248. Erich Fromm: La lucha contra los ídolos no terminó en la Biblia.

Erich Seligmann Fromm (1900-1980) nació en Fráncfort, Alemania, en el seno de una familia ortodoxa descendiente de rabinos. De joven estudió Talmud con varios maestros, entre ellos Rabi Salman Baruch Rabinkow, miembro del grupo jasídico de Jabad Lubavitch. Estudió derecho en su ciudad natal y después se mudó a Heidelberg para estudiar sociología, donde obtuvo su doctorado en esa especialidad con un trabajo sobre “La Ley Judía”. Más tarde ingresó al Instituto Psicoanalítico de Berlín, donde conoció a su primera esposa, Frieda Reichmann. Ya casado, la pareja abandonó la vida religiosa ortodoxa. En 1931 se divorciaron y en mayo de 1934 Fromm emigró a los Estados Unidos. En 1944 se casó con Henny Gurland y en 1950 se mudaron a México donde enseñó en la Universidad Nacional Autónoma de México y fomentó la práctica del Psicoanálisis. En 1974 emigró a Suiza donde falleció en 1980.

Para Fromm, la Biblia, el Talmud y las enseñanzas de los maestros jasídicos, ocuparon siempre un lugar central en su forma de entender al hombre. Él consideraba importantísima la historia de la expulsión del paraíso de Adam y Eva, después de haber comido del árbol del conocimiento, acción que Fromm veía como una virtud más que como un pecado. Lo valioso para Fromm es que el hombre se había atrevido a desobedecer las órdenes de una autoridad superior, y ahora él tenía que decidir, usando su razón, su intuición, su sensibilidad, lo que era bueno y lo que era malo. Fromm decía que, al haberlo hecho, Adam y Eva evolucionaron y se convirtieron en verdaderos seres humanos. Él decía que el hombre fue creado para crecer y desarrollarse.

Fromm añade: el tema central de la Biblia es la lucha constante contra la idolatría, y hoy en día, la historia de la humanidad es la historia de la adoración de ídolos, desde los primitivos de madera y arcilla, hasta los modernos, como el Estado, el líder religioso, el político y el consumismo. Fromm continúa: antes a los ídolos se les llamaba Baal o Astarté, hoy se les llama honor, bandera, fama, artista. Fromm distingue dos sistemas de ética: la ética autoritaria, donde los principios emanan de una autoridad externa y la ética humanista que sale de nuestra propia conciencia. Para Fromm, la ética autoritaria está teñida de idolatría. La persona actúa bajo las órdenes de una autoridad que él cree es poseedora de la verdad absoluta. No es una ética verdadera. Cuando actuamos obedeciendo las instrucciones de un líder religioso o de un político populista, porque creemos que él lo sabe todo, en vez de oír nuestra voz interior, estamos adorando a un ídolo.

Fromm, en su libro “Y seréis como dioses”, dice que, en la Biblia, el mismo Dios es un Dios que evolucionó. Al inicio es un soberano absoluto, que hace con su creación, el hombre, lo que quiere, hasta casi destruirlo (el diluvio). Después hace un pacto con la humanidad (con Noe) y voluntariamente limita su poder.  Finalmente, al revelársele a Moisés, se presenta como un Dios que no tiene nombre y que es difícil describirlo, algo totalmente opuesto al concepto de un ídolo, que sí tiene nombre y atributos (el dios de la lluvia).

Fromm decía que “la Biblia es un libro extraordinario con normas y principios que han conservado su validez durante miles de años”. Uno de esos principios es la lucha contra la idolatría, donde hay avances, pero la batalla no ha concluido todavía.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Erich Fromm “Y seréis como Dioses” y otras fuentes.

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247. Los judíos culturales: “Soy culturalmente judío, pero no soy religioso.»

Es frecuente leer en los medios de comunicación, los resultados de encuestas que instituciones de prestigio como el PEW, el PRRI, la Universidad de Brandeis y otras más, realizan para averiguar la forma de identificarse como judíos que tienen los miembros de alguna comunidad en particular. Estos estudios se hacen habitualmente en los Estados Unidos y en Israel, y esporádicamente en comunidades judías de otros países.

Al revisar algunos que se han hecho recientemente, encontramos que hay un grupo importante de encuestados que al preguntárseles que religión practican, “nos dicen que son ateos, agnósticos o que no practican ninguna religión”. Esto lo comenta Greg Smith, director de encuestas religiosas en Estados Unidos del Centro PEW. Pero, esos judíos que no respondieron con la palabra “judía” a la pregunta: ¿Cuál es su religión?, en una pregunta posterior afirman que son judíos de otra manera. El Centro PEW los llama “judíos sin religión”, judíos seculares o culturales.

Y esos judíos culturales van en aumento. PEW dice que entre los judíos americanos que nacieron antes de 1927, la llamada “Generación más Grande”, al preguntársele por su religión, sólo el 7% no contestaron “judía”. Por el contrario, entre los millennials judíos estadounidenses, aquellos nacidos después de 1980, 32% no se describen a sí mismos como judíos por religión. Por el contrario, se identifican como judíos sólo sobre la base de ascendencia, etnia o cultura.

El “Centro para el Judaísmo Cultural”, establecido en la ciudad de Nueva York en el año 2003, sostiene que los judíos culturales tienen una gran pasión por su identidad judía, sin embargo, luchan por expresarla de una manera coherente con sus creencias. Estos judíos no encuentran sentido en el judaísmo como religión, pero si en el judaísmo como cultura, que para ellos es muy significativo. Están lejos de estar solos. De hecho, un número cada vez mayor de judíos en todo el mundo se identifican como judíos culturales y no religiosos.

Dice el Centro: “Los judíos culturales entienden el judaísmo como la historia, la cultura, la civilización, los valores éticos y las experiencias compartidas del pueblo judío. Su conexión con su herencia se encuentra en los idiomas, como el hebreo, el idish y el ladino, la literatura, la filosofía, el arte, la danza, la música, la comida y las celebraciones del pueblo judío. No son las creencias religiosas las que los conectan entre sí, sino la civilización completa de su familia judía extendida.”

En Jerusalem, el “College of Judaism as Culture”, establecido en esta ciudad a raíz de los resultados que arrojó la Comisión Shenhar en 1994, dice que el judaísmo es una cultura en movimiento. Su director, Martin Ben Moreh dice: “El judaísmo es una cultura, no solo una religión. Hay una religión dentro de esa cultura, pero no viceversa «.

Estemos de acuerdo o no con la postura de los judíos culturales o seculares, el hecho es que representan una parte importante del pueblo judío en la actualidad. En Estados Unidos y especialmente en Israel, son más del 50%. Se requiere implementar programas que nutran el judaísmo de este grupo, antes de que contesten que no son judíos ni cultural ni religiosamente.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Material del PEW, The Center for Cultural Judaism y el College of Judaism as Culture.

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246. Peretz Smolenskin, un sionista ilustrado.

Peretz Smolenskin (1842-1885) nació en Monstriczena, Bielorrusia, en el seno de una familia de escasos recursos. Quedó huérfano de padre y además vivió el secuestro de su hermano mayor por parte del ejército del Zar Nicolás I, hechos que marcaron su infancia. A los 14 años, ingresó a la Yeshivah de Shklov, donde estuvo cuatro años y posteriormente pasó unos meses en la corte de Rabi Menahem Mendel Shneerson, en el pueblo de Lubavitch. Decepcionado, tanto de la vida en la yeshivah como en la corte jasídica, pasó los siguientes años recorriendo la zona donde vivían los judíos, hasta que se estableció primero en Odessa y finalmente en Viena.

En 1868 fundó el periódico en hebreo “Ha Shajar” y convirtió su casa en un centro de reunión de escritores jóvenes. Gracias a su trabajo como editor de “Ha Shajar”, fue seleccionado para encabezar la delegación de la Alliance Israelite Universelle a Rumania, misma que tenía el objetivo de investigar la difícil situación de la comunidad judía del lugar, quienes sufrían por el antisemitismo y los pogroms, además de ayudarlos a establecer escuelas judías.

En sus novelas, Smolenskin criticó la realidad social de donde él provenía y propuso cambios progresistas. Sus personajes eran filántropos acaudalados, mendigos, rabinos, sabios, jasidim, jóvenes buscando encontrar su futuro, judíos asimilados, judíos tradicionales y mujeres modernas. Smolenskin era un maskil, un seguidor de la Haskala, la corriente que buscaba preservar a los judíos como una colectividad única y separada, pero enmarcada en una renovación moral y cultural, donde se reviviría el hebreo como idioma secular, a través de un periodismo moderno y una nueva literatura. La Haskala buscaba la integración del grupo judío en las sociedades que los rodeaban, a base de hablar el idioma del lugar y adoptar sus valores, cultura y apariencia.

Fue crítico de los jasidim y en general de los judíos religiosos, pero también de la nueva generación que buscaba deshacerse de su identidad y cultura judía. Luchó contra los “guardianes de la tradición” que se oponían a la modernización, pero también buscó detener a los judíos que abogaban por la asimilación y quienes, según él, eran un peligro para la unidad del pueblo judío y su cultura. Al ver el deterioro de la identidad judía en las comunidades de Europa occidental y central, resultado de la reforma religiosa, la emancipación social y económica, el abandono del hebreo y la integración a la cultura del país, Smolenskin concluyó que los maskilim tenían que cambiar sus prioridades.

Los motines anti judíos en Odessa en 1871, lo convencieron que la Haskala, la Ilustración, había fallado en su intento de introducir valores humanistas en la sociedad moderna y que, para el pueblo judío, el único camino era el nacionalismo cultural, basado en el hebreo moderno, las cualidades espirituales y no ritualistas de la Torá y la esperanza de lograr la redención nacional en un territorio secular y no en lo religioso. Smolenskin se afilió al movimiento nacionalista Hovevei Zion y en sus artículos siguió atacando al mismo tiempo a las corrientes asimilasionistas y a las religiosas, al tiempo que abogaba por la inmigración a la tierra de Israel. Smolenskin pudo sintetizar su judaísmo en una frase: fue un sionista ilustrado.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Artículos de Shmuel Feiner, The Jewish Encyclopedia y otras fuentes.

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245. “Bendito eres Tú, Señor, nuestro Dios, Rey del Universo, por no haberme hecho mujer”.

Todas las mañanas, en el rezo de Shajarit se rezan 14 bendiciones conocidas como Birkot Hashajar, las bendiciones de la mañana. En la versión que rezan los judíos ortodoxos se encuentra una bendición donde los hombres agradecen a Dios por no haberlos hecho mujer. Por su parte, las mujeres ortodoxas, en su lugar, rezan: “Bendito eres Tú, Señor, nuestro Dios, Rey del universo, por haberme hecho de acuerdo con Tu voluntad”, fórmula que data del siglo XIV EC. Melissa Scholten-Gutierrez se pregunta: ¿Cómo puedo agradecerle a Dios por haberme creado de acuerdo a su voluntad, cuando no puedo pretender entender las intenciones de porqué o cómo, Dios actúa?

La obligación de decir estas bendiciones está estipulada en el Talmud, algunas en el tratado Berajot 60b y otras en Berajot 6.23, donde dice: “Rabi Yehuda solía decir: El hombre está obligado a recitar tres bendiciones cada día… (una de ellas) por no haberme hecho mujer…”. Los ortodoxos explican que los hombres recitan esta bendición, no porque sean intrínsecamente superiores a las mujeres, sino porque están obligados a cumplir una mayor cantidad de mandamientos, por lo que están agradecidos con Dios por este sagrado deber. Desde posturas como ésta, ellos argumentan que la tradición de recitar esta bendición debe ser respetada y mantenida en su lugar.

Pero no todos opinan igual. Yoel H. Kahn dice que, en el sur de Europa, en los siglos XIV-XV, las mujeres adoptaron una postura más asertiva y en lugar de la frase original, decían: «quién no me hizo hombre» o «quién me hizo mujer». En 1872, la bendición original, junto con otras, se habían eliminado de los libros de rezos del judaísmo reformista y en la edición de 1895 del Union Prayer Book, ya no aparecía. En el judaísmo conservador, en el Sidur Avodat Yisrael de 1873, los hombres decían “quien me ha impuesto las obligaciones de un hombre” y las mujeres decían “quien me permite ganar corazones por Ti, mediante la maternidad o la devoción de mujer”.

En 1946 el movimiento conservador publicó su libro de rezos para Shabat y las Fiestas, donde se cambió la redacción por: “que me has hecho a Tu imagen”. El comité que redactó el nuevo sidur estaba encabezado por el rabino Robert Gordis, quien explicó en un artículo, que el comité originalmente pensaba eliminar esa bendición (junto con otras dos), pero que “el borrar las tres bendiciones preliminares era insatisfactorio, porque contenían valores religiosos significativos que debían preservarse”. La nueva frase, que Gordis le atribuye al rabino Max Gelb, se convirtió en el nuevo texto que los movimientos no ortodoxos utilizan desde mediados del siglo XX.

La frase “por no haberme hecho mujer”, es un texto que muchos consideran misógino en su contenido y además asume que el que sostiene el libro es un hombre. Elana Sztokman nos cuenta que un sidur de 1471, que se encuentra en la biblioteca del Jewish Theological Seminary, contiene un texto alternativo. En este sidur del siglo XV, la bendición dice: “Gracias Dios por haberme hecho mujer y no hombre”. Según el profesor David Kramer del JTS, el sidur fue producido por el escribano y rabino Abraham Farissol para que un novio se lo diera a su novia. Parece que el tema de igualdad para la mujer judía todavía no está resuelto. Y pensando en nuestras mujeres, mejor sería decir: “Bendito eres Tú, Señor, nuestro Dios, Rey del Universo, por haber hecho a la mujer.”

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Capítulo de Yoel H. Kahn en “My people´s prayer book: Birkhot Hashachar”, artículos de Elana Sztokman, Melissa Scholten-Gutierrez y otras fuentes.

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244. El minyan, una costumbre milenaria conservada por todos.

El minyan es el quórum de diez adultos judíos requeridos para poder cumplir con ciertas obligaciones religiosas. El requerimiento de tener un minyan no está estipulado como tal en la Torá. Es una regla halájica establecida por los rabinos, quienes lo dedujeron después de interpretar varios versículos bíblicos. Uno de ellos es Levítico 22:32 que dice: «Y seré santificado en medio de los hijos de Israel.» Otro es Levítico 19:2 que dice: «Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Seréis santos.» Un tercer versículo es Números 14:27 que dice: «¿Hasta cuándo podré soportar a esta congregación malvada que murmura contra mí?”, refiriendose a diez de los doce espias que regresaron con noticias negativas sobre lo que vieron en la Tierra de Israel. De esos y otros versículos de la Torá, los rabinos en la Mishnah concluyeron que para santificar a Dios se requiere una congregación con un mínimo de 10 miembros.

Rabi Abraham P. Bloch nos explica que la primera vez que se menciona que se requieren 10 para cumplir con ciertos ritos religiosos, es en la Mishnah, en el siglo II E.C. Pero se sabe que en la secta de Qumran, varios siglos antes de la Mishnah, sus códigos hablaban de “que en cualquier lugar donde hubieran 10, un sacerdote versado en el Libro de Estudio no debería estar ausente”. Es claro que la regla de tener 10 hombres estaba firmemente establecida, aun antes de Qumran.

En el tratado Meguilá 4:3 de la Mishnah, los rabinos establecieron qué obligaciones religiosas requieren tener un minyan. Estas son: cuando se dice el “Shema”, en la bendición de los cohanim, para leer la Torá y la Haftará, al decir el Kadish, el Bareju, la Kedushah y la repetición de la Amidah, al consolar a los enlutados, al bendecir a los novios y cuando se da gracias después de la comida.

Bloch continúa: El requerimiento de diez hombres para tener quorum en los servicios religiosos es más que un tecnicismo. En efecto, esta regla ha tenido un efecto de largo alcance en la organización de la vida comunitaria judía. Este requisito forzó a que por lo menos hubieran diez familias cuando se establecían comunidades judías en nuevos lugares.

El Talmud mismo no aborda directamente la cuestión de si las mujeres pueden contar como parte de un minyan para “devarim shebkdusha”, los ritos religiosos que requieren minyan. En el judaísmo ortodoxo, sólo los hombres pueden constituir un minyan. En las corrientes liberales, las mujeres también se cuentan. Los judíos reformistas fueron los primeros en la vida judía en incluir mujeres al contar un minyan. En la Conferencia Rabínica de Frankfort de 1845, el rabino Samuel Adler propuso una resolución que declaraba que la mujer «tiene la misma obligación que el hombre de participar desde la juventud en la enseñanza del judaísmo y en los servicios públicos religiosos y que la costumbre de no incluir mujeres en el número de personas necesarias para la realización de un servicio, es sólo una costumbre y no tiene ninguna base religiosa «. En 1973, el Comité sobre Leyes Judías y Estándares del Judaísmo Conservador votaron que hombres y mujeres cuentan por igual en un minyan. En 2002, el Comité adoptó un responsum del rabino David Fine, que da la base oficial en el derecho religioso para que las mujeres cuenten en un minyan. Con todo, cada comunidad conservadora puede decidir si incluye o no a las mujeres en el minyan.

La palabra minyan en hebreo se traduce como el sustantivo “cuenta” o “número” (la cuenta o el número) y no quiere decir “diez”, aunque todos pensamos en “10” al decir minyan. Por los textos encontrados en las cuevas de Qumran, se sabe que la necesidad de tener por lo menos 10 personas en un rito religioso, es una costumbre milenaria que, con algunos cambios, especialmente la inclusión de las mujeres, todos los movimientos religiosos han conservado.

Por Marcos Gojman.

Biografía: Artículos escritos por Abraham P. Bloch, Cyrus Adler, Lewis N. Dembitz, Michael Leo Samuels, Leon Morris y otras fuentes.

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243. Abraham Joshua Heschel: Celebrar Shabat, ¿un ritual mecánico o un arte?

Abraham Joshua Heschel (1907-1972) nació en Varsovia, en el seno de una distinguida familia de rabinos jasídicos. Recibió su primera smija (título) de rabino de una yeshivah ortodoxa en Polonia y la segunda del seminario rabínico liberal en Alemania. Escapó de Europa al inicio de la Segunda Guerra Mundial y llegó a los Estados Unidos para enseñar, primero en el seminario rabínico reformista y después en el Jewish Theological Seminary del judaísmo conservador, donde tuvo como compañero a Mordejai Kaplan, el fundador del judaísmo reconstruccionista. Acompañó a Martin Luther King en la famosa marcha de Selma, y dijo que al hacerlo, parecía que sus piernas rezaban por él. Pocos rabinos han estado expuestos, a lo largo de sus vidas, a una variedad tan grande de enfoques y experiencias sobre el judaísmo como Heschel.

El profesor David Biale dice que la teología de Heschel está basada en la interpretación de la espiritualidad de los Hasidim vista a la luz de la modernidad. Para Biale, sus obras más importantes son: “Dios en busca del hombre” (1955), “La Tierra es de Dios”, su elegía sobre los judíos fallecidos en el Holocausto (1949), y “El Sábado” (1951), una obra que pasa por encima de las numerosísimas reglas que norman la observancia del Shabat y nos lleva a meditar sobre el verdadero significado espiritual que tiene esta fiesta. En “El Sábado” Heschel escribió:

“La Biblia está más preocupada con el tiempo que con el espacio. Ve al mundo en la dimensión del tiempo. Les pone más atención a las generaciones, a los eventos, que, a países, a cosas; está más preocupada con la historia que con la geografía. Para entender las enseñanzas de la Biblia, uno debe aceptar la premisa de que el tiempo tiene un significado para la vida tan importante como el espacio. El judaísmo es una religión del tiempo que apunta hacia la santificación del tiempo. La Biblia siente el carácter diverso del tiempo. No hay dos horas iguales. Cada hora es única.”

En relación al Shabat, Heschel dice: el trabajo es un oficio, pero el descanso perfecto es un arte. El arte de guardar el séptimo día es el arte de pintar en el lienzo del tiempo, la misteriosa grandeza del momento cuando Dios terminó su creación. Es el resultado de un acuerdo entre el cuerpo, la mente y la imaginación. El Shabat es deleite: deleite para el alma y deleite para el cuerpo. Puedes observar el Shabat cumpliendo mecánicamente sus reglas. Pero observar el séptimo día es más que simplemente obedecer los mandamientos divinos. Santificar el séptimo día no significa que te mortificarás a ti mismo, sino por el contrario, lo santificarás con todo tu corazón, con toda tu alma y con todos tus sentidos. Santificamos el Shabat con cosas tan mundanas como comidas especiales o con hermosas prendas de vestir y no sólo con rezos.

Heschel dice: A diferencia del día del perdón, el sábado no está dedicado exclusivamente a fines espirituales. Es un día donde el alma y también el cuerpo, el confort y el placer son partes integrales de la observancia del Shabat. Debe ser el hombre en su totalidad, con todas sus facultades compartiendo la bendición del sábado. El celebrar Shabat debe ser más que un simple ritual mecánico, el celebrar Shabat debe ser un arte.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “The Sabbath” de Abraham Joshua Heschel y “Judaismo” de David Biale.

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242. Cumplir los mandamientos de la Torá: A fuerzas ni los zapatos entran.

Está escrito en Exodo 19:17: “Y Moisés sacó a la gente del campamento para encontrarse con Dios; y se pararon al pie del Monte (Sinai)”. Pero en la Guemará, en Shabat 88ª los rabinos lo explican así: “Rabi Avdimi bar Ḥama bar Ḥasa dijo: el pueblo judío en realidad estaba parado debajo de la montaña, y el versículo enseña que el Santo Bendito Sea volcó la montaña sobre los judíos como una tina y les dijo: Si aceptan la Torá, excelente, y si no, ahí será su entierro”.

La explicación de los rabinos en la Guemará fue muy diferente de lo que leímos en la Torá. Por eso, los rabinos se cuestionaron: «Si a partir de aquí hay una advertencia que es obligatorio cumplir con la Torá, ¿cómo se explica el momento de Na’aseh V’Nishma (lo haremos y lo escucharemos), en Exodo 24:7, cuando Bnei Israel aceptó la Torá incondicionalmente? Rabi Mois Navon lo explica diciendo que los judíos en el desierto eran como niños con respecto a su relación con Dios y con su Torá. Cuando los niños se están desarrollando, necesitan definiciones para tener una conducta apropiada, límites, en resumen: un sistema de moralidad. Por el contrario, otros como Rashi y la Mejiltá, lo explicaron diciendo que la entrega de la Torá fue como una boda entre Dios y el pueblo judío, donde la montaña era la Jupá que los unía en amor, tal como dice la bendición Ahava Rabah en el rezo de la mañana, que habla de integrar el amor de Dios con sus mandamientos.

Rabi Joseph B. Soloveitchik decía: «La coacción religiosa es un oxímoron.» (oxímoron se refiere a algo absurdo o incoherente, como decir “luminosa oscuridad”). Cuando un acto ritual es coaccionado por una fuerza externa, deja de tener valor religioso o significado espiritual y, de hecho, sólo aumenta los antagonismos antirreligiosos y empuja a la persona hacia el lado opuesto.

Rabi Shlomo Riskin dice: En una sociedad secular, en el ámbito de las leyes que rigen las relaciones entre las personas, las autoridades que procuran la justicia pueden y deben utilizar la coacción y hasta la fuerza, para establecer una sociedad justa. Las personas entienden que esas leyes existen para ayudarlas a cumplir con las regulaciones que saben que son para el bien de todos. Sin embargo, con respecto a las leyes entre las personas y Dios, la adherencia forzosa tendrá exactamente el efecto opuesto y sólo conducirá al resentimiento y a sentimientos antirreligiosos.

Riskin cuestiona aquellas leyes promulgadas en el Estado de Israel que obligan a una sociedad secular a cumplir mandamientos religiosos, por la fuerza, con “la montaña” encima, en vez de con amor. Él sugiere un enfoque diferente. No es la promulgación de leyes que los israelíes seculares ni entienden ni aceptan, lo que aumentará el respeto y la observancia del sábado. Más bien, es a través de lograr que la comunidad religiosa los ame y los respete, y buscar que los religiosos hagan todo lo posible, no tanto para obligar a cumplir los mandamientos, sino para inspirar. Con creatividad halájica, habría una manera en la que, por ejemplo, la santidad del sábado podría mantenerse, y la belleza de nuestras tradiciones, con canciones, música y comida, podrían ser llevadas a una gran audiencia secular. Porque a fuerzas, ni los zapatos entran.

Por Marcos Gojman:

Bibliografía: Artículos de Shlomo Riskin, Mois Navon, Hannah Cowen y otras fuentes.

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241. Gershom Scholem: el misticismo es lo que verdaderamente le da vida al judaísmo.

Gerhard Scholem (1897-1982) nació en Berlín, en el seno de una familia judía asimilada a la cultura alemana. Su padre, Arthur Scholem se opuso a los deseos de su hijo de estudiar materias judaicas, pero gracias al apoyo de su madre, Betty Hirsch Scholem, pudo estudiar hebreo y Talmud con un rabino ortodoxo. En 1915, Gerhard ingresó a la Universidad Frederick William donde estudió matemáticas, filosofía y hebreo. Ese año conoció a Walter Benjamin, con quien tuvo una entrañable amistad que desafortunadamente terminó con la muerte de éste durante el Holocausto. En la universidad, Scholem conoció a Martin Buber, Shmuel Yosef Agnon, Jaim Najman Bialik, Ahad Ha´am y a Zalman Shazar. Gerhard terminó especializándose en lenguas semíticas, título que obtuvo en la Universidad Ludwig Maximilians en Munich. Su tesis doctoral fue sobre Sefer ha Bahir, probablemente el libro más antiguo que se conoce sobre Kabalá.

Atraído por el sionismo e influido por Martin Buber, Scholem emigró en 1923 a la Tierra de Israel, donde cambió su nombre a Guershom. Ahí se dedicó al estudio del misticismo judío, trabajó como bibliotecario en la Biblioteca Nacional y llegó a ser el jefe del Departamento de Hebreo y Judaica. Posteriormente ingresó como maestro a la Universidad Hebrea de Jerusalém, donde enseñó Kabalá y misticismo judío, labor a la que dedicó el resto de su vida.

Guershom buscó enseñar esas materias con un enfoque diferente a como se hacía antes. No estaba de acuerdo de cómo lo habían hecho los seguidores del movimiento “Wissenschaft des Judentums”, la Ciencia del Judaísmo, quienes, según él, presentaban al judaísmo desde un punto de vista estrictamente racional, muy al estilo de las universidades alemanas. Guershom les criticaba el hecho de que estudiaban al judaísmo más como algo muerto que como un organismo vivo, además de olvidar que las bases del judaísmo tenían una parte que no se podía explicar racionalmente y eso era lo que hacían de él algo vivo.  Él decía que los aspectos míticos y místicos del judaísmo eran el núcleo verdaderamente viviente del mismo y eran tan importantes como la parte racional, inclusive más que las minucias de la halajá.

Guershom Scholem es conocido como el fundador del estudio moderno de la Kabalá, la rama del pensamiento judío que busca la verdad última sobre la naturaleza de Dios, del bien y del mal, y del papel de la humanidad en el cosmos. George Prochnik dice que para Scholem, la Kabalá preserva el marco del monoteísmo, al tiempo que derrumba el ídolo de que hay una sola verdad monolítica. Scholem solía citar a Isaac Luria, un místico del siglo XVI que decía: “Cada palabra de la Torá tiene seiscientas mil caras, es decir, significados, uno por cada uno de los hijos de Israel que estuvieron al pie del Monte Sinaí. Cada cara, cada significado, se dirige hacia sólo uno de ellos; sólo ese hijo puede verlo y descifrarlo. Cada uno tiene su propia manera de entender la Revelación Divina».

Guershom Scholem estaba convencido, nos dice David Biale, que la modernidad, al ver todo a través del cristal de la razón, había logrado que el misticismo judío prácticamente dejara de existir. Así como en la época premoderna, la Kabalah había sido una fuerza vital dentro del judaísmo, especialmente con los jasidim, hoy en día, con contadas excepciones, su presencia en el espíritu judío se ha visto disminuida. Y en contra de eso Guershom Scholem luchó toda su vida, pues para él, el misticismo es lo que verdaderamente le da vida al judaísmo.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Artículos de George Prochnik, David Biale y otras fuentes.

 

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240. Neil Gillman: cada quien debe definir su propio judaísmo.

Mordejai Kaplan, una de las grandes personalidades judías del siglo XX, decía que cada judío podía expresar su judaísmo en lo que, en inglés, eran las tres “B”: belong, behave and believe, pertenecer, practicar y creer. El pertenecer es la forma más común de identificarse como judío, al ser parte, como miembro, de organizaciones comunitarias. El practicar se demuestra especialmente en el observar los mandamientos y las costumbres, como lo es el celebrar las fiestas judías o comer kosher. Pero el creer es para muchos la forma más difícil de expresar su judaísmo, porque implica definir en qué cosas creemos y qué conceptos nos definen como judíos.

El asunto de definir de forma sistemática las creencias religiosas de un grupo, es lo que los estudiosos llaman teología. El rabino Neil Gillman (1933-2017) dedicó toda su vida al estudio de la teología del judaísmo, especialmente el judaísmo masorti o conservador. Gillman nació en Quebec City, Canadá. Estudió filosofía en la Universidad de McGill, para después ordenarse como rabino en el Jewish Theological Seminary en Nueva York. En 1975 obtuvo su doctorado en la Universidad de Columbia. Fue maestro de filosofía judía en el JTS desde su ordenación como rabino hasta su retiro. También fue parte del comité que redactó “Emet Ve Emunah”, “La verdad y la fe”, la declaración oficial de los principios que rigen al judaísmo conservador. En 1990 escribió “Fragmentos sagrados, recuperando la teología para el judío moderno”, libro con el que ganó el National Jewish Book Award de ese año.

Gillman fue alumno de Mordejai Kaplan en el JTS. En alguna de sus clases escuchó a su maestro decir que “El judaísmo es lo que sea que el pueblo judío dice que es”. Esta frase fue el detonador de un ensayo que provocó una larga conversación entre Kaplan y él. Y esa conversación llevó a Gillman a buscar su propia definición de lo que él creía como judío. Gillman decía: “cómo puedo enseñar teología judía si yo mismo no lo tengo claro”. Todos los años, al iniciar su curso, les pedía a sus alumnos que escribieran un ensayo sobre sus creencias judías personales y al final del curso les solicitaba volver hacer lo mismo. Algunos lo siguieron haciendo inclusive después de graduarse.

Gillman decía que había que entender los textos sagrados más allá de su interpretación literal e inclusive histórica. La Biblia había que verla desde un punto de vista más bien poético y metafórico. Hablaba de hasta ser un poco “naive”, no como un niño o como su abuelo que creía que todo lo que estaba escrito en la Torá había sucedido tal cual, sino como alguien que entiende que esos mitos tienen un significado mucho más profundo. Por ejemplo, decía que no se puede creer que los muertos van a resucitar, pero a la vez no puedes dejar de creer en un Dios que tiene el poder de hacerlo, pues de otra forma sería un Dios impotente en cuestiones que tienen que ver con la vida y la muerte. Igual sucede con la salida de Egipto, decía Gillman, leyenda que no se ha podido probar históricamente, pero cuyo significado en la teología judía es enorme.

Con ese enfoque, Gillman buscó en cada una de sus clases, el tratar de despertar en sus alumnos esa necesidad de definir su propio judaísmo, tarea a la que dedicó toda su vida.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Video conferencias de Neil Gillman en el JTS.

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239. Kalonymus Kalman Szapiro: Solo recuerden, lo mejor en este mundo es hacerle un favor a alguien.

Kalonymus Kalman Szapiro (1889-1943) nació en Grodzisk, Polonia, en el seno de una familia de grandes rabinos. Quedó huérfano a la edad de 3 años y fue su madre, Hannah Berkhaha, la que le inculcó el amor por sus raíces jasídicas. Se casó a los 15 años y tuvo dos hijos. En 1909, tras la muerte de su suegro, se convirtió en el gran rabino de Piaseczno. En 1923 fundó la Yeshiva Daas Moshe, una de las más grandes yeshivot jasídicas de antes de la Segunda Guerra Mundial.

Como cabeza de la yeshivá, Kalonymus se preocupó por la deserción de los jóvenes de la educación tradicional, de su asimilación a la cultura polaca o su afiliación a movimientos seculares judíos como el sionismo y el socialismo. En esos años, las casas de estudio jasídicas habían perdido su espíritu creativo y habían asimilado el formato de estudio rígido de las yeshivot lituanas.

El rabino Polen comenta: Kalonymus, en su libro Jovas haTalmidim (La responsabilidad de los estudiantes), decía que un niño debía estar imbuido «de una visión de su potencial grandeza» y de ser «un participante activo en su propio desarrollo» y que los profesores «deben aprender a hablar el idioma del estudiante y expresar gráficamente las delicias de una vida cercana a Dios».

En septiembre de 1939, después de la invasión de Polonia, el Rabino Szapiro fue internado en el gueto de Varsovia, donde dirigió una sinagoga secreta. Después del levantamiento del gueto en 1943, el rabino Szapiro fue llevado al campo de Trawniki cerca de Lublin, donde el 3 de noviembre de ese año, los judíos que ahí quedaban, incluido el rabino Szapiro, fueron asesinados.

Los sermones que Szapiro escribió durante su estancia en el gueto de Varsovia, sobrevivieron gracias a Emmanuel Ringelblum y su grupo, quienes comenzaron a reunir tanta documentación como pudieron. La escondieron en botes de leche metálicos y los enterraron para que el mundo supiera de primera mano lo que ahí había sucedido. La colección de sermones fue encontrada y publicada baja el título Esh Kodesh, Fuego Sagrado.

Shaul Magid, en el Esh Kodesh, distingue tres grupos de sermones de Kalonymus: el primero, donde Szapiro es el rabino que ofrece palabras de aliento a sus feligreses, diciéndoles que lo que estaba pasando no era categóricamente diferente a otras épocas de sufrimiento del pueblo judío. En el segundo grupo, Kalonymus tiene el difícil trabajo de enseñar a su gente a morir con dignidad y que a pesar de lo incomprensible de la situación, eran parte de ese drama divino. El grupo final nos muestra a un teólogo radical, especialmente al leer una nota insertada en un sermón, donde escribe que lo que él y su comunidad estaban viviendo era algo sin paralelo y sin precedentes.

Un alumno de Szapiro que sobrevivió a la masacre, decía que Kalonymus les había enseñado que lo mejor en este mundo era hacerle un favor a alguien. Así, cada vez que él pensaba en suicidarse o en dejar de luchar por sobrevivir, se acordaba que le faltaba hacerle un favor a alguien y seguía adelante. Kalonymus no entendía que había pasado con Dios, pero sabía que algo que podía salvar a una persona era dejar de tratar de explicar la conducta divina y hacerle un favor a alguien.

Por: Marcos Gojman.

Bibliografía: The Holy Fire por Nehemiah Polen, artículo de Shaul Magid y otras fuentes.

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