18 A final de cuentas, tú eres libre de escoger tu camino.

En Devarim 30:19 Dios dijo: “Llamo a los cielos y a la tierra como testigos hoy contra ustedes: que  he puesto delante de ustedes la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”

Los rabinos tienden a afirmar que el hombre es libre en sus decisiones, pero sin negar que existe una presencia divina. Rabi Akiba dijo en Pirkei Avoth: “todo está previsto, pero la libertad de escoger está dada. Rashi comenta: todo lo que le sucede al hombre está en las manos de Dios, por ejemplo, si es alto o chaparro, rico o pobre, inteligente o no, blanco o negro, pero el que sea una buena o una mala persona no está en las manos de Dios, porque esto se lo ha confiado a las manos del hombre y le ha puesto delante de él dos caminos, para que escoja el camino del temor de Dios.”

Maimonides en Mishneh Torah  escribe: “A cada ser humano se le ha dado la libertad de escoger. Si él desea inclinarse hacia el buen camino y ser alguien virtuoso, él es libre de hacerlo y si el desea inclinarse hacia el mal camino y ser un malvado, también tiene la libertad de hacerlo….Cada individuo es capaz de ser virtuoso como Moisés o malvado como Jeroboam… y no hay poder que lo pueda obligar, que lo pueda decretar o que lo pueda jalar hacia un camino o el otro; él mismo, por su propia voluntad, escogerá el camino que desea…..Y este es un principio básico y una premisa fundamental de la Torah y sus mandamientos”.

Un testimonio impresionante de la afirmación del Judaísmo de lo real que es el libre albedrio, la libertad de poder escoger, es lo que escribe Victor Frankl, sicólogo y sobreviviente del Holocausto: “Las experiencias en el campo de concentración demuestran que el hombre siempre puede escoger qué camino tomar. Hubo muchos ejemplos, algunos de ellos de naturaleza heroica, que probaron que se puede vencer la apatía, que se puede suprimir la irritabilidad. El hombre puede preservar un vestigio de libertad espiritual, de independencia de pensamiento, aun en esas condiciones tan terribles de estrés físico y psíquico. Nosotros los que vivimos en campos de concentración podemos recordar a aquellos hombres que caminaban entre las barracas reconfortando a otros, dándoles su último pedazo de pan. Podrían haber sido unos cuantos, pero eran prueba suficiente de que se le puede quitar casi todo a una persona menos una cosa: la última de las libertades del hombre, el poder escoger que actitud tomar en unas circunstancias dadas, el poder escoger nuestro propio camino”.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Jewish People, their history and their religión, de David J. Goldberg y John D. Rayner.

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17 ¿Democracia en el Talmud?

A pesar de todo el enorme acervo de literatura rabínica, el proceso de interpretación de la Torá continúa. La Torá Oral está inconclusa. Y este proceso no depende de nuevas revelaciones divinas. Ahora el tratar de entender la voluntad de Dios se debe llevar a cabo por otro camino: aplicando la inteligencia humana a los mandamientos que se nos dio en Sinai. Este proceso puede llegar hasta el punto de tomar decisiones de forma democrática por una mayoría de estudiosos debidamente  acreditados.

En el tratado Bava Metzia del Talmud (59 a-b) se relata una discusión entre R. Eliezer y un grupo de sabios. El tema era si el horno de Aknai era puro o impuro. R. Eliezer decía que si era y los sabios decían que no. En ese día, R. Eliezer trajo todos los argumentos imaginables, pero los sabios no los aceptaron. Entonces él les dijo: “Si la Halajá está de acuerdo conmigo, que el árbol de algarrobo lo pruebe! Entonces el árbol fue arrancado 100 cúbitos de su lugar (otros dicen que 400 cúbitos) Ninguna prueba puede desprenderse del algarrobo, contestaron los sabios. Nuevamente les dijo R. Eliezer:   si la Halajá está de acuerdo conmigo, que la corriente de agua lo pruebe! Entonces la corriente de agua empezó a correr al revés. Ninguna prueba puede desprenderse de una corriente de agua, le volvieron a contestar. Nuevamente les dijo R. Eliezer: si la Halajá está de acuerdo conmigo, deja que las paredes de esta escuela lo prueben. Entonces las paredes se inclinaron como si se fueran a caer. En eso R. Joshua les dijo a las paredes: Cuando los estudiosos están metidos en una discusión halajica, ¿porque tienen que intervenir ustedes? Y las paredes no cayeron, en honor de R. Joshua, pero tampoco se enderezaron en honor de R. Eliezer y se quedaron inclinadas. Otra vez les dijo R. Eliezer: si la Halajá está de acuerdo conmigo, deja que la prueba venga del Cielo. Entonces se escuchó una voz celestial que dijo: ¿Por qué discuten con R. Eliezer, que no ven que en todos los puntos la Halaja está de acuerdo con él? Pero R. Joshua se levantó y exclamó: ¡(La Torá) no está en el cielo! ¿Qué quiso decir con esto? Lo explica R. Jeremiah: La Torá ya nos fue dada en Monte Sinai. No le haremos caso a ninguna voz celestial. Por lo tanto la opinión de la mayoría es la que prevalece”.

Hay algo más que se agrega a continuación a esta leyenda. Al día siguiente de la discusión, Rabi Nathan se encuentra con el Profeta Elías. Rabi Nathan le pregunta: “¿Que estaba haciendo Ha Kadosh Baruj Hu (Dios) en ese momento?”  Elías le contesta: “Estaba sonriendo y diciendo, Mis hijos me han derrotado, Mis hijos me han derrotado.”

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Jewish People, their history and their religión, de David J. Goldberg y John D. Rayner.

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16 ¿Se puede ser religioso y equivocar el camino?

Un problema que preocupa a todo judío sensible es la existencia de judíos que observan muchas mitzvoth pero que son, sin embargo, gente no ética.

Pensar que ser religioso hace automáticamente ética a una persona es un error, pues un judío no se le puede considerar religioso si él o ella no observan también los mandamientos éticos de la Torah.

Los mandamientos entre el hombre y Dios, Bein Adam Lamakom, son sólo una parte del Judaísmo y si son correctamente cumplidas, tienen implicaciones éticas muy profundas. Una gran cantidad de mandamientos y mucha de la literatura rabínica se preocupan exclusivamente sobre aquellas mitzvoth que implican acciones entre un individuo y otro, llamadas ”Bein Adam Lejaveroh”  y son tan importantes como las leyes de Kashrut, ponerse tefilim o rezar. “Amar a tu prójimo como a ti mismo” es el ejemplo más conocido, pero hay muchos otros, como las leyes sobre la caridad, el hablar mal de otros, la conducta correcta en los negocios y más.

El Judaísmo se preocupa tanto de este punto, que considera que una persona que no ha estudiado estas mitzvoth y “es ignorante, no se le puede considerar una persona recta “ y por lo tanto no es realmente un judío observante. Un Jasid es aquel que es un judío recto y que practica las buenas acciones.   Los sabios consideran que Dios rechaza a aquellos que observan solo las mitzvoth  Bein Adam Lamakom y no cumplen con las mitzvoth Bein Adam Lejaveroh .

La gente que no es ética y que no es amable con su prójimo, pero que pretenden ser religiosa, los rabinos la equiparan con aquel que comete el pecado de Jilul Hashem, profanar el nombre de Dios. Está escrito en el Talmud, Yoma 86ª: “si alguien estudia el Tanaj, (la Biblia) y la Mishnah….pero es deshonesto en sus negocios y descortés en sus relaciones con la gente, ¿Qué dicen de él? Ay de la persona que estudió la Torá, ay de su padre que le enseñó a esa persona Torah; Ay de su maestro que le enseñaba a esa persona Toráh;  Esta persona que estudió la Torá: mira lo corrupto que son sus obras, lo feos que son sus caminos;”

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “The nine questions people ask about Judaism” por Dennis Prager y Joseph Telushkin.

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15 Un poco de historia: la Academia de Yavneh.

Durante el sitio romano de Jerusalem, (siglo I EC) un viejo maestro, Yojanan ben Zakai, logró escabullirse y con el permiso del ejército invasor, estableció una academia de estudio en Yavneh, en la costa mediterránea cerca de Jaffa.  En esa época, el pueblo judío estaba dividido. Por un lado estaban los saduceos, mayoritariamente sacerdotes, los cuales solo reconocían a la Torah escrita, especialmente el servicio en el Templo, los sacrificios y el liderazgo de los cohanim.  Un segundo grupo eran los fariseos, herederos de una tradición más amplia, quienes habían expandido, interpretado y aplicado la Torah Escrita en lo que llamaban la Torah Oral. Sus seguidores eran hombres expertos en la ley y en su interpretación. Un tercer grupo eran los esenios, quienes también rechazaban la jerarquía sacerdotal y vivan en comunas rurales dedicados a trabajos manuales y a una estricta disciplina religiosa. Un cuarto grupo eran los zelotas, revolucionarios afines tanto  a los fariseos como a los esenios y quienes buscaban liberar a Israel del yugo romano. Un quinto grupo eran los nazarenos, judíos que por un lado asistían al Templo y observaban las mitzvoth, pero por otro lado pensaban  que Jesús era el mesías.

La guerra con Roma destruyó a los zelotas, redujo totalmente la influencia de los saduceos, desintegró a los esenios y los cristianos dejaron de ser una secta dentro del judaísmo y se convirtieron en un movimiento externo formado por no judíos. Fueron los fariseos, con sus sinagogas y casas de estudio los únicos que sobrevivieron de esa hecatombe.

El mérito de la escuela de Yavneh fue que logró demostrar que el Judaísmo no dependía para existir ni del Templo, ahora destruido, ni de los sacrificios, sino de una vida religiosa interior llena de espiritualidad y buenas acciones. Los maestros de Yavneh  crearon una nueva forma de practicar el Judaísmo sin sacrificios, sin sacerdotes y sin el Templo.  Se dedicaron a recopilar las enseñanzas de sus predecesores, como las de Hillel y Shamai. Por cierto, es interesante notar que se inclinaban más por el estilo más flexible y menos literal de los discípulos de Hillel que por la rigidez de Shamai. El título de “Rabi”, que quiere decir “mi maestro”, se empezó a usar para distinguir a aquel sabio reconocido por sus colegas. Se les confería el título con un certificado llamado Semijah, lo que les daba autoridad para enseñar y decidir en asuntos legales.

En esa época, el Sanhedrín, la asamblea máxima del pueblo judío, se conformaba por rabinos que provenían de los más diversos caminos de la vida y que dependían de un oficio u ocupación para generar un ingreso propio para poder vivir. Su liderazgo religioso se lo debían a su pericia y sabiduría en la interpretación de la Torah, lo que atraía a seguidores que se convertían en sus discípulos. Los herederos de los fariseos llevaron la religión por el camino de la responsabilidad ética personal y la obediencia a los mandamientos de la Torah. Fueron los fundadores del Judaísmo Rabínico y sentaron las bases de lo que hoy tenemos. Y todo empezó en Yavneh.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “The Jewish People” de David J. Goldberg y John D. Rayner.

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14 ¿Cuáles son los caminos de Dios?

En el libro de Éxodo 33:13  Moisés le pide a Dios: “…si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca…” La pregunta es una de esas preguntas existenciales: ¿Por qué a veces a gente buena le va mal y a gente mala le va bien?

En el tratado Berajot del Talmud, 1:7,  nuestros sabios lo intentan explicar y en una primera instancia nos dicen que dependiendo de cómo fue el padre de la persona así le va a ir al hijo. Si la persona es buena y el padre no lo fue, entonces a  la persona le va mal y viceversa. Pero la misma Guemara no acepta esta respuesta: ¿Cómo puede ser que la fortuna de una persona dependa de las acciones de su padre? La Guemara intenta ofrecer otra explicación: quizá esa persona no es completamente buena o no es completamente mala y por eso le va mal a la primera y bien a la segunda.

Y la discusión entre nuestros sabios continúa hasta que finalmente Rabi Meir dice: “En realidad Dios no le da una respuesta a Moisés. En Exodo 33:19 Dios le dice “Yo favoreceré a aquel que yo escoja favorecer y seré clemente con aquel que yo escoja ser clemente” lo que quiere decir que  inclusive con aquel que no se merezca que Dios sea clemente con él, Él puede serlo.  Esta respuesta nos recuerda lo que Rabi Yannai dice en Pirkei Avot 4:19: “No sabemos comprender por qué los malos gozan durante su existencia y por qué los justos sufren durante su vida”.

En su libro: “Cuando cosas malas le suceden a gente buena”, el rabino Harold  S. Kushner, después de conocer el diagnóstico de la terrible enfermedad de su hijo Aarón de tres años de edad, se pregunta: “Yo creía que estaba siguiendo los caminos de Dios y haciendo Su trabajo. ¿Cómo le puede estar pasando esto a mi familia? Si Dios existe, si  El solo fuera un poco justo, no se diga amoroso y clemente ¿Cómo pudo haberme hecho esto a mí? Y Kushner mismo contesta: “No debemos preguntar, como lo hizo Job: “¿Dios, porque me haces eso?” sino que deberíamos decir: Dios, mira lo que me está pasando. ¿Me puedes ayudar? Debemos buscar a Dios no para que nos juzgue o nos perdone, no para que nos premie o nos castigue, sino para que nos dé fuerza o nos reconforte.”

He sido testigo de cómo gente que se dice religiosa le atribuye la desventura de otro a su falta de cumplimiento de las mitzvoth. Nada más equivocado. En realidad, no comprendemos por qué la vida no es justa, porque para entenderlo tendríamos que conocer los caminos de Dios. Y ni Moshe Rabeinu los conocía.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Tratado Berajot, The Art Scroll Series, Mesorah Publications, LTD y del libro de Harold Kushnier “When bad things happen to good people”.

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13 El Talmud, una obra que lleva más de 1800 años escribiéndose.

En el libro de Shmot (24:12) esta escrito:“Dios le dice a Moisés: Ven a mí a la montaña y espera ahí y te daré las tablas de piedra con las enseñanzas y los mandamientos que he escrito para enseñarles.” Y Moisés estuvo en la montaña cuarenta días y cuarenta noches. Y mucho de lo que Dios le dijo a Moisés quedó escrito en la Torah, pero otros mandamientos, dicen nuestros sabios, quedaron en la memoria de Moisés.

Por ejemplo, en Devarim 12:21 dice: “…puedes matar cualquier animal de tu rebaño o de tus ovejas…….tal como te he instruido….”.  Pero en ningún lado la Torah escrita explica cómo se hace la matanza de animales de acuerdo a las leyes divinas. Nuestros sabios interpretan que esos mandamientos son parte de la Torah oral que Dios le dio a Moisés.

Toda la parte oral de la Torah quedó finalmente escrita en el Talmud. El Talmud es la Torah Oral, una obra extraordinaria escrita por nuestros sabios a lo largo de varios siglos y continuada por generaciones y generaciones de estudiosos. Y podríamos decir que aun en nuestros días se sigue agregando comentarios a los textos originales.

Imaginen ahora que al no haber imprentas, las más de 2.5 millones de palabras que conforman la Mishnah y Guemará  (Mishnah + Guemarah = Talmud) tenían que ser transcritas a mano. Fue la familia de Daniel Bomberg, quienes no eran judíos, los que hicieron las primeras ediciones del Tamud a gran escala en los años 1520 y 1523 de nuestra era.

Muchas ediciones siguieron a esta primera y una de las más famosas es la de Vilna, hecha por la viuda y los hermanos Romm entre 1927 y 1932.  Una página de esa edición del Talmud tenía:

-Al centro el tratado de la Mishnah que marcaba el tema y que data del año 200 E.C.

-Abajo la parte correspondiente de la Guemara del año 500.

-Al lado los comentarios de Rashi, quien vivió en Francia entre el año 1040 y el 1105.

-Del otro lado de los comentarios de Rashi  estaban los comentarios de los Tosafim, sabios que vivieron en Francia y Alemania en los siglos 12 y 13.

-Al su lado los comentarios de Rabi Nissim Ben Jacob, sabio que vivió en Tunez en el siglo 11.

-Luego casi hasta la parte de abajo de la página hay notas de Rabi Akiva Eiger que vivió en el imperio Austro Húngaro de 1761 a 1837.

-Debajo de esta nota hay una nota anónima, probablemente hecha por el editor.

-También hay una especie de marcas en los márgenes, referencias a códigos medievales, a otros pasajes del Talmud y correcciones a las pruebas de la edición de Joel Sirkes, Polonia 1561-1640.

En la edición de Vilna hay textos que van del año 200 al año 1930. Y como ya no cabían más comentarios, al final de cada tratado se incluían los de grandes sabios como el Maharsha y otros comentaristas. Gracias a todos ellos, el Judaísmo se mantiene joven y actualizado.  Dato curioso: cada tratado empieza en la página 2. Le falta la página 1, como símbolo de que no se ha terminado el trabajo. A pesar de que ya llevamos más de 1800 años haciéndolo.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: The Talmud, del Rabino Aaron Parry.

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12 ¿Qué tan observante hay que ser para ser religioso?

El Rabino Bradley Shavit Artson, en su libro “It´s a Mitzvah!” (Es una Mitzvah!) nos dice: “ El lenguaje del Judaísmo son sus mitzvot, son los mandamientos con los que el judío hace del mundo un lugar más sagrado, más sensible, más justo y más compasivo. Algunas mitzvot pareciera que se enfocan principalmente a lo ritual, como las leyes de Kashrut o las de Shabat, mientras que otras se enfocan más a consideraciones éticas, como el cuidado de los ancianos o el visitar a los enfermos.”.

La Enciclopedia Judaica Jerusalem, en su artículo sobre los 613 mandamientos, los agrupa en 31 categorías, 18 positivas y 13 negativas. Usando la misma lógica y al aplicarla a la lista de los 271 mandamiento vigentes del Sefer Hamitzvoth HaKatzar del Jofetz Jaim, podríamos agruparlas  más o menos en los siguientes grupos:

En primer lugar, el grupo más numeroso es el de los mandamientos éticos, con cerca de 90 mitzvoth. Incluye, entre otros, el respetar a tu padre y a tu madre, querer a todos los judíos como a ti mismo, querer al extranjero que vive contigo, ayudar a los pobres, pagar los salarios de nuestros empleados puntualmente, devolver lo robado o lo perdido a su dueño, no jurar en vano, no mentir, no matar a ningún ser humano, no engañar en actos de comercio, no desear nada de tu prójimo, no ofender con palabras a tu prójimo, no hacer sufrir a las viudas y a los huérfanos, no prestar dinero con interés, no hablar mal de otra persona, no avergonzar a tu compañero, no engañar al medir o al pesar algo, no vengarse, tratar de rescatar al que está en peligro, levantarse ante un anciano, no oprimir al extranjero justo (guer tzadek) con palabras.

El segundo grupo, con más de 30, es el que se refiere a las festividades: Shabat, Pesaj, Shavuot, Rosh Hashana, Yom Kipur y Sukot. Marca los días que no se debe de trabajar, lo que debemos comer en cada caso, contar el Omer, etc.

Siguen los mandamientos que prohíben la idolatría y la brujería, con más de 25, las reglas relacionadas a la comida y a la agricultura con casi igual número de mitzvoth, las relaciones sexuales prohibidas, con más de 20. El creer en Dios y rezar, también cerca de 20. Lo relacionado a jueces, juicios y testigos, casi 15, lo relativo a los cohanim, como 10, al matrimonio 8, arreglo personal igual 8, cuidado de los animales 10, y otras más difíciles de agrupar como el no olvidar lo de Amalek. El aprender Torah y enseñarla, el de juntarse con los estudiosos de la Torah y sus discípulos, el de honrarlos, son mitzvoth especialmente significativas por el énfasis que se pone en el estudio.

Se dice que una persona religiosa es la que cumple con las mitzvoth. Hay mitzvoth que son muy visibles, como cuidar las fiestas y comer kasher. Hay otras, como las relacionadas a la idolatría o las  relaciones sexuales prohibidas, que casi todo mundo las cumple. Pero las mitzvoth éticas, las que son “Benei Adam Lejaveroh”, las del hombre con su prójimo, las que no se pueden comprobar si alguien las transgrede, son menos visibles. La pregunta entonces es: ¿Qué tan religioso eres?

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: Las obras citadas en el texto.

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11 Y todo por una manzana.

Todos conocemos el cuento que se relata en los primeros capítulos del Génesis, donde Dios, después de haber terminado La Creación, les dice a Adán y Eva que pueden comer de cualquier árbol menos del árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Luego viene la escena de la serpiente, Eva come de la fruta prohibida y le convida a Adán, se dan cuenta de que estaban desnudos y les da pena, Dios los cuestiona y los castiga expulsándolos del Paraíso, no vaya a ser que además coman del Árbol de la Vida y se vuelvan inmortales.

Comer del árbol del Conocimiento del Bien y del Mal le dio al hombre la capacidad de tomar decisiones éticas o morales  y por lo tanto el poder actuar bien o actuar mal. Después de comer la manzana, la relación del hombre con Dios cambió totalmente. En el Paraíso el hombre era indiferente a la cuestión moral, en el Paraíso no existía la posibilidad de escoger entre el bien y el mal. Fuera del Paraíso el hombre se convirtió en un ser que podía escoger, que podía decidir.  Y ese decidir estaba influido por el Yetzer Hara, el impulso a la maldad y el Yetzer Hatov, el impulso a la bondad. Y Dios nos ayuda a escoger a éste último, a través de las Mitzvoth. Cumplirlas es el camino que El quisiera que tomáramos.

Decir que conoces todo lo bueno y todo lo malo de algo, quiere decir que lo conoces completamente. Haber comido del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, nos cambió también en un sentido intelectual. El hombre desde ese momento, tiene la necesidad de conocer, de comprender todo de todo. Queremos entender la Creación Divina y también crear por nuestra cuenta. La manzana nos hizo querer imitar a Dios.

También la manzana despertó nuestra sexualidad. Era parte del plan divino. Si Adán y Eva se hubieran quedado en el Paraíso, en algún momento hubieran comido del Árbol de la Vida y hubieran sido inmortales. Al ser expulsados y siendo mortales, la única manera de perpetuar la especie era la procreación.

Los estudiosos se preguntan: ¿Realmente Dios hubiera querido que Adán y Eva se quedaran en el Paraíso? ¿Qué quería Dios del hombre: que fuera completamente obediente o potencialmente retador? ¿Que fuera un autómata moral o un espíritu libre? El hombre finalmente, al ser expulsado del Paraíso, fue condenado a nada más y a nada menos, que a convertirse en un ser humano.  Y todo por una manzana.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “The Torah, a Modern Commentary”, editado por W. Gunther Plaut.

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10 ¿Cual es la Mitzvah más importante? ¿Acaso no todas fueron creadas igual de importantes?

En Pirkei Abot, nuestros sabios dicen que tenemos que ser tan cuidadosos al ejecutar una mitzvah menor como al ejecutar una mitzvah mayor. Todas las mitzvoth deben cumplirse de igual manera.

¿Pero qué pasa en esas ocasiones en que dos mandamientos entran en conflicto uno con el otro, o las dos mitzvoth se tienen que cumplir en el mismo momento y sólo podemos cumplir una de ellas, lo que nos obliga a escoger? La pregunta de fondo es: ¿hay opciones dentro de la Tora?

Nuestros sabios nos hablan de dos tipos de mitzvoth. Una persona puede hacer una mitzvah que es solo en su propio beneficio, pero que no beneficia a otras personas. Por ejemplo, la mitzvah de ponerse Tefilim o de comer matzah en Pesaj. Por más que alguien se esmere al  hacer estas mitzvoth, el hecho es que solo lo beneficia a él mismo y no beneficia a otro. Su devoción debe ser reconocida, pero no se puede comparar con aquel que, al cumplir con una mitzvah, beneficia a otros. Por ejemplo las mitzvoth de caridad y de hospitalidad, el cuidar y preocuparse por otros.

Las mitzvoth que sólo benefician a uno mismo en la Mishnah, se les conoce como mandamientos entre el hombre y Dios, “Bein Adam Lamakom”. Las mitzvoth que benefician a otra persona, son conocidas como mandamientos entre el hombre y su semejante, “Bein Adama Lejavero”. Y nuestros sabios claramente nos marcan que si tenemos que escoger entre un mandamiento “hombre y Dios” y un mandamiento “hombre y su semejante”, debemos escoger éste último.

Algunos ejemplos de mitzvoth hombre y Dios son:

*Recitar el Shema en la mañana y en la noche.

*Amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.

*Ayunar en Yom Kipur.

*No comer taref.

*No cocinar carne con leche.

Algunos ejemplos de mitzvoth persona y su semejante:

*Respetar a tu madre y a tu padre.

*Tener afecto o cariño al extranjero (Guer).

*No jurar falsamente al negar una deuda de dinero.

*Pagar puntualmente el salario de un trabajador.

*No engañar al otro en asuntos de compra o venta.

Nuestros sabios lo explican muy claro: en el caso de tener que escoger el umplir un mandamiento entre el hombre y Dios o el hombre y su semejante, tenemos que escoger a este último, porque Dios no necesita de nosotros, pero nuestro semejante sí.

Por Marcos Gojman.

Bibliografía: “Understanding Judaism, the basics of Deed and Creed”, del Rabimo Benjamin Blech.

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9. Mitzvot para todos: Las Leyes de Noé, una base común para judíos y gentiles.

Hay siete mandamientos que la tradición rabínica considera como la mínima obligación moral de todos los hombres. Los judíos deben observar los 613 mandamientos de la Torá, pero aquellos gentiles que acepten estas siete obligaciones, se les considerará como hijos del pacto que Dios hizo con Noé y se les asegurará un lugar en «El Mundo Venidero» (Olam Habá). Estas reglas, conocidas como las “Leyes de Noé”, extienden el mandato divino al entorno no judío.

Estos siete mandamientos se basan en versículos de la Torá, como Génesis 2:16,17, donde Dios le prohíbe al hombre el comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, Génesis 9:4 y 6, que dicen: “Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis” y “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada.”, y Levítico 24:15 que dice: “Cualquiera que blasfeme contra su Dios llevará su culpa.”

La tradición oral recopilada en el Talmud, nos habla de cómo nuestros sabios interpretaron estos versículos en varios tratados, como en Breishit Rabbah 34:8 que dice: “R. Aivu dijo: A los hijos de Noé se les ordenó siete cosas: [No a la…] idolatría, incesto, asesinato, maldición del Nombre Divino [blasfemia], derecho civil y una extremidad arrancada de un animal vivo. El rabino Chanina ben Gamliel dice: también sobre la sangre de un animal vivo. El rabino Eleazar dice: también contra la mezcla de especies. El rabino Shime’on ben Yochai dice: también contra la brujería. El rabino Yochanan ben Beroka dice: también contra la emasculación. El rabino Assi dijo: Los hijos de Noé fueron ordenados con respecto a todo lo que se dice en la oración: ‘No se encontrará entre ustedes a nadie que haga pasar a su hijo o hija por el fuego.” (Deuteronomio 18:10)

Las siete leyes de Noé aceptados por la mayoría de nuestros sabios son:

  • No practicar la idolatría.
  • No usar el nombre de Dios en vano. No blasfemar.
  • No Matar. No derramar sangre.
  • Evitar las relaciones sexuales prohibidas.
  • No robar o asaltar.
  • No comer carne de un animal vivo.
  • El establecer cortes de justicia, o sea un sistema legal.

Maimónides considera a los justos de las naciones como aquellos que tendrá una parte en el mundo venidero, aunque no sean judíos, con la condición de que cuiden estas leyes. Él decía que ellos tienen derecho a todo el apoyo moral y material de la comunidad judía y a recibir los honores más altos. Pensadores modernos como Moisés Mendelssohn y Hermann Cohen subrayaron cómo las Leyes de Noé marcaron una base común entre el pensamiento gentil y el pensamiento judío.

Por: Marcos Gojman.

Bibliografía: Rabino Yaakov Menken “The everything Torah Book”, Jeffrey Spitzer “The Noahide Laws” y otras fuentes.

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