63 ¿Sodoma o el Sacrificio de Isaac?

La Torá nos presenta en Breishit, dos reacciones de Abraham totalmente opuestas al afrontar dos situaciones similares. La primera es cuando Dios le dice que va a destruir la ciudad de Sodoma y Abraham discute con Él. Abraham lo interpela: “Acaso El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Breishit 18:25). Abraham pareciera apelar a un principio moral aceptado de forma general por los hombres. Cuestionó las intenciones de Dios sin usar “citas bíblicas” o el comentario de algún sabio. Lo hacía con ese sentido intuitivo de justicia y de amor que ni el hombre ni Dios podían violar y lo hacía también con humildad y amor hacia Dios: “Y me atrevo a hablar a mi Señor, yo que soy sólo polvo y cenizas” (Breishit 18:27).

La segunda es cuando Dios le pide a Abraham que lleve a su hijo Isaac a Moriah, a que lo ofrezca como  sacrificio para Él. Sin darle mayor explicación y mucho menos una justificación, Dios le ordena a Abraham que sacrifique a su hijo, lo que implicaba además, la cancelación de la promesa de que Abraham sería el padre de un numeroso pueblo. Después del incidente de Sodoma, uno hubiera esperado que Abraham  le rogara a Dios no acabar con la vida de su hijo. Pero no lo hace, no le pide una explicación y menos una justificación. Su respuesta es una sumisión total y una rendición incondicional.

El Dios de Abraham por lo tanto, toma dos formas diferentes en el libro de Génesis. Por un lado un Dios que demanda una rendición total a sus mandamientos y por el otro un Dios que invita a la crítica y al juicio moral independiente.  Estos dos paradigmas han permeado  la vida religiosa y la interpretación de los textos a lo largo de la historia judía. Para muchos maestros, desde la época del Talmud hasta nuestros días, el sacrificio de Isaac, la Akedah, ha sido el paradigma de su vida y de su pensamiento religioso.  Para ellos, la sobrevivencia y la continuidad de la tradición judía requieren de una rendición incondicional y una total lealtad. Para cumplir con Dios, uno debe estar dispuesto a sacrificar su propia capacidad intelectual y su intuición, uno debe renunciar a todo lo que uno sabe y aprecia como ser humano, en deferencia y obediencia a la palabra de Dios.

Los círculos más conservadores dentro del judaísmo alegan que el paradigma de la Akedah es su respuesta a aquellos que cuestionan la práctica religiosa y que buscan el cambio,  ya que según ellos,  la vida religiosa perdería credibilidad si la sumisión y la rendición fueran menos que total. La creencia de que si cambias algo, todo se derrumba, se deriva del silencio de Abraham en el relato de la Akedah.

Pero el otro paradigma, el de Sodoma nos da otro mensaje: “Traigan su propia intuición moral, su sentido subjetivo de dignidad  y justicia y úsenlo para entender la realidad de Dios”. No sólo que esto no amenaza ni socava la conciencia religiosa sino por el contrario, es necesario para comprender la validez y la aplicabilidad de los mandamientos divinos. Qué escoges ¿Sodoma o la Akedah?

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: A Heart of Many Rooms, de David Hartman.

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62 El problema de las cercas.

En una parte del tratado Berajot del Talmud, los sabios discuten hasta qué hora se puede decir el “Shema” de la noche. Después de que se presentan muchos comentarios, finalmente concluyen que se puede decir el Shema de la noche, máximo hasta la medianoche y no hasta antes de la madrugada. ¿Y cuál es el argumento que los lleva a esta decisión? El propósito de poner ese límite específico, es para “alejar a la persona del pecado” (Kdei leharjik et haadam min hahabeira) y así garantizar el que la gente lo cumpla correctamente. Y continúa el texto: “hay una enseñanza que dice que los sabios harán una cerca para salvaguardar sus palabras” (Jajamim asu sayag ledibreihem, Berajot 4b). Quiere decir que los preceptos halájicos deben estar de tal forma pensados y redactados, que no permitan de ninguna forma que la persona caiga en pecado. Antes de la madrugada podría ser que la persona no calculara bien el tiempo que le queda y termine diciendo el Shema de la noche cuando ya es de día. Si se pone el límite de la medianoche, ese riesgo no se corre. La medianoche nos da un amplio margen.

Esta enseñanza de “crear una cerca a las palabras de los sabios”  tuvo implicaciones importantísimas. El enorme cúmulo de reglas halájicas para hacer prácticamente imposible el que la persona peque al no cumplirlas correctamente, se ha llevado al extremo. Una  “Jumra” es una prohibición u obligación en la práctica del Judaísmo que excede los requisitos mínimos que plantea la ley judía. “Jumrot” (plural de Jumra) pueden ser adoptadas por un individuo o por una comunidad. Se les encuentra en el Judaísmo Ortodoxo como una forma de evitar transgredir un precepto o como una forma de distinguirse de otros grupos ortodoxos.

También el concepto de “jumra” se usa cuando en el Talmud existen dos o más interpretaciones diferentes sobre el mismo punto y se aplica simplemente al escoger la interpretación más estricta en vez de la más indulgente. Por ejemplo, en el siglo XII, Rabeinu Tam decía que se podían comer platillos de leche inmediatamente después de comer carne, simplemente recitando una bendición y cambiando el mantel. Ahora, la práctica halájica mayormente aceptada, exige esperar por lo menos una hora. La práctica de hoy se le considera una “jumra” comparada con lo que decía Rabeinu Tam.

En cierto sentido, el Talmud, la Torá Oral, es esa cerca que protege a la Torá Escrita. J. Israelstam, un estudioso inglés, nos explica que: “La Torá se concibe como un jardín y sus preceptos como plantas preciosas y se erige una cerca para protegerlos.” Robert Frost en su poema “Mending Wall” (Reparando el Muro) dice: “Antes de construir un muro, yo quisiera saber qué estoy dejando adentro y qué estoy dejando afuera y a quién ofendo con esto.” Muros muy altos, nos aíslan del mundo exterior, nos encierran  y no nos dejan ver lo que sucede afuera. A lo mejor hay una planta nueva que se vería muy bien en nuestro jardín. Ese es el problema con las cercas.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: la edición Art Scroll del Talmud y otras fuentes.

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61 Las fiestas con y sin el Templo.

La Torá nos indica que debemos celebrar tres fiestas en el año: Pesaj, Shavuot y Sukkot  (Levítico 23). Se les conoce como “Shalosh Regalim”, las tres peregrinaciones. El mandamiento decía que cada judío de la tierra de Israel tenía que peregrinar al Templo en Jerusalem para presentar un sacrificio.

En Pesaj, cada familia o grupo de personas, traían un cordero o un chivo para sacrificarlo en el Templo la noche antes de la fiesta. Luego los peregrinos salían a los patios de Jerusalem a asar el animal en una fogata. Mientras se lo comían con Matza y hierbas amargas, contaban la historia del Éxodo de Egipto.

En Shavuot, la fiesta de la recolección, los granjeros traían sus primicias, canastas con granos y frutas y se las entregaban a los sacerdotes, al mismo tiempo que recitaban una letanía agradeciéndole a Dios por haber sacado al pueblo de Israel de la tierra de Egipto.

Sukot por su parte, se había convertido en la festividad más observada en el Templo. Durante los ocho días que duraba, los sacerdotes sacrificaban setenta animales acompañados de su respectiva porción de granos mezclados con aceite y de vino. En Sukot, los judíos llegaban a Jerusalem con ramas de palmeras entrelazadas con ramas de sauce y de mirto y llevando un etrog. Todo esto lo agitaban al tiempo que decían “Hoshiana”, Dios nos salve. Después de la ceremonia, les daban el etrog a los niños para que se lo comieran.  Como Sukot caía en el otoño, al comienzo de la temporada de lluvias, los sacerdotes sacaban una jarra de agua del manantial de Siloam, en Jerusalem y lo pasaban de mano en mano hasta que llegaba al Templo para hacer una libación. A la ceremonia le seguía una alegre fiesta que duraba hasta muy avanzada la noche. La idea era pedirle a Dios lluvias abundantes para tener buenas cosechas.

Sin embargo, con el tiempo, el fondo de ser festividades agrícolas fue cambiando a algo más espiritual. Pesaj se convirtió en el día para recordar la salida de Egipto. Shavuot se le relacionó con el día que Dios le habló a Israel en el Monte Sinai. Y Sukot los sabios lo asociaron con los 40 años que duró la travesía en el desierto.

Cuando los romanos destruyen el Templo, las festividades cambiaron. Pesaj se observaba ahora con una cena ritual en casa, sin hacer el sacrificio del cordero. Lo importante ahora era contar la historia del Éxodo.  En Shavuot se celebraba el haber recibido la Torá y en Sukot se construían las cabañas, las que normalmente se utilizaban en el campo para recolectar la cosecha, ahora se les usaba para recordar los años en el desierto y se agitaban las palmas con el sauce, el mirto y el etrog. Los rezos de Hoshiana se hacían ahora en las sinagogas. Los sacrificios en el templo habían quedado cancelados, obviamente. Las fiestas sin Templo ya no eran como las fiestas con Templo.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía:The Jews in the Time of Jesus del Rabino Stephen M. Wylen

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60 El final de los profetas.

Los profetas Hagay, Zacarias y Malaji vivieron en el tiempo de Ezra y Nehemia. Después de ellos, no hubo más profetas entre el pueblo de Israel. La gente se preguntaba: “¿Cómo es que Dios ya no nos habla a través de los profetas como en los tiempos bíblicos?  A lo largo de la época del Segundo Templo la gente añoraba el regreso de la profecía. Se preguntaban: “¿Por qué Dios se ha distanciado de nosotros? ¿Dónde están los profetas? La literatura judía de la época del Segundo Templo mostraba consistentemente una nostalgia por las profecías.

Desde nuestra perspectiva histórica es fácil contestar la pregunta de porque no hay más profetas. La aceptación de la Torá como Escritura Sagrada bajo Ezra el escribano, trajo a la profecía a un repentino e irreversible final. Un pueblo y una religión no pueden tener las dos cosas, profecías y escrituras. Uno busca a un profeta para recibir un nuevo mensaje de Dios. Las Escrituras por su parte presumen ser el mensaje completo y único de Dios. ¿Qué haríamos si un profeta contradice la palabra de las Escrituras?

Desde el momento que los judíos aceptaron a la Torá  como Escritura, el sabio sustituyó al profeta. El sabio era un estudioso que conocía la Torá y cómo interpretarla. Dios ahora hablaba a través del sabio, en vez del profeta.

Malaji fue el último de los profetas.  Surge después de la época de Ezra el escribano. El tercero y último capítulo del libro de Malaji representa la despedida final de la profecía bíblica.  Malaji nos anuncia un futuro que estará dominado por los intérpretes de las escrituras más que por los mensajeros de Dios. Malaji anuncia el Día de Dios como aquel en que serán  reivindicados aquellos que obedecen los mandamientos del Creador.  El mensaje de Dios nos llegará interpretando los mandamientos de la Torá  y no a través de las palabras de un profeta.

Zacarias y Malaji escribieron en el formato de pregunta y respuesta. ¿Era sólo una herramienta literaria? ¿O los últimos profetas estaban imitando el estilo de los sabios, quienes reciben una pregunta y la contestan con una respuesta estudiada? No lo sabemos. Pero si sabemos que así fue el final de los profetas.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Jews in the Time of Jesus del Rabino Stephen M. Wylen.

 

 

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59 Cuando la Biblia pasó de ser época a ser libro.

Después de la muerte del rey Salomón, el reino se dividió en dos: Al sur, el reino de Judah que continuó bajo la dinastía de la casa de David y al norte el reino de Israel que tuvo varias dinastías hasta que los asirios lo destruyeron en el año 722 antes de la era común (AEC). El reino de Judah duró 136 años más hasta que en el 586 AEC los babilonios lo conquistaron, forzando a la mayoría de sus habitantes a irse al exilio a la misma Babilonia.

Para entonces, en Eretz Israel, ya se había centralizado todo el ritual de sacrificios en el Templo de Jerusalem. Los altares pequeños fueron destruidos y los judíos se acostumbraron a que sólo podían adorar a Dios en el Templo. Esta condición obligó a los judíos en Babilonia a encontrar nuevas formas de servir a Dios, ya que no podían realizar sacrificios en el exilio, aunque no perdían la esperanza de regresar a Jerusalem y reconstruir el Templo.

Los líderes del pueblo judío: los sacerdotes, la realeza y la nobleza, los hombres sabios y los ancianos, habían sido exiliados a Babilonia. A ellos les tocó la tarea de preservar la identidad y la religión con nuevos rituales y reglas de observancia. Leer la Torá fue una de esas formas nuevas.

El profeta Jeremías dijo que el exilio solo duraría 70 años. Alrededor del año 539 AEC, Ciro, el emperador persa, conquistó Babilonia y animó a los judíos a regresar a Judah y restablecer el culto a Dios. Aun así, muchos se quedaron en Babilonia donde se sentían como en casa. Algunos regresaron a Judah, incluyendo a los sacerdotes que tenían la esperanza de reconstruir el Templo y con eso su forma de subsistencia.  En el año 515 AEC el Templo fue reconstruido de manera modesta, aunque con los años fue mejorado hasta sobrepasar en belleza al primero.

Ezra y Nehemia fueron los dos grandes líderes que guiaron la reconstrucción de Judah.  Nehemia era un funcionario en el gobierno persa, quien pidió permiso para regresar a Judah y reconstruir el país. Le fue concedido y reconstruyó las murallas, estableció un gobierno honesto y derrotó a sus enemigos, especialmente a los Samaritanos.  Ezra era un sacerdote, un líder religioso. Regresó de Babilonia con la consigna de restablecer el culto religioso. Impuso reglas muy estrictas para observar el Shabat, tal como ya lo hacían los judíos en Babilonia, donde el observar el Shabat era primordial en el ritual religioso. Él fue el que introdujo la lectura de la Torá en las fiestas. En su primer Rosh Hashana leyó de la Torá, como está escrito en el capítulo 8 del libro de Nehemia: “Ezra bendijo a Dios y todos contestaron amen, leyó de Dios en el rollo de la Torá, traduciéndolo y dándole sentido para que la gente entendiera lo que se leía”.

Leer la Torá en público es el último evento que se narra en la Biblia. Los judíos de la época bíblica no tenían una Biblia, ya que ellos mismos eran los actores de las narraciones bíblicas. Sus historias  eventualmente se convertirían en la Biblia. Al canonizarse la Biblia, los judíos dejaron de vivir en los tiempos bíblicos. La Biblia pasó de ser época a ser libro.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Jews in the Time of Jesus del Rabino Stephen M. Wylen.

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58 Leer de una manera literal.

Muchos lectores contemporáneos de la Torá se frustran porque han estado expuestos a un método de interpretación de la Biblia que entiende los textos de una manera literal. Por eso, si Breishit dice que Dios creó a la mujer de la costilla del hombre, o si dice que la serpiente hablaba , o que ese anciano vivió algunos cientos de años, los que lo ven de una manera literal interpretan que la historia es exactamente lo que dicen las palabras del texto. Y esa manera de entenderlo literalmente, lo aplican a todas las palabras y frases de la Biblia.

Aparte de que el texto bíblico que se usa habitualmente puede ser una de las varias versiones disponibles y que muchos de los que la leen usan traducciones ya que no conocen el hebreo original, los lectores contemporáneos deben entender que leer la Torá de forma literal, puede llevar a ideas erróneas.

Inclusive, los antiguos rabinos, que creían que la Torá nos fue dada por Dios, no tomaban el texto de una manera literal. Lo tomaban con seriedad, pero siempre buscaban algo más que su significado literal. Se dieron cuenta que en la Biblia abundaban metáforas sutiles y alusiones, que habían juegos de palabras y otros recursos literarios, que algunas veces hablaban de forma satírica y que su poesía no podía estar sujeta a una sola interpretación. También estaban de acuerdo, sin temor a equivocarse, de que los estudiosos podían estar en desacuerdo entre ellos al tratar el significado de alguna parte de la Torá.

Al leer la Torá debemos tener en mente que lo que el autor dijo en su tiempo a sus contemporáneos, dentro de su propio marco de referencia intelectual, es una cosa y lo que generaciones posteriores hicieron con el texto, los que contribuyeron con sus comentarios y sus sermones, es otra. Esta larga tradición de entender el Libro como un prisma, descubriendo a través de sus facetas un gran espectro de ideas, hace a la Torá una obra única.

La Torá además de su significado original y de las interpretaciones surgidas a través de los siglos, también tiene relevancia en nuestros días. Por ejemplo, la historia de la torre de Babel, que por muchos años se interpretó como un ejemplo de la arrogancia humana, hoy nos advierte de los efectos deshumanizantes de la vida urbana.

Lo importante de la Torá está, más que en las historias que nos cuenta, en las preguntas que deja sin contestar. Esa forma de no contarnos el final, de dejarlo abierto, el no darnos una única respuesta,  es la puerta que queda abierta para las generaciones del futuro que escucharán esas mismas palabras de una manera diferente y contestarán también de una manera diferente. Pero pueden estar seguros que no será de una manera literal.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Torah, a Modern Commentary, de un texto de W. Gunther Plaut.

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57 Halajah y Agadah: ¿Quién gana?

La Encyclopaedia Judaica nos dice que la Agadah, que se traduce como “la narrativa”, usualmente se define de manera negativa, como aquella parte de las enseñanzas de los rabinos que no son ni leyes ni regulaciones religiosas. Por lo mismo y aunque es parte del Talmud, la Torah Oral, la Agadah no tiene la calidad normativa que tiene la Halajah, cuyos preceptos son obligatorios.

Sin embargo, tenemos que entender que las Agadot son enseñanzas morales y éticas que tratan asuntos de fe y del arte de vivir. Es por lo tanto didáctica. La verdad de sus enseñanzas sobrepasa a la realidad histórica. El valor de una Agadah es por un lado sus principios éticos que nos enseñan el arte de vivir y por el otro su forma poética de trasmitirlo.

Las Agadot son principalmente la creación de los judíos de Eretz Israel que las plasmaron en el Talmud Jerusalmi, a diferencia del Talmud Babli que, aunque las tiene, no son en su mayoría de Babilonia sino de Jerusalem. La forma que toma son narraciones, leyendas, doctrinas, advertencias sobre la buena conducta, palabras de aliento o de consuelo, expresiones de esperanza por un mejor futuro.

Abraham Joshua Heschel en su libro Between God and Man nos dice: la Halajah trata de las leyes, la Agadah del significado de las leyes. La Halajah nos da normas para actuar, la Agadah nos da la visión del propósito de nuestras vidas. La Halajah prescribe, la Agadah sugiere. La Halajah decreta, la Agadah inspira.

Heschell continúa: la Agadah trata de la relación del hombre con Dios, con los otros hombres y con el mundo. Trata de la vida y de la religión como un gran todo.  La Agadah es la que nos recuerda que el propósito de las mitzvoth es transformar al que las observa para llegar a conseguir un fin espiritual.

Por ejemplo, la Agadah es la que nos dice que aquel que salva una sola vida es como si hubiera salvado al mundo entero. La Halajah es la que diría que salvar a dos es más que salvar a uno, porque matemáticamente dos es más que uno.

No hay Halajah sin Agadah y no hay Agadah sin Halajah. No debemos ni menospreciar el cuerpo ni sacrificar el espíritu. El cuerpo es la disciplina, el orden, la ley. El espíritu es la devoción interna, la espontaneidad, la libertad. Por lo tanto, cumplir una mitzvah implica disciplina e inspiración, obediencia y felicidad, es a la vez un yugo y una prerrogativa. El sostener que la esencia del Judaismo es sólo la Halaja es tan equivocado como decir lo mismo de la Agadah. La interrelación de ambas es el verdadero espíritu del Judaísmo. Nuestra tarea es mantener el equilibrio. Ninguna de las dos debe ganar.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: obras citadas.

 

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56 Eva, ¿la primera dama?

La historia de Adán y Eva, el incidente con la serpiente y el fruto prohibido, tuvieron muchas implicaciones. En principio, marca la sumisión de la mujer hacia el hombre. Dios, nos dice el rabino Telushkin en su libro Biblical Literacy, castiga a Eva con el dolor de parto y con el estar sometida al dominio de Adán. Además, como el relato bíblico nos cuenta que Eva fue creada de una costilla de Adán, esto ya le da un status inferior y de sometimiento al hombre. Sanhedrin 39ª, dice que el quitarle la costilla a Adán “fue beneficioso para Adán, el que Dios le quitara una costilla  y le diera una shifkha, una criada, para que le sirva.” Comentario que el Talmud le atribuye a la hija de Rabban Gamliel.

Las implicaciones que se derivaron dentro del Judaísmo, de esta relación entre el hombre y la mujer, son muchas. En los círculos ortodoxos, la mujer es definitivamente discriminada: entre muchas cosas, la mujer está exenta de cumplir con las mitzvoth ligadas al tiempo, está exenta de estudiar la Torá, el hombre agradece todas las mañanas de que Dios no lo hizo mujer y el hombre es el único que puede iniciar el proceso de divorcio, con lo que se genera el problema de la mujer agunah, aquella que el marido no le quiere dar el Get, el divorcio y por lo tanto no se puede volver a casar.

Pero la postura del Judaísmo liberal es diferente. Desde la explicación misma del relato bíblico, que no presenta a Eva como la responsable de ese gran “primer pecado”. Nos cuenta el gran educador Shlomo Bardin: Imaginen que una joven mujer se casa con un hombre joven cuyo padre es el presidente de una gran compañía. Después del matrimonio, el padre nombra a su hijo vicepresidente y le asigna un enorme salario, pero como no tiene experiencia de trabajo, el padre no le da ninguna responsabilidad. Cada semana, el joven recibe un cheque bastante grande, pero no tiene nada que hacer. Su esposa pronto se da cuenta que no está casada con un hombre sino con un jovencito y mientras su marido continúe en el negocio del padre, siempre va a ser un jovencito. Así que ella lo fuerza a dejar su trabajo, dejar su entorno seguro, irse a otra ciudad y empezar a levantarse por sí solo. Esa es la razón por la que Eva comió del fruto del árbol.”

Aaron Soloveitchick, en su libro Logic of the Heart, Logic of the Mind, nos dice que pareciera que la mujer tiene una ventaja sobre el hombre, una chispa sagrada única atribuible a su naturaleza femenina. Y dice: “esta conclusión se puede deducir con solo echar una mirada a la Creación en el Génesis. Pareciera que lo superior se creaba al final. Primero la luz fue creada y con eso otras formas de energía. Luego el mundo inorgánico y después el mundo orgánico. Y en el mundo orgánico la vida vegetal primero y después la vida animal. Y dentro del reino animal las especies más simples vinieron primero y después las más complejas. Adán, o sea la humanidad, fue creado después de todos los animales. Y dentro de la especie humana, el sexo masculino vino primero y después el sexo femenino. Esto prueba que la mujer tiene una ventaja espiritual innata comparada con el hombre.” Eva es mucho más que sólo “la primera dama” de Adán.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: obras citadas.

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55 El silencio de Dios.

El período bíblico se conoce como la época de la historia del pueblo judío donde Dios estaba siempre  próximo y presente y lo moral estaba ligado a lo natural. El hombre de la Biblia entendía que si observaba los mandamientos de la Torá, podía esperar buenas lluvias para sus cosechas, tener muchos hijos y lograr victorias sobre sus enemigos. El mismo Dios manejaba tanto lo natural como lo moral. Así, el castigo que Caín recibió por derramar la sangre de su hermano, los egipcios que se ahogaron al abrirse el mar Rojo, son ejemplos de esa doble función del Creador: usar Su poder sobre la naturaleza, para darnos una lección. Las bendiciones y las maldiciones bíblicas ilustraban como la naturaleza y los eventos históricos reflejaban el Pacto que el pueblo de Israel tenía con Dios.

Pero en el libro de Job, las cosas empiezan a cambiar. Hay una división entre el Dios de la Naturaleza  y el Dios de lo Moral. La naturaleza castiga fuertemente a Job, a pesar de que era una persona piadosa y observante de los mandamientos divinos. Y Job no entiende como el Dios de la Biblia, que utiliza a la naturaleza para darnos lecciones éticas, ahora actúa con él de esta forma.

El período Talmúdico, por el contrario, ya no tiene a un Dios próximo y presente. Es el período de las derrotas, la destrucción del Templo y del exilio. Eventos históricos duros y difíciles empezaron a resquebrajar la promesa bíblica de una gratificación inmediata si observabas las mitzvoth. El Talmud cuenta la historia de un niño que, obedeciendo las instrucciones de su padre de alejar a la mamá pájaro del nido para poder tomar sus crías, cae del árbol y se mata. Las mitzvoth de respetar a tus padres (Shmot 20:12) y de alejar a la mamá pájaro (Devarim 22:6-7) la Torá estipula que llevan como premio una larga vida. Sin embargo, este caso nos presenta un conflicto con esa promesa bíblica. El maestro talmúdico concluye: “No hay premio por cumplir los mandamientos en este mundo”.

Y los rabinos se cuestionan en el Talmud: Si Dios odia a los idólatras, ¿por qué no los destruye? Si alguien se robó semillas y las siembra ¿por qué no hace que no germinen? Y nuestros sabios contestan: Olam qui minhago noheg, el mundo funciona bajo sus propias leyes naturales. El punto crucial de este texto talmúdico es el admitir que las fuerzas y los eventos naturales no reflejan la relación moral entre los hombres y Dios. Los tsunamis que han matado miles de gentes, no son un castigo divino. En la época bíblica Dios hablaba claramente. Ahora, está silencioso.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía : Conflicting Visions, del rabino David Hartman.

 

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54 ¿Es bueno tener la mesa puesta?

Organizar los mandamientos de la Torá en un código, con el objeto de facilitar el entenderlos y ejecutarlos, siempre ha sido un objetivo de nuestros sabios. La Mishnah fue el primer compendio con los comentarios de nuestros maestros sobre las mitzvoth. El Talmud,  compuesto por la Mishnah y su complemento la Guemarah, fue canonizado finalmente en el siglo VI.

Pero los rabinos no se conformaron con las leyes -halaja- marcadas en el Talmud. Desde Babilonia promulgaban nuevas responsas sobre prácticas e interpretaciones de los mandamientos que se incorporaron al Talmud, como por ejemplo, los del rabino Isaac Alfasi en el siglo XI.

En el siglo XII, Maimónides escribió un código ordenado por temas y donde sólo presentaba las conclusiones en cada tema discutido por nuestros sabios, sin mencionar los detalles de la discusión ni a los maestros que intervinieron en ella. Maimónides quería que su Mishne Torah  se convirtiera en una guía universal para la práctica del judaísmo, pero fue recibido con muchas críticas, especialmente por parte de estudiosos en Europa.

En el siglo XIV, Asher ben Yehiel, un rabino que vivó en Alemania y en España y por lo tanto conocía las costumbres de los judíos ashkenazim y de los sefaradim, decretó que ninguna decisión podía tomarse sólo con el Mishneh Torah de Maimónides, sino que tenía que consultarse primero el Talmud mismo, antes de dar un veredicto. Aun así, su hijo, Jacob ben Asher, desarrolló un nuevo código basado en los comentarios de Alfasi, los de su padre y los de Maimónides. Le llamó Arba Turim, las cuatro filas y agrupaba las leyes en cuatro categorías: Oraj Jayim, el camino de la vida (sobre la oración y las festividades), Yoreh Deah, maestro del conocimiento (kashrut y el duelo), Eben Haezer, la roca de la sociedad (matrimonio) y Hoshen Mishpat, el escudo del juicio (asuntos civiles).

En el siglo XVI, Joseph Caro escribió inicialmente un comentario detallado del Arba Turim, mismo que se convirtió finalmente en el Shuljan Aruj, código halájico que quiere decir “la mesa puesta o servida” y que siguió el mismo formato del Arba Turim. El Shuljan Aruj se convirtió con el tiempo en el compendio de leyes halájicas más aceptado hasta nuestros días.

Sin embargo, la buena intención de facilitar la práctica del Judaísmo en una serie de reglas claras y concretas recopiladas en un código, nos puede hacer perder de vista el origen y el verdadero fondo de esas reglas y de cómo observar los  mandamientos de la Torá. Es como sentarse a la mesa a comer sin considerar ni conocer todo lo que hicieron aquellos que prepararon  los platillos que nos sirven. Podemos disfrutar la comida, pero no podemos crear nuevos platillos. A veces no es tan bueno simplemente llegar y tener la mesa puesta. De vez en cuando hay que meterse a la cocina.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Jewish Almanac, editado por Richard Siegel y Carl Rheins

 

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