208. Ojo por ojo y diente por diente. ¿Venganza o justicia?

En “Los Miserables” de Victor Hugo, el personaje principal, Jean Valjean, es enviado a prisión, inicialmente por cinco años, por haber robado una hogaza de pan. La novela se ubica en Francia, en 1795. Hoy en día, en algunos regímenes fundamentalistas islámicos, el castigo por robar más de un cuarto de Dinar, es cortarle la mano al ladrón. En algunas sociedades, el castigo es o era desproporcionado al daño cometido.

Está escrito en Éxodo 21:23-25: “Pero si hubiera algún otro daño, entonces pondrás como castigo, vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.” El concepto se repite en Levítico 24:18-20 y en Deuteronomio 19:21. A esta máxima se le conoce como la Ley del Talión, del latín “talis” que significa “idéntico” o “semejante”, lo que quiere decir que la pena impuesta debe ser idéntica o equivalente al daño. Esta era una idea revolucionaria, especialmente en el mundo de la época bíblica, cuando era muy común que el castigo no era proporcional al daño causado. Con todo, en la literatura judía, no se conoce de ningún caso en que esta ley se haya aplicado literalmente.

Los rabinos en la época de la Mishnah, (siglo I EC) fueron más lejos. En el capítulo 8 del tratado Bava Kamma del Talmud discuten extensamente el tema y finalmente deciden que la compensación debe ser económica, pues aplicar el mandamiento de forma literal presentaba dificultades legales y éticas. Uno de los muchos argumentos que presentaron fue lo que, R. Simon b. Yohai dijo: «Ojo por ojo significa compensación en dinero y no sacarle el ojo al culpable, ¿Cómo haces entonces en el caso dónde un ciego saca el ojo de otro hombre, o donde un lisiado corta la mano de otro, o donde un cojo rompe la pierna de otro? ¿Cómo se puede cumplir en este caso el principio de ojo por ojo?» Para el ciego que le sacó el ojo al otro, no es castigo que le saquen el suyo.

La Mishna en Bava Kamma 83b, continua con el tema y dice: «el que hiere a otro es responsable de pagar, además del daño causado (quedar manco, por ejemplo), por el dolor causado, por los costos para curarse, por el tiempo perdido para ganarse el sustento y por la humillación». La cantidad a pagar la determina una corte rabínica.

¿Qué quiere decir todo esto? Los rabinos, en los primeros años de la Era Común, reinterpretaron y modificaron la aplicación del precepto bíblico para hacerlo más humano. Postura que se repite infinidad de veces, en muchos temas, en las páginas del Talmud. El judaísmo rabínico no sólo consideraba el aspecto legal, sino también pensaba en los efectos que tendría en el hombre.

El principio de “ojo por ojo”, que se encuentra en la Biblia, se ha completamente mal entendido. Se piensa generalmente que es una prescripción bárbara enfocada en la venganza personal y se contrasta a menudo con el principio del Nuevo Testamento de poner la otra mejilla.  Ghandi decía que el ojo por ojo iba a dejar ciego a todo el mundo. «Ojo por ojo, diente por diente, vida por vida» se encuentra en las secciones de la Biblia que instruyen a los jueces cómo castigar a los criminales. Es estrictamente una instrucción para la justicia, no para la venganza personal.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Adam Kirsch: “Is an eye for an eye really an eye for an eye?” y otras fuentes.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

207. El Kotel, el muro de contención que se convirtió en el lugar más simbólico del judaísmo.

El primer Templo de Jerusalem fue construido por el rey Salomón en el monte Moriah, en los primeros años de su reinado (970 a 931 AEC). Fue destruido por Nabucodonosor, rey de Babilonia en el año 586 AEC. El segundo Templo se empezó a construir en el año 538 AEC y se terminó 23 años después. Varios siglos después, alrededor del año 20 AEC, el segundo Templo fue renovado y expandido por Herodes el Grande (73 – 4 AEC) quien había sido nombrado rey de Judea.

La reconstrucción del templo bajo Herodes comenzó con una expansión masiva del monte Moriah, el cual tenía una meseta en el extremo norte y declinaba abruptamente en la ladera sur. El plan de Herodes era que la montaña entera se convirtiera en una explanada gigante. Para extender la meseta natural del Monte, encerró el área entre cuatro grandes muros de contención y rellenó los huecos. Encima de esa explanada Herodes prácticamente volvió a construir el Templo, usando como obreros exclusivamente a sacerdotes y levitas. El Templo de Herodes fue destruido completamente por los romanos en el año 70 EC.

Hoy en día en Jerusalem, la mayor parte del muro de contención está oculto detrás de edificios residenciales, con excepción de la parte sur del lado occidental del muro, que sí está visible y es lo que se conoce como el Muro Occidental, en hebreo, el Kotel Hamaarabi. Por lo tanto, en sentido estricto, el Kotel no era parte integral del Templo mismo, sino de la explanada del monte.

El midrash habla del muro occidental del Templo, pero es hasta el siglo XVI, con la conquista otomana de la tierra de Israel y la migración de los judíos españoles a tierras turcas, que se menciona en algunos escritos al Muro Occidental de la explanada del Templo, como un lugar donde los judíos se reunían para rezar. Con la expansión de la población judía en la tierra de Israel a partir del siglo XIX y el aumento de visitantes, la popularidad del muro empezó a crecer entre el pueblo judío. La imagen del muro empezó a aparecer en obras de arte folklórico judío, a ser mencionado en obras literarias y fue cuando empezaron los primeros trabajos arqueológicos.

Algunos filántropos judíos, como Sir Moses Montefiore y el baron Rotchild, trataron de comprar el muro y el barrio adyacente, pero no pudieron por razones que no han quedado claras. El banco Anglo Palestino lo intentó a principios del siglo XX con la misma suerte. Después de la declaración Balfour y con el reconocimiento de una comunidad judía en la Tierra de Israel por el mandato británico, el Muro Occidental empezó a tener un significado nacional además del religioso.

Desde principios del siglo XX, el Muro Occidental fue escenario constante de la pugna entre árabes y judíos. Una comisión de la Liga de las Naciones, en 1930, resolvió que el Muro era propiedad de los musulmanes, pero que los judíos tenían todo el derecho de poder rezar ahí, aunque no podían tocar el shofar. Practicamente, desde 1947 hasta 1967, los judíos no tuvieron acceso al Muro, hasta la guerra de los seis días, cuando la Jerusalem vieja pasó a manos judías. La famosa foto de los primeros soldados israelíes en el Kotel, consagró al Muro Occidental como el lugar más representativo del pueblo judío. El muro es, sin duda, el lugar más simbólico del judaísmo.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

206. Sin o con soberanía: La halajá del shtetl o la halajá del Estado de Israel.

El Talmud nos cuenta que, durante el cerco de Jerusalem por los romanos (año 70 EC), Rabi Yohanan Ben Zakai logró sacar de la ciudad a los sabios y a los líderes del pueblo judío y llevarlos a Yavneh. Con todo, su acción no pudo evitar que, con la destrucción de Jerusalem y del Templo, se terminara la soberanía judía sobre la Tierra de Israel.

Evelyn Gordon y Hadassah Levy nos dicen:” La Torá estaba claramente destinada a un pueblo soberano en su propia tierra: numerosos mandamientos, como los relacionados con el servicio del Templo o la agricultura, sólo pueden realizarse en la Tierra de Israel. Muchos otros, como cuestiones de comercio hasta cuestiones jurídicas, sólo son ejecutables en un Estado soberano”.

Gordon y Levy continúan: “Con el paso del tiempo quedó claro que el exilio sería prolongado. Los rabinos comenzaron, por lo tanto, el proceso de convertir al judaísmo en algo capaz de sobrevivir fuera de su tierra. El servicio del Templo fue reemplazado por la oración. Las fiestas fueron reinterpretadas. Se estableció un calendario fijo. El estudio de la Torá se convirtió en el valor supremo. Y la importancia de la soberanía, el ser una nación independiente, fue minimizada: por el bien de la supervivencia judía, el mensaje era que la soberanía no era esencial siempre y cuando el liderazgo rabínico permaneciera.” Este proceso de conversión se materializó al poner por escrito la ley oral, primero en la Mishna y finalmente, después de cuatro siglos, en el Talmud. Con esto aseguraban la uniformidad en los principios de la halajá y la autoridad de los rabinos.

Pero con el establecimiento del Estado de Israel, la soberanía del pueblo judío sobre su tierra se recuperó y la halajá ahora debe adaptarse a las nuevas condiciones. Así como Ben Zakai y sus sucesores transformaron el judaísmo de una religión de soberanía a una religión del exilio, el judaísmo debe ahora revertir el proceso y reconstituirse como la religión de una nación soberana. ¿Cómo debe funcionar un país y un ejército judíos? ¿Cómo debe un Estado judío regular el matrimonio y el divorcio? ¿Cuáles son las reglas para adquirir la ciudadanía? Los empleados de los servicios públicos, como la electricidad, el ejército, la policía, los hospitales: ¿Pueden trabajar en shabat? ¿Cómo deben funcionar la agricultura, la educación y el sistema legal? Las respuestas no son obvias.

La halajá ahora debe crear nuevas formas de interpretar la Torá en el Estado de Israel. Rabi Eliezer Berkovits nos dice: Creo que podemos decir que la halajá tiene la sabiduría para poder adaptar, con inteligencia y sentido común, la palabra escrita de la Torá, a la nueva circunstancia del pueblo judío. Esta sabiduría y su implementación no pueden estar rígidamente restringidas a ningún código. Ninguna palabra escrita puede contemplar de antemano las innumerables situaciones y cambios de circunstancias que ocurren en la historia de los hombres y las naciones. Pero este cambio no se ha dado. Como dice Berkovits, todos los años de diáspora nos hicieron perder la capacidad para resolver situaciones como nación. Todavía tenemos la halajá del shtetl, la del exilio, cuando deberíamos ya tener la halajá del Estado de Israel.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Evelyn Gordon, Hadassah Levy “Halacha’s Moment of Truth” y Eliezer Berkovits “Not in Heaven, The Nature and Function of Halakha”

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

205. El David de la Biblia y el David del Talmud: ¿Es el mismo rey?

El profesor James A. Diamond nos dice: “Un problema con el que los sabios de la época talmúdica se topaban, era el hecho de que ninguna personalidad bíblica, ni remotamente caminaba o hablaba como un rabino”. Esta anomalía era particularmente grave cuando esas personalidades eran los padres fundadores del judaísmo, como los patriarcas y Moisés, o sus héroes más prominentes, como los reyes David o Salomón. El dilema de los héroes bíblicos que no cumplen con los estándares éticos y espirituales del judaísmo de los rabinos, ponía a los sabios en un dilema, como fue el caso del Rey David.

David fue el segundo rey del pueblo de Israel y reinó aproximadamente del año 1010 al 970 AEC.  La Biblia lo describe como un gran guerrero y como escritor de salmos. En sus 40 años como gobernante hizo cosas importantes, pues unió al pueblo de Israel, lo llevó a la victoria en múltiples batallas, conquistó la tierra y allanó el camino para que su hijo Salomón pudiera construir el Templo. Pero la Biblia también menciona como él cometió adulterio con la que después sería la más famosa de sus esposas, Batsheva, la madre del rey Salomón. David la vio desnuda desde su terraza, tuvo relaciones con ella y la embarazó. Pero Batsheva estaba casada con Uría, por lo que David lo manda al frente de batalla donde muere. Nathan profetizó el castigo que caería sobre la casa de David por ese pecado: «La espada nunca se apartará de tu casa”.

Pero los rabinos de la época talmúdica presentaron una imagen diferente. El Midrash cuenta: “David no fue educado como sus hermanos, sino que pasó sus días en el campo pastoreando ovejas. Esta vida pastoral lo preparó para la posición que iba a ocupar. Trató con amor y ternura las ovejas confiadas a su cuidado, por lo que Dios dijo: «Él entiende cómo pastorear las ovejas, por lo que se convertirá en el pastor de mi rebaño de Israel» (Midr.Teh.78). Y en otro pasaje continúan en el mismo tono: “La humildad de David se dice que era tan extraordinaria que cuando enseñaba la Torá a sus estudiantes en la mítica academia rabínica de su época, lo hacía mientras estaba sentado en el suelo desnudo, en lugar de la hacerlo en la comodidad de almohadas y cojines. Esto era porque David se negaba a asumir una postura jerárquica frente a sus estudiantes.”

¿Por qué lo hicieron los rabinos? Al escribir la Mishnah y después la Guemará, los rabinos buscaban encuadrar la práctica del judaísmo dentro un marco de referencia ético y religioso que ellos tenían muy claro, pero que las historias de la Biblia a veces no les ayudaban para poderlo explicar. ¿Cómo entender que el Mesías saldría de la casa de David, si este era un pecador que había cometido adulterio con Batsheva? Diamond dice: “Los rabinos de este período formativo, al igual que los eruditos modernos, enfrentaron en los textos bíblicos, entre otras peculiaridades, una serie de contradicciones, narraciones duplicadas, lagunas literarias y jurídicas, discrepancias cronológicas, incongruencias, pasajes y términos que no se podían descifrar”. Richard Kalmin comenta que, especialmente en el Talmud Babli, los rabinos veían grandes sabios por todos lados y presentaban a los personajes bíblicos, inclusive los más pecadores, como grandes rabinos.

La forma de arreglar el problema con el Rey David fue cambiando la narrativa. El David pecador de la Biblia lo convirtieron en el David santo del Talmud.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: James A. Diamond “King David of the Sages: Rabbinic Rehabilitation or Ironic Parody”

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

204. Rabi Yehuda Hanasi y Bar Kappara, ¿un alumno diferente?

Rabi Yehuda Hanasi, conocido como “Rabbi”, (135-217 EC) vivió en la Tierra de Israel durante la ocupación romana. Era muy rico y además muy respetado por los romanos. Fue un líder clave de la comunidad judía en esa época. Según el Talmud, descendía del rey David, de ahí el título de “Nasí”, príncipe. Fue el redactor de la Mishná, la primera obra del judaísmo rabínico que puso por escrito a la Torá Oral. Uno de sus alumnos fue Shimon Bar Kappara, quien vivió en la misma época, entre el año 180 y el 220 EC, el período comprendido entre los tanaim y los amoraim.

Las relaciones entre Bar Ḳappara y la casa de Rabbi eran tensas, lo que llevó a Bar Kappara a establecer su academia en Cesárea, al sur de la Tierra de Israel. Se cuenta que una vez mientras caminaba por la costa, vio salir del mar a un romano que se había salvado de un naufragio. Bar Kappara lo llevó a su casa, le proporcionó ropa y todo lo necesario, incluyendo dinero. Ese náufrago era el procónsul de Cesárea y pronto mostró su agradecimiento a Bar Kappara, cuando liberó a algunos judíos que fueron detenidos por participar en una perturbación política.

Bar Kappara admiraba las ciencias naturales, estudio proscrito por la mayoría de los judíos de la época, pues lo consideraban parte de la «cultura griega». También apreciaba el amor que los griegos tenían por la belleza. Fue probablemente el único sabio de la Tierra de Israel que veía con buenos ojos la actividad literaria de los judíos de Alejandría que hablaban griego. Bar Kappara escribió comentarios sobre la Mishná, que aparecen en el Talmud y que aclaran pasajes oscuros del texto. Con ellos, los redactores de la Tosefta pudieron tomar mejores decisiones halájicas.

La agadah cuenta que, en una ocasión, “Rabbi” organizó un banquete de bodas para su hijo, donde invitó a todos los sabios, menos a Bar Kappara. Bar Kappara fue y escribió en la puerta: “El fin de toda alegría es la muerte, así que ¿qué se gana con alegrarse?” Rabbi preguntó quién lo había escrito y le dijeron que había sido Bar Kappara, al que no había invitado al banquete. Rabbi decidió hacer otro banquete y esta vez invitó a todos los sabios, incluyendo a Bar Kappara. Durante el banquete, Rabbi notó que los invitados no tocaban la comida. Rabbi preguntó a sus sirvientes porque sus invitados no comían y ellos le contestaron: cada vez que llevamos un platillo, hay un viejo que cuenta trescientas fábulas y los invitados, por escucharlas, dejan que se enfríe la comida y no la tocan. Rabbi, molesto, le preguntó a Bar Kappara porqué hacía eso. Bar Kappara le contesta: “para que no digas que vine por tu comida; yo vine por estar con mis colegas”. El Midrash cuenta que finalmente Rabbi y Bar Kappara hicieron las paces. Pero con todo, Rabbi no le concedió el título de rabino a su alumno.

Rabbi dijo: «Mucho he aprendido de mis maestros, más de mis colegas, pero mucho más de mis alumnos.” Bar Kappara fue sin duda un alumno diferente. La pregunta queda: ¿Qué tanto aprendió uno del otro?

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Sefer Ha Agadah de Bialik y Ravnitzky y la Jewish Encyclopedia.

 

Publicado en Al reguel ajat | 1 comentario

203. Gerson D. Cohen: La bendición de la asimilación en la historia judía.

Jacob Neusner dice: “Si hablas con cualquier judío que se preocupe por el judaísmo, seguramente saldrá el tema de la “asimilación”, un término lleno de significado negativo para aquellos judíos leales y devotos. Ellos sostienen que la asimilación sólo puede llevar al fin del pueblo judío como una comunidad autónoma y al fin del judaísmo como una tradición religiosa o cultural”.

Neusner continúa: “Dentro de esa preocupación está el miedo al cambio. Ellos argumentan que el cambio es malo. Dicen que se pueden definir las características específicas del judaísmo, las que tienen en común todas las comunidades judías en el mundo y se debe de luchar por preservar esas características comunes, porque no preservarlas implica no preservar el judaísmo.”

Neusner dice que esta concepción del judaísmo está equivocada por dos razones. La primera, porque ve al judaísmo como algo estático, que no cambia, que sólo tiene una dimensión y que es unitario, que se puede definir y describir de una sola manera, su única manera de ser judío. Pero no es difícil demostrar que aquellas características que hoy en día son consideradas como singularmente judías, no eran consideradas así en la época cuando se adoptaron del mundo exterior. El yidish, un idioma que está ligado intrínsecamente con la identidad de los judíos ashkenazim, tuvo un origen no judío en el alemán medieval. La forma actual que tienen los judíos ultra ortodoxos de vestirse de negro, fue tomada de la forma de vestirse de los polacos cristianos.

La segunda, dice Neusner, es cuando el miedo a la asimilación revela una falta de confianza en los recursos que tiene el judaísmo y en la capacidad del pueblo judío de adaptar y hacer suyas las mejores características de la cultura universal. Él dice que la asimilación, canalizada de forma correcta, no es algo malo, pues es una fuente que ha revitalizado el judaísmo.

Este es precisamente el argumento de Gerson D. Cohen, quien fuera rector del Jewish Theological Seminary. Cohen cita del Talmud (Vaykra Rabah 32:5) lo que Bar Kappara, sabio del siglo II EC, decía: uno de los cuatro factores que hicieron que los israelitas fueran redimidos de Egipto era que hablaban hebreo. Y es cierto que en esa época el pueblo de Israel hablaba hebreo. Pero en la época de la Mishnah los judíos hablaban arameo y muchos también griego, como la comunidad judía de Alejandría. El nombre del famoso edicto de Hillel, el “prosbul”, viene del griego “prosbole”. Tiempo después, el árabe sustituyó al arameo y al griego. Maimónides escribió su “Guía para los Perplejos”, en árabe. Y los judíos sefaradim se llevaron de España el ladino como idioma. El cambio de idioma no acabó con el judaísmo, al contrario, lo renovó. Esta habilidad para traducir, readaptar, y reorientarse a sí mismos a una nueva situación, al tiempo que retenemos el núcleo judío básico, es la responsable de la sobrevivencia y vitalidad del judaísmo, dice Cohen.

Cohen termina: El dilema entre si la asimilación es una cosa buena o es algo malo, se reduce a una simple cuestión: si las formas de expresión no judías son asimiladas a la vida judía, la asimilación es positiva. El alemán medieval se convirtió en yidish. Pero si el judaísmo y los judíos son asimilados a la forma de vida de otros pueblos, lo judío se pierde y eso ya no es una bendición.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Gerson D. Cohen: “The Blessing of Assimilation in Jewish History”. Jacob Neusner: “Understandin Jewish Theology: Classical Issues and Modern Perspectives”.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

202. Reb Shlomo: el rabino cantor.

Rabi Shlomo Carlebach nació en Berlín en 1925 y creció en Baden, cerca de Viena, donde su padre, Naftali Carlebach, era el rabino principal. Con la llegada del nazismo a Alemania, la familia Carlebach empezó un peregrinaje por varios países, hasta que finalmente llegó a Nueva York en 1939. Ahí, él y su hermano gemelo, Eli Jaim, estudiaron en la preparatoria Mesivta Tora Vodaas, una yeshiva haredí. En 1943 ingresaron al Kolel de Rabi Aharon Kotler y después a la Yeshiva Jaim Berlin en Brooklyn, donde en 1954, Shlomo recibió su “smijá”, su título de rabino.

El Rabino Shlomo Carlebach es considerado como uno de los compositores más influyentes de la música religiosa judía del siglo XX. Dedicado a la música litúrgica judía por más de 40 años, compuso cientos de melodías y grabó más de 25 álbumes que siguen teniendo popularidad y atractivo hasta el día de hoy. Su influencia aún se siente en los «minyanim Carlebach».

Carlebach fue a la vez rabino, profesor de religión, compositor y cantante, aunque siempre fue conocido como «el rabino cantor». Aunque sus raíces estaban en la ortodoxia tradicional, él se abrió hacia fuera para crear su propio estilo, uno que combinó el judaísmo jasídico, la interacción personal y los conciertos públicos, con su música.

En 1950, Carlebach asistió al ulpan (escuela) de lengua hebrea del Seminario Teológico Judío del movimiento conservador, donde solía tocar melodías hasidicas en el piano. Alguien lo escuchó y lo invitó a cantar en el Hillel Center en la Avenida Convent, una oferta que aceptó a regañadientes. El póster para el evento decía: «El lugar de la música en la tradición jasídica». Años más tarde, Carlebach diría que ese poster le «dio el título al trabajo de su vida.»

De 1951 a 1954, se unió al movimiento Jabad Lubavitch y el “rebe” le pidió que fuera a los campus universitarios a “reconectar a los estudiantes judíos con el judaísmo”. En 1965 compuso “Am Ysrael Jai”, canción que se convirtió en un himno para el movimiento en favor de los judíos soviéticos. En 1966 conoció a Bob Dylan, Pete Seeger y otros cantantes de música “folk”, quienes le ayudaron a participar en el festival de Berkeley. Fue cuando decidió permanecer en el área de San Francisco para ayudar a los que él llamaba “almas judías perdidas”, jóvenes fugados de sus casas, para los que fundó un centro que llamó “La casa del amor y del rezo”. En 1969 su canción “Vehaer Eineninu”, ganó el primer lugar del festival de música jasídica en Israel.

Carlebach falleció en 1994. Durante su vida, no fue bien visto por muchos de sus colegas ortodoxos. En la yeshiva había sobresalido en los estudios del Talmud, por lo que muchos habían esperado que él se convertiría en su director. Veían con malos ojos el que haya elegido el camino de la música. Además, cuestionaban sus actividades en público, especialmente cuando participaban mujeres cantando, lo que consideraban que violaba la halajá. Con todo, hoy la música del “Rabino cantor” se escucha en sinagogas desde las más ortodoxas hasta las más reformistas.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Shlomo Carlebach Foundation, artículo de Maayan Jaffe-Hoffman y Ari L. Goldman.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

201. La ciudadanía judía: ¿Se recibe por la madre, por el padre o por otra cosa?

Está escrito en Kiddushin 3:12: Para ser judío, uno debe ser hijo de una madre judía o haberse convertido al judaísmo. Por esta regla, los académicos dicen que el judaísmo es “matrilineal”.

Sin embargo, esto no fue siempre así. El profesor Shaye J. D. Cohen de la Universidad de Harvard afirma: “Numerosos héroes y reyes israelitas se casaron con mujeres extranjeras: por ejemplo, Judá se casó con una cananea, José con una egipcia, Moisés con una madianita y con una etíope, David con una filistea y Salomón con mujeres de todo tipo. Por estar casada con un hombre israelita, una mujer extranjera se unía al clan, al pueblo y a la religión de su esposo. Nunca se le ocurrió a nadie en tiempos antes del exilio romano, argumentar que esos matrimonios eran nulos y sin valor, que las mujeres extranjeras debían «convertirse» al judaísmo, o que los hijos de esos matrimonios no eran israelitas si las mujeres no se convertían”. En la época bíblica el judaísmo era “patrilineal”, se pasaba del padre al hijo y no había ningún proceso de “conversión” al judaísmo.

Algunos expertos atribuyen el inicio del paso de patrilineal a matrilineal, a Ezra el escribano. El libro de Ezra nos narra como él, después de haber retornado a la Tierra de Israel del exilio babilónico, ordena que todos los hombres israelitas debían divorciarse de sus esposas extranjeras, por el posible riesgo que esto implicaba para la identidad judía (siglos VI y V AEC). Otros explican el cambio a matrilineal, por la influencia del código romano entre los sabios de la academia de Yavne, establecida después de la destrucción de Jerusalem por los romanos, en el siglo I EC. Finalmente, cuando la Mishná fue codificada por Rabi Yehuda Hanasi en el siglo II EC, el concepto de matrilinealidad quedó establecido como la norma que define quién es judío.

Pero nuevos cambios empezaron a darse en 1970 cuando se modificó en Israel la Ley del Retorno, misma que reconoce como judío a aquellos que descienden de una madre, un padre, una abuela o un abuelo judío y no practican otra religión y también a los que se convirtieron al judaísmo. Años más tarde, en 1983, el movimiento reformista rompe con la definición halájica tradicional y declara que un niño es un niño judío si por lo menos uno de sus padres, ya sea el padre o la madre, es judío y lo han criado como tal. Por su parte, el movimiento reconstruccionista también adopta la misma postura, siendo fiel a sus principios de completa igualdad religiosa para todos.

En contraste, el judaísmo ortodoxo considera hoy en día como judío sólo a aquel que es hijo de madre judía y esta condición, para ellos, no se pierde nunca, inclusive en el caso de que la persona practique otra religión. También aceptan a los conversos al judaísmo de manera ortodoxa. Por otro lado, la Rabbinical Assembly, la asociación de rabinos conservadores, ha reiterado su compromiso con la norma halájica vigente, aunque cada vez hay más integrantes de este movimiento que opinan que se debería de aceptar la descendencia patrilineal.

La regla de quien es judío se ha centrado desde hace siglos en el paradigma de la descendencia. Nuestras autoridades religiosas, de cualquier denominación, sólo ponen atención en quienes fueron los padres. Olvidan que el ser judío es mucho más que el ser hijo de alguien.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Varias fuentes.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

200. Irwin Kula: Cuando ya tienes la respuesta, es hora de buscar mejores preguntas.

El rabino Nathan Lopes Cardoso nos dice: “La grandeza de los sabios talmúdicos era que compartían con sus estudiantes sus propios conflictos y dudas, así como sus intentos de resolverlos. Esto se demuestra en los debates sobre cuestiones halájicas, especialmente entre Beit Hillel y Beit Shamai, y entre Rava y Abaye. Estos desacuerdos estaban arraigados en la visión de la vida y del judaísmo que cada uno de ellos tenía. Los estudiantes compartían la vida interior de sus maestros y eso hacía que sus discusiones fueran acaloradas. Los maestros creaban tensión en sus clases, libraban batallas con sus propias ideas y pedían a sus estudiantes que las cuestionaran con toda su fuerza, pues no estaban interesados en enseñarles las decisiones halájicas finales, sino que les pedían desmantelar las conclusiones para redescubrir las preguntas. Estos maestros se dieron cuenta de que no todas las paradojas halájicas pueden ser resueltas, porque la vida misma está llena de paradojas.”

El rabino Irwin Kula nos comenta: “En la mayor parte de los casos cuando se llegaba a una decisión, el veredicto favorecía a Hillel y no a Shamai. Pero esto no era porque Hillel estuviera correcto de una manera objetiva. El Talmud nos dice de ambas enseñanzas: “Esta y esta son las palabras del Dios viviente”. ¿Porque entonces las decisiones favorecían a la escuela de Hillel? La razón es por la forma en que Hillel llegaba a sus conclusiones: Hillel siempre estudiaba y analizaba primero la postura de Shamai, inclusive enseñándola antes que la suya propia. Su escuela entendía y valoraba la parte de verdad del otro y esto lo usaban para ampliar su perspectiva y presentar una postura más incluyente, lo que les daba una comprensión más profunda de la vida. No buscaban derrotar en el debate a Shamai, sino beneficiar a todos de él”.

Kula dice: “A lo largo de los siglos, nuestros sabios nos han tratado de liberar de nuestras certezas, para que podamos descubrir ideas más profundas y expandir nuestro universo moral. Entendieron que en vista de que no hay dos situaciones humanas idénticas, la respuesta que les demos hoy, es por naturaleza, una respuesta provisional. Cada mañana habrá un nuevo dilema moral. Nunca hay respuestas definitivas a las grandes preguntas de la vida, solo hay preguntas más profundas. Hay algo liberalizador y rico en esta enseñanza. La búsqueda de la verdad no consiste en encontrar la respuesta final, sino en ir más profundo. El objetivo no es alcanzar “la respuesta”, sino vivir el proceso de búsqueda una y otra vez”.

Al Reguel Ajat es eso: una continua búsqueda de respuestas. Y cada vez que encontramos una respuesta, nos topamos con una mejor pregunta.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Nathan Lopes Cardozo: «The Manifesto of the David Cardozo Academy» e Irwin Kula: «Yearnings, Embracing the Sacred Messines of Life».

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

199. El libro de Génesis: Porqué Abraham Avinu no recibió la Torá.

Breishit (Génesis), el primer libro de la Torá, relata la vida de los primeros miembros del pueblo judío, los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob. El rabino Nathan Lopes Cardozo se cuestiona como es que los patriarcas pueden ser considerados judíos, si las reglas que definen quien es judío le fueron dadas a Moisés, cientos de años después, en el Monte Sinai. ¿No hubiera sido más lógico, entonces, que los patriarcas hubieran recibido la Torá, especialmente Abraham, en vez de Moisés? Así los mandamientos divinos hubieran regido la vida del pueblo judío desde sus inicios.

La respuesta a esta pregunta es muy importante, nos dice Lopes Cardozo: “Ninguna ley, incluso los mandamientos divinos, puede funcionar si no está precedida por una narración de cómo está la condición moral humana y por la introducción de valores morales y religiosos básicos. Estos valores no pueden ser simplemente dados, deben crecer dentro de la persona, a través de la experiencia de vida. Tales valores no se aprenden en un libro, deben desarrollarse gradualmente, a nivel existencial, moldeados por valores que Dios concede a cada persona desde que nace.”

Génesis 1: 26-27 dice: “Y Dios dijo: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los peces del mar, las aves del cielo, el ganado, toda la tierra y todas las criaturas que se arrastran en la tierra».  Y Dios creó al ser humano a su imagen; a imagen de Dios lo creó. Hombre y mujer los creó.” El rabino Jonathan Sacks se refiere a estos versículos como quizás una de las ideas más transformadoras en la historia del hombre, la idea de que todos los hombres fueron creados iguales. Pareciera una verdad evidente, pero en muchas sociedades no lo ha sido. Hasta Sócrates hablaba de tres tipos de hombres: los que tenían alma de oro, los que la tenían de plata y los que la tenían de bronce. Los de oro eran los destinados a ser líderes, los de plata a ser guerreros y los de bronce simplemente a obedecer. La idea de que todos los hombres fueron creados iguales no era, ni es, tan evidente. Todavía requiere de tiempo para que lo sea.

Cardozo continúa: “Es por esta razón que Dios no les dio las leyes de la Torá a los patriarcas. Primero había que aprender a través de pruebas personales y tribulaciones. Los patriarcas y las matriarcas necesitaban ver con sus propios ojos lo que sucede cuando la humanidad no está gobernada por la ley. Tenían que tomar conciencia de los valores morales básicos. Sólo después de que el hombre ha sido profundamente sumergido y afectado por estas ideas y valores, se puede introducir la ley como una forma de ponerlas en acción.” Maimónides lo dijo en su Guía de los Perplejos: toma mucho tiempo para que la gente cambie.

El libro de Breishit, sin duda, estableció los cimientos éticos del judaísmo a base de narraciones: la Creación, la expulsión del Paraíso, Caín y Abel, la torre de Babel, el diluvio, etc. El pueblo de Israel tenía que asimilar esos fundamentos éticos, antes de poder recibir los mandamientos divinos. Por eso, Abraham Avinu no podía haber recibido la Torá. El pueblo no estaba listo.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Nathan Lopes Cardozo: “The Desecration of Halacha”. Jonathan Sacks: “Essays on Ethics”.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario