178. El judaísmo humanista: La cultura judía sin componentes sobrenaturales.

Sherwin Theodore Wine (1928-2007), nació en Detroit, Michigan. Fue hijo de padres originarios de Polonia, afiliados al movimiento conservador, que llevaban una casa kosher y respetaban el shabat. Estudió en la Universidad de Michigan donde obtuvo su licenciatura y su maestría en humanidades. En 1951 se inscribió en el Hebrew Union College donde se graduó como rabino reformista. Fue capellán en el ejercito americano durante la guerra de Corea.

En 1958 formó una congregación reformista, llamada Beth El, en Windsor, Ontario, en Canadá. En 1963, un grupo descontento del templo Beth El le pidió formar una nueva congregación en un suburbio de Detroit. Lo que les molestaba era el lenguaje tradicional usado en el servicio religioso. Wine lo hizo y eventualmente tomó la decisión de eliminar la palabra “Dios” de los rezos y en su lugar usar frases que exaltaban la historia, la cultura y la ética judías. Esta decisión fue el parteaguas para desarrollar el judaísmo humanista como una postura diferente dentro del mundo judío. En 1971 la congregación se mudó a su propio edificio y cambió su nombre a Templo Birmingham. La Torá fue colocada en un espacio en la biblioteca del templo y en el lugar del Aron Hakodesh se colocó una estatua con la palabra Adam escrita en hebreo.

El humanismo es una postura filosófica y ética que pone en primer lugar al ser humano. Sus seguidores prefieren el pensar de forma crítica y el convencer con pruebas, que el aceptar sin cuestionar los dogmas o la superstición. La libertad y el progreso humanos son primordiales para ellos y están típicamente alineados con el secularismo. Es una filosofía de vida no teísta (sin Dios), centrada en la acción humana, ya que entienden el mundo a través de la ciencia, en vez de entenderlo a través de una revelación, como la que describe la Torá que vivió Moisés en Sinai.

El nuevo movimiento atrajo gente de otros lugares y en 1969 Wine formó la “Sociedad para el Judaísmo Humanista”, la que en la actualidad agrupa a casi 30 congregaciones en Estados Unidos y Canadá. En 1985 creo el “Instituto Internacional para el Judaismo Secular Humanista”, con el objeto de preparar líderes y rabinos para el movimiento, tanto en Estados Unidos como en Israel.

Las fiestas judías y el ciclo de vida se celebran en el judaísmo humanista con un significado diferente. Por ejemplo, Rosh Hashana se considera un tiempo de reflexión y renovación y Yom Kipur una celebración de la fortaleza interior y la autoestima. Le dan más importancia a los escritos de los estudiosos del judaísmo de los últimos 250 años, quienes integraron en su filosofía los conceptos de la Haskala, la ilustración judía, que a los textos antiguos.

El movimiento define al judaísmo como la experiencia histórica y cultural del pueblo judío. En sus ceremonias y celebraciones utilizan un lenguaje centrado en el hombre y no mencionan a Dios. Sostienen que es la responsabilidad del hombre el resolver por sí solo los problemas de la humanidad y no esperar ayuda divina. En resumen, la filosofía del judaísmo humanista está centrada en el hombre y celebra la cultura judía, pero sin componentes sobrenaturales.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Material de “Society for Humanistic Judaism” y otras fuentes.

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177. El ayuno: un ritual externo y ceremonial o un deseo de cambio.

En el calendario judío hay seis días en que se debe de ayunar. Dos de ellos, Yom Kipur y Tishah be Av, son ayunos mayores que duran un día completo, de la puesta del sol, en la tarde del primer día, hasta la puesta del sol del segundo día. Los otros cuatro son ayunos menores y sólo duran desde la salida del sol hasta la puesta del sol del mismo día. De todos, Yom Kipur es el único que está ordenado en la Torá. Los otros cinco fueron establecidos por los rabinos.

Tisha b´Av, el ayuno del 17 de Tamuz, el ayuno de Guedaliah (el 3 de Tishrei) y el ayuno del 10 de Tevet, tienen su origen en la destrucción del primer Templo de Jerusalem en manos de Nabucodonozor, rey de Babilonia. El 10 de Tevet fue cuando se inició el sitio de Jerusalem, el 17 de Tamuz fue cuando los babilonios penetraron a la ciudad y el 9 (tishah) de Av fue cuando lo destruyeron. Estos ayunos se suspendieron en la época del segundo Templo, pero cuando éste fue destruido, se volvieron a instaurar. Hoy en día, con la creación del Estado de Israel y la unificación de Jerusalem, algunas ramas del judaísmo liberal opinan que esos ayunos ya no se justifican.

El ayuno de Guedaliah conmemora el asesinato de Guedaliah ben Ajikam. Guedaliah era un hombre sabio, gentil y modesto, que fue nombrado gobernador de la Tierra de Israel por Nabucodonozor, con el objeto de que el país no quedara totalmente desolado, pues buscaba que los campesinos se quedaran y siguieran cultivando la tierra. Bajo la administración de Guedaliah, la comunidad judía empezó a prosperar y algunos exiliados regresaron a su patria. Él gobernaba desde Mizpah, lugar donde también vivía el profeta Jeremías.

Pero Guedaliah no pudo continuar con su encomienda. Fue asesinado por Yishmael Ben Nataniah con la ayuda del rey de Ammon. Yishmael Ben Nataniah asesinó a Guedaliah, a sus seguidores y hasta las guardias babilónicas que estaban en el lugar. Esta matanza es lo que recordamos en el ayuno de Guedaliah y tuvo consecuencias muy importantes en la historia del pueblo judío. Finalmente, el cuarto ayuno menor es el de la Reina Esther y se conmemora el día antes de Purim. Recuerda su ayuno antes de entrar con el Rey Ajashveros para pedir por la vida de los judíos.

En la antigüedad, en el Medio Oriente, se acostumbraba usar la oración y el ayuno para pedirle favores a los dioses. En la Biblia, en muchas ocasiones, se declaraba un ayuno especial para pedirle a Dios su ayuda para resolver un asunto en particular. Pero nuestros sabios y profetas enfatizaron el hecho de que el ayunar no es un fin en sí mismo, sino es el medio a través del cual el hombre debe demostrar un arrepentimiento sincero. El profeta Isaias (58:3) distingue entre un ayuno que no es acompañado por un arrepentimiento real y por lo tanto no es aceptado por Dios y un verdadero ayuno que lleva al perdón misericordioso de Dios.

En la época del segundo Templo, algunos veían el ayuno como un ejercicio ascético, privándose, por motivos religiosos, de los placeres y satisfacciones normales de la vida. Esta actitud fue condenada por los rabinos. Inclusive veían el estudio de la Torá como disminuido, si se ayunaba al mismo tiempo. Afligir nuestro cuerpo con el ayuno debe ser para darnos tiempo a reflexionar sobre nuestras acciones, con el deseo de un cambio interior y no para convertirlo simplemente en un ritual externo y ceremonial.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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176. Adin Steinsaltz: “Deja que mi pueblo sepa, Let my people know”.

El rabino Adin Steinsaltz (1937-2020) nació en Jerusalem, en el seno de una familia totalmente secular y sionista. Su padre fue uno de los pocos que se alistaron como voluntarios para apoyar a la República en la guerra civil española. A la edad de diez años, le contrató un tutor para enseñarle Talmud. Él le dijo: “No me importa si eres ateo, pero no tolero que ningún miembro de mi familia sea un ignorante. Es una vergüenza que un judío sea un ignorante”. Poco antes de su Bar Mitzvah, Adin decidió por su propia voluntad practicar el judaísmo de manera ortodoxa. Steinsaltz decía: “Yo soy más observante que mi papá, pero mi papá es más judío que yo.”

Steinsaltz estudió matemáticas, física y química en la Universidad Hebrea de Jerusalem, al tiempo que estudiaba para rabino. Después de graduarse, se dedicó a establecer escuelas experimentales y a los 24 años, se convirtió en el director de escuela más joven en Israel. En 1965 fundó el “Israel Institute for Talmudic Publications” y empezó su obra monumental de traducir el Talmud al hebreo. Él decía: “La única forma de que los judíos aprendan quiénes son, es estudiando el judaísmo”. “Deja que mi pueblo sepa” se convirtió en su lema. Rabi Steinsaltz decía: “El estudiar es algo que les pertenece a todos los judíos y todos los judíos merecen el respeto y el amor de sus compañeros judíos, independientemente del nivel de observancia y creencia «.

Shmuel Greene nos cuenta: al rabino Steinsaltz le gustaba llegar siempre al meollo del asunto. Por ejemplo, en relación a las protestas que buscaban cerrar calles en Jerusalem durante el Shabat, él decía: «No entiendo, si los que protestan consideran que los que conducen en Shabat no son judíos, ¿qué les importa si conducen en Shabat? Y si los consideran judíos, ¿cómo pueden hacer que los conductores se desvíen de ese camino en particular y profanen el Shabat aún más?

Las ediciones “Steinsaltz” abrieron el mundo del Talmud a miles de personas que están fuera de los muros de las yeshivot, incluyendo a las mujeres, a quienes tradicionalmente no se les enseñaba esa materia. Las ediciones Steinsaltz eran diferentes a las tradicionales y por eso al principio, algunos rabinos ultra ortodoxos no las aceptaban. El rabino Steinsaltz decía: “Nunca pensé que propagar la ignorancia tuviera algún beneficio, excepto para aquellos que están en una posición de poder y quieren privar a otros de sus derechos, para tenerlos subordinados”.

Steinsaltz escribió más de sesenta libros, la mayoría sobre teología, pero también acerca de zoología, estudios sociales y hasta tiene una novela detectivesca. Uno de los más conocidos es “The Thirteen Petalled Rose” (La rosa con trece pétalos), su obra clásica sobre kabalah.

Para Steinsaltz, el Talmud es la piedra angular de la cultura judía. Aunque su origen es la Biblia, su papel en el judaísmo es fundamental. Quizas porque no fue creado por individuos aislados, sino más bien por cientos y cientos de sabios, en casas de estudio, en un proceso milenario que todavía continúa. Dice Steinsaltz: “El Talmud es la columna central para poder entender cualquier cosa sobre judaísmo, más que la Biblia. El Talmud no es un regalo divino que se le dio al pueblo judío. El pueblo judío lo creó, pero a la vez el Talmud creó al pueblo judío. El estudiarlo es primordial para ser verdaderamente judío. Por eso decía: “Deja que mi pueblo sepa”, “Let my people know”.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Artículos de Irene R. Prusher, Raphael Ahren, Nathan Jeffay, Shmuel Greene y otros.

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175. Eugene Borowitz: La libertad personal y la tradición, renovando el Pacto con Dios.

Eugene Borowitz (1924-2016) nació en Columbus Ohio, hijo de padres originarios de Lituania que hablaban Yiddish en la casa. Decía orgullosamente que era el producto de un matrimonio mixto entre un abuelo cerebral lituano y otro emocional hasídico.   Estudió su licenciatura en filosofía en Ohio State University y después ingresó al Hebrew Union College, donde recibió su título de rabino y posteriormente el doctorado en letras hebreas con especialidad en literatura rabínica.

Por más de cincuenta años, Rabi Borowitz enseñó teología en el Hebrew Union College, el seminario rabínico reformista. Sus enseñanzas cambiaron el enfoque del reformismo, donde la autonomía individual y el rechazo a la halaja eran el paradigma principal del movimiento, pues propuso un judaísmo donde el individuo vive el pacto bíblico con Dios, el cumplir sus mitzvoth, mandamientos, al tiempo que conserva la libertad para tomar sus propias decisiones religiosas, basado en el conocimiento y el compromiso personal.

Borowitz decía que, derivado de las ideas de la Ilustración y la Modernidad, el hombre pensó que con el solo uso de la razón tendríamos valores sólidos y universales. Que encontraríamos nuestro sistema ético por nosotros mismos, pues somos seres pensantes. Que no necesitamos que nos lo impongan desde afuera, como son los mandamientos divinos. Pero eso no funcionó, nos dice Eugene. El Holocausto y sus horrores demostraron lo contrario. El pueblo de Kant y de Schiller, con toda su cultura, llevó a la maldad a extremos inimaginables. Creíamos que la razón y la ciencia serían la base para llevar a la humanidad a niveles más altos, pero lo que hicieron fue volver todo relativo y sumir al hombre en un vacío de valores. La moral perdió su base religiosa.

Pero con todo, decía Borowitz, la mayoría de los judíos no quieren regresar a vivir en un gueto. Ya no podemos renunciar a los beneficios que nos trajo la modernidad, como son la igualdad y la democracia plural. Nosotros, decía, los judíos no ortodoxos, quisiéramos ser más religiosos y llevar una vida “más judía”, pero sin perder nuestro derecho de poder determinar nosotros mismos que aspectos del judaísmo aceptamos y observamos.

Él lo llamaba renovar el Pacto con Dios, trayendo la modernidad, la igualdad y el pluralismo democrático a una conversación creativa con las particularidades y las prácticas tradicionales del judaísmo rabínico. Era pasar de un judaísmo moderno que buscaba ser universal, a un judaísmo post moderno que se manifiesta en una verdad particular. El reformismo de la modernidad trató de conquistar, controlar y desterrar el pasado, mientras que el de la post modernidad rescata y permite que algunas tradiciones del pasado influyan el presente y el futuro.

Borowitz no se consideraba un “racionalista”. Sus principios estaban fundamentados en sus propias experiencias particulares y en las de su comunidad, evitando las posturas basadas en la razón y en lo universal. Pero tampoco aceptaba la postura ortodoxa que niega la autonomía de la persona y que sólo acepta una completa obediencia a la ley, por encima de la propia conciencia.

Eugene Borowitz fue sin duda uno de los más influyentes pensadores del judaísmo reformista. En sus escritos, pudo conciliar la libertad personal con la milenaria tradición del judaísmo.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Eugene B. Borowitz “Renewing the Covenant y otras fuentes.

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174. Hermann Cohen: el mundo como debería de ser y no como es.

Hermann Cohen (1842-1918) nació en Coswig, un pueblo en el centro de Alemania con una pequeña comunidad judía. A pesar de su tamaño, en 1800 la comunidad recibió permiso para construir una sinagoga en la misma calle donde posteriormente vivirían los Cohen. El padre de Hermann era al mismo tiempo el cantor y el maestro de los jóvenes de la comunidad. La casa de los Cohen reflejaba los valores tradicionales del judaísmo. Gerson y Friederike Cohen, en Shabat, recibían a los viajeros judíos que pasaban por el pueblo. Era costumbre que al final de la cena el padre involucraba a sus huéspedes en discusiones talmúdicas. Fue en este ambiente donde las profundas raíces judías de Hermann se forjaron, lo que le dio un enorme conocimiento del judaísmo y lo motivó a tomar una postura activa en contra del antisemitismo.  Hermann estudió en el Gymnasium de Dessau, en el Seminario Teológico de Breslau y en las universidades de Breslau, Berlín y Halle. Fue uno de los fundadores de la “Gesellschaft zur Förderung der Wissenschaft des Judenthums«, la sociedad para el estudio de la ciencia del judaísmo. En 1873 inició su carrera como profesor en la universidad de Marburg. Fue ahí donde escribió la mayoría de sus trabajos sobre matemáticas y filosofía neokantiana. Murió en Berlín en 1918.

Cohen escribió dos libros y más de sesenta artículos sobre filosofía judía. En ellos argumenta que el objetivo de la religión es llenar esos aspectos que definen lo que es una vida moral y que están más allá de las capacidades de la filosofía, como, por ejemplo, entender qué es el pecado, la revelación, el arrepentimiento, la angustia y la culpa. La filosofía sólo define lo universal, por lo que no puede ocuparse de este tipo de conceptos que sólo surgen en relación al individuo. Por lo tanto, es la religión y no la filosofía la que le enseña a la persona a ser ética, a enfrentar la culpa y a arrepentirse de sus actos sin abandonar su responsabilidad moral.

Cohen veía al judaísmo como la religión monoteísta más pura. La entendía como la religión de la razón que terminaría con el paganismo y los mitos y nos llevaría idealmente a un mundo donde los valores éticos serían universales. Entendía al judaísmo como la religión del monoteísmo ético. Veía la llegada del mesías, más como la etapa final en el desarrollo de una ética social judía, que como la llegada de un redentor. Coincidía con Kant que la ética debería de ser universal.

La influencia de Hermann Cohen en la filosofía judía del siglo XIX fue enorme. Su énfasis en la ética universal del judaísmo, como el instrumento para mejorar el mundo, permitía la integración del judío en la sociedad moderna, pero sin perder sus particularidades. Cohen veía como científico, cómo las leyes del mundo físico son inmutables, pero los principios éticos dependen de la voluntad del hombre para que se cumplan. Veía en Dios la explicación racional del porque cumplir con esos principios. Dios y el hombre son socios en la creación de una humanidad regida por principios éticos universales.

Hermann Cohen influyó de manera importante en la obra de Martin Buber y Franz Rosenzweig. Con Buber tuvo diferencias, pues no creía que el sionismo era la solución. Fue un idealista: para él, las ideas, los principios y los valores, tenían prioridad sobre la realidad. Hermann Cohen veía al mundo como lo que podría o debería ser, a diferencia de los que sólo lo ven tal como es.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: An introduction to Modern Jewish Philosophy de N. M. Samuelson y otras fuentes.

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173. Nezikin: un derecho civil con un fondo ético.

La Mishnah, la primera obra escrita de la tradición oral judía, tiene en su cuarto libro, “Nezikin”, que quiere decir “daños”, todo lo relacionado al derecho civil y al comercial. En el Talmud, diez tratados comentan los temas discutidos en Nezikin. Y sólo para el derecho civil se requirieron tres de esos diez. Estos tratados son: Bava Kamma, que quiere decir “el primer portón”, trata sobre daños a personas y a sus propiedades, préstamos e intereses y objetos robados, Bava Metzia, “el portón de en medio”, trata sobre bienes perdidos y recuperados, fraudes, usura, compra venta, arrendamiento y derechos de los asalariados y Bava Batra, “el último portón”, trata sobre bienes raíces, posesiones, herencias, sociedades, evidencias o pruebas y testimonios.

El Shuljan Aruj, el código de leyes y preceptos más utilizado en el judaísmo, en su cuarto y último libro, Joshen Mishpat, “Coraza del Juicio”, codifica las leyes sobre derecho público, penal y privado que comentaron nuestros sabios en Nezikin y sus diez tratados en el Talmud. Joshen Mishpat es el menos conocido de los cuatro libros del Shuljan Aruj, por el simple hecho de que se le utiliza poco en la práctica diaria del judaísmo, ya que, en la mayoría de los casos, cuando hay un asunto de carácter legal, estos se resuelven ahora en el ámbito de las leyes del país de residencia.

El derecho civil judío es un tema bastante complicado. No tanto por la cantidad de leyes que lo conforman, que son muchas, sino por el trasfondo moral que tienen. Las personas son muy celosas en la defensa de sus propiedades. Pero esta defensa no se puede ver como algo aislado del código moral general que rige el bienestar de toda la sociedad. La ley judía busca de una manera justa y práctica, lograr un balance entre el bienestar de la sociedad en general y los derechos de propiedad de un individuo. Es el fondo ético en el derecho civil, que plantean nuestros sabios.

¿De dónde salen estos mandamientos? De versículos de la Torá, como Éxodo 22:9: “En toda clase de fraude, ya se trate de buey, de asno, de oveja, de ropa, o de cualquier cosa perdida, de la cual se pueda decir: «Esto es”, la causa de ambos se llevará ante los jueces; y aquel a quien los jueces declaren culpable pagará el doble a su vecino”. Algunos estudiosos como Frankel, piensan que la mayoría de los casos legales que se tratan en la ley talmúdica tienen su similar en el código romano. Hay que recordar que la Mishnah fue compilada en la época del dominio romano. Pero hay una diferencia importante entre ambos códigos: el método romano busca un principio legal universal único, mientras que el Talmud se distingue por promulgaciones legales hechas en base a casos concretos, planteados con exactitud y creatividad, pero con un fondo ético.

 

Por Marcos Gojman

Bibliografía: The Jewish Encyclopedia, The Steinzalt edition of the Talmud y otras fuentes.

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172. Los minyan independientes: una innovación en la vida religiosa judía.

Los minyan independientes son grupos de laicos que rezan y estudian juntos y que no pertenecen a un movimiento establecido y estructurado dentro del judaísmo. Los primeros grupos empezaron a finales de los años noventa y la mayoría se fundó a partir del año 2000. Se reúnen en espacios normalmente fuera de las sinagogas y su origen puede remontarse a las Javurot, grupos similares que surgieron en los años setentas. Principalmente se dan en Estados Unidos y algunos en Israel.

Sus integrantes no se excluyen de la comunidad formal, pues todavía dependen de los servicios que las instituciones tradicionales judías prestan. La mayoría de sus miembros se educaron dentro del movimiento ortodoxo o del conservador. Muy pocos provienen del reformismo. Su ideología es una mezcla de posturas igualitarias y pluralistas con los valores del estudio y la observancia. Ellos entienden a la halaja como un lenguaje que expresa valores y no sólo reglas. Por ejemplo, la pregunta ¿Se pueden tocar instrumentos musicales en shabat? No tiene una simple respuesta de sí o no, como la daría el judaísmo ultraortodoxo. ¿Y qué es para ellos un minyan? El 70% cuenta tanto a hombres y mujeres para tener un minyan, menos del 30% requieren de diez hombres y de diez mujeres y una minoría requiere que haya por lo menos diez hombres para poder rezar.

El profesor Jonathan Sarna enumera ocho causas que han ayudado a que surgiera esta corriente dentro del judaísmo. La primera es el nuevo papel de la mujer en la religión. En la mayoría de los casos, las mujeres ahora pueden participar completamente en la vida religiosa judía. La segunda es una nueva espiritualidad. Además de los aspectos racionales de la religión y de la justicia social, ahora buscan que ésta te llegue al corazón y al alma. La tercera es una mejora en la educación judía. La mayoría de los fundadores de los minyanim, provienen de las escuelas judías de asistencia diaria y no de escuelas donde sólo se va en las tardes o los domingos. La cuarta es la presencia de Israel. Antes el judaísmo americano era el principal centro de la vida judía, ahora lo comparte con Israel. La quinta es la apertura hacia la igualdad en preferencia sexual. La sexta es el fenómeno social donde ahora los jóvenes se casan y tienen hijos a edad más tardía y las instituciones tradicionales no han asimilado este cambio. La séptima es la nueva cultura del emprendedor, donde el espíritu de iniciar negocios en un garaje o en la sala de la casa, se refleja en la forma de rezar. La octava y última es la posición económica más holgada de sus fundadores.

Rabi Elie Kaunfer nos cuenta que Kehilat Hadar, fundada en el 2001, fue uno de los primeros minyan independientes que se organizaron en los Estados Unidos. Sus fundadores buscaban que el servicio tuviera una lectura de la Torá tradicional, que ambos sexos tuvieran los mismos derechos religiosos, que estuviera dirigido por laicos y que enganchara a los que rezan a través de la música. El primer servicio de shabat atrajo 160 personas, la mayoría jóvenes entre veinte y treinta años. Hoy en día se calcula que hay más de 100 minyanim independientes. Nos dice el profesor Sarna: los minyanim independientes son una de las innovaciones más emocionantes y exitosas en la vida judía contemporánea.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Rabbi Elie Kaunfer: “Empowered Judaism” y otras fuentes.

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171. Rav Kook: la contradicción de lo ortodoxo con el sionismo.

La creencia de que Dios les prometió a los judíos la tierra de Israel es tan antigua como la Biblia misma. Ya en la diáspora, se pensaba que un líder, el mesías, un enviado de Dios, reestablecería el dominio judío sobre la tierra de Israel al final de los tiempos. El pueblo judío no debía hacer nada, simplemente esperar a que sucediera. En el siglo XIX, los judíos sionistas, la gran mayoría de ellos seculares, decidieron que no esperarían más y empezaron a asentarse en la tierra de Israel. Los grupos religiosos ortodoxos consideraron este movimiento como una blasfemia. Algunos grupos ultra ortodoxos lo consideran así hasta el día de hoy.  Ellos creen que cuando venga la redención divina, el mundo será testigo del regreso del pueblo judío a su tierra y también a su Dios.

Sin embargo, hubo rabinos ortodoxos que pensaban diferente. En 1862 el rabino Zvi Hirsch Kalischer dijo que la salvación de los judíos, tal como lo habían prometido los profetas, sólo podría darse por la acción de los mismos judíos. Igual pensaba el rabino Moshe Shmuel Glasner. Pero el principal ideólogo del sionismo religioso moderno fue el rabino Abraham Isaac Kook.

Rav Kook nació en 1865, en Griva, antes Rusia y ahora parte de Latvia. A los 18 años empezó a estudiar en la Yeshivah Volozhin, considerada “la madre de las yeshivot lituanas”. Pronto fue considerado como un alumno prodigio. En 1904 Kook se mudó a la Palestina otomana para ocupar el puesto de rabino en Jaffa. Su responsabilidad como rabino incluía el atender a varios asentamientos agrícolas mayormente seculares que estaban en los alrededores. Ahí empezó a participar en el movimiento “Kiruv”, un programa que buscaba acercar a los judíos a la forma de vida ortodoxa. Estaba en Europa cuando estalló la primera guerra mundial, por lo que pudo regresar a la tierra de Israel hasta el término del conflicto. A su regreso fue nombrado el rabino ashkenazi de Jerusalem y en 1921 fue nombrado el primer Gran Rabino ashkenazi en Israel. Fundó en 1924 la yeshiva Mercaz Harav. Unas 80,000 personas, asistieron a sus funerales en 1935.

El rabino Kook creía que el movimiento moderno para reestablecer un estado judío en la tierra de Israel tenía un profundo significado teológico y que los sionistas eran los agentes de un plan divino para traer la era mesiánica. Lo explicaba basado en las ideas de Hegel, quien veía a los pueblos como organismos vivos que tenían alma. Y esa alma era el espíritu de la nación, que era invisible, pero que viva y se desarrollaba a través de la historia concreta de cada pueblo. Kook llamaba a ese espíritu “Knesset Israel”, “la Asamblea de Israel”, término usado en la Kabalah. Kook entendía que, en el mundo de la mística y el subconsciente, el nacionalismo era una nueva versión de lo religioso y decía que la redención vendría no sólo cuando los judíos seculares retornaran a la religión, sino también cuando la religión llegara a una nueva dimensión gracias a los judíos seculares. Se cuenta que cuando fue a visitar al Kibutz Merhavia, sus integrantes vieron su visita como un intento de influirlos para que regresen a la religiosidad. Un miembro del kibutz le dijo: “No vas a tener éxito en influirnos con tus ideas”. Kook le contestó: “Por el contrario, venimos a que ustedes nos influyan con las suyas”. Kook no solo trato de ser cortés, realmente creía que el camino para remediar los males de la religión, era entendiendo a aquellos que se habían revelado en su contra. Sin renunciar a sus creencias, Rav Kook resolvió la contradicción del sionismo con la ortodoxia.

Por Marcos Gojman:

Bibliografía: Artículos de Micah Goodman, Rachael Gelfman Schultz, Daniel Shoag y otras fuentes.

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170. Abraham Joshua Heschel: Las catedrales judías están en el tiempo y no en el espacio.

“Es costumbre culpar a la ciencia secular y a la filosofía antirreligiosa del eclipse de la religión en la sociedad moderna. Sería más honesto culpar a la religión de sus propias derrotas. La religión decayó no porque fue refutada, sino porque se convirtió en irrelevante, aburrida, sofocante, insípida. Cuando la fe es completamente sustituida por el credo, el culto por la disciplina, el amor por el hábito; cuando la crisis de hoy es ignorada por culpa del esplendor del pasado; cuando la fe se convierte en una reliquia en vez de un manantial vivo; cuando la religión sólo habla a nombre de la autoridad en vez de hablar con la voz de la compasión, su mensaje carece de sentido.” Así inicia Abraham Joshua Heschel su libro: “Dios en busca del hombre”.

Abraham Joshua Heschel (1907-1972) nació en Polonia en el seno de una familia jasídica. Descendía de una línea prominente de rabinos, tanto del lado de su padre como de su madre. Fue educado a la manera tradicional ortodoxa, por lo que recibió la Smijá, el título de rabino. Después se doctoró en la Universidad de Berlín y se ordenó como rabino liberal en la Hochschule für die Wissenschaft des Judentums, donde fue alumno de Chanoch Albeck, Ismar Elbogen y Leo Baeck.

En octubre de 1938 fue arrestado en Frankfurt por la Gestapo y deportado a Polonia. Seis semanas antes de la invasión alemana, Heschel logró llegar a Londres con la ayuda de Julian Morgenstern, presidente del Hebrew Union College. Desafortunadamente, toda su familia pereció en el Holocausto. Ya en Estados Unidos, en 1940 se inició como maestro en el seminario reformista en Cincinnati y en 1946 aceptó el puesto de profesor de ética judía y misticismo en el Jewish Theological Seminary del movimiento conservador, donde trabajó hasta su muerte.

Además de haber escrito una serie de obras que influyeron enormemente la teología judía, Heschel fue un activista de los grandes movimientos sociales. Marchó en Salem con Martin Luther King Jr., en favor de los derechos de la gente de color. Decía que al caminar con King “parecía que sus piernas estaban rezando”. Decía que “el racismo es la más grave amenaza del hombre hacia el hombre: el máximo odio por la mínima razón.” También se opuso activamente a la guerra de Vietnam. Representó a la comunidad judía americana en el Concilio Vaticano II, donde consiguió que se eliminaran antiguos rezos y prácticas discriminatorias de la Iglesia Católica en relación al pueblo judío. Decía que ninguna comunidad religiosa podía reclamar para sí el monopolio de la verdad religiosa. Para él, “lo opuesto a la bondad no era la maldad, sino la indiferencia”

En su libro “El Sábado”, Heschel distingue entre el “reino del espacio” y el “reino del tiempo”. Él dice que en nuestra vida diaria atendemos primero lo que los ojos perciben, lo que los dedos tocan. La realidad se traduce en objetos que ocupan espacio. En cambio, el tiempo no lo perciben los ojos ni lo pueden tocar los dedos. Muchas religiones creen que su deidad reside en el espacio, en catedrales, en ríos o en montañas. En el reino del espacio uno tiene poder sobre las cosas, pero en el reino del tiempo uno es uno mismo. La meta más alta de la vida espiritual no es acumular cosas, sino momentos sacros. Lo que primero designó Dios como sagrado no fue una cosa o un lugar sino un tiempo: el Shabat. El judaísmo, dice Heschel, nos enseña a apreciar la santidad del tiempo. Para Heschel, las catedrales judías son palacios en el tiempo y no en el espacio.

Por Marcos Gojman:

Bibliografía: Abraham Joshua Heschel: “God in Search of Man”, “The Sabbath” y otras fuentes.

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169. El judaísmo reformista: Un traje a la medida.

El judaísmo reformista se funda en Alemania a principios del siglo XIX, como resultado de la emancipación que sacó a los judíos del gueto y les dio igualdad de derechos. La primera sinagoga reformista se fundó en Seesen, Alemania en 1810 y en Estados Unidos fue en Charleston en 1836.

Desde sus inicios, el judaísmo reformista clásico eliminó la observancia obligatoria de los mandamientos. Considera al judaísmo como una revelación en constante evolución, donde sus aspectos éticos son más importantes que los aspectos rituales. Le dan más importancia a que sus miembros tengan una experiencia espiritual personal, que el cumplir con una serie de creencias y ritos establecidos. El judío reformista dialoga con la tradición, la escucha y después practica su judaísmo a su manera. Esta postura altamente individualista resultó en una falta de definición de principios claros que rigieran la conducta general de sus miembros, lo que permitió una gran diversidad de rituales en sus templos. Introdujeron el rezo al unísono en el idioma del país, el uso del órgano y de un coro, los sermones semanales, la vestimenta del rabino y del jazan que imitaba a los pastores cristianos y fomentaron el servicio de los viernes en la noche, para permitir a sus miembros seguir con sus ocupaciones el sábado. Consideran las enseñanzas de los profetas bíblicos como la parte central del judaísmo, por lo que Tikun Olam, el mejorar el mundo, es central en su actividad comunitaria. Rechazaban el concepto del judaísmo como un pueblo, se consideraban ciudadanos de religión judaica, por lo que se opusieron al movimiento sionista.

A raíz de la tragedia del Holocausto, del establecimiento del Estado de Israel, de la situación del judaísmo soviético en su tiempo y especialmente del efecto que la Guerra de los Seis Días tuvo en todo el mundo judío, el movimiento cambió. El nuevo judaísmo reformista ahora acepta que son parte de una comunidad judía global, por lo que participan y apoyan a Israel en todos los campos. También proponen un “regreso a la tradición,” reintroduciendo costumbres que tenían valor sentimental, como la ceremonia de Bar Mitzvah o usar más hebreo en el rezo, aunque sus miembros y congregaciones tienen la última palabra. Promueven una completa igualdad en cuestión de género y de preferencia sexual. Su programa Outreach busca atraer a matrimonios mixtos, con el objeto de integrar a la pareja no judía. En 1983, reconoció que el judaísmo podía transmitirse tanto a través de la madre como del padre, siempre y cuando los hijos reciban una educación de alguna forma judía. Su postura plural atrajo nuevos miembros, convirtiéndolo en el movimiento judío más grande en los Estados Unidos.

En 1999 adoptaron en Pittsburgh la “Declaración de Principios del Judaísmo Reformista” que fue aprobada después de una acalorada discusión entre los delegados. Aun así, cada comunidad y cada miembro del judaísmo reformista tiene la libertad de seguir esos principios o no. Las recomendaciones de los órganos que rigen el movimiento reformista no son obligatorias. Eugene Borowitz nos dice: “Los judíos reformistas pueden escoger para ellos mismos no solo en lo que creen sino cómo deben actuar como judíos. Esta libertad de escoger es poco usual en la religión, porque casi la mayoría de las religiones enfatizan la disciplina y la obediencia”. En el movimiento reformista cada quien puede diseñar su propio judaísmo como un traje a la medida.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Explainig Reform Judaism, por Eugene B. Borowitz y Naomi Patz, y otras fuentes.

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