58 Leer de una manera literal.

Muchos lectores contemporáneos de la Torá se frustran porque han estado expuestos a un método de interpretación de la Biblia que entiende los textos de una manera literal. Por eso, si Breishit dice que Dios creó a la mujer de la costilla del hombre, o si dice que la serpiente hablaba , o que ese anciano vivió algunos cientos de años, los que lo ven de una manera literal interpretan que la historia es exactamente lo que dicen las palabras del texto. Y esa manera de entenderlo literalmente, lo aplican a todas las palabras y frases de la Biblia.

Aparte de que el texto bíblico que se usa habitualmente puede ser una de las varias versiones disponibles y que muchos de los que la leen usan traducciones ya que no conocen el hebreo original, los lectores contemporáneos deben entender que leer la Torá de forma literal, puede llevar a ideas erróneas.

Inclusive, los antiguos rabinos, que creían que la Torá nos fue dada por Dios, no tomaban el texto de una manera literal. Lo tomaban con seriedad, pero siempre buscaban algo más que su significado literal. Se dieron cuenta que en la Biblia abundaban metáforas sutiles y alusiones, que habían juegos de palabras y otros recursos literarios, que algunas veces hablaban de forma satírica y que su poesía no podía estar sujeta a una sola interpretación. También estaban de acuerdo, sin temor a equivocarse, de que los estudiosos podían estar en desacuerdo entre ellos al tratar el significado de alguna parte de la Torá.

Al leer la Torá debemos tener en mente que lo que el autor dijo en su tiempo a sus contemporáneos, dentro de su propio marco de referencia intelectual, es una cosa y lo que generaciones posteriores hicieron con el texto, los que contribuyeron con sus comentarios y sus sermones, es otra. Esta larga tradición de entender el Libro como un prisma, descubriendo a través de sus facetas un gran espectro de ideas, hace a la Torá una obra única.

La Torá además de su significado original y de las interpretaciones surgidas a través de los siglos, también tiene relevancia en nuestros días. Por ejemplo, la historia de la torre de Babel, que por muchos años se interpretó como un ejemplo de la arrogancia humana, hoy nos advierte de los efectos deshumanizantes de la vida urbana.

Lo importante de la Torá está, más que en las historias que nos cuenta, en las preguntas que deja sin contestar. Esa forma de no contarnos el final, de dejarlo abierto, el no darnos una única respuesta,  es la puerta que queda abierta para las generaciones del futuro que escucharán esas mismas palabras de una manera diferente y contestarán también de una manera diferente. Pero pueden estar seguros que no será de una manera literal.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Torah, a Modern Commentary, de un texto de W. Gunther Plaut.

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57 Halajah y Agadah: ¿Quién gana?

La Encyclopaedia Judaica nos dice que la Agadah, que se traduce como “la narrativa”, usualmente se define de manera negativa, como aquella parte de las enseñanzas de los rabinos que no son ni leyes ni regulaciones religiosas. Por lo mismo y aunque es parte del Talmud, la Torah Oral, la Agadah no tiene la calidad normativa que tiene la Halajah, cuyos preceptos son obligatorios.

Sin embargo, tenemos que entender que las Agadot son enseñanzas morales y éticas que tratan asuntos de fe y del arte de vivir. Es por lo tanto didáctica. La verdad de sus enseñanzas sobrepasa a la realidad histórica. El valor de una Agadah es por un lado sus principios éticos que nos enseñan el arte de vivir y por el otro su forma poética de trasmitirlo.

Las Agadot son principalmente la creación de los judíos de Eretz Israel que las plasmaron en el Talmud Jerusalmi, a diferencia del Talmud Babli que, aunque las tiene, no son en su mayoría de Babilonia sino de Jerusalem. La forma que toma son narraciones, leyendas, doctrinas, advertencias sobre la buena conducta, palabras de aliento o de consuelo, expresiones de esperanza por un mejor futuro.

Abraham Joshua Heschel en su libro Between God and Man nos dice: la Halajah trata de las leyes, la Agadah del significado de las leyes. La Halajah nos da normas para actuar, la Agadah nos da la visión del propósito de nuestras vidas. La Halajah prescribe, la Agadah sugiere. La Halajah decreta, la Agadah inspira.

Heschell continúa: la Agadah trata de la relación del hombre con Dios, con los otros hombres y con el mundo. Trata de la vida y de la religión como un gran todo.  La Agadah es la que nos recuerda que el propósito de las mitzvoth es transformar al que las observa para llegar a conseguir un fin espiritual.

Por ejemplo, la Agadah es la que nos dice que aquel que salva una sola vida es como si hubiera salvado al mundo entero. La Halajah es la que diría que salvar a dos es más que salvar a uno, porque matemáticamente dos es más que uno.

No hay Halajah sin Agadah y no hay Agadah sin Halajah. No debemos ni menospreciar el cuerpo ni sacrificar el espíritu. El cuerpo es la disciplina, el orden, la ley. El espíritu es la devoción interna, la espontaneidad, la libertad. Por lo tanto, cumplir una mitzvah implica disciplina e inspiración, obediencia y felicidad, es a la vez un yugo y una prerrogativa. El sostener que la esencia del Judaismo es sólo la Halaja es tan equivocado como decir lo mismo de la Agadah. La interrelación de ambas es el verdadero espíritu del Judaísmo. Nuestra tarea es mantener el equilibrio. Ninguna de las dos debe ganar.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: obras citadas.

 

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56 Eva, ¿la primera dama?

La historia de Adán y Eva, el incidente con la serpiente y el fruto prohibido, tuvieron muchas implicaciones. En principio, marca la sumisión de la mujer hacia el hombre. Dios, nos dice el rabino Telushkin en su libro Biblical Literacy, castiga a Eva con el dolor de parto y con el estar sometida al dominio de Adán. Además, como el relato bíblico nos cuenta que Eva fue creada de una costilla de Adán, esto ya le da un status inferior y de sometimiento al hombre. Sanhedrin 39ª, dice que el quitarle la costilla a Adán “fue beneficioso para Adán, el que Dios le quitara una costilla  y le diera una shifkha, una criada, para que le sirva.” Comentario que el Talmud le atribuye a la hija de Rabban Gamliel.

Las implicaciones que se derivaron dentro del Judaísmo, de esta relación entre el hombre y la mujer, son muchas. En los círculos ortodoxos, la mujer es definitivamente discriminada: entre muchas cosas, la mujer está exenta de cumplir con las mitzvoth ligadas al tiempo, está exenta de estudiar la Torá, el hombre agradece todas las mañanas de que Dios no lo hizo mujer y el hombre es el único que puede iniciar el proceso de divorcio, con lo que se genera el problema de la mujer agunah, aquella que el marido no le quiere dar el Get, el divorcio y por lo tanto no se puede volver a casar.

Pero la postura del Judaísmo liberal es diferente. Desde la explicación misma del relato bíblico, que no presenta a Eva como la responsable de ese gran “primer pecado”. Nos cuenta el gran educador Shlomo Bardin: Imaginen que una joven mujer se casa con un hombre joven cuyo padre es el presidente de una gran compañía. Después del matrimonio, el padre nombra a su hijo vicepresidente y le asigna un enorme salario, pero como no tiene experiencia de trabajo, el padre no le da ninguna responsabilidad. Cada semana, el joven recibe un cheque bastante grande, pero no tiene nada que hacer. Su esposa pronto se da cuenta que no está casada con un hombre sino con un jovencito y mientras su marido continúe en el negocio del padre, siempre va a ser un jovencito. Así que ella lo fuerza a dejar su trabajo, dejar su entorno seguro, irse a otra ciudad y empezar a levantarse por sí solo. Esa es la razón por la que Eva comió del fruto del árbol.”

Aaron Soloveitchick, en su libro Logic of the Heart, Logic of the Mind, nos dice que pareciera que la mujer tiene una ventaja sobre el hombre, una chispa sagrada única atribuible a su naturaleza femenina. Y dice: “esta conclusión se puede deducir con solo echar una mirada a la Creación en el Génesis. Pareciera que lo superior se creaba al final. Primero la luz fue creada y con eso otras formas de energía. Luego el mundo inorgánico y después el mundo orgánico. Y en el mundo orgánico la vida vegetal primero y después la vida animal. Y dentro del reino animal las especies más simples vinieron primero y después las más complejas. Adán, o sea la humanidad, fue creado después de todos los animales. Y dentro de la especie humana, el sexo masculino vino primero y después el sexo femenino. Esto prueba que la mujer tiene una ventaja espiritual innata comparada con el hombre.” Eva es mucho más que sólo “la primera dama” de Adán.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: obras citadas.

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55 El silencio de Dios.

El período bíblico se conoce como la época de la historia del pueblo judío donde Dios estaba siempre  próximo y presente y lo moral estaba ligado a lo natural. El hombre de la Biblia entendía que si observaba los mandamientos de la Torá, podía esperar buenas lluvias para sus cosechas, tener muchos hijos y lograr victorias sobre sus enemigos. El mismo Dios manejaba tanto lo natural como lo moral. Así, el castigo que Caín recibió por derramar la sangre de su hermano, los egipcios que se ahogaron al abrirse el mar Rojo, son ejemplos de esa doble función del Creador: usar Su poder sobre la naturaleza, para darnos una lección. Las bendiciones y las maldiciones bíblicas ilustraban como la naturaleza y los eventos históricos reflejaban el Pacto que el pueblo de Israel tenía con Dios.

Pero en el libro de Job, las cosas empiezan a cambiar. Hay una división entre el Dios de la Naturaleza  y el Dios de lo Moral. La naturaleza castiga fuertemente a Job, a pesar de que era una persona piadosa y observante de los mandamientos divinos. Y Job no entiende como el Dios de la Biblia, que utiliza a la naturaleza para darnos lecciones éticas, ahora actúa con él de esta forma.

El período Talmúdico, por el contrario, ya no tiene a un Dios próximo y presente. Es el período de las derrotas, la destrucción del Templo y del exilio. Eventos históricos duros y difíciles empezaron a resquebrajar la promesa bíblica de una gratificación inmediata si observabas las mitzvoth. El Talmud cuenta la historia de un niño que, obedeciendo las instrucciones de su padre de alejar a la mamá pájaro del nido para poder tomar sus crías, cae del árbol y se mata. Las mitzvoth de respetar a tus padres (Shmot 20:12) y de alejar a la mamá pájaro (Devarim 22:6-7) la Torá estipula que llevan como premio una larga vida. Sin embargo, este caso nos presenta un conflicto con esa promesa bíblica. El maestro talmúdico concluye: “No hay premio por cumplir los mandamientos en este mundo”.

Y los rabinos se cuestionan en el Talmud: Si Dios odia a los idólatras, ¿por qué no los destruye? Si alguien se robó semillas y las siembra ¿por qué no hace que no germinen? Y nuestros sabios contestan: Olam qui minhago noheg, el mundo funciona bajo sus propias leyes naturales. El punto crucial de este texto talmúdico es el admitir que las fuerzas y los eventos naturales no reflejan la relación moral entre los hombres y Dios. Los tsunamis que han matado miles de gentes, no son un castigo divino. En la época bíblica Dios hablaba claramente. Ahora, está silencioso.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía : Conflicting Visions, del rabino David Hartman.

 

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54 ¿Es bueno tener la mesa puesta?

Organizar los mandamientos de la Torá en un código, con el objeto de facilitar el entenderlos y ejecutarlos, siempre ha sido un objetivo de nuestros sabios. La Mishnah fue el primer compendio con los comentarios de nuestros maestros sobre las mitzvoth. El Talmud,  compuesto por la Mishnah y su complemento la Guemarah, fue canonizado finalmente en el siglo VI.

Pero los rabinos no se conformaron con las leyes -halaja- marcadas en el Talmud. Desde Babilonia promulgaban nuevas responsas sobre prácticas e interpretaciones de los mandamientos que se incorporaron al Talmud, como por ejemplo, los del rabino Isaac Alfasi en el siglo XI.

En el siglo XII, Maimónides escribió un código ordenado por temas y donde sólo presentaba las conclusiones en cada tema discutido por nuestros sabios, sin mencionar los detalles de la discusión ni a los maestros que intervinieron en ella. Maimónides quería que su Mishne Torah  se convirtiera en una guía universal para la práctica del judaísmo, pero fue recibido con muchas críticas, especialmente por parte de estudiosos en Europa.

En el siglo XIV, Asher ben Yehiel, un rabino que vivó en Alemania y en España y por lo tanto conocía las costumbres de los judíos ashkenazim y de los sefaradim, decretó que ninguna decisión podía tomarse sólo con el Mishneh Torah de Maimónides, sino que tenía que consultarse primero el Talmud mismo, antes de dar un veredicto. Aun así, su hijo, Jacob ben Asher, desarrolló un nuevo código basado en los comentarios de Alfasi, los de su padre y los de Maimónides. Le llamó Arba Turim, las cuatro filas y agrupaba las leyes en cuatro categorías: Oraj Jayim, el camino de la vida (sobre la oración y las festividades), Yoreh Deah, maestro del conocimiento (kashrut y el duelo), Eben Haezer, la roca de la sociedad (matrimonio) y Hoshen Mishpat, el escudo del juicio (asuntos civiles).

En el siglo XVI, Joseph Caro escribió inicialmente un comentario detallado del Arba Turim, mismo que se convirtió finalmente en el Shuljan Aruj, código halájico que quiere decir “la mesa puesta o servida” y que siguió el mismo formato del Arba Turim. El Shuljan Aruj se convirtió con el tiempo en el compendio de leyes halájicas más aceptado hasta nuestros días.

Sin embargo, la buena intención de facilitar la práctica del Judaísmo en una serie de reglas claras y concretas recopiladas en un código, nos puede hacer perder de vista el origen y el verdadero fondo de esas reglas y de cómo observar los  mandamientos de la Torá. Es como sentarse a la mesa a comer sin considerar ni conocer todo lo que hicieron aquellos que prepararon  los platillos que nos sirven. Podemos disfrutar la comida, pero no podemos crear nuevos platillos. A veces no es tan bueno simplemente llegar y tener la mesa puesta. De vez en cuando hay que meterse a la cocina.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Jewish Almanac, editado por Richard Siegel y Carl Rheins

 

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53 La Biblia, ¿nuestra acta constitutiva?

Los 39 libros que forman el Tanaj, (Biblia en hebreo), fueron escogidos de un grupo muy amplio de obras que existían en la época cuando se hizo la selección. La selección fue un proceso que requirió cinco siglos. Por ejemplo, la Torá con sus cinco libros, adquirió su estatus de libro sagrado en el siglo cuarto antes de la era actual. Los libros de los profetas se recolectaron y organizaron en el período del Segundo Templo. Y la decisión de qué libros iban a formar la tercera parte del Tanaj, los Ketubim, fue tomada después de la destrucción del Segundo Templo, posiblemente en el siglo dos de nuestra era. No fue fácil la decisión de cuales libros se iban a incluir. Hubo mucha controversia especialmente con cinco libros: Ezequiel, Proverbios, el Cantar de los Cantares, Esther y el Eclesiastés, los que al final fueron admitidos.

Al cerrarse el canon Bíblico, el grupo de libros que forma la Biblia, muchos quedaron fuera. Uno de ellos, por ejemplo, fue el libro de los Macabeos. Comparando los que sí entraron con los que no entraron, podemos deducir que se usaron tres criterios para seleccionarlos. El primero es que tenían que estar escritos en hebreo. El libro de Daniel fue traducido de prisa del arameo al hebreo, para que fuera incluido. La segunda condición es que debían haberse escrito en el período antes de que “la profecía cesara  en Israel”, más o menos en el siglo quinto antes de nuestra era. La tercera condición es que el libro cumpliera con los estándares religiosos establecidos por los rabinos.

En esa época el hebreo se escribía solo con consonantes, tal como está escrito el rollo de la Torá. Los puntos de las vocales se inventaron en la época post Talmúdica, aproximadamente en el siglo séptimo y los textos bíblicos con sus vocales fueron finalmente fijados en el décimo. En hebreo, un grupo de consonantes pueden significar cosas diferentes según los puntos de vocales que se pongan. Por ejemplo, las consonantes HRB puede ser HoReB, el nombre de una montaña o puede ser HeReB que quiere decir espada. HLB puede ser HaLaB, leche o HeLeb, grasa. Poner las vocales equivocadas puede cambiar completamente el sentido de un mandamiento o de un relato. Fue finalmente en el siglo décimo que se desarrolló el texto definitivo, conocido como Masorah o Masorético. Es el que usamos hasta nuestros días. Y la división de la Biblia en capítulos y versículos fue inclusive posterior a la época masorética.

Los libros de la Biblia no fueron escritos por una sola persona ni en la misma época. Tomó muchos siglos escribirla. La Torá fue escrita por Moisés y los libros de los últimos profetas por cada uno de ellos. Los libros de Proverbios, el Cantar de los Cantares y el Eclesiastés se le atribuyen al Rey Salomón y el libro de los Salmos al Rey David.

La Biblia, a final de cuentas, es la experiencia histórica y colectiva de un pueblo que busca aprender y entender los caminos y la voluntad de Dios. Esto es lo que en sentido amplio hace que la Biblia sea el libro del pueblo Judío. La Biblia es más que un libro extraordinario, es el acta constitutiva del Judaísmo.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Eternal Book, por Abraham J. Feldman en el libro The Jewish Peolple´s Almanac, editado por David C. Gross.

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52 Receta judía para criar hijos: moderación, celebración y santificación.

El judaísmo nos da una perspectiva diferente en la forma de criar a los hijos. Al santificar los aspectos más elementales de la vida diaria, nos enseña que hay grandeza no sólo en los logros espectaculares y gloriosos, sino también en nuestras pequeñas acciones y esfuerzos de cada día. Hay tres principios fundamentales en la vida judía: la moderación, la celebración y la santificación. Debemos continuamente estudiar, aprender y enseñar estos principios.

El principio de moderación nos enseña a hacer, al mismo tiempo, dos cosas aparentemente incompatibles: abrazar apasionadamente el mundo material que Dios creó, “y Dios vio que era bueno” (Breishit 1),  y ejercitar la auto disciplina. El Judaísmo nos aclara la manera correcta de comprometernos con el mundo: no debemos copiar a los animales, que actúan por instinto, ni a los paganos que adoran a la naturaleza y a lo sensorial, ni a los ángeles  que no anhelan nada,  ni a los ascetas que evitan los placeres terrenales. Fue a propósito que Dios nos creó con esa doble condición: el deseo intenso por lo material y la libertad de decidir con autodisciplina. Nos corresponde a nosotros el usar estos atributos para bien o para mal.

La moderación nos lleva a la celebración.  Estamos obligados a reconocer lo que hemos recibido de Dios de manera moderada pero entusiasta. En otras palabras, estamos obligados a dar las gracias pero también a festejarlo. Hay diferentes maneras para agradecer, la liturgia judía nos ayuda con bendiciones por la comida, por ver un arcoíris, por recibir ropas nuevas, por haber escapado de un peligro, por un día de descanso, por hacer algo por primera vez, etc. Y el acto de celebrar lo podemos cumplir fácilmente a través del ciclo anual de las festividades judías. Celebración y agradecimiento son dos principios fundamentales en el judaísmo y en la manera judía de criar hijos.

Santificación, el tercer principio, es el proceso de reconocer lo sagrado en las acciones y los eventos que suceden del diario. Después de la destrucción del Segundo Templo de Jerusalem, el lugar más sagrado no es la sinagoga sino nuestro hogar. Le llaman “mikdash meat, nuestro pequeño lugar santo. Nuestra mesa con nuestros hijos es como un altar. Puede llegar a ser el lugar más sagrado del planeta.  La tradición judía nos enseña a santificar nuestro quehacer diario. Desde la forma en que tratamos a nuestra pareja, a nuestros  hijos, a la gente que trabaja en nuestra casa, hasta a nuestras mascotas y animales. Hay reglas para reprender, para alabar, para saludar en las mañanas, para acostarnos en las noches, ya que cada una de esas acciones es sagrada para el judaísmo.

Moderar, celebrar y santificar al estilo judío, es la manera de convertir a nuestros hijos en hombres y mujeres  íntegros que aprecian el regalo más sagrado que Dios nos ha dado: los pequeños momentos de la vida.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Blessing of a Skinned Knee de Wendy Mogel.

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51 La pena capital. Qué pena, pero no se aplica.

La Torá estableció la pena de muerte como castigo para aquellos que cometieran las siguientes transgresiones: Para los adúlteros, tanto al hombre como a la mujer; para los que tienen relaciones sexuales con un animal; para los que blasfeman usando el nombre de Dios; para los que no cuidan el Shabat; para los hijos que hieren o maldicen a sus padres;  para los hijos rebeldes incorregibles; para los homosexuales; para los que tienen relaciones incestuosas; para los asesinos con premeditación; para los violadores; para los que roban esclavos;  para las que no llegan virgen a la noche de bodas; para los secuestradores; para los falsos profetas;  para los que realicen sacrificios humanos; para los que practiquen brujería y adivinación; para los que adoren ídolos.

Es una lista muy larga para que en la práctica esta pena casi nunca se haya aplicado a lo largo de la historia del pueblo judío. Los sabios en la época rabínica establecieron condiciones tan difíciles de cumplir, que prácticamente impidieron el que alguna corte judía pudiera decretarla. Los dos testigos que se requieren, tenían que presentar  testimonios completamente coincidentes y muy exactos (a qué hora sucedió, en qué lugar exactamente, como estaba vestida la persona, etc.).  También tenía que quedar establecido que el culpable estaba completamente consciente de que lo que iba a realizar tenía como castigo el perder la vida. Y era responsabilidad de los testigos el advertirle de su transgresión y sus consecuencias y el transgresor además tenía que reconocer que fue debidamente advertido. Además, el Sanhedrin que tendría que ver estos casos debía estar integrado por 23 sabios de altísima reputación y honorabilidad (Masejet Sanhedrin 1.4).

Está escrito en el Talmud, Mishnah Makkot 1:10: “Un Sanhedrin que ejecuta a una persona en siete años es una corte sanguinaria. Rabi Eleazar ben Azariah dijo: “Uno en setenta años”. Rabi Tarfon y Rabi Akiba dijeron que si ellos fueran miembros de un Sanhedrin, no se le aplicaría la pena de muerte a nadie. Pero Rabban Shimon ben Gamliel advirtió: Esto multiplicaría a los asesinos en Israel”. Rabban Shimon solo cuestionaba esta postura en caso de asesinato, pero no en los otros casos.

En la actualidad, todas las denominaciones dentro del Judaísmo se han pronunciado en contra de la pena capital y en Israel está prohibida excepto por traición en época de guerra y para criminales nazis convictos.

¿Qué nos enseña todo esto? ¿Cómo es posible que los rabinos establezcan tantos obstáculos para que no se pueda cumplir un mandamiento bíblico? ¿Se habrá equivocado la Torá? La Torá consideraba en esos tiempos que el cometer esas acciones era algo reprobable y quería enfatizarlo de la manera más clara y contundente. Pero los rabinos se dieron cuenta que por un lado, no todas las transgresiones eran igual de graves (algunas en nuestros días no las vemos como transgresiones al espíritu del judaísmo) y por la otra, el castigo era demasiado duro e irreversible. Todo esto nos habla de que la interpretación de la Torah es un proceso continuo de adaptación y adecuación de las mitzvoth a cada tiempo y lugar. Por eso, no me da pena que la pena capital no se aplique.

Preparado por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Death Penalty in Rabbinic Teachings by Rachel Biale

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50 El Shabat es para descansar.

El Shabat es la contribución más original del pueblo judío al mundo. Es la combinación del principio social del descanso semanal, con un bellísimo ritual religioso. La Torá le da al Shabat  un lugar principal desde la Creación misma. En Breishit 2:2-3 está escrito: “Y en el séptimo día completó Dios la obra que había hecho, y reposó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que Él había creado y hecho.”  Nuestros sabios dicen en Breishit Rabbah 17:7 que lo que Dios creó en el séptimo día fue “menujah”, el descanso, la tranquilidad, la serenidad y la quietud.

Si Dios tiene que “descansar”, con más razón el hombre.  Y la mitzvah dice: “Te acordarás del día sábado, para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra,  mas el séptimo día es día de reposo para el Señor tu Dios; no harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que está contigo”.  Shmot 20:8-10.

Pero los rabinos en la época talmúdica se preguntaron: ¿Qué quiere decir no hacer obra alguna?  ¿Qué sí se puede hacer y qué no? Son 39 los trabajos prohibidos que enumera la Mishná  en Masejet Shabat 7:2. Representan las acciones que fueron ejecutadas para la construcción y la organización del Mishkán en el desierto del Sinai.  Y son: 11 relacionados con la agricultura, 13 con la ganadería, 7 con la caza, 2 con la escritura, 2 con la construcción, 2 con el fuego, 1 con terminar de elaborar un objeto y 1 con transportar cosas de la casa al exterior y viceversa.

El problema surge cuando se pierde el fondo del asunto, que es el descanso, menujah, y se enfatiza la forma. Por ejemplo, sembrar es uno de los 39 trabajos que no debemos realizar. Algunos lo amplían diciendo que todo aquello que ayuda a la planta está incluido en sembrar, como regar, fertilizar y podar. Pero el colmo de la exageración está claramente exhibido en esta regla que siguen los grupos ultraortodoxos: “También está prohibido comer o tomar bebidas en el jardín, cuando lo hacemos directamente sobre la tierra, ya que es imposible cuidarnos lo suficiente como para que no caiga nada de líquido al pasto (estarías regando el jardín!!!)  o que alguna semilla o grano de nuestra comida caigan sobre la tierra y esta llegue a germinar.”

Reglas similares como esta última las podemos encontrar en El Kitzur Shuljan Aruj de Rabi Solomon Ganzfried, quien en su tomo 2 tiene 25 capítulos con 435 reglas relacionadas a lo que se puede o no hacer en Shabat.  Nada más el pensar que en Shabat  tengo que cumplir con 435 reglas, ya me dejó fatigado y tenso. Estado totalmente opuesto al concepto de menujah.

Nos dice el rabino Joel Roth en su libro The Halakhic Process: “La aceptación tan extendida que tiene el Shuljan Aruj es una cosa, y  la elevación de cada una de sus decisiones al estatus de ley inviolable es otra. Hacer esto es igualar un código relativamente reciente, con la Torá misma. Peor todavía, hacer esto presupone que el autor del código es virtualmente infalible.  Además, el aceptar el Shuljan Aruj como única ley, elimina el principio básico que le daba a los sabios de cada generación el poder tomar decisiones auténticas y con la autoridad religiosa correspondiente.” Pareciera que se les olvidó que el Shabat se creó para descansar.

 

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Halakhic Process del rabino Joel Roth.

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49 La Ecología, un viejo tema en la Torá.

El Judaísmo asume que el ser humano es solo el guardián y no el dueño de la Creación y  que Dios creó al mundo con el hombre como socio en esta empresa. El Midrash nos habla de que Dios hizo responsable a Adam y Eva de cuidar el ambiente y de que si llegaran a destruirlo, nadie más que ellos mismos deberían y podrían repararlo. (Midrash Eclesiastes Rabbah VII 12.1)

El insistir sobre la responsabilidad del hombre hacia el cuidado de la Creación, fue enfatizado por los rabinos con la mitzvah “bal tash hit”, “no destruyas”. De acuerdo a Devarim 20:19, durante una guerra, el destruir las tierras del enemigo o las fuentes de su comida, estaba prohibido. Esta prohibición de destruir fue ampliada en general, en la literatura judía, a todos los recursos naturales en todo tiempo y lugar.

El “bal tash hit” tiene muchas implicaciones. En general prohíbe las destrucciones sin sentido. Nos obliga a ser cuidadosos de no dañar la vida silvestre.  Debemos cuidar el aire y el agua y en general todo lo que nos rodea.

También la mitzvah de “yishuv haaretz”, el colonizar la tierra, está enfocada en el sentido de hacerlo mejorando al mundo. En Tu Bishvat, el año nuevo de los árboles, la costumbre de plantar árboles es un ejemplo de esta mitzvah.

Una tercer mitzvah, “Tzaar baaley hayim”, prohíbe causar sufrimiento a cualquier ser viviente. En Devarim 25:4 se establece que no debes de ponerle un bozal a un animal que ayuda en las labores del campo y que implican que el animal no pueda comer al hacer su trabajo.  Y en 22:10 dice claramente que no debes de poner juntos en una yunta a un buey y a un burro, pues este último no tiene la fuerza del primero y ponerlos juntos le causaría un sufrimiento innecesario.

El Talmud nos explica que inclusive se pueden violar las leyes de Shabat para salvar o curar a un animal herido o en peligro. También estamos obligados a darle de comer a los animales antes de comer nosotros mismos. Y la matanza de animales para comer su carne debe hacerse con el menor sufrimiento posible del animal. Las leyes de Noé, nos prohíben comer partes de un animal vivo. La cacería por deporte también está prohibida,

El mundo descubrió el tema ecológico hace algunas décadas. El judaísmo lo maneja desde hace milenios, porque está inmerso en la misma esencia de la tradición judía. Por eso la ecología no es un tema nuevo en nuestra Torá.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “Judaism, the way of sanctification” de los rabinos Samuel H, Dresner y Byron L. Sherwin.

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