83 Los que creen tener la verdad absoluta.

Fanatismo es el exceso de celo en materia religiosa y es especialmente grave cuando es dirigido hacia los otros. El Judaísmo, como otras religiones, ha tenido que encarar el problema de cómo lograr el balance entre una lealtad completa, llevada con entusiasmo y convicción, y el celo desenfrenado de algunos que, al actuar, parecen ignorar los valores mismos que predican.

La Torá nos presenta varios ejemplos de fanatismo. Uno es la historia del rapto de Dinah, donde a pesar de que Jacob y sus hijos llegaron a un acuerdo con el príncipe de Shejem, dos hijos de Jacob, Simón y Levy, matan de todos modos a los varones del pueblo. Jacob, en su lecho de muerte, al bendecir a cada uno de sus hijos, condena la acción de Simón y Levy.

Keneth Seeskin, en su libro “Maimónides, una guía para los perplejos de hoy” nos dice: “En el asunto de fanatismo, Maimónides señala en su obra intitulada Ocho Capítulos que, de acuerdo a la Torá, Dios no quiere y en muchos casos no acepta, la conducta extremista. Dios no quiere que la gente se mate de hambre, se atormente a sí misma, haga votos de celibato o soporte privaciones. Lo que Él quiere es un trato honesto con tu prójimo, la moderación de las pasiones, el respeto al pobre, la viuda, el huérfano, el enfermo y el extranjero, el descanso en Shabat y en general, una vida en la que podamos crecer a nuestro máximo potencial. Es cierto que la Torá pide disciplina moral y religiosa, pero nunca recomienda la disciplina por la disciplina misma. El propósito de la ley no es el promover la obediencia incuestionada a la autoridad. Es más bien el crear un ambiente en donde el hombre pueda perfeccionar su alma y la sociedad donde vive”.

En Levítico 19:18 y 19:34 se expresa por primera vez la Regla de Oro: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El mismo Kant en el siglo XVIII decía que este principio era la base de todo sistema ético y que todo mandamiento, juicio moral o acción deben ser completamente compatibles con él.

Seeskin continúa: “Si Maimónides está correcto, los mandamientos divinos tienen como su objetivo la excelencia humana (Guía 3:27). Ningún mandamiento ordena una forma de conducta que no nos inculque una correcta forma de pensar, que no contribuya a la armonía social y que no nos provea de salud física y mental.”

Hoy en día nuestro mundo esta desgarrado por hombres y mujeres que claman que Dios está de su lado y que, convencidos de lo correcto de sus posturas, cometen actos físicos o sicológicos de destrucción violenta. Estos individuos son impulsados por la seguridad de creer que ellos conocen las verdades sagradas y por lo tanto están moralmente obligados a hacer todo lo que esté en sus manos para imponerlas, sin importar el sufrimiento de los otros. Junto con su inflado sentido de rectitud, certeza moral y pureza ideológica, tienen la tendencia a deshumanizar y hasta demonizar a aquellos que se les oponen. Ellos creen que tienen la verdad absoluta. Pero no es así.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Keneth Seeskin, “Maimónides, A Guide for Today´s Perplexed”y artículos de Rabi Louis Jacobs y James Green

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82 Gracias Rashi, ahora ya le entendí.

Es muy difícil estudiar alguna parte del Tanaj sin mencionar los comentarios de Rashi. Nadie más ha tenido un impacto tan profundo en los estudios judaicos en los últimos mil años como lo tuvo él. Además de sus comentarios sobre la Torá, Rashi comentó la mayoría de los libros de la Biblia judía y la mayoría de los tratados del Talmud Babli. Sus comentarios son, sin duda, la base para entender las Escrituras Judías y sus principios fundamentales.

Rashi, el acrónimo de Rabi Shlomo ben Yitsjak, vivió en Francia en la época medieval. Nació en Troyes, en la provincia de Champagne, en el año 1040 y murió ahí mismo el 13 de julio de 1105. En sus escritos usó los dos métodos básicos de interpretación, el «peshaṭ» y el “derash.», la interpretación literal y la no literal, con esta última utilizando comúnmente el Midrash. Además de comentar los textos básicos del Judaísmo, también tenía una casa de estudio, aunque no vivía de enseñar sino de comerciar con vinos.

Rashi tuvo tres hijas quienes se casaron con grandes eruditos. Sus nietos fueron los famosos Tosafot, un grupo de estudiosos que, irónicamente, fueron los primeros en disentir de los comentarios que su abuelo hizo del Talmud. El principal fue su nieto Yacob, conocido como Rabeinu Tam. El cuestionar los comentarios de Rashi, provocó un gran interés por el estudio del Talmud. Con el tiempo, sus nietos se dispersaron por el mundo, fundando casas de estudio.

El primer texto judío impreso que se conoce fue un comentario de Rashi de la Torá, el cual se imprimió en Reggio en 1475. Rashi usaba un lenguaje no sólo claro sino preciso, siempre respetando el verdadero contexto del texto en cuestión, además de su significado y reproduciendo todas las variantes de pensamiento que había sobre el tema. Su fama pronto se extendió más allá de los límites de Francia, hacia Alemania, España y el Medio Oriente. Rashi casi nunca cuestionaba los textos que comentaba, pero anticipando las dudas que el estudioso tendría, él proporcionaba la respuesta adecuada, usando palabras muy bien escogidas. Sus comentarios del Talmud se han impreso en prácticamente todas las ediciones, desde la primera que se hizo en Italia. Rashi tuvo una influencia decisiva en establecer el texto definitivo del Talmud, al comparar diferentes manuscritos y determinar cuáles versiones eran las más apropiadas. En sus comentarios sobre la Biblia examina no sólo el significado literal del texto, sino también usa alegorías, parábolas y simbolismos para ilustrar su significado no literal.

Breishit 1:16 dice: “Y Dios hizo dos grandes luminarias; la luminaria mayor para dominar el día y la luminaria menor para dominar la noche; también hizo las estrellas.” Los sabios cuestionaron como es que la Torá habla primero de dos grandes luminarias y después habla de una mayor que otra. Rashi lo explica diciendo que en un principio fueron creadas del mismo tamaño, pero como la luna se quejó de que no podía haber dos reyes en el firmamento al mismo tiempo, entonces el Creador hizo más chica a la luna, por quejarse, pero al final la compensó con las estrellas.

Esto es un ejemplo de los comentarios de Rashi. Gracias a él es más fácil entender las Escrituras.

Preparado por Marcos Gojman de varias fuentes.

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81 Los pros y los contras de la imprenta.

Como todos los europeos en general, los judíos fueron afectados profundamente con la propagación de la imprenta. Especialmente en los siglos XVI y XVII este fenómeno tuvo un efecto democratizador. Con libros impresos más baratos que los manuscritos, más sectores de la población, además de los estudiosos o los ricos, podrían encontrar su camino al conocimiento. A diferencia de que anteriormente los maestros decidían qué y cómo impartir el conocimiento, ahora la gente podía estudiar por su cuenta.

Al final de la época medieval se utilizaban manuscritos como base de las lecciones que los maestros impartían en las yeshivoth. Cada profesor presentaba oralmente el texto del manuscrito junto con sus propias interpretaciones, explicaciones y análisis. Estas explicaciones, llamadas hagahot, eran anotadas por sus alumnos en los márgenes del manuscrito. Cuando ese manuscrito era nuevamente copiado a mano, esos comentarios eran habitualmente incorporados al texto principal. Esto explica porque existen varias versiones de un mismo texto.

Pero con el advenimiento de la imprenta, el texto original del autor o el editado por el editor, quedaba fijado de forma permanente. El texto tenía vida propia, separado de las interpretaciones de los maestros. El maestro empezó a perder un poco de su autoridad que le daba el ser el único intérprete del conocimiento.

Además de ampliar la audiencia de estudiosos y permitir el que los alumnos tuvieran un poco de independencia, el libro impreso introdujo nuevos temas y nueva información. Gracias a la intensa actividad de las casa editoriales de Italia, las yeshivoth de Ashkenaz y de Polonia, en los siglos XVI y XVII, fueron inundadas especialmente de libros escritos por maestros sefaradíes medievales, a los cuales tenían un acceso muy limitado. Maimónides, Najmanides, Saadia Gaon y otros muchos, ahora podían ser estudiados de forma directa y a profundidad. Los mismos maestros tenían que considerar a más autores a la hora de presentar sus clases. Ahora tenían mayor acceso a la filosofía y a la interpretación de la Biblia y de los Midrashim.

Pronto surgieron opiniones contrarias al uso indiscriminado de los libros impresos. El rabino de Poznan, Aaron Land, en abril de 1559, escribió un sermón donde atacaba la apertura a los textos impresos. Increíble, pero los libros que ese grupo de rabinos consideraban un peligro para el Judaísmo, no eran sobre filosofía, sino sobre Halajá, como el nuevo código recién presentado por Joseph Karo, el Shuljan Aruj. Sin embargo, sus argumentos para oponerse tenían cierta lógica. El nuevo canon que la imprenta estaba imponiendo implicaba un texto fijo, que no admitía modificaciones a la hora de la transmisión oral. La imprenta podía poner la ley judía en manos de novatos que leían estos textos y pretendían saber cómo aplicarlos. Era como tener un libro de recetas que cualquiera podía usar. Ellos se oponían a que hubiera un solo rabino o un solo código que resolviera a priori cada situación. Decían que la ley debía interpretarse de manera particular en cada caso, basado en el texto del Talmud y no con fórmulas generales. La imprenta tenía sus pros y sus contras.

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografía: Innovative tradition, Jewish Culture in the Polish Lituanian Commonwealth, de Moshe Rosman.

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80 Una en cada puerto.

En la Alemania del siglo XI, los comerciantes judíos acostumbraban viajar, por motivos de su profesión, a la España musulmana, al Norte de África o al Oriente y se ausentaban hasta por varios años, dejando a su esposa y a sus hijos sin sustento y a veces sólo con el apoyo de los papás de ella. Inclusive sucedía que los hombres se casaban por segunda vez en alguna de esas tierras lejanas y empezaban una segunda familia.

Desde los tiempos bíblicos no existía ninguna prohibición a la poligamia. Matrimonios judíos polígamos existían entre judíos que vivan en tierras musulmanas, donde a los hombres se les permitía tener hasta cuatro esposas. Pero en el siglo XI se promulgaron una serie de takanot, edictos, para proteger a las mujeres. Gershom ben Judah, un rabino de Mainz dispuso que un marido no podía estar ausente más de 18 meses y al regreso tenía que permanecer en su hogar mínimo otros seis meses. Además decretó que, aunque los hombres son los que inician el proceso de divorcio, las mujeres tenían que estar de acuerdo en divorciarse. Anteriormente la Halaja, basada en los versículos 24:1 y 24:3 de Deuteronomio, le asignaba un papel pasivo a la mujer. Su opinión no importaba. Rabeinu Guershom introdujo la idea revolucionaria de que la mujer tenía que estar de acuerdo. Se estipuló esta condición en vista que algunos maridos simplemente pagaban a su mujer lo estipulado en la ketubah para poderse divorciar y ya. Esta takanah originalmente solo se aplicaba en Mainz, pero para mediados del siglo se había extendido al norte de Francia, Inglaterra y toda Alemania.

Con esta regla se impedía que, cuando una mujer descubría que su esposo tenía una segunda familia, este simplemente le mandara el papel del divorcio y así resolvía el problema. A partir de esta takanah, el marido no podía divorciar a la primera esposa si ella no estaba de acuerdo. La takanah prácticamente prohibía el tener más de una esposa. Si alguien quería suspender el efecto del edicto y divorciarse sin el consentimiento de la esposa, la takanah estipulaba que se requería que 100 sabios estuvieran de acuerdo para que el marido se pudiera divorciar.

La prohibición rabínica en contra de la bigamia data desde los principios del siglo XI. Rabeinu Guershom ben Judah de Metz prohibió la bigamia o poligamia bajo pena de excomunión, seguramente influido por la norma de monogamia que se practicaba en la Europa cristiana. Su decreto fue aceptado sin oposición por los judíos franceses y alemanes principalmente. La prohibición de la poligamia y la necesidad de que ambas partes tenían que estar de acuerdo para poderse divorciar crearon un cambio en los paradigmas en la vida de los judíos europeos. Con esto, ya no podían tener una en cada puerto.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: A Jewish – Christian Symbiosis, The Culture of Early Ashkenaz por Ivan G. Marcus.

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79. La clase no ha terminado.

El rabino David Hartman en su libro “From Defender to Critic”, comenta que, desde un punto de vista religioso, la creación del Universo y la entrega de la Torá en el Monte Sinai, son sin duda, los dos momento más significativos descritos en la Torá. Ambos implican el hecho que Dios habló. Su Palabra creó el Universo de la nada y también Su Palabra, al darnos la Torá, constituyó el Pacto de Sinai. Sin embargo, estos dos eventos son muy diferentes entre sí: el primero lo podemos representar como el discurso de un artista y el segundo como el discurso de un maestro. Tenemos por un lado al Dios Creador y por el otro al Dios Maestro.

El artista, al crear algo, no está preocupado de que otros entiendan lo que está haciendo. Él lo que necesita es darle salida a su ímpetu creativo. Picasso, Van Gogh o Mondrian, cuando pintaban, no estaban pensando si la gente iba a entender su obra, lo que querían era sacarse eso que traían adentro. Su discurso es un monólogo.

En cambio, el discurso de un maestro lo que busca es comunicarse con el otro, lo que busca es que su alumno lo entienda. Y al hablar piensa en el otro, para que su mensaje cumpla el objetivo de guiar y persuadir. El buen maestro toma en cuenta quien es su “alumno” y su capacidad de entender. No es un monólogo, sino un diálogo.

Usando estos dos modelos podemos ver que la Creación refleja el modelo del artista, donde el discurso divino es un monólogo. En cambio el Pacto en Sinai refleja un discurso que va dirigido a una audiencia con el fin de influirla y de guiarla. En la Creación, la humanidad no juega ningún papel, en el Sinai juega el papel del que escucha, del que recibe el mensaje. El discurso de Sinai tiene el objetivo de que el otro participe en el diálogo.

Y el discurso del Creador en el Sinai toma en cuenta a quien le está hablando. No le está hablando a seres platónicamente perfectos. La Torá acepta que el diálogo se da entre la aspiración divina y la imperfección humana. La Torá no es una ley celestial dirigida a seres perfectos. La Torá es una respuesta a lo que el hombre es, un ser que tiene pasiones y celos, que le roba al otro o que desea la esposa del vecino.

Nuestros sabios lo entendieron y lo reflejaron en el Talmud. La primera Mishnah que mucha gente estudia trata del problema de dos personas que tienen una prenda en sus manos y los dos dicen: “¡Es mía!” Quizá la Mishnah debiera de reescribirse y que los dos personajes dijeran: “no, por favor, quédatela tu”. Pero los sabios sabían que ese mundo ideal no existe. El que existe es el mundo del conflicto y la escasez.

Por un lado podemos contemplar la belleza del universo. El Dios artista consiguió su objetivo. Pero por el otro debemos seguir aprendiendo del Dios Maestro. Porque su clase no ha terminado todavía.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: From Defender to Critic del Dr. David Hartman

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78. ¿Está “en chino”? No, está en árabe.

En los siglos VII y VIII, los árabes conquistaron el imperio persa, los territorios de Asia y del norte de África que eran parte del imperio bizantino y finalmente el resto del norte de África y la Península Ibérica. La mayoría de esos territorios, con la excepción de España y Sicilia, han permanecido dentro del Islam hasta nuestros días. En esa época, los judíos en el mundo musulmán eran una comunidad próspera, no muy perseguida, integrada económicamente a su entorno, con la confianza en sí misma para adaptarse a los factores internos y externos, sin tener miedo de asimilarse al mundo que la rodeaba.

Las instituciones judías más fuertes que había en aquel entonces, en el imperio árabe, eran las yeshivot, dos en Babilonia y una en Eretz Israel. En ellas se entrenaban a los rabinos para que fungieran como administradores de la comunidad, como jueces y como autoridades religiosas. Al principio, cada una de estas yeshivot tenía su zona de influencia, pero al final, las del antiguo imperio persa se impusieron sobre la de Eretz Israel. Su autoridad no era solamente legal sino también administrativa, pues ellos nombraban a las cabezas de cada comunidad de entre sus alumnos. A estos se les llamaba “Nagid” y a los jefes de las yeshivoth, “Gaon”.

Lo que más se enseñaba en las academias de Babilonia era la ley religiosa basada en el Talmud Babli, mismo que se impuso sobre el Talmud Jerusalmi. También de esas academias salieron los libros de rezos que se utilizaban en todo el mundo judío. Los rabinos de Babilonia y los de Eretz Israel se reconocían mutuamente como autoridades religiosas, sin embargo, hubo grupos que se oponían a la autoridad del Gaon y en general a todo el judaísmo rabínico, como lo fueron los Karaitas, una secta dentro del judaísmo que negaba la autoridad de los rabinos y del Talmud, ya que solo reconocían a la Torá como el único y verdadero fundamento del judaísmo.

Uno de los gaonim más influyentes fue Saadiah ben Yosef (882-942) el Gaon de la yeshivah de Sura. Saadiah Gaon nos dejó muchos escritos. Logró imponer a las yeshivoth de Babilonia por sobre la de Eretz Israel y combatió fuertemente a los Karaitas, que buscaban socavar la autoridad de los rabinos. En la esfera intelectual, su obra representa casi una completa reorganización del conocimiento religioso judío, influido por los grandes eruditos del Islam.

Después de Saadiah, la comunidad judía de Babilonia empezó a decaer y los centros de enseñanza se mudaron a otras zonas del imperio árabe, como la Península Ibérica, el norte de África y Egipto. Grandes sabios surgieron en esos tres lugares. Maimónides fue uno de ellos.

Los conquistadores islámicos llevaron consigo la lengua árabe. Las poblaciones conquistadas adoptaron al árabe como su lenguaje cotidiano. Los judíos no fueron la excepción y lo utilizaron tanto para comunicarse con sus vecinos musulmanes como para escribir obras académicas excepcionales. Para ellos, hablar y escribir en árabe no estaba “en chino”.

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografía:“Merchants and Intelectuals, Rabbis and Poets: Judeo Arabic Culture in the Golden Age of Islam” de Raymond P. Scheindlin.

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77 ¿Cuándo se construyó la primera sinagoga?

Está comprobado que en la época del Segundo Templo ya existían sinagogas, tanto en Israel como en la Diáspora y estaban destinadas a los rezos públicos. Sabemos esto por los escritos de Philo de Alejandría y de Josephus Flavius, quienes vivieron al final de esa época.

La sinagoga, como un lugar de rezo, tenía una función propia y no era la de sustituir al Templo de Jerusalem, sino más bien el de complementarlo. Así sabemos que había una sinagoga muy cerca del Templo mismo (Mishnah Yoma 7:1). La principal función del Templo era el de proveer un lugar para la Shejinah (La Manifestación de Dios en el mundo) y para ofrecer los sacrificios. También en él se hacían reuniones ocasionales del público para solicitar algún favor Divino y las personas, de forma individual, podían rezar ahí. Sin embargo, el edifico mismo del Templo no tenía donde alojar servicios de rezos públicos de forma regular, en donde participaba toda la comunidad. Para eso se requería un lugar especial, la sinagoga, para rezar en grupo.

La mayoría de las sinagogas antiguas fueron destruidas por las constantes persecuciones religiosas. Sabemos de su existencia por menciones en libros de la época y por restos arqueológicos. Hay ruinas de sinagogas en Jerusalem y en Masada, así como en otros lugares de la Tierra de Israel, las cuales datan del período del Segundo Templo. En Babilonia había dos, una en Nehardea (Megillah 29ª) y otra en la ciudad de Hutzal. Se piensa que fueron construidas por los primeros exiliados que fueron enviados a Babilonia durante la época del Primer Templo. También hay escritos y algunas evidencias físicas de sinagogas construidas en Egipto en el siglo III AEC.

Se tienen menciones y restos arqueológicos de sinagogas construidas en Siria, las Islas Griegas, Italia y otros lugares. Restos importantes de sinagogas antiguas con pisos de mosaicos se han descubierto en Israel, en la zona del Galil y en otras partes como Naaram y Ein Guedi, aunque estas datan del siglo III EC.

En realidad no se sabe cuándo se establecieron las primeras sinagogas. Es claro que desde la antigüedad ya se destinaban sitios especiales para realizar reuniones para rezar y para leer la Torá. El profeta Jeremías (39:8) habla del “Beit Ha Am”, que algunos sabios interpretan como indicativo de que era una sinagoga. A las sinagogas se les llamaba Mikdash Meat, el pequeño templo y su diseño simulaba el del Templo de Jerusalem. Por ejemplo, en lugar del “Kodesh Hakodashim”, se puso al frente de la sinagoga el Aron Hakodesh, el armario donde se guardan los rollos de la Torá y en vez del altar para los sacrificios, se puso la Bimah, el lugar desde donde ahora se lee la Torá.

El paso de hacer sacrificios en el Templo a rezar en una sinagoga no se dio de manera brusca ni de un día para otro. Se dio paulatinamente a lo largo de cientos de años, período donde coexistieron ambas estructuras. Al final, el Templo es destruido, pero la sinagoga sobrevivió. ¿Cuándo se construyó la primera sinagoga? Quién sabe. Pero qué bueno que alguien lo hizo.

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografía:“A Guide To Jewish Prayer” del Rabino Adin Steinsaltz.

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76 ¿Quién quiere llevar el rezo?

Inicialmente, la función del Sheliaj Tzibur (el que lleva el rezo) fue creada por una necesidad práctica que se originaba cuando se rezaba en público. En vista de que los rezos no se habían puesto por escrito, además de que mucha gente no se los sabía de memoria, se necesitaba que alguien estuviera bien versado en esta materia y dirigiera las plegarias. Esta persona debía decirlas en voz alta, de manera que los demás pudieran repetirlas después de él o pudieran escucharlo y contestar “Amen” al final de cada bendición. Posteriormente y aun cuando ya muchos se sabían los rezos, se necesitaba del Sheliaj Tzibur para aquellos que no se lo sabían. Por esta razón se decretó que, después de que los participantes terminaran de rezar en silencio la Amidah, el Sheliaj Tzibur tenía que repetirla en voz alta. Este es el origen de “Hazarat ha Shatz”, la repetición de la Amidah por el Sheliaj Tzibur.

La repetición en voz alta de la Amidah era aún más importante en las fiesta judías, especialmente en Rosh Hashana y Yom Kipur, porque en ellas la Amidah tenía cambios y adiciones y poca gente la podía recitar de memoria. Sin embargo, con el tiempo y al ponerla por escrito y reproducirla en forma de libros impresos, que inclusive eran usados para enseñarle los rezos a los niños, la repetición de la Amidah continuó simplemente como una tradición y ya no como una necesidad práctica. En su época, Maimónides decidió que se debía de abolir esa repetición, ya que todos los participantes habían rezado la Amidah en silencio. Sólo en Egipto y algunos países, que respetaban la autoridad de Maimónides, le hicieron caso y suspendieron la repetición de la Amidah. Esto no duró mucho tiempo y pronto se retomó la costumbre de repetirla. La repetición de la Amidah ya había adquirido un significado adicional de complementar y elevar el rezo en público.

Con el tiempo y en la medida que la gente podía rezar usando un libro impreso, el Sheliaj Tzibur se escogía de entre los miembros de la congregación y solía ser alguien que le gustaba dirigir el rezo. Esta función fue poco a poco desempeñada por ciertas personas que pasaban más tiempo en la sinagoga desempeñando varias funciones. Este individuo pronto se convertiría en el Jazan. Así, la función de llevar el rezo en público pasó de ser una mera necesidad práctica a ser una función de realce y embellecimiento del rezo. La gente esperaba que el Jazan tuviera buena voz y adornara los rezos con bellas melodías, además de convertirse en el emisario de las plegarias de la congregación hacia Dios.

En las sinagogas conservadoras y reformistas la Amidah no siempre se repite en voz alta. Usualmente se dice en voz alta la parte que contiene las primera tres bendiciones y el resto se dice en silencio. Esto lo hacen también en las sinagogas ortodoxas en algunas ocasiones.

En el fondo, dirigir un rezo es una forma más intensa de acercarnos más a Dios. Que dices, ¿quieres llevar el rezo?

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografía: “A Guide To Jewish Prayer” del Rabino Adin Steinsaltz.

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75 Es que ellos rezan diferente.

La evidencia de que han existido variantes en el formato de los rezos es muy antigua. Al principio, en la época de la Mishnah, no se cuidaba de manera especial el texto de las plegarias. De esa época no se conoce ninguna versión escrita de los rezos. Todos se lo tenían que saber de memoria y eso inevitablemente llevaba a variaciones en la estructura y contenido de los rezos.

La existencia de diferentes versiones de los rezos es comparable a la existencia de variaciones en las prácticas halájicas. Los rabinos decían que todos tenían que seguir la costumbre de sus padres o del lugar donde vivían. Las diferencias eran aceptadas siempre y cuando no violaran las disposiciones de la Halajá y se les daba la categoría de “costumbre” religiosa. El rabino Isaac Luria decía que por eso había doce puertas diferentes para entrar a Jerusalem, una para cada rito.

Los cambios ocurrían por las contínuas expulsiones y migraciones de comunidades judías que se dispersaban en diferentes direcciones y llevaban su rito a otras comunidades, unas veces manteniéndolo, otras adoptando el del nuevo lugar y otras creando uno nuevo. En la actualidad hay básicamente 5 ritos (Nusaj) diferentes en uso: El Nusaj Ashkenazi, el Nusaj Hasidico, el Nusaj Sefaradi, el Nusaj Yemenita y el Nusaj Italiano. Estos dos últimos de uso sólo local.

El Nusaj Ashkenazi se basa en el rito establecido por el Rav Amram Gaon, siguiendo las costumbres de Eretz Israel. Pareciera que un grupo de judíos salieron de Israel hacia Italia, de ahí a Francia, especialmente a la frontera franco alemana y de ahí a los países de Europa del Este. El rito ashkenazí se inicia en Francia en el siglo 12, cuando ese país era el principal centro del judaísmo de Europa Occidental. Se consolidó en una versión más definitiva en Alemania, en la época de los Tosafot, los sabios que siguieron después de Rashi, el gran comentarista del Tanaj y el Talmud.

El Nusaj Jasídico, practicado por los alumnos y seguidores del Baal Shem Tov, está basado en el Nusaj Ashkenazi, pero con cambios importantes en el orden del servicio y con adiciones y eliminaciones influidas por la Kabalah del rabino Luria. Se distingue por duplicar muchas de las plegarias, resultado de no eliminar textos que estaban repetidos en los cambios del rabino Luria.

El Nusaj Oriental o Sefaradí se deriva del que usaban los judíos en España antes de su expulsión. Babilonia fue el origen de los judíos que llegaron a la península por el norte de África. La “Época de Oro” del judaísmo español produjo una poesía religiosa de la más alta calidad intelectual y literaria. Después de la expulsión de España, los judíos españoles se establecieron en el Imperio Otomano a donde llevaron sus rituales. El aumento de la influencia de la Kabalah en las generaciones posteriores ayudó a diseminar este Nusaj a países como Iraq y Persia.

Esta diversidad en los ritos enriquece la experiencia de rezar. También en este aspecto el Judaísmo es plural. Por eso, qué bueno que ellos recen de forma diferente.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: “A Guide To Jewish Prayer” del Rabino Adin Steinsaltz.

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74 El sello de “Hecho en Babilonia”.

La comunidad judía de Babilonia data desde finales de la época bíblica y se origina en las deportaciones de judíos de la Tierra de Israel que siguieron antes y después a la destrucción del Primer Templo (586 AEC). Tras la conquista helénica de Oriente, los judíos de Babilonia, como sus hermanos en Eretz Israel, vivieron primero bajo el dominio de los Seleucidas y después fueron súbditos del Reino de Partia, una federación integrada por principados feudales, que les dio cierta autonomía ya que, siempre y cuando dieran su apoyo en tiempos de guerra, los gobernantes no se metían en sus asuntos internos.

Es después de la destrucción del Segundo Templo (70 EC) y de la revuelta de Bar Kojba (132-135) cuando grupos de sabios de Eretz Israel emigraron a Babilonia, sin duda a raíz de la persecución religiosa que siguió a manos de los romanos. Aunque Eretz Israel seguía siendo el centro donde se decidían los asuntos de práctica religiosa, como el orden del calendario hebreo, con el tiempo y con la continua campaña de Roma de acabar con el Judaísmo, esta función, a mediados del siglo III, había pasado a las academias de estudio (yeshivoth) en Babilonia.

Fue en esas academias donde se empezó a redactar el Talmud Babli. Los sabios y sus discípulos interpretaban la Mishnah en discusiones orales que se transcribían tal cual. Por eso estos textos no llevan una relación sistemática y concisa. Las conversaciones se transcribían con todo lo que en una conversación podía pasar, incluyendo temas que no tenían relación con el punto principal o comentarios que se salían por la tangente. Se dice que el Talmud Babli es como el mar: inmenso en su tamaño, con profundidades ocultas y sin una forma específica.

De acuerdo a los estudiosos, el Talmud de Babilonia, a diferencia del de Jerusalem, con el tiempo se convirtió en “El Tamud”, como resultado de que Babilonia era ya el principal centro de estudio de la Torah. Las academias de Sura y Pumbedita, sus maestros y sus enseñanzas fueron aceptados como la autoridad rabínica suprema para toda la diáspora. El hecho de que el Tamud Jerusalmi se había terminado 150 años antes, le dio una ventaja al Talmud Babli, ya que por ser posterior, le daba una mayor autoridad en caso de discrepancias.

El Talmud Babli es un almacén de información relacionada con la vida misma, las costumbres, creencias y supersticiones tanto de los judíos como de los no judíos. Es una fuente de historia, medicina, astronomía, comercio, agricultura, magia, botánica, zoología y otras ciencias. Cuando finalmente fue completado, se convirtió en el texto básico utilizado en las academias de todo el mundo judío. Pero el ponerlo por escrito (más de 2.5 millones de palabras) fue una tarea titánica, ya que no existía la imprenta en aquel entonces. Pueden imaginar que las copias a mano implicaban errores, cambios y adiciones con lo que se hacía difícil el canonizar un texto definitivo. La invención de la imprenta en el siglo XV ayudó a mitigar en parte el problema. Pero aun así, a pesar de las muchas ediciones, siempre ha tenido el sello de “Hecho en Babilonia”.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Encyclopaedia Judaica y “Babylonian Rabbinic Culture” del profesor Isaiah Gafni, parte del libro “Cultures of the Jews” editado por David Biale.

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