8. La Creación: el terreno donde la religión y la ciencia convergen.

Está escrito en los primeros versículos del libro de Génesis: “1. En el principio (en hebreo: “Breishit”) creó Dios los cielos y la tierra. 2. Y la tierra estaba no formada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y un viento de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 3. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 4. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.”

El hombre siempre se cuestionó sobre el origen del universo. Hasta la mitad del siglo XX, la teoría científica se aferraba firmemente a la idea de que el universo era eterno, que no tuvo principio ni tendrá fin. La idea de que el universo si tuvo un principio, como lo plantea la Torá en sus primeros versículos, era considerada imposible. La ciencia y la religión parecían estar enfrascadas en un duelo. Por esa razón, los rabinos optaron por prohibir el cuestionar el origen del universo, con este Midrash que dice: “¿Porqué el mundo fue creado con la letra B (“Bet” en hebreo)? Así como la forma de la letra “Bet” está cerrada por tres lados y abierta sólo por el frente, así tu no tienes permiso de investigar lo que está por encima (los cielos), lo que está por debajo (lo profundo), lo que fue antes (de los seis días de la creación). Tu sólo tienes permiso de investigar a partir del momento que el mundo fue creado.”

En 1931, Georges Lemaitre presentó la primera formulación explícita de la teoría del Big Bang, una nueva teoría que afirmaba que el universo comenzó en un momento preciso y que Georges llamó «Teoría del átomo original». En 1933, Einstein y Lemaître celebraron una serie de conferencias en California. Después de escuchar a Lemaître explicar su teoría en uno de estos seminarios, Einstein se puso de pie y dijo: «Esta es la explicación más hermosa y satisfactoria de la creación que he escuchado». (1) Los científicos que siguen la teoría de Lemaitre, como George Gamow, explican que cuando algo o Alguien dijo, «Hágase la luz», la tremenda energía que se creó fue la base de toda la materia que existe en el universo. En 1960, era técnicamente posible detectar la radiación electromagnética predicha por la teoría del Big Bang y así validar sus conclusiones.

El rabino Bradley Shavit Artson nos presenta una postura diferente: “En lugar de pensar en la creación como si nada hubiera existido previamente y después, en un instante, todo de repente existió, el Pensamiento en Proceso toma un punto de vista más de desarrollo”. El versículo 1:2 del Génesis, dice Artson, nos lleva a reconocer que esa obscuridad “no formada y vacía”, el “tohu va-vohu” en hebreo, ya existía cuando Dios “empezó a crear” el cielo y la tierra, usando los términos con los que el New Jewish Publication Society traduce el concepto de Breishit Bara. Dios empieza a hablar para ordenar y diversificar cada vez más al mundo. Por eso Artson dice que la creación es un proceso continuo que no termina nunca.

Científicos como George Gamow y teólogos como el rabino Artson han tomado conceptos uno del otro para explicar de dónde salió todo. Ninguno ha podido responder la gran pregunta sin apoyarse en el otro. La creación sigue siendo el terreno donde la ciencia y la religión convergen.

Por Marcos Gojman

Bibliografía: (1) Alberto López, artículo sobre Georges Lemaitre en “El País”. Benjamin Blech “Understanding Judaism”, Bradley Shavit Artson “Ba derej, en el camino, una presentación de la Teología en Proceso”.

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7. Torá She Balpe: la sabiduría que evoluciona al pasar de maestro a alumno.

Cuando se terminó de compilar la Biblia, nuestro Tanaj, el judaísmo entró en una nueva era. Los judíos ya no tenían que depender de los profetas para conocer la palabra de Dios. Ahora tenían la Torá escrita y los rabinos y los estudiosos interpretaban su significado. A estas interpretaciones se les llamó Torá She Balpé, la Torá Oral. El judaísmo ortodoxo sostiene que esa Torá Oral se la dio Dios a Moisés al mismo tiempo que le daba la Torá escrita. Las ramas no ortodoxas del judaísmo opinan diferente, pues consideran que la Torá Oral es el trabajo de interpretación constante de muchas generaciones de sabios. Con todo, la necesidad de legitimar las nuevas interpretaciones, tengan o no origen divino, quedó plasmada en el primer versículo de Pirkei Abot (1:1) que dice: “Moisés recibió la Torá en Sinai, se la transmitió a Yehoshua, y Yehoshua a los ancianos, los ancianos a los profetas, y los profetas a los miembros de la Gran Asamblea.”

La Torá Oral representa aquellas leyes, estatutos e interpretaciones legales que no fueron registradas en los cinco libros de Moisés, la Torá escrita. Según la tradición, la Torá Oral se transmitió de boca en boca por una cadena ininterrumpida de generaciones de sabios, hasta que finalmente sus contenidos se empezaron a poner por escrito, después de la destrucción del Segundo Templo en el año 70 EC, cuando el judaísmo se enfrentó a una amenaza existencial. En el año 200 de nuestra era, Rabi Yehuda Hanasi decidió editar todas estas interpretaciones de los rabinos en lo que conocemos como la Mishnah.

Esa primera recopilación de las interpretaciones de los rabinos no terminó con la constante discusión entre los estudiosos. Nuestros sabios se seguían cuestionando, por ejemplo: ¿Qué quiere decir cuidar el Shabat? ¿Qué si se puede hacer y qué no? Varios siglos después de haberse editado la Mishnah, se compilaron más interpretaciones, en lo que conocemos como la Guemará. Ambas, Mishnah y Guemará forman el Talmud, la Torá Oral.

La Torá Oral, explicada de maestro a alumno, es la interpretación que nuestros sabios dan a los mandamientos. Dios permitió que su voluntad se filtrara a través del intelecto de aquellos que estudian sus mitzvot. Y esos diálogos, esas conversaciones, no solo han grabado los mandamientos divinos, sino también la continua respuesta de los hombres. A los rabinos les encantaba discutir entre ellos y llegaron a especializarse en los detalles más pequeños y minuciosos. Por eso, la labor de seguir interpretando no ha terminado. No es de extrañarse que la gente admire más a estos estudiosos que a los mismos profetas bíblicos. Los profetas repetían lo que habían escuchado, los estudiosos demostraban la belleza de combinar la sabiduría humana con las palabras de Dios. Una sabiduría que evoluciona constantemente, pues pasa de maestro a alumno.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “Understanding Judaism”, del Rabino Benjamin Blech y otras fuentes.

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6. 613 mandamientos: El verdadero premio después de haber sido liberados de Egipto.

Rabí Yosef Kanefsky dice: “La verdadera esencia de la Redención, la salida de los hebreos de Egipto, no es el haber pasado de la esclavitud a la libertad, sino más bien la adquisición y promulgación de un cuerpo de leyes que dignifica, santifica y eleva nuestros pensamientos y acciones, tanto a nivel individual como nacional. La Redención, en su raíz más profunda, es tomar posesión, y finalmente crear, una sociedad basada en un cuerpo de leyes justas, que encarna el camino de Dios.”

Kanefsky continúa: “Porque no eran sólo simples mandamientos, la Halajá ritual, lo que recibimos al ser redimidos. Con la Torá, Moisés también nos estaba dando la ley sobre cómo y cuándo incluir al extranjero que desea celebrar el Pesaj con nosotros y cómo debemos establecer una sola ley y una sola Torá, tanto para el nativo nacido entre nosotros, como también para el forastero.”

La Torá es un manual de conducta, no es un catequismo de creencias. Fue en el Sinaí donde Moisés recibió la orden divina de enseñarle al pueblo 613 mandamientos. El mismo Dios que sacó a los hebreos de la esclavitud en Egipto, no sólo les enseñó el valor de la libertad, sino que ahora les exigía estar atados a la disciplina de los mandamientos divinos.

¿Suena como una contradicción? Para nada. Dios quería que los hebreos aprendieran lo que decía Will Durant, el gran historiador, al referirse a la lección más importante que la historia enseña: “El hombre se hizo verdaderamente libre cuando reconoció que tenía que someterse a la ley”.

Algunos dicen: el judaísmo más que un sustantivo, es más bien un verbo. Sus leyes acompañan al judío desde el momento que abre los ojos en la mañana, hasta cómo debe acostarse en la noche; cómo debe manejar los asuntos en su negocio, cómo debe tratar a sus padres, a su pareja, a sus hijos y como conmemorar los eventos que marcan su vida. Es un manual de cómo vivir.

Por varias razones, muchos de los 613 mandamientos ya no son aplicables en nuestra época. La principal, aunque no la única que impide cumplir con muchos de los mandamientos, es el hecho de que no tenemos más el Templo de Jerusalem.  El rabino Israel Meir Kegan, el Jafetz Jaim, (1838-1933), escribió el Sefer Hamitzvoth Hakatzar, un compendio de las mitzvoth que sí siguen siendo válidas en nuestros días: 271 que aplican para todo el mundo judío y 26 que sólo aplican en Israel.

Nuestros sabios le han dedicado mucho tiempo y esfuerzo a estudiarlas, comentarlas, entenderlas, enseñarlas y aplicarlas.  Muchas de ellas son valores universales. Más que el ser liberados de Egipto, las mitzvoth, los mandamientos, fueron el verdadero regalo de Dios.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía:  Benjamin Blech “Understanding Judaism”, el Jafetz Jaim “The concise book of Mitzvoth” y artículo de Yosef Kanefsky en “Morethodox”.

 

 

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5. Pikuaj Nefesh: Para cumplir este mandamiento, se requiere a veces violar otro.

En el judaísmo, la preservación de la vida humana tiene prioridad sobre casi todos los mandamientos. El Talmud enfatiza este principio al citar el versículo de Levítico 18:5 que dice: «Por lo tanto, guardarás mis estatutos y mis leyes, por los cuales el hombre vivirá si los cumple; yo soy el Señor”. Y los rabinos así lo explican en el tratado Yoma 85b del Talmud: «Que él vivirá por ellos y no que él muera por ellos”. A este principio se le llama “Pikuaj Nefesh”, “salvar una vida”.

En 1848, una epidemia de cólera brotó en la ciudad de Vilna. El rabino de la ciudad era Rabi Israel Salanter, una de las grandes luminarias de su tiempo. Para Yom Kipur, los doctores le habían aconsejado que todos deberían comer y no sólo los que estaban enfermos, para que no se debilitaran y fueran así más susceptibles de contraer la enfermedad. Rabi Salanter pensó que no sería suficiente el sacar un edicto de que todos tenían que comer en Yom Kipur este año. Tenía miedo de que algunas gentes no le hicieran caso a su proclamación. En lugar de eso, subió al estrado en la sinagoga, en el día más sagrado del año, tomó un poco de vino y pastel, recitó las bendiciones y luego bebió y comió frente a toda la congregación. Les dijo que lo que hacia no era violar las leyes de Yom Kipur, sino cumplir las leyes que obligan a preservar la propia salud.

El principio de Pikuaj Nefesh tiene sus propias reglas. Primero, se debe específicamente salvar la vida de una o varias personas que tengan nombre y apellido, como fue el caso de la comunidad de Rabi Salanter y no en general, como, por ejemplo: “si no hago tal acción, muchos podrían perder la vida”. No sólo la persona debe estar en peligro de perder la vida, sino también de perder alguna parte de su cuerpo, la función de un órgano o de padecer una enfermedad que acorte su vida. Un simple dolor no cuenta. Y si no se puede determinar si está en peligro la vida o no, por principio, la situación debe considerarse como peligrosa, hasta que se demuestre lo contrario.

No todos los mandamientos tienen relevancia para este tema. En el Talmud, los rabinos presentan ejemplos de mandamientos que sí la tienen y que se deben violar en caso de “Pikuaj Nefesh”, como son las reglas de Shabat, de las festividades y de la comida kosher, entre otras. Pero el practicar la idolatría, blasfemar y el tener relaciones sexuales prohibidas, son mandamientos que no se pueden infringir para salvar una vida. Tampoco está permitido terminar o poner otra vida en peligro, incluyendo la tuya, para salvar la vida de otro.

Ovadia Yosef, quien fuera el Gran Rabino Sefaradí de Israel, dictaminó que uno puede donar un órgano a una persona en necesidad crítica, siempre que no ponga en riesgo su propia vida. Igual, el salvar una vida anula la prohibición de profanar un cadáver, pues se pueden utilizar sus órganos para salvar a alguien. Por último, en el caso de que uno deba decidir si salva su propia vida o la de otra persona, Rabi Akiva declara que debes salvar tu vida antes que la del otro.  “Y escogerás la vida, dijo Dios”. Aunque para cumplir este mandamiento, tengas que violar otro.

Por: Marcos Gojman.

Bibliografía: Understanding Judaism de Benjamin Blech y otras fuentes.

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4. Nos dieron las preguntas antes del examen final.

A nadie le gustan los exámenes finales. Y menos justo en el momento cuando terminamos nuestros días en este mundo. La buena noticia es que nos dieron las preguntas del examen por adelantado. A Dios no le gusta sorprendernos. Este pasaje talmúdico marca los parámetros bajo los cuales nuestras vidas van a ser juzgadas a la entrada de la eternidad. “Dijo Raba: después de partir de este mundo, cuando a una persona se la trae a juicio por la vida que vivió en él, le preguntan en el orden de este verso:

¿Te comportaste en tus negocios de manera honesta?

¿Designaste un tiempo de manera habitual para estudiar la Torá?

¿Estuviste involucrado en criar hijos?

¿Trabajaste para mejorar al mundo?”                   Talmud, Shabbat 31ª.

Resalta el hecho de que la primera pregunta que nos hacen no es ¿crees en Dios? o ¿ayunaste en Yom Kipur?, sino ¿fuiste honesto? Muchos asocian el ser un buen judío sólo con la observancia de las mitzvot, especialmente las que son muy visibles. Cuidar o no el sábado, comer o no kosher, ponerse o no tefilín en la mañana, para muchos es suficiente para considerar a alguien como un buen judío o no. Pero el ser honesto en los negocios es algo que no se distingue a simple vista. Lo importante de este pasaje del Talmud es que pone a la ética en el centro del judaísmo. La primera preocupación de Dios no es si la persona cree en Él o si cuida escrupulosamente no comer jametz en Pesaj. Le preocupa más si la persona fue “a mensch”, un ser humano honorable.

La segunda cuestión trata del estudio de la Torá. Los mandamientos, mitzvot,  que definen la conducta entre una persona y su prójimo son la base de la ética judía. Por eso es importante estudiar la Torá. Ahí es donde la persona aprende a ser ética y a comportarse como parte de un grupo social, en particular el pueblo judío. Estudiar la Torá es más que aprenderse de memoria los mandamientos, estudiar la Biblia es finalmente, entender la naturaleza humana, especialmente entenderse a uno mismo. No hacerlo es no desarrollarte y no crecer intelectual y espiritualmente, es haber desperdiciado tu tiempo de vida.

La tercera se refiere a los hijos. I.L.Peretz, el gran escritor judío, decía: “Los hijos constituyen la eternidad del hombre”. Criar hijos es la forma de pasar nuestros valores y nuestros anhelos de un mundo mejor, a las siguientes generaciones.

La cuarta es el trabajar para tratar de redimir nuestro mundo. Es la visión de que el pueblo judío es parte integral de toda la humanidad y que buscar el “Tikun Olam”, reparar el mundo, en la medida de las posibilidades de cada uno, es una obligación de todos. Dice Rabi Tarfon en Pirkei Avot: “No estás obligado a concluir toda la obra, pero tampoco eres libre de desistirte de ella.”

Tus respuestas a las cuatro preguntas retratan tus acciones hacia tu prójimo, hacia ti mismo, tu familia y hacia el mundo. Nos dieron las preguntas con anticipación, para que vayamos contestándolas lo mejor posible antes de llegar al examen.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Joseph Telushkin “Jewish Wisdom”, Benjamin Blech “Understanding Judaism”.

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3. Hillel nos lo enseñó mientras estábamos «Parados Sobre un Pie», Al Reguel Ajat.

Está escrito en el tratado Shabat del Talmud cómo Hillel se relacionaba con los gentiles, sus vecinos no judíos. El tratado nos habla de dos gentiles que habían apostado 400 Zuz para ver quién podía hacer enojar a Hillel. Uno de ellos se metió gritando a casa de Hillel y le preguntó: “¿Por qué las cabezas de los babilonios tienen forma oval?” Esto se lo dijo buscando insultarlo, pues Hillel era babilonio. “Magnífica pregunta,” le contestó Hillel, “la respuesta es que no tienen buenas parteras que sepan cómo darle forma a la cabeza del niño al nacer.” El hombre regreso una hora después y le preguntó a Hillel: “¿Por qué los residentes de Tadmor tienen ojos llorosos?” Hillel le dijo: “has hecho una pregunta importante. La razón es porque viven entre las arenas y la arena les entra en los ojos.” Nuevamente, el hombre se fue, esperó una hora, regresó y preguntó: “¿Por qué los africanos tienen los pies anchos?” Hillel le dijo: “Has hecho otra pregunta importante. La razón es porque viven en pantanos y sus pies se ensancharon para permitirles caminar en esas áreas húmedas.” El hombre enojado le dijo: “Por tu culpa perdí 400 Zuz.” Hillel le dijo: “escucha a tu espíritu y evita estas situaciones, puedes apostar otros 400 Zuz y Hillel no se enojará.”

Pero la más conocida es la historia de la cual este semanario toma su nombre. Está escrito: “Un gentil se presentó ante Shammai y le dijo: “Conviérteme con la condición de que me enseñes toda la Torá mientras estoy parado sobre un solo pie.” Shammai, que era un constructor de oficio, lo corrió con la regla que tenía en su mano. El mismo gentil vino ante Hillel pidiéndole que lo convirtiera bajo la misma condición. Hillel le dijo: “Lo que es odioso para ti no se lo hagas al otro; esa es toda la Torá, el resto es su interpretación. Ve a estudiar”. Hillel simplemente siguió lo que está escrito en Levítico 19:34: “Como el nativo entre vosotros, seréis para el extranjero que mora con vosotros y lo amaréis como a vosotros, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo soy el Señor tu Dios”.

Esta máxima del judaísmo, la famosa “regla de oro”, la encontramos también en el versículo 19:18 de Levítico: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. ¿Por qué escogió Hillel esta máxima para enseñarle al gentil y no otra? El judaísmo tiene dos importantes mandamientos y ambos reclaman el ser cumplidos por igual. Uno está en Deuteronomio 6:5:” Y amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza”. El segundo es el de amaras a tu prójimo como a ti mismo. ¿Por qué Hillel no le mencionó al gentil el precepto de amar a Dios? Quizás Hillel pensó, que, si sólo tuviera la posibilidad de enseñar uno de los dos, Dios estaría más interesado en que la gente se lleve bien entre sí, que el dedicarse a adorarlo a Él.

Las palabras de Hillel tienen más que una sola enseñanza. La apertura para recibir al otro, la ética como el valor central de lo religioso, la interpretación como antídoto a lo dogmático y el estudio constante como forma de vida. Hillel nos enseñó todo esto mientras estábamos parados en un pie.

Por: Marcos Gojman

Bibliografía: Rabino Benjamin Blech: “Understanding Judaism” y del Talmud: Tratado Shabat 31ª.

 

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2 El Gran Secreto de la Vida.

Imagínate que alguien te dijera que conoce el gran secreto de la vida. Cómo ser feliz. Porqué vale la pena vivir la vida. Qué quiere decir ser humano. Quién nos creó. Qué pasa después de la muerte. ¿Estarías interesado en encontrar las respuestas a éstas  así como a otras muchas preguntas igualmente fascinantes?

Bueno, esa es exactamente la oferta que el Judaísmo le hace a sus seguidores. El Judaísmo no es solo una religión que nos enseña como relacionarnos con Dios, es también una forma de vivir que tiene el propósito de hacernos más sabios, más felices y mejores personas. Toca casi todos los temas imaginables: como criar a los hijos, como desarrollar nuestro potencial al máximo, como amar al otro y como ser merecedores de ser amados, como encontrar satisfacción personal y tranquilidad y sí, aunque no lo creas, como hacer bien el amor, con consejos mejores a los que te pudiera dar Dr. Ruth.

¿Que hace al Judaísmo ser tan “inteligente”? A nadie se le debe olvidar que el Tanaj, la Biblia Judía y el Judaísmo son sinónimos. Las enseñanzas, las leyes, los valores y los principios del Judaísmo tienen su origen en el Libro de los Libros que ha sido universalmente reconocido como la mayor obra de sabiduría y de reflexión. La Biblia ha pasado la prueba del tiempo. Es reverenciada hoy en nuestros días como lo fue en los tiempos antiguos. Y, notablemente, no solo la Biblia ha sobrevivido, también ha sobrevivido el pueblo que tomó su mensaje como una receta divina de cómo vivir.

Mark Twain, el gran escritor americano, se cuestionaba sobre la longevidad del pueblo judío: “Todos los seres son mortales menos el Judío. Los egipcios, los babilonios, los persas, los griegos, los romanos, o han desaparecido o están en el ocaso. El Judío los vió a todos y los sobrevivió a todos. ¿Cuál es el secreto de su inmortalidad?” El judío le contestaría simplemente: “El Judaísmo es el secreto de nuestra sobrevivencia. No somos nosotros los que hemos conservado a nuestra fe.  Es nuestra fe la que nos ha conservado a nosotros.”

Por Marcos Gojman

Bibliografía: “Understanding Judaism”, del Rabino Benjamin Blech.

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1 ¡Guau, te ves tan joven!

Esta es una expresión que seguramente no esperaría que alguien la diga de una religión que tiene más de 3,OOO años de antigüedad. EI ser relevante en cada época, incluyendo la nuestra, tiene que ser el reto más importante que el Judaísmo enfrenta en cada generación.

Una religión, si queremos que tenga significado, no puede quedar desactualizada. Tiene que aprender el secreto de la fuente de la juventud aplicado a sus textos antiguos, de manera que la gente siempre pueda relacionarse con ellos desde nuevas perspectivas y con ideas frescas. Y admirablemente, el Judaísmo ha descubierto lo que Ponce de León no pudo: una manera de permanecer joven y relevante inclusive hasta este nuestro siglo XXI.

¿Qué elixir milagroso hizo posible este increíble resultado? Fueron las muchas voces que hablaron en sus tiempos y en el lenguaje de sus días, pero con los conceptos bíblicos del pasado. La belleza del Judaísmo y con toda probabilidad, el secreto de su longevidad, es la habilidad de sus discípulos de continuamente encontrar nuevos caminos creativos para hacer que su mensaje sea atractivo y que sus enseñanzas sean vitales para nosotros.

Esta es la herencia que nosotros hemos recibido y que tenemos que continuar hacia el futuro.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía:»Understanding Judaism» del Rabino Benjamin Blech.

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