103. Lo haces porque estas convencido.

La idea que Dios premia a los que cumplen Sus mandamientos y castiga a los que no, se menciona continuamente en la Biblia. Estas menciones se dan a pesar de lo difícil que es probarlo, ya que en muchas ocasiones los justos sufren y a los malvados les va bien. Esta pregunta se plantea abiertamente en el libro de Salmos, en el Eclesiastés y especialmente en el de Job, que trata el tema a profundidad. A pesar de lo difícil que es encontrar una respuesta, la creencia básica en el concepto de premio y castigo no afectó para que en muchos pasajes bíblicos se mencione que la mala conducta afecta no sólo a todo el pueblo, sino también a los individuos. En todos los casos se habla de premio y castigo aquí en la Tierra y en esta vida.

Esto cambia en la época Macabea, cuando hombres y mujeres eran asesinados por ser leales a la fe judía. En vista de esta clara contradicción, los sabios empiezan a manejar el concepto de que el premio y el castigo no sólo es aquí y ahora, sino que primordialmente se va a dar en el Mundo Venidero, el Olam Hava, a donde se supone que llega el alma de la persona al morir. Maimónides enfatiza en sus escritos este punto y lo incorpora como uno de los principios básicos del judaísmo. A este cambio se le añade el concepto rabínico de que lo que hacemos en este mundo es acumular puntos para que a nuestra alma le vaya bien en el mundo venidero (Pirkei Avot 4:22).

Muchos pensadores de la Edad Media trataron el tema. Algunos entendían que lo ideal es que las personas cumplan los mandamientos por convencimiento propio y por amor a Dios, más que por el premio o el castigo, aunque esto último seguía siendo el concepto más aceptado por la gente.

El creer en el principio de premio y castigo fue duramente cuestionado por el Holocausto. La frase “después de Auschwitz” se convirtió en el código de la postura que duda si Dios realmente premia y castiga. Richard L. Rubinstein, en su obra “Después de Auschwitz”, es categórico al decir que ya no puede creer en el principio de premio y castigo. Pero por otro lado, Elie Wiesel mantiene una postura como la de Job, la de mantener la fe en Dios. Los sectores más conservadores sostienen que no tenemos la capacidad para entender la Justicia Divina, que Dios si premia y castiga, a pesar de que muchas veces no lo entendamos así.

Algunos pensadores como Kohler, Kaplan y Buber dicen que no hay que tomar el principio de premio y castigo de manera literal y que más que pensar que se aplica al individuo, debemos de pensar que se aplica a todo el grupo social. El concepto de premio y castigo debe verse a largo plazo, donde las buenas acciones nos llevan a una sociedad más justa, mientras que lo contrario nos lleva a un mundo lleno de maldad.

Cumplir los mandamientos por su valor intrínseco, más que por la expectativa de recibir un premio o un castigo, es más loable y atestigua el compromiso de una persona con sus valores. Los cumples porque estás convencido. Así de simple.

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografía: “The Jewish Religion, a Companion”, de Louis Jacobs y otras fuentes.

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102. Yizkor: ¿Qué Él recuerde o que tu no olvides?

El servicio de Yizkor se conmemora cuatro veces al año: en Yom Kipur, en Shemini Atzeret, el penúltimo día de Sucot, en el último día de Pesaj y en el segundo día de Shavuot. El propósito principal es recordar a nuestros difuntos dando tzedaka. La teoría es que las buenas acciones de los vivos elevan las almas de los muertos. Yizkor quiere decir “que Él recuerde”.

En el libro de los Macabeos II (12:43-46) se cuenta que Yehuda HaMacabi envió un donativo al Templo de Jerusalem, como un sacrificio expiatorio para que el alma de los combatientes fallecidos sea absuelta de sus pecados. La fuente más antigua que habla de Yizkor es el Midrash Tanjuma, que menciona la costumbre en Yom Kipur de recordar a los difuntos con un donativo.

La costumbre ashkenazi de también conmemorarlo en las otras fiestas posiblemente empezó en la época de las cruzadas, cuando a raíz de las matanzas perpetradas por los cruzados, muchas comunidades judías fueron borradas del mapa. Los sobrevivientes anotaban en un libro, el “Sefer Hazikaron”, los nombres de los fallecidos. El más antiguo que se conoce es de una comunidad de Nuremberg e inicia en el año de 1296. Esos libros también se les llamó “Sefer Hazkarat Neshama”, el libro del recuerdo de las almas. En él los nombres de los fallecidos se escribían iniciando con la frase «Yizkor Elohim nishmat . . .», que Dios recuerde el alma de …..

Existe la superstición en muchas comunidades que si los padres de alguien están vivos, esta persona debe de salirse del templo durante Yizkor, algunos dicen para no tentar al “mal de ojo” si te quedas sentado mientras los dolientes están de pie. No hay ninguna regla que diga que deban abandonar el servicio los que sus padres están vivos. Inclusive muchos rabinos sugieren que todos se queden en Yizkor para que así toda la congregación recuerde a los mártires del pueblo judío, como los fallecidos en el Holcausto y en las guerras libradas por el Estado de Israel. Además para dar consuelo a aquellos que han perdido familiares y que el servicio de Yizkor los conmueve de manera especial.

El conmemorar Yizkor presupone el concepto judío de que el alma es inmortal y aunque el difunto ya no puede realizar buenas acciones, si se puede beneficiar de las plegarias, los donativos y otras buenas acciones que los que los sobreviven pueden realizar en su nombre. El fondo de Yizkor es el pedirle a Dios que recuerde a nuestros parientes y que los incluya en el vínculo de vida en el paraíso, al lado de nuestros patriarcas, nuestras matriarcas y otros grandes personajes. A cambio prometemos hacer tzedaka a su nombre.

Yizkor es ese momento especial que nos ayuda a recordar a ese ser querido que ya no está con nosotros. Es ese momento en que, en comunidad, nos consolamos unos a los otros. Más que necesitar que Él los recuerde, nosotros necesitamos no olvidarlos.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Artículos de Dr. Ron Wolfson, Rabbi Jack Abramowitz y otras fuentes.

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101. Otro personaje del salón de la fama judía: Isaac Abravanel.

Isaac Abravanel nació en Lisboa en 1437. Fue hijo de Yehuda Abravanel, tesorero de la corte del rey Alfonso V de Portugal. Fue alumno de Yosef Hayim, rabino principal de Portugal. Estudió en su juventud Talmud y materias seculares y a los veinte años ya escribía sobre filosofía judía. Entró al servicio del rey a esa edad y se ganó su confianza. Usó su posición para ayudar a judíos en problemas, como en Arzilla, Marruecos, cuando los moros secuestraron a un grupo de judíos y los vendieron como esclavos. Abravanel, con su propio dinero y con apoyo de otros, ayudo a rescatar a muchos cautivos. A la muerte de Alfonso V, tuvo que dejar su puesto por presión del nuevo rey Juan II y finalmente tuvo que huir a Castilla, en España, para salvarse de una falsa acusación de conspiración que el nuevo rey le había imputado.

En Toledo, su nuevo hogar, se dedicó a comentar la Biblia y en pocos meses escribió comentarios sobre los libros de la Torá y de los profetas. Pronto entró al servicio de la casa real de Castilla, al servicio personal de la reina Isabel. Ayudó económicamente en esa época al ejército real en su lucha contra los moros. A pesar de su ayuda para ganar la guerra, se encontró con la triste sorpresa del edicto real que expulsaba a los judíos de España. Hizo todo lo posible por que se revocara, inclusive llegó a ofrecerle 30,000 ducados al rey, pero todo fue en vano. Abravanel fue presionado por los reyes católicos para que se convirtiera al catolicismo y así pudiera conservar su puesto en la corte. Pero él se rehusó a hacerlo.

Salió de España hacia Nápoles, donde también muy pronto entró al servicio del rey. Su tranquilidad duró poco, ya que los franceses tomaron la ciudad y en 1495 huyó con el joven rey Ferdinand y se establecieron en Venecia en 1503. Su gran capacidad diplomática y financiera ayudó para negociar un tratado comercial entre Portugal y la república veneciana. Murió en Venecia en 1508.

La importancia de Isaac Abravanel, además de sus acciones en el campo de la diplomacia y las finanzas, está en sus comentarios sobre la Biblia, que aunque no eran completamente originales, estaban escritos de una forma muy didáctica, por lo que fueron muy populares, no solo entre los estudiosos judíos sino también entre algunos académicos cristianos. En sus introducciones a cada libro de la Biblia explicaba su carácter, comparaba la época en que se había escrito con la suya y explicaba la intención de su autor. También escribió sobre filosofía de la religión y fue en especial un defensor de la doctrina de la llegada del Mesías. Sentía profundamente la desesperanza y la desesperación de sus hermanos judíos por la expulsión de España y pensaba que el creer que estaba próxima su llegada, mitigaba su dolor.

Isaac Abravanel fue una combinación de erudito, diplomático, financiero, pero en especial de guardián del bienestar de su pueblo. Por eso está en el salón de la fama del judaísmo.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: The Jewish Encyclopedia, Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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100. El triángulo de la identidad judía.

1. El lado formal. Los judíos ortodoxos y los conservadores definen el ser judío si se es hijo de madre judía. Los reformistas aceptan como judío a quien sea hijo de una madre o de un padre judío. Las tres aceptan como judío a cualquier persona convertida al judaísmo de acuerdo a las reglas de cada una, aunque los ortodoxos no aceptan las conversiones de las otras dos. En 1950, la Knesset, el parlamento israelí, promulgó la Ley del Retorno, que le da a todo judío el derecho a vivir en Israel y convertirse en ciudadano. En 1970, para efectos de esa misma ley, definió como judío a quien tiene una madre o una abuela materna judía, a quien tiene ascendencia judía, como un padre o un abuelo judío o a quien se convirtió al judaísmo de acuerdo a las reglas de alguna de las tres denominaciones, la ortodoxa, la conservadora o la reformista. El proceso de conversión de estas dos últimas solo es aceptado si se hizo fuera de Israel.

2. El lado de la práctica. La práctica del judaísmo tiene infinidad de facetas que se expresan en el quehacer cotidiano, en hacer algo con contenido judío en un lugar y en un momento dado. Observar los mandamientos y las costumbres religiosas, es lo más obvio. Pero la observancia religiosa no es el único camino en la práctica del judaísmo. El trabajo en instituciones judías es otro camino. El estudio de la filosofía, la historia, la religión y el arte judío es también una faceta de su práctica. El leer, escuchar música, apreciar obras de arte judías también lo es. Hablar en hebreo, en idish o en ladino también lo es. Estar al tanto de las noticias de lo que sucede en Israel y en el mundo judío también lo es. Participar en actividades con contenido judío, como ser parte de un coro, de un conjunto de bailes, de un grupo de estudio, también lo es. Cocinar platillos típicos judíos también lo es. El llevar una conducta ética, de acuerdo a los principios que nos marca la Torá y realizar acciones de Tikun Olam, también es practicar el judaísmo. En fin, la lista es muy larga. Y cada uno puede escoger el tipo y la frecuencia de su práctica judía.

3. El lado sentimental. El sentirse judío es el tercer lado del triángulo de identidad. Se expresa en nuestro sentimiento por todo lo judío. Es la felicidad que nos da el celebrar eventos como un brith mila, una boda, una bat mitzvah, un seder de pesaj en familia, un kabalat shabat en comunidad, etc. Es el dolor que sentimos cuando hay un conflicto bélico en Israel, un incidente terrorista, una condena a Israel en los foros internacionales, una discriminación a lo judío de cualquier tipo. También es ese sentimiento de orgullo que nos dan los logros tecnológicos de Israel, los de científicos y académicos judíos en todo el mundo, la creatividad de escritores, artistas y músicos judíos, la actuación de judíos en todas las esferas del quehacer humano. Y también es el sentimiento de vergüenza cuando algún judío se comporta de manera reprobable. En resumen, es cuando el sentirse judío se convierte en ese camino espiritual que te llena el alma.

El triángulo es la figura geométrica más sólida. Bien integrado es difícil romperlo. Igual sucede con el judaísmo. Ser judío por definición, por acción y por sentimiento es el triángulo de una identidad judía sólida. Si te falta un lado, tu judaísmo no es estable. Tu identidad se pierde.

Por Marcos Gojman, basado en la teoría de la Axiología Formal de Robert S. Hartman.

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99. Son por costumbre.

Costumbres son rituales, ceremonias y prácticas adoptadas por un grupo en particular o por todo el pueblo en general. Cuando se observa que la gente sigue una forma específica de conducta, esa práctica adquiere una especie de estatus legal en el judaísmo. Como está escrito en el tratado Berahot del Talmud (45ª) “Sal y observa lo que la gente está realmente haciendo”.

Minhag, que en hebreo quiere decir costumbre, viene de la raíz N-H-G que quiere decir seguir o conducir y por extensión se refiere a la conducta personal. Hay costumbres, minhagim, que datan de la época talmúdica, como el agitar las ramas de sauce en Hoshana Rabah, el séptimo día de Sucot. En la literatura rabínica se habla de la importancia de mantener esas costumbres que han durado mucho tiempo. En Tosafot o Menahot 20b se dice que “el minhag de nuestros padres es equivalente a la Torá”. El rabino Moises Isserles, quien adaptó el Shuljan Aruj de Yosef Caro a las costumbres ashkenazim, decía que se debían conservar las costumbres mantenidas de antaño.

Por ejemplo, en Alemania en la Edad Media, los judíos seguían algunas prácticas copiadas de sus vecinos no judíos. Un ejemplo es la costumbre de romper una copa de vidrio en la ceremonia de matrimonio. Los alemanes cristianos lo hacían buscando con eso “engañar” a los demonios, haciéndoles creer que la ceremonia era una catástrofe y no a una celebración, para que dejaran tranquilos a los novios. Esta costumbre fue adoptada por los judíos alemanes y se convirtió en una práctica común, la cual fue eventualmente aceptada por los rabinos, aunque le dieron un significado diferente, el de recordar, en el día de la boda, la destrucción del Templo de Jerusalem.

Otro ejemplo es la ceremonia de Kaparot, expiación, en Yom Kipur. Los judíos ashkenazim la practicaban sacrificando un gallo joven para expiar sus pecados. Yosef Caro escribió en el Shuljan Aruj que eso era una práctica supersticiosa y que había que abolirla, pero Moises Isserles la presentó en su glosa como una costumbre con toda la fuerza de ley.

Siempre había un clima de tensión a la hora de aceptar nuevas costumbres. Por un lado estaba la necesidad de entender la cultura del grupo y mantenerlo fiel al judaísmo, pero por el otro lado estaba el origen pagano de muchas de ellas. En general, costumbres muy arraigadas eran mayormente aceptadas por los rabinos más que rechazadas. Es obvio que a muchas de estas costumbres se les daba después una explicación para darles algún sentido judío.

Las diferencias de costumbres no solo se dan entre judíos ashkenazim y sefaradim. También las tenemos entre las diferentes denominaciones. Los judíos reformistas consideran que la mayoría son supersticiones y por lo tanto las desechan, mientras que los judíos ortodoxos, aunque reconocen que su origen puede ser no muy judío, las mantienen como un aspecto folclórico del judaísmo y como una barrera a la asimilación. Se mantienen, pues, por costumbre.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Artículos de Abraham Chill y William Rosenau citados por Louis Jacobs en “The Jewish Religion, a Companion” y otras fuentes.

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98. Cubrirse la cabeza, ¿es una mitzvah?

La tradición judía requiere que las mujeres se cubran su pelo como un acto de modestia frente a los hombres y los hombres se cubran la cabeza como un acto de humildad y reverencia ante Dios, a pesar de que no existe en la Torá un mandamiento explícito al respecto.

En el tratado Nedarim del Talmud, que toca el tema de las promesas, en el versículo 30.b se menciona, fuera del tema, que los hombres a veces se cubren la cabeza y a veces no, pero que el pelo de la mujer siempre está cubierto y el de los niños siempre está descubierto. Esta mención le dio categoría de halaja a la costumbre de que las mujeres casadas se cubran el pelo. Ya en la época de la Mishnah era una práctica universal que el pelo de la mujer estuviera cubierto y el no respetar esta costumbre era causa de divorcio. En el caso de los hombres, era opcional el cubrirse o no.

Es un tema muy debatido entre los expertos en halaja, el que los hombres deban cubrirse la cabeza todo el tiempo. Maimónides dice que se deben cubrir la cabeza durante los rezos o durante el estudio de textos religiosos. En la Edad Media, rabinos franceses y españoles consideraban el cubrirse la cabeza al rezar o estudiar como una costumbre y no un mandamiento y muchos de ellos rezaban con la cabeza desnuda. Consideraban que sólo para los grandes eruditos era indispensable cubrirse la cabeza.

Con el tiempo, el que los hombres se cubran la cabeza se convirtió en una práctica recomendada por los rabinos ashkenazim. Aunque ellos decían que sólo era una costumbre valiosa y no un mandamiento, puesto que no había ninguna regla que prohibiera rezar con la cabeza descubierta, pero el cubrirse era para ellos un símbolo de reverencia a Dios. Otros justificaban esta práctica, usando como fundamento el mandamiento de no copiar las costumbres de otros pueblos, argumentando que los hombres cristianos rezan con la cabeza descubierta.

En la actualidad, en los grupos ultraortodoxos, las mujeres casadas se rapan el pelo y se cubren la cabeza con una peluca o con un pañuelo. De esta manera garantizan al 100% cumplir con la costumbre de no mostrar su pelo. En otros grupos, las mujeres sólo se cubren total o parcialmente el pelo, especialmente en la sinagoga. Hoy en día, el cubrirse la cabeza se ha convertido en la forma de demostrar si perteneces a un grupo “observante” o no, tal como lo dijo en una responsa el que fuera el rabino principal sefaradí, Ovadia Yosef, quien dijo que los hombres se deben de cubrir la cabeza todo el tiempo, para mostrar que pertenecen a la comunidad religiosa observante. Por el otro lado, en el siglo XIX, el rabino Isaac Wise, líder del judaísmo reformista, rechazó el uso de la kipah totalmente, aunque esta práctica ha regresado al movimiento reformista.

El cubrirse la cabeza no aparece como una mitzvah dentro de la lista de las 613 mitzvoth. Pero la evolución de esta costumbre, tanto para hombres como para mujeres, la ha convertido, para algunos, en algo tan obligatorio como una mitzvah de la Torá. Pero para otros no lo es.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: The Jewish religion. A companion, de Louis Jacobs y otras fuentes.

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97. La Cabalá y la expulsión de España.

En 1492 los judíos de España fueron expulsados por decreto real y cinco años más tarde, los judíos de Portugal sufrieron un destino similar. EL judaísmo ibérico había vivido en paz con sus vecinos musulmanes y cristianos durante cientos de años. Eran las comunidades judías más estables y prósperas desde la época de los reinos de Judá y de Israel.

Los judíos sefaradim no pudieron llevarse consigo riquezas materiales, pero sí el inmenso tesoro que eran sus logros intelectuales. En ningún campo fue esto más evidente que en el de la Cabalá, la mística judía, esa conexión espiritual que los individuos pueden desarrollar con lo Divino. En el siglo XVI, el Zóhar, el libro fundamental de la Cabalá, ya era parte integral del pensamiento religioso judío de la época. Como consecuencia, nuevos centros de estudio del misticismo judío se establecieron en Italia, Turquía y sobre todo en Safed (Tz’fat), en la Tierra de Israel.

Grandes sabios se establecieron en Safed. Uno de ellos fue Moisés Cordovero, quien a la edad de 16 años recibió la “smija”, el título de rabino, de su maestro, rabí Jacob Berab. En 1542, a los veinte años, empezó a estudiar la Cabalá al lado de Salomón Alkabetz, autor del Lejá Dodí, himno que se canta en Shabat. En 1550 Cordovero fundó una academia de estudios cabalísticos en Safed, misma que dirigió hasta su muerte en 1570. Su principal obra fue Or Yacar (Luz Preciosa), un análisis del Zohar. Fue en su academia donde Isaac Luria inició sus estudios de Cabalá.

El rabino Isaac Luria (1534-1572) fue el estudioso que más ha influido al misticismo judío medieval. Se le conoce por las siglas “Ari” (el león). Se le considera el padre de la Cabalá moderna. Luria enseñó su pensamiento místico a una decena de alumnos hasta su muerte, a la edad de 38 años, a causa de una epidemia. Su alumno, el rabino Hayim Vital, puso por escrito sus ideas y a su vez, las enseñó a un grupo selecto, en consonancia con los deseos de Luria de que no se difundieran a las masas.

Aun así, en el siglo XVII, las ideas de Luria y el vocabulario único en el cual se expresaban, no sólo se habían extendido a lo largo de Europa, sino que se habían convertido en un pilar central del pensamiento judío tradicional, una posición que ocupan hasta nuestros días. El gran mérito de Luria es que convirtió a la Cabalá en un sistema más accesible.

El profesor Gershom Scholem, de la Universidad Hebrea de Jerusalem, decía que Luria y sus seguidores desarrollaron esta ideología religiosa como una respuesta directa a las aflicciones del pueblo judío de la época. El exilio de los judíos ibéricos fue una tragedia tan grande como la destrucción del Templo en el año 70 EC. Se necesitaba una respuesta a la cuestión de la existencia del mal en el mundo, el tipo de mal que había forzado a miles de judíos a convertirse al cristianismo, que mató a otros miles de judíos y que finalmente mandó a los judíos ibéricos al exilio. La Cabalá fue esa respuesta.

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografía: Essential Judaism de George Robinson, Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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96. ¿Qué no sabes en que día vives?

El Calendario es una cuenta sistematizada del transcurso del tiempo y se utiliza para la organización cronológica de actividades. El origen del calendario judío no se puede establecer con exactitud. En Éxodo 12:2 está escrito: «Este mes será para ustedes el principio de los meses. Será el primer mes del año para ustedes”. Este versículo es una de las primeras menciones que implican el uso de un calendario. El calendario judío en su forma actual se sabe que existe desde hace 1600 años. Previamente, el Sanhedrín se encargaba de definir el calendario a través de un consejo llamado Sod-ha-ibur, que literalmente significa «secreto de la intercalación del calendario». Pero fue en el año 359 EC cuando las reuniones del Sanhedrín fueron prohibidas por el emperador romano Constancio II y para evitar que el pueblo judío se quedara sin calendario, Hillel II, Nasi del Sanhedrin, decidió hacer público los secretos de su estructura.

El calendario judío se calcula de acuerdo a dos ciclos: el lunar y el solar. Esto se debe a que los días y las fechas de las ceremonias religiosas se determinan por las fases de la luna, mientras que las estaciones se basan en la revolución de la tierra alrededor del sol. Este sistema dual fue necesario porque el año lunar, de doce meses, es aproximadamente once días más corto que el año solar. Si no se corrigiese esta diferencia, con el paso de los años, las festividades que constituyen el eje donde gira la historia judía, variarían de estación, hecho que alteraría su carácter. Pesaj, la fiesta de la primavera, podría haber caído en invierno.

El problema se resolvió insertando en algunos años un mes extra, con lo que se logra que las fiestas coincidan con la estación correspondiente. En un ciclo de 19 años, el calendario judío tiene siete años que tienen 13 meses en vez de 12. Ese mes extra, Adar Bet, se agrega a los años 3, 6, 8, 11, 14, 17 y 19. Además, en vista que un mes lunar dura 29 días, 12 horas y 44 minutos, algunos meses del calendario judío tienen 29 días y otros 30, dependiendo del tipo de año de que se trate.

Antiguamente los meses eran denominados tan sólo por su orden numérico, comenzando en la primavera boreal con el primer mes. Después los nombres de los meses hebreos fueron tomados del calendario babilónico. Por ejemplo el mes de Tishrei se llamaba “Tashritu” en babilonio.

La cuenta de los años judíos, como la conocemos en la actualidad, data de la Edad Media. Nuestros sabios definieron la Creación del Mundo como el punto de partida para contar los años. El cálculo se basa en la Biblia, en las listas de las generaciones que siguieron a Adán y a Noé y sus hijos (Cap. 5, 10 y 11 de Breishit) y a los diferentes eventos históricos. Así, Rabi Yossi ben Halafta, calculó que el mundo fue creado en el año 3761 AEC (Antes de la Era Común) y Maimónides coincidió con él. Hagamos la cuenta: 3761 años más 2014 años de la Era Común nos da 5775 que es el año judío en curso. Gracias a nuestros sabios, sí sabemos en qué día vivimos.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: The Beginning of the Jewish Calendar de Bernard Dickman, Development of the Hebrew calendar de John Lemley y Counting the years de Rabbi Rachel M. Solomin.

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95. La ley escrita y la no escrita.

La ley escrita, en inglés Statutory Law, son esas leyes que están escritas en códigos y que fueron promulgadas por un cuerpo legislativo, como por ejemplo los parlamentos, las cámaras de diputados o de senadores o los sínodos de religiosos. En este sistema, los jueces deben apegarse a lo que dice la ley escrita para dictar una sentencia.

Por otro lado, la ley no escrita, en inglés Common Law, es un conjunto de normas legales que no están basadas en un código escrito, sino en el espíritu y las costumbres de la comunidad. Esas normas se desarrollan de forma gradual en base a las decisiones de los jueces que, aunque toman en cuenta decisiones anteriores, las van adaptando a las nuevas circunstancias. Ese conjunto de decisiones de los jueces puede ponerse por escrito, pero no por eso se convierten en ley. Sólo sirven para que otros jueces las puedan consultar.En ese entorno no había colegios de abogados, por lo que los viejos de la aldea, que poseían la sabiduría del tiempo, determinaban el mejor fallo en una situación dada.

Sin embargo, en la Europa del siglo XIX, con la creación de las nuevas naciones y el hecho que la mayoría de la población ya era urbana, se tuvo la necesidad de unificar los criterios de los jueces y formular una serie de reglas que finalmente quedaron escritas en códigos.

En la Biblia,los jueces no tenían códigos escritos que consultar. El profeta Natán cuestiona al rey David en el episodio de Batsheva y le relata una situación ficticia donde alguien que tenía un gran rebaño le quita su único animal a otro. Natán le pregunta al rey cual debe ser el castigo en este caso y David lo sentencia a muerte. Si los mandamientos bíblicos hubieran tenido en esa época el carácter de ley escrita, David debería de haber consultado Éxodo 21:37 que dice: “Si un hombre roba un toro o una oveja y lo mata o lo vende, debe de pagarle al legítimo dueño cinco toros por el toro o cuatro ovejas por la oveja” y no haber dado esa sentencia.

La jurisprudencia judía retuvo su naturaleza de ley no escrita desde el final de la época bíblica hasta los principios del judaísmo rabínico. Los rabinos continuamente interpretaban las escrituras de forma tal que le permitía a la ley el adaptarse a las necesidades del momento. El codificar la halaja, la ley, era expresamente desalentado y hasta prohibido. El mismo Talmud Babli, más que un código, es una recopilación de una larga serie de discusiones entre los sabios.

Entonces, ¿cómo es que el judaísmo llegó a aceptar los códigos de Maimónides y de Josef Caro? Igual que en la Europa del Siglo XIX, el Mishne Tora de Maimónides y el ShuljanAruj de Caro buscaban unificar al pueblo judío con una sola interpretación de la ley. Josef Caro defendía su obra alegando que el judaísmo podía llegar a tener un número infinito de Torás si no se unificaban las interpretaciones. Pero para el rabino Luria, por el contrario, había que celebrar esa multitud de opiniones, ya que “las almas de Israel” estaban dotadas de diferentes capacidades y cada una tenía un pedacito de esa Gran Verdad. Pero como en Europa, con el tiempo, los códigos escritos se impusieron en el judaísmo. La ley escrita se impuso sobre la ley oral. Qué lástima.

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografía: Joshua Berman “What is this thing called law?” Publicado en Mosaic.

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94. El Señor Ashkenazi es sefaradí.

Es de todos conocido el hecho que los judíos ashkenazim y los sefaradim tienen costumbres diferentes. Empezando por la misma halajá, pues los judíos sefaradim siguen las reglas marcadas en la versión original del ShuljanAruj de Yosef Caro y los judíos ashkenazim siguen una versión modificada por el rabino MoisesIsserles. Esas diferencias en la interpretación de las mitzvoth normalmente se quedan en el mundo de las yeshivoth, pues su impacto en la vida diaria es menos evidente.

Pero hay una serie de costumbres diferentes que saltan a la vista de cualquier persona. Y esas diferencias se vuelven como los uniformes de los equipos deportivos. Sirven para distinguir al grupo, pero en el fondo no tienen ninguna trascendencia. Veamos algunas:

*En Pesaj usualmente los ashkenazim no comen kitniyot, que son leguminosas, granos, mijo y arroz, mientras que los sefaradim si los comen.
*Los ashkenazim mezclan pescado con productos lácteos, mientras que algunos judíos sefaradim no lo hacen.
*En Januka los sefaradim comen sufganiot y los ashkenazim comen latkes.
*En la forma de cocinar y lavar los trastes también hay diferencias entre los dos grupos.
*Los ashkenazim usualmente prefieren que las mujeres casadas o viudas se cubran la cabeza con pelucas.
*En cuanto a las reglas de kashrut para la carne, los sefaradim tienen reglas más estrictas. Productos de carne que los ashkenazim comerían son rechazados por los sefaradim.
*Los ashkenazim utilizan los nombres de familiares fallecidos para nombrar a sus recién nacidos, mientras que los sefaradim les ponen el nombre de los abuelos, sin importar que estén vivos.
*Los tefilim de los ashkenazim son diferentes de los sefaradim por la forma de ponerse. Los tefilim ashkenazim se enrollan hacia el cuerpo y no hacia afuera del cuerpo como lo hacen los sefaradim. Además los ashkenazim se los ponen estando de pie, mientras que los sefaradim pueden ponérselos sentados. También hay diferencia en la forma de atar los tzitzit en el talit.
*La pronunciación ashkenazi del hebreo es diferente al de los sefaradim , como por ejemplo la forma de pronunciar la letra Tav.
*Los hombres ashkenazim usan el talit a partir de que se casan y los sefaradim desde la barmitzvah.
*Los ashkenazim usan un kittel, una bata blanca en RoshHashana, mientras que los sefaradim no lo hacen aunque con ellos se acostumbra vestir de blanco.
*En la tradición sefaradí, el decir Selijot como preparación antes de RoshHashana, se hace temprano en la mañana durante todo el mes de Elul, mientras que los ashkenazim lo hacen la noche del sábado antes de la fiesta.
*Hay también diferencias en los rezos. Por ejemplo el kadish de los sefaradim tiene algunas frases adicionales al kadish ashkenazi.

Como ven, las diferencias de costumbres entre sefaradim y ashkenazim son más de forma que de fondo. Y los matrimonios entre los dos grupos cada vez son más frecuentes, lo que aun minimiza más esas diferencias. El viejo Sr.Ashkenazi seguirá siendo sefaradí, pero quizá la Srita. Ashkenazi pudiera terminar casada y transformada simplemente en alguien judío, sin adjetivos.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: The Jewish Encyclopedia, Encyclopaedia Judaica y otras fuentes.

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