28 Creer o no creer, ¿asunto de emoción o de razón?

Para Gabriel.

Nuestra tradición reconoce, que muchas veces la forma de relacionarnos con la fe no es siempre algo racional sino emocional. Por ejemplo, una mirada a la naturaleza que te deja sin aliento o un acto de amabilidad inesperado que nos toca de una manera profunda, representan esos momentos de espiritualidad que nos llena el alma.

Algunas veces es el nacimiento de un hijo. Un hijo emerge al mundo y a pesar de la presencia de enfermeras, doctores, máquinas, familiares y todos los elementos que intervienen en un parto moderno, sabemos en el fondo que estamos presenciando un milagro. Vemos a nuestro hijo y reconocemos que todos los tratados de biología del mundo no pueden explicar este nuevo comienzo. Mecemos en nuestros brazos no simplemente a otra persona, sino a un ser con un valor infinito y un enorme potencial. Mecemos una parte de nosotros mismos y sabemos que si somos afortunados, esta parte de nosotros va a sobrevivirnos. De repente, tenemos un pequeño pedacito de inmortalidad. Y nos preguntamos: ¿Quién se va a acordar de nosotros? ¿Cómo se va acordar de nosotros?

La pregunta ¿crees en Dios? no es una pregunta central en el Judaísmo. No que uno no se lo  pueda preguntar. Pero el Judaísmo pone el énfasis en otro punto, no tanto en el creer sino en el tener fe.  No es tanto el demostrar la existencia de Dios, sino en sentir la presencia de Dios. No tanto en los argumentos filosóficos sobre Dios sino, como decía el gran filósofo y rabino Abraham Joshua Heschel, el vivenciar esos momentos de “admiración y asombro” (awe and wonder), momentos donde Dios de repente parece estar muy cerca.

El judaísmo no busca certeza en nuestro esfuerzo por conocer a Dios. Lo que busca es esa cercanía a Dios que nos da refugio, es ese sentir la presencia Divina, es un destello del amor de Dios. El camino para encontrar a Dios no es un camino fácil, ni predecible y ciertamente con obstáculos., pero está abierto a todos, a los que creen y a los que no.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: God was not in the fire, the search for a spiritual Judaism del Rabimo Daniel Gordis.

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27 Israel, el que luchó con Dios.

Cuando Moisés y el pueblo hebreo salen de Egipto y vagan por cuarenta años en su camino a la Tierra Prometida, la Torá los llama “Los Hijos de Israel”. ¿Por qué Los Hijos de Israel? ¿Por qué no los hijos de Abraham o los hijos de Moisés, el  liberador de los esclavos? ¿Por qué la tradición escogió el llamarlos “Hijos de Israel?

En el relato bíblico, Dios cambió el nombre de Jacob al de Israel, como lo describe Breishit 32:24-29: “Así se quedó Jacob solo y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él le respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido.”

La palabra Israel en hebreo quiere decir “luchar con Dios”. ¿Por qué llamar a los hebreos, los descendientes de Israel, aquel que luchó con Dios? Con esto, la tradición sugiere que para ser verdaderamente descendiente de Israel, los judíos modernos no deben asumir que la tradición demanda una obediencia sumisa. Por el contrario, el nombre del pueblo judío proviene de un antepasado que luchó con Dios mientras iba de camino. Luchar en un viaje es lo que el término  “odisea” significa.

La importancia de “luchar” está presente en la vida del pueblo judío desde sus principios. Cuarenta años para cruzar un desierto que cualquiera lo hubiera hecho en mucho menos tiempo, es un claro ejemplo. ¿Cuál es el mensaje? Que lo valioso está en el esfuerzo, en la lucha por llegar. La Torá nos está enseñando que el camino hacia el Judaísmo es de esfuerzo y de lucha. Imaginarse al Judaísmo como algo perfectamente empaquetado y felizmente perene es trivializarlo. Nada importante en nuestras propias vidas lo hemos conseguido de manera fácil. Todo lo que nos ha dado satisfacciones profundas lo hemos conseguido con trabajo y esfuerzo. ¿Por qué nuestro propio Judaísmo debiera ser diferente?

El verdadero Judaísmo implica una lucha pasional y una búsqueda honesta. Es iniciar ese camino hacia la Tierra Prometida. Lo inició el patriarca Abraham cuando Dios le dice Lej Leja, vete de tu casa y en la Torá lo continua Moisés con la salida de Egipto. Nuestra tradición sugiere que somos un pueblo en constante búsqueda de la Tierra Prometida, a sabiendas que la parte más enriquecedora de nuestras vidas es el proceso de búsqueda y no el regocijo de haber llegado a la meta. Una vez le preguntaron al Gaon de Vilna, uno de nuestros grandes rabinos, si un ángel viniera a revelarle toda la verdad divina, si lo aceptaría. Él contestó que no, porque la vida tiene más significado y es más rica si uno tiene que luchar por sí mismo para encontrar esa verdad. Ser humano es perpetuamente hacer preguntas, sabiendo que nunca estaremos totalmente satisfechos con la respuesta. Ser judío implica esforzarse para entender nuestro lugar en el mundo, trabajar para llegar a ser seres más íntegros y reconocer que la lucha para lograrlo es más importante que el resultado final. Por eso somos los “Hijos de Israel, los luchadores con Dios”.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: God was not in the fire, the search for a spiritual Judaism del Rabimo Daniel Gordis.

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26. La evolución de las mitzvoth: dinosaurios o águilas.

Aunque las mitzvoth provienen literalmente de la Torá, el estudiar la Biblia exclusivamente, no nos ayuda mucho a entenderlas. Por ejemplo: tres veces encontramos escrito en la Torá: «No cocinarás al cabrito en la leche de su madre » (Shemot 23:19 y 34:26 y Devarim  14:21).  ¿Qué quiso decir Dios? Nuestros sabios interpretaron las palabras divinas y al hacerlo sus comentarios nos llevaron a las leyes de kashrut que, entre otras cosas, implican la separación de los platillos de carne de los de leche. Y  la ley la extendieron a la carne de vaca, de cabrito y de aves y en relación a la leche no se refieren solamente a la de la madre sino que abarca la de los demás mamíferos. Y nos aclaran: el precepto de separar la carne de la leche no es exclusivamente en la olla donde se cocina, sino en todas las vajillas y nos enseñan que debemos procurar tener dos juegos de vajillas, una para carne y la otra para leche. ¿Cómo se conformaron todas estas reglas, que en muchos casos pueden llenar muchos tomos y que se derivan de una frase tan sencilla?

El quehacer de interpretar y comentar la palabra de Dios es donde se encuentra la  esencia del Judaísmo. Y en ese quehacer podemos percibir una tendencia humanizante en la forma en que el pueblo judío lee y aplica los textos sagrados. Por ejemplo, la Torá contempla la pena de muerte para algunas transgresiones, pero el procedimiento establecido por los rabinos en el Talmud, hacen  casi imposible el llevarla a cabo.

Son varios los orígenes de los preceptos (Halaja) que rigen la práctica del Judaísmo: Tenemos en primer lugar los mandamientos de la Torá. En segundo lugar las sentencias de las cortes rabínicas llamadas Ma aseh que algunas llegaron a tener el carácter de ley.  Tercero, los midrashim, entendidos como la interpretación de versículos de la Torah, y que dieron pie a muchos preceptos. Cuarto, la costumbre (Minhag), prácticas que se desarrollaron en el tiempo, que eran independientes de las Escrituras y que los sabios les dieron el estatus de obligatorias. Quinto, las takanot, edictos promulgados por los rabinos provocados por condiciones sociales, como el de Rabeinu Guershom que prohibió la poligamia. Y por último, sexto, la jurisprudencia, (Hora´ah) instrucciones ordenadas por las Suprema Corte Rabínica, también con carácter de ley.

El proceso de conformar la Halaja se inició en el Monte Sinai, continúa hasta nuestros días y por lo visto continuará para siempre. Las circunstancias del hombre son cambiantes y el Judaísmo se adapta a ellas. Algunas corrientes dentro del Judaísmo creen que se puede parar ese proceso e inclusive dar marcha atrás, pero no se dan cuenta que así se ha hecho desde tiempos inmemoriales y se seguirá haciendo. Es una especie de evolución darwiniana de los preceptos religiosos, los más sólidos son los que perdurarán en el tiempo. La pregunta es: ¿queremos dinosaurios o águilas?

Por Marcos Gojman.

Bibliografía; An introduction to the history and sources of Jewish Law, editado por N.S. Hecht y otros y Settings of Silver, an Introduction to Judaism de Stephen M. Wylen.

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25 ¿Qué es eso de Rezar?

El término en hebreo de lo que llamamos en español “rezar” es Tefila. Esta palabra se deriva de la raíz hebrea “fei, lamed, lamed,” que quiere decir “juzgar”, o “interceder a favor de alguien” o “tener esperanza”. Por lo tanto, tefila implica el  juzgarnos a nosotros mismos, o interceder en nuestro favor ante Dios o expresar nuestro sentimiento de esperanza de que algo cambie para bien.

La liturgia judía se basa en tres tipos de rezos: los rezos para dar gracias a Dios, los rezos para alabar a Dios y los rezos para pedirle algo a Dios. Aunque cada género tiene un propósito diferente, el contenido es similar y reflejan, de forma consistente, la manera de entender el Judaísmo que tienen nuestros sabios.

En la Biblia hay varios ejemplos de rezos espontáneos. Por ejemplo, Hannah le rezó a Dios para poder tener un hijo y su pedido fue concedido con el nacimiento de Samuel. Pero en la época bíblica, eran los sacrificios la manera aceptada de relacionarte con Dios. Con la destrucción del primer Templo y el exilio a Babilonia, los judíos en la diáspora desarrollaron rituales alternativos a los sacrificios, ya que en Babilonia no los  podían hacer. Estudiar la Torá fue uno de ellos.

Muchas de las primeras plegarias eran salmos, himnos o poemas tomados de la Biblia a los que se les acompañaba con música. La primera plegaria que se escribió fue la Amidah y después le siguió el Shemah. Pasajes bíblicos fueron añadidos con el paso del tiempo. Un marco de referencia para los rezos existió en la época talmúdica y se rezaba de memoria.

El orden de los rezos se fijó finalmente hasta el siglo IX, al aparecer el que es hasta nuestros días el libro de rezos tradicional, el “Sidur” que quiere decir orden, del cual hay muchas versiones. El primero que se conoce es el Seder de Rav Amram Gaon de alrededor del año 850. El primer sidur impreso apareció en Europa en 1485.

El libro de rezos contiene plegarias escritas en todas las diferentes épocas de la historia judía. Es una antología de la creatividad literaria judía. Hay selecciones de la Biblia, el Talmud, los Midrashim, los escritos de Maimonides (el Ygdal) y de la Kabalah (Lejah Dodi). Hay rezos medievales como el Unetaneh Tokef  y rezos contemporáneos como la plegaria por el bienestar del Estado de Israel y del país donde se reside. Es un tesoro y un compendio de las creencias judías y está en constante evolución para poder expresar esas creencias en el lenguaje de cada generación.

Rezar en el Judaísmo es algo más que una expresión de nuestra fe. Nos da un sentimiento de pertenencia a una comunidad y afirma nuestro Judaísmo en un contexto social. Estar en la sinagoga  junto con otros que comparten nuestras creencias, es muchas veces más importante que el significado de las mismas palabras que decimos al rezar.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “What do Jews Believe? de David S. Ariel.

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24 Moshe Rabeinu y Rabi Akiva.

Está escrito en el Talmud, en Menahot 29b: “Rav Judah dijo en nombre de Rab: En el momento en que Moisés ascendió al cielo, se encontró al Kadosh Barujhu (Dios) sentado y poniéndole coronas a las letras (de la Torá). Y le dijo: Maestro del mundo, ¿qué detiene tu mano? Y Dios le contestó: Habrá un hombre que vendrá al final de varias generaciones con el nombre de Akiva ben Yosef quien investigará cada punto y cada forma de las letras (de la Torá) y sacará montañas y montañas de leyes (halajot). Moisés le dijo a Dios: “Maestro del mundo, enséñamelo” y Dios le dijo: Date vuelta. Y Moisés fue y se sentó en la octava fila (de la academia de Akiva) y no podía entender lo que se hablaba. Su fuerza desfalleció. Cuando llegaron a un determinado punto, los estudiantes le dijeron: Rabi (Akiva), como sabes esto? Él les contestó: es la ley de Moisés de Sinai. Esto calmó su mente. Moisés regreso con Dios y le dijo: Con un hombre como él y me escogiste a mí para darnos la Torá? Dios le contestó. Silencio, Así fue como lo pensé.”

Esta es la base del desarrollo de la tradición oral del Judaísmo. Cuando Moisés le preguntó a Dios porque seguía trabajando en Su Torá, Dios le contestó que Rabi Akiva, uno de los líderes de la tradición del siglo II iba a descifrar esos adornos y y descubrir nuevas leyes e interpretaciones en ellos. Esta explicación despierta la curiosidad de Moisés y es transportado doce siglos adelante a la academia de Akiva.

Moisés está confundido por no estar familiarizado con la ley rabínica, mejor dicho, con la interpretación rabínica de la Ley de Moisés y su intranquilidad lo hace sentirse extraño al mismo Judaísmo que él fundó. Su mente se tranquiliza cuando aprende que los rabinos le atribuyen a él el origen de sus leyes. Aunque esto lo reconforta, da la impresión de que no acaba de comprender como es que esto funciona.

Esta leyenda es una obra maestra dentro del mundo de la explicación rabínica de cómo pueden innovarse nuestras leyes y tradiciones sin violar lo escrito en la Torá. Los rabinos hicieron suficientemente elástica la creencia en el origen divino de la Torá para poder innovar pero a la vez suficientemente rígida para prohibir salidas radicales del texto original. Afirmaban, paradójicamente, que no estaban introduciendo nada nuevo, pues sus leyes eran inherentes a la Torá Oral, mientras que al mismo tiempo aceptaban que su sistema de interpretación sería difícil de entender, inclusive para alguien como Moisés mismo.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “What do Jews Believe? de David S. Ariel.

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23 ¿Por qué un solo Adán?

Los rabinos de la época talmúdica se preguntaron: ¿Por qué Dios creó un solo Adán? ¿Por qué no varios? Algunos decían que era para resaltar el valor del individuo. Otros para  enfatizar que todos los hombres son iguales, ya que todos provienen del mismo antepasado, Adán el padre de la humanidad.

Un solo hombre fue creado para enseñarnos que si alguien le quita la vida a una sola persona, dicen nuestros sabios, es como si destruyera el mundo entero, pero si una persona salva la vida de otra, es como si salvara al mundo entero. También la creación de un solo hombre tiene como objetivo la convivencia pacífica entre los hombres, pues ninguno puede decir: “mi padre es más grande o mejor que el tuyo”.

Un hombre puede troquelar muchas monedas usando un mismo molde y todas las monedas serán idénticas. Pero Dios concibe a cada ser humano usando como “molde” al primer hombre y sin embargo todos son diferentes entre sí. Como si todo el universo fue creado para mí.

Los rabinos concluyen que la creación del ser humano es el verdadero propósito de la creación misma. No hay ningún otro ser, más que el hombre mismo, que puede perfeccionar o destruir al mundo. Los seres humanos debemos estar conscientes que tenemos el dominio sobre la tierra y de las consecuencias que este hecho implica. No hay nadie más que pueda limpiar lo que el hombre ensucia. El Midrash nos cuenta: Cuando Dios creo a Adán lo llevó y le enseñó los árboles del Jardín del Edén y le dijo: “Que bella y esplendida es mi obra. Todo lo que he creado, lo he creado para ti. Cuídalo y no te corrompas y destruyas mi mundo. Porque si te corrompes, no habrá nadie más que lo pueda reparar”.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: “What do Jews Believe? de David S. Ariel.

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22 La Evolución: ¿De acuerdo a Darwin o a Dios?

En el siglo XIX Charles Darwin asombró al mundo con su “teoría de la evolución”. Lo que en aquel entonces les molestó a muchos de su teoría era la idea de que el hombre descendía de los monos. Para muchos, Darwin fue considerado el mayor de los herejes, pues decían que había sustituido la imagen divina por un chango.

Esta gente no entendió la idea principal de su teoría. La idea de la evolución está claramente plasmada en la Torá: en la historia de la Creación del mundo, la secuencia y el desarrollo siguen un patrón ascendente. Lo que fue creado primero es menos que lo que siguió después. Lean la narración en la Biblia y verán que las plantas fueron creadas antes que los animales, los peces antes que las aves, las aves antes que los animales de tierra, los animales antes que el hombre y la mujer. Este orden coincide con la teoría de Darwin. La única diferencia entre la teoría de la evolución y el relato bíblico es el hecho que esta última incluye en su narrativa al Gran Arquitecto, a Dios,  sin el cual nada de eso hubiera sucedido.

Si los monos precedieron al hombre, fue porque el hombre es un ser más avanzado. La distancia entre el mono y el hombre no es cuantitativa sino cualitativa. Y no puedes entender la concepción judía del mundo si no aceptas que no solo Dios existe sino que puso una parte de Él en la tierra. El hombre fue creado a “imagen y semejanza de Dios”. ¿Qué quiere decir esto? Lo que definitivamente no quiere decir es que nos parecemos físicamente. Dios no tiene una forma física. “A imagen y semejanza” no se refiere a la apariencia,  sino a algo más acorde con Su Esencia.

Compartimos algo con Él que nos da un componente divino. Por siglos, los estudiosos han discutido qué es esa característica que hace al hombre “semejante” a Dios. Algunos dicen que es el alma humana, porque esa misteriosa parte de nuestro ser es algo divino, ya que nos hace inmortales. Otros dicen que lo que compartimos con Él es Su Inteligencia reflejada en nuestra mente, ese regalo único que es nuestro cerebro. Otros se atreven a decir que lo que nos hace semejantes a Dios es el libre albedrío, nuestra libertad de escoger y decidir nuestro camino.

Ustedes pueden escoger una o todas las interpretaciones de nuestra “semejanza divina”, esto no cambia el resultado, pues a final de cuentas ambas concepciones, la evolutiva y la de la creación divina ponen al hombre en la parte más alta del esquema. Y en esto, Darwin coincide con Dios.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Jewish History and Culture del Rabino Benjamin Blech

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21 ¡¡Me las vas a pagar!!

La regla de oro: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18) está cimentada en el principio de que todos los hombres somos iguales,  ya que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y su aplicación no depende de que el prójimo me caiga bien o inclusive que sea o no mi amigo o mi enemigo. En Shmot 23:4  dice que “si te encuentras al buey o al asno de tu enemigo perdidos en el campo, se los debes llevar de regreso. Si el burro de tu enemigo está abrumado por su carga, debes ayudar a aligerársela”.

La venganza está prohibida. La ley del Talión, el famoso “ojo por ojo”, desde el principio fue explicada por nuestros sabios en dos sentidos: que el castigo debe ser proporcional al crimen cometido y que este castigo debe ser aplicado por una corte. Buscaban evitar las venganzas personales y humanizar las leyes para evitar los excesos en los castigos. Los rabinos también establecieron que el pago por un crimen sería, en la mayoría de los casos, una sanción económica proporcional al daño causado.

En Levitico 19:18 está escrito: “No debes tomar venganza o guardar resentimientos en contra de los hijos de tu propio pueblo”. “No digas, le haré a él lo mismo que él me hizo, le pagaré en la misma moneda por lo que me hizo” (Probervios 24:29). Esto no quiere decir que no se debe proceder en contra de alguien que cometió un crimen, al contrario, debemos de sancionarlo, pero dentro del marco de la ley y no por tu propia mano.

Maimonides en su Mishne Torah lo resume de la siguiente manera:” Le está prohibido al hombre ser duro e irreconciliable y debe ser fácil de apaciguar y difícil de ser provocado. Si el que ofende se disculpa (sinceramente) lo debe perdonar de todo corazón  y con espíritu dispuesto. Si el otro te  ha acosado y pecado en contra tuya, no debes tomar venganza ni guardar rencor”. (Hiljot Teshuvah  2:10).

Entonces, de verdad crees que puedes o debes decir: ¿Me las vas a pagar?

Por Marcos Gojman

Bibliografía: The Jewish People, their history and their religión, por los rabinos David J. Goldberg y John D. Rayner

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20. “Tratado de economía talmúdica”

El Trabajo.- Hay en la tradición judía un énfasis considerable al valor del trabajo. Inclusive el cuarto mandamiento, que define el descanso sabático, empieza diciendo: “Seis días trabajarás y harás toda tu labor…”. Los rabinos, que consideraban el estudio de la Torá como la actividad más elevada, reconocían que debía combinarse con una ocupación mundana. En Pirkei Avot 2:2  Raban Gamliel dice: “El estudio de la Torá debe complementarse con el trabajo, pues la dedicación a ambos nos alejan del error. Todo estudio que no va acompañado de un trabajo se torna improductivo y conduce al error”. Los mismos rabinos de la época de la Mishnah tenían una ocupación. Es una obligación del padre enseñarle un oficio al hijo (Tosefta, Kidushin I:II). Y no sólo por necesidad económica, sino por la propia autoestima: “Grande es el trabajo, pues le confiere dignidad a aquellos que lo hacen” (Nedarim 49b).

Las relaciones laborales.- El judaísmo enfatiza la responsabilidad del patrón de tratar a sus empleados de una manera justa y considerada. La mitzvah que nos ordena pagarle su salario a un empleado el mismo día (Levitico 19:13) produjo muchos comentarios rabínicos que buscaban proteger al empleado. Inclusive, y aunque la esclavitud era permitida en la época bíblica, la Torá ordenaba que también tu esclavo debía descansar en Shabat.

El comercio.- El comercio debe conducirse de manera honesta y justa. El Levítico 19:36 dice: tendrás pesas justas y balanzas justas…” y en el 25:14 dice: “Y si le vendes a tu vecino o le compras a tu vecino, no se harán daño uno al otro.” El Talmud explica las implicaciones de estas mitzvoth.

La asistencia social.- La sociedad tiene una responsabilidad especial hacia sus miembros más débiles: los huérfanos, las viudas, los ancianos, los discapacitados, los pobres y el extranjero. Todos ellos son mencionados en varias mitzvoth y en los exhortos de los Profetas y se busca protegerlos y ayudarles.

Las finanzas.- Hay un mandamiento bíblico que claramente prohíbe el prestar con interés a los pobres. En la época actual, con las complejidades del quehacer económico, hace su aplicación un asunto difícil. Pero el fondo del asunto, el proteger al pobre del abuso económico, sigue siendo válido.

Así pues, podemos decir sin temor a equivocarnos, que el punto de vista del Judaísmo sobre cualquier teoría económica se centra en la calidad moral de la sociedad que produce y qué tipo de relaciones humanas fomenta. La libertad, la justicia, la hermandad y la compasión son valores esenciales para cualquier gobierno, sin importar de que signo sea. Como ven, la Torá y  el Talmud también nos enseñan economía, pero economía ética.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Jewish People, their history and their religion, de David J. Goldberg y John D. Rayner.

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19 Tzedaka:¿ caridad o justicia?

El Judaísmo enfatiza que los que tienen, cuando le dan a los que no tienen, no están haciendo un acto de caridad sino de justicia. También al hacerlo, no le otorga un sentido de superioridad al que da, sobre el que recibe. La Torá se refiere al que recibe como “tu hermano” para enfatizar que es alguien igual a ti.

En el libro de Salmos, 41:1 está escrito: “Bendito es el que considera a los pobres” y el Talmud lo interpreta en el sentido de que debemos dar, al mismo tiempo que valoramos cual es la mejor ayuda que le podemos prestar a determinada persona. También la literatura rabínica habla de que el dar debe hacerse de forma anónima o en secreto, para no humillar al que lo recibe. En época del Templo existía una caja de caridad administrada públicamente, lo que mantenía en el anonimato tanto al que daba como al que recibía.

Maimonides fijó las enseñanzas de los rabinos sobre este tema, con su lista de los ocho grados de caridad. En orden ascendente son los siguientes:

  1. Dar a regañadientes.
  2. Dar con gusto pero menos de lo que podrías dar.
  3. Dar sólo cuando te lo piden.
  4. Dar antes de que te lo pidan
  5. Dar de tal manera que el que recibe sabe quién se lo dio, pero el que da no sabe quién lo recibió.
  6. Dar de tal manera que el que da sabe quién lo recibe, pero el que recibe no sabe quién se lo dio.
  7. Dar de manera anónima a una institución de beneficencia de la comunidad.
  8. Ayudar a alguien que se ha empobrecido a levantarse, dándole un regalo o un préstamo, asociándolo en un negocio o ayudándola a encontrar un trabajo.

El dar Tzedaka es una de las mitzvoth que más valor le da la tradición judía. En el tratado de Bava Batra (9ª) los sabios dicen que vale tanto como todas las otras mitzvoth juntas. Sin embargo, las buenas acciones, Guemilut Jasadim, son éticamente superiores  a Tzedaka, ya que implica el involucrarse personalmente y no es sólo “caridad de chequera”, además de que las buenas acciones se hacen para pobres y también para ricos.

Tzedaka sin lugar a dudas, pertenece al grupo de mitzvoth  “Bein adam lejavero”, las mitzvoth éticas. Y si se hace de manera correcta, nadie debería de enterarse ya que a final de cuentas, es sólo un acto de justicia.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Jewish People, their history and their religión, de David J. Goldberg y John D. Rayner.

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