53 La Biblia, ¿nuestra acta constitutiva?

Los 39 libros que forman el Tanaj, (Biblia en hebreo), fueron escogidos de un grupo muy amplio de obras que existían en la época cuando se hizo la selección. La selección fue un proceso que requirió cinco siglos. Por ejemplo, la Torá con sus cinco libros, adquirió su estatus de libro sagrado en el siglo cuarto antes de la era actual. Los libros de los profetas se recolectaron y organizaron en el período del Segundo Templo. Y la decisión de qué libros iban a formar la tercera parte del Tanaj, los Ketubim, fue tomada después de la destrucción del Segundo Templo, posiblemente en el siglo dos de nuestra era. No fue fácil la decisión de cuales libros se iban a incluir. Hubo mucha controversia especialmente con cinco libros: Ezequiel, Proverbios, el Cantar de los Cantares, Esther y el Eclesiastés, los que al final fueron admitidos.

Al cerrarse el canon Bíblico, el grupo de libros que forma la Biblia, muchos quedaron fuera. Uno de ellos, por ejemplo, fue el libro de los Macabeos. Comparando los que sí entraron con los que no entraron, podemos deducir que se usaron tres criterios para seleccionarlos. El primero es que tenían que estar escritos en hebreo. El libro de Daniel fue traducido de prisa del arameo al hebreo, para que fuera incluido. La segunda condición es que debían haberse escrito en el período antes de que “la profecía cesara  en Israel”, más o menos en el siglo quinto antes de nuestra era. La tercera condición es que el libro cumpliera con los estándares religiosos establecidos por los rabinos.

En esa época el hebreo se escribía solo con consonantes, tal como está escrito el rollo de la Torá. Los puntos de las vocales se inventaron en la época post Talmúdica, aproximadamente en el siglo séptimo y los textos bíblicos con sus vocales fueron finalmente fijados en el décimo. En hebreo, un grupo de consonantes pueden significar cosas diferentes según los puntos de vocales que se pongan. Por ejemplo, las consonantes HRB puede ser HoReB, el nombre de una montaña o puede ser HeReB que quiere decir espada. HLB puede ser HaLaB, leche o HeLeb, grasa. Poner las vocales equivocadas puede cambiar completamente el sentido de un mandamiento o de un relato. Fue finalmente en el siglo décimo que se desarrolló el texto definitivo, conocido como Masorah o Masorético. Es el que usamos hasta nuestros días. Y la división de la Biblia en capítulos y versículos fue inclusive posterior a la época masorética.

Los libros de la Biblia no fueron escritos por una sola persona ni en la misma época. Tomó muchos siglos escribirla. La Torá fue escrita por Moisés y los libros de los últimos profetas por cada uno de ellos. Los libros de Proverbios, el Cantar de los Cantares y el Eclesiastés se le atribuyen al Rey Salomón y el libro de los Salmos al Rey David.

La Biblia, a final de cuentas, es la experiencia histórica y colectiva de un pueblo que busca aprender y entender los caminos y la voluntad de Dios. Esto es lo que en sentido amplio hace que la Biblia sea el libro del pueblo Judío. La Biblia es más que un libro extraordinario, es el acta constitutiva del Judaísmo.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Eternal Book, por Abraham J. Feldman en el libro The Jewish Peolple´s Almanac, editado por David C. Gross.

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52 Receta judía para criar hijos: moderación, celebración y santificación.

El judaísmo nos da una perspectiva diferente en la forma de criar a los hijos. Al santificar los aspectos más elementales de la vida diaria, nos enseña que hay grandeza no sólo en los logros espectaculares y gloriosos, sino también en nuestras pequeñas acciones y esfuerzos de cada día. Hay tres principios fundamentales en la vida judía: la moderación, la celebración y la santificación. Debemos continuamente estudiar, aprender y enseñar estos principios.

El principio de moderación nos enseña a hacer, al mismo tiempo, dos cosas aparentemente incompatibles: abrazar apasionadamente el mundo material que Dios creó, “y Dios vio que era bueno” (Breishit 1),  y ejercitar la auto disciplina. El Judaísmo nos aclara la manera correcta de comprometernos con el mundo: no debemos copiar a los animales, que actúan por instinto, ni a los paganos que adoran a la naturaleza y a lo sensorial, ni a los ángeles  que no anhelan nada,  ni a los ascetas que evitan los placeres terrenales. Fue a propósito que Dios nos creó con esa doble condición: el deseo intenso por lo material y la libertad de decidir con autodisciplina. Nos corresponde a nosotros el usar estos atributos para bien o para mal.

La moderación nos lleva a la celebración.  Estamos obligados a reconocer lo que hemos recibido de Dios de manera moderada pero entusiasta. En otras palabras, estamos obligados a dar las gracias pero también a festejarlo. Hay diferentes maneras para agradecer, la liturgia judía nos ayuda con bendiciones por la comida, por ver un arcoíris, por recibir ropas nuevas, por haber escapado de un peligro, por un día de descanso, por hacer algo por primera vez, etc. Y el acto de celebrar lo podemos cumplir fácilmente a través del ciclo anual de las festividades judías. Celebración y agradecimiento son dos principios fundamentales en el judaísmo y en la manera judía de criar hijos.

Santificación, el tercer principio, es el proceso de reconocer lo sagrado en las acciones y los eventos que suceden del diario. Después de la destrucción del Segundo Templo de Jerusalem, el lugar más sagrado no es la sinagoga sino nuestro hogar. Le llaman “mikdash meat, nuestro pequeño lugar santo. Nuestra mesa con nuestros hijos es como un altar. Puede llegar a ser el lugar más sagrado del planeta.  La tradición judía nos enseña a santificar nuestro quehacer diario. Desde la forma en que tratamos a nuestra pareja, a nuestros  hijos, a la gente que trabaja en nuestra casa, hasta a nuestras mascotas y animales. Hay reglas para reprender, para alabar, para saludar en las mañanas, para acostarnos en las noches, ya que cada una de esas acciones es sagrada para el judaísmo.

Moderar, celebrar y santificar al estilo judío, es la manera de convertir a nuestros hijos en hombres y mujeres  íntegros que aprecian el regalo más sagrado que Dios nos ha dado: los pequeños momentos de la vida.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Blessing of a Skinned Knee de Wendy Mogel.

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51 La pena capital. Qué pena, pero no se aplica.

La Torá estableció la pena de muerte como castigo para aquellos que cometieran las siguientes transgresiones: Para los adúlteros, tanto al hombre como a la mujer; para los que tienen relaciones sexuales con un animal; para los que blasfeman usando el nombre de Dios; para los que no cuidan el Shabat; para los hijos que hieren o maldicen a sus padres;  para los hijos rebeldes incorregibles; para los homosexuales; para los que tienen relaciones incestuosas; para los asesinos con premeditación; para los violadores; para los que roban esclavos;  para las que no llegan virgen a la noche de bodas; para los secuestradores; para los falsos profetas;  para los que realicen sacrificios humanos; para los que practiquen brujería y adivinación; para los que adoren ídolos.

Es una lista muy larga para que en la práctica esta pena casi nunca se haya aplicado a lo largo de la historia del pueblo judío. Los sabios en la época rabínica establecieron condiciones tan difíciles de cumplir, que prácticamente impidieron el que alguna corte judía pudiera decretarla. Los dos testigos que se requieren, tenían que presentar  testimonios completamente coincidentes y muy exactos (a qué hora sucedió, en qué lugar exactamente, como estaba vestida la persona, etc.).  También tenía que quedar establecido que el culpable estaba completamente consciente de que lo que iba a realizar tenía como castigo el perder la vida. Y era responsabilidad de los testigos el advertirle de su transgresión y sus consecuencias y el transgresor además tenía que reconocer que fue debidamente advertido. Además, el Sanhedrin que tendría que ver estos casos debía estar integrado por 23 sabios de altísima reputación y honorabilidad (Masejet Sanhedrin 1.4).

Está escrito en el Talmud, Mishnah Makkot 1:10: “Un Sanhedrin que ejecuta a una persona en siete años es una corte sanguinaria. Rabi Eleazar ben Azariah dijo: “Uno en setenta años”. Rabi Tarfon y Rabi Akiba dijeron que si ellos fueran miembros de un Sanhedrin, no se le aplicaría la pena de muerte a nadie. Pero Rabban Shimon ben Gamliel advirtió: Esto multiplicaría a los asesinos en Israel”. Rabban Shimon solo cuestionaba esta postura en caso de asesinato, pero no en los otros casos.

En la actualidad, todas las denominaciones dentro del Judaísmo se han pronunciado en contra de la pena capital y en Israel está prohibida excepto por traición en época de guerra y para criminales nazis convictos.

¿Qué nos enseña todo esto? ¿Cómo es posible que los rabinos establezcan tantos obstáculos para que no se pueda cumplir un mandamiento bíblico? ¿Se habrá equivocado la Torá? La Torá consideraba en esos tiempos que el cometer esas acciones era algo reprobable y quería enfatizarlo de la manera más clara y contundente. Pero los rabinos se dieron cuenta que por un lado, no todas las transgresiones eran igual de graves (algunas en nuestros días no las vemos como transgresiones al espíritu del judaísmo) y por la otra, el castigo era demasiado duro e irreversible. Todo esto nos habla de que la interpretación de la Torah es un proceso continuo de adaptación y adecuación de las mitzvoth a cada tiempo y lugar. Por eso, no me da pena que la pena capital no se aplique.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Death Penalty in Rabbinic Teachings by Rachel Biale

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50 El Shabat es para descansar.

El Shabat es la contribución más original del pueblo judío al mundo. Es la combinación del principio social del descanso semanal, con un bellísimo ritual religioso. La Torá le da al Shabat  un lugar principal desde la Creación misma. En Breishit 2:2-3 está escrito: “Y en el séptimo día completó Dios la obra que había hecho, y reposó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que Él había creado y hecho.”  Nuestros sabios dicen en Breishit Rabbah 17:7 que lo que Dios creó en el séptimo día fue “menujah”, el descanso, la tranquilidad, la serenidad y la quietud.

Si Dios tiene que “descansar”, con más razón el hombre.  Y la mitzvah dice: “Te acordarás del día sábado, para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra,  mas el séptimo día es día de reposo para el Señor tu Dios; no harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que está contigo”.  Shmot 20:8-10.

Pero los rabinos en la época talmúdica se preguntaron: ¿Qué quiere decir no hacer obra alguna?  ¿Qué sí se puede hacer y qué no? Son 39 los trabajos prohibidos que enumera la Mishná  en Masejet Shabat 7:2. Representan las acciones que fueron ejecutadas para la construcción y la organización del Mishkán en el desierto del Sinai.  Y son: 11 relacionados con la agricultura, 13 con la ganadería, 7 con la caza, 2 con la escritura, 2 con la construcción, 2 con el fuego, 1 con terminar de elaborar un objeto y 1 con transportar cosas de la casa al exterior y viceversa.

El problema surge cuando se pierde el fondo del asunto, que es el descanso, menujah, y se enfatiza la forma. Por ejemplo, sembrar es uno de los 39 trabajos que no debemos realizar. Algunos lo amplían diciendo que todo aquello que ayuda a la planta está incluido en sembrar, como regar, fertilizar y podar. Pero el colmo de la exageración está claramente exhibido en esta regla que siguen los grupos ultraortodoxos: “También está prohibido comer o tomar bebidas en el jardín, cuando lo hacemos directamente sobre la tierra, ya que es imposible cuidarnos lo suficiente como para que no caiga nada de líquido al pasto (estarías regando el jardín!!!)  o que alguna semilla o grano de nuestra comida caigan sobre la tierra y esta llegue a germinar.”

Reglas similares como esta última las podemos encontrar en El Kitzur Shuljan Aruj de Rabi Solomon Ganzfried, quien en su tomo 2 tiene 25 capítulos con 435 reglas relacionadas a lo que se puede o no hacer en Shabat.  Nada más el pensar que en Shabat  tengo que cumplir con 435 reglas, ya me dejó fatigado y tenso. Estado totalmente opuesto al concepto de menujah.

Nos dice el rabino Joel Roth en su libro The Halakhic Process: “La aceptación tan extendida que tiene el Shuljan Aruj es una cosa, y  la elevación de cada una de sus decisiones al estatus de ley inviolable es otra. Hacer esto es igualar un código relativamente reciente, con la Torá misma. Peor todavía, hacer esto presupone que el autor del código es virtualmente infalible.  Además, el aceptar el Shuljan Aruj como única ley, elimina el principio básico que le daba a los sabios de cada generación el poder tomar decisiones auténticas y con la autoridad religiosa correspondiente.” Pareciera que se les olvidó que el Shabat se creó para descansar.

 

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Halakhic Process del rabino Joel Roth.

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49 La Ecología, un viejo tema en la Torá.

El Judaísmo asume que el ser humano es solo el guardián y no el dueño de la Creación y  que Dios creó al mundo con el hombre como socio en esta empresa. El Midrash nos habla de que Dios hizo responsable a Adam y Eva de cuidar el ambiente y de que si llegaran a destruirlo, nadie más que ellos mismos deberían y podrían repararlo. (Midrash Eclesiastes Rabbah VII 12.1)

El insistir sobre la responsabilidad del hombre hacia el cuidado de la Creación, fue enfatizado por los rabinos con la mitzvah “bal tash hit”, “no destruyas”. De acuerdo a Devarim 20:19, durante una guerra, el destruir las tierras del enemigo o las fuentes de su comida, estaba prohibido. Esta prohibición de destruir fue ampliada en general, en la literatura judía, a todos los recursos naturales en todo tiempo y lugar.

El “bal tash hit” tiene muchas implicaciones. En general prohíbe las destrucciones sin sentido. Nos obliga a ser cuidadosos de no dañar la vida silvestre.  Debemos cuidar el aire y el agua y en general todo lo que nos rodea.

También la mitzvah de “yishuv haaretz”, el colonizar la tierra, está enfocada en el sentido de hacerlo mejorando al mundo. En Tu Bishvat, el año nuevo de los árboles, la costumbre de plantar árboles es un ejemplo de esta mitzvah.

Una tercer mitzvah, “Tzaar baaley hayim”, prohíbe causar sufrimiento a cualquier ser viviente. En Devarim 25:4 se establece que no debes de ponerle un bozal a un animal que ayuda en las labores del campo y que implican que el animal no pueda comer al hacer su trabajo.  Y en 22:10 dice claramente que no debes de poner juntos en una yunta a un buey y a un burro, pues este último no tiene la fuerza del primero y ponerlos juntos le causaría un sufrimiento innecesario.

El Talmud nos explica que inclusive se pueden violar las leyes de Shabat para salvar o curar a un animal herido o en peligro. También estamos obligados a darle de comer a los animales antes de comer nosotros mismos. Y la matanza de animales para comer su carne debe hacerse con el menor sufrimiento posible del animal. Las leyes de Noé, nos prohíben comer partes de un animal vivo. La cacería por deporte también está prohibida,

El mundo descubrió el tema ecológico hace algunas décadas. El judaísmo lo maneja desde hace milenios, porque está inmerso en la misma esencia de la tradición judía. Por eso la ecología no es un tema nuevo en nuestra Torá.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “Judaism, the way of sanctification” de los rabinos Samuel H, Dresner y Byron L. Sherwin.

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48 El autogobierno judío.

Durante los primeros cinco siglos de nuestra era, los grandes rabinos de las academias en Eretz Israel y en Mesopotamia, dotaron al pueblo judío de un sistema legal basado en tres ejes: el Talmud, las cortes y academias rabínicas y la responsa, que son respuestas de los rabinos a preguntas concretas.

Con el Talmud, el liderazgo judío creó un conjunto de normas, resoluciones religiosas y precedentes legales que les permitía a las comunidades judías desparramadas por todo el Mediterráneo y el Medio Oriente el compartir un lenguaje escrito y un marco de referencia legal común, sin importar el entorno político, religioso y económico donde cada quien vivía.

Las academias también actuaban como cortes rabínicas, las cuales ofrecían consejos sobre asuntos específicos y ayudaban a resolver controversias legales o litigios en asuntos económicos, sociales o religiosos. Sin importar en donde vivían los judíos, ya sea en Babilonia en el siglo sexto, en Fustat (Egipto) en el siglo octavo o en Córdoba  en el siglo once,  las cortes rabínicas conformaban un cuerpo judicial y de arbitraje basado en el Talmud como código único y obligatorio, pero adaptando sus decisiones a las contingencias económicas y al entorno social de cada lugar donde vivían los judíos.

El proceso de aplicar las leyes del Talmud a problemas nuevos y a circunstancias particulares fue simplificado gracias al mecanismo de la responsa rabínica. En las academias de Sura y Pumbedita en Mesopotamia, los estudiosos discutían cada problema usando al Talmud como una guía paradigmática, para después emitir por escrito un fallo, el cual era enviado a todas las comunidades judías en la diáspora a través de la red de comerciantes judíos. La típica estructura de un responsum consistía primero en presentar el fallo en cuestión, luego una explicación concisa del por qué se llegó a dicho fallo, seguida de citas del Talmud para apoyar el veredicto y muchas veces incluían  argumentos para refutar alguna posible objeción. El servicio de responsa no era gratuito: las personas que mandaban alguna pregunta tenían que pagar por la respuesta. Estos pagos servían para sostener a las academias y a los estudiosos. Los fallos de las cortes rabínicas eran tan apreciados que inclusive se han encontrado contratos entre judíos y no judíos donde ambos acuerdan someterse al arbitraje de un rabino.

El tener un alfabeto escrito en común, el hebreo, un canon legal en común, el Talmud, una institución legal, las cortes rabínicas y un proceso para adaptar el Talmud a las circunstancias económicas, sociales y políticas del lugar donde vivían, la responsa, crearon un poderoso mecanismo de unión que ayudó al desarrollo de las comunidades judías dispersas por todo el mundo pero integradas en una gran red. Ese era el autogobierno judío.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Chosen Few (Los pocos escogidos) de Maristella Botticini y Zvi Eckstein.

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47 El Pueblo del Libro.

El Talmud en Bava Basra (21ª) nos dice: “Y Rav Yehuda dijo en el nombre de Rav: En efecto, tenemos que recordar a ese hombre, a Yehoshua ben Gamla, de una manera favorable, porque si no hubiera sido por él, la Torá se habría olvidado en Israel. Originalmente, si un niño tenía a su padre, este le enseñaría Torá, pero aquel que no tenía papá, no podría haber estudiado la Torá. Por lo tanto los sabios decretaron el que se establezcan maestros en Jerusalem, para que cualquier joven pueda ir a estudiar ahí y aprender la Torá. Como está dicho (en Isaias 2:3)”Y de Zion saldrá la Torá”. Pero como no todos podían ir a Jerusalem así fue que Yoshua ben Gamla decretó que las autoridades locales deberían instalar maestros en cada provincia y en cada pueblo y que debían traer a los niños de seis y siete años a que esos maestros les enseñen.”

Los estudiosos ubican a la takana (decreto rabínico) de Yehoshua ben Gamla en los años 63 a 65 de la era común, antes de la destrucción del Segundo Templo. ¿Qué implicó la takana? Ni más ni menos que el establecer los cimientos del sistema de educación obligatoria para todos los varones judíos a partir de los seis años. Las implicaciones religiosas, económicas, culturales y políticas fueron enormes y las vivimos hasta nuestros días. Y esto es aún más impresionante si entendemos que en esa época  el resto de la humanidad era mayormente analfabeta y solo las clases políticas dominantes podían leer y escribir. El Judaísmo se convirtió en una religión alfabetizadora.

Pero este decreto tuvo un alto costo. Mandar a educarse al hijo implicaba una pérdida económica importante ya que se perdía mano de obra en los trabajos del campo y además había que pagarle al profesor y comprar libros, ya que la educación no era gratuita. Muchos campesinos no querían o no podían hacerlo, además de que no les representaba ningún beneficio económico. Y la consecuencia fue que al no poder estudiar Torá, empezaron a abandonar la práctica del Judaísmo y a convertirse a otras religiones. Se calcula que de los 5 a 5.5 millones de judíos que existían en el año 65 de nuestra era, bajaron a 1-1.2 millones en el año 650. Claro que la asimilación no fue el único factor que ocasionó la pérdida de población, pero si fue el más importante.

Pero por el otro lado, el tener una población alfabetizada le dio enormes beneficios al pueblo Judío. El saber leer y el haber recibido educación, facilitaron el paso de una población rural a una urbana que se empezó a dedicar al comercio, los oficios, la medicina  y las finanzas. Y esto se reflejó en una mejoría notoria de la situación económica del judío que pudo y quiso mandar a sus hijos al Beth Sefer, la casa del libro, como se le llama a la escuela primaria.

Rabi Yehoshua ben Gamla seguramente no pensó que su Takana afectaría de una manera tan radical el desarrollo del  pueblo judío, pero sin lugar a dudas ese fue el resultado. A esta Takana le debemos en gran parte, el ser “El Pueblo del Libro”.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Chosen Few (Los pocos escogidos) de Maristella Botticini y Zvi Eckstein.

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46 Y ¿dónde quedaron los dinosaurios?

Hace algunos años, en una escuela judía ortodoxa del estado de New Jersey, un maestro les había dicho a sus estudiantes que los dinosaurios nunca existieron. Cuando un estudiante le dijo al maestro que él y su familia habían visitado recientemente el Museo de Historia Natural de la ciudad de Nueva York y que habían visto huesos de dinosaurios, el maestro les contestó: “Lo que viste no eran huesos de dinosaurios, lo que viste eran huesos de perro que se hincharon en el diluvio en la época de Noé”.

La interpretación literal de los textos bíblicos llevan, en el caso de las corrientes judías ultra ortodoxas, a negar verdades evidentes que la ciencia ha demostrado. ¿Tenemos que negar la existencia de los dinosaurios porque en Breishit no se mencionan?  El Rambam opinaba todo lo contrario. Si la ciencia ha demostrado sin lugar a dudas  que los dinosaurios existieron hace millones de años, tenemos que desechar las interpretaciones literales  que insisten que el universo tiene menos de seis mil años.

Hay otras interpretaciones científicamente sólidas y religiosamente válidas, que explican la edad del universo. Una de ellas sostiene que los seis días de la creación no fueron períodos de 24 horas. Inclusive, si queremos ser congruentes, Dios creo a los astros, empezando por el Sol, en el cuarto día. ¿Cómo explicar que los tres días primeros de la creación tuvieron anochecer y amanecer si no había un Sol? Tenemos que entender que esos períodos – días de creación – tuvieron una duración mucho mayor, quizá de billones de años. Esta explicación les da tiempo suficiente a los dinosaurios para haber existido y haberse extinguido, antes de que Adam y Eva fueran creados por Dios.

El rabino Aryeh Kaplan recientemente descubrió en los escritos de Rabi Itzhak de Akko, un kabalista del siglo XIII, alumno y colega de Najmanides, que Rabi Itzhak había calculado que el Universo tenía 15.3 billones de años, basado en interpretaciones de textos bíblicos y rabínicos. Cifra bastante cercana a los 15 billones que los científicos le atribuyen al Big Bang.

Así como es un error negar los descubrimientos científicos, también es un error pensar que la ciencia puede explicarnos absolutamente todo sobre la vida y su significado.  Los mismos científicos reconocen que entre más dudas resuelven, más dudas surgen. Sabemos que los dinosaurios existieron, pero hasta ahora no sabemos la verdadera razón de porque desaparecieron. Solo Dios lo sabe.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Maimónides, Spinoza and Us, del rabino Marc D, Angel.

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45 Una consulta con el Dr. Maimónides.

Sin duda la obra de Rabi Moshe ben Maimon, conocido como el Rambam o Maimónides (1138-1204), marca un parteaguas en la visión religiosa del Judaísmo. Su enfoque basado en la razón y el pensamiento filosófico, aportó una manera diferente de entender al Judaísmo. Entre sus muchas obras destaca su Mishneh Torah, tratado que nos permite entender de forma clara y ordenada los preceptos que nuestros sabios plasmaron en el Talmud. En Sefer Hamitzvoth toma los 613 mandamientos de la Torá, los explica y da reglas de cómo interpretarlos y llevarlos a cabo.

Pero es en su Guía para los Perplejos donde el Rambam nos presenta los preceptos del Judaísmo desde el punto de vista de la razón y el lenguaje filosófico. En ella demuestra que se puede llegar a la misma Verdad, así con mayúscula, tanto por el camino de la razón como por el camino de la religión.

En el libro tres, capítulo XII de La Guía para los Perplejos, Maimónides nos habla de que el sufrimiento tiene tres orígenes. El primero es el que le viene al hombre por estar sujeto a génesis y destrucción. ¿Qué quiere decir esto? Todos los seres vivos de la naturaleza nacen y mueren. Es una regla de la cual ninguno se escapa. Es la forma que tiene la naturaleza de renovarse y de que los seres viejos den su lugar a los jóvenes. Y para que esto se dé, la naturaleza tiene muchos caminos: enfermedades de todo tipo, accidentes, terremotos, incendios, inundaciones, etc.

El segundo es el que se origina de las otras personas. Es la conducta del otro la que nos puede afectar y hacernos sufrir ya sea físicamente o sicológicamente.  El daño que provoca la delincuencia, los malos gobernantes, las guerras y cualquier persona en general pueden ser la causa del dolor de muchos. Dolor que puede terminar hasta en la muerte.

El tercero son los males que se causa uno a sí mismo, por nuestra manera de actuar. Puede ser un daño físico, como aquellos que fuman o beben mucho, o puede ser sicológico, como los trastornos de la personalidad. Maimónides amplia este concepto y nos explica que este mal proviene de desear cosas innecesarias para la preservación del individuo y de la especie. El deseo no tiene límites y el satisfacerlo a toda costa nos lleva a actuar de una manera que nos puede dañar.

Saber el origen del sufrimiento nos ayuda a entenderlo y a tomar una actitud proactiva para evitarlo hasta cierto punto, para mitigarlo o para soportarlo con un mejor ánimo. Por eso, cuando sufres por algo, consulta al Dr. Maimónides.

Por Marcos Gojman.

Bibliograf’ia: Maimónides, Spinoza and Us, del rabino Marc D, Angel y Guía para los Perplejos de Maimónides.

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44 El secreto del equilibrista.

Nuestros rabinos nos enseñan que el camino de la Torá es una senda muy angosta que tiene del lado derecho fuego y del lado izquierdo hielo. Quien sigue a la Torá debe estar siempre bien enfocado y balanceado, para evitar salirse del camino y caer en cualquiera de las dos direcciones, el hielo o el fuego.

A la derecha está el fuego, el fuego de la pasión religiosa que ha perdido el control de sí misma. Este es el fuego del celo religioso que resbala al extremismo, al fanatismo y a la exageración. Doblar a la derecha implica el renunciar a la capacidad de razonar que tiene una persona en favor de una relación trascendente y mística con Dios. Sin embargo, con la suspensión del uso de la razón, se tiene la posibilidad de seguir a dioses falsos y creencias supersticiosas.

A la izquierda está el hielo, el hielo del escepticismo, del racionalismo descabellado. El calor de la Torá se pierde, se niega su belleza interior y su poder. Moverse a la izquierda implica renunciar al sentido espiritual de una persona a favor de una fría visión filosófica de la vida. Con el aumento del hielo se tiene la posibilidad de vivir sin haber podido nunca confrontar y experimentar a Dios.

Vivimos en una época en que cada vez es más difícil caminar en la senda de la Torá de una manera enfocada y balanceada. La intensidad del fuego en la derecha ha creado una religiosidad caracterizada por el extremismo, el oscurantismo y el autoritarismo. Somos testigos de una cómoda conformidad en el pensamiento, en la conducta y hasta en la manera de vestirse. Miles de personas dejan de pensar a cambio de seguir los dictados de sus “rebes” u otras autoridades halájicas. Kabalistas y pseudo-kabalistas se aprovechan dando amuletos, hilos rojos y bendiciones mágicas.

Las amenazas de la izquierda son igual de peligrosas. El secularismo tan extendido y el agnosticismo crean un enorme vacío. El sociólogo Peter L. Berger se refiere a esta condición moderna como “la espiritualidad en el vacío”. El vivir sin sentir la presencia de Dios es perder un aspecto vital y lleno de significado de la vida.

¿Es posible mantener una visión balanceada, intelectualmente sólida del Judaísmo? ¿Es posible   evitar el caer en el anti-racionalismo de la derecha o el super-racionalismo de la izquierda? Claro que sí. Podemos caminar por ese sendero de la Torá que descansa, por un lado, en los fundamentos clásicos de la Revelación Divina y por el otro en la premisa de que tenemos el derecho y la responsabilidad de cuestionarnos intelectualmente, en un espíritu de libertad y usando nuestra razón. Mantener ese equilibrio es el secreto.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Maimónides, Spinoza and Us, del rabino Marc D, Angel.

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