43 Es mala suerte ser supersticioso.

Superstición es la creencia contraria a la razón que atribuye a todo una explicación mágica. Esencialmente, la superstición es engendrada, mantenida y fomentada por el miedo. Cuando la gente no entiende un fenómeno específico, siente que necesita una explicación sobrenatural para llenar esa falta de conocimiento. Efectivamente, falsos profetas o brujos se aprovechan cuando la gente está más temerosa. La masa escuchará a aquellos hombres y mujeres disque sagrados que presumen tener conocimientos sobrenaturales  y que llevan a cabo rituales que pretenden salvarlos de las cosas que los atemoriza.

No es solamente miedo lo que engendra la superstición. Es también el deseo de encontrar aprobación a los ojos de Dios. La gente quiere sentirse amada, favorecida y bendecida por Dios. Por lo tanto, la gente hace todo lo posible por ganarse el favor de Dios. Buscan algún tipo de relación recíproca, en donde ellos le dan algo a Dios, como sacrificios o rituales, y buscan recibir algo a cambio. Es un medio para negociar favores personales.

Pero ¿dónde termina la superstición y empieza la religión? Maimónides enfatizaba que en vista de que tanto la superstición como la religión trascienden el dominio de la razón, es importante no confundir sus límites. El Judaísmo busca acercarnos a Dios a través del pensamiento y las mitzvot. La superstición busca esquivar los poderes de Dios usando fórmulas o rituales mágicos. La Torá es muy clara en su prohibición de la brujería y la magia. (Deuteronomio 18, 10:12). El Rambam reprobaba el uso de amuletos, práctica muy común hasta nuestros días y que la gente lo justifica diciendo “¿Y qué tal si sí sirven? No se pierde nada con probarlos”

Algunos rabinos como el Gaon de Vilna no estaban de acuerdo con Maimónides. Él argumentaba que en el Talmud, algunos de nuestros sabios hablan de amuletos que sí funcionan, de brujas y demonios que sí existen y de encantamientos mágicos que sí dan resultados. Pero en nuestros tiempos modernos, las palabras del Gaon de Vilna son ejemplo de una visión del mundo deficiente  y supersticiosa. Rambam nos enseña que los seres humanos debemos ser seres pensantes. No porque algunos rabinos de la antigüedad creían en demonios, nosotros tenemos que hacer lo mismo. Por el contrario, tenemos que considerar todos los desarrollos intelectuales y científicos de la humanidad, para entender lo que sucede en nuestro alrededor.

La separación entre la religión y la superstición a veces se torna borrosa en los casos de enfermedades terminales o problemas graves. Gente normalmente racional se acercan para pedir ayuda a “hacedores de milagros” y a pseudo kabalistas  pensando que eso les puede ayudar a resolver su problema. Podemos entender que en la desesperación, alguien acuda a esas instancias, pero no debemos olvidar que  ser supersticioso no es el camino del Judaísmo. Porque si a pesar de todo lo sigues, no creo que la suerte te cambie. O quien sabe, a lo mejor sí ¿!!!?

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Maimónides, Spinoza and Us, del rabino Marc D, Angel.

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42 No todo lo que sucede en el mundo es la voluntad de Dios.

El rabino Harold Kushner nos dice: Unetaneh Tokef es una de las plegarias que decimos en Rosh Hashana y en Yom Kipur que al mismo tiempo más me conmueven y más me hacen cuestionarme. En la primera parte, este rezo  nos habla de que están escritas, por nosotros mismos, todas nuestras acciones, las buenas y las no tan buenas, y que una parte de lo que nos va a pasar en el próximo año, va a ser el resultado de cómo hemos vivido y cómo nos hemos comportado, inclusive como nos va a afectar hasta lo que comimos. Pero todo esto determinará solo una parte de nuestro futuro. Y esta parte, me queda claro, es responsabilidad nuestra.

Pero en la segunda parte el Unetaneh Tokef nos dice que en Rosh Hashana se escribirá y en Yom Kipur se firmará nuestro destino, quien va a vivir y quien va a morir y no hay mucho que podamos hacer al respecto. Y esto nos pone intranquilos. Porque no queremos aceptar que la vida es injusta. Y esta frase no nos gusta escucharla. Quisiéramos pensar que alguien está al frente en el volante y que todo tiene una razón de ser. Preferiríamos echarnos la culpa y decir que nos lo merecemos y no tener que admitir que las cosas suceden en el mundo al azar.

Kushner continúa: a los rabinos nos enseñan que podemos confortar a los dolidos diciendo que a la larga esto que pasó va a ser para bien o que no debemos cuestionar los caminos de Dios. Y esto no mitiga el dolor ni desvanece el coraje que muchos sienten al haber sufrido, por ejemplo, la pérdida de un ser querido.  ¿Cómo se nos puede ocurrir que Dios quiere que nazcan niños deformes? ¿Cómo se nos puede ocurrir que Dios quería que le diera esclerosis múltiple a una joven madre? ¿Qué Dios quiere que a un padre y esposo muera a edad temprana de un ataque al corazón? ¿Quién les dijo que glorificamos a Dios al hacerlo responsable  de cada terremoto, cada tsunami, cada huracán, cada fuego, cada deslave, cada accidente automovilístico, cada terrible desastre, incluyendo el Holocausto?

El rabino Kushner concluye diciendo: cuando entendemos que Dios no es el causante de la enfermedad terminal de un bebé, entendemos que en realidad Dios está de nuestro lado y no del lado de la enfermedad y de las calamidades. Entendemos que Dios es todo poderoso, pero que su poder no es el de controlarlo todo sino el de permitir que las leyes que rigen el orden  en el universo, actúen de acuerdo al plan original que Él definió. Para aquellos que sufren, Dios es el responsable de darnos la fuerza para soportarlo, de tomarnos de la mano y ayudarnos a cruzar el valle de las sombras y la oscuridad, hasta ver la luz nuevamente. Porque no todo lo que sucede en el mundo es la voluntad de Dios.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Participación del Rabino Harold Kushner en el libro Jews and Judaism in the 21st. Century, editado por el Rabino Edward Feinstein.

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41 Un Judaísmo portátil.

Cualquier espectador externo hubiera pensado que con la destrucción del Segundo Templo en el año 70, la historia del Pueblo Judío habría llegado a su fin. Otros pueblos que padecieron un destino similar pronto desaparecieron. Pero no fue así para los judíos. Sus líderes fueron capaces de transformar al Judaísmo en una poderosa y sustentable manera de vivir que no necesitaba de un santuario central o de tener un territorio propio para tener una continuidad nacional.

La consiguiente vitalidad y creatividad judía estaba enraizada en las acciones de aquellos que supervisaron la formación de la nueva forma judía de vivir, después de la tragedia de la destrucción del Templo y la diseminación del pueblo judío por el mundo. Me refiero a los rabinos. Ellos se dieron cuenta que si la vida religiosa judía dependía exclusivamente del acceso a Jerusalem y a su Templo, el Judaísmo no sobreviviría. En ese momento la Torá tomó el papel central y la movilidad que les permitía la palabra escrita (la Torá la puedes llevar físicamente o en tu memoria a cualquier parte) fue la llave de la sobrevivencia del Judaísmo.

A falta de un centro físico, geográfico y nacional, los rabinos buscaron otras formas de unir un pueblo que se encontraba lejos de las fronteras de Eretz Israel y que estaba disperso por todo el imperio romano y antes por el babilónico. Desarrollaron servicios religiosos regulares y una liturgia estandarizada. Estos servicios no requerían de un sacerdote ni de un altar. Podían ser conducidos en cualquier lugar del mundo por cualquier judío.

La sinagoga se convirtió en una institución judía importante. En ella los judíos se podían reunir para rezar, estudiar y convivir. También la casa se convirtió en un centro de prácticas judías, con celebraciones como el Seder de Pesaj o las cenas de Shabat.

El Judaísmo podía prosperar en cualquier lugar donde se podía estudiar la Torá y sus interpretaciones y poner en práctica la Ley Judía. Con todo, el judío nunca olvidó la pérdida de la soberanía nacional y la destrucción del Templo. Se mencionaban siempre en los servicios religiosos.

Los judíos amamos a nuestros libros y a la palabra escrita porque es algo que no nos pueden quitar. Inclusive cuando los libros eran confiscados o quemados, sus palabras quedaban en nuestra memoria y podíamos reconstruirlos.

El Judaísmo, gracias a la palabra escrita, lo podemos llevar a todos lados. Ese es nuestro gran secreto. A la palabra escrita la hemos convertido en nuestra gran pasión al grado que la ponemos en nuestras entradas con la Mezuzá, en nuestra mente y en nuestro corazón con los tefilim y en nuestra vida diaria con la Torá y sus preceptos. Por eso el Judaísmo es portátil.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Embracing Judaism, del Rabino Simcha Kling revisado por Carl M. Perkins y  God Was Not in the Fire de Daniel Gordis.

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40 Las mejores acciones en la bolsa de valores.

Las mejores acciones que podemos emprender en la bolsa de valores del Judaísmo están enmarcadas en nuestros textos sagrados. Sus cotizaciones están siempre a la alza y en conjunto representan el índice de la ética judía. Veamos cuales son y sus claves en pizarra:

-La santidad de la vida. JAIM

De acuerdo a la tradición judía, la vida es algo precioso. Por lo tanto se debe hacer todo lo posible para preservarla y mejorarla. Tanto el individuo como la comunidad tienen la obligación de cuidar a los enfermos, a los ancianos y a los débiles. Nunca deben ser abandonados. Hasta la vida de los animales es preciosa también. La ley judía prohíbe la cacería deportiva. A un animal se le puede matar solo para alimentarnos y eso se debe de hacer de acuerdo a nuestras leyes que minimizan su sufrimiento.

-La búsqueda de la paz. SHALOM

Nuestros sabios traducen el sexto mandamiento como “No asesinarás”. El judaísmo  permite que la gente se defienda, inclusive matando al agresor cuando no hay otra alternativa. Matar no es lo mismo que asesinar. La tradición judía nunca ha glorificado las victorias militares. En el seder de Pesah vertemos unas gotas de vino para simbolizar nuestra tristeza por la pérdida de vidas egipcias. Inclusive en nuestra época, en Israel nunca se han celebrado sus triunfos militares con desfiles. Todos conocemos las profecías de Isaías que describen la visión judía de la paz.

-Justicia. TZEDEK

La paz no puede existir en una sociedad que no es justa. “Justicia, justicia perseguirás”  (Deuteronomio 16:20) es un mandamiento bíblico. El sistema legal judío protege los derechos del individuo y condena una sociedad que permite la explotación, la pobreza y la ignorancia.

-Misericordia. HESED

Una sociedad justa puede ser al mismo tiempo cruel al menos que sea administrada con misericordia y compasión. Dios se nos presenta en los textos sagrados como alguien justo pero también misericordioso.

-Perfeccionar al mundo. TIKUN OLAM

Uno de las plegarias más conocidas es el Aleinu que se dice al final de todos los rezos. En él expresamos nuestro anhelo y nuestra obligación de actuar para mejorar el mundo. Nuestra visión de perfeccionar se refiere a “este mundo” y no al mundo venidero.

Jaim, Shalom, Tzedek, Hesed y Tikun Olam son las acciones “blue chip” del Judaísmo. Vale la pena invertir nuestro “capital” en ellas. Está demostrado que siempre su rendimiento ha sido el más beneficioso en la historia de la humanidad.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Embracing Judaism, del Rabino Simcha Kling, revisado por Carl M. Perkins.

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39 El Talmud: El mejor aerobics para el cerebro.

En un espacio tan corto como este, es casi imposible presentar las principales características del Talmud de una forma resumida. El Talmud es difícil de describir porque no hay ninguna otra obra con la que se le pueda comparar. Enraizado en la Biblia, está lleno de versículos bíblicos y repetidamente cita a la Biblia como la fuente básica para tomar sus decisiones. Pero no es un comentario bíblico ni un código legal. Su naturaleza es de tipo enciclopédico pero no es una enciclopedia.  Es el producto de muchos individuos y editores y no es el trabajo de un sólo individuo ni de un solo grupo. El Talmud contiene muchos casos de orden jurídico, pero es más que un tratado legal. Contiene el dando y dando de las discusiones con sus argumentos y también los comentarios al margen que no tienen nada que ver con lo que se estaba discutiendo.  Incluye temas éticos y prácticas religiosas y litúrgicas, leyes que regulan la vida personal, comercial y agrícola, la organización comunitaria y la ayuda social.

Las discusiones talmúdicas no son concisas, no van al punto. Pueden incluir muchas cosas que los rabinos y sus discípulos mencionan como resultado de haber citado una mishnah: sus reacciones, explicaciones, discusiones, deliberaciones, historias que llegan a su mente, referencias a opiniones de otros  o de otras fuentes. Por lo mismo, el Talmud no es una obra que se puede leer simplemente. Se tiene que estudiar.

Estudiar el Talmud no es fácil, pero es una experiencia extraordinariamente estimulante y retadora desde un punto de vista intelectual y emocional. El Talmud es una obra que nos desafía y que debe ser explorada e investigada con energía, tenacidad y compromiso. El Rabino Adin Steinzaltz dice: ”El Talmud está enmarcado en preguntas y respuestas. Externar nuestras dudas no solo es legítimo sino esencial para su estudio. El Talmud es quizás la única obra sagrada en el mundo que no solo permite sino que alienta al estudiante a cuestionarla. El verdadero conocimiento solo se puede alcanzar a través de una comunión espiritual, donde el estudiante debe participar intelectual y emocionalmente en el debate talmúdico”. Es, sin lugar a dudas, el mejor aeróbics para el cerebro y la mente.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Embracing Judaism, del Rabino Simcha Kling revisado por Carl M. Perkins.

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38 Mejor lo comento con Abraham.

Hay historias en la Torá que nos ponen a pensar que Dios por sí sólo no puede perfeccionar al mundo. El concepto de un Jardín del Edén, el incidente entre Caín y Abel, el Diluvio o la historia de la Torre de Babel, son ejemplos de que faltaba algo. Y eso que faltaba era el Pacto que Dios hizo con Abraham. Dios le pide a Abraham que sea una fuente de bendición para todos los pueblos. Dios le dijo: “Que todas las naciones del mundo sean bendecidas por ti” (Breishit  12:3).

El pacto con Abraham significa que Dios necesita del hombre tanto como el hombre necesita de Dios. Cuando Dios está a punto de destruir a Sodoma, El dice: “¿Puedo esconderle a Abraham lo que ahora voy a hacer?” (Breishit 18:17). ¿Por qué lo pregunta? ¿Tiene Dios que consultar al hombre? Dios no pregunta, Dios da órdenes. Dios le ordenó a Noé construir el Arca y no le preguntó si estaba de acuerdo con su decisión de destruir al mundo. Pero ahora parece que Dios dice: “No puedo actuar de manera unilateral, debo por lo menos comentárselo a Abraham.” Rashi lo explica diciendo  que antes de Abraham, Dios era el Dios del cielo, pero después de Abraham, Dios es el Dios de la tierra.

El pasaje en Breishit 18, donde Abraham discute con Dios el destino de Sodoma, es uno de los pasajes más bellos e ilustrativos que nos presenta la Torá: “¿Y si hay 50 justos en Sodoma? Le interpela Abraham. ¿Acaso El Juez máximo de la Tierra, va  a actuar de manera injusta? Y Abraham no estaba citando una fuente externa para apoyar su argumento. Las palabras de Abraham salían de su propia intuición moral que le decía que sería injusto destruir una ciudad si gente justa vivía en ella. Inclusive le pedía salvar a toda la ciudad si alguna gente recta vivía entre ellos.

Dios podría haberle contestado: “Tus caminos no son Mis Caminos y tus pensamientos no son Mis Pensamientos”, haberle dicho a Abraham que la ética del hombre no se puede usar para juzgar a Dios y haber terminado con eso la discusión. Pero no lo hizo. Dios acepta al hombre en su propio contexto moral. Ser un socio en el Pacto implicaba aportar nuestra completa humanidad a esa relación con el Creador.

Pero el regateo continuó: cuarenta, treinta, veinte, hasta llegar a diez  justos. ¿Por qué dejó Dios a Abraham seguir interpelándolo? Pareciera que Dios no solamente no estaba molesto por los argumentos de Abraham, sino todo lo contrario. Dios parece decirnos que le encanta tener un socio en el Pacto que se sienta suficientemente digno al grado de atreverse a criticar Sus propias acciones. Dios ya no buscaba imponer su voluntad simplemente. Por eso lo comentó con Abraham.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: A Covenant for Love  del Rabino David Hartman, parte del libro Jews and Judaism in the 21st. Century, editado por el Rabino Edward Feinstein.

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37 El hombre: ¿Un animal social?

En su libro Studying the Jewish Future  (Estudiando el Futuro del Judaísmo) Calvin Goldscheider nos relata la historia de Shmuel Braw, un sobreviviente del Holocausto  que regresa a Tarnow, su pueblo natal en Polonia para comprobar que: “Dos Idishkait, Lo Judío”, no existía más. ¿A qué se refería Shmuel Braw? No se refería al aspecto religioso o cultural. La religión y la cultura judía seguían vivas a pesar de todo lo sucedido. Entonces ¿a qué se refería? Se refería a su comunidad y a sus instituciones. Ser parte de ello, era lo que para él significaba el ser judío. Lo demás era accesorio.

Cuesta trabajo entenderlo. ¿Cómo que la esencia del Judaísmo es su gente y sus instituciones, en otras palabras “Una Kehila”? ¿Qué acaso el Judaísmo no es la Torá, la Biblia, el Talmud, la Halajá, la filosofía judía, la historia, la literatura, el arte, el idioma, la gastronomía y todo lo demás que nos hace identificarnos como judíos? Podemos imaginarnos discutiendo con Shmuel y seguramente nos dejaría hablar para volvernos a decir: “Puede que tengan razón, pero aquí en mi pueblo lo judío, “dos idishkait”  desapareció”.

La lección que nos quiere transmitir Goldscheider es que lo importante en el fondo es lo social. Podemos disfrazarlo con lo religioso, o con lo cultural, o con las costumbres, pero en esencia, todo nuestro actuar tiene un trasfondo social. Y no importa si somos ortodoxos o completamente liberales, ateos o creyentes y al menos que seamos unos ermitaños, si vivimos integrados a un grupo social, nuestra conducta finalmente nos dice: “Yo sigo las reglas o las costumbres de mi grupo, porque quiero ser parte de él”. Y los judíos religiosos actúan según las reglas de su grupo y los tradicionalistas según las suyas. Y los sionistas y los liberales también siguen las propias.

Los eventos que marcan los ciclos de la vida judía son en el fondo un acontecimiento social quizá más que religioso. Cuando celebramos un Brit Mila, un Bar Mitzvah, una boda y hasta cuando desafortunadamente nos sentamos en Shive, el mensaje que damos es que queremos compartir  con nuestro grupo el hecho que algo bueno (o malo) nos ha pasado. Y ese compartir se hace en la forma aceptada por el grupo. Pareciera que lo hacemos para decirles: “Aquí estoy, mi familia y yo somos parte de ustedes”.

Todo esto no es nuevo. Pertenecer y participar de la vida comunitaria está inmerso en el espíritu judío. El Judaísmo está hecho para practicarse en grupo. Todas nuestras fiestas las celebramos en comunidad y la necesidad de un minian para rezar es el mejor ejemplo. Como dijo Baruj Spinoza, el gran filósofo del siglo XVII, el hombre (y en especial el judío), es definitivamente un animal social.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Understanding  The Jewish Future del Prof. Calvin Goldscheider.

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36 El fondo del asunto.

El Judaísmo, a final de cuentas, está basado en la creencia de que el mundo se puede y se debe perfeccionar (Tikun Olam). En algún momento, la vida va a triunfar sobre sus enemigos: la guerra, la opresión, el hambre, la pobreza, la enfermedad y hasta la muerte. Cuando esto se haya logrado, la humanidad va a alcanzar el máximo potencial que puede aspirar la dignidad del ser humano. En esa era mesiánica, el mundo se va a convertir en un paraíso y todos los seres humanos van a ser reconocidos y tratados como alguien creado a imagen de Dios. En un mundo de justicia y paz, con todas las necesidades materiales resueltas, los hombres van a poder libremente establecer una relación armoniosa con la naturaleza, entre ellos mismos y con Dios.

La tradición judía tiene sueños pero no ilusiones. Sabe bien que en este momento el mundo está muy lejos de ser un Jardín del Edén. Tikun Olam, el perfeccionar el mundo, es una declaración de fe y de esperanza. La Torá nos lo marca como un objetivo digno del esfuerzo humano, para llevarlo a cabo a lo largo del curso de la historia. Ese estado ideal, no nos va a llegar gracias a un acto milagroso de origen divino. Nuestros sabios sostienen que Dios escogió a un socio para este trabajo. Ese socio es el hombre. Esta meta final se va a lograr solo con su participación. Todo el proceso de transformación se va a dar a escala humana y no por seres sobrenaturales. Y se va a lograr paso a paso. La perfección del mundo va a depender de esa cadena interminable de esfuerzos humanos.

La Encyclopaedia Judaica nos define al Mesías, como Hamelej Hamashiaj, el Rey Ungido,     (melej = rey y ungir es verterle aceite a una persona, para denotar el carácter de su dignidad), quien sería  un descendiente carismático de la casa del Rey David, y el que los judíos que vivían en la época del dominio romano creían que iba a ser criado por Dios para liberarlos de su yugo, para  luego restaurar el Reino de Israel, al cual regresarían todos los judíos del exilio.

Los movimientos progresistas dentro del Judaísmo interpretan el concepto del Mesías como un ideal a alcanzar. La ortodoxia sostiene que va a ser un hombre. La diferencia entre el sueño mesiánico y esperar al Mesías de carne y hueso es enorme. El primero está concebido como un esfuerzo del hombre a lo largo del tiempo. El segundo implica sentarse a esperar a que la divinidad nos mande un redentor. Hemos tenido hombres que han pretendido ser el Mesías, como Shabetai Zvi (siglo XVII), y resultaron ser un fiasco. Algunos de los que esperan al Mesías de carne y hueso consideran la creación del Estado de Israel como una aberración. Esos grupos son los que pregonan ser los “verdaderos defensores” del Judaísmo y no se dan cuenta del impacto tan positivo que ha tenido el Estado de Israel en el pueblo judío.

Al “Mesías” lo tenemos que traer entre todos con nuestras propias obras de Tikun Olam y no esperar a que nos lo manden. Ese es el fondo del asunto.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Jewish Way del Rabino Irving Greenberg.

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35 ¿Que cosa es el Midrash?

Además de la Torá, el Tanaj y el Talmud, hay otro género de literatura rabínica que es el Midrash. Hay muchos tipos y colecciones de “Midrashim”. Esencialmente es la interpretación de textos sagrados, generalmente de la Biblia, aunque a veces también de la Mishnah.

El lenguaje de la Biblia es muchas veces breve y poco comunicativo. Por eso muchas preguntas quedan sin respuesta. El Talmud contesta algunas. Los Midrashim tratan de contestar la mayoría. Fueron escritos entre el siglo IV y el VI de nuestra era. Algunos se refieren exclusivamente a asuntos halájicos, leyes y otros son  hagadoth, narraciones teológicas. Hay muchas colecciones de Midrashim, como  La “Mejilta” de Rabi Ishmael sobre el libro de Shmot, “Sifra” sobre el libro de Vaykra  y “Sifre” sobre los libros de Bamidbar y Devarim, todos ellos parte de la Torá.  El primero es de los más antiguos y está escrito en un estilo simple y directo.

Es claro que la Biblia no explica todo lo que quisiéramos entender sobre sus historias. Y en la medida que los tiempos cambian, la relación de los lectores con las historias del Tanaj también cambia. Este proceso evolutivo, junto con la forma bíblica de narrar una historia, resulta en lagunas y falta de orden que afecta nuestra comprensión y nuestra relación con los textos sagrados. Para los rabinos, los Midrashim fueron la manera de llenar esos huecos y de ordenar esos textos, llegando en algunos casos a crear fábulas o leyendas que le daban un fondo a la escasa narrativa de la Torá.

Hay tres tipos de Midrashim: los que explican algún texto, especialmente mandamientos, los que contienen parábolas o lecciones morales y los que expanden narraciones de la Torá. Son ricos en metáforas y alegorías, juegos de palabras y simbolismos. Por ejemplo, la Torá nos cuenta que Adán le dijo a Eva, refiriéndose al árbol del conocimiento del bien y del mal: “que no comas de él, ni que lo toques, porque morirías”. El Midrash Breishit Raba añade y nos cuenta que la serpiente “la agarró y la aventó contra el árbol” y explica que con eso, la serpiente le hizo ver a Eva de que no murió al tocar el árbol y que entonces podía comer de la fruta prohibida. Esta historia no está en la Torá. Nuestros sabios la crearon para poder entender mejor lo que pasó en ese famosísimo pasaje bíblico.

A los Midrashim hay que verlos en su propio contexto, pues en ellos podemos ver el alma y la mente judía quizá en una de sus etapas de mayor creatividad. La época en que fueron escritos fue un tiempo de grave crisis para el pueblo Judío, especialmente en el Imperio Romano. Pareciera que en época difícil, el talento de nuestros sabios se crece más.

El Midrash, es parte de ese “Gran Libro” que nunca se termina, que continúa creciendo y que nos trae nuevos contextos y formas de entender y relacionarnos con los textos sagrados.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Essential Judaism de George Robinson.

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34 ¿Queremos un Judaísmo en “blanco y negro”?

La cultura de las sociedades occidentales está estructurada en lo que se llama comúnmente “El imperio de la ley”. En cada sociedad existe un sistema unificado de leyes que la autoridad aplica de una manera ciega, (recuerden como se representa simbólicamente a “La Justicia” como una mujer con una espada, una balanza y los ojos vendados) y sin considerar a la persona a la que esa ley va a afectar, para bien o para mal. Los asuntos legales se valoran en blanco y negro, se es inocente o culpable, se cumple con la ley o no. No hay medias tintas. Desde los griegos y los romanos, como reacción a las monarquías absolutistas, se buscó siempre el ser gobernados por leyes y no por hombres.

El concepto de “El Imperio de la ley” en el sentido de que las leyes son blanco y negro, no es lo que plantearon nuestros sabios, especialmente en la época del Talmud. Los rabinos adoptaron una idea pluralista de la ley y su enfoque era al revés: la ley es un asunto de ser gobernados por hombres y no por reglas. La diferencia entre un proceso legal occidental donde una persona exige sus derechos “legales”  y un proceso jurídico dentro de la concepción de los sabios del Talmud, donde la persona pide una solución ética a su problema,(sus derechos éticos) es evidente, es poner primero los principios éticos a los legales. Por ejemplo, las leyes de muchos países permiten la deportación de una persona que se encuentra ilegalmente en ese país y a las autoridades no les importa si por esa acción su hijo, que nació en ese país y por lo tanto se le considera un residente legal,  va a quedarse solo sin su mamá. Una corte talmúdica consideraría antes el aspecto ético de separar a una madre de su hijo, que el aplicar fríamente las leyes migratorias.

En la Guemará hay múltiples ejemplos de discusiones entre rabinos donde ambas partes tienen argumentos sólidos para defender su postura y donde al final los sabios acuerdan que ambas posturas son válidas. El Talmud Babli inclusive acepta que puede desviarse de las leyes aceptadas, si el caso lo amerita desde un punto de vista ético.

Desafortunadamente en el Judaísmo actual, el “imperio de la ley” se ha infiltrado notoriamente en muchas concepciones halajicas contemporáneas. La Halajá se está aplicando en “blanco y negro”, si cumples con la regla aceptada eres un “buen judío”, o si no cumples exactamente el precepto entonces no eres un “buen judío”. El Shuljan Aruj, pensado originalmente por su autor Joseph Caro, como una introducción al estudio del Talmud, se ha convertido en una especie de reglamento rígido de lo que está o no permitido dentro del Judaísmo y nos ha llevado a “occidentalizar” nuestra cultura milenaria. El Judaísmo se está volviendo  “blanco y negro”. Y no solo por sus vestimentas.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “The Judicial Process and the Nature of Jewish Law” de Hanina Ben-Menahem  (Cap. 16 del libro: An Introduction to the History and Sources of Jewish Law, editado por N.S. Hecht y otros)

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