender velas en Shabat es ahora uno de los rituales más simbólicos y más representativos del judaísmo.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: Artículo de Nina Amir, Jewish Encyclopedia y otras fuentes.

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