73 Metáforas: Estar como mango no es estar como mango.

Los teólogos usan diferentes términos para entender el status de la representación humana de Dios. Les llaman analogías, símbolos o más comúnmente metáforas, en el sentido literal de la palabra que viene del griego y quiere decir transferir o trasladar. Una metáfora es una figura del lenguaje donde el significado común de una palabra se traslada a otra realidad y donde se puede entender solo de manera implícita. Las metáforas abundan en nuestro lenguaje diario. El león es “el rey de las bestias”, estamos en el “crepúsculo de nuestra vida”, se “cayó el mercado”, fueron culpables de “lavado de dinero”, etc. Todas estas palabras adquieren un significado distinto al literal, de acuerdo al contexto en que están usadas.

Maimónides nos dice que nuestra manera de hablar de Dios es totalmente metafórica: “Que quiere decir: “debajo de sus pies” (Exodo 24:10), “escrito con el dedo de Dios” (Exodo 31:18), “los ojos de Dios” (Genesis 38:7)…Todas estas expresiones se adaptan a la capacidad mental de la humanidad que tiene una clara percepción de lo que es físicamente un cuerpo. La Torá habla en el lenguaje del hombre, pero todas estas frases son metafóricas.”(Mishneh Torah 1:9).

Maimónides se refiere a nuestra práctica habitual de antropomorfismo, o sea, a concebir a Dios con forma humana. Nada más piensen en la pintura de La Creación de Miguel Ángel en la capilla Sixtina, donde un viejito (Dios) toca con su dedo a Adán. Por lo tanto, no debemos de olvidar que estas descripciones de Dios no se deben tomar de forma literal sino metafórica y no solo en el caso de sus atributos físicos, sino también los de su “personalidad” (otra metáfora) como cuando los profetas nos hablan de que Dios se “enoja” (Jeremias 7:19).

Maimónides, un racionalista por excelencia, decía que era una herejía pensar que Dios tiene cuerpo, sentimientos y que se comporta como los seres humanos. Dios no es el que literalmente “escucha” las plegarias, “habló” en el Sinai o “ve” la conducta humana. Todas estas expresiones son la manera de entender que tiene el hombre de una realidad que trasciende el entendimiento y conocimiento humano.

Pensar y hablar de Dios, es pensar y hablar metafóricamente. Debemos aceptar este hecho y entender sus implicaciones. Porque hablar con metáforas es cuando una palabra puede tomar cualquier significado. Por eso estar como mango no es estar como mango.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: “The Jewish Approach to God” de Rabi Neil Gillman.

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72 La vida “plena”.

El Judaísmo considera que la vida “plena” se da más en la dimensión de la conducta ética entre los hombres que en la del culto religioso. Hay dos tipos de obligaciones que se le imponen al judío: obligaciones hacia Dios y obligaciones hacia su prójimo. El Judaísmo demanda el cumplir ambas sin distinguirlas, como lo vemos constantemente en los textos de la Torá donde se entrelazan, como en Éxodo 22 y 23. El “hasid” (el hombre que hace “hesed”, misericordia) es aquel que tiene un carácter generoso y altruista en su relación con sus semejantes, (obligaciones hacia el prójimo), a diferencia del observante que es aquel que es muy meticuloso al cumplir solamente sus deberes de culto (obligaciones hacia Dios).

Es más difícil en el Judaísmo medir y valorar las obligaciones del hombre con su semejante, que las obligaciones del hombre con Dios. Sabemos que las responsabilidades sociales del hombre se derivan de los mandamientos divinos en la Torá. Así, por un lado, las obligaciones que tiene el hombre en relación a su familia y a la sociedad están fundamentadas en la regla de oro: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor” (Levítico 19:18). Es Dios el que revalida y manda el amar a tu prójimo. Pero, por el otro lado, el Talmud claramente nos dice que los mandamientos hombre-hombre son en buena medida independientes de los mandamientos hombre-Dios. Así por ejemplo, establece que el ayunar y el rezar en Yom Kipur sólo absuelve los pecados del hombre contra Dios, pero no los que cometió en contra de otra persona. Estos sólo los perdona Dios cuando haz restituido el daño y has obtenido el perdón del individuo que ofendiste (BT Yoma 87ª).

Un pecado puramente religioso lo que realmente es, es un acto de desobediencia a un mandamiento dado por un Ser Superior. Una ofensa en el mundo de la ética social, es una falta de bondad, es rehusar el querer relacionarte de manera ética con otro ser humano. Y esto no es sólo en el caso de la relación de uno a uno, sino también en la relación con la familia, la comunidad, el estado y toda la humanidad. El Judaísmo se distingue especialmente de otras religiones por su gran preocupación por la comunidad.

Es claro que el hombre occidental se ha vuelto cada vez más individualista. Pero cuando se nos dio la Torá en el Monte Sinai, ese pacto obligó a todos los judíos, en todas las épocas, a todos los que forman esa entidad llamada Pueblo de Israel a cumplirlo. Ese pacto implica el vivir la vida de forma “plena”.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: «The Good Society, Jewish Ethics in Action” de Norman Lamm.

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71 Tengo frío, ¿me pasas mi Talit por favor?

En los tiempos antiguos, el Talit era la prenda exterior o ropa de calle que usaban los hombres judíos. Esta prenda consistía de una pieza rectangular grande, de lana tejida, que envolvía el cuerpo cuando uno salía fuera de la casa. La palabra Talit viene del arameo y quiere decir cubierta.

Por su forma y su uso, el Talit era similar a las prendas comúnmente usadas por otros pueblos en el Mediterráneo, como el himatión, que era un manto amplio y envolvente, una especie de chal, usado por los griegos. Se llevaba sobre el propio cuerpo, se envolvía o enrollaba sobre un hombro y no constaba de una atadura o fijación Al final de la república romana, el himatión era el manto habitual de los romanos, ya que era más práctico que la toga y al que le dieron el nombre de palio.

Este tipo de prenda era muy práctica y apropiada para el clima de esos países en donde había variaciones constantes de temperatura. Durante la época de frío se podía envolver todo el cuerpo con el Talit, mientras que en época de calor se podía doblar y usarlo suelto sobre los hombros. También era una prenda muy práctica que uno se la podía quitar para realizar trabajos pesados, servía para taparse al irse a dormir o se podía uno envolver con ella de una manera elegante para ir a una ceremonia o a un lugar público.

El mandamiento de amarrar Tzitzit, flecos, a nuestra ropa se refería específicamente a este tipo de prenda, tal como está escrito en Deuteronomio 22:12: “Y harás flecos en las cuatro puntas de la prenda con la que te cubres”. Por lo mismo, de acuerdo a la tradición, una prenda que no tenga cuatro esquinas no requiere de Tzitzit.
La Biblia no ordena el que se tenga que usar un manto de rezo o Talit. Por el contrario, supone que la gente usaba algún tipo de prenda para cubrirse y sólo les instruye que le añadan flecos o Tzitzit en sus cuatro esquinas (Números 15:30 y Deuteronomio 22:12). Estos dos versículos no especifican como se anudan los Tzitzit. Tampoco hacen distinción entre hombres y mujeres en cuanto a quien puede o debe usarlos. La costumbre actual de cómo anudar los Tzitzit y la forma y uso del Talit es post bíblica, definida por los rabinos y varía según cada comunidad judía.

Al paso del tiempo, y en vista de la dispersión del pueblo judío a tierras distantes, el estilo de vestimenta cambió. El Talit ya no era una prenda usada del diario y la ropa que se usaba no tenía habitualmente cuatro esquinas. Por lo tanto, el mandamiento de usar Tzitzit ya no se podía cumplir. Pareciera que este mandamiento, que era muy apreciado, iba a desaparecer. Para impedir que eso sucediera, la costumbre se mantuvo por todo el mundo judío de continuar usando el Talit sólo para propósitos sagrados y de culto. Ahora lo usamos para rezar y ya no para taparnos del frío como antes.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: “A Guide To Jewish Prayer” del Rabino Adin Steinsaltz.

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70 El Sidur: El mayor best-seller.

Rezar es por excelencia la forma más usada por el hombre para relacionarse con Dios y es tan antigua como la humanidad misma. Sin embargo, la Torá, el libro que marca el camino de cómo el hombre se relaciona con Dios, no tiene un patrón fijo y estructurado para rezarle a Él. Algunos sabios sostenían que la Tora ordenaba a la persona que se dirigiera a Dios diariamente para ofrecerle el “servicio del corazón” (avodah shebalev), mientras que otros pensaban que se debía rezar sólo en caso de alguna desgracia. De cualquier forma, en la Torá no se especifica ningún horario fijo ni el contenido de los rezos. La mayoría de las personas rezaban cuando les surgía la necesidad, en época de desgracia o para pedirle algo específico a Dios.

Al inicio del periodo del Segundo Templo, entre el siglo V y el III AEC, los rabinos de la Gran Asamblea lograron definir y regularizar el texto de los rezos. Acuñaron una versión estandarizada de las plegarias y bendiciones básicas. Esa estructura, inicialmente conocida simplemente como Tefilah, se convirtió en lo que hoy conocemos como la Amidah (rezar de pie), también llamada Shemoneh Esreh (dieciocho bendiciones). La Amidah tiene una estructura muy bien definida, que se ha conservado sin cambios desde entonces. Sólo en Shabat y en las fiestas, incluyendo Yom Kipur, esta estructura se modifica, eliminando algunas de las bendiciones.

Además de haber establecido un contenido fijo, los sabios de la Gran Asamblea establecieron los tiempos y el orden para los servicios religiosos. Estos tiempos estaban ligados a los de los sacrificios en el Templo. Así, Shajarit, el rezo de la mañana, se hacía al mismo tiempo que el sacrificio diario de la mañana (Tamid). Minhah a su vez coincidía con el sacrificio de la tarde y Maariv con la conclusión de los rituales del Templo en la noche. Como era costumbre hacer sacrificios adicionales en las fiestas, para esos casos se añadió el rezo de Musaf.

También el requisito de rezar en comunidad, esto es, de rezar con un minian, se origina en esa época. El rezo era dirigido por una persona, el Sheliaj Tzibur, que se sabía el rezo prácticamente de memoria, lo decía en voz alta y los demás lo seguían. Recuerden que en aquel entonces no había libros impresos como los tenemos ahora. La estructura final de los rezos se definió hasta después de la destrucción del Segundo Templo. El Sanhedrin introdujo cambios para adaptarse a la nueva realidad después de la catástrofe. Todos estos rezos se ordenaron en un libro, el Sidur.

El Sidur, del cual en la actualidad hay más de 100 versiones diferentes, no es una obra terminada por completo, ni es el trabajo de algunos pocos, sino que contiene las aportaciones de cada generación que le ha añadido sus propias plegarias llenas de sabiduría y emoción. El Sidur es sin duda el libro más popular en el Judaísmo. Otros libros como el Tanaj y el Talmud, más enfocados a ser estudiados, tienen quizá menos difusión que el Sidur, que es conocido y utilizado a diario y prácticamente por todos. El Sidur es sin duda el mayor “best seller” dentro del Judaísmo.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía:“A Guide To Jewish Prayer” del Rabino Adin Steinsaltz.

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69 Akiba ben Yosef, el padre del Judaísmo Rabínico.

Rabi Akiba fue el principal maestro de Torá en la segunda mitad del siglo I y la primera mitad del II de la era común. Ha sido difícil para los historiadores armar una versión clara de su vida, debido a la gran cantidad de leyendas que hay sobre él. Algunas fuentes dicen que era un ignorante, que era muy pobre, que su esposa Raquel lo impulsó a irse a estudiar y que regresó después de muchos años con una gran cantidad de alumnos y con una posición económica desahogada. Pero otras fuentes nos narran otras historias contradictorias. Lo que es históricamente claro fue su conexión con Bar Kojba a quien lo consideraba como el Mesías, el que iba a liberar al pueblo judío del yugo romano. A esta relación se le atribuye su muerte como mártir en manos de los romanos.

Rabi Akiba hizo importantes aportaciones al Judaísmo. En primer lugar, fue quien fijó el canon definitivo de la Biblia judía. Su participación fue decisiva para decidir qué libros formarían el Tanaj. Pero su mayor aporte fue su trabajo en el tema de la Halajah, tanto en la sistematización de las reglas tradicionales como en su desarrollo posterior. El veía que la falta de una colección sistematizada de todo el cúmulo de halajot que ya se tenían, no permitía su aplicación práctica ni un estudio teórico ordenado, el cual variaba según el sabio que lo enseñaba. El código que Rabi Akiba sistematizó, fue utilizado por su alumno Rabi Jehuda Hanasi como base para compilar la Mishnah.

También se dio cuenta que el vínculo intelectual que unía a los Judíos tenía que fortalecerse ahora más que nunca, después de la destrucción del Estado Judío en Eretz Israel. La Biblia por si sola ya no llenaba ese espacio, porque los cristianos también la consideraban como una revelación divina. Tampoco los dogmas podrían tener esa función, ya que eran rechazados por el Judaísmo rabínico, el cual tenía como su verdadera esencia el estar en constante desarrollo y evolución, misma que se daba en las interpretaciones rabínicas. El enseñaba: “Toma tu lugar unos escalones debajo de lo que te corresponde hasta que te inviten a subir más alto, ya que es mejor que te digan “sube más alto” en lugar de “baja un poco más”.

Rabi Akiba estaba convencido que la forma particular en que estaba escrita la Biblia era diferente a cualquier otro libro. Para él, en la Torá, todo tenía un significado, todas las palabras, todas las silabas, todas las letras, todos los signos. Le dio a la mente judía un nuevo campo para desarrollarse, al mismo tiempo que le dio a las Sagradas Escrituras el carácter de inamovibles. Aunque este hecho no lo detenía para modificar algún precepto que él consideraba que no respetaba el verdadero espíritu del Judaísmo, como en el caso de las esclavas judías menores de edad. (Éxodo 21:7)

En oposición a la doctrina cristiana que insistía que Dios es sólo amor, Rabi Akiba enseñaba que Dios combinaba la bondad con la misericordia, pero dentro de un sistema estricto de justicia. Él decía: “Todo lo que Dios hace, lo hace porque es lo mejor”. Rabi Akiba ben Yosef fue el hombre que marcó el sendero que ha seguido el Judaísmo durante los últimos dos mil años. Por eso merece ser considerado como el padre del Judaísmo Rabínico.

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografia: “The unedited full-text of the 1906 Jewish Encyclopedia”.

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68 Necesitamos más rabinos como Hillel.

Hay infinidad de ejemplos a lo largo de los textos rabínicos donde líderes religiosos toman posturas audaces en contra de lo que ellos percibían como mandamientos halájicos moral o socialmente problemáticos. Uno de ellos fue Hillel, una de las figuras más prominentes de la época de la Mishnah y el Talmud. Hillel demuestra tener una personalidad sensible y valiente. Siguiendo le herencia espiritual de Abraham, Hillel confía en su propio juicio moral y actúa en consecuencia.

Deuteronomio 15:1-3 nos dice: “Cada séptimo año debes practicar la cancelación de las deudas. …Cada acreedor debe cancelar la deuda que reclama de su compañero que le debe…” Este versículo dictaba la cancelación de las deudas en el año sabático dentro de la comunidad judía. La ley de “shemitat kesafim” buscaba reducir la dependencia económica entre los diferentes sectores de la sociedad judía.

Sin embargo, lo que realmente sucedía en la sociedad judía, no concordaba con el espíritu del precepto. En el año antes de la Shemita, los prestamistas rehusaban prestar dinero a los necesitados. Una ley que tenía la intención de ayudar a los necesitados, en realidad estaba impidiendo que recibieran la ayuda que requerían.

Hillel se dio cuenta del problema y diseño el mecanismo del “Prozbol”. El Prozbol era un documento donde el acreedor le transfería a los jueces de la corte rabínica el pagaré donde se especificaba una cierta deuda y estos se comprometían a devolverle a su legítimo dueño el dinero después de cobrarlo. (BT Gittin 36ª).

Hillel actuó de manera espontánea basado en lo que vio. No esperó que la realidad se ajustara a ideales elevados ni esperó a tener el permiso divino o el de los sabios. La concepción del Prozbol de Hillel concordaba con la actitud de los Tanaim, el grupo de rabinos de la Mishnah, de dar una respuesta acorde a las circunstancias. Pero esta actitud cambió con los Amoraim, los rabinos de la Guemarah que estaban estupefactos por la interpretación de Hillel. Generaciones posteriores de sabios, estaban incrédulos ante la audacia de Hillel. ¿Cómo es posible que si la Torá ordenaba que se cancelaran las deudas al séptimo año, Hillel ordenaba lo contrario? El sabio Abaye, en el mismo versículo del Talmud, lo justificaba diciendo que Hillel “actuaba de acuerdo con el año sabático de su tiempo”.

Quedan muchos mandamientos problemáticos por resolver. Uno es el de las Agunot, aquellas mujeres que por diferentes circunstancias no se pueden volver a casar. Otro es el de la prohibición de las relaciones homosexuales (Levítico 18:22). Para ello se necesita una autoridad rabínica con audacia y sensibilidad a las circunstancias de estos tiempos. Se necesita otro Hillel.

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografía:“From Defender to Critic” del Rabino David Hartman.

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67 Por fin, ¿Quién es el autor de El Talmud?

Desde los tiempos de Ezra y Nehemia, los rabinos comentaban y discutían la Torá, y en general el Tanaj, de forma oral, sin ponerlo por escrito, aunque algunos tomaban notas en privado, como en el caso de las sentencias de las cortes rabínicas. En la época de la conquista romana del Reino de Judah, se produjeron una gran cantidad de normas halájicas, lo que hacía difícil el mantener el sistema oral, por lo que las palabras de los sabios se empezaron a escribir.

De acuerdo a la epístola de Rav Sherira Gaon, la gran convulsión que siguió a la destrucción del Templo y al levantamiento de Bar Kojba, puso en peligro de perderse ese conjunto de normas conocido como la Torá Oral, porque ya no habían las condiciones para transmitirlas oralmente de maestro a alumno, dada las políticas restrictivas de los romanos. Por eso, Rabi Yehuda Hanasi tomó la decisión de compilarlas y ponerlas por escrito. Así fue cómo nació la Mishnah.

La Mishnah es la colección de esas leyes y tradiciones orales que ya existían. Los rabinos que contribuyeron a su formación se les conoce como Tanaim, de los cuales se tiene información de aproximadamente 120 de ellos. El período durante el cual se compiló la Mishnah duró como 130 años y abarcó 5 generaciones. Se incluyeron inclusive muchos comentarios contrarios que surgían entre las diferentes academias (yeshivot), como las de Hillel y Shamai.

En el año 220 de nuestra era, la Mishnah quedó editada y publicada. En los siguientes cuatro siglos, la Mishnah fue analizada y debatida en las yeshivot de las dos comunidades judías más importantes de la época: la de Eretz Israel y la de Babilonia. Estos comentarios, conocidos como Guemará, fueron a su vez editados y publicados en cada lugar y junto con la Mishnah original, dieron origen, en un caso, al Talmud Yerushalmi, hecho en Israel y en el otro al Talmud Babli, hecho en Babilonia. El Yerushalmi se terminó un siglo antes, más que nada por culpa de la persecución religiosa que los romanos emprendieron en Eretz Israel en contra de los rabinos y sus academias. En ambos lugares, decenas de rabinos, conocidos como Amoraim, a lo largo de 8 generaciones, fueron los que contribuyeron a la formación del Talmud.

El rabino ortodoxo Aaron Parry, en su libro The Talmud, nos dice: “Casi todos están familiarizados con la historia de cómo Moisés recibió los Diez Mandamientos de Dios, pero lo que es menos conocido de esta historia es que Moisés y Dios tuvieron una buena plática en esa montaña y que ésta abarcaba mucho más de lo que podía inscribirse en las Tablas que él trajo consigo cuando bajó. Es esta información, la Torá Oral, que fue transmitida oralmente de Dios a Moisés y después de Moisés a las generaciones que le siguieron, lo que es la base para el Talmud”.

Este comentario debemos entenderlo más de una forma metafórica que literal. Definitivamente los cimientos del Judaísmo es la Torá que Moisés recibió en Sinai, pero el edificio que se construyó encima, se debe al trabajo de muchos sabios. El Talmud fue escrito por muchos con la inspiración de Uno.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Joseph Telushkin “Jewish Literacy” y otros.

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66 Un nuevo Judaísmo: El Judaísmo Rabínico.

Está escrito en el primer versículo del tratado de Pirkei Avot (Capítulos de los Padres): “Moisés recibió la Torá en el Monte Sinai y se la transmitió a Yehoshua. Éste la transmitió a los ancianos del pueblo, quienes a su vez la legaron a los profetas, quienes la hicieron llegar hasta los hombres de la Gran Asamblea.” Con este versículo, los rabinos o sea los hombres de la Gran Asamblea, crearon una cadena de continuidad que los ligaba directamente a Moisés, al que en esa época ya le habían añadido el título de Rabeinu, nuestro rabino, nuestro maestro, tratando de convertirlo así en el origen de la tradición rabínica. No nos sorprende que el versículo no mencionara a los reyes y a los sacerdotes, quienes eran la autoridad principal en la época de los dos Templos. El no haberlos incluido era señal de que el liderazgo estaba pasando de las figuras tradicionales, los monarcas y la clase sacerdotal, a las casas de estudio, a los rabinos mismos.

Al argumentar que la Revelación y la Profecía habían concluido, que Dios ya no hablaba con nadie, los rabinos desaparecieron a Dios del escenario de la historia y se dedicaron a interpretar Su Mensaje plasmado en las Sagradas Escrituras. Ellos decían que sus interpretaciones de la Torá no eran algo nuevo, sino que Moisés las había recibido en Sinai, en la forma de lo que llamaban la Torá Oral y que se trasmitía de un sabio a otro. La creación literaria judía pasó de la Biblia, un libro donde se narraba la historia del pueblo judío, incluyendo los actos y la presencia de Dios, a otro libro, el Talmud (la Torá Oral), donde ya no se narraban nuevos hechos históricos y por lo tanto Dios ya no aparecía y lo que se narraba eran los comentarios de los rabinos sobre los textos de la Biblia. En la Biblia, Dios y el pueblo de Israel son los personajes principales, en el Talmud, los rabinos son los personajes principales. Ahora, el contacto con Dios era de forma indirecta, a través de Sus Mandamientos que los rabinos interpretaban.

Claramente, el cambio de liderazgo se debió a la destrucción del Templo. Éste había funcionado como el centro político y de culto del pueblo de Israel y al ser destruido, el vacío que dejaron los sacerdotes y los reyes fue llenado por los rabinos. Inclusive, el presidente de la Gran Asamblea, un rabino electo por sus colegas, recibía la aprobación de las mismas autoridades romanas, lo cual lo convertía en la cabeza, no sólo religiosa, sino también política, del Pueblo de Israel.

La destrucción del Templo en el año 70 y el fracaso del levantamiento de Bar Kojba 60 años después (132-135), fue un hecho devastador para el Pueblo Judío. La respuesta romana a la rebelión judía fue tremenda. Querían desaparecer al Judaísmo de la faz de la tierra. Los rabinos sabían que el pueblo judío no tenía la fuerza militar, ni política, ni económica para enfrentar a la potencia más grande en esa época. Lo único que podría salvarlo, era el convertirlo en algo diferente. Cambiaron a los sacerdotes y a los sacrificios, por la sinagoga, el estudio de la Torá, el rezo y las mitzvoth. La solución fue un nuevo Judaísmo, el Judaísmo Rabínico.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: “Jewish Culture in Greco Roman Palestine” de Eric M. Meyers, parte del libro “Cultures of the Jews”, editado por David Biale.

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65 “Dina de maljuta dina”: la ley del país es la ley.

El Talmud nos dice en varias partes (Bava Batra 54b, Nedarim 28a, Gitin 10b, Bava Kama 113a y Bava Batra 55a ) “dina de-maljuta dina”, que la ley del país es también ley para los judíos, siempre y cuando no imponga a los judíos el ir en contra de la Halaja. En este sentido, uno como judío debe respetar la luz roja, no ir a exceso de velocidad y pagar correctamente los impuestos y el observar la Halaja, la Ley Judía, no nos exime de esas obligaciones.

Esto no le sorprende a la mayoría de los judíos y raramente es sujeto de debate, inclusive en la mayoría de los grupos ultraconservadores, aunque se da el caso en algunas comunidades judías de gente que presume ser muy religiosa u observante, al mismo tiempo que violan las leyes del país.
Por supuesto que a veces hay casos donde tenemos la obligación religiosa de no obedecer la ley del país, cuando por ejemplo se ha prohibido el hacer la circuncisión a los varones recién nacidos o el matar a los animales de acuerdo a las leyes de shejitá (matanza kasher).

Hay otras instancias en donde la ley del país es más permisiva que la ley judía, como por ejemplo la libertad de expresión. Los preceptos judíos sí limitan el expresarse en casos muy concretos, especialmente si nuestras palabras pueden dañar o lastimar a otra persona (lashon hara).

También existen casos donde la ley del país es más estricta que la ley judía. Por ejemplo, la ley judía no prohíbe la discriminación en el empleo y estipula un trato diferente a un sirviente judío que a un no judío. La ley en muchos países sostiene la no discriminación en materia de empleo.

Dina de-maljuta dina, la ley del país es la ley, es una frase que se le atribuye al sabio Samuel. De acuerdo a Samuel es muy claro que un judío debe obedecer las leyes del país donde reside al menos que la ley directamente contradiga un precepto de la Halajá. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que el ser una persona respetuosa de la ley no es sólo una obligación cívica, sino que también es una obligación religiosa, tan importante como cumplir con las mitzvoth.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Dina de-maljuta dina,artículo de Rabbi Michael Knopf.

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64 Hillel y Shamai: dos puntos de vista.

Hillel y Shamai eran dos rabinos del siglo 1 AEC que fundaron dos escuelas rivales dentro del pensamiento rabínico. Se les conoce como la Casa de Hillel y la Casa de Shamai. El debate que se dio entre las dos, fue crítico para la conformación del Talmud y del Judaísmo como lo conocemos hasta hoy.

En general, la Casa de Shamai sostenía posturas más estrictas que la Casa de Hillel. La tradición talmúdica enlista más de 350 controversias entre Bet Shamai y Bet Hillel. A la primera se le veía, en general, como una escuela más intolerante que a la segunda. Bet Hillel parecía tomar más en cuenta las necesidades y la sensibilidad de la gente. (Tosefta Sukah 2:3 y BT Eruvin 13b).

Los rabinos en el Talmud generalmente se inclinaban por lo que proponía Bet Hillel, aunque los sabios sostenían que los dos puntos de vista eran válidos. Una famosa diferencia entre ellos, era la postura que cada escuela sostenía en relación a aquellas viudas que no podían probar de manera contundente que su marido había muerto. Hillel sostenía que se podían volver a casar aunque solo tuvieran pruebas indirectas de su muerte. Shamai requería que los testigos presentaran pruebas directas de la muerte, para que la viuda pudiera contraer matrimonio nuevamente.

Otra diferencia era su postura a aceptar o no conversos. Hillel favorecía el aceptar prosélitos, inclusive aunque estos demandaran cosas absurdas, como aprender la Torá mientras estás parado sobre un pie (Al reguel ajat) mientras que Shamai era más estricto.

También sostuvieron posturas diferentes en el encendido de las velas de Januká. Bet Shamai sostenía que el primer día debían prenderse ocho velas e ir reduciendo una vela cada día, hasta que el último día sólo se prendía una. Hillel decía que había que hacerlo exactamente al revés: empezar con una y terminar con ocho velas. El argumento de Hillel era que lo sagrado debe crecer y no disminuir. (BT Shabbat 21b). También los textos nos relatan que Hillel decía que a una novia, en el día de su boda, debías decirle que se ve hermosa aunque esto no fuera cierto y Shamai decía que había que decirle la verdad. (Talmud, Ketubot 16b-17a).

Hay una bellísima metáfora en la Tosefta que describe el tipo de sensibilidad religiosa que el Talmud trata de fomentar: “Hazte a ti mismo un corazón con muchos cuartos y llévale las palabras de la Casa de Shamai y las palabras de la Casa de Hillel, las palabras de aquellos que declaran que es impuro y de aquellos que declaran que es puro.” (Sotah 7:12). En otras palabras, conviértete en una persona tolerante.
¿Por qué nuestros sabios dejaron escrito en el Talmud las dos posturas, cuando podían haber eliminado la menos aceptada? Quizá era para enseñarnos que nadie tiene la verdad absoluta. Por eso incluyeron los dos puntos de vista.

Preparado por Marcos Gojman de varias fuentes.

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