123. Samson Raphael Hirsch: lo ortodoxo también puede ser moderno.

Como reacción al judaísmo reformista, un grupo de judíos alemanes tradicionalistas iniciaron un movimiento que buscaba el balance entre la observancia estricta de la halaja y la modernidad. Ellos aceptaban algunos de los nuevos valores de la modernidad, pero querían preservar la interpretación clásica de la ley y la tradición judía.

La figura más destacada de este grupo fue Samson Raphael Hirsch (1808-1888), un rabino alemán nacido en Hamburgo, quien estudió los textos sagrados con su padre y con su abuelo Mendel Frankfurter, fundador del Talmud Torá de esa ciudad. Hirsch, desde 1851 hasta su muerte, fue el líder espiritual de una comunidad observante de la ciudad de Frankfurt, misma que se había separado de la corriente reformista que imperaba en la mayoría de los hogares judíos del lugar.

El utilizó la frase “Torá im Derej Eretz”, la Torá con los caminos de la tierra, una metáfora que significa la plena participación en la cultura secular occidental al mismo tiempo que se mantiene una completa adhesión a la Ley Judía. Él pensaba en un “Israel-Mentch”, un judío completamente observante e ilustrado a la vez. El creía que algunas costumbres no halájicas podían cambiarse, pero la esencia de la Ley Judía era intocable. Su comunidad se convirtió en el modelo de una comunidad estrictamente apegada a la halaja, al mismo tiempo que era “moderna”.

Hirsch tomó parte activa en la revolución de 1848 para obtener la emancipación de los judíos de Moravia y de Austria. Fundó tres escuelas, una primaria, una secundaria y una preparatoria para niñas. En ellas se enseñaba hebreo, materias judaicas, alemán, matemáticas, ciencias naturales y geografía. El rechazaba los cambios que afectaban los principios de la fe judía. Según él, los judíos no necesitaban “progresar” como decían los reformistas, sino “elevar” los ideales eternos del judaísmo y no “bajarlos” para adaptarlos a los que buscaban una vida más confortable. Aun así, introdujo cambios en la liturgia, como el incluir un coro con un director profesional y el dar dos veces al mes sus prédicas en alemán. Defendió al hebreo como la única lengua para los rezos.

Trató de no marcar una división con los reformistas hasta que ellos, en un sínodo de rabinos en 1844, anularon las reglas dietéticas y de matrimonio. De ahí en adelante buscó la separación, en la práctica y en lo legal, de la ortodoxia y la reforma. Se opuso también a la filosofía del desarrollo histórico del judaísmo que proponían Zejaria Frankel y H. Graetz. Creó la “Libre sociedad para el avance de los intereses del judaísmo ortodoxo”. Se oponía a la idea reformista de considerar al judaísmo como una secta religiosa ya que para él era un pueblo y el amor a Sion era fundamental.

El término “ortodoxo” se aplica a los movimientos tradicionales judíos que conscientemente se opusieron a la modernización del judaísmo como resultado de la emancipación y la ilustración europea. Ortodoxo significa el que sigue fielmente los principios de una doctrina. Pero el ortodoxo moderno, el movimiento que encabezó Samson Raphael Hirsch logró combinar ambas posturas.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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122. ¿Qué tan kosher es tu negocio?

Algo interesante que podemos aprender de los efectos que la emancipación tuvo en el pueblo judío, fue la cantidad de respuestas que la mente judía ideó para encarar el problema. Una de esas respuestas fue el movimiento Musar, que quiere decir “conducta moral con disciplina”.

El movimiento Musar buscó el desarrollo de una conducta ética basada en los valores de la Torá. Fue fundado en Lituania por Rabi Israel Salanter (1810-1883), quien enseñaba que la conducta ética basada en los mandamientos de la Torá, era uno de los objetivos fundamentales del pueblo judío. Su trabajo se concentró especialmente en enseñar ética judía en los negocios. Decía que así como verificamos que un alimento sea kosher, del mismo modo uno debe verificar con igual cuidado que el dinero que uno gana haya sido de manera kosher, o sea éticamente.

El Rabino Isaiah Horowitz nos dice en “Shaar Haotiyot”: “La mezuzah que hemos colocado en el marco de la entrada de nuestra casa, está conectada a las cosas que metemos y sacamos de nuestros hogares. Reunimos en nuestra casa la riqueza que Dios nos ha conferido y ésta debe haberse obtenido con honestidad y buena fe, como corresponde a una casa donde la ley de Dios está inscrita en su entrada. Ese es el secreto para conducir nuestros negocios éticamente. En otras palabras, lo que uno trae a la casa, el sustento que uno gana, debe conseguirse de forma ética y lo que sacamos, en lo que gastamos nuestro dinero, también debe ser de forma ética.”

La palabra “kosher o kashrut” viene de la raíz hebrea “kaf-shin-reish” que significa propio, permitido o correcto. En la Torá hay más de 100 mandamientos relacionados con la kashrut de nuestro dinero, muchos más que los relacionados con la kashrut de la comida.

Por ejemplo, nuestros sabios nos enseñan que el octavo mandamiento, “no robarás”, no sólo se refiere al acto de robarle un bien material a alguien, sino que extienden su significado a la prohibición de actuar falsa o fraudulentamente en asuntos de comercio y de negocios. En Levítico hay varios versículos que norman la conducta ética en los negocios: El 19:35-36 dice: «No haréis injusticia en los juicios, ni en las medidas de tierra, de peso ni de capacidad. Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis.” El 25:14 dice: “Y cuando vendan algo a vuestro prójimo o compren de mano de vuestro prójimo, no engañe ninguno a su hermano.” El 25:17 dice: “Y no engañe ninguno a su prójimo” y el 19:14 dice: “No maldecirás al sordo y delante del ciego no pondrás tropiezo”, lo que interpretamos como el no abusar de alguien que está en una posición de desventaja comparado a la nuestra.

El movimiento Musar llevó nuevos aires al judaísmo tradicional, combinando el estudio intelectual de las yeshivot lituanas con la espiritualidad de los hasidim. Fue como un lazo de unión entre los dos grupos ante la emancipación. Su mensaje ético continúa vigente hasta nuestros días, no solo en los negocios sino también en la vida diaria. Así que ¿Qué tan kosher es tu negocio?

Por Marcos Gojman
Bibliografía: The Jewish Religion de Louis Jacobs, Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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121. Tefilim: ¿un adorno en el rezo o un llamado a la acción?

El ponernos tefilim cada mañana en el rezo de Shajarit está basado en cuatro versículos de la Torá: Éxodo 13:9 y 13:16 y Deuteronomio 6:8 y 11:18. Los cuatro tienen el mismo mensaje: «Graben estas mis palabras en su corazón y en su alma y te será como una señal en tu mano y como un recordatorio en tu frente (o entre tus ojos), para que la ley del Señor esté en tu boca”. Algunos grupos en la época del Segundo Templo, como los sacerdotes, explicaban este mandamiento de manera figurativa, diciendo que tenemos que pensar en las palabras de la Torá como si las tuviéramos frente a nuestros ojos. Pero los rabinos de esa época lo tomaron literalmente y dijeron que las palabras de la Torá debían escribirse y ponerse físicamente entre los ojos y en el brazo.

Al menos dos docenas de fragmentos de pergaminos de tefilim se encontraron en las cuevas de Qumran junto con sus cajas y correas de cuero. Se calcula que datan del siglo II AEC hasta el siglo I EC, período crucial en el desarrollo del judaísmo rabínico. No se tienen evidencias del uso de tefilim en épocas anteriores, como en la época bíblica. En la Genizah de El Cairo se encontraron tefilim de forma cónica, algunos recubiertos de oro y que incluían el decálogo entre los textos de los pergaminos, además de los pasajes tradicionales que son cuatro: Éxodo 13:1-10 y 13:11-16, Deuteronomio 6:4-9 y 11:13-21.

El uso de los tefilim o filacterias (del griego phylakterion = amuleto) se empezó a popularizar entre los hebreos como una práctica para contrarrestar el uso de amuletos que hacían los pueblos idólatras. Lo usaban todo el día y no solo en el rezo como ahora.

El proceso de manufactura de las cajas de piel de los tefilim es bastante complejo, especialmente el de la cabeza que tiene cuatro compartimentos, a diferencia del de la mano que solo tiene uno. El proceso implica el curtido especial de la piel, el troquelado con prensas hidráulicas hasta formar los compartimentos, el repujado de la letra Shin en las caras exteriores, el pintado de negro del exterior y la colocación de los pergaminos. En el de la cabeza se colocan cuatro pergaminos en rollos separados y en el de la mano los cuatro pasajes van en un solo rollo. Después de cerradas las cajitas, se les coloca las correas con nudos que simulan la letra Yud en el de la mano y la letra Dalet en el de la cabeza. El proceso de fabricación de un par puede tomar hasta un año.

Pero con todo, el verdadero significado de los versículos que dieron origen a lo tefilim no era el de crear un ritual más en los rezos. Poner los mandamientos de Dios entre tus ojos significa el pensar constantemente en ellos y atarlos a tu brazo significa el llevarlos a la acción. Los tefilim son más que un adorno en el rezo, son un llamado a pensar y a actuar.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Jewish Encyclopedia y otras fuentes.

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120. La oposición a la reforma: los nuevos movimientos.

El movimiento reformista fue el pionero en intentar modernizar y al mismo tiempo mantener la esencia del judaísmo, dentro de una cultura de la ilustración y la emancipación. Eran personas profundamente dedicadas y les preocupaba muchísimo el futuro del judaísmo. Estaban convencidos de que lo que hacían era la mejor manera de preservar al judaísmo. Las otras respuestas a la modernidad, como el movimiento conservador, el ortodoxo moderno y hasta el sionismo político, fueron una respuesta al trabajo de los reformistas.

Los reformistas se enfocaron a dos grandes interrogantes: ¿qué aspectos del judaísmo habría que cambiar? y ¿cómo se harían esos cambios? El qué cambiar, abarcaba desde aspectos superficiales, como por ejemplo el idioma de los sermones (alemán o yiddish) o la duración del servicio, hasta temas que tocaban la esencia del judaísmo, como el mantener la kashrut, el rezar con tefilim y kipah, o el rezar a Sion. Y la pregunta de quién iba a decidir, tenía su propia problemática: ¿Quiénes decidirían, cada rabino, los líderes, o los miembros de la congregación? Estos y otros temas tuvieron defensores y detractores, desde liberales hasta tradicionalistas.

Uno de los disidentes fue Zejariah Frankel, el rabino principal de Dresden, quien en 1845 rompió con los reformistas, ya que él sostenía que el hebreo debía seguir siendo el lenguaje principal en los rezos y que las leyes de kashrut debían mantenerse. Él decía que la ley judía no era algo estático, sino que evolucionaba de acuerdo a las nuevas condiciones. A esto lo llamaba “Judaísmo Histórico Positivo”, que es el tener una actitud positiva hacia las normas pero con la mente abierta para aceptar nuevas leyes y costumbres, como había sucedido a lo largo de la historia. Decía que los cambios de los reformistas no estaban basados en la historia y en las tradiciones.

Frankel no fue el único opositor. En 1854 el rabino Samson Raphael Hirsch veía al judaísmo como “un santuario intocable que no debe ser sujeto al juicio del hombre o subordinado a sus consideraciones humanas” y que “el progreso es válido sólo en la medida que no interfiere con la religión”. Su lema “Torá y Derej Eretz”, significa observar las mitzvoth al mismo tiempo que conocemos e interactuamos con la sociedad y la cultura en la que estamos inmersos.

Otra postura fue la del sionismo político. Aunque no tiene estrictamente un contenido religioso sino más bien político y nacional, el sionismo también se puede considerar una respuesta a la modernidad. Leon Pinsker en 1882 hablaba de la auto emancipación, el aceptar que el pueblo judío sería emancipado solamente cuando tuviera su propio país y no mientras siguiera viviendo entre otras naciones.

A Frankel se le considera el iniciador del movimiento conservador, a Hirsch el de la ortodoxia moderna y a Herzl, Pinsker y otros pensadores el sionismo político. Pero con todo, el catalizador de estas corrientes fue sin duda el movimiento reformista.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Conservative Judaism de Neil Gillman y otras fuentes.

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119. Harry Heine

Harry Heine nació en 1797 en Dusseldorf, Alemania. Fue hijo de Samson Heine y de Betty von Geldern, quienes educaron a su hijo en escuelas dirigidas por jesuitas y por refugiados franceses. Harry creció en un judaísmo culinario: cenas de Shabat y seders de Pesaj. Aprendió hebreo solo para poder decir las bendiciones en las fiestas. La época de su juventud había sido la más benévola para los judíos alemanes, gracias a la emancipación que Napoleón había llevado a Alemania.

En 1815 viajó a Hamburgo a visitar a su tío Salomón Heine, el banquero más importante de la ciudad. Este lo mandó a estudiar leyes, primero a Bonn y después a Berlín. Ahí empezó a frecuentar la casa de Rahel Varnahagen, lugar de reunión para muchos intelectuales, como Alexander von Humboldt y también del grupo de Leopold Zunz, quienes fundaron la Sociedad para el Estudio Científico del Judaísmo, con la idea de unir la cultura moderna con el judaísmo. En los salones de Rahel, Harry afrontaba por un lado sus anhelos de una Alemania unificada, como cualquier joven alemán y por el otro los efectos de la discriminación por ser judío.

Con la derrota de Napoleón, los derechos que la emancipación les dio se revertieron y los judíos perdieron muchas de las prerrogativas que habían alcanzado. La Sociedad para el Estudio del Judaísmo fracasó, lo que llevó a varios de sus miembros a convertirse al cristianismo, el único camino para tener una carrera profesional en la Prusia de esos años. El efecto que esto tuvo en Heine hizo que dejara de atender el tema judío y se dedicara a la literatura alemana. De 1822 a 1827 produjo una serie de poemas que prácticamente lo puso en la cima de la literatura alemana, culminando con su “Buch der Lieder”, una de las colecciones de versos líricos de los más bellos producidos por un poeta alemán. Su ingenio era en el fondo esencialmente judío, derivado de los círculos intelectuales donde se movía en Berlín. Empezó a escribir una novela romántica “Rabbi von Bacharach”, con el tema de la persecución de los judíos por los cruzados, pero no la concluyó.

Como para ganarse el sustento tenía que pertenecer a la barra de abogados, Harry Heine aceptó que lo bautizaran, “el boleto para entrar a la cultura Europea”. Fue cuando le escribió a su amigo Moses Moser: “Por lo que ves, puedes imaginarte que el bautismo para mí me es indiferente. No lo considero importante ni siquiera como algo simbólico y por eso me dedicaré aún más a lograr la emancipación de los infelices miembros de nuestro pueblo. Con todo, lo considero una desgracia y una mancha en mi honor el que para tener un oficio en Prusia, tuve que dejar que me bautizaran”.

Harry, ahora Christian Johann Heinrich Heine, pronto vio que su sacrificio no le sirvió de mucho. En 1827 escribió “Buch Le Grand”, una apología de las ideas napoleónicas. Esto le cerró aún más las puertas, por lo que emigró a Francia, donde murió en 1856. En su obra “Almansor” escribió: “Esto es solo el preludio: donde queman libros, finalmente acabarán quemando personas.” Heinrich Heine, el gran poeta alemán, fue bautizado pero no convertido y nunca dejó de ser Harry el judío.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: The Jewish Encyclopedia y Emancipation de Michael Goldfarb.

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118. La teoría de la evolución judía y el movimiento reformista.

Hubo inicialmente dos respuestas extremas a los problemas que la emancipación planteaba al judaísmo. Aquellos que la rechazaron por completo y proponían que el judío siguiera con su forma tradicional de vivir, aislados del mundo exterior, como si no hubieran salido del gueto. Ellos tenían miedo de que el contacto con ese mundo nuevo los alejaría del judaísmo. Esta insistencia de que el judaísmo no se podía adaptar a los tiempos modernos, irónicamente produjo la otra respuesta extrema: muchos judíos optaron simplemente por convertirse al cristianismo. Estos decían que uno podía ser moderno o ser judío, pero que no se podía ser las dos cosas al mismo tiempo. Hacía falta un camino intermedio, que no rechazara la emancipación y que no rechazara lo judío.

Para ello había que adaptar las formas tradicionales de la fe judía a las nuevas condiciones del momento. La Haskalah, el movimiento que llevó la Ilustración al judaísmo, del cual Moisés Mendelssohn fue una de las figuras principales, lidió con este problema, pero al inicio optó por dejar más o menos intactas las normas tradicionales. Pero fue el movimiento de reforma el que finalmente introdujo innovaciones en los servicios en la sinagoga y en la vida religiosa judía.

Pensadores con mentalidad reformista dentro del judaísmo alemán, como por ejemplo Israel Jacobson, Abraham Geiger, Samuel Holdheim y Leopold Zunz, buscaron modernizar las prácticas y las creencias en el judaísmo. Convocaron a sínodos para discutir el tema, pero no establecieron formalmente una organización o un cuerpo rabínico independiente. Sin embargo, el esfuerzo de reforma cambió cuando el gobierno alemán permitió el que se establecieran nuevas instituciones en la comunidad judía. Entre 1840y 1850 se establecieron congregaciones reformistas independientes en dos centros judíos importantes, Frankfurt y Berlín. En 1870 se dio un paso aun más importante, la creación de un seminario rabínico y un centro de investigación.

El rabino Abraham Geiger sugirió que la forma de observar podría cambiar para que fuera más atractiva para los jóvenes. Geiger, un académico experto tanto en estudios bíblicos como en estudios de la cultura alemana, era también un investigador de la historia del judaísmo. El sostenía que la vida judía estaba siempre en un continuo cambio. Viejas prácticas eran modificadas y nuevas eran introducidas, con el resultado de una vida judía bastante diferente de lo que había hace 1000 o 2000 años antes. Se dio cuenta que esos cambios eran para adaptar la práctica del judaísmo al momento histórico en cuestión. Geiger concluyó que el proceso de cambio necesitaba continuar para que el judaísmo pudiera enfrentar a la modernidad sin perder su esencia.

Darwin en esa época planteó su teoría de la evolución de los seres vivos y dijo que el cambio y no la permanencia era lo natural. De igual forma el movimiento reformista sostiene que desde sus inicios el judaísmo ha cambiado. Porque lo natural es la evolución, inclusive en el judaísmo.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: Explaining Reform Judaism, de Eugene B. Borowitz y Naomi Patz y otras fuentes.

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117. La emancipación: un proceso difícil y doloroso.

La emancipación, el reconocer que los judíos tenían los mismos derechos que los demás ciudadanos, fue visto como un cambio histórico que anunciaba un mejor futuro para el pueblo judío y se convirtió en un asunto central para los judíos en todas partes, aunque cada comunidad tuvo que luchar su propia batalla para lograrlo.

En muchos lugares fue un largo proceso de integración social y económica del judío dentro de la sociedad gentil y que además requirió el renunciar a su forma tradicional de vida. El conde de Clermont Tonnere, en 1789, en su famoso discurso ante la Asamblea Nacional francesa, dijo: “A los judíos hay que negarles todo como nación pero hay que darles todo como individuos”. Los franceses introdujeron este tipo de emancipación a todos los países que conquistó Napoleón.

Ya sea como resultado de una elección deliberada, como en Francia, o como algo impuesto a fuerzas, como en Alemania o Italia, o el producto de un largo proceso de maduración socio cultural como en el imperio Austro Húngaro, la emancipación fue un proceso difícil y doloroso. La acostumbrada animosidad religiosa del gentil hacia el judío no lo hizo fácil.

La emancipación sufrió retrocesos en los años posteriores al congreso de Viena de 1814-15, después de la derrota de Napoleón. Sin embargo, grupos liberales y democráticos tomaron la bandera de la emancipación de los judíos como un asunto central de sus campañas políticas. Para 1848, la idea de la igualdad para los judíos era un concepto aceptado en los países occidentales.

La emancipación tuvo su propio calendario. Se logró en 1786 en el estado de Virginia, en 1787 en todos los Estados Unidos, en 1791 en Francia, en 1796 en Holanda, en 1812 en Prusia, en 1814 en Dinamarca, en 1831 en Bélgica, en 1832 en Canadá, en 1866 en Suiza. En 1867 se consigue en Austria y Hungría, en 1869 en Italia, en 1870 en Suecia y en Grecia, en 1871 en Gran Bretaña y en Alemania. En 1919 en Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania. En 1917 en Rusia, cuando el gobierno ruso les dio la igualdad de derechos a todos sus ciudadanos. En Polonia fue hasta 1935.

En América Latina se dio como consecuencia de los movimientos de independencia de cada país, a principios y mediados del siglo XIX. En el mundo islámico no hubo emancipación en el sentido occidental. En el imperio otomano el sultán dio la igualdad de derechos dos veces, en 1839 y 1856 para judíos y cristianos. La revolución de los jóvenes turcos en 1908 lo ratificó. En Yemen nunca se les dio igualdad de derechos a los judíos. En Egipto, Siria, Libia, Marruecos, Argelia y Túnez, se les otorgó de manera oficial, pero fueron revocados después de la guerra de independencia de Israel.

Hoy en día nos cuesta trabajo pensar que hubo lugares y épocas donde el judío no tenía los mismos derechos que cualquier otro ciudadano. Conseguirlo no fue un proceso natural y sencillo, sino difícil y doloroso.

Por Marcos Gojman.
Bibiliografía: Encyclopedia Judaica y otras fuentes.

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116. Der Wissenschaft des Judentums: La Ciencia del Judaísmo.

La época de la revolución francesa fue cuando por primera vez se les reconoció a los judíos europeos el derecho a ser ciudadanos de los países donde vivían. Los guetos fueron abolidos, las ropas o insignias especiales fueron cancelados, la gente podía vivir donde quisiera, vestirse como quisiera y tener la ocupación que quisiera. Muchos judíos se asentaron fuera de los barrios judíos y empezaron a vivir como sus vecinos y a hablar el idioma del país. También empezaron a ir a escuelas seculares y a universidades.

En 1815, después de la derrota de Napoleón, los judíos perdieron sus derechos ciudadanos en algunos países de Europa. Fue cuando algunos de ellos se convirtieron al cristianismo con tal de conservar esos derechos. Estudiosos del problema se dieron cuenta que estas acciones no se daban porque a esos judíos les disgustara su judaísmo, sino que lo habían hecho por conservar las ventajas que el ser ciudadanos ahora les daba. Muchos rabinos pensaron que la solución era forzar a los judíos a alejarse de los cristianos y a no asistir a sus escuelas. Pero esto no funcionó.

En 1819, Leopold Zunz propuso que los judíos estudien su historia y aprendan de los grandes logros de su pasado. Junto con otros jóvenes, entre ellos el poeta Heinrich Heine, fundó la “Sociedad para la cultura y la ciencia de los judíos”, con el objetivo de presentar al judío como un pueblo por su propio derecho y no como solamente una tradición religiosa. Aunque la sociedad no tuvo mucho éxito, el concepto de la “Ciencia del Judaísmo”, Der Wissenschaft des Judentums, inspiró a muchos intelectuales a estudiar el judaísmo de una manera estructurada.

Su idea era colocar a la cultura judía a la par con la cultura de Europa occidental y buscaron introducir en las universidades los estudios judaicos, como un área de estudio tan válida como cualquier otra. Querían terminar con ese prejuicio que presentaba al judaísmo como un precursor inferior del cristianismo. Su forma de estudiarlo implicó una completa libertad en la interpretación de los textos tradicionales, sin preocuparse de los efectos que esas interpretaciones podían tener en la observancia religiosa.

Aunque Zunz era observante de las prácticas rituales judías, las entendía como símbolos, en contraste con la postura tradicional que las veía como mandamientos divinos que había que obedecer sin cuestionar su significado. Con todo, la “Ciencia del Judaísmo”, der Wissenschaft des Judentums, tenía un trasfondo religioso. Muchos rabinos en los seminarios, seguían sus lineamientos a la hora de preparar a sus alumnos, como un preámbulo de lo que serían los nuevos enfoques del judaísmo liberal. Sin embargo, otros estudiosos como Zecharias Frankel y Heinrich Graetz, que usaban métodos críticos para el estudio del judaísmo, seguían considerando a la religión y a la historia judía como un reflejo de una revelación y una guía divina.

La “Ciencia del Judaísmo” produjo una gran cantidad de obras académicas, pero de ellas resalta la Jewish Encyclopedia de 1906, considerada como la culminación y fruto final de esta era. Su legado lo heredaron universidades como la Hebrea de Jerusalem, Brandeis y Harvard en Boston y muchas otras que han abierto departamentos de estudios judaicos. La “Ciencia del Judaísmo”, der Wissenschaft des Judentums, dejó una huella que ha perdurado hasta nuestros días.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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115. ¿De dónde salió mi escuela judía?

El mayor campo de acción de la Haskala, el movimiento que llevó la Ilustración al judaísmo, fue en la educación. Los maskilim, los partidarios de la Haskala, buscaron quitar el estudio del Talmud de su posición central en la educación judía. El plan de estudios de las nuevas escuelas incluía estudios judaicos, pero enfatizaba el estudio de materias seculares, las lenguas modernas y la capacitación práctica en oficios, especialmente los oficios manuales. Promovían el estudio de la historia del pueblo judío y del hebreo bíblico, como un camino para revivir el sentimiento nacional judío. Querían que los niños judíos fueran educados con sentido común, tolerancia y buen raciocinio.

Algunos gobernantes ayudaron de forma indirecta con el proyecto de los maskilim. El emperador José II de Austria promulgó un edicto donde decretaba que los judíos debían establecer escuelas “normales” o mandar a sus hijos a las escuelas del estado. Como resultado del decreto, se crearon nuevas escuelas judías modernas. En 1820, Francisco I decretó que los rabinos tenían que estudiar ciencias, por lo que se abrió un seminario rabínico en Padua en 1829.

Fue en Berlín donde se fundó la primera escuela con el programa de la Haskala. No tenía costo y estaba dirigida a niños de escasos recursos. Ellos estudiaban alemán, francés, aritmética, geografía, historia, arte, estudios bíblicos y hebreo. El estudio del Talmud fue prácticamente abandonado. Otras escuelas se crearon en otras ciudades como Dessau y Frankfurt. Los maestros empezaron a escribir libros de texto con este nuevo enfoque.

La Haskala también trajo cambios en la educación de las mujeres. Los maskilim crearon escuelas gratuitas para niñas en varias ciudades alemanas. Las materias incluían hebreo, alemán, nociones fundamentales de religión y de ética, aprender a rezar y aritmética. En algunas se enseñaba a leer y escribir en yidish, trabajos manuales, arte y canto.

El primer seminario para formar maestros se estableció en Kassel en 1810. Otros más se crearon en Ámsterdam y Budapest. En Vilna y Zhitomir se establecieron seminarios rabínicos patrocinados por el gobierno ruso y pagados con un impuesto especial cubierto por los judíos del lugar, aunque se enseñaba en ruso, por lo que las clase de hebreo y de tradiciones judías eran deficientes. No había escuelas secundarias judías y aquellos que querían seguir estudiando tenían que hacerlo en instituciones no judías.

La Haskala propició el resurgimiento del hebreo, especialmente el bíblico. Moisés Mendelssohn escribió en hebreo un comentario de la Biblia junto con una traducción al alemán. El periódico Hameasef, el que reúne, fue la primera publicación periódica en hebreo hecha por alumnos de Mendelssohn y duró de 1783 a 1811.

La Haskala creó las primeras obras de literatura en hebreo y las primeras sobre temas seculares en yiddish. Desarrolló una prensa judía escrita en hebreo, yiddish y ruso. Finalmente podemos decir que creó todo un sistema de educación judía secular que ha influido al mundo judío hasta nuestros días. Ahora entiendo de donde salió mi escuela judía.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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114. Y se hizo la luz.

En la antigüedad, lo importante para la gente era la fe en Dios. Las autoridades religiosas eran los intermediarios entre lo divino y la gente común y éstas sostenían que la tradición era algo sagrado e inamovible, por lo que hacían cumplir estrictamente las costumbres y los principios religiosos aceptados. El rabino era la autoridad más importante. Él, además de ser un estudioso de los textos sagrados, también oficiaba en las ceremonias religiosas y actuaba como juez.

El profesor Jonathan Israel nos dice que antiguamente la civilización occidental estaba basada “en un núcleo formado por la fe, la tradición y la autoridad”. Pero a mediados del siglo XVII surgió la Ilustración (en inglés Enlightment, iluminar), un movimiento europeo cuyos pensadores sostenían que la razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía. Sus escritos empezaron a retar la autoridad de las instituciones más respetadas, como era la figura del rabino.

Buscaban reemplazar a la creencia en lo supernatural por el conocimiento de la naturaleza, a los dogmas por la ciencia, a los mandamientos por las leyes naturales, a los sacerdotes por los filósofos. Se exaltaba la razón y la experiencia como la forma de resolver los problemas. Y se tenía una consideración especial a los derechos humanos, especialmente el derecho a ser libre de la opresión y de la corrupción del gobierno. Así, la fe se trasladó de Dios al hombre.

La ilustración buscaba limitar el poder de la religión organizada. Baruj Spinoza quería separar a la política de la religión y Moises Mendelssohn decía que lo religioso era un asunto individual y privado. Para ellos, lo valioso de una religión eran sus principios éticos y no la lógica de su teología.

La ilustración judía, llamada Haskala, de la raíz hebrea sejel = inteligencia, era un movimiento que se dio entre judíos europeos que querían adaptar los principios de la Ilustración al judaísmo. Sus seguidores, los Maskilim, buscaban integrar al judío con la sociedad gentil europea y enseñar materias seculares en las escuelas, junto con el idioma hebreo y la historia del judaísmo.

Aunque la Haskala se originó principalmente en Alemania, pronto se diseminó por Europa. Inclusive, en el este de Europa, donde estaba el corazón del judaísmo rabínico con sus dos corrientes, los mintagdim y los jasidim, los maskilim llevaron las ideas de la Haskala a esas regiones y con la ayuda del gobierno ruso, impulsaron la educación secular en las provincias judías. Su presencia en esos lugares resultó en la creación de una cultura judía secular, con un énfasis en la historia y la identidad judías. La Haskala iba de la mano de la Emancipación.

La luz de la Ilustración fue un parteaguas en la historia del judaísmo. Igual que en el Génesis, la tierra estaba desordenada y las tinieblas estaban sobre su faz. Pero esta vez fue el hombre quien dijo: hágase la luz en el entendimiento humano y la luz se hizo.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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