168. Midrash Agadah: Un viaje a las profundidades del judaísmo.

El gran logro de los rabinos después de la destrucción del Segundo Templo (70 EC) y la fallida rebelión de Bar Kojva (132 EC), fue haber adaptado el judaísmo para que dejara de estar ligado al Templo y ahora basara su existencia en elementos portátiles, como la Torá, el rezo y la halajá, entre otras cosas. Los rabinos buscaron que, en cualquier lugar, la gente aprendiera sobre judaísmo de una manera sencilla, para lo cual escribieron midrashim, pequeños escritos que buscaban explicar reglas religiosas (midrash halaja), o temas no normativos (midrash agadah).

La Agadah, que en hebreo significa relatar, abarca una amplia gama de temas. Van desde interpretaciones de textos bíblicos, leyendas que no aparecen en la Biblia, historias desarrolladas sobre personajes bíblicos y sus logros, sermones que se dieron en antiguas sinagogas, fragmentos del folklore popular, anécdotas sobre la vida de los sabios y de su época, y todo el pensamiento rabínico en general, como sus ideas sobre Dios, la creación, el porqué de los mandamientos, etc., además de temas populares sobre magia, ángeles, demonios, medicina popular, astrología y otros.

Los rabinos escribieron estos midrashim desde finales de la época del segundo Templo hasta después del siglo XI EC., y los podemos encontrar en una gran cantidad de textos, como el Midrash Tanhuma, escrito entre el sigo VII y X EC., y que en su sección Pekudei 3 nos cuenta:

“Antes de que un ser humano se empiece a formar en el vientre de su madre, Dios decreta que es lo que va a ser finalmente: hombre o mujer, débil o fuerte, pobre o rico, bajo o alto, desgarbado o guapo, flaco o gordo, humilde o atrevido…… Pero Dios no decide si va a ser una persona justa o malvada, asunto que Él deja en manos del hombre. Después Él le ordena al ángel encargado de las almas en el Paraíso, que le traiga un alma en particular y a la cual le pide entrar en la gota de semen que tiene el ángel en su mano. El alma se resiste diciendo… ¿Por qué deseas que yo, que soy pura y sagrada, entre en esa gota fétida? Dios le contesta: El mundo al que voy a hacerte entrar va a ser más bello que aquel en el cual has vivido. El alma entra en la gota y el ángel la introduce al vientre materno. Ya dentro, el ángel le enciende una lámpara para que el nuevo ser pueda ver el mundo de un extremo al otro. En seguida el ángel la conduce al Jardín del Edén, donde le muestra a los justos sentados en la gloria con coronas en su cabeza. ¿Sabes quiénes son, le pregunta el ángel? No, mi señor. En un principio, todos estos que ves fueron formados como tú en el vientre materno. Luego salieron al mundo y cumplieron con los preceptos de la Torá, por lo que por eso se ganaron el mérito de estar aquí. Que sepas, dijo el ángel, al final tú también dejarás este mundo”.

Sólo en esta pequeña parte (el midrash es mucho más extenso) encontramos una gran cantidad de conceptos y valores a los cuales, como decía Maimónides, hay que acercarse de forma metafórica y no literal. Esta narración no se encuentra en la Biblia. Proviene de la creatividad de uno de nuestros sabios. Ellos estaban interesados en entender todas las facetas del mundo y de explicar, en el caso de este midrash, lo que se necesita para ser un hombre justo. Estudiar midrashim es emprender un viaje extraordinario que nos lleva a los valores profundos del judaísmo.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Sefer Ha Aggadah, de Jaim Najman Bialik y Yehoshua Hana Ravnitzky y otras fuentes.

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167. El judaísmo reconstruccionista: El pasado tiene voto, pero no veto.

El judaísmo reconstruccionista es un movimiento religioso moderno basado en las ideas desarrolladas por Mordejai Kaplan (1881-1983). Sus inicios se ubican en el año 1922, cuando Kaplan funda la Sociedad para el Avance del Judaísmo, una sinagoga en la ciudad de Nueva York donde reunió a un grupo de judíos insatisfechos con otras congregaciones y quienes se comprometieron a “reconstruir” el judaísmo.

Kaplan rechazaba la creencia de que la Torá y el Talmud habían sido revelados por Dios en el monte Sinai, por lo que no era obligatorio el cumplir los mandamientos de la halaja. El reconstruccionismo entiende el judaísmo como una civilización religiosa que ha evolucionado progresivamente y que ha cambiado a lo largo de su existencia. La fe que tenían los antiguos israelitas en la época del Templo de Salomón no es la misma que la que tenían los primeros rabinos de la época de la Mishnah y ambas son diferentes a la fe del judío occidental actual.

Esa civilización es algo más que una simple religión. Para ellos, el pueblo judío comparte una memoria y un destino histórico, una patria, un lenguaje, una cultura, una ética, una filosofía, costumbres, literatura y arte, además de una religión. Consideran que el pueblo judío debe participar activamente en este continuo movimiento evolutivo del judaísmo. Rechazan el concepto clásico de Dios y lo redefine como la suma de todas las fuerzas y procesos naturales que le permiten a la humanidad auto realizarse y mejorar moralmente. Tampoco aceptan la idea del pueblo elegido y lo consideran un concepto moralmente insostenible. Afirman que efectivamente el judaísmo es algo único, pero eso no implica superioridad sobre otros pueblos.

Consideran la halaja como una herencia cultural valiosa que debe ser conservada, al menos que haya una razón muy poderosa para cambiarla. El reconstruccionismo promueve muchas de las prácticas tradicionales judías, como por ejemplo el usar el hebreo en el rezo, el usar la kipah, el talit y los tefilin, observar las fiestas y estudiar la Tora, aunque a todas ellas no las considera mandamientos sino más bien costumbres con valor histórico. Es un movimiento completamente igualitario en cuestión de género y reconocen a una persona como judía tanto si desciende de una madre como de un padre judío, además de los que se han convertido por decisión propia. No aceptan el concepto tradicional del Mesías ni la resurrección de los muertos al final de los tiempos.

Kaplan no veía la necesidad de crear otro movimiento dentro del judaísmo, pero sus seguidores se dieron cuenta que ese era el único camino para concretar su visión. En 1940 establecieron la Fundación Reconstruccionista, en 1954 la Federación de Congregaciones Reconstruccionistas y en 1968 el Colegio Rabínico Reconstruccionista, en Wyncote, Pennsylvania.

El reconstruccionismo utiliza los cimientos y los ladrillos que ha heredado del pasado, los reordena y les añade nuevos elementos, con el fin de ajustarlo a las necesidades, los valores y los gustos de las generaciones actuales, pero sin minar su riqueza y sin alterarlos de manera que queden irreconocibles. Los reconstruccionistas, al pasado le dan un voto, pero no un veto.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Material de la Federación de Congregaciones Reconstruccionistas y otras fuentes.

 

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166. La Hagadah de Pesaj: algo más que sólo un cuento.

Nadie cuestiona que el Seder es el ritual central de la fiesta de Pesaj, la Pascua judía. Está escrito en Éxodo 13:8: “Así narrarás a tu hijo en ese día, a causa de lo que el Señor hizo por mí cuando salí de Egipto.» De este versículo se desprende el mandamiento de contar la historia del Éxodo de Egipto la noche anterior al 15 de Nissan.

Inicialmente la Torá indicaba claramente que Pesaj se debía celebrar comiendo un cordero asado, matzá y yerbas amargas. La gente llegaba a Jerusalem y el Templo era el único lugar donde se sacrificaban y asaban los corderos. Pero esto cambió cuando los romanos destruyeron el Segundo Templo y los sacrificios quedaron cancelados.

La primera mención de un servicio de Seder para la noche de Pesaj está en el tratado Pesajim de la Mishnah en su capítulo 10. En él, los sabios especifican varios mandamientos: se debe esperar hasta la noche para comer el cordero asado, se deben de tomar cuatro copas de vino, se debe comer una verdura remojada en agua antes de comer la matza y después se debe comer una mezcla de manzanas con nuez y vino. Al servir la segunda copa, el hijo debe preguntarle al padre por qué esta noche es diferente de las otras, por qué se come sólo pan no laudado (matza), por qué se comen yerbas amargas, por qué se come sólo carne que fue asada y por qué se remojan dos veces los vegetales. Luego la Mishnah menciona que Rabban Gamliel, cabeza del Sanhedrín en el año 90 EC dijo: “Aquel que no ha mencionado estas tres palabras: Pesaj, Matza y Maror, no ha cumplido con su deber”. Finalmente se deben tomar las dos últimas copas con la comida.

Un cambio importante a lo especificado por el tratado Pesajim, fue la prohibición de comer el cordero asado, pues esto no se podía realizar por no tener el Templo para sacrificar al animal. Por la misma razón, se cambió la tercera pregunta y ahora se cuestiona por qué comemos reclinados.

Pero ¿de dónde vienen todos los elaborados rituales que hoy practicamos en el Seder? Algunos académicos sostienen que los rituales del Seder están basados en costumbres greco romanas. Especialmente Siegfried Stein sostiene que los rituales fueron tomados del banquete o symposium helénico, aunque cambiando su contenido. Mientras los griegos y romanos discutían sobre la belleza y el amor mientras comían, los sabios hablaban del Éxodo de Egipto y la redención Divina.

La Hagadah de Pesaj no es un libro en el sentido clásico del término. Es una colección de obras literarias de diferentes períodos. Contiene pasajes bíblicos, salmos, himnos, bendiciones, rituales, rezos, explicaciones de los rituales, historias, diálogos y literatura rabínica.

Algunos explican que celebrar el Seder es la verdadera razón de porqué Dios saco a los israelitas de Egipto: para que cada año se contara la historia. David Hartman dice que la Hagadá convierte a los padres en relatores de cuentos. Son los padres quienes ponen en contacto con sus raíces históricas a los hijos. Al volver a contar el Éxodo, aprendemos a conmemorar los momentos familiares y de crisis nacional y a celebrar con gratitud nuestra transición hacia una vida mejor. La Hagadah es sin duda mucho más que sólo contar un cuento.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Artículos de David Golinkin, Siegfried Stein, David Hartman y otros.

 

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165. El canto coral en la sinagoga. Una propuesta del rey David.

El Rey David tiene el crédito de haber establecido la primera orquesta y el primer coro hebreo. La mayoría de los músicos y los cantantes eran de la tribu de Levi. Está escrito en Crónicas I:15, que David les pidió a los levitas que designen entre ellos a cantantes para que canten canciones alegres acompañados por instrumentos musicales como la lira, el harpa y los platillos. La Mishná (Ar. 2: 6) establece que, en el segundo Templo de Jerusalén, «nunca había menos de doce levitas en la plataforma [como coro] pero no había ningún límite en el número máximo de cantantes”. Después de la destrucción del Segundo Templo en el año 70 EC, el rito del sacrificio quedó cancelado y con ello la música que lo acompañaba. Aun cuando los elementos centrales de la tradición judía sobrevivieron a la destrucción, la cultura musical de los levitas se perdió.

Con todo, los judíos siempre anhelaron los sonidos del coro en los servicios religiosos. Incluso Maimónides, el gran filósofo judío del siglo XII, permitió que un coro cantara la alabanza de Dios en la sinagoga y en las fiestas religiosas. En la Edad Media, algunos servicios ashkenazim incluían dos cantantes junto al cantor, proporcionando apoyo musical con acordes, ritmo y armonía. Los primeros coros en una sinagoga se establecieron en el siglo XVI. Coros de seis a ocho miembros cantaban oraciones como «Aleinu», «Ein Keloheinu,» y «Adon Olam». Algunos se opusieron a esta práctica, pero Salomón Hazzan de Metz, en su manual para cantores, decía que, «al igual que es imposible que la tierra exista sin viento, un jazan no puede existir sin coristas”.

El más célebre compositor para coros de sinagoga de este período fue Salamone Rossi (1570-1630), músico de la corte de los duques de Mantua. Rossi publicó una colección de treinta y tres motetes judíos, al estilo de la música de finales del Renacimiento italiano. Sin embargo, no fue hasta el siglo XIX, con la emancipación y la iluminación de los judíos europeos, que el canto coral se convirtió en una característica regular de la sinagoga. En poco tiempo, surgieron compositores de música religiosa, como Salomón Sulzer (1804-1890) y Louis Lewandowski (1823-1894). También se formaron coros a capella masculinos en sinagogas ortodoxas, como la del rabino Samson Raphael Hirsch (1808-1888) en Frankfurt. El primer coro en los Estados Unidos se organizó en 1818, en Nueva York, en la Congregación Shearith Israel. En 1897, el movimiento reformista publicó su primera colección de música, que comprende 129 himnos para coro de cuatro voces. A finales del siglo XIX surgieron coros judíos seculares que no estaban afiliados a una sinagoga. Buscaban expresar la identidad cultural judía. El primero fue el Hazomir, fundado en 1899 en Lodz.

Desde su inicio el movimiento judío reformista impulsó los coros de hombres y mujeres. En cambio, el movimiento ortodoxo no permite coros mixtos, basado en una interpretación del sabio Shmuel en Berajot 24ª, que considera la voz de la mujer como “desnudez”, quien se apoya en el Cantar de los Cantares 2:14 que dice: “déjame oír tu voz, pues tu voz es dulce”. Esta postura es cuestionada por muchos estudiosos. Salomon Sulzer decía que el servicio en la sinagoga necesitaba restaurarse sin perder sus bases históricas. Había que descubrir las formas originales de la liturgia y satisfacer la demanda de música en el rezo sin perder el carácter judío. La música siempre formó parte del servicio religioso. Si no, pregúntenle al Rey David.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Artículos de Jonathan L. Friedmann, Rabi Raymond Apple y otras fuentes.

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164. El Escudo de David: ¿Qué tan antiguo es?

El Escudo de David, en hebreo Maguen David, es una estrella con seis puntas formada por dos triángulos equiláteros que tienen el mismo centro y que están colocados en dirección opuesta, formando en su interior un hexágono. Esta figura se ha usado como ornamento y también como amuleto desde la Edad de Bronce, en lugares tan lejanos como Mesopotamia, Gran Bretaña y la India. Su uso fue muy común en el Medio Oriente y en el norte de Africa. Aparece ocasionalmente en diseños judíos, como en un relieve en piedra en la sinagoga de Capernaum, que data del siglo IV EC, pero que era sólo un elemento ornamental. En esa época, lo más cercano a un símbolo que representara al judaísmo era la Menorah, el candelabro de siete brazos.

Entre los talismanes más frecuentes que la gente usaba se encontraban la estrella de 5 puntas y la de 6 puntas. Durante mucho tiempo se las conoció a ambas con un solo nombre: «Sello de Salomón» (Jotam Shlomó). Pero en el siglo XIII se puso en boga una leyenda según la cual el Rey David habría manejado un escudo que llevaba grabado el «Gran Nombre» (una combinación de nombres sacros que lo protegía de sus enemigos). El Gran Nombre del Escudo de David fue sustituyendo al Sello de Salomón, pero de modo tal que las líneas de su texto, estilizadas, seguían el diseño de la estrella de 6 puntas. La estrella de 5 puntas siguió llamándose «Sello de Salomón» y la de 6 puntas «Maguén David», el Escudo de David.

En 1354, la comunidad judía de Praga, con permiso del emperador Carlos IV, fue la primera en incluir el Maguen David en su bandera oficial. Esa bandera ondea hasta el día de hoy en el Altneuschul, la sinagoga más antigua de Praga. Durante los siglos XVII y XVIII, en Bohemia, Moravia, Austria y en Alemania del Sur, las comunidades judías utilizaron la Estrella de David como su sello. El símbolo aparece en lápidas y sinagogas, en el mismo sentido de uso que la Iglesia le daba a la cruz. A comienzos del siglo XIX, su uso se extendió de Europa Central a Polonia y a Rusia.

En la Edad Media los judíos tenían que usar una insignia que los identificara, pero lo más cercano a la estrella de seis puntas fue una insignia en forma de asterisco. En el siglo XIX, la Estrella de David fue adoptada como su símbolo por el movimiento sionista en su congreso de 1897, lo que le dio una presencia en todo el mundo judío. En el siglo XX, desafortunadamente, la Estrella de David se afianzó aun más como símbolo del judaísmo, cuando los alemanes la usaron como insignia para identificar a los judíos, al obligarlos a usar la estrella amarilla en sus ropas. Después del Holocausto, el Escudo de David formó parte de la bandera del naciente Estado de Israel.

El Maguen David es el simbolo que más se asocia hoy en dia con el judaísmo, aunque como su símbolo, es algo relativamente nuevo. Supuestamente representa la forma del escudo de David, pero no hay ninguna evidencia que lo demuestre. Es más, el Maguen David no se menciona para nada en la Biblia ni en el Talmud. Es muy raro encontrarlo en un libro ilustrado de la antigüedad. Los estudiosos han tratado de encontrarle algún significado religioso, pero en realidad no lo tiene.

La estrella de David como diseño es muy antigua, pero como el símbolo por excelencia del judasimo, es relativamente reciente.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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163. Rosh Jodesh: Un “shabat” exclusivo para mujeres.

El inicio de un nuevo mes, Rosh Jodesh en hebreo, en la antigüedad se determinaba por observación. El comienzo de un nuevo mes estaba marcado por la aparición de la luna nueva o luna creciente y era cuando observadores reportaban al Sanhedrin el haberla visto y éste, después de verificar con dos testigos, proclamaba el inicio del nuevo mes. Esto era muy importante, pues servía de base para celebrar las otras festividades del calendario hebreo. El Sanhedrin mandaba mensajeros para avisar cuando había empezado el mes. La aparición de la luna se anunciaba al día siguiente con el sonido del shofar y se celebraba con fiestas familiares.

Está escrito en Exodo 12:1-2: “Habló Dios a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo:  Este mes será el principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año.” En este versículo se señala, por primera vez, que el año está dividido en meses. Y en Números 10:10 dice: “En las grandes ocasiones, en las fiestas y en los días de luna nueva, tocarán las trompetas sobre sus ofrendas y sus sacrificios de comunión; y este será para ustedes como un recordatorio delante de su Dios.” Aparte del toque de las trompetas y el sacrificio, la Torá no marca ningún otro ritual ni mandamiento para celebrar Rosh Jodesh, que fue la respuesta judía a la festividad pagana del dios de la Luna, celebración muy común en aquella época antigua.

Hoy en día el “Birkat HaJodesh”, «la bendición de la luna nueva,» es un ritual ampliamente observado en las sinagogas en todo el mundo. En el último Shabat del mes hebreo, el cantor alza el rollo de la Torá y anuncia el día de la semana en el que la luna nueva, Rosh Jodesh, caerá. Otro ritual, «Birkat Halevanah,» consiste en salir al aire libre, contemplar la luna creciente en el comienzo del mes y bendecir y alabar a Dios por la luna nueva (Sanhedrín 41b).

En el Talmud (Hagigah 18ª) se menciona a Rosh Jodesh como una festividad en la que está permitido trabajar, a diferencia de otras fiestas, como Shabat. Pero en otra parte del Talmud (Megilah 22b) comentan que Rosh Jodesh es una fiesta en la que la gente no trabaja y que por lo tanto podían permanecer en la sinagoga más tiempo. Esta contradicción la resolvieron los comentaristas medievales del Talmud, como Rashi y los Tosafot, explicando que los hombres podían trabajar, pero las mujeres no. El Shuljan Aruj, en sus leyes de Rosh Jodesh, sección 1, dice que sí está permitido trabajar, pero que es una “buena” costumbre que las mujeres no trabajen.

Hay una leyenda que cuenta que cuando los israelitas iban a crear el becerro de oro, los hombres les pidieron a las mujeres todas sus joyas y su oro para fundirlas. Las mujeres se negaron a darles sus joyas y Dios les dio como premio una fiesta especial para ellas: la fiesta de Rosh Jodesh.

Hoy en día las mujeres que no trabajan en Rosh Jodesh forman grupos que se reúnen para celebrar la festividad a través del rezo, el ritual, el estudio, el canto y la discusión de temas relevantes para la mujer. Es como un Shabat exclusivo para mujeres.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: Material del Schechter Institute of Jewish Studies, Women of the Wall y otras fuentes.

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162. El fanatismo: cuando se pone el culto a Dios por delante de nuestros semejantes.

Donniel Hartman en su libro: “Poniendo a Dios en segundo lugar, como salvar a la religión de sí misma”, nos cuenta la historia de un famoso maestro jasídico que, cuando caminaba por una calle, escuchó el llanto de un bebé que venía de la casa de uno de sus alumnos, un llanto que perforaba la noche. Se apresuró a entrar a la casa y vio a su alumno extasiado en su rezo, balanceándose en piadosa devoción. El rabino se dirigió hacia el bebé, la tomó en sus brazos, se sentó y la meció hasta que quedó dormida. Cuando el alumno salió de sus plegarias, quedó sorprendido y apenado al ver a su maestro en su casa, cargando a su bebé. “Maestro” le dijo, “¿qué estás haciendo?, ¿Por qué estás aquí?”. “Estaba caminando cuando escuché un llanto”, le respondió, “así que lo seguí y la encontré sola”. “Maestro”, respondió el alumno, “estaba tan absorto en mis plegarias que no la oí.” El maestro le contestó: “Mi querido alumno, si rezar vuelve a uno sordo al llanto de un niño, hay algo defectuoso en ese rezo”.

Hartman nos explica que el deseo del hombre de vivir intensamente una relación con Dios, muchas veces nos distrae de los principios morales fundamentales de la tradición y eso, de manera inadvertida, nos vuelve moralmente ciegos. Una vida de fe, aunque presupone una sensibilidad moral, también desata impulsos inmorales que florecen bajo el manto de una pretendida piedad religiosa. La decencia hacia nuestro vecino siempre tiene que tener prioridad sobre los actos de devoción religiosa. La fe en Dios no se debe de entender como una inspiración para rendirle culto, sino para cambiar la conducta de aquellos que le rinden culto.

Hartman analiza el fenómeno y le llama “intoxicación divina”, que es cuando la obsesión de poner mayor atención a lo divino le resta espacio al estar consciente de la condición humana. Le llama “manipulación divina” cuando Dios es usado para servir el egoísmo humano. Hartman sostiene que los creyentes deben a la vez inspirarse y juzgar la palabra divina y que el poner primero a nuestros semejantes es el verdadero camino para cumplir el mandato divino.

En el mismo Talmud hay agadoth que critican el darle prioridad a lo divino antes de atender la relación con nuestros semejantes. En Ketubot 62b se cuenta la historia de Rab Rehumi, un alumno en la academia de Raba en Mahuza. Rab Rahumi permanecía en la academia todo el año y sólo regresaba a casa a estar con su esposa en la víspera de Yom Kipur. En una ocasión Rab Rahumi estaba tan concentrado en lo que estaba estudiando, que olvidó regresar a casa. Su esposa lo esperaba en cualquier momento, diciendo: él va a venir pronto, él va a venir pronto. Como no llegó, ella se deprimió tanto que lágrimas empezaron a brotar de sus ojos. Y en ese momento, en la academia, el techo se colapsó y mató a Rab Rahumi. El mensaje de nuestros sabios no podía ser más claro y contundente. Hartman concluye: Los creyentes deben exigir que sus tradiciones religiosas cumplan con los más altos valores morales. La decencia hacia tu vecino debe siempre preceder a los actos de devoción religiosa. La devoción a Dios debe ser después de la responsabilidad hacia nuestros semejantes.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Donniel Hartman: “Putting God second, how to save religión from itself”.

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161. El Midrash, una manera de contestar preguntas sin respuesta.

El Midrash es un método de interpretación de historias bíblicas que va más allá de su simple significado. Llena los vacíos que sólo quedan insinuados en el texto bíblico. Fueron escritos por rabinos en el período posterior al Segundo Templo, con el propósito de analizar y entender pasajes difíciles, como el Sacrificio de Isaac, cuya lectura deja muchas dudas. Un Midrash así lo explica:

“Dios le dijo a Abraham: Toma ahora a tu hijo. Contesta Abraham: Tengo dos hijos, ¿a cuál te refieres? Dice Dios: A tu único hijo. Contesta Abraham: Los dos son hijos únicos, Isaac es el único hijo que tengo con su mamá e Ismael es el único hijo que tengo de aquella que es su madre. Dice Dios: El hijo a quien amas. Contesta Abraham: Los amo a los dos. Dice Dios: Muy bien, entonces a Isaac. ¿Para qué tanto argumento? Para que la mente de Abraham no estuviera aturdida por lo que le iba a pedir: Y ofrécelo allí en sacrificio sobre uno de los montes.

Y Abraham se levantó muy de mañana. ¿Por qué temprano en la mañana? Porqué pudiera ser que Sarah se rehúse dejar ir a Isaac. Nos iremos mientras ella sigue dormida. Y él ensilló su asno y tomó consigo dos siervos suyos… Al tercer día alzó Abraham sus ojos y vio el lugar de lejos. Y Abraham le preguntó a Isaac: ¿Ves lo que yo veo? Isaac le contestó: Veo una montaña, radiante y majestuosa, con una nube misteriosa suspendida sobre ella. Y tomó Abraham la leña del sacrificio y la puso sobre Isaac su hijo. Y fueron ambos juntos: uno para atar, el otro para ser atado, uno para sacrificar y el otro para se sacrificado. Y miedo y terror cayeron sobre Isaac, cuando no vio nada adecuado para un sacrificio. Entonces habló Isaac … y dijo: He aquí el fuego y la leña, más ¿dónde está el cordero para el sacrificio? Abraham dijo: Dios te ha escogido a ti. Isaac dijo: Si Él me ha escogido, mi vida es de Él, pero me aflijo por mi madre.

Y lo puso en el altar. Y los ojos de Abraham veían a los de Isaac, quien veía el cielo. Lágrimas salían de los ojos de Abraham. Tomó el cuchillo para cortarle el cuello lo más profundo posible. En eso, Dios abrió el firmamento y le dijo al ángel: ¿porqué estas parado? Ve y detén a Abraham. Entonces el ángel del señor lo llamó desde el cielo y dijo: Abraham, Abraham: ¿Que espantoso acto vas a cometer? Abraham le preguntó ¿Quién eres? Él le respondió: un ángel. Abraham le dijo: Cuando Dios me dijo que sacrificara a mi hijo, Él Mismo habló conmigo. Si ahora quiere otra cosa, Él Mismo debe hablar conmigo. Entonces Dios abrió el firmamento y dijo: Por Mi lo juro. Y Abraham dijo: Acaso no me dijiste: Cuenta las estrellas y así será tu semilla. Y ¿de dónde saldrán? Dios: Saldrán de Isaac. Abraham: Cuando me ordenaste sacrificar a Isaac, debería de haberte contestado: Ayer me dijiste: En Isaac tu semilla será llamada y ahora me dices: Ofrécelo ahora como un sacrificio. Ahora te digo: Cuando los hijos de Isaac pequen y caigan en desgracia, ten compasión de ellos.”

Este no es el único Midrash que trata de explicar por qué Dios le pide a Abraham que sacrifique a su hijo. Algunos lo explican como una prueba para ver si Abraham realmente lo haría. Otros como una declaración de Dios en contra de los sacrificios humanos. Unos más como una prueba de Abraham para ver si Dios cumpliría su promesa de hacerlo una gran nación. El Midrash es la manera de nuestros sabios de contestar preguntas que no tienen respuesta en el texto de la Torá.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Sefer Ha Agadah, editado por Jaim Najman Bialik y Yehoshua Hana Ravnitzky.

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160. Judaísmo Masortí: La diferencia no es el qué, sino el cómo.

Tanto el judaísmo conservador o masortí como el ortodoxo, consideran la observancia de la halajá, como algo fundamental. Ambos sostienen que la ley judía, la halajá, está definida por la Torá, la Mishnah, el Talmud, los códigos y la responsa rabínica. Los dos creen que los mandamientos o mitzvoth reflejan la voluntad divina y derivan del pacto entre Dios y el pueblo de Israel.

¿Cuál es entonces la diferencia? La diferencia no está en que mitzvoth cumplimos, (son las mismas para ambos), sino cómo las aplicamos. Un rabino masortí entiende el mundo de manera diferente que un rabino ortodoxo. Por principio, el judaísmo masortí reconoce el valor de los avances de la ciencia, por lo que trata de interpretar la tradición judía a la luz de esos postulados. Sostiene que la razón para seguir una tradición, es porque esa tradición está basada en la verdad.

Otra diferencia es la postura al cambio. Nuestra sociedad se caracteriza por constantes cambios sociales. Una sociedad que no se adapta a los cambios de su entorno se vuelve irrelevante. Para el judaísmo masortí, el cambio sólo se da cuando es definitivamente necesario. La historia de la halajá está llena de ejemplos de cambios que se han hecho en cada generación. Hoy uno de esos cambios es el papel de la mujer en el judaísmo. Las mujeres hoy en día, están integradas completamente a la sociedad, están educadas, ocupan puestos importantes en la política, en las instituciones sociales y económicas y gozan de igualdad de derechos con los hombres. Entendemos que la halajá se desarrolló en una época donde esto no era así, pero eso ha cambiado. El judaísmo masortí otorga igualdad de derechos a ambos sexos.

El movimiento masortí considera que el judaísmo está en constante evolución. El mismo Talmud revela la pasión de los rabinos por las discusiones abiertas y la voluntad de presentar varias opiniones sobre un tema, con la condición de que tengan sus raíces en las mitzvoth, el amor a Dios, el aprendizaje y la razón. La ley judía se presta a más de una interpretación. Nuestros sabios combinaban su compromiso con la tradición, con el valor de adecuarla a un nuevo entorno. No dudaron en presentar nuevas visiones o reglas que contrastaron con prácticas establecidas.

Salomón Schechter, uno de los grandes ideólogos del judaísmo conservador, decía que finalmente la máxima autoridad en el judaísmo reside en el consenso del pueblo judío, quien con su práctica es el que verdaderamente decide que es válido o no. Los estudiosos de la Biblia han demostrado que la Torá tiene una historia, por lo que es difícil aceptar el que literalmente nos fue entregada completa en un momento determinado. El movimiento masortí entiende la entrega de la Torá de forma metafórica y ve al pueblo judío no como un simple recipiente pasivo de sus mitzvoth, sino creador de ellas bajo la guía e inspiración de Dios.

Es muy satisfactorio saber que observamos la tradición de la misma manera que lo hicieron nuestros padres y abuelos. Una postura demasiado abierta al cambio, corre el riesgo de perder toda esa herencia histórica. Pero una postura cerrada, corre el riesgo de volverse anacrónica. El judaísmo masortí es el balance entre ambas. La diferencia no está en el qué, sino en el cómo.

Por: Marcos Gojman.
Bibliografía: Artículos de Masorti Olami y otras fuentes.

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159. Desenmascarando a Purim.

Celebrar Purim, al igual que Janucá, no deriva de un mandamiento divino, a diferencia de las fiestas mencionadas en la Torá, por lo que es una festividad cuyo origen es más reciente. Algunos estudiosos de la Biblia, como Hayyim Schauss, sostienen que Purim inicialmente apareció entre los judíos persas, quienes habían adoptado esa costumbre de sus vecinos que celebraban anualmente el final del invierno con un festival lleno de risas, juegos y bromas. De Persia, se extendió a Babilonia y después a la Tierra de Israel. También se basan en el hecho que tanto en la traducción al griego de la Biblia, el Septuaginta, como en las obras del historiador Flavio Josefo, se refieren a Purim con el nombre de Furdaia, una distorsión de una antigua fiesta persa llamada Farwadigan. En cualquier caso, sea cual sea la verdadera historia de Purim, para el siglo II EC, un tratado de la Mishnah, llamado Meguilá, se había dedicado a los detalles de su observancia.

El Libro de Esther, Meguilat Esther, no menciona en ninguna parte el nombre de Dios, ni se habla del Templo de Jerusalem, ni de ninguna práctica religiosa, como rezar o comer kosher. Podría considerarse como el más secular de los libros de la Biblia judía. Su único mérito dentro del ámbito religioso, es que fue el origen de la fiesta de Purim. Su capítulo 9 dice: “Por lo tanto, llamaron a estos días Purim, del nombre de Pur… Así que estos días debían ser recordados y celebrados a lo largo de cada generación, cada familia, cada provincia y cada ciudad”.

Los orígenes del Libro de Esther siguen siendo oscuros. Por el estilo del texto en hebreo y la falta de una corroboración de los hechos y personajes ahí narrados con la historia de la antigua Persia, los estudiosos piensan que fue creado mucho después, a finales de la época del Segundo Templo. También algunos consideran que la historia tiene paralelos con varios mitos del Medio Oriente, especialmente con los dioses babilónicos Marduk e Ishtar, nombres que se transformaron en Mordejai y en Esther y cuyas historias se adaptaron a las circunstancias de los judíos en el exilio babilónico. Theodore Gaster cree que Purim se originó con el año nuevo babilónico, cuando los dioses determinaban el destino de los hombres con una lotería, en babilonio “puru”.

El tratado Meguilá de la Mishnah establece que debemos celebrar Purim con: un banquete donde debe uno beber de más, regalando comida, los “mishloaj manot”, leyendo Meguilat Esther en la sinagoga e incluir el párrafo “al hanisim”, en los rezos del diario. Sorprende que la práctica de usar máscaras y disfraces en Purim no se menciona en el Talmud o en el Midrash. El primero en mencionarla es R. Yehuda ben Eliezer ha-Levi Minz, en el siglo XV, en Teshuvot Mahari Minz; sin embargo, él no explica el origen o las razones para disfrazarse. Algunos rabinos e historiadores creen que esta costumbre fue copiada de los carnavales cristianos europeos que se celebran en la misma época del año, aunque ahora se busca dar una explicación simbólica, diciendo que Esther ocultó (disfrazó) su judaísmo o que Mordejai fue paseado vestido como un príncipe.

La fiesta de Purim es una de las celebraciones más queridas dentro de la tradición judía. Pero la época cuando ocurrió y su verdadero significado aún sigue sin desenmascararse completamente.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Artículos de Rabbi Ronald H. Isaacs Theodore Gaster y Adele Berlin.

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