78. ¿Está “en chino”? No, está en árabe.

En los siglos VII y VIII, los árabes conquistaron el imperio persa, los territorios de Asia y del norte de África que eran parte del imperio bizantino y finalmente el resto del norte de África y la Península Ibérica. La mayoría de esos territorios, con la excepción de España y Sicilia, han permanecido dentro del Islam hasta nuestros días. En esa época, los judíos en el mundo musulmán eran una comunidad próspera, no muy perseguida, integrada económicamente a su entorno, con la confianza en sí misma para adaptarse a los factores internos y externos, sin tener miedo de asimilarse al mundo que la rodeaba.

Las instituciones judías más fuertes que había en aquel entonces, en el imperio árabe, eran las yeshivot, dos en Babilonia y una en Eretz Israel. En ellas se entrenaban a los rabinos para que fungieran como administradores de la comunidad, como jueces y como autoridades religiosas. Al principio, cada una de estas yeshivot tenía su zona de influencia, pero al final, las del antiguo imperio persa se impusieron sobre la de Eretz Israel. Su autoridad no era solamente legal sino también administrativa, pues ellos nombraban a las cabezas de cada comunidad de entre sus alumnos. A estos se les llamaba “Nagid” y a los jefes de las yeshivoth, “Gaon”.

Lo que más se enseñaba en las academias de Babilonia era la ley religiosa basada en el Talmud Babli, mismo que se impuso sobre el Talmud Jerusalmi. También de esas academias salieron los libros de rezos que se utilizaban en todo el mundo judío. Los rabinos de Babilonia y los de Eretz Israel se reconocían mutuamente como autoridades religiosas, sin embargo, hubo grupos que se oponían a la autoridad del Gaon y en general a todo el judaísmo rabínico, como lo fueron los Karaitas, una secta dentro del judaísmo que negaba la autoridad de los rabinos y del Talmud, ya que solo reconocían a la Torá como el único y verdadero fundamento del judaísmo.

Uno de los gaonim más influyentes fue Saadiah ben Yosef (882-942) el Gaon de la yeshivah de Sura. Saadiah Gaon nos dejó muchos escritos. Logró imponer a las yeshivoth de Babilonia por sobre la de Eretz Israel y combatió fuertemente a los Karaitas, que buscaban socavar la autoridad de los rabinos. En la esfera intelectual, su obra representa casi una completa reorganización del conocimiento religioso judío, influido por los grandes eruditos del Islam.

Después de Saadiah, la comunidad judía de Babilonia empezó a decaer y los centros de enseñanza se mudaron a otras zonas del imperio árabe, como la Península Ibérica, el norte de África y Egipto. Grandes sabios surgieron en esos tres lugares. Maimónides fue uno de ellos.

Los conquistadores islámicos llevaron consigo la lengua árabe. Las poblaciones conquistadas adoptaron al árabe como su lenguaje cotidiano. Los judíos no fueron la excepción y lo utilizaron tanto para comunicarse con sus vecinos musulmanes como para escribir obras académicas excepcionales. Para ellos, hablar y escribir en árabe no estaba “en chino”.

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografía:“Merchants and Intelectuals, Rabbis and Poets: Judeo Arabic Culture in the Golden Age of Islam” de Raymond P. Scheindlin.

Publicado en Al reguel ajat | Etiquetado | Deja un comentario

77 ¿Cuándo se construyó la primera sinagoga?

Está comprobado que en la época del Segundo Templo ya existían sinagogas, tanto en Israel como en la Diáspora y estaban destinadas a los rezos públicos. Sabemos esto por los escritos de Philo de Alejandría y de Josephus Flavius, quienes vivieron al final de esa época.

La sinagoga, como un lugar de rezo, tenía una función propia y no era la de sustituir al Templo de Jerusalem, sino más bien el de complementarlo. Así sabemos que había una sinagoga muy cerca del Templo mismo (Mishnah Yoma 7:1). La principal función del Templo era el de proveer un lugar para la Shejinah (La Manifestación de Dios en el mundo) y para ofrecer los sacrificios. También en él se hacían reuniones ocasionales del público para solicitar algún favor Divino y las personas, de forma individual, podían rezar ahí. Sin embargo, el edifico mismo del Templo no tenía donde alojar servicios de rezos públicos de forma regular, en donde participaba toda la comunidad. Para eso se requería un lugar especial, la sinagoga, para rezar en grupo.

La mayoría de las sinagogas antiguas fueron destruidas por las constantes persecuciones religiosas. Sabemos de su existencia por menciones en libros de la época y por restos arqueológicos. Hay ruinas de sinagogas en Jerusalem y en Masada, así como en otros lugares de la Tierra de Israel, las cuales datan del período del Segundo Templo. En Babilonia había dos, una en Nehardea (Megillah 29ª) y otra en la ciudad de Hutzal. Se piensa que fueron construidas por los primeros exiliados que fueron enviados a Babilonia durante la época del Primer Templo. También hay escritos y algunas evidencias físicas de sinagogas construidas en Egipto en el siglo III AEC.

Se tienen menciones y restos arqueológicos de sinagogas construidas en Siria, las Islas Griegas, Italia y otros lugares. Restos importantes de sinagogas antiguas con pisos de mosaicos se han descubierto en Israel, en la zona del Galil y en otras partes como Naaram y Ein Guedi, aunque estas datan del siglo III EC.

En realidad no se sabe cuándo se establecieron las primeras sinagogas. Es claro que desde la antigüedad ya se destinaban sitios especiales para realizar reuniones para rezar y para leer la Torá. El profeta Jeremías (39:8) habla del “Beit Ha Am”, que algunos sabios interpretan como indicativo de que era una sinagoga. A las sinagogas se les llamaba Mikdash Meat, el pequeño templo y su diseño simulaba el del Templo de Jerusalem. Por ejemplo, en lugar del “Kodesh Hakodashim”, se puso al frente de la sinagoga el Aron Hakodesh, el armario donde se guardan los rollos de la Torá y en vez del altar para los sacrificios, se puso la Bimah, el lugar desde donde ahora se lee la Torá.

El paso de hacer sacrificios en el Templo a rezar en una sinagoga no se dio de manera brusca ni de un día para otro. Se dio paulatinamente a lo largo de cientos de años, período donde coexistieron ambas estructuras. Al final, el Templo es destruido, pero la sinagoga sobrevivió. ¿Cuándo se construyó la primera sinagoga? Quién sabe. Pero qué bueno que alguien lo hizo.

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografía:“A Guide To Jewish Prayer” del Rabino Adin Steinsaltz.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

76 ¿Quién quiere llevar el rezo?

Inicialmente, la función del Sheliaj Tzibur (el que lleva el rezo) fue creada por una necesidad práctica que se originaba cuando se rezaba en público. En vista de que los rezos no se habían puesto por escrito, además de que mucha gente no se los sabía de memoria, se necesitaba que alguien estuviera bien versado en esta materia y dirigiera las plegarias. Esta persona debía decirlas en voz alta, de manera que los demás pudieran repetirlas después de él o pudieran escucharlo y contestar “Amen” al final de cada bendición. Posteriormente y aun cuando ya muchos se sabían los rezos, se necesitaba del Sheliaj Tzibur para aquellos que no se lo sabían. Por esta razón se decretó que, después de que los participantes terminaran de rezar en silencio la Amidah, el Sheliaj Tzibur tenía que repetirla en voz alta. Este es el origen de “Hazarat ha Shatz”, la repetición de la Amidah por el Sheliaj Tzibur.

La repetición en voz alta de la Amidah era aún más importante en las fiesta judías, especialmente en Rosh Hashana y Yom Kipur, porque en ellas la Amidah tenía cambios y adiciones y poca gente la podía recitar de memoria. Sin embargo, con el tiempo y al ponerla por escrito y reproducirla en forma de libros impresos, que inclusive eran usados para enseñarle los rezos a los niños, la repetición de la Amidah continuó simplemente como una tradición y ya no como una necesidad práctica. En su época, Maimónides decidió que se debía de abolir esa repetición, ya que todos los participantes habían rezado la Amidah en silencio. Sólo en Egipto y algunos países, que respetaban la autoridad de Maimónides, le hicieron caso y suspendieron la repetición de la Amidah. Esto no duró mucho tiempo y pronto se retomó la costumbre de repetirla. La repetición de la Amidah ya había adquirido un significado adicional de complementar y elevar el rezo en público.

Con el tiempo y en la medida que la gente podía rezar usando un libro impreso, el Sheliaj Tzibur se escogía de entre los miembros de la congregación y solía ser alguien que le gustaba dirigir el rezo. Esta función fue poco a poco desempeñada por ciertas personas que pasaban más tiempo en la sinagoga desempeñando varias funciones. Este individuo pronto se convertiría en el Jazan. Así, la función de llevar el rezo en público pasó de ser una mera necesidad práctica a ser una función de realce y embellecimiento del rezo. La gente esperaba que el Jazan tuviera buena voz y adornara los rezos con bellas melodías, además de convertirse en el emisario de las plegarias de la congregación hacia Dios.

En las sinagogas conservadoras y reformistas la Amidah no siempre se repite en voz alta. Usualmente se dice en voz alta la parte que contiene las primera tres bendiciones y el resto se dice en silencio. Esto lo hacen también en las sinagogas ortodoxas en algunas ocasiones.

En el fondo, dirigir un rezo es una forma más intensa de acercarnos más a Dios. Que dices, ¿quieres llevar el rezo?

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografía: “A Guide To Jewish Prayer” del Rabino Adin Steinsaltz.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

75 Es que ellos rezan diferente.

La evidencia de que han existido variantes en el formato de los rezos es muy antigua. Al principio, en la época de la Mishnah, no se cuidaba de manera especial el texto de las plegarias. De esa época no se conoce ninguna versión escrita de los rezos. Todos se lo tenían que saber de memoria y eso inevitablemente llevaba a variaciones en la estructura y contenido de los rezos.

La existencia de diferentes versiones de los rezos es comparable a la existencia de variaciones en las prácticas halájicas. Los rabinos decían que todos tenían que seguir la costumbre de sus padres o del lugar donde vivían. Las diferencias eran aceptadas siempre y cuando no violaran las disposiciones de la Halajá y se les daba la categoría de “costumbre” religiosa. El rabino Isaac Luria decía que por eso había doce puertas diferentes para entrar a Jerusalem, una para cada rito.

Los cambios ocurrían por las contínuas expulsiones y migraciones de comunidades judías que se dispersaban en diferentes direcciones y llevaban su rito a otras comunidades, unas veces manteniéndolo, otras adoptando el del nuevo lugar y otras creando uno nuevo. En la actualidad hay básicamente 5 ritos (Nusaj) diferentes en uso: El Nusaj Ashkenazi, el Nusaj Hasidico, el Nusaj Sefaradi, el Nusaj Yemenita y el Nusaj Italiano. Estos dos últimos de uso sólo local.

El Nusaj Ashkenazi se basa en el rito establecido por el Rav Amram Gaon, siguiendo las costumbres de Eretz Israel. Pareciera que un grupo de judíos salieron de Israel hacia Italia, de ahí a Francia, especialmente a la frontera franco alemana y de ahí a los países de Europa del Este. El rito ashkenazí se inicia en Francia en el siglo 12, cuando ese país era el principal centro del judaísmo de Europa Occidental. Se consolidó en una versión más definitiva en Alemania, en la época de los Tosafot, los sabios que siguieron después de Rashi, el gran comentarista del Tanaj y el Talmud.

El Nusaj Jasídico, practicado por los alumnos y seguidores del Baal Shem Tov, está basado en el Nusaj Ashkenazi, pero con cambios importantes en el orden del servicio y con adiciones y eliminaciones influidas por la Kabalah del rabino Luria. Se distingue por duplicar muchas de las plegarias, resultado de no eliminar textos que estaban repetidos en los cambios del rabino Luria.

El Nusaj Oriental o Sefaradí se deriva del que usaban los judíos en España antes de su expulsión. Babilonia fue el origen de los judíos que llegaron a la península por el norte de África. La “Época de Oro” del judaísmo español produjo una poesía religiosa de la más alta calidad intelectual y literaria. Después de la expulsión de España, los judíos españoles se establecieron en el Imperio Otomano a donde llevaron sus rituales. El aumento de la influencia de la Kabalah en las generaciones posteriores ayudó a diseminar este Nusaj a países como Iraq y Persia.

Esta diversidad en los ritos enriquece la experiencia de rezar. También en este aspecto el Judaísmo es plural. Por eso, qué bueno que ellos recen de forma diferente.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: “A Guide To Jewish Prayer” del Rabino Adin Steinsaltz.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

74 El sello de “Hecho en Babilonia”.

La comunidad judía de Babilonia data desde finales de la época bíblica y se origina en las deportaciones de judíos de la Tierra de Israel que siguieron antes y después a la destrucción del Primer Templo (586 AEC). Tras la conquista helénica de Oriente, los judíos de Babilonia, como sus hermanos en Eretz Israel, vivieron primero bajo el dominio de los Seleucidas y después fueron súbditos del Reino de Partia, una federación integrada por principados feudales, que les dio cierta autonomía ya que, siempre y cuando dieran su apoyo en tiempos de guerra, los gobernantes no se metían en sus asuntos internos.

Es después de la destrucción del Segundo Templo (70 EC) y de la revuelta de Bar Kojba (132-135) cuando grupos de sabios de Eretz Israel emigraron a Babilonia, sin duda a raíz de la persecución religiosa que siguió a manos de los romanos. Aunque Eretz Israel seguía siendo el centro donde se decidían los asuntos de práctica religiosa, como el orden del calendario hebreo, con el tiempo y con la continua campaña de Roma de acabar con el Judaísmo, esta función, a mediados del siglo III, había pasado a las academias de estudio (yeshivoth) en Babilonia.

Fue en esas academias donde se empezó a redactar el Talmud Babli. Los sabios y sus discípulos interpretaban la Mishnah en discusiones orales que se transcribían tal cual. Por eso estos textos no llevan una relación sistemática y concisa. Las conversaciones se transcribían con todo lo que en una conversación podía pasar, incluyendo temas que no tenían relación con el punto principal o comentarios que se salían por la tangente. Se dice que el Talmud Babli es como el mar: inmenso en su tamaño, con profundidades ocultas y sin una forma específica.

De acuerdo a los estudiosos, el Talmud de Babilonia, a diferencia del de Jerusalem, con el tiempo se convirtió en “El Tamud”, como resultado de que Babilonia era ya el principal centro de estudio de la Torah. Las academias de Sura y Pumbedita, sus maestros y sus enseñanzas fueron aceptados como la autoridad rabínica suprema para toda la diáspora. El hecho de que el Tamud Jerusalmi se había terminado 150 años antes, le dio una ventaja al Talmud Babli, ya que por ser posterior, le daba una mayor autoridad en caso de discrepancias.

El Talmud Babli es un almacén de información relacionada con la vida misma, las costumbres, creencias y supersticiones tanto de los judíos como de los no judíos. Es una fuente de historia, medicina, astronomía, comercio, agricultura, magia, botánica, zoología y otras ciencias. Cuando finalmente fue completado, se convirtió en el texto básico utilizado en las academias de todo el mundo judío. Pero el ponerlo por escrito (más de 2.5 millones de palabras) fue una tarea titánica, ya que no existía la imprenta en aquel entonces. Pueden imaginar que las copias a mano implicaban errores, cambios y adiciones con lo que se hacía difícil el canonizar un texto definitivo. La invención de la imprenta en el siglo XV ayudó a mitigar en parte el problema. Pero aun así, a pesar de las muchas ediciones, siempre ha tenido el sello de “Hecho en Babilonia”.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Encyclopaedia Judaica y “Babylonian Rabbinic Culture” del profesor Isaiah Gafni, parte del libro “Cultures of the Jews” editado por David Biale.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

73 Metáforas: Estar como mango no es estar como mango.

Los teólogos usan diferentes términos para entender el status de la representación humana de Dios. Les llaman analogías, símbolos o más comúnmente metáforas, en el sentido literal de la palabra que viene del griego y quiere decir transferir o trasladar. Una metáfora es una figura del lenguaje donde el significado común de una palabra se traslada a otra realidad y donde se puede entender solo de manera implícita. Las metáforas abundan en nuestro lenguaje diario. El león es “el rey de las bestias”, estamos en el “crepúsculo de nuestra vida”, se “cayó el mercado”, fueron culpables de “lavado de dinero”, etc. Todas estas palabras adquieren un significado distinto al literal, de acuerdo al contexto en que están usadas.

Maimónides nos dice que nuestra manera de hablar de Dios es totalmente metafórica: “Que quiere decir: “debajo de sus pies” (Exodo 24:10), “escrito con el dedo de Dios” (Exodo 31:18), “los ojos de Dios” (Genesis 38:7)…Todas estas expresiones se adaptan a la capacidad mental de la humanidad que tiene una clara percepción de lo que es físicamente un cuerpo. La Torá habla en el lenguaje del hombre, pero todas estas frases son metafóricas.”(Mishneh Torah 1:9).

Maimónides se refiere a nuestra práctica habitual de antropomorfismo, o sea, a concebir a Dios con forma humana. Nada más piensen en la pintura de La Creación de Miguel Ángel en la capilla Sixtina, donde un viejito (Dios) toca con su dedo a Adán. Por lo tanto, no debemos de olvidar que estas descripciones de Dios no se deben tomar de forma literal sino metafórica y no solo en el caso de sus atributos físicos, sino también los de su “personalidad” (otra metáfora) como cuando los profetas nos hablan de que Dios se “enoja” (Jeremias 7:19).

Maimónides, un racionalista por excelencia, decía que era una herejía pensar que Dios tiene cuerpo, sentimientos y que se comporta como los seres humanos. Dios no es el que literalmente “escucha” las plegarias, “habló” en el Sinai o “ve” la conducta humana. Todas estas expresiones son la manera de entender que tiene el hombre de una realidad que trasciende el entendimiento y conocimiento humano.

Pensar y hablar de Dios, es pensar y hablar metafóricamente. Debemos aceptar este hecho y entender sus implicaciones. Porque hablar con metáforas es cuando una palabra puede tomar cualquier significado. Por eso estar como mango no es estar como mango.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: “The Jewish Approach to God” de Rabi Neil Gillman.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

72 La vida “plena”.

El Judaísmo considera que la vida “plena” se da más en la dimensión de la conducta ética entre los hombres que en la del culto religioso. Hay dos tipos de obligaciones que se le imponen al judío: obligaciones hacia Dios y obligaciones hacia su prójimo. El Judaísmo demanda el cumplir ambas sin distinguirlas, como lo vemos constantemente en los textos de la Torá donde se entrelazan, como en Éxodo 22 y 23. El “hasid” (el hombre que hace “hesed”, misericordia) es aquel que tiene un carácter generoso y altruista en su relación con sus semejantes, (obligaciones hacia el prójimo), a diferencia del observante que es aquel que es muy meticuloso al cumplir solamente sus deberes de culto (obligaciones hacia Dios).

Es más difícil en el Judaísmo medir y valorar las obligaciones del hombre con su semejante, que las obligaciones del hombre con Dios. Sabemos que las responsabilidades sociales del hombre se derivan de los mandamientos divinos en la Torá. Así, por un lado, las obligaciones que tiene el hombre en relación a su familia y a la sociedad están fundamentadas en la regla de oro: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor” (Levítico 19:18). Es Dios el que revalida y manda el amar a tu prójimo. Pero, por el otro lado, el Talmud claramente nos dice que los mandamientos hombre-hombre son en buena medida independientes de los mandamientos hombre-Dios. Así por ejemplo, establece que el ayunar y el rezar en Yom Kipur sólo absuelve los pecados del hombre contra Dios, pero no los que cometió en contra de otra persona. Estos sólo los perdona Dios cuando haz restituido el daño y has obtenido el perdón del individuo que ofendiste (BT Yoma 87ª).

Un pecado puramente religioso lo que realmente es, es un acto de desobediencia a un mandamiento dado por un Ser Superior. Una ofensa en el mundo de la ética social, es una falta de bondad, es rehusar el querer relacionarte de manera ética con otro ser humano. Y esto no es sólo en el caso de la relación de uno a uno, sino también en la relación con la familia, la comunidad, el estado y toda la humanidad. El Judaísmo se distingue especialmente de otras religiones por su gran preocupación por la comunidad.

Es claro que el hombre occidental se ha vuelto cada vez más individualista. Pero cuando se nos dio la Torá en el Monte Sinai, ese pacto obligó a todos los judíos, en todas las épocas, a todos los que forman esa entidad llamada Pueblo de Israel a cumplirlo. Ese pacto implica el vivir la vida de forma “plena”.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: «The Good Society, Jewish Ethics in Action” de Norman Lamm.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

71 Tengo frío, ¿me pasas mi Talit por favor?

En los tiempos antiguos, el Talit era la prenda exterior o ropa de calle que usaban los hombres judíos. Esta prenda consistía de una pieza rectangular grande, de lana tejida, que envolvía el cuerpo cuando uno salía fuera de la casa. La palabra Talit viene del arameo y quiere decir cubierta.

Por su forma y su uso, el Talit era similar a las prendas comúnmente usadas por otros pueblos en el Mediterráneo, como el himatión, que era un manto amplio y envolvente, una especie de chal, usado por los griegos. Se llevaba sobre el propio cuerpo, se envolvía o enrollaba sobre un hombro y no constaba de una atadura o fijación Al final de la república romana, el himatión era el manto habitual de los romanos, ya que era más práctico que la toga y al que le dieron el nombre de palio.

Este tipo de prenda era muy práctica y apropiada para el clima de esos países en donde había variaciones constantes de temperatura. Durante la época de frío se podía envolver todo el cuerpo con el Talit, mientras que en época de calor se podía doblar y usarlo suelto sobre los hombros. También era una prenda muy práctica que uno se la podía quitar para realizar trabajos pesados, servía para taparse al irse a dormir o se podía uno envolver con ella de una manera elegante para ir a una ceremonia o a un lugar público.

El mandamiento de amarrar Tzitzit, flecos, a nuestra ropa se refería específicamente a este tipo de prenda, tal como está escrito en Deuteronomio 22:12: “Y harás flecos en las cuatro puntas de la prenda con la que te cubres”. Por lo mismo, de acuerdo a la tradición, una prenda que no tenga cuatro esquinas no requiere de Tzitzit.
La Biblia no ordena el que se tenga que usar un manto de rezo o Talit. Por el contrario, supone que la gente usaba algún tipo de prenda para cubrirse y sólo les instruye que le añadan flecos o Tzitzit en sus cuatro esquinas (Números 15:30 y Deuteronomio 22:12). Estos dos versículos no especifican como se anudan los Tzitzit. Tampoco hacen distinción entre hombres y mujeres en cuanto a quien puede o debe usarlos. La costumbre actual de cómo anudar los Tzitzit y la forma y uso del Talit es post bíblica, definida por los rabinos y varía según cada comunidad judía.

Al paso del tiempo, y en vista de la dispersión del pueblo judío a tierras distantes, el estilo de vestimenta cambió. El Talit ya no era una prenda usada del diario y la ropa que se usaba no tenía habitualmente cuatro esquinas. Por lo tanto, el mandamiento de usar Tzitzit ya no se podía cumplir. Pareciera que este mandamiento, que era muy apreciado, iba a desaparecer. Para impedir que eso sucediera, la costumbre se mantuvo por todo el mundo judío de continuar usando el Talit sólo para propósitos sagrados y de culto. Ahora lo usamos para rezar y ya no para taparnos del frío como antes.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: “A Guide To Jewish Prayer” del Rabino Adin Steinsaltz.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

70 El Sidur: El mayor best-seller.

Rezar es por excelencia la forma más usada por el hombre para relacionarse con Dios y es tan antigua como la humanidad misma. Sin embargo, la Torá, el libro que marca el camino de cómo el hombre se relaciona con Dios, no tiene un patrón fijo y estructurado para rezarle a Él. Algunos sabios sostenían que la Tora ordenaba a la persona que se dirigiera a Dios diariamente para ofrecerle el “servicio del corazón” (avodah shebalev), mientras que otros pensaban que se debía rezar sólo en caso de alguna desgracia. De cualquier forma, en la Torá no se especifica ningún horario fijo ni el contenido de los rezos. La mayoría de las personas rezaban cuando les surgía la necesidad, en época de desgracia o para pedirle algo específico a Dios.

Al inicio del periodo del Segundo Templo, entre el siglo V y el III AEC, los rabinos de la Gran Asamblea lograron definir y regularizar el texto de los rezos. Acuñaron una versión estandarizada de las plegarias y bendiciones básicas. Esa estructura, inicialmente conocida simplemente como Tefilah, se convirtió en lo que hoy conocemos como la Amidah (rezar de pie), también llamada Shemoneh Esreh (dieciocho bendiciones). La Amidah tiene una estructura muy bien definida, que se ha conservado sin cambios desde entonces. Sólo en Shabat y en las fiestas, incluyendo Yom Kipur, esta estructura se modifica, eliminando algunas de las bendiciones.

Además de haber establecido un contenido fijo, los sabios de la Gran Asamblea establecieron los tiempos y el orden para los servicios religiosos. Estos tiempos estaban ligados a los de los sacrificios en el Templo. Así, Shajarit, el rezo de la mañana, se hacía al mismo tiempo que el sacrificio diario de la mañana (Tamid). Minhah a su vez coincidía con el sacrificio de la tarde y Maariv con la conclusión de los rituales del Templo en la noche. Como era costumbre hacer sacrificios adicionales en las fiestas, para esos casos se añadió el rezo de Musaf.

También el requisito de rezar en comunidad, esto es, de rezar con un minian, se origina en esa época. El rezo era dirigido por una persona, el Sheliaj Tzibur, que se sabía el rezo prácticamente de memoria, lo decía en voz alta y los demás lo seguían. Recuerden que en aquel entonces no había libros impresos como los tenemos ahora. La estructura final de los rezos se definió hasta después de la destrucción del Segundo Templo. El Sanhedrin introdujo cambios para adaptarse a la nueva realidad después de la catástrofe. Todos estos rezos se ordenaron en un libro, el Sidur.

El Sidur, del cual en la actualidad hay más de 100 versiones diferentes, no es una obra terminada por completo, ni es el trabajo de algunos pocos, sino que contiene las aportaciones de cada generación que le ha añadido sus propias plegarias llenas de sabiduría y emoción. El Sidur es sin duda el libro más popular en el Judaísmo. Otros libros como el Tanaj y el Talmud, más enfocados a ser estudiados, tienen quizá menos difusión que el Sidur, que es conocido y utilizado a diario y prácticamente por todos. El Sidur es sin duda el mayor “best seller” dentro del Judaísmo.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía:“A Guide To Jewish Prayer” del Rabino Adin Steinsaltz.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

69 Akiba ben Yosef, el padre del Judaísmo Rabínico.

Rabi Akiba fue el principal maestro de Torá en la segunda mitad del siglo I y la primera mitad del II de la era común. Ha sido difícil para los historiadores armar una versión clara de su vida, debido a la gran cantidad de leyendas que hay sobre él. Algunas fuentes dicen que era un ignorante, que era muy pobre, que su esposa Raquel lo impulsó a irse a estudiar y que regresó después de muchos años con una gran cantidad de alumnos y con una posición económica desahogada. Pero otras fuentes nos narran otras historias contradictorias. Lo que es históricamente claro fue su conexión con Bar Kojba a quien lo consideraba como el Mesías, el que iba a liberar al pueblo judío del yugo romano. A esta relación se le atribuye su muerte como mártir en manos de los romanos.

Rabi Akiba hizo importantes aportaciones al Judaísmo. En primer lugar, fue quien fijó el canon definitivo de la Biblia judía. Su participación fue decisiva para decidir qué libros formarían el Tanaj. Pero su mayor aporte fue su trabajo en el tema de la Halajah, tanto en la sistematización de las reglas tradicionales como en su desarrollo posterior. El veía que la falta de una colección sistematizada de todo el cúmulo de halajot que ya se tenían, no permitía su aplicación práctica ni un estudio teórico ordenado, el cual variaba según el sabio que lo enseñaba. El código que Rabi Akiba sistematizó, fue utilizado por su alumno Rabi Jehuda Hanasi como base para compilar la Mishnah.

También se dio cuenta que el vínculo intelectual que unía a los Judíos tenía que fortalecerse ahora más que nunca, después de la destrucción del Estado Judío en Eretz Israel. La Biblia por si sola ya no llenaba ese espacio, porque los cristianos también la consideraban como una revelación divina. Tampoco los dogmas podrían tener esa función, ya que eran rechazados por el Judaísmo rabínico, el cual tenía como su verdadera esencia el estar en constante desarrollo y evolución, misma que se daba en las interpretaciones rabínicas. El enseñaba: “Toma tu lugar unos escalones debajo de lo que te corresponde hasta que te inviten a subir más alto, ya que es mejor que te digan “sube más alto” en lugar de “baja un poco más”.

Rabi Akiba estaba convencido que la forma particular en que estaba escrita la Biblia era diferente a cualquier otro libro. Para él, en la Torá, todo tenía un significado, todas las palabras, todas las silabas, todas las letras, todos los signos. Le dio a la mente judía un nuevo campo para desarrollarse, al mismo tiempo que le dio a las Sagradas Escrituras el carácter de inamovibles. Aunque este hecho no lo detenía para modificar algún precepto que él consideraba que no respetaba el verdadero espíritu del Judaísmo, como en el caso de las esclavas judías menores de edad. (Éxodo 21:7)

En oposición a la doctrina cristiana que insistía que Dios es sólo amor, Rabi Akiba enseñaba que Dios combinaba la bondad con la misericordia, pero dentro de un sistema estricto de justicia. Él decía: “Todo lo que Dios hace, lo hace porque es lo mejor”. Rabi Akiba ben Yosef fue el hombre que marcó el sendero que ha seguido el Judaísmo durante los últimos dos mil años. Por eso merece ser considerado como el padre del Judaísmo Rabínico.

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografia: “The unedited full-text of the 1906 Jewish Encyclopedia”.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario