48 El autogobierno judío.

Durante los primeros cinco siglos de nuestra era, los grandes rabinos de las academias en Eretz Israel y en Mesopotamia, dotaron al pueblo judío de un sistema legal basado en tres ejes: el Talmud, las cortes y academias rabínicas y la responsa, que son respuestas de los rabinos a preguntas concretas.

Con el Talmud, el liderazgo judío creó un conjunto de normas, resoluciones religiosas y precedentes legales que les permitía a las comunidades judías desparramadas por todo el Mediterráneo y el Medio Oriente el compartir un lenguaje escrito y un marco de referencia legal común, sin importar el entorno político, religioso y económico donde cada quien vivía.

Las academias también actuaban como cortes rabínicas, las cuales ofrecían consejos sobre asuntos específicos y ayudaban a resolver controversias legales o litigios en asuntos económicos, sociales o religiosos. Sin importar en donde vivían los judíos, ya sea en Babilonia en el siglo sexto, en Fustat (Egipto) en el siglo octavo o en Córdoba  en el siglo once,  las cortes rabínicas conformaban un cuerpo judicial y de arbitraje basado en el Talmud como código único y obligatorio, pero adaptando sus decisiones a las contingencias económicas y al entorno social de cada lugar donde vivían los judíos.

El proceso de aplicar las leyes del Talmud a problemas nuevos y a circunstancias particulares fue simplificado gracias al mecanismo de la responsa rabínica. En las academias de Sura y Pumbedita en Mesopotamia, los estudiosos discutían cada problema usando al Talmud como una guía paradigmática, para después emitir por escrito un fallo, el cual era enviado a todas las comunidades judías en la diáspora a través de la red de comerciantes judíos. La típica estructura de un responsum consistía primero en presentar el fallo en cuestión, luego una explicación concisa del por qué se llegó a dicho fallo, seguida de citas del Talmud para apoyar el veredicto y muchas veces incluían  argumentos para refutar alguna posible objeción. El servicio de responsa no era gratuito: las personas que mandaban alguna pregunta tenían que pagar por la respuesta. Estos pagos servían para sostener a las academias y a los estudiosos. Los fallos de las cortes rabínicas eran tan apreciados que inclusive se han encontrado contratos entre judíos y no judíos donde ambos acuerdan someterse al arbitraje de un rabino.

El tener un alfabeto escrito en común, el hebreo, un canon legal en común, el Talmud, una institución legal, las cortes rabínicas y un proceso para adaptar el Talmud a las circunstancias económicas, sociales y políticas del lugar donde vivían, la responsa, crearon un poderoso mecanismo de unión que ayudó al desarrollo de las comunidades judías dispersas por todo el mundo pero integradas en una gran red. Ese era el autogobierno judío.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Chosen Few (Los pocos escogidos) de Maristella Botticini y Zvi Eckstein.

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47 El Pueblo del Libro.

El Talmud en Bava Basra (21ª) nos dice: “Y Rav Yehuda dijo en el nombre de Rav: En efecto, tenemos que recordar a ese hombre, a Yehoshua ben Gamla, de una manera favorable, porque si no hubiera sido por él, la Torá se habría olvidado en Israel. Originalmente, si un niño tenía a su padre, este le enseñaría Torá, pero aquel que no tenía papá, no podría haber estudiado la Torá. Por lo tanto los sabios decretaron el que se establezcan maestros en Jerusalem, para que cualquier joven pueda ir a estudiar ahí y aprender la Torá. Como está dicho (en Isaias 2:3)”Y de Zion saldrá la Torá”. Pero como no todos podían ir a Jerusalem así fue que Yoshua ben Gamla decretó que las autoridades locales deberían instalar maestros en cada provincia y en cada pueblo y que debían traer a los niños de seis y siete años a que esos maestros les enseñen.”

Los estudiosos ubican a la takana (decreto rabínico) de Yehoshua ben Gamla en los años 63 a 65 de la era común, antes de la destrucción del Segundo Templo. ¿Qué implicó la takana? Ni más ni menos que el establecer los cimientos del sistema de educación obligatoria para todos los varones judíos a partir de los seis años. Las implicaciones religiosas, económicas, culturales y políticas fueron enormes y las vivimos hasta nuestros días. Y esto es aún más impresionante si entendemos que en esa época  el resto de la humanidad era mayormente analfabeta y solo las clases políticas dominantes podían leer y escribir. El Judaísmo se convirtió en una religión alfabetizadora.

Pero este decreto tuvo un alto costo. Mandar a educarse al hijo implicaba una pérdida económica importante ya que se perdía mano de obra en los trabajos del campo y además había que pagarle al profesor y comprar libros, ya que la educación no era gratuita. Muchos campesinos no querían o no podían hacerlo, además de que no les representaba ningún beneficio económico. Y la consecuencia fue que al no poder estudiar Torá, empezaron a abandonar la práctica del Judaísmo y a convertirse a otras religiones. Se calcula que de los 5 a 5.5 millones de judíos que existían en el año 65 de nuestra era, bajaron a 1-1.2 millones en el año 650. Claro que la asimilación no fue el único factor que ocasionó la pérdida de población, pero si fue el más importante.

Pero por el otro lado, el tener una población alfabetizada le dio enormes beneficios al pueblo Judío. El saber leer y el haber recibido educación, facilitaron el paso de una población rural a una urbana que se empezó a dedicar al comercio, los oficios, la medicina  y las finanzas. Y esto se reflejó en una mejoría notoria de la situación económica del judío que pudo y quiso mandar a sus hijos al Beth Sefer, la casa del libro, como se le llama a la escuela primaria.

Rabi Yehoshua ben Gamla seguramente no pensó que su Takana afectaría de una manera tan radical el desarrollo del  pueblo judío, pero sin lugar a dudas ese fue el resultado. A esta Takana le debemos en gran parte, el ser “El Pueblo del Libro”.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Chosen Few (Los pocos escogidos) de Maristella Botticini y Zvi Eckstein.

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46 Y ¿dónde quedaron los dinosaurios?

Hace algunos años, en una escuela judía ortodoxa del estado de New Jersey, un maestro les había dicho a sus estudiantes que los dinosaurios nunca existieron. Cuando un estudiante le dijo al maestro que él y su familia habían visitado recientemente el Museo de Historia Natural de la ciudad de Nueva York y que habían visto huesos de dinosaurios, el maestro les contestó: “Lo que viste no eran huesos de dinosaurios, lo que viste eran huesos de perro que se hincharon en el diluvio en la época de Noé”.

La interpretación literal de los textos bíblicos llevan, en el caso de las corrientes judías ultra ortodoxas, a negar verdades evidentes que la ciencia ha demostrado. ¿Tenemos que negar la existencia de los dinosaurios porque en Breishit no se mencionan?  El Rambam opinaba todo lo contrario. Si la ciencia ha demostrado sin lugar a dudas  que los dinosaurios existieron hace millones de años, tenemos que desechar las interpretaciones literales  que insisten que el universo tiene menos de seis mil años.

Hay otras interpretaciones científicamente sólidas y religiosamente válidas, que explican la edad del universo. Una de ellas sostiene que los seis días de la creación no fueron períodos de 24 horas. Inclusive, si queremos ser congruentes, Dios creo a los astros, empezando por el Sol, en el cuarto día. ¿Cómo explicar que los tres días primeros de la creación tuvieron anochecer y amanecer si no había un Sol? Tenemos que entender que esos períodos – días de creación – tuvieron una duración mucho mayor, quizá de billones de años. Esta explicación les da tiempo suficiente a los dinosaurios para haber existido y haberse extinguido, antes de que Adam y Eva fueran creados por Dios.

El rabino Aryeh Kaplan recientemente descubrió en los escritos de Rabi Itzhak de Akko, un kabalista del siglo XIII, alumno y colega de Najmanides, que Rabi Itzhak había calculado que el Universo tenía 15.3 billones de años, basado en interpretaciones de textos bíblicos y rabínicos. Cifra bastante cercana a los 15 billones que los científicos le atribuyen al Big Bang.

Así como es un error negar los descubrimientos científicos, también es un error pensar que la ciencia puede explicarnos absolutamente todo sobre la vida y su significado.  Los mismos científicos reconocen que entre más dudas resuelven, más dudas surgen. Sabemos que los dinosaurios existieron, pero hasta ahora no sabemos la verdadera razón de porque desaparecieron. Solo Dios lo sabe.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Maimónides, Spinoza and Us, del rabino Marc D, Angel.

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45 Una consulta con el Dr. Maimónides.

Sin duda la obra de Rabi Moshe ben Maimon, conocido como el Rambam o Maimónides (1138-1204), marca un parteaguas en la visión religiosa del Judaísmo. Su enfoque basado en la razón y el pensamiento filosófico, aportó una manera diferente de entender al Judaísmo. Entre sus muchas obras destaca su Mishneh Torah, tratado que nos permite entender de forma clara y ordenada los preceptos que nuestros sabios plasmaron en el Talmud. En Sefer Hamitzvoth toma los 613 mandamientos de la Torá, los explica y da reglas de cómo interpretarlos y llevarlos a cabo.

Pero es en su Guía para los Perplejos donde el Rambam nos presenta los preceptos del Judaísmo desde el punto de vista de la razón y el lenguaje filosófico. En ella demuestra que se puede llegar a la misma Verdad, así con mayúscula, tanto por el camino de la razón como por el camino de la religión.

En el libro tres, capítulo XII de La Guía para los Perplejos, Maimónides nos habla de que el sufrimiento tiene tres orígenes. El primero es el que le viene al hombre por estar sujeto a génesis y destrucción. ¿Qué quiere decir esto? Todos los seres vivos de la naturaleza nacen y mueren. Es una regla de la cual ninguno se escapa. Es la forma que tiene la naturaleza de renovarse y de que los seres viejos den su lugar a los jóvenes. Y para que esto se dé, la naturaleza tiene muchos caminos: enfermedades de todo tipo, accidentes, terremotos, incendios, inundaciones, etc.

El segundo es el que se origina de las otras personas. Es la conducta del otro la que nos puede afectar y hacernos sufrir ya sea físicamente o sicológicamente.  El daño que provoca la delincuencia, los malos gobernantes, las guerras y cualquier persona en general pueden ser la causa del dolor de muchos. Dolor que puede terminar hasta en la muerte.

El tercero son los males que se causa uno a sí mismo, por nuestra manera de actuar. Puede ser un daño físico, como aquellos que fuman o beben mucho, o puede ser sicológico, como los trastornos de la personalidad. Maimónides amplia este concepto y nos explica que este mal proviene de desear cosas innecesarias para la preservación del individuo y de la especie. El deseo no tiene límites y el satisfacerlo a toda costa nos lleva a actuar de una manera que nos puede dañar.

Saber el origen del sufrimiento nos ayuda a entenderlo y a tomar una actitud proactiva para evitarlo hasta cierto punto, para mitigarlo o para soportarlo con un mejor ánimo. Por eso, cuando sufres por algo, consulta al Dr. Maimónides.

Por Marcos Gojman.

Bibliograf’ia: Maimónides, Spinoza and Us, del rabino Marc D, Angel y Guía para los Perplejos de Maimónides.

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44 El secreto del equilibrista.

Nuestros rabinos nos enseñan que el camino de la Torá es una senda muy angosta que tiene del lado derecho fuego y del lado izquierdo hielo. Quien sigue a la Torá debe estar siempre bien enfocado y balanceado, para evitar salirse del camino y caer en cualquiera de las dos direcciones, el hielo o el fuego.

A la derecha está el fuego, el fuego de la pasión religiosa que ha perdido el control de sí misma. Este es el fuego del celo religioso que resbala al extremismo, al fanatismo y a la exageración. Doblar a la derecha implica el renunciar a la capacidad de razonar que tiene una persona en favor de una relación trascendente y mística con Dios. Sin embargo, con la suspensión del uso de la razón, se tiene la posibilidad de seguir a dioses falsos y creencias supersticiosas.

A la izquierda está el hielo, el hielo del escepticismo, del racionalismo descabellado. El calor de la Torá se pierde, se niega su belleza interior y su poder. Moverse a la izquierda implica renunciar al sentido espiritual de una persona a favor de una fría visión filosófica de la vida. Con el aumento del hielo se tiene la posibilidad de vivir sin haber podido nunca confrontar y experimentar a Dios.

Vivimos en una época en que cada vez es más difícil caminar en la senda de la Torá de una manera enfocada y balanceada. La intensidad del fuego en la derecha ha creado una religiosidad caracterizada por el extremismo, el oscurantismo y el autoritarismo. Somos testigos de una cómoda conformidad en el pensamiento, en la conducta y hasta en la manera de vestirse. Miles de personas dejan de pensar a cambio de seguir los dictados de sus “rebes” u otras autoridades halájicas. Kabalistas y pseudo-kabalistas se aprovechan dando amuletos, hilos rojos y bendiciones mágicas.

Las amenazas de la izquierda son igual de peligrosas. El secularismo tan extendido y el agnosticismo crean un enorme vacío. El sociólogo Peter L. Berger se refiere a esta condición moderna como “la espiritualidad en el vacío”. El vivir sin sentir la presencia de Dios es perder un aspecto vital y lleno de significado de la vida.

¿Es posible mantener una visión balanceada, intelectualmente sólida del Judaísmo? ¿Es posible   evitar el caer en el anti-racionalismo de la derecha o el super-racionalismo de la izquierda? Claro que sí. Podemos caminar por ese sendero de la Torá que descansa, por un lado, en los fundamentos clásicos de la Revelación Divina y por el otro en la premisa de que tenemos el derecho y la responsabilidad de cuestionarnos intelectualmente, en un espíritu de libertad y usando nuestra razón. Mantener ese equilibrio es el secreto.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Maimónides, Spinoza and Us, del rabino Marc D, Angel.

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43 Es mala suerte ser supersticioso.

Superstición es la creencia contraria a la razón que atribuye a todo una explicación mágica. Esencialmente, la superstición es engendrada, mantenida y fomentada por el miedo. Cuando la gente no entiende un fenómeno específico, siente que necesita una explicación sobrenatural para llenar esa falta de conocimiento. Efectivamente, falsos profetas o brujos se aprovechan cuando la gente está más temerosa. La masa escuchará a aquellos hombres y mujeres disque sagrados que presumen tener conocimientos sobrenaturales  y que llevan a cabo rituales que pretenden salvarlos de las cosas que los atemoriza.

No es solamente miedo lo que engendra la superstición. Es también el deseo de encontrar aprobación a los ojos de Dios. La gente quiere sentirse amada, favorecida y bendecida por Dios. Por lo tanto, la gente hace todo lo posible por ganarse el favor de Dios. Buscan algún tipo de relación recíproca, en donde ellos le dan algo a Dios, como sacrificios o rituales, y buscan recibir algo a cambio. Es un medio para negociar favores personales.

Pero ¿dónde termina la superstición y empieza la religión? Maimónides enfatizaba que en vista de que tanto la superstición como la religión trascienden el dominio de la razón, es importante no confundir sus límites. El Judaísmo busca acercarnos a Dios a través del pensamiento y las mitzvot. La superstición busca esquivar los poderes de Dios usando fórmulas o rituales mágicos. La Torá es muy clara en su prohibición de la brujería y la magia. (Deuteronomio 18, 10:12). El Rambam reprobaba el uso de amuletos, práctica muy común hasta nuestros días y que la gente lo justifica diciendo “¿Y qué tal si sí sirven? No se pierde nada con probarlos”

Algunos rabinos como el Gaon de Vilna no estaban de acuerdo con Maimónides. Él argumentaba que en el Talmud, algunos de nuestros sabios hablan de amuletos que sí funcionan, de brujas y demonios que sí existen y de encantamientos mágicos que sí dan resultados. Pero en nuestros tiempos modernos, las palabras del Gaon de Vilna son ejemplo de una visión del mundo deficiente  y supersticiosa. Rambam nos enseña que los seres humanos debemos ser seres pensantes. No porque algunos rabinos de la antigüedad creían en demonios, nosotros tenemos que hacer lo mismo. Por el contrario, tenemos que considerar todos los desarrollos intelectuales y científicos de la humanidad, para entender lo que sucede en nuestro alrededor.

La separación entre la religión y la superstición a veces se torna borrosa en los casos de enfermedades terminales o problemas graves. Gente normalmente racional se acercan para pedir ayuda a “hacedores de milagros” y a pseudo kabalistas  pensando que eso les puede ayudar a resolver su problema. Podemos entender que en la desesperación, alguien acuda a esas instancias, pero no debemos olvidar que  ser supersticioso no es el camino del Judaísmo. Porque si a pesar de todo lo sigues, no creo que la suerte te cambie. O quien sabe, a lo mejor sí ¿!!!?

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Maimónides, Spinoza and Us, del rabino Marc D, Angel.

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42 No todo lo que sucede en el mundo es la voluntad de Dios.

El rabino Harold Kushner nos dice: Unetaneh Tokef es una de las plegarias que decimos en Rosh Hashana y en Yom Kipur que al mismo tiempo más me conmueven y más me hacen cuestionarme. En la primera parte, este rezo  nos habla de que están escritas, por nosotros mismos, todas nuestras acciones, las buenas y las no tan buenas, y que una parte de lo que nos va a pasar en el próximo año, va a ser el resultado de cómo hemos vivido y cómo nos hemos comportado, inclusive como nos va a afectar hasta lo que comimos. Pero todo esto determinará solo una parte de nuestro futuro. Y esta parte, me queda claro, es responsabilidad nuestra.

Pero en la segunda parte el Unetaneh Tokef nos dice que en Rosh Hashana se escribirá y en Yom Kipur se firmará nuestro destino, quien va a vivir y quien va a morir y no hay mucho que podamos hacer al respecto. Y esto nos pone intranquilos. Porque no queremos aceptar que la vida es injusta. Y esta frase no nos gusta escucharla. Quisiéramos pensar que alguien está al frente en el volante y que todo tiene una razón de ser. Preferiríamos echarnos la culpa y decir que nos lo merecemos y no tener que admitir que las cosas suceden en el mundo al azar.

Kushner continúa: a los rabinos nos enseñan que podemos confortar a los dolidos diciendo que a la larga esto que pasó va a ser para bien o que no debemos cuestionar los caminos de Dios. Y esto no mitiga el dolor ni desvanece el coraje que muchos sienten al haber sufrido, por ejemplo, la pérdida de un ser querido.  ¿Cómo se nos puede ocurrir que Dios quiere que nazcan niños deformes? ¿Cómo se nos puede ocurrir que Dios quería que le diera esclerosis múltiple a una joven madre? ¿Qué Dios quiere que a un padre y esposo muera a edad temprana de un ataque al corazón? ¿Quién les dijo que glorificamos a Dios al hacerlo responsable  de cada terremoto, cada tsunami, cada huracán, cada fuego, cada deslave, cada accidente automovilístico, cada terrible desastre, incluyendo el Holocausto?

El rabino Kushner concluye diciendo: cuando entendemos que Dios no es el causante de la enfermedad terminal de un bebé, entendemos que en realidad Dios está de nuestro lado y no del lado de la enfermedad y de las calamidades. Entendemos que Dios es todo poderoso, pero que su poder no es el de controlarlo todo sino el de permitir que las leyes que rigen el orden  en el universo, actúen de acuerdo al plan original que Él definió. Para aquellos que sufren, Dios es el responsable de darnos la fuerza para soportarlo, de tomarnos de la mano y ayudarnos a cruzar el valle de las sombras y la oscuridad, hasta ver la luz nuevamente. Porque no todo lo que sucede en el mundo es la voluntad de Dios.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Participación del Rabino Harold Kushner en el libro Jews and Judaism in the 21st. Century, editado por el Rabino Edward Feinstein.

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41 Un Judaísmo portátil.

Cualquier espectador externo hubiera pensado que con la destrucción del Segundo Templo en el año 70, la historia del Pueblo Judío habría llegado a su fin. Otros pueblos que padecieron un destino similar pronto desaparecieron. Pero no fue así para los judíos. Sus líderes fueron capaces de transformar al Judaísmo en una poderosa y sustentable manera de vivir que no necesitaba de un santuario central o de tener un territorio propio para tener una continuidad nacional.

La consiguiente vitalidad y creatividad judía estaba enraizada en las acciones de aquellos que supervisaron la formación de la nueva forma judía de vivir, después de la tragedia de la destrucción del Templo y la diseminación del pueblo judío por el mundo. Me refiero a los rabinos. Ellos se dieron cuenta que si la vida religiosa judía dependía exclusivamente del acceso a Jerusalem y a su Templo, el Judaísmo no sobreviviría. En ese momento la Torá tomó el papel central y la movilidad que les permitía la palabra escrita (la Torá la puedes llevar físicamente o en tu memoria a cualquier parte) fue la llave de la sobrevivencia del Judaísmo.

A falta de un centro físico, geográfico y nacional, los rabinos buscaron otras formas de unir un pueblo que se encontraba lejos de las fronteras de Eretz Israel y que estaba disperso por todo el imperio romano y antes por el babilónico. Desarrollaron servicios religiosos regulares y una liturgia estandarizada. Estos servicios no requerían de un sacerdote ni de un altar. Podían ser conducidos en cualquier lugar del mundo por cualquier judío.

La sinagoga se convirtió en una institución judía importante. En ella los judíos se podían reunir para rezar, estudiar y convivir. También la casa se convirtió en un centro de prácticas judías, con celebraciones como el Seder de Pesaj o las cenas de Shabat.

El Judaísmo podía prosperar en cualquier lugar donde se podía estudiar la Torá y sus interpretaciones y poner en práctica la Ley Judía. Con todo, el judío nunca olvidó la pérdida de la soberanía nacional y la destrucción del Templo. Se mencionaban siempre en los servicios religiosos.

Los judíos amamos a nuestros libros y a la palabra escrita porque es algo que no nos pueden quitar. Inclusive cuando los libros eran confiscados o quemados, sus palabras quedaban en nuestra memoria y podíamos reconstruirlos.

El Judaísmo, gracias a la palabra escrita, lo podemos llevar a todos lados. Ese es nuestro gran secreto. A la palabra escrita la hemos convertido en nuestra gran pasión al grado que la ponemos en nuestras entradas con la Mezuzá, en nuestra mente y en nuestro corazón con los tefilim y en nuestra vida diaria con la Torá y sus preceptos. Por eso el Judaísmo es portátil.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Embracing Judaism, del Rabino Simcha Kling revisado por Carl M. Perkins y  God Was Not in the Fire de Daniel Gordis.

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40 Las mejores acciones en la bolsa de valores.

Las mejores acciones que podemos emprender en la bolsa de valores del Judaísmo están enmarcadas en nuestros textos sagrados. Sus cotizaciones están siempre a la alza y en conjunto representan el índice de la ética judía. Veamos cuales son y sus claves en pizarra:

-La santidad de la vida. JAIM

De acuerdo a la tradición judía, la vida es algo precioso. Por lo tanto se debe hacer todo lo posible para preservarla y mejorarla. Tanto el individuo como la comunidad tienen la obligación de cuidar a los enfermos, a los ancianos y a los débiles. Nunca deben ser abandonados. Hasta la vida de los animales es preciosa también. La ley judía prohíbe la cacería deportiva. A un animal se le puede matar solo para alimentarnos y eso se debe de hacer de acuerdo a nuestras leyes que minimizan su sufrimiento.

-La búsqueda de la paz. SHALOM

Nuestros sabios traducen el sexto mandamiento como “No asesinarás”. El judaísmo  permite que la gente se defienda, inclusive matando al agresor cuando no hay otra alternativa. Matar no es lo mismo que asesinar. La tradición judía nunca ha glorificado las victorias militares. En el seder de Pesah vertemos unas gotas de vino para simbolizar nuestra tristeza por la pérdida de vidas egipcias. Inclusive en nuestra época, en Israel nunca se han celebrado sus triunfos militares con desfiles. Todos conocemos las profecías de Isaías que describen la visión judía de la paz.

-Justicia. TZEDEK

La paz no puede existir en una sociedad que no es justa. “Justicia, justicia perseguirás”  (Deuteronomio 16:20) es un mandamiento bíblico. El sistema legal judío protege los derechos del individuo y condena una sociedad que permite la explotación, la pobreza y la ignorancia.

-Misericordia. HESED

Una sociedad justa puede ser al mismo tiempo cruel al menos que sea administrada con misericordia y compasión. Dios se nos presenta en los textos sagrados como alguien justo pero también misericordioso.

-Perfeccionar al mundo. TIKUN OLAM

Uno de las plegarias más conocidas es el Aleinu que se dice al final de todos los rezos. En él expresamos nuestro anhelo y nuestra obligación de actuar para mejorar el mundo. Nuestra visión de perfeccionar se refiere a “este mundo” y no al mundo venidero.

Jaim, Shalom, Tzedek, Hesed y Tikun Olam son las acciones “blue chip” del Judaísmo. Vale la pena invertir nuestro “capital” en ellas. Está demostrado que siempre su rendimiento ha sido el más beneficioso en la historia de la humanidad.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Embracing Judaism, del Rabino Simcha Kling, revisado por Carl M. Perkins.

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39 El Talmud: El mejor aerobics para el cerebro.

En un espacio tan corto como este, es casi imposible presentar las principales características del Talmud de una forma resumida. El Talmud es difícil de describir porque no hay ninguna otra obra con la que se le pueda comparar. Enraizado en la Biblia, está lleno de versículos bíblicos y repetidamente cita a la Biblia como la fuente básica para tomar sus decisiones. Pero no es un comentario bíblico ni un código legal. Su naturaleza es de tipo enciclopédico pero no es una enciclopedia.  Es el producto de muchos individuos y editores y no es el trabajo de un sólo individuo ni de un solo grupo. El Talmud contiene muchos casos de orden jurídico, pero es más que un tratado legal. Contiene el dando y dando de las discusiones con sus argumentos y también los comentarios al margen que no tienen nada que ver con lo que se estaba discutiendo.  Incluye temas éticos y prácticas religiosas y litúrgicas, leyes que regulan la vida personal, comercial y agrícola, la organización comunitaria y la ayuda social.

Las discusiones talmúdicas no son concisas, no van al punto. Pueden incluir muchas cosas que los rabinos y sus discípulos mencionan como resultado de haber citado una mishnah: sus reacciones, explicaciones, discusiones, deliberaciones, historias que llegan a su mente, referencias a opiniones de otros  o de otras fuentes. Por lo mismo, el Talmud no es una obra que se puede leer simplemente. Se tiene que estudiar.

Estudiar el Talmud no es fácil, pero es una experiencia extraordinariamente estimulante y retadora desde un punto de vista intelectual y emocional. El Talmud es una obra que nos desafía y que debe ser explorada e investigada con energía, tenacidad y compromiso. El Rabino Adin Steinzaltz dice: ”El Talmud está enmarcado en preguntas y respuestas. Externar nuestras dudas no solo es legítimo sino esencial para su estudio. El Talmud es quizás la única obra sagrada en el mundo que no solo permite sino que alienta al estudiante a cuestionarla. El verdadero conocimiento solo se puede alcanzar a través de una comunión espiritual, donde el estudiante debe participar intelectual y emocionalmente en el debate talmúdico”. Es, sin lugar a dudas, el mejor aeróbics para el cerebro y la mente.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Embracing Judaism, del Rabino Simcha Kling revisado por Carl M. Perkins.

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