13 El Talmud, una obra que lleva más de 1800 años escribiéndose.

En el libro de Shmot (24:12) esta escrito:“Dios le dice a Moisés: Ven a mí a la montaña y espera ahí y te daré las tablas de piedra con las enseñanzas y los mandamientos que he escrito para enseñarles.” Y Moisés estuvo en la montaña cuarenta días y cuarenta noches. Y mucho de lo que Dios le dijo a Moisés quedó escrito en la Torah, pero otros mandamientos, dicen nuestros sabios, quedaron en la memoria de Moisés.

Por ejemplo, en Devarim 12:21 dice: “…puedes matar cualquier animal de tu rebaño o de tus ovejas…….tal como te he instruido….”.  Pero en ningún lado la Torah escrita explica cómo se hace la matanza de animales de acuerdo a las leyes divinas. Nuestros sabios interpretan que esos mandamientos son parte de la Torah oral que Dios le dio a Moisés.

Toda la parte oral de la Torah quedó finalmente escrita en el Talmud. El Talmud es la Torah Oral, una obra extraordinaria escrita por nuestros sabios a lo largo de varios siglos y continuada por generaciones y generaciones de estudiosos. Y podríamos decir que aun en nuestros días se sigue agregando comentarios a los textos originales.

Imaginen ahora que al no haber imprentas, las más de 2.5 millones de palabras que conforman la Mishnah y Guemará  (Mishnah + Guemarah = Talmud) tenían que ser transcritas a mano. Fue la familia de Daniel Bomberg, quienes no eran judíos, los que hicieron las primeras ediciones del Tamud a gran escala en los años 1520 y 1523 de nuestra era.

Muchas ediciones siguieron a esta primera y una de las más famosas es la de Vilna, hecha por la viuda y los hermanos Romm entre 1927 y 1932.  Una página de esa edición del Talmud tenía:

-Al centro el tratado de la Mishnah que marcaba el tema y que data del año 200 E.C.

-Abajo la parte correspondiente de la Guemara del año 500.

-Al lado los comentarios de Rashi, quien vivió en Francia entre el año 1040 y el 1105.

-Del otro lado de los comentarios de Rashi  estaban los comentarios de los Tosafim, sabios que vivieron en Francia y Alemania en los siglos 12 y 13.

-Al su lado los comentarios de Rabi Nissim Ben Jacob, sabio que vivió en Tunez en el siglo 11.

-Luego casi hasta la parte de abajo de la página hay notas de Rabi Akiva Eiger que vivió en el imperio Austro Húngaro de 1761 a 1837.

-Debajo de esta nota hay una nota anónima, probablemente hecha por el editor.

-También hay una especie de marcas en los márgenes, referencias a códigos medievales, a otros pasajes del Talmud y correcciones a las pruebas de la edición de Joel Sirkes, Polonia 1561-1640.

En la edición de Vilna hay textos que van del año 200 al año 1930. Y como ya no cabían más comentarios, al final de cada tratado se incluían los de grandes sabios como el Maharsha y otros comentaristas. Gracias a todos ellos, el Judaísmo se mantiene joven y actualizado.  Dato curioso: cada tratado empieza en la página 2. Le falta la página 1, como símbolo de que no se ha terminado el trabajo. A pesar de que ya llevamos más de 1800 años haciéndolo.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Talmud, del Rabino Aaron Parry.

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12 ¿Qué tan observante hay que ser para ser religioso?

El Rabino Bradley Shavit Artson, en su libro “It´s a Mitzvah!” (Es una Mitzvah!) nos dice: “ El lenguaje del Judaísmo son sus mitzvot, son los mandamientos con los que el judío hace del mundo un lugar más sagrado, más sensible, más justo y más compasivo. Algunas mitzvot pareciera que se enfocan principalmente a lo ritual, como las leyes de Kashrut o las de Shabat, mientras que otras se enfocan más a consideraciones éticas, como el cuidado de los ancianos o el visitar a los enfermos.”.

La Enciclopedia Judaica Jerusalem, en su artículo sobre los 613 mandamientos, los agrupa en 31 categorías, 18 positivas y 13 negativas. Usando la misma lógica y al aplicarla a la lista de los 271 mandamiento vigentes del Sefer Hamitzvoth HaKatzar del Jofetz Jaim, podríamos agruparlas  más o menos en los siguientes grupos:

En primer lugar, el grupo más numeroso es el de los mandamientos éticos, con cerca de 90 mitzvoth. Incluye, entre otros, el respetar a tu padre y a tu madre, querer a todos los judíos como a ti mismo, querer al extranjero que vive contigo, ayudar a los pobres, pagar los salarios de nuestros empleados puntualmente, devolver lo robado o lo perdido a su dueño, no jurar en vano, no mentir, no matar a ningún ser humano, no engañar en actos de comercio, no desear nada de tu prójimo, no ofender con palabras a tu prójimo, no hacer sufrir a las viudas y a los huérfanos, no prestar dinero con interés, no hablar mal de otra persona, no avergonzar a tu compañero, no engañar al medir o al pesar algo, no vengarse, tratar de rescatar al que está en peligro, levantarse ante un anciano, no oprimir al extranjero justo (guer tzadek) con palabras.

El segundo grupo, con más de 30, es el que se refiere a las festividades: Shabat, Pesaj, Shavuot, Rosh Hashana, Yom Kipur y Sukot. Marca los días que no se debe de trabajar, lo que debemos comer en cada caso, contar el Omer, etc.

Siguen los mandamientos que prohíben la idolatría y la brujería, con más de 25, las reglas relacionadas a la comida y a la agricultura con casi igual número de mitzvoth, las relaciones sexuales prohibidas, con más de 20. El creer en Dios y rezar, también cerca de 20. Lo relacionado a jueces, juicios y testigos, casi 15, lo relativo a los cohanim, como 10, al matrimonio 8, arreglo personal igual 8, cuidado de los animales 10, y otras más difíciles de agrupar como el no olvidar lo de Amalek. El aprender Torah y enseñarla, el de juntarse con los estudiosos de la Torah y sus discípulos, el de honrarlos, son mitzvoth especialmente significativas por el énfasis que se pone en el estudio.

Se dice que una persona religiosa es la que cumple con las mitzvoth. Hay mitzvoth que son muy visibles, como cuidar las fiestas y comer kasher. Hay otras, como las relacionadas a la idolatría o las  relaciones sexuales prohibidas, que casi todo mundo las cumple. Pero las mitzvoth éticas, las que son “Benei Adam Lejaveroh”, las del hombre con su prójimo, las que no se pueden comprobar si alguien las transgrede, son menos visibles. La pregunta entonces es: ¿Qué tan religioso eres?

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Las obras citadas en el texto.

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11 Y todo por una manzana.

Todos conocemos el cuento que se relata en los primeros capítulos del Génesis, donde Dios, después de haber terminado La Creación, les dice a Adán y Eva que pueden comer de cualquier árbol menos del árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Luego viene la escena de la serpiente, Eva come de la fruta prohibida y le convida a Adán, se dan cuenta de que estaban desnudos y les da pena, Dios los cuestiona y los castiga expulsándolos del Paraíso, no vaya a ser que además coman del Árbol de la Vida y se vuelvan inmortales.

Comer del árbol del Conocimiento del Bien y del Mal le dio al hombre la capacidad de tomar decisiones éticas o morales  y por lo tanto el poder actuar bien o actuar mal. Después de comer la manzana, la relación del hombre con Dios cambió totalmente. En el Paraíso el hombre era indiferente a la cuestión moral, en el Paraíso no existía la posibilidad de escoger entre el bien y el mal. Fuera del Paraíso el hombre se convirtió en un ser que podía escoger, que podía decidir.  Y ese decidir estaba influido por el Yetzer Hara, el impulso a la maldad y el Yetzer Hatov, el impulso a la bondad. Y Dios nos ayuda a escoger a éste último, a través de las Mitzvoth. Cumplirlas es el camino que El quisiera que tomáramos.

Decir que conoces todo lo bueno y todo lo malo de algo, quiere decir que lo conoces completamente. Haber comido del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, nos cambió también en un sentido intelectual. El hombre desde ese momento, tiene la necesidad de conocer, de comprender todo de todo. Queremos entender la Creación Divina y también crear por nuestra cuenta. La manzana nos hizo querer imitar a Dios.

También la manzana despertó nuestra sexualidad. Era parte del plan divino. Si Adán y Eva se hubieran quedado en el Paraíso, en algún momento hubieran comido del Árbol de la Vida y hubieran sido inmortales. Al ser expulsados y siendo mortales, la única manera de perpetuar la especie era la procreación.

Los estudiosos se preguntan: ¿Realmente Dios hubiera querido que Adán y Eva se quedaran en el Paraíso? ¿Qué quería Dios del hombre: que fuera completamente obediente o potencialmente retador? ¿Que fuera un autómata moral o un espíritu libre? El hombre finalmente, al ser expulsado del Paraíso, fue condenado a nada más y a nada menos, que a convertirse en un ser humano.  Y todo por una manzana.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “The Torah, a Modern Commentary”, editado por W. Gunther Plaut.

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10 ¿Cual es la Mitzvah más importante? ¿Acaso no todas fueron creadas igual de importantes?

En Pirkei Abot, nuestros sabios dicen que tenemos que ser tan cuidadosos al ejecutar una mitzvah menor como al ejecutar una mitzvah mayor. Todas las mitzvoth deben cumplirse de igual manera.

¿Pero qué pasa en esas ocasiones en que dos mandamientos entran en conflicto uno con el otro, o las dos mitzvoth se tienen que cumplir en el mismo momento y sólo podemos cumplir una de ellas, lo que nos obliga a escoger? La pregunta de fondo es: ¿hay opciones dentro de la Tora?

Nuestros sabios nos hablan de dos tipos de mitzvoth. Una persona puede hacer una mitzvah que es solo en su propio beneficio, pero que no beneficia a otras personas. Por ejemplo, la mitzvah de ponerse Tefilim o de comer matzah en Pesaj. Por más que alguien se esmere al  hacer estas mitzvoth, el hecho es que solo lo beneficia a él mismo y no beneficia a otro. Su devoción debe ser reconocida, pero no se puede comparar con aquel que, al cumplir con una mitzvah, beneficia a otros. Por ejemplo las mitzvoth de caridad y de hospitalidad, el cuidar y preocuparse por otros.

Las mitzvoth que sólo benefician a uno mismo en la Mishnah, se les conoce como mandamientos entre el hombre y Dios, “Bein Adam Lamakom”. Las mitzvoth que benefician a otra persona, son conocidas como mandamientos entre el hombre y su semejante, “Bein Adama Lejavero”. Y nuestros sabios claramente nos marcan que si tenemos que escoger entre un mandamiento “hombre y Dios” y un mandamiento “hombre y su semejante”, debemos escoger éste último.

Algunos ejemplos de mitzvoth hombre y Dios son:

*Recitar el Shema en la mañana y en la noche.

*Amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.

*Ayunar en Yom Kipur.

*No comer taref.

*No cocinar carne con leche.

Algunos ejemplos de mitzvoth persona y su semejante:

*Respetar a tu madre y a tu padre.

*Tener afecto o cariño al extranjero (Guer).

*No jurar falsamente al negar una deuda de dinero.

*Pagar puntualmente el salario de un trabajador.

*No engañar al otro en asuntos de compra o venta.

Nuestros sabios lo explican muy claro: en el caso de tener que escoger el umplir un mandamiento entre el hombre y Dios o el hombre y su semejante, tenemos que escoger a este último, porque Dios no necesita de nosotros, pero nuestro semejante sí.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “Understanding Judaism, the basics of Deed and Creed”, del Rabimo Benjamin Blech.

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9. Mitzvot para todos: Las Leyes de Noé, una base común para judíos y gentiles.

Hay siete mandamientos que la tradición rabínica considera como la mínima obligación moral de todos los hombres. Los judíos deben observar los 613 mandamientos de la Torá, pero aquellos gentiles que acepten estas siete obligaciones, se les considerará como hijos del pacto que Dios hizo con Noé y se les asegurará un lugar en «El Mundo Venidero» (Olam Habá). Estas reglas, conocidas como las “Leyes de Noé”, extienden el mandato divino al entorno no judío.

Estos siete mandamientos se basan en versículos de la Torá, como Génesis 2:16,17, donde Dios le prohíbe al hombre el comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, Génesis 9:4 y 6, que dicen: “Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis” y “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada.”, y Levítico 24:15 que dice: “Cualquiera que blasfeme contra su Dios llevará su culpa.”

La tradición oral recopilada en el Talmud, nos habla de cómo nuestros sabios interpretaron estos versículos en varios tratados, como en Breishit Rabbah 34:8 que dice: “R. Aivu dijo: A los hijos de Noé se les ordenó siete cosas: [No a la…] idolatría, incesto, asesinato, maldición del Nombre Divino [blasfemia], derecho civil y una extremidad arrancada de un animal vivo. El rabino Chanina ben Gamliel dice: también sobre la sangre de un animal vivo. El rabino Eleazar dice: también contra la mezcla de especies. El rabino Shime’on ben Yochai dice: también contra la brujería. El rabino Yochanan ben Beroka dice: también contra la emasculación. El rabino Assi dijo: Los hijos de Noé fueron ordenados con respecto a todo lo que se dice en la oración: ‘No se encontrará entre ustedes a nadie que haga pasar a su hijo o hija por el fuego.” (Deuteronomio 18:10)

Las siete leyes de Noé aceptados por la mayoría de nuestros sabios son:

  • No practicar la idolatría.
  • No usar el nombre de Dios en vano. No blasfemar.
  • No Matar. No derramar sangre.
  • Evitar las relaciones sexuales prohibidas.
  • No robar o asaltar.
  • No comer carne de un animal vivo.
  • El establecer cortes de justicia, o sea un sistema legal.

Maimónides considera a los justos de las naciones como aquellos que tendrá una parte en el mundo venidero, aunque no sean judíos, con la condición de que cuiden estas leyes. Él decía que ellos tienen derecho a todo el apoyo moral y material de la comunidad judía y a recibir los honores más altos. Pensadores modernos como Moisés Mendelssohn y Hermann Cohen subrayaron cómo las Leyes de Noé marcaron una base común entre el pensamiento gentil y el pensamiento judío.

Por: Marcos Gojman.

Bibliografía: Rabino Yaakov Menken “The everything Torah Book”, Jeffrey Spitzer “The Noahide Laws” y otras fuentes.

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8. La Creación: el terreno donde la religión y la ciencia convergen.

Está escrito en los primeros versículos del libro de Génesis: “1. En el principio (en hebreo: “Breishit”) creó Dios los cielos y la tierra. 2. Y la tierra estaba no formada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y un viento de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 3. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 4. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.”

El hombre siempre se cuestionó sobre el origen del universo. Hasta la mitad del siglo XX, la teoría científica se aferraba firmemente a la idea de que el universo era eterno, que no tuvo principio ni tendrá fin. La idea de que el universo si tuvo un principio, como lo plantea la Torá en sus primeros versículos, era considerada imposible. La ciencia y la religión parecían estar enfrascadas en un duelo. Por esa razón, los rabinos optaron por prohibir el cuestionar el origen del universo, con este Midrash que dice: “¿Porqué el mundo fue creado con la letra B (“Bet” en hebreo)? Así como la forma de la letra “Bet” está cerrada por tres lados y abierta sólo por el frente, así tu no tienes permiso de investigar lo que está por encima (los cielos), lo que está por debajo (lo profundo), lo que fue antes (de los seis días de la creación). Tu sólo tienes permiso de investigar a partir del momento que el mundo fue creado.”

En 1931, Georges Lemaitre presentó la primera formulación explícita de la teoría del Big Bang, una nueva teoría que afirmaba que el universo comenzó en un momento preciso y que Georges llamó «Teoría del átomo original». En 1933, Einstein y Lemaître celebraron una serie de conferencias en California. Después de escuchar a Lemaître explicar su teoría en uno de estos seminarios, Einstein se puso de pie y dijo: «Esta es la explicación más hermosa y satisfactoria de la creación que he escuchado». (1) Los científicos que siguen la teoría de Lemaitre, como George Gamow, explican que cuando algo o Alguien dijo, «Hágase la luz», la tremenda energía que se creó fue la base de toda la materia que existe en el universo. En 1960, era técnicamente posible detectar la radiación electromagnética predicha por la teoría del Big Bang y así validar sus conclusiones.

El rabino Bradley Shavit Artson nos presenta una postura diferente: “En lugar de pensar en la creación como si nada hubiera existido previamente y después, en un instante, todo de repente existió, el Pensamiento en Proceso toma un punto de vista más de desarrollo”. El versículo 1:2 del Génesis, dice Artson, nos lleva a reconocer que esa obscuridad “no formada y vacía”, el “tohu va-vohu” en hebreo, ya existía cuando Dios “empezó a crear” el cielo y la tierra, usando los términos con los que el New Jewish Publication Society traduce el concepto de Breishit Bara. Dios empieza a hablar para ordenar y diversificar cada vez más al mundo. Por eso Artson dice que la creación es un proceso continuo que no termina nunca.

Científicos como George Gamow y teólogos como el rabino Artson han tomado conceptos uno del otro para explicar de dónde salió todo. Ninguno ha podido responder la gran pregunta sin apoyarse en el otro. La creación sigue siendo el terreno donde la ciencia y la religión convergen.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: (1) Alberto López, artículo sobre Georges Lemaitre en “El País”. Benjamin Blech “Understanding Judaism”, Bradley Shavit Artson “Ba derej, en el camino, una presentación de la Teología en Proceso”.

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7. Torá She Balpe: la sabiduría que evoluciona al pasar de maestro a alumno.

Cuando se terminó de compilar la Biblia, nuestro Tanaj, el judaísmo entró en una nueva era. Los judíos ya no tenían que depender de los profetas para conocer la palabra de Dios. Ahora tenían la Torá escrita y los rabinos y los estudiosos interpretaban su significado. A estas interpretaciones se les llamó Torá She Balpé, la Torá Oral. El judaísmo ortodoxo sostiene que esa Torá Oral se la dio Dios a Moisés al mismo tiempo que le daba la Torá escrita. Las ramas no ortodoxas del judaísmo opinan diferente, pues consideran que la Torá Oral es el trabajo de interpretación constante de muchas generaciones de sabios. Con todo, la necesidad de legitimar las nuevas interpretaciones, tengan o no origen divino, quedó plasmada en el primer versículo de Pirkei Abot (1:1) que dice: “Moisés recibió la Torá en Sinai, se la transmitió a Yehoshua, y Yehoshua a los ancianos, los ancianos a los profetas, y los profetas a los miembros de la Gran Asamblea.”

La Torá Oral representa aquellas leyes, estatutos e interpretaciones legales que no fueron registradas en los cinco libros de Moisés, la Torá escrita. Según la tradición, la Torá Oral se transmitió de boca en boca por una cadena ininterrumpida de generaciones de sabios, hasta que finalmente sus contenidos se empezaron a poner por escrito, después de la destrucción del Segundo Templo en el año 70 EC, cuando el judaísmo se enfrentó a una amenaza existencial. En el año 200 de nuestra era, Rabi Yehuda Hanasi decidió editar todas estas interpretaciones de los rabinos en lo que conocemos como la Mishnah.

Esa primera recopilación de las interpretaciones de los rabinos no terminó con la constante discusión entre los estudiosos. Nuestros sabios se seguían cuestionando, por ejemplo: ¿Qué quiere decir cuidar el Shabat? ¿Qué si se puede hacer y qué no? Varios siglos después de haberse editado la Mishnah, se compilaron más interpretaciones, en lo que conocemos como la Guemará. Ambas, Mishnah y Guemará forman el Talmud, la Torá Oral.

La Torá Oral, explicada de maestro a alumno, es la interpretación que nuestros sabios dan a los mandamientos. Dios permitió que su voluntad se filtrara a través del intelecto de aquellos que estudian sus mitzvot. Y esos diálogos, esas conversaciones, no solo han grabado los mandamientos divinos, sino también la continua respuesta de los hombres. A los rabinos les encantaba discutir entre ellos y llegaron a especializarse en los detalles más pequeños y minuciosos. Por eso, la labor de seguir interpretando no ha terminado. No es de extrañarse que la gente admire más a estos estudiosos que a los mismos profetas bíblicos. Los profetas repetían lo que habían escuchado, los estudiosos demostraban la belleza de combinar la sabiduría humana con las palabras de Dios. Una sabiduría que evoluciona constantemente, pues pasa de maestro a alumno.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “Understanding Judaism”, del Rabino Benjamin Blech y otras fuentes.

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6. 613 mandamientos: El verdadero premio después de haber sido liberados de Egipto.

Rabí Yosef Kanefsky dice: “La verdadera esencia de la Redención, la salida de los hebreos de Egipto, no es el haber pasado de la esclavitud a la libertad, sino más bien la adquisición y promulgación de un cuerpo de leyes que dignifica, santifica y eleva nuestros pensamientos y acciones, tanto a nivel individual como nacional. La Redención, en su raíz más profunda, es tomar posesión, y finalmente crear, una sociedad basada en un cuerpo de leyes justas, que encarna el camino de Dios.”

Kanefsky continúa: “Porque no eran sólo simples mandamientos, la Halajá ritual, lo que recibimos al ser redimidos. Con la Torá, Moisés también nos estaba dando la ley sobre cómo y cuándo incluir al extranjero que desea celebrar el Pesaj con nosotros y cómo debemos establecer una sola ley y una sola Torá, tanto para el nativo nacido entre nosotros, como también para el forastero.”

La Torá es un manual de conducta, no es un catequismo de creencias. Fue en el Sinaí donde Moisés recibió la orden divina de enseñarle al pueblo 613 mandamientos. El mismo Dios que sacó a los hebreos de la esclavitud en Egipto, no sólo les enseñó el valor de la libertad, sino que ahora les exigía estar atados a la disciplina de los mandamientos divinos.

¿Suena como una contradicción? Para nada. Dios quería que los hebreos aprendieran lo que decía Will Durant, el gran historiador, al referirse a la lección más importante que la historia enseña: “El hombre se hizo verdaderamente libre cuando reconoció que tenía que someterse a la ley”.

Algunos dicen: el judaísmo más que un sustantivo, es más bien un verbo. Sus leyes acompañan al judío desde el momento que abre los ojos en la mañana, hasta cómo debe acostarse en la noche; cómo debe manejar los asuntos en su negocio, cómo debe tratar a sus padres, a su pareja, a sus hijos y como conmemorar los eventos que marcan su vida. Es un manual de cómo vivir.

Por varias razones, muchos de los 613 mandamientos ya no son aplicables en nuestra época. La principal, aunque no la única que impide cumplir con muchos de los mandamientos, es el hecho de que no tenemos más el Templo de Jerusalem.  El rabino Israel Meir Kegan, el Jafetz Jaim, (1838-1933), escribió el Sefer Hamitzvoth Hakatzar, un compendio de las mitzvoth que sí siguen siendo válidas en nuestros días: 271 que aplican para todo el mundo judío y 26 que sólo aplican en Israel.

Nuestros sabios le han dedicado mucho tiempo y esfuerzo a estudiarlas, comentarlas, entenderlas, enseñarlas y aplicarlas.  Muchas de ellas son valores universales. Más que el ser liberados de Egipto, las mitzvoth, los mandamientos, fueron el verdadero regalo de Dios.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía:  Benjamin Blech “Understanding Judaism”, el Jafetz Jaim “The concise book of Mitzvoth” y artículo de Yosef Kanefsky en “Morethodox”.

 

 

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5. Pikuaj Nefesh: Para cumplir este mandamiento, se requiere a veces violar otro.

En el judaísmo, la preservación de la vida humana tiene prioridad sobre casi todos los mandamientos. El Talmud enfatiza este principio al citar el versículo de Levítico 18:5 que dice: «Por lo tanto, guardarás mis estatutos y mis leyes, por los cuales el hombre vivirá si los cumple; yo soy el Señor”. Y los rabinos así lo explican en el tratado Yoma 85b del Talmud: «Que él vivirá por ellos y no que él muera por ellos”. A este principio se le llama “Pikuaj Nefesh”, “salvar una vida”.

En 1848, una epidemia de cólera brotó en la ciudad de Vilna. El rabino de la ciudad era Rabi Israel Salanter, una de las grandes luminarias de su tiempo. Para Yom Kipur, los doctores le habían aconsejado que todos deberían comer y no sólo los que estaban enfermos, para que no se debilitaran y fueran así más susceptibles de contraer la enfermedad. Rabi Salanter pensó que no sería suficiente el sacar un edicto de que todos tenían que comer en Yom Kipur este año. Tenía miedo de que algunas gentes no le hicieran caso a su proclamación. En lugar de eso, subió al estrado en la sinagoga, en el día más sagrado del año, tomó un poco de vino y pastel, recitó las bendiciones y luego bebió y comió frente a toda la congregación. Les dijo que lo que hacia no era violar las leyes de Yom Kipur, sino cumplir las leyes que obligan a preservar la propia salud.

El principio de Pikuaj Nefesh tiene sus propias reglas. Primero, se debe específicamente salvar la vida de una o varias personas que tengan nombre y apellido, como fue el caso de la comunidad de Rabi Salanter y no en general, como, por ejemplo: “si no hago tal acción, muchos podrían perder la vida”. No sólo la persona debe estar en peligro de perder la vida, sino también de perder alguna parte de su cuerpo, la función de un órgano o de padecer una enfermedad que acorte su vida. Un simple dolor no cuenta. Y si no se puede determinar si está en peligro la vida o no, por principio, la situación debe considerarse como peligrosa, hasta que se demuestre lo contrario.

No todos los mandamientos tienen relevancia para este tema. En el Talmud, los rabinos presentan ejemplos de mandamientos que sí la tienen y que se deben violar en caso de “Pikuaj Nefesh”, como son las reglas de Shabat, de las festividades y de la comida kosher, entre otras. Pero el practicar la idolatría, blasfemar y el tener relaciones sexuales prohibidas, son mandamientos que no se pueden infringir para salvar una vida. Tampoco está permitido terminar o poner otra vida en peligro, incluyendo la tuya, para salvar la vida de otro.

Ovadia Yosef, quien fuera el Gran Rabino Sefaradí de Israel, dictaminó que uno puede donar un órgano a una persona en necesidad crítica, siempre que no ponga en riesgo su propia vida. Igual, el salvar una vida anula la prohibición de profanar un cadáver, pues se pueden utilizar sus órganos para salvar a alguien. Por último, en el caso de que uno deba decidir si salva su propia vida o la de otra persona, Rabi Akiva declara que debes salvar tu vida antes que la del otro.  “Y escogerás la vida, dijo Dios”. Aunque para cumplir este mandamiento, tengas que violar otro.

Por: Marcos Gojman.

Bibliografía: Understanding Judaism de Benjamin Blech y otras fuentes.

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4. Nos dieron las preguntas antes del examen final.

A nadie le gustan los exámenes finales. Y menos justo en el momento cuando terminamos nuestros días en este mundo. La buena noticia es que nos dieron las preguntas del examen por adelantado. A Dios no le gusta sorprendernos. Este pasaje talmúdico marca los parámetros bajo los cuales nuestras vidas van a ser juzgadas a la entrada de la eternidad. “Dijo Raba: después de partir de este mundo, cuando a una persona se la trae a juicio por la vida que vivió en él, le preguntan en el orden de este verso:

¿Te comportaste en tus negocios de manera honesta?

¿Designaste un tiempo de manera habitual para estudiar la Torá?

¿Estuviste involucrado en criar hijos?

¿Trabajaste para mejorar al mundo?”                   Talmud, Shabbat 31ª.

Resalta el hecho de que la primera pregunta que nos hacen no es ¿crees en Dios? o ¿ayunaste en Yom Kipur?, sino ¿fuiste honesto? Muchos asocian el ser un buen judío sólo con la observancia de las mitzvot, especialmente las que son muy visibles. Cuidar o no el sábado, comer o no kosher, ponerse o no tefilín en la mañana, para muchos es suficiente para considerar a alguien como un buen judío o no. Pero el ser honesto en los negocios es algo que no se distingue a simple vista. Lo importante de este pasaje del Talmud es que pone a la ética en el centro del judaísmo. La primera preocupación de Dios no es si la persona cree en Él o si cuida escrupulosamente no comer jametz en Pesaj. Le preocupa más si la persona fue “a mensch”, un ser humano honorable.

La segunda cuestión trata del estudio de la Torá. Los mandamientos, mitzvot,  que definen la conducta entre una persona y su prójimo son la base de la ética judía. Por eso es importante estudiar la Torá. Ahí es donde la persona aprende a ser ética y a comportarse como parte de un grupo social, en particular el pueblo judío. Estudiar la Torá es más que aprenderse de memoria los mandamientos, estudiar la Biblia es finalmente, entender la naturaleza humana, especialmente entenderse a uno mismo. No hacerlo es no desarrollarte y no crecer intelectual y espiritualmente, es haber desperdiciado tu tiempo de vida.

La tercera se refiere a los hijos. I.L.Peretz, el gran escritor judío, decía: “Los hijos constituyen la eternidad del hombre”. Criar hijos es la forma de pasar nuestros valores y nuestros anhelos de un mundo mejor, a las siguientes generaciones.

La cuarta es el trabajar para tratar de redimir nuestro mundo. Es la visión de que el pueblo judío es parte integral de toda la humanidad y que buscar el “Tikun Olam”, reparar el mundo, en la medida de las posibilidades de cada uno, es una obligación de todos. Dice Rabi Tarfon en Pirkei Avot: “No estás obligado a concluir toda la obra, pero tampoco eres libre de desistirte de ella.”

Tus respuestas a las cuatro preguntas retratan tus acciones hacia tu prójimo, hacia ti mismo, tu familia y hacia el mundo. Nos dieron las preguntas con anticipación, para que vayamos contestándolas lo mejor posible antes de llegar al examen.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Joseph Telushkin “Jewish Wisdom”, Benjamin Blech “Understanding Judaism”.

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