33 El peso de la trabe principal.

Trabe: Madero largo y grueso para techar y sostener los edificios. Dicc, de la Real Academia.

En una antigua fuente talmúdica encontramos el relato de una controversia entre la Casa de Shamai y la Casa de Hillel, sobre un hombre que había robado la trabe principal de un edificio y con ella había construido su propia casa. La Casa de Shamai decía que había que demoler toda la casa del ladrón y devolverle la trabe a su dueño legítimo. La Casa de Hillel decía que el ladrón solo tenía que pagarle en dinero, al dueño legítimo, el valor de la trabe, sin tener que demoler la casa. Beit Hillel decía que solo tenía que hacer el pago en dinero el ladrón apoyado en la “Takanat Hashavim”, la “provisión para el que se arrepiente” (BT Gittin 55ª). La Casa de Shamai interpretó el mandamiento bíblico que dice: “Y regresará el objeto robado, aquel que lo tomó por robo” (Vaykra 5:23) de una manera literal, esto es, el ladrón le debe regresar el objeto original a su dueño. Está obligado a regresar la trabe robada a pesar de que esto implique demoler su propia casa.

La Casa de Hillel entendía que si un ladrón arrepentido enfrenta la disyuntiva de destruir su casa o de no devolver lo robado, pudiera optar por esto último. Por eso su escuela se inclinaba por permitirle el arrepentimiento a cambio de corregir su error sin que eso implique un daño excesivo para él mismo. Rashi explica que la postura de Hillel contiene el verdadero sentido de la Takanat Hashavim, porque si lo fuerzas a destruir su hogar, él va a evitar el acto de arrepentimiento. Maimonides en  su Mishne Torah  nos dice que los sabios decidieron que el ladrón puede pagar el valor de lo robado y no tener que destruir su hogar. La Halajá prefiere la rehabilitación del sinvergüenza que la imposición de un juicio estricto del mandamiento de la Torah.

Es esa interpretación humanista la que prevaleció y debe prevalecer en las interpretaciones rabínicas. Desafortunadamente en nuestra época, los sectores extremistas se inclinan por interpretaciones literales, sin darse cuenta que el aplicar todo el peso de la ley no ayuda a que la persona cambie. El peso de la ley no debe ser mayor que el peso de una trabe.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Evolving Halakha del Rabino Dr. Moshe Zemer.

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32 Un Yom Kipur diferente.

El mármol blanco del Bet Hamikdash brillaba de una manera muy especial. Cuando llegamos al monte Moria, nos percatamos que el Templo estaba rodeado de una muralla como si fuera una fortaleza. Entramos por una de sus puertas y pasamos por varios patios con columnas. Ascendimos por unas escalinatas y llegamos a la puerta de Nicanor, una enorme puerta de bronce que requería de veinte hombres para abrirla. Esa puerta nos condujo al patio de las mujeres y de ahí pasamos al patio de los hombres, donde la mitad estaba reservada para nosotros los laicos y la otra mitad para los cohanim. A la derecha del Patio de los Sacerdotes estaba el altar y el lugar para sacrificar a los animales. Alrededor del patio habían varios salones: uno donde se reunía el Sanhedrin, otro donde el Cohen Gadol vivía durante la semana antes de Yom Kipur y otros más donde los cohanim se bañaban y se arreglaban. Más arriba se encontraba el Hejal, un cuarto grande y oscuro donde sólo la luz de la Menorah lo iluminaba. De ese salón se pasaba al lugar más sagrado, el Kodesh Hakodashim, a donde únicamente en Yom Kipur el Sumo Sacerdote, el Cohen Gadol, podía entrar.

Todos nos preparamos para el Gran Día. Pedimos perdón los unos a los otros y ayunamos por nuestras transgresiones. Pero el que más se preparó fué el Cohen Gadol. Le tomó siete días hacerlo. Repasó todos los rituales y las lecturas de la Torá que haría en Yom Kipur. Tenía que hacerlo perfecto. Si se equivocaba, otro sacerdote estaba listo para sustituirlo.

Llegado el Gran Día, el Cohen Gadol se bañó varias veces. Después se vistió con ropas doradas. Verlo era un todo espectáculo: parecía como un sol brillante. Prendió el incienso y arregló las luces de la Menorah. Después se lavó y se cambió de ropa nuevamente. Su ropa ahora era de lino blanco de gran sencillez. Un toro joven estaba listo para el primer sacrificio. El Cohen Gadol procedió a sacrificarlo y a decir las bendiciones correspondientes.

Luego se dirigió a donde estaban los dos chivos. Sacó dos tabletas de oro, una decía “Para Dios” y la otra decía “Para Azazel”. Las volteó y la suerte de los chivos quedó marcada: uno sería sacrificado para Dios y el otro sería el chivo expiatorio. La gente esperaba el ritual por el cual todos sus pecados se le cargarían al animal. Después se lo llevaban para que se perdiera en el desierto.

Terminados los sacrificios, el Cohen Gadol preparó el incienso, se quitó sus sandalias y entró al Kodesh Hakodashim,  donde rezó por largo tiempo pidiendo un buen año para su pueblo. La gente se sintió aliviada cuando lo vio salir. Temían por su vida. El servicio terminó cuando el Cohen Gadol sacó los rollos de la Torá y leyó las partes que hablan de Yom Kipur (Vaykra 16). Luego recitó de memoria otros versículos de la Torá y terminó con las ocho bendiciones tradicionales.

Así era el ritual de Yom Kipur en la época del Bet Hamikdash, sin duda, diferente en la forma a lo que hoy hacemos, pero con el mismo fondo de nuestros valores milenarios.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Jewish Festivals, History and Tradition de Hayyim Schauss y The Torah, A Modern Commentary editado por W. Gunther Plaut.

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31 ¿Cómo es que el Año Nuevo se celebra el primer día del séptimo mes?

Está escrito en Vaykra 23.24: “Habla a los Hijos de Israel y diles: En el mes séptimo, en el primer día del mes, tendréis día de reposo, una ocasión sagrada que conmemorarás con trompetas.” También en Bamidvar 29.1 dice: “En el séptimo mes, en el primer día del mes, deben observar una ocasión sagrada: no trabajaras en tus ocupaciones. Lo observarás como el día en que suena el cuerno (Yom Teruah)”.

Lo primero que es interesante hacer notar, es que en la Torá no se usa el término Rosh Hashana, por lo que pareciera que en la época bíblica no celebraban una fiesta con ese nombre. Lo que celebraban en esa época era la Fiesta de la Recolección, la cual tenía rituales que ahora se asocian con Rosh Hashana, Yom Kipur y Sucot. En Shmot 23.16 dice: “Debes observar… la Fiesta de la Recolección (Jag Haasif) al final del año,…” refiriéndose al final de la cosecha y al inicio de un nuevo ciclo agrícola.

La celebración de Rosh Hashana como una fiesta independiente, empezó después del Exilio Babilónico. Es en la época después de la destrucción del segundo Templo, en los escritos de los Tanaim, donde un grupo de sabios de la época talmúdica usaron el término Rosh Hashana. Así fue como el festival del otoño se dividió en tres festividades separadas: Rosh Hashana el día primero, Yom Kipur el día décimo y Sukot el quince del mes de Tishrei.

Es en la Mishnah, recopilada en el siglo II de nuestra era, donde se habla de Rosh Hashana como el día en que Dios juzga a los hombres (Rosh Hashanah 1:2) y en la Guemarah, terminada en el siglo V,  se amplía el tema. Como la Torá marca que se debe de tocar el shofar ese día, los sabios incluyeron la historia del Sacrificio de Isaac para leerse ese día, por la relación con el carnero y sus cuernos enredados en el arbusto, el cual usa Abraham para sustituir a Isaac en el sacrificio.

Desde esa época se empezó a celebrar el año nuevo en las sinagogas, tocando el Shofar y rezando. El rezo empezó a ser dirigido por varias personas, una dirigía Shajarit y otra el rezo adicional de Musaf. Con el tiempo se fueron añadiendo más partes al rezo, como la parte de Piyut, un poema litúrgico de la Edad Media.

La estructura de Rosh Hashana ha quedado más o menos igual a como se celebraba en la época del Talmud, aunque a lo largo del tiempo se han añadido nuevas lecturas y rituales de gran belleza,  resultado de la creatividad del Pueblo Judío a lo largo de los siglos. Pero todo esto no nos explica porque el año nuevo judío empieza en el séptimo mes.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Jewish Festivals, History and Tradition de Hayyim Schauss.

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30 Nacidos para estudiar.

Cuando nace un bebé judío o cuando un niño o una niña llegan a la edad de bar o bat mitzvah, el deseo de la gente es que llegue a una vida de Torá, de Jupah y de Maasim Tovim. Jupah significa el palio utilizado en la ceremonia de casamiento y Maasim Tovim significa buenas acciones. Pero llegar a una vida de Torá significa entre otras cosas, el llegar a una vida de estudio.

De acuerdo a la tradición judía, Dios le dio la Torá a Israel en el Monte Sinai como una fuente de bendiciones y de vida. En otras palabras, Dios al darles la Torá a los judíos, pareciera que les dijo: “A ver, llévense este libro a casa y díganme que opinan de él”. Y desde entonces, se la han pasado leyéndolo y estudiándolo y diciéndole a Dios y a sí mismos lo que piensan que es Su Libro. Estos comentarios aparecen en muchos lugares: en el Talmud y en los sermones de los rabinos, en obras de ficción y de no ficción, pero especialmente en cualquier conversación entre dos o más judíos que estudien la Torá juntos.

La manera especial que tiene el Judaísmo de estudiar la Torá es con el método del “Midrash”, palabra que en hebreo significa buscar, investigar o hasta demandar. El Midrash transforma la lectura en una búsqueda imaginativa aunque disciplinada de la Revelación, tipificada por una pasión que es a la vez personal y colectiva, académica y creativa, ardua y divertida.

El estudio de la Torá está firmemente cimentado en las relaciones humanas. El Talmud desalienta especialmente el estudio solitario y los rabinos aconsejan “que te consigas un maestro y un compañero de estudio” y que “formes grupos con el propósito de estudiar, ya que la Torá solo se puede adquirir en grupo”. El verdadero secreto de la sobrevivencia judía  son esas conversaciones constantes de esos grupos, que se han dado desde hace tres mil quinientos años.

Esas conversaciones siempre han sido debates interminables. Aquellos que busquen un simple  catequismo de fe para memorizar, deben estar confundidos y decepcionados con la forma que la  pedagogía judía tiene de ser dialéctica y argumentativa. Ser judío quiere decir sumergirse en ese dar y quitar que es el argumento talmúdico. Y la única manera de dominar ese arte de interpretar la Torá es el estudio continuo. En efecto nacimos, entre otras cosas, para estudiar.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Choosing a Jewish Life de Anita Diamant.

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29 Los elegidos pero ¿para qué?

El pueblo judío nunca ha creído ser el poseedor de la única fe verdadera o tener el camino exclusivo para llegar a Dios  y por eso el Judaísmo no es una religión proselitista, no hay misioneros judíos que busquen convertir a gente de otra religión al Judaísmo. Puesto que nuestros rabinos nos enseñan que todos los justos entre las naciones podían llegar al “mundo venidero”, no había necesidad de salvar las almas de los que no son judíos, ya que sus propias religiones les pueden dar acceso a Dios.

Abraham Joshua Heschel dice que “la idea del pueblo elegido no sugiere una preferencia de Dios que implique  discriminación hacia los demás pueblos. No significa que el pueblo judío tenga una cualidad especial que lo distinga, sino lo que tiene es una relación especial con Dios”.

La tradición rabínica no conecta la idea del pueblo elegido con un sentimiento de superioridad; por el contrario, los rabinos creían que Dios había impuesto responsabilidades mucho más severas a los judíos que a otros pueblos del mundo con el solo hecho de haberles dado la Torá.

Hoy en día la frase “pueblo elegido” se liga a su complemento de ser “el pueblo que elige”. Esta no es una idea moderna. De acuerdo con el Midrash, (Mejilta Vajodesh 5) los hebreos no fueron ni siquiera la primera opción de Dios para dar la Torá. Dios fue con otras naciones primero, a quienes les preguntaba si estarían dispuestos a aceptar el pacto divino. Pero las otras naciones encontraron que lo que implicaba ese pacto era algo demasiado arduo. Cuando llega con los hebreos, ellos contestan (Shmot 24:7)  Naase venishmah, , haremos y escucharemos. Pero aun así, el Midrash nos cuenta que Dios dudaba en darle Su Torá al pueblo de Israel y les pide un fiador que garantice que van a observar sus mandamientos. Israel ofrece a sus Patriarcas y a sus Profetas, inclusive el cielo y la tierra, pero Dios no cree que todo eso sea suficiente. Entonces los israelitas le ofrecen como garantía a sus hijos, inclusive los que no habían nacido y ahora Dios si acepta darles la Torá. (Midrash Aseret Hadivrot 68).

La tradición judía nos habla de una relación entre Dios y los hijos de Israel que, como una moneda,  tiene dos caras. Esa relación de elegir y ser elegidos fue el camino divino para que la Torá llegara al hombre.  Para eso fuimos elegidos.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Choosing a Jewish Life de Anita Diamant.

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28 Creer o no creer, ¿asunto de emoción o de razón?

Para Gabriel.

Nuestra tradición reconoce, que muchas veces la forma de relacionarnos con la fe no es siempre algo racional sino emocional. Por ejemplo, una mirada a la naturaleza que te deja sin aliento o un acto de amabilidad inesperado que nos toca de una manera profunda, representan esos momentos de espiritualidad que nos llena el alma.

Algunas veces es el nacimiento de un hijo. Un hijo emerge al mundo y a pesar de la presencia de enfermeras, doctores, máquinas, familiares y todos los elementos que intervienen en un parto moderno, sabemos en el fondo que estamos presenciando un milagro. Vemos a nuestro hijo y reconocemos que todos los tratados de biología del mundo no pueden explicar este nuevo comienzo. Mecemos en nuestros brazos no simplemente a otra persona, sino a un ser con un valor infinito y un enorme potencial. Mecemos una parte de nosotros mismos y sabemos que si somos afortunados, esta parte de nosotros va a sobrevivirnos. De repente, tenemos un pequeño pedacito de inmortalidad. Y nos preguntamos: ¿Quién se va a acordar de nosotros? ¿Cómo se va acordar de nosotros?

La pregunta ¿crees en Dios? no es una pregunta central en el Judaísmo. No que uno no se lo  pueda preguntar. Pero el Judaísmo pone el énfasis en otro punto, no tanto en el creer sino en el tener fe.  No es tanto el demostrar la existencia de Dios, sino en sentir la presencia de Dios. No tanto en los argumentos filosóficos sobre Dios sino, como decía el gran filósofo y rabino Abraham Joshua Heschel, el vivenciar esos momentos de “admiración y asombro” (awe and wonder), momentos donde Dios de repente parece estar muy cerca.

El judaísmo no busca certeza en nuestro esfuerzo por conocer a Dios. Lo que busca es esa cercanía a Dios que nos da refugio, es ese sentir la presencia Divina, es un destello del amor de Dios. El camino para encontrar a Dios no es un camino fácil, ni predecible y ciertamente con obstáculos., pero está abierto a todos, a los que creen y a los que no.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: God was not in the fire, the search for a spiritual Judaism del Rabimo Daniel Gordis.

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27 Israel, el que luchó con Dios.

Cuando Moisés y el pueblo hebreo salen de Egipto y vagan por cuarenta años en su camino a la Tierra Prometida, la Torá los llama “Los Hijos de Israel”. ¿Por qué Los Hijos de Israel? ¿Por qué no los hijos de Abraham o los hijos de Moisés, el  liberador de los esclavos? ¿Por qué la tradición escogió el llamarlos “Hijos de Israel?

En el relato bíblico, Dios cambió el nombre de Jacob al de Israel, como lo describe Breishit 32:24-29: “Así se quedó Jacob solo y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él le respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido.”

La palabra Israel en hebreo quiere decir “luchar con Dios”. ¿Por qué llamar a los hebreos, los descendientes de Israel, aquel que luchó con Dios? Con esto, la tradición sugiere que para ser verdaderamente descendiente de Israel, los judíos modernos no deben asumir que la tradición demanda una obediencia sumisa. Por el contrario, el nombre del pueblo judío proviene de un antepasado que luchó con Dios mientras iba de camino. Luchar en un viaje es lo que el término  “odisea” significa.

La importancia de “luchar” está presente en la vida del pueblo judío desde sus principios. Cuarenta años para cruzar un desierto que cualquiera lo hubiera hecho en mucho menos tiempo, es un claro ejemplo. ¿Cuál es el mensaje? Que lo valioso está en el esfuerzo, en la lucha por llegar. La Torá nos está enseñando que el camino hacia el Judaísmo es de esfuerzo y de lucha. Imaginarse al Judaísmo como algo perfectamente empaquetado y felizmente perene es trivializarlo. Nada importante en nuestras propias vidas lo hemos conseguido de manera fácil. Todo lo que nos ha dado satisfacciones profundas lo hemos conseguido con trabajo y esfuerzo. ¿Por qué nuestro propio Judaísmo debiera ser diferente?

El verdadero Judaísmo implica una lucha pasional y una búsqueda honesta. Es iniciar ese camino hacia la Tierra Prometida. Lo inició el patriarca Abraham cuando Dios le dice Lej Leja, vete de tu casa y en la Torá lo continua Moisés con la salida de Egipto. Nuestra tradición sugiere que somos un pueblo en constante búsqueda de la Tierra Prometida, a sabiendas que la parte más enriquecedora de nuestras vidas es el proceso de búsqueda y no el regocijo de haber llegado a la meta. Una vez le preguntaron al Gaon de Vilna, uno de nuestros grandes rabinos, si un ángel viniera a revelarle toda la verdad divina, si lo aceptaría. Él contestó que no, porque la vida tiene más significado y es más rica si uno tiene que luchar por sí mismo para encontrar esa verdad. Ser humano es perpetuamente hacer preguntas, sabiendo que nunca estaremos totalmente satisfechos con la respuesta. Ser judío implica esforzarse para entender nuestro lugar en el mundo, trabajar para llegar a ser seres más íntegros y reconocer que la lucha para lograrlo es más importante que el resultado final. Por eso somos los “Hijos de Israel, los luchadores con Dios”.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: God was not in the fire, the search for a spiritual Judaism del Rabimo Daniel Gordis.

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26. La evolución de las mitzvoth: dinosaurios o águilas.

Aunque las mitzvoth provienen literalmente de la Torá, el estudiar la Biblia exclusivamente, no nos ayuda mucho a entenderlas. Por ejemplo: tres veces encontramos escrito en la Torá: «No cocinarás al cabrito en la leche de su madre » (Shemot 23:19 y 34:26 y Devarim  14:21).  ¿Qué quiso decir Dios? Nuestros sabios interpretaron las palabras divinas y al hacerlo sus comentarios nos llevaron a las leyes de kashrut que, entre otras cosas, implican la separación de los platillos de carne de los de leche. Y  la ley la extendieron a la carne de vaca, de cabrito y de aves y en relación a la leche no se refieren solamente a la de la madre sino que abarca la de los demás mamíferos. Y nos aclaran: el precepto de separar la carne de la leche no es exclusivamente en la olla donde se cocina, sino en todas las vajillas y nos enseñan que debemos procurar tener dos juegos de vajillas, una para carne y la otra para leche. ¿Cómo se conformaron todas estas reglas, que en muchos casos pueden llenar muchos tomos y que se derivan de una frase tan sencilla?

El quehacer de interpretar y comentar la palabra de Dios es donde se encuentra la  esencia del Judaísmo. Y en ese quehacer podemos percibir una tendencia humanizante en la forma en que el pueblo judío lee y aplica los textos sagrados. Por ejemplo, la Torá contempla la pena de muerte para algunas transgresiones, pero el procedimiento establecido por los rabinos en el Talmud, hacen  casi imposible el llevarla a cabo.

Son varios los orígenes de los preceptos (Halaja) que rigen la práctica del Judaísmo: Tenemos en primer lugar los mandamientos de la Torá. En segundo lugar las sentencias de las cortes rabínicas llamadas Ma aseh que algunas llegaron a tener el carácter de ley.  Tercero, los midrashim, entendidos como la interpretación de versículos de la Torah, y que dieron pie a muchos preceptos. Cuarto, la costumbre (Minhag), prácticas que se desarrollaron en el tiempo, que eran independientes de las Escrituras y que los sabios les dieron el estatus de obligatorias. Quinto, las takanot, edictos promulgados por los rabinos provocados por condiciones sociales, como el de Rabeinu Guershom que prohibió la poligamia. Y por último, sexto, la jurisprudencia, (Hora´ah) instrucciones ordenadas por las Suprema Corte Rabínica, también con carácter de ley.

El proceso de conformar la Halaja se inició en el Monte Sinai, continúa hasta nuestros días y por lo visto continuará para siempre. Las circunstancias del hombre son cambiantes y el Judaísmo se adapta a ellas. Algunas corrientes dentro del Judaísmo creen que se puede parar ese proceso e inclusive dar marcha atrás, pero no se dan cuenta que así se ha hecho desde tiempos inmemoriales y se seguirá haciendo. Es una especie de evolución darwiniana de los preceptos religiosos, los más sólidos son los que perdurarán en el tiempo. La pregunta es: ¿queremos dinosaurios o águilas?

Por Marcos Gojman.

Bibliografía; An introduction to the history and sources of Jewish Law, editado por N.S. Hecht y otros y Settings of Silver, an Introduction to Judaism de Stephen M. Wylen.

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25 ¿Qué es eso de Rezar?

El término en hebreo de lo que llamamos en español “rezar” es Tefila. Esta palabra se deriva de la raíz hebrea “fei, lamed, lamed,” que quiere decir “juzgar”, o “interceder a favor de alguien” o “tener esperanza”. Por lo tanto, tefila implica el  juzgarnos a nosotros mismos, o interceder en nuestro favor ante Dios o expresar nuestro sentimiento de esperanza de que algo cambie para bien.

La liturgia judía se basa en tres tipos de rezos: los rezos para dar gracias a Dios, los rezos para alabar a Dios y los rezos para pedirle algo a Dios. Aunque cada género tiene un propósito diferente, el contenido es similar y reflejan, de forma consistente, la manera de entender el Judaísmo que tienen nuestros sabios.

En la Biblia hay varios ejemplos de rezos espontáneos. Por ejemplo, Hannah le rezó a Dios para poder tener un hijo y su pedido fue concedido con el nacimiento de Samuel. Pero en la época bíblica, eran los sacrificios la manera aceptada de relacionarte con Dios. Con la destrucción del primer Templo y el exilio a Babilonia, los judíos en la diáspora desarrollaron rituales alternativos a los sacrificios, ya que en Babilonia no los  podían hacer. Estudiar la Torá fue uno de ellos.

Muchas de las primeras plegarias eran salmos, himnos o poemas tomados de la Biblia a los que se les acompañaba con música. La primera plegaria que se escribió fue la Amidah y después le siguió el Shemah. Pasajes bíblicos fueron añadidos con el paso del tiempo. Un marco de referencia para los rezos existió en la época talmúdica y se rezaba de memoria.

El orden de los rezos se fijó finalmente hasta el siglo IX, al aparecer el que es hasta nuestros días el libro de rezos tradicional, el “Sidur” que quiere decir orden, del cual hay muchas versiones. El primero que se conoce es el Seder de Rav Amram Gaon de alrededor del año 850. El primer sidur impreso apareció en Europa en 1485.

El libro de rezos contiene plegarias escritas en todas las diferentes épocas de la historia judía. Es una antología de la creatividad literaria judía. Hay selecciones de la Biblia, el Talmud, los Midrashim, los escritos de Maimonides (el Ygdal) y de la Kabalah (Lejah Dodi). Hay rezos medievales como el Unetaneh Tokef  y rezos contemporáneos como la plegaria por el bienestar del Estado de Israel y del país donde se reside. Es un tesoro y un compendio de las creencias judías y está en constante evolución para poder expresar esas creencias en el lenguaje de cada generación.

Rezar en el Judaísmo es algo más que una expresión de nuestra fe. Nos da un sentimiento de pertenencia a una comunidad y afirma nuestro Judaísmo en un contexto social. Estar en la sinagoga  junto con otros que comparten nuestras creencias, es muchas veces más importante que el significado de las mismas palabras que decimos al rezar.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “What do Jews Believe? de David S. Ariel.

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24 Moshe Rabeinu y Rabi Akiva.

Está escrito en el Talmud, en Menahot 29b: “Rav Judah dijo en nombre de Rab: En el momento en que Moisés ascendió al cielo, se encontró al Kadosh Barujhu (Dios) sentado y poniéndole coronas a las letras (de la Torá). Y le dijo: Maestro del mundo, ¿qué detiene tu mano? Y Dios le contestó: Habrá un hombre que vendrá al final de varias generaciones con el nombre de Akiva ben Yosef quien investigará cada punto y cada forma de las letras (de la Torá) y sacará montañas y montañas de leyes (halajot). Moisés le dijo a Dios: “Maestro del mundo, enséñamelo” y Dios le dijo: Date vuelta. Y Moisés fue y se sentó en la octava fila (de la academia de Akiva) y no podía entender lo que se hablaba. Su fuerza desfalleció. Cuando llegaron a un determinado punto, los estudiantes le dijeron: Rabi (Akiva), como sabes esto? Él les contestó: es la ley de Moisés de Sinai. Esto calmó su mente. Moisés regreso con Dios y le dijo: Con un hombre como él y me escogiste a mí para darnos la Torá? Dios le contestó. Silencio, Así fue como lo pensé.”

Esta es la base del desarrollo de la tradición oral del Judaísmo. Cuando Moisés le preguntó a Dios porque seguía trabajando en Su Torá, Dios le contestó que Rabi Akiva, uno de los líderes de la tradición del siglo II iba a descifrar esos adornos y y descubrir nuevas leyes e interpretaciones en ellos. Esta explicación despierta la curiosidad de Moisés y es transportado doce siglos adelante a la academia de Akiva.

Moisés está confundido por no estar familiarizado con la ley rabínica, mejor dicho, con la interpretación rabínica de la Ley de Moisés y su intranquilidad lo hace sentirse extraño al mismo Judaísmo que él fundó. Su mente se tranquiliza cuando aprende que los rabinos le atribuyen a él el origen de sus leyes. Aunque esto lo reconforta, da la impresión de que no acaba de comprender como es que esto funciona.

Esta leyenda es una obra maestra dentro del mundo de la explicación rabínica de cómo pueden innovarse nuestras leyes y tradiciones sin violar lo escrito en la Torá. Los rabinos hicieron suficientemente elástica la creencia en el origen divino de la Torá para poder innovar pero a la vez suficientemente rígida para prohibir salidas radicales del texto original. Afirmaban, paradójicamente, que no estaban introduciendo nada nuevo, pues sus leyes eran inherentes a la Torá Oral, mientras que al mismo tiempo aceptaban que su sistema de interpretación sería difícil de entender, inclusive para alguien como Moisés mismo.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “What do Jews Believe? de David S. Ariel.

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