138. El banquete treif.

En la noche del 11 de julio de 1883, unas 200 personas se reunieron a cenar en un restaurante de Cincinnati para celebrar la 8ª reunión del consejo de la Unión de Congregaciones Hebreas Americanas y la graduación de la primera generación de rabinos del Hebrew Union College. La cena fue patrocinada por un grupo de judíos prominentes y en ella se sirvieron mariscos, carne y postres de leche, violando con eso los preceptos dietéticos que distinguen entre los alimentos permitidos (kosher) y los que no lo son (treif o taref). En la historia del judaísmo americano se le conoce como el “banquete treif” y fue uno más de una serie de eventos que finalmente llevaron al rompimiento entre el ala reformista y el ala más tradicionalista. Esta separación se consolidó cuando el movimiento reformista adoptó los principios de la Plataforma de Pitsburgh, que en 1885 desechó la observancia de las mitzvoth y consideró anacrónico el concepto de “pueblo judío”.

Después del banquete, un grupo de rabinos y académicos moderados, entre ellos Sabato Morais, Henry Pereira Mendes, Alexander Kohut y Cyrus Adler, buscaron establecer un seminario rabínico más tradicional que reflejara la concepción histórica del judaísmo como una religión en evolución, tal como lo hiciera Zejariah Frankel en el Seminario Teológico Judío de Breslau, en 1854.

En enero de 1887 se fundó el Jewish Theological Seminary Association en Nueva York, con la finalidad de preservar “el conocimiento y la práctica del judaísmo histórico”. En el seminario se enseñaría biblia, historia y filosofía, además de dar una formación rabínica tradicional ashkenazi. En sus primeros quince años, se graduaron 14 rabinos y 3 jazanim, entre ellos Joseph H. Hertz que llegaría a ser el rabino principal del imperio británico y Mordejai Kaplan, teólogo, maestro por muchos años en el seminario y fundador del movimiento judío reconstruccionista.

Desde su inicio, el seminario tuvo serios problemas financieros y en 1902 estuvo a punto de cerrar. Ya desde 1890, algunos de sus líderes empezaron a manejar la idea de traer a Solomon Schechter, profesor de Talmud en la Universidad de Cambridge y descubridor de la Genizah de El Cairo, para presidir el seminario. Schechter en un principio se rehusó, alegando la mala situación financiera de la institución, pero gracias al trabajo de Cyrus Adler y un grupo de voluntarios, los problemas económicos quedaron resueltos y Solomon Schechter aceptó el puesto. En marzo de 1902 tomó posesión de la presidencia del Jewish Theological Seminary of America (JTS).

Schechter nunca se imaginó que el seminario se convertiría en la fuente desde donde surgiría un nuevo movimiento dentro del judaísmo, el movimiento Conservador. Él buscaba ofrecer una alternativa al judaísmo reformista, con un judaísmo tradicional, ilustrado y americanizado. Además de ser profesor de teología judía en el seminario, se dedicó a plasmar en varios documentos las bases ideológicas de lo que él consideraba debería de ser la práctica del judaísmo en América. Pero algunos rabinos no estuvieron de acuerdo con su postura y abandonaron el seminario para formar Agudat Harabanim, organización de corte ortodoxo. Otro grupo de rabinos formó la Unión Ortodoxa, que aunque sí mantuvo algunos lazos con el JTS, tomó otro rumbo.

Nadie sabe bien quién fue el responsable de que se sirviera comida treif en ese banquete. Pero indirectamente ese incidente marcó el rumbo del judaísmo en Estados Unidos y en el mundo. Ni Isaac Mayer Wize, padre del movimiento reformista, ni Solomon Schechter, ideólogo del movimiento conservador, ni los fundadores de Agudat Harabanim y la Unión Ortodoxa, buscaron dividir al judaísmo. Todos buscaban, desde su perspectiva, el mejor camino para el pueblo judío. Quizás un banquete kosher para aclarar las diferencias, pudiera haber sido la solución.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: Conservative Judaism de Neil Gillman y otras fuentes.

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137. La Genizah de El Cairo: un escondite para ideas diferentes.

La genizah, que en hebreo significa “escondite”, es un lugar donde se guardan libros y documentos que ya no son de utilidad y que por tener escrito el nombre de Dios, no se pueden destruir. Como también se acostumbra escribir el nombre de Dios al principio de una carta o de otro tipo de documentos, estos también se guardan eventualmente en la genizah.

La genizah más famosa es la de El Cairo, por el tamaño y el contenido de los documentos que ahí se encontraron. Por casi mil años, la comunidad judía de Fustat, en la parte vieja de El Cairo, depositó libros usados y otros documentos en la genizah de la sinagoga Ben Ezra, construida en el año 882. En 1896, Salomón Schechter, profesor de Talmud y literatura rabínica en la Universidad de Cambridge, con la ayuda financiera de Charles Taylor, llegó a El Cairo y después de varios meses de arduo trabajo y con el permiso de la comunidad judía de Egipto, se llevó cerca de 190,000 documentos a Inglaterra. La colección Taylor-Schechter de la genizah de El Cairo en Cambridge es la más extensa, aunque no todos los documentos de la genizah están guardados ahí.

La Genizah de El Cairo es uno de los grandes tesoros del judaísmo jamás encontrado. Su contenido le dio al mundo información valiosísima sobre el Medio Oriente en la época medieval. Además de documentos sobre la Biblia y el Talmud, había documentos de la vida diaria. Schechter inclusive encontró una carta firmada por el mismo Maimónides.

En 1970, el profesor Stefan Reif, experto en judaísmo medieval y lenguas semíticas, fue nombrado jefe del departamento responsable de la colección de la genizah. Reif nos dice: “Hasta antes de la genizah, si queríamos conocer algo de esa época, la única manera era con documentos de los siglos XVI y XVII. Gracias a la genizah, tenemos documentos que van del siglo IX hasta el XIII”.

El profesor Reif nos explica que en la genizah se encontraron cartas, certificados, quejas de las esposas sobres sus maridos, listas de joyas, etc. Material que refleja la vida diaria judía de la época. También hay documentos que han revolucionado campos de estudio, como algunos con formas de puntuación en hebreo diferentes a las conocidas antes. Reif nos dice que los documentos de la genizah muestran la gran disputa que existía entre las academias de Babilonia y las de Israel, donde la halája era más flexible. Los sabios babilónicos acusaban a los de Israel de no ser suficientemente estrictos en su práctica. Reif también encontró material que nos permite ahora entender mejor el Talmud Jerusalmi, relegado a segundo plano por el Talmud Babli.

Dice Reif: “No sabemos mucho de los libros de rezos de antes del siglo 9. Hasta entonces se rezaba de forma oral y cada director de rezo lo hacía según sus propias preferencias, sin tener un texto unificado. Los sabios de Babilonia estaban a favor de tener un texto único, mientras que los de Israel dejaban que cada director de rezo rezara según sus preferencias. Los documentos de la Genizah demostraron que la costumbre de Babilonia se impuso sobre la de Israel”. Todavía falta mucho que descubrir entre los documentos de la genizah del Cairo. Lo que sí sabemos es que la genizah del Cairo escondía ideas diferentes guardadas en viejos documentos.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Entrevista al Dr. Stefan Reif por Tali Farkash y otras fuentes.

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136. Isaac Mayer Wise y los cimientos del judaísmo americano.

Isaac Mayer Weiss nació en 1819 en Bohemia, actualmente parte de la República Checa. Desde joven demostró ser un alumno brillante. Estudió Biblia y Talmud, especialmente con su padre Leo Weiss y con su abuelo. Se graduó de las Universidades de Praga y de Viena y a los 23 años una corte rabínica le concedió el título de rabino. En 1846 Weiss emigró a los Estados Unidos, pues encontró que era difícil el ser rabino en Bohemia, por una serie de restricciones que el gobierno había impuesto en contra de los judíos. Ya en América, Weiss cambió su apellido a Wise.

Inicialmente sirvió como rabino en Albany, Nueva York, pero por diferencias con el presidente de la congregación, renunció y se mudó a Cincinnati. Ahí le ofrecieron el puesto de rabino en la congregación Bnei Jeshurun, con carácter vitalicio. En 1847 presentó ante el Bet Din (corte rabínica) el proyecto de un libro de rezos para utilizarse en todo el país y al que llamó “Minhag América”. La propuesta quedó pendiente hasta 1855, cuando en una conferencia de rabinos en Cleveland se le pidió a él y a otros dos rabinos, editarlo y publicarlo. “Minhag América” se convirtió en el libro de rezos de la mayoría de las sinagogas judías del Sur y del Oeste de los Estados Unidos.

Wise utilizó su periódico “The American Israelite”, para difundir sus ideas de unificar a las congregaciones judías del país y a sus rabinos. En 1848 hizo un llamado a “todos los ministros israelitas” de los Estados Unidos, para que se agruparan en una unión y con eso terminar con la anarquía religiosa que imperaba. Para ello los convocó al año siguiente a una reunión en Filadelfia, pero esta no se llevó a cabo. Su idea fue mejor acogida entre las congregaciones, quienes en 1873 se organizaron en la “Unión de Congregaciones Hebreas Americanas”, con sede en Cincinnati.

Wise no cejó en su esfuerzo de unir a los rabinos. Para eso convocó a una conferencia en Cleveland en 1855, pero esta no sólo no logró unirlos, sino que los separó en dos bandos, por un lado Wise y sus seguidores y por el otro un grupo de rabinos prominentes de la costa Este del país. En las conferencias de Filadelfia en 1869, Nueva York en 1870 y Cincinnati en 1871, las diferencias se fueron limando poco a poco, hasta que en 1889 se formó la “Conferencia Central de Rabinos Americanos”. Wise fungió como su primer presidente y duró como tal once años, hasta su muerte.

Igualmente fue infatigable en su insistencia de crear un seminario para formar rabinos. Criticó a muchos que se hacían pasar como guías espirituales, pues decía que no estaban debidamente preparados. Intentó crear un seminario en Cincinnati, pero fracasó al año. No se desanimó y desde su periódico continuó propagando su idea del seminario. El 3 de octubre de 1875, el “Hebrew Union College” abrió sus puertas. Los primeros cuatro rabinos se graduaron ocho años después.

A pesar de su gran capacidad de liderazgo, Wise era considerado un colega poco preparado. Lo decían algunos rabinos alemanes doctorados en universidades de Europa central y que llegaron a América en la década de 1850. Con todo, Wise representaba el enfoque pragmático en el judaísmo americano. La estructura tripartita que él ideó: la unión de congregaciones, la asociación de rabinos y el seminario rabínico, fue la base para organizar los movimientos religiosos judíos en Estados Unidos. Wise fue primordialmente un constructor de instituciones más que un ideólogo. Su gran mérito fue haber cimentado las bases para los movimientos religiosos judeo-americanos.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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135. El Bund, los amantes del Yidish.

El Bundismo fue otra respuesta a la problemática que afligía a los judíos a finales del siglo XIX, especialmente en la “Zona de Residencia” en Rusia. Era un movimiento judío secular y socialista. La Unión General de Trabajadores Judíos, llamado en Yidish el “Alguemeiner Yidisher Arbeter Bund”, se fundó en 1897 como el componente judío del movimiento socialista en la sociedad rusa.

La estructura e ideología del Bund (Unión) fue la respuesta a la difícil situación imperante en la Zona de Residencia, el área donde les estaba permitido vivir a los judíos en el país de los Zares. En esa época, el antisemitismo estaba muy extendido entre la población rusa y la difícil situación económica y social en los pequeños pueblos judíos fomentaban la emigración hacía otros países, especialmente los Estados Unidos. También, al ser parte el Bund del movimiento socialista ruso, compartía con ellos objetivos, tendencias, divisiones y métodos.

El Bund recibía el apoyo principalmente de tres sectores de la sociedad judía. El primero era el grupo de trabajadores judíos asalariados que empezaron a tomar conciencia de su condición obrera y a organizarse en grupos de corte sindical, especialmente en la industria del vestido. El segundo eran los círculos de intelectuales radicales judíos que combinaban las ideas marxistas revolucionarias con su identidad judía y su preocupación por el proletariado judío. El tercer grupo eran aquellos judíos que estaban profundamente enraizados en la cultura judía.

En la década de 1870, el Bund hizo los primeros intentos de divulgar las ideas socialistas entre la población judía y para ello utilizaron el Yidish, su lengua materna, en vez del ruso. Indirectamente este hecho contribuyó a revitalizar el idioma y su literatura. El Bund con su “Kultur Lige” (liga cultural), promovió la literatura, el teatro, el arte y en general la cultura secular judía en Yidish.

El Bund formó parte del Partido Social Demócrata Ruso, el organismo que unió en una sola estructura a varios grupos revolucionarios que operaban en el imperio ruso. En su segundo congreso que se llevó a cabo en Londres en 1903, el Bund, con 5 delegados de un total de 51, buscó ser reconocido como el representante del proletariado judío ruso y el reconocimiento al Yidish como su idioma, pero su moción fue rechazada, por lo que el Bund abandonó el partido.

El Bund no consideraba al judaísmo como una entidad nacional mundial y sólo luchó por los derechos y la autonomía de los judíos en su lugar de residencia, especialmente en Rusia. Se opuso fuertemente al sionismo y a la ortodoxia religiosa, porque creían que en una sociedad socialista, la cuestión judía quedaría resuelta. Promovió la cultura judía secular como el factor de identidad del pueblo judío, expresada en el Yidish. Se extendió por muchos países, aunque su influencia decayó después del Holocausto y el establecimiento del Estado de Israel. Después de la guerra, un consejo coordinador mundial del Bund se fundó en Nueva York. Del Bund poco quedó de sus ideas socialistas, pero su amor por el Yidish perdura hasta nuestros días.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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134. Lo mejor es regresar a casa.

En el siglo XIX, a pesar de los cambios que la modernidad había traído, los judíos no habían podido integrarse completamente a las sociedades europeas y estas a su vez habían fallado en su intento por incorporarlos. Este problema, conocido como “la cuestión judía”, fue en esa época ampliamente debatido dentro del judaísmo y en general en la sociedad europea gentil.

La integración del judío no sólo implicó conocer el idioma del país y convivir con sus vecinos, sino que también provocó la secularización de él mismo, ya que buscaba formar parte de una sociedad basada en tres principios: la igualdad de todos ante la ley, la separación de la iglesia y el estado y la lealtad al país de residencia. Ya para finales del siglo XIX, muchos veían al pueblo judío más como un grupo étnico y cultural, que religioso. Lo que buscaban los secularistas en esa época, era integrar la cultura judía a la educación humanista europea, desligándola de la religión.

De esa postura secular surgieron en el judaísmo movimientos que propusieron varias soluciones para resolver la cuestión judía. Uno de ellos fue la corriente nacionalista expresada en el Sionismo, el cual proponía la reconstrucción de la vida nacional judía en la Tierra de Israel, como solución a los problemas que la modernidad había traído al pueblo judío. La migración a una patria propia era la respuesta a los problemas de los judíos en Europa. El antisemitismo en Rusia detonó el crecimiento del movimiento sionista, pero en el fondo la causa fundamental fue el fin de la forma de vida del judío en el gueto y las pocas posibilidades de integrarse a la sociedad europea.

El judío siempre soñó que algún día el Mesías resolvería su problema. Tres veces al día se reza en la Amidah por la reconstrucción de Jerusalem, pero durante 18 siglos el pueblo judío no hizo nada práctico para volverlo una realidad, a pesar de estar constantemente sujetos a discriminación por cristianos y musulmanes, además que la modernidad no mitigó el antisemitismo en Europa.

El movimiento nacional judío tuvo sus inicios en la década de 1870, primero en Rusia y después en Polonia. Hubo grupos que promovieron la migración a la tierra de Israel, como los “Hovevey Zion”. Moisés Hess, en su libro “Roma y Jerusalem” (1862), argumentó que los judíos no eran un grupo religioso sino más bien un grupo nacional con su propia religión. Los sionistas criticaban a los reformadores de tratar de remodelar el judaísmo copiando las formas religiosas gentiles.

El movimiento sionista alcanzó fuerza política con Teodoro Herzl cuando convocó a su primer congreso en 1897. Herzl había sido testigo de cómo “la cuestión judía” había adquirido una dimensión nacional y no solo social y religiosa. Su propuesta tenía un enfoque político, aunque hubo otros planteamientos sionistas con enfoque cultural, religioso, social o de acción práctica.

La respuesta religiosa a la modernidad no había sido suficiente para resolver la “cuestión judía”. Por eso el sionismo propuso resolverlo en lo nacional. Para ellos, lo mejor era regresar a casa.

Por: Marcos Gojman
Bibliografía: The History of Zionism, por Moshe Maor y otras fuentes.

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133. América es América.

Unos de los primeros judíos que llegaron a lo que hoy es los Estados Unidos, fue un grupo de 23 hombres, mujeres y niños que huían de Recife, Brasil y que en 1654 desembarcaron en Nueva Ámsterdam, lo que hoy es Nueva York. Posteriormente, comerciantes ashkenazim y sefaradim llegaron a las colonias americanas. Para 1730 la mayoría ya era ashkenazi, aunque las sinagogas se regían por el ritual y las costumbres sefaradim, las que combinaban aspectos estéticos modernos con las tradiciones antiguas. En ellas imperaba el orden, el decoro, lo racional y lo refinado.

La siguiente ola importante de inmigrantes fueron los judíos alemanes que empezaron a llegar en la década de 1840. Dejaban Alemania por sus leyes restrictivas, la mala situación económica y el fracaso de los movimientos políticos que buscaban un cambio en la sociedad alemana. Se establecieron en el medio oeste, el oeste y el sur de la Unión Americana. Especialmente en Cincinnati, hogar del primer líder del movimiento reformista judío americano, Isaac Mayer Wise. Además de promover el judaísmo reformista, los judíos alemanes crearon instituciones como la B´nai B´rith (1843) y el American Jewish Comittee (1906).

Para 1880, los judíos de Europa del este empezaron a emigrar a los Estados Unidos en grandes números. Huían de la sobrepoblación, las leyes opresivas, el antisemitismo y la pobreza. Entre 1880 y 1924, más de dos millones de judíos de Rusia, Polonia, Lituania, Austria, Hungría y Rumania llegaron a los Estados Unidos. Se establecieron en los barrios populares de Nueva York, Filadelfia, Boston, Baltimore y Chicago. Trabajaban como obreros, especialmente en la industria de la confección. Por lo mismo, apoyaron movimientos sindicales para mejorar sus condiciones de trabajo. La cultura Yidish, expresada en obras de teatro, periodismo y literatura, floreció en los barrios de los inmigrantes. Ellos traían consigo principios ideológicos que influyeron al judaísmo americano, como las ideas socialistas, la política liberal y el nacionalismo judío.

Por lo general, los judíos provenientes de Europa del este no se sentían cómodos con el judaísmo reformista. Insistían en mantener sus tradiciones pero en un contexto moderno, lo que contribuyó al establecimiento del judaísmo conservador y a la continuidad del judaísmo ortodoxo. Con todo, muchos de ellos relajaron la estricta disciplina religiosa que habían tenido en Europa, para adaptarse a las condiciones de una nueva cultura. El judaísmo en América se conformó plural y su observancia ahora dependía del individuo. No había un rabino en jefe ni una organización religiosa central. Por el contrario, surgió un gran espectro de movimientos religiosos, los que competían por conseguir adherentes, ya que cada uno insistía que sus ideas eran las mejores para la sobrevivencia del judaísmo. De todos modos, América no era Europa, América era América.

Por Marcos Gojman.
Bibliografía: The American Jewish Experience through the XIX Century, de Jonathan D, Sarna y Jonathan Golden. History of the American Jews, de Joellyn Zollman.

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132. Amarás a tu prójimo como a ti mismo; ¿a todos?

En la época bíblica, Dios era concebido como una deidad nacional, que protegía a los israelitas en su tierra, les ayudaba en sus peleas, los liberaba del hambre y en general era el proveedor de su sustento. La mala fortuna, las malas cosechas, las enfermedades, podían superarse ofreciendo sacrificios a Dios. Dios era visto como el Señor exclusivo de los israelitas, ellos no podían adorar a otra deidad y Dios no podía proteger a otro pueblo.

El concepto empezó a cambiar en el siglo VIII AEC. Los asirios, que querían tener la hegemonía sobre el mundo, manejaban la idea de un mundo único y unificado, una idea que tuvo eco en Israel,pero no para aplicarla en lo material sino en lo espiritual. El profeta Amos (751 AEC) la planteó cuando afirmó que Dios no sólo era el Dios de Israel, sino de todos los pueblos del mundo, pues el libro de Amos comienza con el anuncio del castigo que van a sufrir las naciones y ciudades vecinas a Israel, a causa de la crueldad de su conducta en la guerra. Dios esperaba buena conducta de todos, no sólo de Israel. Amos también decía que si los judíos dejaban de tener fe, Dios podía dar por terminado el pacto y buscar otro pueblo que si quisiera aceptar Sus mandamientos.

Amos predicaba que los judíos debían ser fieles al pacto para asegurarse que seguirían recibiendo los favores de Dios. Los sorprendidos fueron los israelitas al escuchar de este profeta que su Dios era un Dios universal, que existía por si solo y que todos, no nada más ellos, debían cumplir Su Ley. Aun así, el profeta Amos, el primer universalista, pensaba que Dios sólo podía entrar en un pacto con un sólo pueblo y que el pueblo judío sólo podía adorara a Dios en la tierra de Israel.

Isaías, el discípulo de Amos (740-700AEC), decía que tanto los asirios como los israelitas, tenían que cumplir los mandamientos éticos de Dios. Este fue un paso fundamental para que el judaísmo adquiriera un carácter universal, porque se había hecho una conexión crítica: Isaías dijo que Dios era el Dios de todo el mundo y no sólo de Israel y que Sus leyes iban dirigidas a todos los hombres.

La salida de los judíos de la tierra de Israel a Babilonia en 586 AEC, hizo que al perder la independencia nacional,fueran los preceptos religiosos el elemento que más definiría su identidad. El rabinato basado en erudición sustituyó al sacerdocio basado en linaje; las sinagogas y las academias sustituyeron el Templo y el estudio de la Torá y los rezos sustituyeron a los sacrificios. Y lo más importante, como lo intuyó el profeta Jeremías, Dios podía ser adorado fuera de la tierra de Israel. Antes, para integrarte al pueblo judío, tenías que ir a vivir con ellos en su tierra, ahora podías convertirte a la religión de los judíos, en cualquier lugar donde estuvieran. El judaísmo y sus mandamientos, incluidos sus principios éticos,estaban abiertos para todo el mundo. Ahora amar a tu prójimo como a ti mismo incluía a todos los hombres.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: The Theory and Practice of Welcoming Converts to Judaism de Lawrence J. Epstein y otras fuentes.

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131. Ziporah, la esposa de Moshe Rabeinu, no nació israelita.

En los tiempos bíblicos, los israelitas eran más una nación que un grupo religioso. Ellos no tenían el concepto de conversión religiosa, porque era una idea incoherente el considerar la religión como algo separado de la nacionalidad. Por eso a Abraham Avinu lo llamaban “el hebreo” (ha ivri) y a sus descendientes “los hebreos”. Estos son términos que denotan una nacionalidad y como todas las naciones en esa época, incluía el adorar a su propia deidad particular, el Dios de Abraham.

En esa época no había una conversión religiosa formal, sino una integración cultural al grupo, pues muchos no israelitas se unieron a los hebreos, a través del matrimonio o por la aceptación de sus costumbres y de su Dios. El mismo Abraham y sus descendientes absorbieron a muchos paganos y a sus propios sirvientes, con lo que aumentaron el tamaño de su grupo étnico. En la época del Éxodo, según el midrash Tanhuma, los que salieron de Egipto no eran sólo hebreos, sino que una parte, el midrash habla de 40000, era gente no israelita que se les unió y que además estuvo presente en la recepción de la Torá en Monte Sinai. Ya instalados en la tierra de Israel, los hebreos aumentaron su número integrando a miembros de los pueblos vecinos que vivían en Canaán.

La Torá utiliza los términos “ezraj” cuando habla de alguien que es israelita por nacimiento, “nojri” cuando es un extranjero que vive entre ellos pero que mantiene lazos políticos, culturales y religiosos con el pueblo del cual es originario y “guer”, que quiere decir residente o prosélito, para aquellos que no habiendo nacido hebreos, se han integrado a su cultura, costumbres y creencias.

Los “guerim” muchas veces se incorporaban al grupo israelita por la vía de los matrimonios mixtos. Mujeres paganas se casaban con hombres hebreos y automáticamente aceptaban pertenecer a su clan y practicar su religión. Los matrimonios resultantes eran vistos positivamente, porque al casarse, los paganos cambiaban una práctica idólatra por el Dios de Abraham.

Los guerim eran residentes permanentes y gozaban de muchos de los privilegios de los israelitas nativos. A todos los no israelitas que se unían a una familia o una tribu se les daba igualdad de derechos y de responsabilidades, aunque su participación en rituales religiosos se desarrollaba en etapas. La Torá ordenaba amar al extranjero porque el pueblo de Israel había sido extranjero en Egipto. Está escrito en Números 15:16: “Una misma ley (Torá) y un mismo derecho tendréis, vosotros y el extranjero que mora con vosotros.”

La integración cultural se da cuando alguien se une a un grupo mayoritario y adquiere sus mismas características o costumbres, perdiendo o relegando lo que lo distinguía. El caso bíblico más conocido es el de Ruth. Está escrito: (Ruth 1:16) “Y Ruth respondió: No me ruegues que te deje y que me aparte de ti; porque a donde quiera que tú vayas, iré yo; y donde quiera que vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios”. Así como Ruth, la moabita, de quien desciende el Rey David, también Ziporah, la midianita, la esposa de Moisés, se integró al pueblo de Israel al aceptar sus costumbres y su Dios.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: The Theory and Practice of Welcoming Converts to Judaism de Lawrence J. Epstein y otras fuentes.

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130. Israel Jacobson, el principal reformador de los reformadores.

Las comunidades judías en Europa en el siglo XIX, no podían ser indiferentes a los efectos que la emancipación y la ilustración tenían en la vida cotidiana de sus miembros. Algunos optaron por rechazarlos y otros por aceptarlos. Estos últimos estaban convencidos que se necesitaba “reformar” el judaísmo del gueto, para que encajara con una sociedad libre y moderna.

Los primeros reformadores no fueron rabinos sino gente de negocios. Ellos sentían la necesidad de cambiar al judaísmo, pues al tener contacto con los gentiles, veían el mundo que se abría ante sus ojos. Un banquero, Israel Jacobson, destacó entre estos reformadores. Criticaba que las escuelas judías no enseñaban materias seculares y no preparaban para ejercer una profesión que no fuera el ser rabino. Decía que los judíos alemanes debían integrarse al país como ciudadanos.

Jacobson (1768-1828) se educó en escuelas religiosas judías y por su cuenta estudió literatura alemana y leyó a Moisés Mendelssohn. Llegó a dominar a tal grado la literatura rabínica, que en la Universidad de Helmstedt lo reconocieron como un erudito en judaísmo. En 1801, con sus propios recursos, fundó una escuela judía en Seesen, el pueblo donde él vivía. Por primera vez estudiaban juntos niños y niñas judíos. En ese tiempo, la mayoría de las niñas no recibían una educación formal. Para Jacobson, la idea de igualdad entre hombres y mujeres era muy importante. No sólo empezó a enseñar materias seculares como aritmética, ciencias y alemán, sino que lo hizo con una altísima calidad, al grado que padres cristianos pidieron que se admitieran a sus hijos en la escuela de Jacobson. Él los aceptó, pues quería que los judíos convivieran con sus vecinos cristianos y viceversa. En la escuela también se enseñaba la religión judía, de una manera lógica y ordenada.

Pero a la larga, lo más importante fue el efecto que el templo de la escuela, inaugurado en 1810, tuvo en el judaísmo, pues el servicio que Jacobson diseñó era diferente. Estaba bien organizado, ordenado y decoroso. Además era bello y solemne. Jacobson criticaba el desorden, la larga duración, las repeticiones y la informalidad que había en la sinagoga tradicional. Jacobson hizo más corto el servicio, principalmente eliminando las repeticiones. Muchas plegarias fueron traducidas al alemán para que la gente pudiera entender lo que rezaban. Incluyó el uso del órgano y de un coro mixto de hombres y mujeres cantando juntos. Se esperaba que la gente llegara puntual, participara al unísono y se comportara de una manera solemne y respetuosa.

Además implementó el sermón. Hasta ese tiempo, solo algunos sermones en yiddish y en hebreo se predicaban antes de las grandes fiestas, para recordarles a los feligreses sobre algún ritual en particular. En los nuevos templos reformistas los sermones eran semanales y discutían los problemas de cada día. Como los sermones eran en alemán, toda la congregación podía entender lo que se decía. Este nuevo formato de servicio atrajo a muchos adultos. Jacobson lo que hizo fue darle una forma nueva a la práctica del judaísmo. Fue el gran reformador de los reformadores.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Explaining Reform Judaism de Eugene N. Borowitz y Naomi Patz, y otras fuentes.

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129. El gran gueto: la “Zona de Residencia” en Rusia.

Desde los siglos VII hasta el XIV hay evidencia de la presencia de judíos en lo que hoy es Bielorrusia, Ucrania y la Rusia europea. Eran pocos comparados con los de los países vecinos de Rusia. Los países de Europa central y oriental, ya tenían una creciente población judía que llegó a Polonia por invitación del rey Casimiro III, después de haber sido expulsados de Inglaterra, Francia, España y haber sufrido persecuciones en Alemania en el siglo XIV. Los judíos se asentaron en la Mancomunidad de Polonia-Lituania, en Hungría y en regiones poco pobladas de Ucrania.

Durante el reinado de la zarina Caterina II la Grande, el imperio ruso tomó posesión de grandes territorios de Polonia y de Lituania que incluían una gran población judía. Esto sucedió durante la segunda (1793) y tercera (1795) partición de la mancomunidad polaco lituana. Caterina estableció que los judíos solo podían vivir en la llamada “Zona de Residencia,” en hebreo “Tjum Hamoshav”, una zona que incluía partes de Lituania, Polonia, Ucrania, Bielorrusia, Moldavia y Rusia Occidental.

El sucesor de Caterina, Alejandro I (1801-1825) amplió las fronteras del imperio hasta Alaska. Después de la derrota de Napoleón, encabezó la delegación rusa en el congreso de Viena que definió el nuevo mapa de Europa. En 1827 Nicolás I sucedió a Alejandro I y decretó el servicio militar para los judíos. Entre ese año y 1854, 70,000 judíos fueron reclutados, lo que provocó indirectamente que el aislamiento cultural y social de los judíos se fuera erosionando poco a poco. Un número importante de judíos adoptaron las costumbres, la educación y el idioma ruso.

Alejandro II lo sucedió, pero fue asesinado en 1881. Su sucesor, Alejandro III, fue un reaccionario y un antisemita. Una ola de pogroms se dio en Ucrania en 1881, con el pretexto de que los judíos habían asesinado a Alejandro II. Los hubo en 166 poblaciones ucranianas, donde miles de casas fueron destruidas y muchas familias reducidas a la pobreza extrema. Hubo muchos judíos heridos y asesinados. La ola de pogroms continuó hasta 1884, incitados inclusive por las mismas fuerzas del orden. En 1886 expulsaron a los judíos de Kiev y en 1891, de Moscú. En 1892 se les prohibió ser candidatos a elección para la Duma, el parlamento. Otra ola de pogroms se dio entre 1903 y 1905 dejando 1,000 judíos muertos y 7,000 heridos.

La respuesta judía a esta situación fue la emigración, principalmente a Estados Unidos. Entre 1881 y 1924 más de 2 millones de judíos llegaron a Estados Unidos, aunque no fue el único lugar. También emigraron a Australia, Canadá, Europa Occidental, Sudamérica, Sudáfrica y a Palestina con la primera aliyá de Bilu y de Hovevei Zion en 1882. Al final del siglo XIX y principios del XX, Rusia tenía la comunidad judía más grande del mundo. En el censo de 1897 habían 5,189,401 judíos, el 4.13% de la población total. Los que vivían dentro de la “Zona de Residencia” representaban el 11.5% de la población de esa área. La “Zona de Residencia” duró más de 100 años y terminó con la revolución rusa de 1917. Fue sin duda el “gueto” más grande que ha habido.

Por Marcos Gojman
Bibliografía: Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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