68 Necesitamos más rabinos como Hillel.

Hay infinidad de ejemplos a lo largo de los textos rabínicos donde líderes religiosos toman posturas audaces en contra de lo que ellos percibían como mandamientos halájicos moral o socialmente problemáticos. Uno de ellos fue Hillel, una de las figuras más prominentes de la época de la Mishnah y el Talmud. Hillel demuestra tener una personalidad sensible y valiente. Siguiendo le herencia espiritual de Abraham, Hillel confía en su propio juicio moral y actúa en consecuencia.

Deuteronomio 15:1-3 nos dice: “Cada séptimo año debes practicar la cancelación de las deudas. …Cada acreedor debe cancelar la deuda que reclama de su compañero que le debe…” Este versículo dictaba la cancelación de las deudas en el año sabático dentro de la comunidad judía. La ley de “shemitat kesafim” buscaba reducir la dependencia económica entre los diferentes sectores de la sociedad judía.

Sin embargo, lo que realmente sucedía en la sociedad judía, no concordaba con el espíritu del precepto. En el año antes de la Shemita, los prestamistas rehusaban prestar dinero a los necesitados. Una ley que tenía la intención de ayudar a los necesitados, en realidad estaba impidiendo que recibieran la ayuda que requerían.

Hillel se dio cuenta del problema y diseño el mecanismo del “Prozbol”. El Prozbol era un documento donde el acreedor le transfería a los jueces de la corte rabínica el pagaré donde se especificaba una cierta deuda y estos se comprometían a devolverle a su legítimo dueño el dinero después de cobrarlo. (BT Gittin 36ª).

Hillel actuó de manera espontánea basado en lo que vio. No esperó que la realidad se ajustara a ideales elevados ni esperó a tener el permiso divino o el de los sabios. La concepción del Prozbol de Hillel concordaba con la actitud de los Tanaim, el grupo de rabinos de la Mishnah, de dar una respuesta acorde a las circunstancias. Pero esta actitud cambió con los Amoraim, los rabinos de la Guemarah que estaban estupefactos por la interpretación de Hillel. Generaciones posteriores de sabios, estaban incrédulos ante la audacia de Hillel. ¿Cómo es posible que si la Torá ordenaba que se cancelaran las deudas al séptimo año, Hillel ordenaba lo contrario? El sabio Abaye, en el mismo versículo del Talmud, lo justificaba diciendo que Hillel “actuaba de acuerdo con el año sabático de su tiempo”.

Quedan muchos mandamientos problemáticos por resolver. Uno es el de las Agunot, aquellas mujeres que por diferentes circunstancias no se pueden volver a casar. Otro es el de la prohibición de las relaciones homosexuales (Levítico 18:22). Para ello se necesita una autoridad rabínica con audacia y sensibilidad a las circunstancias de estos tiempos. Se necesita otro Hillel.

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografía:“From Defender to Critic” del Rabino David Hartman.

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67 Por fin, ¿Quién es el autor de El Talmud?

Desde los tiempos de Ezra y Nehemia, los rabinos comentaban y discutían la Torá, y en general el Tanaj, de forma oral, sin ponerlo por escrito, aunque algunos tomaban notas en privado, como en el caso de las sentencias de las cortes rabínicas. En la época de la conquista romana del Reino de Judah, se produjeron una gran cantidad de normas halájicas, lo que hacía difícil el mantener el sistema oral, por lo que las palabras de los sabios se empezaron a escribir.

De acuerdo a la epístola de Rav Sherira Gaon, la gran convulsión que siguió a la destrucción del Templo y al levantamiento de Bar Kojba, puso en peligro de perderse ese conjunto de normas conocido como la Torá Oral, porque ya no habían las condiciones para transmitirlas oralmente de maestro a alumno, dada las políticas restrictivas de los romanos. Por eso, Rabi Yehuda Hanasi tomó la decisión de compilarlas y ponerlas por escrito. Así fue cómo nació la Mishnah.

La Mishnah es la colección de esas leyes y tradiciones orales que ya existían. Los rabinos que contribuyeron a su formación se les conoce como Tanaim, de los cuales se tiene información de aproximadamente 120 de ellos. El período durante el cual se compiló la Mishnah duró como 130 años y abarcó 5 generaciones. Se incluyeron inclusive muchos comentarios contrarios que surgían entre las diferentes academias (yeshivot), como las de Hillel y Shamai.

En el año 220 de nuestra era, la Mishnah quedó editada y publicada. En los siguientes cuatro siglos, la Mishnah fue analizada y debatida en las yeshivot de las dos comunidades judías más importantes de la época: la de Eretz Israel y la de Babilonia. Estos comentarios, conocidos como Guemará, fueron a su vez editados y publicados en cada lugar y junto con la Mishnah original, dieron origen, en un caso, al Talmud Yerushalmi, hecho en Israel y en el otro al Talmud Babli, hecho en Babilonia. El Yerushalmi se terminó un siglo antes, más que nada por culpa de la persecución religiosa que los romanos emprendieron en Eretz Israel en contra de los rabinos y sus academias. En ambos lugares, decenas de rabinos, conocidos como Amoraim, a lo largo de 8 generaciones, fueron los que contribuyeron a la formación del Talmud.

El rabino ortodoxo Aaron Parry, en su libro The Talmud, nos dice: “Casi todos están familiarizados con la historia de cómo Moisés recibió los Diez Mandamientos de Dios, pero lo que es menos conocido de esta historia es que Moisés y Dios tuvieron una buena plática en esa montaña y que ésta abarcaba mucho más de lo que podía inscribirse en las Tablas que él trajo consigo cuando bajó. Es esta información, la Torá Oral, que fue transmitida oralmente de Dios a Moisés y después de Moisés a las generaciones que le siguieron, lo que es la base para el Talmud”.

Este comentario debemos entenderlo más de una forma metafórica que literal. Definitivamente los cimientos del Judaísmo es la Torá que Moisés recibió en Sinai, pero el edificio que se construyó encima, se debe al trabajo de muchos sabios. El Talmud fue escrito por muchos con la inspiración de Uno.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Joseph Telushkin “Jewish Literacy” y otros.

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66 Un nuevo Judaísmo: El Judaísmo Rabínico.

Está escrito en el primer versículo del tratado de Pirkei Avot (Capítulos de los Padres): “Moisés recibió la Torá en el Monte Sinai y se la transmitió a Yehoshua. Éste la transmitió a los ancianos del pueblo, quienes a su vez la legaron a los profetas, quienes la hicieron llegar hasta los hombres de la Gran Asamblea.” Con este versículo, los rabinos o sea los hombres de la Gran Asamblea, crearon una cadena de continuidad que los ligaba directamente a Moisés, al que en esa época ya le habían añadido el título de Rabeinu, nuestro rabino, nuestro maestro, tratando de convertirlo así en el origen de la tradición rabínica. No nos sorprende que el versículo no mencionara a los reyes y a los sacerdotes, quienes eran la autoridad principal en la época de los dos Templos. El no haberlos incluido era señal de que el liderazgo estaba pasando de las figuras tradicionales, los monarcas y la clase sacerdotal, a las casas de estudio, a los rabinos mismos.

Al argumentar que la Revelación y la Profecía habían concluido, que Dios ya no hablaba con nadie, los rabinos desaparecieron a Dios del escenario de la historia y se dedicaron a interpretar Su Mensaje plasmado en las Sagradas Escrituras. Ellos decían que sus interpretaciones de la Torá no eran algo nuevo, sino que Moisés las había recibido en Sinai, en la forma de lo que llamaban la Torá Oral y que se trasmitía de un sabio a otro. La creación literaria judía pasó de la Biblia, un libro donde se narraba la historia del pueblo judío, incluyendo los actos y la presencia de Dios, a otro libro, el Talmud (la Torá Oral), donde ya no se narraban nuevos hechos históricos y por lo tanto Dios ya no aparecía y lo que se narraba eran los comentarios de los rabinos sobre los textos de la Biblia. En la Biblia, Dios y el pueblo de Israel son los personajes principales, en el Talmud, los rabinos son los personajes principales. Ahora, el contacto con Dios era de forma indirecta, a través de Sus Mandamientos que los rabinos interpretaban.

Claramente, el cambio de liderazgo se debió a la destrucción del Templo. Éste había funcionado como el centro político y de culto del pueblo de Israel y al ser destruido, el vacío que dejaron los sacerdotes y los reyes fue llenado por los rabinos. Inclusive, el presidente de la Gran Asamblea, un rabino electo por sus colegas, recibía la aprobación de las mismas autoridades romanas, lo cual lo convertía en la cabeza, no sólo religiosa, sino también política, del Pueblo de Israel.

La destrucción del Templo en el año 70 y el fracaso del levantamiento de Bar Kojba 60 años después (132-135), fue un hecho devastador para el Pueblo Judío. La respuesta romana a la rebelión judía fue tremenda. Querían desaparecer al Judaísmo de la faz de la tierra. Los rabinos sabían que el pueblo judío no tenía la fuerza militar, ni política, ni económica para enfrentar a la potencia más grande en esa época. Lo único que podría salvarlo, era el convertirlo en algo diferente. Cambiaron a los sacerdotes y a los sacrificios, por la sinagoga, el estudio de la Torá, el rezo y las mitzvoth. La solución fue un nuevo Judaísmo, el Judaísmo Rabínico.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: “Jewish Culture in Greco Roman Palestine” de Eric M. Meyers, parte del libro “Cultures of the Jews”, editado por David Biale.

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65 “Dina de maljuta dina”: la ley del país es la ley.

El Talmud nos dice en varias partes (Bava Batra 54b, Nedarim 28a, Gitin 10b, Bava Kama 113a y Bava Batra 55a ) “dina de-maljuta dina”, que la ley del país es también ley para los judíos, siempre y cuando no imponga a los judíos el ir en contra de la Halaja. En este sentido, uno como judío debe respetar la luz roja, no ir a exceso de velocidad y pagar correctamente los impuestos y el observar la Halaja, la Ley Judía, no nos exime de esas obligaciones.

Esto no le sorprende a la mayoría de los judíos y raramente es sujeto de debate, inclusive en la mayoría de los grupos ultraconservadores, aunque se da el caso en algunas comunidades judías de gente que presume ser muy religiosa u observante, al mismo tiempo que violan las leyes del país.
Por supuesto que a veces hay casos donde tenemos la obligación religiosa de no obedecer la ley del país, cuando por ejemplo se ha prohibido el hacer la circuncisión a los varones recién nacidos o el matar a los animales de acuerdo a las leyes de shejitá (matanza kasher).

Hay otras instancias en donde la ley del país es más permisiva que la ley judía, como por ejemplo la libertad de expresión. Los preceptos judíos sí limitan el expresarse en casos muy concretos, especialmente si nuestras palabras pueden dañar o lastimar a otra persona (lashon hara).

También existen casos donde la ley del país es más estricta que la ley judía. Por ejemplo, la ley judía no prohíbe la discriminación en el empleo y estipula un trato diferente a un sirviente judío que a un no judío. La ley en muchos países sostiene la no discriminación en materia de empleo.

Dina de-maljuta dina, la ley del país es la ley, es una frase que se le atribuye al sabio Samuel. De acuerdo a Samuel es muy claro que un judío debe obedecer las leyes del país donde reside al menos que la ley directamente contradiga un precepto de la Halajá. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que el ser una persona respetuosa de la ley no es sólo una obligación cívica, sino que también es una obligación religiosa, tan importante como cumplir con las mitzvoth.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Dina de-maljuta dina,artículo de Rabbi Michael Knopf.

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64 Hillel y Shamai: dos puntos de vista.

Hillel y Shamai eran dos rabinos del siglo 1 AEC que fundaron dos escuelas rivales dentro del pensamiento rabínico. Se les conoce como la Casa de Hillel y la Casa de Shamai. El debate que se dio entre las dos, fue crítico para la conformación del Talmud y del Judaísmo como lo conocemos hasta hoy.

En general, la Casa de Shamai sostenía posturas más estrictas que la Casa de Hillel. La tradición talmúdica enlista más de 350 controversias entre Bet Shamai y Bet Hillel. A la primera se le veía, en general, como una escuela más intolerante que a la segunda. Bet Hillel parecía tomar más en cuenta las necesidades y la sensibilidad de la gente. (Tosefta Sukah 2:3 y BT Eruvin 13b).

Los rabinos en el Talmud generalmente se inclinaban por lo que proponía Bet Hillel, aunque los sabios sostenían que los dos puntos de vista eran válidos. Una famosa diferencia entre ellos, era la postura que cada escuela sostenía en relación a aquellas viudas que no podían probar de manera contundente que su marido había muerto. Hillel sostenía que se podían volver a casar aunque solo tuvieran pruebas indirectas de su muerte. Shamai requería que los testigos presentaran pruebas directas de la muerte, para que la viuda pudiera contraer matrimonio nuevamente.

Otra diferencia era su postura a aceptar o no conversos. Hillel favorecía el aceptar prosélitos, inclusive aunque estos demandaran cosas absurdas, como aprender la Torá mientras estás parado sobre un pie (Al reguel ajat) mientras que Shamai era más estricto.

También sostuvieron posturas diferentes en el encendido de las velas de Januká. Bet Shamai sostenía que el primer día debían prenderse ocho velas e ir reduciendo una vela cada día, hasta que el último día sólo se prendía una. Hillel decía que había que hacerlo exactamente al revés: empezar con una y terminar con ocho velas. El argumento de Hillel era que lo sagrado debe crecer y no disminuir. (BT Shabbat 21b). También los textos nos relatan que Hillel decía que a una novia, en el día de su boda, debías decirle que se ve hermosa aunque esto no fuera cierto y Shamai decía que había que decirle la verdad. (Talmud, Ketubot 16b-17a).

Hay una bellísima metáfora en la Tosefta que describe el tipo de sensibilidad religiosa que el Talmud trata de fomentar: “Hazte a ti mismo un corazón con muchos cuartos y llévale las palabras de la Casa de Shamai y las palabras de la Casa de Hillel, las palabras de aquellos que declaran que es impuro y de aquellos que declaran que es puro.” (Sotah 7:12). En otras palabras, conviértete en una persona tolerante.
¿Por qué nuestros sabios dejaron escrito en el Talmud las dos posturas, cuando podían haber eliminado la menos aceptada? Quizá era para enseñarnos que nadie tiene la verdad absoluta. Por eso incluyeron los dos puntos de vista.

Preparado por Marcos Gojman de varias fuentes.

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63 ¿Sodoma o el Sacrificio de Isaac?

La Torá nos presenta en Breishit, dos reacciones de Abraham totalmente opuestas al afrontar dos situaciones similares. La primera es cuando Dios le dice que va a destruir la ciudad de Sodoma y Abraham discute con Él. Abraham lo interpela: “Acaso El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Breishit 18:25). Abraham pareciera apelar a un principio moral aceptado de forma general por los hombres. Cuestionó las intenciones de Dios sin usar “citas bíblicas” o el comentario de algún sabio. Lo hacía con ese sentido intuitivo de justicia y de amor que ni el hombre ni Dios podían violar y lo hacía también con humildad y amor hacia Dios: “Y me atrevo a hablar a mi Señor, yo que soy sólo polvo y cenizas” (Breishit 18:27).

La segunda es cuando Dios le pide a Abraham que lleve a su hijo Isaac a Moriah, a que lo ofrezca como  sacrificio para Él. Sin darle mayor explicación y mucho menos una justificación, Dios le ordena a Abraham que sacrifique a su hijo, lo que implicaba además, la cancelación de la promesa de que Abraham sería el padre de un numeroso pueblo. Después del incidente de Sodoma, uno hubiera esperado que Abraham  le rogara a Dios no acabar con la vida de su hijo. Pero no lo hace, no le pide una explicación y menos una justificación. Su respuesta es una sumisión total y una rendición incondicional.

El Dios de Abraham por lo tanto, toma dos formas diferentes en el libro de Génesis. Por un lado un Dios que demanda una rendición total a sus mandamientos y por el otro un Dios que invita a la crítica y al juicio moral independiente.  Estos dos paradigmas han permeado  la vida religiosa y la interpretación de los textos a lo largo de la historia judía. Para muchos maestros, desde la época del Talmud hasta nuestros días, el sacrificio de Isaac, la Akedah, ha sido el paradigma de su vida y de su pensamiento religioso.  Para ellos, la sobrevivencia y la continuidad de la tradición judía requieren de una rendición incondicional y una total lealtad. Para cumplir con Dios, uno debe estar dispuesto a sacrificar su propia capacidad intelectual y su intuición, uno debe renunciar a todo lo que uno sabe y aprecia como ser humano, en deferencia y obediencia a la palabra de Dios.

Los círculos más conservadores dentro del judaísmo alegan que el paradigma de la Akedah es su respuesta a aquellos que cuestionan la práctica religiosa y que buscan el cambio,  ya que según ellos,  la vida religiosa perdería credibilidad si la sumisión y la rendición fueran menos que total. La creencia de que si cambias algo, todo se derrumba, se deriva del silencio de Abraham en el relato de la Akedah.

Pero el otro paradigma, el de Sodoma nos da otro mensaje: “Traigan su propia intuición moral, su sentido subjetivo de dignidad  y justicia y úsenlo para entender la realidad de Dios”. No sólo que esto no amenaza ni socava la conciencia religiosa sino por el contrario, es necesario para comprender la validez y la aplicabilidad de los mandamientos divinos. Qué escoges ¿Sodoma o la Akedah?

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: A Heart of Many Rooms, de David Hartman.

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62 El problema de las cercas.

En una parte del tratado Berajot del Talmud, los sabios discuten hasta qué hora se puede decir el “Shema” de la noche. Después de que se presentan muchos comentarios, finalmente concluyen que se puede decir el Shema de la noche, máximo hasta la medianoche y no hasta antes de la madrugada. ¿Y cuál es el argumento que los lleva a esta decisión? El propósito de poner ese límite específico, es para “alejar a la persona del pecado” (Kdei leharjik et haadam min hahabeira) y así garantizar el que la gente lo cumpla correctamente. Y continúa el texto: “hay una enseñanza que dice que los sabios harán una cerca para salvaguardar sus palabras” (Jajamim asu sayag ledibreihem, Berajot 4b). Quiere decir que los preceptos halájicos deben estar de tal forma pensados y redactados, que no permitan de ninguna forma que la persona caiga en pecado. Antes de la madrugada podría ser que la persona no calculara bien el tiempo que le queda y termine diciendo el Shema de la noche cuando ya es de día. Si se pone el límite de la medianoche, ese riesgo no se corre. La medianoche nos da un amplio margen.

Esta enseñanza de “crear una cerca a las palabras de los sabios”  tuvo implicaciones importantísimas. El enorme cúmulo de reglas halájicas para hacer prácticamente imposible el que la persona peque al no cumplirlas correctamente, se ha llevado al extremo. Una  “Jumra” es una prohibición u obligación en la práctica del Judaísmo que excede los requisitos mínimos que plantea la ley judía. “Jumrot” (plural de Jumra) pueden ser adoptadas por un individuo o por una comunidad. Se les encuentra en el Judaísmo Ortodoxo como una forma de evitar transgredir un precepto o como una forma de distinguirse de otros grupos ortodoxos.

También el concepto de “jumra” se usa cuando en el Talmud existen dos o más interpretaciones diferentes sobre el mismo punto y se aplica simplemente al escoger la interpretación más estricta en vez de la más indulgente. Por ejemplo, en el siglo XII, Rabeinu Tam decía que se podían comer platillos de leche inmediatamente después de comer carne, simplemente recitando una bendición y cambiando el mantel. Ahora, la práctica halájica mayormente aceptada, exige esperar por lo menos una hora. La práctica de hoy se le considera una “jumra” comparada con lo que decía Rabeinu Tam.

En cierto sentido, el Talmud, la Torá Oral, es esa cerca que protege a la Torá Escrita. J. Israelstam, un estudioso inglés, nos explica que: “La Torá se concibe como un jardín y sus preceptos como plantas preciosas y se erige una cerca para protegerlos.” Robert Frost en su poema “Mending Wall” (Reparando el Muro) dice: “Antes de construir un muro, yo quisiera saber qué estoy dejando adentro y qué estoy dejando afuera y a quién ofendo con esto.” Muros muy altos, nos aíslan del mundo exterior, nos encierran  y no nos dejan ver lo que sucede afuera. A lo mejor hay una planta nueva que se vería muy bien en nuestro jardín. Ese es el problema con las cercas.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: la edición Art Scroll del Talmud y otras fuentes.

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61 Las fiestas con y sin el Templo.

La Torá nos indica que debemos celebrar tres fiestas en el año: Pesaj, Shavuot y Sukkot  (Levítico 23). Se les conoce como “Shalosh Regalim”, las tres peregrinaciones. El mandamiento decía que cada judío de la tierra de Israel tenía que peregrinar al Templo en Jerusalem para presentar un sacrificio.

En Pesaj, cada familia o grupo de personas, traían un cordero o un chivo para sacrificarlo en el Templo la noche antes de la fiesta. Luego los peregrinos salían a los patios de Jerusalem a asar el animal en una fogata. Mientras se lo comían con Matza y hierbas amargas, contaban la historia del Éxodo de Egipto.

En Shavuot, la fiesta de la recolección, los granjeros traían sus primicias, canastas con granos y frutas y se las entregaban a los sacerdotes, al mismo tiempo que recitaban una letanía agradeciéndole a Dios por haber sacado al pueblo de Israel de la tierra de Egipto.

Sukot por su parte, se había convertido en la festividad más observada en el Templo. Durante los ocho días que duraba, los sacerdotes sacrificaban setenta animales acompañados de su respectiva porción de granos mezclados con aceite y de vino. En Sukot, los judíos llegaban a Jerusalem con ramas de palmeras entrelazadas con ramas de sauce y de mirto y llevando un etrog. Todo esto lo agitaban al tiempo que decían “Hoshiana”, Dios nos salve. Después de la ceremonia, les daban el etrog a los niños para que se lo comieran.  Como Sukot caía en el otoño, al comienzo de la temporada de lluvias, los sacerdotes sacaban una jarra de agua del manantial de Siloam, en Jerusalem y lo pasaban de mano en mano hasta que llegaba al Templo para hacer una libación. A la ceremonia le seguía una alegre fiesta que duraba hasta muy avanzada la noche. La idea era pedirle a Dios lluvias abundantes para tener buenas cosechas.

Sin embargo, con el tiempo, el fondo de ser festividades agrícolas fue cambiando a algo más espiritual. Pesaj se convirtió en el día para recordar la salida de Egipto. Shavuot se le relacionó con el día que Dios le habló a Israel en el Monte Sinai. Y Sukot los sabios lo asociaron con los 40 años que duró la travesía en el desierto.

Cuando los romanos destruyen el Templo, las festividades cambiaron. Pesaj se observaba ahora con una cena ritual en casa, sin hacer el sacrificio del cordero. Lo importante ahora era contar la historia del Éxodo.  En Shavuot se celebraba el haber recibido la Torá y en Sukot se construían las cabañas, las que normalmente se utilizaban en el campo para recolectar la cosecha, ahora se les usaba para recordar los años en el desierto y se agitaban las palmas con el sauce, el mirto y el etrog. Los rezos de Hoshiana se hacían ahora en las sinagogas. Los sacrificios en el templo habían quedado cancelados, obviamente. Las fiestas sin Templo ya no eran como las fiestas con Templo.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía:The Jews in the Time of Jesus del Rabino Stephen M. Wylen

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60 El final de los profetas.

Los profetas Hagay, Zacarias y Malaji vivieron en el tiempo de Ezra y Nehemia. Después de ellos, no hubo más profetas entre el pueblo de Israel. La gente se preguntaba: “¿Cómo es que Dios ya no nos habla a través de los profetas como en los tiempos bíblicos?  A lo largo de la época del Segundo Templo la gente añoraba el regreso de la profecía. Se preguntaban: “¿Por qué Dios se ha distanciado de nosotros? ¿Dónde están los profetas? La literatura judía de la época del Segundo Templo mostraba consistentemente una nostalgia por las profecías.

Desde nuestra perspectiva histórica es fácil contestar la pregunta de porque no hay más profetas. La aceptación de la Torá como Escritura Sagrada bajo Ezra el escribano, trajo a la profecía a un repentino e irreversible final. Un pueblo y una religión no pueden tener las dos cosas, profecías y escrituras. Uno busca a un profeta para recibir un nuevo mensaje de Dios. Las Escrituras por su parte presumen ser el mensaje completo y único de Dios. ¿Qué haríamos si un profeta contradice la palabra de las Escrituras?

Desde el momento que los judíos aceptaron a la Torá  como Escritura, el sabio sustituyó al profeta. El sabio era un estudioso que conocía la Torá y cómo interpretarla. Dios ahora hablaba a través del sabio, en vez del profeta.

Malaji fue el último de los profetas.  Surge después de la época de Ezra el escribano. El tercero y último capítulo del libro de Malaji representa la despedida final de la profecía bíblica.  Malaji nos anuncia un futuro que estará dominado por los intérpretes de las escrituras más que por los mensajeros de Dios. Malaji anuncia el Día de Dios como aquel en que serán  reivindicados aquellos que obedecen los mandamientos del Creador.  El mensaje de Dios nos llegará interpretando los mandamientos de la Torá  y no a través de las palabras de un profeta.

Zacarias y Malaji escribieron en el formato de pregunta y respuesta. ¿Era sólo una herramienta literaria? ¿O los últimos profetas estaban imitando el estilo de los sabios, quienes reciben una pregunta y la contestan con una respuesta estudiada? No lo sabemos. Pero si sabemos que así fue el final de los profetas.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Jews in the Time of Jesus del Rabino Stephen M. Wylen.

 

 

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59 Cuando la Biblia pasó de ser época a ser libro.

Después de la muerte del rey Salomón, el reino se dividió en dos: Al sur, el reino de Judah que continuó bajo la dinastía de la casa de David y al norte el reino de Israel que tuvo varias dinastías hasta que los asirios lo destruyeron en el año 722 antes de la era común (AEC). El reino de Judah duró 136 años más hasta que en el 586 AEC los babilonios lo conquistaron, forzando a la mayoría de sus habitantes a irse al exilio a la misma Babilonia.

Para entonces, en Eretz Israel, ya se había centralizado todo el ritual de sacrificios en el Templo de Jerusalem. Los altares pequeños fueron destruidos y los judíos se acostumbraron a que sólo podían adorar a Dios en el Templo. Esta condición obligó a los judíos en Babilonia a encontrar nuevas formas de servir a Dios, ya que no podían realizar sacrificios en el exilio, aunque no perdían la esperanza de regresar a Jerusalem y reconstruir el Templo.

Los líderes del pueblo judío: los sacerdotes, la realeza y la nobleza, los hombres sabios y los ancianos, habían sido exiliados a Babilonia. A ellos les tocó la tarea de preservar la identidad y la religión con nuevos rituales y reglas de observancia. Leer la Torá fue una de esas formas nuevas.

El profeta Jeremías dijo que el exilio solo duraría 70 años. Alrededor del año 539 AEC, Ciro, el emperador persa, conquistó Babilonia y animó a los judíos a regresar a Judah y restablecer el culto a Dios. Aun así, muchos se quedaron en Babilonia donde se sentían como en casa. Algunos regresaron a Judah, incluyendo a los sacerdotes que tenían la esperanza de reconstruir el Templo y con eso su forma de subsistencia.  En el año 515 AEC el Templo fue reconstruido de manera modesta, aunque con los años fue mejorado hasta sobrepasar en belleza al primero.

Ezra y Nehemia fueron los dos grandes líderes que guiaron la reconstrucción de Judah.  Nehemia era un funcionario en el gobierno persa, quien pidió permiso para regresar a Judah y reconstruir el país. Le fue concedido y reconstruyó las murallas, estableció un gobierno honesto y derrotó a sus enemigos, especialmente a los Samaritanos.  Ezra era un sacerdote, un líder religioso. Regresó de Babilonia con la consigna de restablecer el culto religioso. Impuso reglas muy estrictas para observar el Shabat, tal como ya lo hacían los judíos en Babilonia, donde el observar el Shabat era primordial en el ritual religioso. Él fue el que introdujo la lectura de la Torá en las fiestas. En su primer Rosh Hashana leyó de la Torá, como está escrito en el capítulo 8 del libro de Nehemia: “Ezra bendijo a Dios y todos contestaron amen, leyó de Dios en el rollo de la Torá, traduciéndolo y dándole sentido para que la gente entendiera lo que se leía”.

Leer la Torá en público es el último evento que se narra en la Biblia. Los judíos de la época bíblica no tenían una Biblia, ya que ellos mismos eran los actores de las narraciones bíblicas. Sus historias  eventualmente se convertirían en la Biblia. Al canonizarse la Biblia, los judíos dejaron de vivir en los tiempos bíblicos. La Biblia pasó de ser época a ser libro.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Jews in the Time of Jesus del Rabino Stephen M. Wylen.

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