88 Ciencia y Judaísmo: conocer y creer.

Maimónides sostenía que no se debe leer la Torá de forma literal. Desde su punto de vista, uno estaba obligado a entender la Torá de tal manera que fuera compatible con los descubrimientos científicos. El escribió que si la Torá y la ciencia no coincidían, era por dos razones: o no se entendía bien la parte científica o se mal interpretaba la Torá. Decía que si la ciencia probaba un punto, las escrituras debían interpretarse de manera coincidente.

La edad del universo es una de esas discrepancias. A diferencia de la mayoría, una pequeña minoría de rabinos de la época clásica sostuvieron que el mundo era más antiguo que los casi 6,000 años que la interpretación literal sostiene. En el tratado Jaguiga 13b-14a del Talmud, está escrito que hubo 974 generaciones antes de que Dios creara a Adam. Y en algunos midrashim se explica que la “primera semana” duró mucho más que siete días. (Midrash Breshit Rabbah 9).

En su comentario de la Torá, el rabino Bahya ben Asher, en el siglo XI en España, sostenía que se dieron muchos sistemas de tiempo en el universo antes del tiempo actual. Él decía que la tierra tenía billones de años.
Rabbi Israel Lipschitz de Danzig (1782-1860) comentó en “Yajin u-Boaz”, su comentario de la Mishnah, que el mundo había tenido muchos ciclos históricos y que habían durado miles de años cada uno. La época de los dinosaurios era uno de esos ciclos. Decía: “De todo esto podemos entender lo que los cabalistas nos han dicho, que la Tierra ha sido destruida y renovada varias veces.”

Algunos rabinos ortodoxos, como Rabi Samson Raphael Hirsch sostienen que las teorías científicas confirman que Dios tenía un plan maestro para crear el universo y que eso coincide con el pensamiento ortodoxo moderno. A principios del Siglo XX, tanto los judíos conservadores como los reformistas aceptaban los descubrimientos científicos como verdaderos y por lo tanto interpretaban los escritos sagrados a la luz de ellos.

Rabi Kook decía que el relato de la creación pertenece a “Los Misterios de la Torá” y que por lo tanto está abierto a interpretaciones. El relato de la creación no tenía la intención de ser una descripción literal de cómo todo llegó a existir, sino que lo que se quería enfatizar es que fue Dios el que llamó a que todo existiera. Pero además, la teoría de la evolución concuerda con el orden que marca el Génesis. Los seres más evolucionados fueron creados al final.

Como dice C.S. Lewis, el científico conoce mientras que el religioso cree. La ciencia trata de explicar cómo funciona el universo mientras que la religión trata de explicar cuál es su propósito y qué lugar ocupa el hombre en él. Uno es asunto de conocimiento y el otro de creencia.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Jewish Responses to Modern Science, de Rabi Louis Jacobs y otras fuentes.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

87 Según Maimónides, ¿qué quiere decir a imagen y semejanza de Dios?

Leer a Maimónides no es fácil, especialmente su obra “Guía de los Perplejos”. Cuando uno empieza a leerla, el primer obstáculo con el que uno se topa es su renuencia a aceptar que Dios tiene forma humana. Y eso es ir en contra de lo que muchos piensan. Mucha gente se imagina a Dios como un viejo con barbas o un rey sentado en su trono, también piensan que una profecía es como leerte la palma de la mano y que los mandamientos implican someterse a la voluntad de alguien extraño y ajeno. Si votáramos a favor o en contra de las ideas de Maimónides, la mayoría votaría en contra, pero afortunadamente la verdad no se define por votos.

Ver el comportamiento de un grupo, para tratar de entender cuáles son sus principios, es algo con lo que debemos de tener cuidado. Por ejemplo, la Biblia nos cuenta episodios de revueltas, frustraciones, desobediencia e hipocresía. Tan pronto como fueron liberados de Egipto, los hebreos ya se querían regresar. Inclusive algunos se levantaron en contra de la autoridad de Moisés. El episodio del becerro de oro prueba que necesitaban la imagen de un ídolo a quien poder adorar. Prácticas inmorales de los cananeítas fueron copiadas en Israel. Intrigas y asesinatos plagaron la vida de los antiguos reyes. Y los reinos del norte y del sur tramaban uno en contra del otro. Lo anterior nos describe un grupo con pocos principios éticos.

Pero paradójicamente, todo esto sucedía al mismo tiempo que el pueblo judío creaba los cimientos de la tradición moral de Occidente, al darnos el legado de Moisés y una sucesión de profetas, cuyas palabras nos inspiran fe, esperanza y coraje. Moisés y los profetas vieron la posibilidad de cambiar esas actitudes y elevar al pueblo judío a un nivel de espiritualidad que pocos se podían imaginar. En una época en que la opresión y la inequidad amenazaban el orden social, el profeta Amos veía una era donde la justicia prevalecería. En una época donde la guerra parecía inminente, Isaías veía una era de paz universal. En una época de idolatría generalizada, Jeremías hablaba de un nuevo pacto entre Dios e Israel. Pero al mismo tiempo, la Biblia también nos cuenta que a Amos lo echaron del pueblo, que los consejos de Isaías no fueron escuchados y que a Jeremías lo mandaron a la cárcel.

Maimónides nunca pretendió ser un profeta, pero igual que los profetas, no aceptó las actitudes prevalecientes en el pensamiento y en la práctica del judaísmo. El insistió en llegar a niveles más altos. Su obra nos recuerda que el amor a Dios no se da en el fanatismo y la fe ciega. Si nuestro amor se dirige a ese rey sentado en el trono o al monarca que sólo emite decretos arbitrarios y no le importa la educación de sus súbditos, entonces ese no es el Dios que describe Maimónides, sino un triste sustituto. El Dios que él describe es el que ama a la viuda, al huérfano y al extranjero, el que lamenta que exista la ignorancia y la superstición y el que no acepta que la gente haga imágenes, físicas o mentales, de Él. Según Maimónides, pensar y actuar así, es lo que quiere decir haber sido creados a imagen y semejanza de Dios.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: “Maimonides: A Guide for Today´s Perplexed” de Kenneth Seeskin.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

86 La promesa de Maimónides.

Después de un largo peregrinar, finalmente en el año 1168 Maimónides se estableció en Fustat, ciudad vecina de El Cairo. A los judíos les iba bien en Egipto, vivían en paz con sus vecinos musulmanes y pertenecían a lo que hoy llamaríamos la clase media. Vivían en los alrededores de las sinagogas, en vecindarios predominantemente judíos.

Las familias judías vivían igual que las musulmanas: usaban ropas similares, compraban en las mismas tiendas y fuera de las restricciones dietéticas que cada grupo tenía, comían prácticamente lo mismo que sus vecinos. Una diferencia era el talit, que los judíos portaban todo el tiempo.

En Fustat, Maimónides empezó a interesarse en los asuntos religiosos de las 7,000 familias que vivían ahí y en El Cairo. Le preocupaba especialmente las diferencias en prácticas religiosas entre los descendientes de los judíos babilónicos y los judíos originarios de la tierra de Israel. Las más importantes tenían que ver con el orden en los rezos y con el ciclo de lectura de la Torá que para unos se completaba en un año y para otros en tres. Trató de mediar para unificar las prácticas religiosas, pero no pudo. La división estaba muy arraigada y cada grupo rezaba en su sinagoga.

También se preocupaba por los judíos capturados en las guerras emprendidas por las fuerzas del reino cristiano de Jerusalem, además de los secuestrados por piratas. Apelando de manera personal, formando comités o escribiendo cartas, juntaba el dinero necesario para pagar el rescate y liberar a los cautivos. Lo podía hacer gracias a que su fama se había extendido por el mundo y le había ganado el reconocimiento, no sólo de los judíos, sino también de cristianos y árabes. Las autoridades se referían a él como “Rais al Yahud”, el líder de los judíos.

En esos años, la comunidad judía de Yemen, la segunda más antigua después de la de Jerusalem, le pidió su consejo para afrontar una situación que amenazaba su existencia misma. Los gobernantes shiitas que tomaron el poder en Yemen en 1172, les dieron a cristianos y judíos la opción de convertirse al Islam o morir. Muchos judíos se convirtieron, no sólo por la amenaza, sino también por su poco conocimiento del judaísmo. Creían que Mahoma había traído una nueva religión que sustituiría a la suya propia y por lo tanto no tenía caso resistirse. Maimónides les escribió una carta, conocida ahora como Iggeret Teman (Carta a Yemen) o Petaj Tikvah (Puerta de Esperanza) donde les extendía su mensaje de esperanza a todos aquellos que vivían oprimidos y donde declaraba su firme compromiso con la fe de Israel. Les aseguraba que la nación judía siempre sobrevive a cualquier intento de aniquilarla y que la opresión terminaría pronto. La carta fue distribuida por todo el país con efectos muy positivos. Los judíos yemenitas renovaron el vínculo entre Israel y Dios y esperaron pacientemente a que la promesa de Maimónides se cumpliera. En 1174 Turhan Shah, hermano de Saladin, entró a Yemen y tomó el control del gobierno, liberando a los judíos de su opresión. La promesa de Maimónides se había cumplido.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: “Maimónides” de Sherwin B. Nuland.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

85 De Moisés a Moisés, no ha habido otro como Moisés.

Maimónides nació en Córdoba, en el año 1135, al final de la época de oro del judaísmo español. A edad temprana desarrolló un marcado interés por las ciencias y la filosofía. Leyó a los filósofos griegos en traducciones al árabe y se sumergió en el estudio de las ciencias y la cultura islámica. Estudió Torá con su padre, Rabi Maimon ben Yosef.

En 1148 el Califato de Córdoba, tolerante con los cristianos y los judíos, se colapsó y cayó bajo el régimen de la dinastía Almohad, cuya actitud era totalmente contraria, ya que obligaron a los “infieles” a convertirse al Islam o morir. La familia de Maimónides, como muchos otros judíos, optó por el exilio. Los siguientes diez años deambularon en el sur de España, hasta que finalmente se establecieron en Fez, en Marruecos. Durante ese tiempo fue que Maimónides escribió su comentario sobre la Mishnah. De Marruecos se trasladaron a la tierra de Israel, donde estuvieron un corto tiempo, partiendo hacia Egipto para establecerse en Fostat, ciudad vecina de El Cairo.

A la muerte de su padre, Maimónides se convirtió en la cabeza de la familia, pero pudo seguir dedicado al estudio, gracias a que su hermano David manejaba el negocio de la familia, el comercio con piedras preciosas. David muere ahogado en el mar en un viaje de negocios y Maimónides tiene que buscar cómo ganarse el sustento. Decide dedicarse a la medicina, profesión que estudió en Córdoba y en Fez. Ganó pronto el reconocimiento público y fue nombrado médico de la Corte del Gran Visir y del Sultán Saladin, puesto que conservó hasta su muerte, en el año 1204. De acuerdo a sus últimos deseos, sus restos fueron trasladados y enterrados en Tiberias, en la tierra de Israel.

La influencia de Maimónides en el desarrollo del judaísmo es incalculable. Ningún líder espiritual, después de la era talmúdica, ha tenido un impacto tan grande como él. A pesar de que su obra filosófica fue inicialmente recibida con mucha oposición, al paso del tiempo esta fue finalmente aceptada. Sus dos obras principales fueron el “Mishneh Torá”, una codificación de la ley judía, escrita como una guía de cómo vivir de acuerdo a los mandamientos divinos y la “Guía de los Perplejos”, obra filosófica donde explica el verdadero significado del espíritu de la ley.

Maimónides, junto con Rashi, es uno de los autores dentro del judaísmo más estudiados en el mundo académico judío. Su trabajo marcó el camino de la síntesis entre el pensamiento aristotélico y la Biblia. Influyó profundamente a pensadores tanto cristianos, como Santo Tomas de Aquino, como árabes. También es uno de los pensadores judíos más ampliamente debatido. Ha sido adoptado como un símbolo y un héroe intelectual por casi todos los movimientos en el judaísmo moderno. El haber logrado reconciliar lo filosófico con lo tradicional, le ha dado a su legado una gran riqueza y una calidad poco común. Por eso se dice que “De Moisés a Moisés, no ha habido otro como Moisés”.

Preparado por Marcos Gojman de varias fuentes.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

84 “Vedok”: Continúen examinando el asunto.

Desde un punto de vista estrictamente histórico, el Talmud nunca se concluyó, nunca se declaró oficialmente terminado, sin la necesidad de comentarios adicionales. La Biblia, comparativamente, pasó por diferentes etapas de recopilación y redacción, pero eventualmente se completó y se declaró, categóricamente, que no se le podía añadir nada. Lo mismo fue verdad con la Mishnah en su época. Pero aunque hay una determinada edición del Talmud que se le considera como definitiva, el hecho de que había llegado a su terminación nunca fue anunciado de forma pública y oficial y que, por consiguiente, una nueva era iba a comenzar.

La edición final del Talmud puede compararse a las etapas de maduración de un organismo vivo: como un árbol, el Talmud ha llegado a tener una cierta forma, la cual es muy poco probable que cambie sustancialmente, aunque continúa siendo un ser vivo, que crece y se prolifera. Aunque el organismo ha tomado su forma final, todavía produce nuevos brotes que extraen su sustento de las raíces y por eso continúa creciendo. Este hecho es más importante para nuestra manera de acercarnos al Talmud que para su propia historia. El principio de que el Talmud no está terminado, mantiene un reto constante a continuar con el trabajo creativo. Le corresponde a cada estudioso el añadir algo al Talmud y el de contribuir a la obra, a sabiendas de que nunca va ser finalmente completada.

El Talmud fue editado por Rev Ashi, pero no por eso es su obra, sino que es el esfuerzo colectivo de todo el pueblo judío. Así como no tiene un solo protagonista, ninguna figura central que resuma todos los temas y las discusiones, así ha continuado a través de los siglos en un proceso creativo continuo.

De cierta manera, esto es el origen de la dificultad y de lo fascinante que implica su estudio. Requiere del estudiante la habilidad de identificarse con él, pero sin insistir en una fe ciega. Hay pocas obras sagradas que no demandan del estudiante el aceptar ciertos principios. Pero en el caso del Talmud, el estudioso no está obligado a aceptar todos los argumentos y le es permitido el preguntar o apelar algún punto. Es más, está obligado a hacerlo.

Uno de los grandes comentaristas talmúdicos, el Maharsha, usualmente terminaba sus comentarios con la palabra “vedok”, continúen examinando el asunto. Este exhorto es una aceptación explicita que no se ha agotado el tema y que todavía hay lugar para adiciones y nuevos argumentos a las viejas preguntas. De cierta forma, todo el Talmud se completa con este “vedok”, este mandato de continuar con la búsqueda, de preguntar, de ver nuevas facetas a problemas antiguos. Por eso, es nuestra obligación el seguir examinado el asunto.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: The Essential Talmud, del rabino Adin Steinzaltz

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

83 Los que creen tener la verdad absoluta.

Fanatismo es el exceso de celo en materia religiosa y es especialmente grave cuando es dirigido hacia los otros. El Judaísmo, como otras religiones, ha tenido que encarar el problema de cómo lograr el balance entre una lealtad completa, llevada con entusiasmo y convicción, y el celo desenfrenado de algunos que, al actuar, parecen ignorar los valores mismos que predican.

La Torá nos presenta varios ejemplos de fanatismo. Uno es la historia del rapto de Dinah, donde a pesar de que Jacob y sus hijos llegaron a un acuerdo con el príncipe de Shejem, dos hijos de Jacob, Simón y Levy, matan de todos modos a los varones del pueblo. Jacob, en su lecho de muerte, al bendecir a cada uno de sus hijos, condena la acción de Simón y Levy.

Keneth Seeskin, en su libro “Maimónides, una guía para los perplejos de hoy” nos dice: “En el asunto de fanatismo, Maimónides señala en su obra intitulada Ocho Capítulos que, de acuerdo a la Torá, Dios no quiere y en muchos casos no acepta, la conducta extremista. Dios no quiere que la gente se mate de hambre, se atormente a sí misma, haga votos de celibato o soporte privaciones. Lo que Él quiere es un trato honesto con tu prójimo, la moderación de las pasiones, el respeto al pobre, la viuda, el huérfano, el enfermo y el extranjero, el descanso en Shabat y en general, una vida en la que podamos crecer a nuestro máximo potencial. Es cierto que la Torá pide disciplina moral y religiosa, pero nunca recomienda la disciplina por la disciplina misma. El propósito de la ley no es el promover la obediencia incuestionada a la autoridad. Es más bien el crear un ambiente en donde el hombre pueda perfeccionar su alma y la sociedad donde vive”.

En Levítico 19:18 y 19:34 se expresa por primera vez la Regla de Oro: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El mismo Kant en el siglo XVIII decía que este principio era la base de todo sistema ético y que todo mandamiento, juicio moral o acción deben ser completamente compatibles con él.

Seeskin continúa: “Si Maimónides está correcto, los mandamientos divinos tienen como su objetivo la excelencia humana (Guía 3:27). Ningún mandamiento ordena una forma de conducta que no nos inculque una correcta forma de pensar, que no contribuya a la armonía social y que no nos provea de salud física y mental.”

Hoy en día nuestro mundo esta desgarrado por hombres y mujeres que claman que Dios está de su lado y que, convencidos de lo correcto de sus posturas, cometen actos físicos o sicológicos de destrucción violenta. Estos individuos son impulsados por la seguridad de creer que ellos conocen las verdades sagradas y por lo tanto están moralmente obligados a hacer todo lo que esté en sus manos para imponerlas, sin importar el sufrimiento de los otros. Junto con su inflado sentido de rectitud, certeza moral y pureza ideológica, tienen la tendencia a deshumanizar y hasta demonizar a aquellos que se les oponen. Ellos creen que tienen la verdad absoluta. Pero no es así.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: Keneth Seeskin, “Maimónides, A Guide for Today´s Perplexed”y artículos de Rabi Louis Jacobs y James Green

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

82 Gracias Rashi, ahora ya le entendí.

Es muy difícil estudiar alguna parte del Tanaj sin mencionar los comentarios de Rashi. Nadie más ha tenido un impacto tan profundo en los estudios judaicos en los últimos mil años como lo tuvo él. Además de sus comentarios sobre la Torá, Rashi comentó la mayoría de los libros de la Biblia judía y la mayoría de los tratados del Talmud Babli. Sus comentarios son, sin duda, la base para entender las Escrituras Judías y sus principios fundamentales.

Rashi, el acrónimo de Rabi Shlomo ben Yitsjak, vivió en Francia en la época medieval. Nació en Troyes, en la provincia de Champagne, en el año 1040 y murió ahí mismo el 13 de julio de 1105. En sus escritos usó los dos métodos básicos de interpretación, el «peshaṭ» y el “derash.», la interpretación literal y la no literal, con esta última utilizando comúnmente el Midrash. Además de comentar los textos básicos del Judaísmo, también tenía una casa de estudio, aunque no vivía de enseñar sino de comerciar con vinos.

Rashi tuvo tres hijas quienes se casaron con grandes eruditos. Sus nietos fueron los famosos Tosafot, un grupo de estudiosos que, irónicamente, fueron los primeros en disentir de los comentarios que su abuelo hizo del Talmud. El principal fue su nieto Yacob, conocido como Rabeinu Tam. El cuestionar los comentarios de Rashi, provocó un gran interés por el estudio del Talmud. Con el tiempo, sus nietos se dispersaron por el mundo, fundando casas de estudio.

El primer texto judío impreso que se conoce fue un comentario de Rashi de la Torá, el cual se imprimió en Reggio en 1475. Rashi usaba un lenguaje no sólo claro sino preciso, siempre respetando el verdadero contexto del texto en cuestión, además de su significado y reproduciendo todas las variantes de pensamiento que había sobre el tema. Su fama pronto se extendió más allá de los límites de Francia, hacia Alemania, España y el Medio Oriente. Rashi casi nunca cuestionaba los textos que comentaba, pero anticipando las dudas que el estudioso tendría, él proporcionaba la respuesta adecuada, usando palabras muy bien escogidas. Sus comentarios del Talmud se han impreso en prácticamente todas las ediciones, desde la primera que se hizo en Italia. Rashi tuvo una influencia decisiva en establecer el texto definitivo del Talmud, al comparar diferentes manuscritos y determinar cuáles versiones eran las más apropiadas. En sus comentarios sobre la Biblia examina no sólo el significado literal del texto, sino también usa alegorías, parábolas y simbolismos para ilustrar su significado no literal.

Breishit 1:16 dice: “Y Dios hizo dos grandes luminarias; la luminaria mayor para dominar el día y la luminaria menor para dominar la noche; también hizo las estrellas.” Los sabios cuestionaron como es que la Torá habla primero de dos grandes luminarias y después habla de una mayor que otra. Rashi lo explica diciendo que en un principio fueron creadas del mismo tamaño, pero como la luna se quejó de que no podía haber dos reyes en el firmamento al mismo tiempo, entonces el Creador hizo más chica a la luna, por quejarse, pero al final la compensó con las estrellas.

Esto es un ejemplo de los comentarios de Rashi. Gracias a él es más fácil entender las Escrituras.

Preparado por Marcos Gojman de varias fuentes.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

81 Los pros y los contras de la imprenta.

Como todos los europeos en general, los judíos fueron afectados profundamente con la propagación de la imprenta. Especialmente en los siglos XVI y XVII este fenómeno tuvo un efecto democratizador. Con libros impresos más baratos que los manuscritos, más sectores de la población, además de los estudiosos o los ricos, podrían encontrar su camino al conocimiento. A diferencia de que anteriormente los maestros decidían qué y cómo impartir el conocimiento, ahora la gente podía estudiar por su cuenta.

Al final de la época medieval se utilizaban manuscritos como base de las lecciones que los maestros impartían en las yeshivoth. Cada profesor presentaba oralmente el texto del manuscrito junto con sus propias interpretaciones, explicaciones y análisis. Estas explicaciones, llamadas hagahot, eran anotadas por sus alumnos en los márgenes del manuscrito. Cuando ese manuscrito era nuevamente copiado a mano, esos comentarios eran habitualmente incorporados al texto principal. Esto explica porque existen varias versiones de un mismo texto.

Pero con el advenimiento de la imprenta, el texto original del autor o el editado por el editor, quedaba fijado de forma permanente. El texto tenía vida propia, separado de las interpretaciones de los maestros. El maestro empezó a perder un poco de su autoridad que le daba el ser el único intérprete del conocimiento.

Además de ampliar la audiencia de estudiosos y permitir el que los alumnos tuvieran un poco de independencia, el libro impreso introdujo nuevos temas y nueva información. Gracias a la intensa actividad de las casa editoriales de Italia, las yeshivoth de Ashkenaz y de Polonia, en los siglos XVI y XVII, fueron inundadas especialmente de libros escritos por maestros sefaradíes medievales, a los cuales tenían un acceso muy limitado. Maimónides, Najmanides, Saadia Gaon y otros muchos, ahora podían ser estudiados de forma directa y a profundidad. Los mismos maestros tenían que considerar a más autores a la hora de presentar sus clases. Ahora tenían mayor acceso a la filosofía y a la interpretación de la Biblia y de los Midrashim.

Pronto surgieron opiniones contrarias al uso indiscriminado de los libros impresos. El rabino de Poznan, Aaron Land, en abril de 1559, escribió un sermón donde atacaba la apertura a los textos impresos. Increíble, pero los libros que ese grupo de rabinos consideraban un peligro para el Judaísmo, no eran sobre filosofía, sino sobre Halajá, como el nuevo código recién presentado por Joseph Karo, el Shuljan Aruj. Sin embargo, sus argumentos para oponerse tenían cierta lógica. El nuevo canon que la imprenta estaba imponiendo implicaba un texto fijo, que no admitía modificaciones a la hora de la transmisión oral. La imprenta podía poner la ley judía en manos de novatos que leían estos textos y pretendían saber cómo aplicarlos. Era como tener un libro de recetas que cualquiera podía usar. Ellos se oponían a que hubiera un solo rabino o un solo código que resolviera a priori cada situación. Decían que la ley debía interpretarse de manera particular en cada caso, basado en el texto del Talmud y no con fórmulas generales. La imprenta tenía sus pros y sus contras.

Preparado por Marcos Gojman
Bibliografía: Innovative tradition, Jewish Culture in the Polish Lituanian Commonwealth, de Moshe Rosman.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

80 Una en cada puerto.

En la Alemania del siglo XI, los comerciantes judíos acostumbraban viajar, por motivos de su profesión, a la España musulmana, al Norte de África o al Oriente y se ausentaban hasta por varios años, dejando a su esposa y a sus hijos sin sustento y a veces sólo con el apoyo de los papás de ella. Inclusive sucedía que los hombres se casaban por segunda vez en alguna de esas tierras lejanas y empezaban una segunda familia.

Desde los tiempos bíblicos no existía ninguna prohibición a la poligamia. Matrimonios judíos polígamos existían entre judíos que vivan en tierras musulmanas, donde a los hombres se les permitía tener hasta cuatro esposas. Pero en el siglo XI se promulgaron una serie de takanot, edictos, para proteger a las mujeres. Gershom ben Judah, un rabino de Mainz dispuso que un marido no podía estar ausente más de 18 meses y al regreso tenía que permanecer en su hogar mínimo otros seis meses. Además decretó que, aunque los hombres son los que inician el proceso de divorcio, las mujeres tenían que estar de acuerdo en divorciarse. Anteriormente la Halaja, basada en los versículos 24:1 y 24:3 de Deuteronomio, le asignaba un papel pasivo a la mujer. Su opinión no importaba. Rabeinu Guershom introdujo la idea revolucionaria de que la mujer tenía que estar de acuerdo. Se estipuló esta condición en vista que algunos maridos simplemente pagaban a su mujer lo estipulado en la ketubah para poderse divorciar y ya. Esta takanah originalmente solo se aplicaba en Mainz, pero para mediados del siglo se había extendido al norte de Francia, Inglaterra y toda Alemania.

Con esta regla se impedía que, cuando una mujer descubría que su esposo tenía una segunda familia, este simplemente le mandara el papel del divorcio y así resolvía el problema. A partir de esta takanah, el marido no podía divorciar a la primera esposa si ella no estaba de acuerdo. La takanah prácticamente prohibía el tener más de una esposa. Si alguien quería suspender el efecto del edicto y divorciarse sin el consentimiento de la esposa, la takanah estipulaba que se requería que 100 sabios estuvieran de acuerdo para que el marido se pudiera divorciar.

La prohibición rabínica en contra de la bigamia data desde los principios del siglo XI. Rabeinu Guershom ben Judah de Metz prohibió la bigamia o poligamia bajo pena de excomunión, seguramente influido por la norma de monogamia que se practicaba en la Europa cristiana. Su decreto fue aceptado sin oposición por los judíos franceses y alemanes principalmente. La prohibición de la poligamia y la necesidad de que ambas partes tenían que estar de acuerdo para poderse divorciar crearon un cambio en los paradigmas en la vida de los judíos europeos. Con esto, ya no podían tener una en cada puerto.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: A Jewish – Christian Symbiosis, The Culture of Early Ashkenaz por Ivan G. Marcus.

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario

79. La clase no ha terminado.

El rabino David Hartman en su libro “From Defender to Critic”, comenta que, desde un punto de vista religioso, la creación del Universo y la entrega de la Torá en el Monte Sinai, son sin duda, los dos momento más significativos descritos en la Torá. Ambos implican el hecho que Dios habló. Su Palabra creó el Universo de la nada y también Su Palabra, al darnos la Torá, constituyó el Pacto de Sinai. Sin embargo, estos dos eventos son muy diferentes entre sí: el primero lo podemos representar como el discurso de un artista y el segundo como el discurso de un maestro. Tenemos por un lado al Dios Creador y por el otro al Dios Maestro.

El artista, al crear algo, no está preocupado de que otros entiendan lo que está haciendo. Él lo que necesita es darle salida a su ímpetu creativo. Picasso, Van Gogh o Mondrian, cuando pintaban, no estaban pensando si la gente iba a entender su obra, lo que querían era sacarse eso que traían adentro. Su discurso es un monólogo.

En cambio, el discurso de un maestro lo que busca es comunicarse con el otro, lo que busca es que su alumno lo entienda. Y al hablar piensa en el otro, para que su mensaje cumpla el objetivo de guiar y persuadir. El buen maestro toma en cuenta quien es su “alumno” y su capacidad de entender. No es un monólogo, sino un diálogo.

Usando estos dos modelos podemos ver que la Creación refleja el modelo del artista, donde el discurso divino es un monólogo. En cambio el Pacto en Sinai refleja un discurso que va dirigido a una audiencia con el fin de influirla y de guiarla. En la Creación, la humanidad no juega ningún papel, en el Sinai juega el papel del que escucha, del que recibe el mensaje. El discurso de Sinai tiene el objetivo de que el otro participe en el diálogo.

Y el discurso del Creador en el Sinai toma en cuenta a quien le está hablando. No le está hablando a seres platónicamente perfectos. La Torá acepta que el diálogo se da entre la aspiración divina y la imperfección humana. La Torá no es una ley celestial dirigida a seres perfectos. La Torá es una respuesta a lo que el hombre es, un ser que tiene pasiones y celos, que le roba al otro o que desea la esposa del vecino.

Nuestros sabios lo entendieron y lo reflejaron en el Talmud. La primera Mishnah que mucha gente estudia trata del problema de dos personas que tienen una prenda en sus manos y los dos dicen: “¡Es mía!” Quizá la Mishnah debiera de reescribirse y que los dos personajes dijeran: “no, por favor, quédatela tu”. Pero los sabios sabían que ese mundo ideal no existe. El que existe es el mundo del conflicto y la escasez.

Por un lado podemos contemplar la belleza del universo. El Dios artista consiguió su objetivo. Pero por el otro debemos seguir aprendiendo del Dios Maestro. Porque su clase no ha terminado todavía.

Preparado por Marcos Gojman.
Bibliografía: From Defender to Critic del Dr. David Hartman

Publicado en Al reguel ajat | Deja un comentario